Looking for Richard

Shakespeare compuso una obra a base de separados cuadros de distintos momentos de esa historia; cada uno en sí mismo tiene una simple efectividad dramática, pero no hilo de continuidad, ni en los hechos mismos ni, menos, en el desarrollo de los caracteres. Estos vacíos han sido siempre caballo de batalla para estudiosos; directores, en su empeño de dar coherencia a la narración; actores, en su deseo de dar verosimilitud al personaje.

Tal vez Shakespeare contaba con que el espectador de la época conocía bien la no lejana historia, y sabría llenar esos vacíos.

Hoy, en que el comentario de texto y las adaptaciones han casi sustituido a la creación, han llegado algunos al papanatismo adorativo del clásico -muy en especial de Shakespeare-, al ridículo, y a ser, como escribió Cadalso, «los eruditos a la violeta». Eso parecen en el documental de Al Pacino esos dos catedráticos entrevistados, y la misma Vanessa Redgrave, y el actor Sir John Guielgud. Muy contraria es la actitud de Al Pacino al dirigir y narrar esa larga y entretenidísima clase, lección teatral en el plano directivo, de estudio del texto, interpretativo y de dirección artística.

Al Pacino nos regala una sorprendente y particular adaptación del inmortal texto de Shakespeare. Ejercicio casi experimental, se trata de una magnífica y potente mezcla de documental y ficción, vibrante y llena de fuerza. Una joya.

Looking for Richard

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Shakespeare compuso una obra a base de separados cuadros de distintos momentos de esa historia; cada uno en sí mismo tiene una simple efectividad dramática, pero no hilo de continuidad, ni en los hechos mismos ni, menos, en el desarrollo de los caracteres. Estos vacíos han sido siempre caballo de batalla para estudiosos; directores, en su empeño de dar coherencia a la narración; actores, en su deseo de dar verosimilitud al personaje.

Tal vez Shakespeare contaba con que el espectador de la época conocía bien la no lejana historia, y sabría llenar esos vacíos.

Hoy, en que el comentario de texto y las adaptaciones han casi sustituido a la creación, han llegado algunos al papanatismo adorativo del clásico -muy en especial de Shakespeare-, al ridículo, y a ser, como escribió Cadalso, «los eruditos a la violeta». Eso parecen en el documental de Al Pacino esos dos catedráticos entrevistados, y la misma Vanessa Redgrave, y el actor Sir John Guielgud. Muy contraria es la actitud de Al Pacino al dirigir y narrar esa larga y entretenidísima clase, lección teatral en el plano directivo, de estudio del texto, interpretativo y de dirección artística.

Al Pacino nos regala una sorprendente y particular adaptación del inmortal texto de Shakespeare. Ejercicio casi experimental, se trata de una magnífica y potente mezcla de documental y ficción, vibrante y llena de fuerza. Una joya.