Entrevista a James Lipton

Un día, el mítico y misterioso The Actors Studio de Nueva York, taller de actores al cual era muy difícil acceder -y del que salieron infinidad de talentos-, decidió dejar de lado el misterio que lo rodeaba y repartir un poco de sus conocimientos sobre actuación. Y la televisión fue una de sus herramientas. Tiene programa de televisión propio y uno de los índices de audiencia más altos de la televisión de pago. Fue en 1994 cuando a uno de sus vicepresidentes, James Lipton, se le ocurrió hablar con la junta directiva de la Universidad de Artes The New School para permitirle al Actors Studio abrirse y crear una escuela más accesible para los estudiantes de actuación. Su idea no terminó ahí. Pensó que sería importante hablar con actores reconocidos para que ofrecieran un día de sus vidas para contar sus experiencias en un seminario televisado en el que participarían también los alumnos. Así nació “Inside the Actors Studio”, el programa más visto de la cadena por cable Bravo Network, en Estados Unidos.

Ya son más de 40 millones los hogares de todo el mundo que ven a James Lipton, decano de The New School University, interrogar a personajes como Spike Lee, Stephen Sondheim, Kevin Costner, Harrison Ford, Paul Newman, Julia Roberts y tantos otros, que cuentan sin tapujos todos los pormenores de su relación íntima con la actuación, frente a una audiencia de más de 200 estudiantes de actuación.

En su oficina del Greenwich Village, en Manhattan, Lipton nos ofreció esta entrevista y, orgulloso frente a las casi 200 tarjetas azules que contienen las preguntas de su entrevista a Tom Hanks, sin vedetismos dejó a la luz la misma imagen de maestro bonachón que deja ver en la pantalla.

jameslipton¿Realmente el programa tiene la finalidad de un seminario?

Claro. Al principio era sólo eso. Pero inmediatamente los actores empezaron a responder a mis cartas... Sally Field, Arthur Penn, Dennis Hooper, Alec Baldwin... Pensé que no debíamos dejar que todo eso desapareciera y grabarlo con cámaras de televisión. En la escuela no se podía pagar eso, entonces le dije al mundo que teníamos una serie de programas para televisión.

¿Fue complicado?

Sólo nos llevó una semana. Bravo Network dijo que sí inmediatamente y así tenía que ser porque la escuela comenzaba y con ella el seminario.

¿Se considera un animador o un actor que conduce?

Ni uno ni otro. Soy uno de los maestros de la escuela. El programa es una clase.

Bueno, pero mediáticamente su nombre se hizo popular a través de un show, no de una clase...

Sé lo que ocurre pero, si ves el programa en cada una de sus temporadas, hasta el séptimo año ves que el formato no ha cambiado porque sigue siendo una clase para estudiantes. Lo que ves en el escenario es sólo una conversación sobre la técnica del actor. Y eso es todo para los estudiantes. Y la audiencia televisiva es capaz de ver esa interacción.

¿No le parece que en algunos casos los actores actúan haciendo de sí mismos?

No. Ni el invitado actúa, ni los estudiantes, ni yo. Algunas veces, cuando empezamos, el actor está muy nervioso o incómodo. Las manos de Harrison Ford y de Paul Newman temblaban al comienzo. Harrison no pretendía ser Harrison. Lo que ocurre es que muchos de ellos están nerviosos porque no saben qué es lo que va a pasar. Aquí no hay una preentrevista como en la mayoría de los programas de televisión de Estados Unidos.

Su arma son las tarjetas azules.

Esa es mi tarea. En mi casa hago un trabajo de investigación de cada invitado. Entre mi tarea como decano y el programa no tengo mucha vida personal.

¿Es difícil combinar ambas actividades?

Es lo mismo.

En un punto sí, pero en otro no.

