"Casting": Pagar por subir al escenario

Instrucciones para el casting: Memoriza un monólogo e interprétalo frente a la cámara. Si sabes tocar un instrumento, tienes aptitudes para el canto, eres bailarín o vienes del teatro gestual, añade una pieza de aproximadamente un minuto y envíala, junto a tu videobook, al Teatro de La Abadía. Si eres seleccionado, tendrás que hacer una última prueba presencial. El premio: formar parte de un laboratorio dedicado a la obra de Lorca "El público", impartido por Álex Rigola y que durará una semana. Los seleccionados se dividirán en dos grupos, uno de 20 por la mañana y otro de 20 por la tarde. Si finalmente eres elegido tendrás que pagar 180 euros. Pero, ojo, la recompensa puede ir más allá de la simple experiencia didáctica. Tras concluir el taller, el director catalán elegirá a unos pocos para su próxima producción.

El laboratorio con Rigola se realizó el 23 de febrero del 2015. A las pruebas se presentaron 150 actores y actrices. Sobra decir que algunos ya estaban seleccionados antes de empezar el proceso. Nada anormal. Lo que no debería ser tan normal es tener que pagar por trabajar. “Son castings encubiertos. Es una posibilidad para que un director te vea y te conozca. Somos gente con trayectoria y a muchos esto les parece mal. Pero no quiero estar parado en casa. Quiero trabajar, y los intérpretes que no somos mediáticos lo tenemos mucho más difícil”. Este es el criterio de Donald (nombre ficticio). Fue uno de los elegidos para hacer el taller. Pagó, y ahora está, junto al resto, a la espera de que le digan si entra dentro del reparto o se queda fuera.

Requisitos

La convocatoria para un casting no es sencilla. En primer lugar, no todos son abiertos y, cuando lo son, se presenta tal cantidad de actores que resulta casi más sencillo ganar la lotería. Por no hablar de los requisitos que algunos directores piden para hacer la prueba. Roberto Cerdá tiene fama de ser exigente. Pero, para algunos, la lista de peticiones para participar en el casting de "Éxodo", su nueva producción, es un tanto exagerada: una sesión de trabajo de dos horas en la que cada actor/actriz tendrá que traer preparado un monólogo; una secuencia de movimiento de un minuto; una secuencia de danza de un minuto; una nana; acudir con ropa de trabajo, y llevar un traje si eres hombre y una chaqueta de cuero si eres mujer, escuchar tres canciones y llevar un juguete de la infancia. El tiempo para prepararlo es menos de un mes. A la primera fase del casting se presentaron más de 1.400 personas. La criba fue por curriculum. En la segunda fase quedaron 120 intérpretes.

Estas audiciones suelen ser atípicas. Lo normal es que nadie se entere de ellas y que cada director trabaje con los actores que a él le parezca. Cuando un casting se hace público las redes sociales hacen su trabajo. La participación suele ser masiva, tanto que a veces desborda a los organizadores. Un ejemplo es "La ola", con texto de Ignacio García May, que estuvo en cartel hasta el 22 de marzo pasado en el Teatro Valle-Inclán de Madrid. Necesitaban jóvenes entre 16 y 26 años. Fue publicar la convocatoria en Clandestinodeactores.com y la noticia se extendió como un virus por Facebook y Twitter. Llegaron a presentarse más de 1.500 actores y actrices. Los directores reconocieron sentirse desbordados y no tuvieron capacidad para responder a todos. A la nueva producción de Juan Carlos Pérez de la Fuente, director del Teatro Español de Madrid, se presentaron más de 1.200 mujeres para nueve papeles. El elenco es de diez pero una de las actrices ya estaba seleccionada, Ana Torrent. A las pruebas solo podían presentarse aquellas que supieran conducir una motocicleta.

El sector

La profesión actoral es una de las más vocacionales que existen. Sin embargo, la mayoría o no trabaja o ingresa muy poco. El 72% de los intérpretes malvive o no ejerce, según datos de la fundación AISGE. Los que consiguen ser parte de un elenco ensayan dos o tres meses sin remuneración, para finalmente conseguir cuatro semanas de funciones, un día a la semana, y sacar, en algunos casos, no más de 50 euros. Sobreviven sirviendo copas en bares, encadenando trabajos temporales o con ayuda familiar, los que pueden permitírselo.

La aglomeración de salas alternativas, pongamos que hablamos de Madrid, no ha conseguido dar respuesta a las necesidades laborales de los actores. Mucho teatro, sí, pero precariedad y poco profesional. Al final, quien sufre las consecuencias es el público, ese bien escaso que todos se disputan. Con semejante panorama, no es de extrañar que cuando sale a la luz una oferta de trabajo remunerada, con seguridad social y que respeta el convenio de actores, la noticia se haga viral y quieran presentarse todos. Lo que sea por conseguir un papel.

