Entrevista a Javier Gutiérrez

Javier Gutiérrez (43 años), natural de Luanco (Asturias) pero criado en Ferrol, se ha convertido en unos de los actores más aclamados del momento por su papel protagonista en La Isla Mínima, por el que recibió la Concha de Plata de este año. No para de trabajar: desde 2009, actúa en la serie Águila Roja, papel por el que se llevó el Premio a mejor actor protagonista de la Unión de Actores en 2011. Y desde marzo, está en gira con la obra “Los Mácbez”, a órdenes de Andrés Lima y Juan Cavestany. Sin embargo, no por ello ha dejado de estar comprometido con el gremio. Por eso, hemos hablado con él de la crisis del sector, de la política cultural de gobierno… pero también del futuro de la profesión, de qué consejos daría a los actores que están empezando y mucho más. Y ésto es lo que nos ha contestado.

Hace poco dijiste que a los actores cómicos cuando hacen papeles dramáticos se les mira siempre con lupa. ¿Te consideras un actor cómico?

Yo me considero actor, pero es cierto que con mi aspecto y mi forma de moverme, supongo, siempre me han llamado para papeles de comedia. Yo comencé en televisión con Aída, luego Los Serrano y Águila roja… Y siempre he hecho papeles cómicos. Por eso sorprende cuando hago drama en teatro. Como el caso de Zipi y Zape y en La Isla Mínima, que han llamado mucho la atención.

En ese sentido, ¿crees que somos los propios actores y actrices los que tendemos mucho a encasillarnos a nosotros mismos, no por los directores?

Creo que deberíamos ser más generosos con el trabajo los compañeros. Supongo que tiene que ver con lo desierto que se plantea el futuro y eso nos hace a veces miserables. Cuando vamos a ver trabajos de compañeros deberíamos ser espectadores más honestos, más agradecidos, más generosos, más compañeros. Yo he dejado de ir a estrenos de amigos y compañeros porque la atmósfera es malsana y me voy a casa con mal cuerpo. Uno lo vive cuando estrena, a veces notas un ambiente negativo. Muchos piensan “Yo debería estar ahí y lo haría mucho mejor” y eso chip hay que cambiarlo. (…) La competitividad si la hay, yo creo que sana, hoy te pueden dar un papel y mañana no, pero no por eso hay que ir con un cuchillo entre los dientes.

En tu caso personal, ¿hay algún papel que haya tenido un significado especial para ti?

Hay varios. Aunque yo no reniego de nada, hasta de lo más horrible que hecho, no reniego de nada. Todo forma parte de algo que te llevas en la mochila. Hay trabajos, en ese sentido, que son más interesante: estás solo, nadie te dirige, el guión no es bueno y eso hace que salga el actor-director-creador que llevas dentro.

En cine, aunque he hecho mucha comedia, ahora mismo me está dando muchas alegrías el personaje de “Juan” de La Isla Mínima. Aunque claro, cuando tienes un guión como ese, un compañero como Raúl Arévalo, cuando tienes la posibilidad de ensayar un mes entero (cosa poco habitual por desgracia) y tienes un director como Alberto Rodríguez que ama a los actores y sabe dirigirlos de una forma prodigiosa… todo eso hace que para uno el trabajo sea más fácil.

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Cuando te dieron la Concha de Plata a mejor actor por La Isla Mínima dijiste que te hubiera gustado compartirla con Raúl Arévalo. Muchos se centran en el yo para preparar sus papeles, otros se dejan guiar por los compañeros con los que trabajan. ¿Tú cómo gestionas tu trabajo?

Precisamente, hace poco tuve una participación pequeña en la última película de Cesc Gay, en la que los protagonistas son Javier Cámara y Ricardo Darín. En una secuencia, vi a Darín preocuparse por mi ropa y mi aspecto, una cosa de compañero de verdad, de no solo preocuparse por lo suyo, sino de todo lo que le rodea, de todo el arte.

En mi caso, si hay un buen guión hay mucho trabajo hecho. Además, hay confiar en el director. Yo pretendo ser un actor que trata de aportar: tener mi idea de la escena, dar otras lecturas diferentes a las que puede tener el director, aunque siempre escuchándole.

Has pasado de hacer papeles cómicos a otros de villano o personajes que no empatizan tanto con el público. ¿Te gusta hacer de malo o te cuesta?