Es exactamente lo mismo porque lo que hago en el escenario y frente a las cámaras no es una entrevista sino una conversación. Antes, nos vemos y sólo nos saludamos.

insidetheactors¿Los entrevistados confían mucho en usted, será porque lo ven como un maestro de actuación. No lo creo. El secreto de este show es que los invitados no saben qué va a pasar. Ni yo tampoco. Al principio están rígidos, pero cuando se dan cuenta de que estoy preparado y que ni yo ni mis estudiantes vamos a traicionarlos, se relajan. Hasta pueden abrir su intimidad porque se trata de dos personas hablando de algo en común que los apasionan: su técnica artística. No tengo ninguna fórmula secreta.

¿Sólo los famosos pueden ser entrevistados?

Yo no soy famoso.

Pero usted no es el entrevistado.

Bromeo. Hay algunos muy famosos, otros famosos y otros que empiezan a serlo. Por el programa han pasado algunos que no son estrellas pero si muy talentosos.

¿Pero podría ser invitado algún actor que no fuera tan popular?

El unico criterio que se emplea es que esa persona tenga algo que enseñarle a nuestros estudiantes. Al principio, cuando comencé, redactaba largas cartas pidiéndole a la gente que viniera. Ahora son ellos los que me escriben para venir y si una persona famosa me llama para preguntar si puede venir yo no le voy a decir que no. Jerry Lewis me llamó y De Niro también.

En Broadway hay muchos protagonistas con talento que no son populares. ¿Nunca se le ocurrió que alguno de ellos podría estar en su programa?

No, porque tengo una lista muy larga como para un año o dos. Tenemos que invitar a nuestros entrevistados con mucha antelación. Seis meses y hasta un año, algunas veces.

También tiene figuras difíciles. ¿Por qué nunca ha entrevistado a Jack Nicholson o a Marlon Brando que, además, son del Actors Studio?

Es verdad, ambos son miembros y me gustaría que vinieran.

¿No van porque no los invitan o porque no quieren ir?

¿¡Cómo no voy a querer que vengan!? Marlon me llama de seguido y se pasa 45 minutos dándome explicaciones de porqué no viene. Por ejemplo, me habla de la eterna puja entre los grandes maestros. Me dice: “Lee Strasberg le dijo a todo el mundo que me entrenó y no lo hizo. Fue Stella Adler”. Yo le digo “Stella me entrenó a mí también, ven y hablemos de Stella”. Entonces me pregunta qué sé de los indios americanos y sigue así un buen rato gastando teléfono. Por el momento es lo único que hacemos, un tira y afloja.

¿Y usted a quién prefiere: a Stella Adler o a Lee Strasberg?

A mí me entrenó Stella. El Actors Studio hoy contiene a todas las vertientes del sistema de Stanislavski. Los directores y Al Pacino fueron entrenados por Strasberg, Harvey Keitel por Stella y Robert de Niro y Ellen Burstyn por ambos.

Bucea mucho en el interior de sus entrevistados. ¿Les hace practicar “memoria emotiva” y “El Método”?

(Se ríe) Algunas veces.

Alguno de ellos llegó a admitir su alcoholismo...

Sí. Jack Lemmon habló con nosotros de eso. Fue uno de los más momentos más sorprendentes que hemos tenido. Fue completamente honesto. Después invité también a James Caan, Ed Harris y Richard Dreyfuss y hablaron de sus problemas con el alcohol y las drogas. ¿Adivinas por qué? Por los estudiantes. Para que ellos entiendan lo perjudicial de esas cosas. Esta semana tendremos a Melanie Griffith que acaba de salir de su rehabilitación. Ella es muy valiente. Normalmente espero que la persona traiga el tema, yo no lo toco. Si ellos lo traen yo voy ahí.

Lo curioso es que los entrevistados desnudan su intimidad sin tratarse de un programa de cotilleo.

Desnudos totalmente y sin cotilleos. Es extraordinario. Nunca pregunto sobre divorcios o asuntos amorosos, pero a medida que la noche va progresando, ellos empiezan a cuestionarse cómo se convirtieron en lo que son.