“Estoy en tres proyectos de teatro. He trabajado en entretenimiento, he hecho una película y publicidad, y con todo no tengo nada. No sé cómo voy a pagar el mes de junio”, explica la actriz Marta Flich sobre su situación económica. Y Cristina Charro, intérprete madrileña que tiene que hacer malabares para pagar el piso, narra así su experiencia: “Trabajo en una agencia de la ONU de ayuda a los refugiados y llevo 10 años dedicándome al teatro, y aun así no llego a final de mes. Hago talleres en centros culturales, soy cuentacuentos…. Y en las obras, por supuesto, no cobro los ensayos”. Son dos relatos, pero hay más. Podríamos llenar tomos con historias como la de Juan Vinuesa, actor, periodista y lo que haga falta, y más compañeros de profesión. Sus biografías no son diferentes de las de profesionales de otros sectores que malviven o engordan las listas del paro.

Una de las obsesiones del actor es darse a conocer a los directores. ¿Cómo acceder a ellos? Hacer un entrenamiento o acudir a alguno de sus talleres suele ser la vía más común. Aunque hay quien acude por lo que pueda aprender, muchos, la mayoría, lo hacen por la posibilidad de conseguir trabajo.

Los directores de casting

Luis San Narciso es director de casting en Globomedia, y uno de los más reputados de España. A él le debemos el descubrimiento de actrices y actores como Paz Vega, Fernando Tejero o Javier Cámara. Lo tiene muy claro: no está de acuerdo con que se impartan estos talleres. “Me han planteado muchas veces ofrecerlos, pero desde el principio tuve una sensación de incomodidad. No sé si viene del hecho de que cuando llegué a Madrid desde Asturias participé en una serie de cursos que no me aportaban absolutamente nada y que me sacaban un dinero que por aquel entonces no tenía”.

Su opinión la ha trasladado a otros directores de casting. “He hablado con ellos y les he dicho que desde mi punto de vista no está bien. Pero creen que aportan cosas importantes a los actores, como por ejemplo hacer una prueba. Yo siempre respondo: claro, a cambio de una tarifa”. Aunque es reacio a estas prácticas, legales en nuestro país, durante la conversación San Narciso reitera que es capaz de poner la mano en el fuego por la honorabilidad de quienes sí imparten talleres. Aunque es consciente de que esto puede ser una contradicción.

La Unión de Actores asegura ser muy crítica con los directores de casting que hacen talleres. “Hay alguna escuela que contrata a un director más o menos famoso y publicita sus cursos con la promesa de trabajo”, asegura Iñaki Guevara, secretario general de la UA. El máximo responsable de defender los intereses de los intérpretes reconoce que no pueden hacer nada porque en España la legislación no los prohíbe. “Los actores no entienden la desprotección que lleva hacer cualquier cosa por trabajar. Están haciendo de su profesión un hobby”, asegura.

Uno de los directores de casting más criticados es Carlos Manzanares. Lleva más de treinta años en la profesión. Viajó de Burgos a Madrid por los años 80 para hacerse actor y acabó seducido por la dirección de castings. Hoy es uno de los más importantes. Es el responsable del elenco, entre otras, de series como "Sin tetas no hay paraíso", "Yo soy Bea" o "Vive cantando". Todos los días le llegan videobooks de jóvenes que quieren hacerse un hueco en la televisión. Entre los que consiguen acceder a una de sus pruebas “solo el 5% sirve para actuar. El resto no sabe ni abrir la boca, pero creen que son actores de mucha calidad. Es fundamental la preparación, pero si no tienes talento, la escuela no te lo va a dar”.

Manzanares defiende los cursos que imparte porque asegura que desde el principio es claro con los alumnos: “Lo primero que les digo es que si vienen porque creen que les vamos a contratar deberían irse”. Hasta la fecha solo una actriz se despidió tras escuchar estas palabras, asegura. Justifica sus talleres, además, porque está convencido de que lo que enseña es importante. “Analizo el material de trabajo, el videobook y el curriculum del actor desde el punto de vista del director de casting y le digo si está correcto o no. Analizo su perfil físico y le explico lo que nadie hace en las audiciones: qué pasa con su grabación cuando se va a casa, quién ve su prueba, cómo eligen las productoras. En definitiva, por qué eligen a un actor y no a otro”.

El director apela al sentido común de los intérpretes a la hora de decidir a qué puertas llamar. Y aunque le gusta dejar las cosas claras, también reconoce: “Quizás algún día me llegue un perfil y yo diga, coño, hubo en un curso un chico que me daba muy bien este personaje”. Tal vez esa frase sea suficiente para que un actor deseoso de encontrar trabajo se anime a apuntarse a uno de sus cursos. Aunque esto sea agarrarse a un clavo ardiendo. Porque por muchos directores de casting que uno conozca, realmente la demanda supera con creces la oferta. “España tiene una industria muy pequeña, muy limitada, el número de intérpretes que trabaja es pequeñísimo. Hay mucho paro”, explica Manzanares.

Autor: Alfonso Álvarez-Dardet