Me encanta! (Ríe) Me gusta mucho hacer comedia, pero si está mal escrita, lo pasas muy mal. Es más difícil hacer reír que hacer llorar, creo. (…) Me gustan los villanos, los personajes con más esquinas, porque son mucho más interesantes a la hora de trabajar para el actor. Uno de los objetivos que teníamos Alberto Rodríguez y yo para La Isla Mínima era no hacer un malo malísimo. Por supuesto, que lo tiene todo para ser un cabronazo: es un torturador, un fascista, ha matado a gente… Pero queríamos dotarlo de humanidad y que, en un momento dado, engañara al espectador y que llegara a empatizar con él. Y eso es maravilloso.

¿Crees que los actores al interpretar situaciones de contenido social o político real, como es La Isla Mínima, tiene una responsabilidad moral a la hora de contar la historia y cambiar las cosas?

Por ejemplo con Animalario, estamos haciendo un espectáculo que es una versión Macbeth en clave política, que se llama “Los Mácbez” y en la que hablamos de la España y la Galicia actual, pintando a los políticos como unos sanguinarios, unos tipos sin escrúpulos, que realmente es el retrato de nuestros políticos, por desgracia. Yo prefiero hacer ese tipo de teatro, también me gusta hacer una comedia alocada, pero si me dan a elegir yo prefiero incomodar al espectador, removerle y que salga de la función con una reflexión. Sería ideal que los actores pudiéramos elegir y, si pudiéramos elegir, hiciéramos películas que nos comprometiesen y que tuvieran que ver con la realidad social de lo que nos está pasando.

Dado el panorama actual, la situación con el Gobierno, el convenio de teatro, la cultura… ¿Hasta qué punto consideras necesaria la afiliación a la Unión de Actores y la unión del gremio a la hora de reivindicar mejores condiciones para la profesión?

Es muy difícil hablar de esto, sobre todo desde mi posición, que soy un auténtico privilegiado. Aunque yo también he estado en el paro y me ha costado mucho trabajo. He hecho de todo, hasta fiestas infantiles, todo lo que hemos hecho la mayoría de actores. Pero es cierto que cuando empiezas, el trabajo atrae más trabajo.

Dicho esto, creo que la unión hace la fuerza y que debemos, sobre todo los que más trabajamos, arrimar el hombro y buscar soluciones para que no haya tanto paro en nuestra profesión. También hay que ayudar a la gente joven que empieza. Cuando yo llegué a Madrid hace más de 20 años todo era más romántico, esa era mi sensación. Yo quería ser actor y lo primero que hice fue ir a ver a José María Rodero al Teatro Español en el gallinero, 150 pesetas costaba la entrada. Yo creo que los chicos que ahora vienen a Madrid tiene la cabeza a otra cosa: las alfombras rojas, ser famosos, la estrellitis… que no tiene nada que ver con la profesión en sí. Todo es una gran mentira, en la noche del cine español, que es la noche de los Goyas, damos una imagen de glamour y de oropel que no existe: los trajes y las joyas son prestadas, hay gente que está allí intentado dar lo mejor de sí y hace 2 años que no trabaja.

Está en nuestras manos cambiar esa imagen, lo primero que tenemos que hacer es reencontrarnos, creo que hay mucho desencuentro. No siempre somos buenos compañeros, hay un punto de miseria, debemos ser más generosos. Debemos conseguir una verdadera unión de los actores, ser una piña, y luego todo será más sencillo. Mientras, veo a la gente muy disgregada, lo que también es normal, ya que estamos un momento muy delicado y cada uno intenta buscarse la vida como puede.

Desde la Unión de Actores y Actrices, se planteado ir a hablar con los jóvenes a la escuelas de interpretación, hablarles de cómo es realmente la profesión, cuáles son los primero pasos a seguir… ¿Tú que consejo les darías?

Me parece muy buena idea y muy necesaria. Les diría que esta es una profesión muy dura, de dientes de sierra: hoy estás arriba y mañana abajo. Yo esto lo aprendí de actores ya mayores que han vivido absolutamente de todo. Ricardo Darín dice que sabe que tras un tiempo el teléfono dejará de sonar y su pasado no tendrá importancia. Te haces prescindible. Les diría que se prepararan a fondo, que amen mucho lo que hacen, que no se preocupen de llegar a ningún sitio, no hay más objetivo que hacer bien tu siguiente papel o buscar tu próximo trabajo. Pero sobre todo, no dejar de hacer cosas, no dejar de reunirse con gente afín a ti, desde compañeros de clases a gente que escriba o que te dirija y hacerlo en cualquier lugar. Hay muchos espacios en Madrid para empezar y para experimentar. Creo que no deberían volverse locos esperando la llamada de un director de casting. El trabajo lo puede generar uno mismo y luego ya mostrarlo donde nos dejen, el camino está en hacer, hacer y hacer…