¿Hay alguien a quien no invitaría nunca?

A cientos de personas. Porque “apestan”.

¿Por ejemplo?

Sólo te lo diría con un revólver en la cabeza.

¿No se siente condescendiente con algunos invitados?

Ocasionalmente me han criticado por eso. Es falso. Una noche de seminario puede durar entre tres y cuatro horas. El programa de Spielberg duró cinco. Elijo esos momentos que ambos admiramos. Es por eso que dicen que solamente admiro. Escojo a la hora de la edición aquellos momentos que son válidos tanto para el invitado como para los estudiantes y para mí. Al fin y al cabo, yo no soy periodista... Si lo fuera hasta tendría otros sentimientos y mataría a algunos entrevistados. Pero yo tengo 239 estudiantes ahí. ¿Por qué voy a golpear a esta persona y terminar con todo?. Ellos se critican a sí mismos también. El día que les tienda una emboscada, será el final del programa.

¿Y usted se imagina al programa con otro conductor?

Espero que Dios me de salud y no lo permita.

lipton ¿Algunos de sus entrevistados son amigos suyos? Sí.

¿Eso no lo condiciona?

No. Por el contrario. Son amigos míos Arthur Penn, Faye Dunaway, Sidney Lumet...

¿No admite que los actores tienen un ego enorme?

No, son increíblemente humildes y nada egoístas.

¿Y por qué cuando llegan a la fama algunos cambian?

(Se dirige a una de sus mejores alumnas de tercer año, la puertorriqueña Mónica Pérez Brandes) Cuando Mónica descubra el momento en que el actor sale fuera de aquí, de su capullo, descubrirá que somos carne en un mercado de depredadores. Eso provoca algo en ellos. Les crea una protección. Es lo que un actor hace y lo que un actor es. Profesionalmente, eso hace que ellos creen una barrera que el mundo llama ego. Si los actores no fueran tratados como dioses o demonios, como productos, todo sería distinto. Pero, por qué vas a convertirte en famoso en esta crueldad. Por ego no. Porque tienes que mandar a tus niños al colegio. El mundo presiona a los actores a comportarse de cierta manera. Y cuando vienen al programa no tienen que protegerse de ese mundo porque eso es sólo mierda.

¿Cuánto de talento, cuánto de trabajo y cuánto de suerte?

Si alguien te ve en la calle y eres el tipo perfecto para una película: eso es suerte. Stanislavski dijo que no se puede enseñar el talento. Los estudiantes lo traen y nosotros tratamos de liberarlo. Y la técnica le va a ayudar a usar ese talento. Eso es todo.

¿Me deja robarle las preguntas que, a su vez, usted le toma prestadas al final de su programa al “Bouillon de culture” de TV5?

Nunca le responderé esas preguntas a nadie que no sea Bernard Pivot, su conductor. Ya me ha invitado a que vaya a su programa en Francia.

¿Y por qué no ha ido todavía?

Porque tengo que trabajar. Pero en algún momento iré.

¿Cuántas tarjetas azules tendría su reportaje?

Cero. No tendría ninguna porque ya me conozco. En “Saturday Night Live” hay un comediante que hace de mí e imitan a mi programa. En cada emisión tienen una pila más grande de tarjetas azules.

¿Le molesta?

Hace unas dos semanas estuvo en nuestro programa Mike Myers. Es uno de los comediantes originales de aquel ciclo. Después de la grabación fuimos a comer y hablamos de la imitación. Y mientras cenábamos, escribimos un sketch en el que, al final, nos tirábamos las tarjetas uno al otro. Me divierte.

¿Alguna vez ha pensado que alguna emisión ha salido mal?

Nunca. Porque después de tantas horas de trabajo, nunca he sentido que los estudiantes no hayan aprendido algo. Esto comienza y termina como en un aula de clase.