Edward Norton: "La inseguridad te hace actor"

Edward Norton, homenajeado en el Festival de Locarno, en Suiza, repasa los accidentes de su oficio.

Norton habla como sus buenos personajes. Sobre la cuerda floja. Se diría que cada una de sus frases corre peligro de muerte. Duda, mira al cielo, se frota las manos, luego los ojos y, para el final, el monólogo, pues eso son sus contestaciones, se quedan en una extraña tierra de nadie. No queda claro si es el turno para la próxima pregunta o aún queda algo pendiente. Las dos cosas. "Acabe". "No, pregunte". Y así. "Recuerdo que en el rodaje de 'American History X' todo eran dudas", dice ante la necesariamente tópica pregunta sobre su método. "No me veía capaz de interpretar a mi personaje [algo peor que un nazi violento]. El director y yo pasamos seis meses hasta que acabamos de perfilar el tipo de papel. Me sentía tremendamente inseguro. Con el tiempo he descubierto que esa inseguridad es buena; te hace buen actor". Y, en efecto, a ello se aplica en cada una de sus dubitativas contestaciones.

Sea como sea, el actor nacido en Boston hace 45 años vive ahora, completamente fuera de dudas, uno de sus mejores momentos. Y por ello es reconocido en el festival de Locarno como, sin duda, merece. Le ha costado casi una década reponerse del más brillante de los inicios que ha vivido un actor. Mediada la década de los 90, su nombre apareció de una sola vez en tres películas. 'La otra cara de la verdad', 'Todos dicen I love you', y 'El escándalo de Larry Flint'. Por la primera se llevó una nominación al Oscar, así de entrada, y por la otras consiguió que su nombre se viera al lado de dos iconos como Woody Allen y Milos Forman.

"De Milos", dice, "he aprendido casi todo. Le considero mi mentor. Y con Woody tengo una historia personal muy curiosa. Yo descubrí al cine gracias a él. Mi madre, profesora de literatura, era una apasionada de sus películas. Con 9 o 10 años vi 'Annie Hall' y 'Manhattan'. No entendía nada, pero sí entendía que había otra forma de entender el cine que no era 'La guerra de las galaxias', mi primer amor cinéfilo. Entendí, por así decirlo, que había otras formas de entender". Y así, entre la paradoja y, otra vez, la duda, lo deja.

edwardnortonCuenta que todo cambió, y quién sabe si no nació ahí su vocación, el día que vio 'Haz lo que debas', de Spike Lee. "Me llamó la atención que una obra planteaba muchas más preguntas que respuestas", comenta, se toma un par de segundos, vuelve a respirar y termina: "Es curioso como he ido trabajando con muchos de los directores que antes he admirado". Se refiere a otro de sus más sorprendentes y profundos trabajos: 'La última noche', del propio Lee. Aquella fue la primera película levantada sobre las ruinas del 11-S y, tal vez, la última de su primera etapa.

Detrás quedaban trabajos como el citado 'American History X', su segunda nominación, o 'El club de la lucha' y, delante, una larga travesía de casi una década por la confusión y, otra vez, las dudas. 'El velo pintado' o 'El ilusionista' destacan en un panorama más bien plano lleno de musculados errores como 'El increíble Hulk'. "De todo se aprende y dar vida a un personaje tan icónico te enseña a trabajar con efectos especiales", confiesa lacónico. Por el camino, probó como director, se empeñó en la producción y acabó por labrarse una fama de "tipo difícil".

Y así hasta que en 2012 quizá, y resumiendo mucho, su contacto con Wes Anderson en Moonrise Kingdom le devolvió al altar del cine independiente. "Me molesta cuando se insiste en que se hace peor cine que antes. Vamos a ver, el año pasado hemos visto películas extraordinarias 'Perdida', 'Foxcatcher', 'Boyhood' o 'Gran hotel Budapest'. Además de asisitir al trabajo de directores como Paul Thomas Anderson. No es verdad que el cine bueno se hiciera sólo en los 70", comenta y se para. Ahora es el turno para él y su descomunal trabajo en 'Birdman'. "Entiendo el cine como un trabajo en equipo y en pocas películas he vivido eso como en la cinta de Iñárritu. Decía Coppola que hacer cine es aprender a trabajar con gente que acabas odiando. Es así", afirma y se ríe. Bajito.

Cuenta que hay tantas maneras de ser actor como de ser médico. "Los hay centrados en su ego y los que prefieren explorar, investigar. Para mí sería un drama no poder coger el metro. Prefiero desaparecer entre trabajo y trabajo. Admiro a Daniel Day-Lewis por ello. Actúa y hasta la próxima película nadie sabe nada de él". También dice que uno de los colegas a los que más respeta es a Javier Bardem. "Pocas películas he visto tan reveladoras como 'Biutiful'. Es increíble". Y mientras describe los accidentes de su oficio, adelanta algún detalle de su siguiente película. Esta vez, y van dos, como director.

edward- Por cierto, si tanto evita ser famoso, ¿por qué este premio?

- Locarno estrenó una de mis películas favoritas de todos los tiempos, 'Roma, città aperta'. En un mundo cada vez más globalizado cada vez es más difícil ver cine diferente. Es contradictorio. Es importante apoyar festivales que hacen posible otro cine.

Y se acabaron las dudas.

Autor: Luis Martínez

 

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