Sin metas no hay paraiso

“Cuenta la leyenda que existen seres, mitad divinos, mitad humanos, que son venerados por miles de fervorosos devotos que creen en ellos incondicionalmente. Criaturas todopoderosas de las que sólo algunos pocos privilegiados pueden dar fe de su existencia. Se dice que, si uno de ellos extiende su dedo y te señala como uno de Los Elegidos, puede llevarte al Paraíso. Y también que su mirada tiene el poder de destruirte, hundirte en las profundidades y hasta de que te hagas caca encima. Esos seres conviven en la sociedad y pasan desapercibidos al común de los mortales que no conoce su apariencia física. Puede ser tu vecino de enfrente, la mamá que arrastra a la niña gorda de la mano, el dueño del perro que olfatea la mochila de la niña… Cualquiera puede ser uno de ellos. Habitan entre nosotros y se hacen llamar Directores de Casting”.

Si has sentido un escalofrío recorriendo tu cuerpo al leer el párrafo anterior y se te han puesto los pelos como escarpias, no hace falta que me digas más: eres actor. Y de los resabiados, posiblemente. ¿Cuánto tiempo hace que esperas escuchar las cinco palabras mágicas que pueden cambiar tu vida: “Tienes-un-casting-con….” (Aquí añade el nombre de tu director de casting más admirado)? ¿Meses? ¿Años? ¿Una eternidad? ¿Ya eres viejo?… Puede que haga tanto que, si se te aparece un Enanito Verde para concederte un deseo, ya no pidas "tener éxito en mi profesión", sino "quiero una prueba para un protagonista con un director de casting, porfa, porfa, porfa…". Ya puestos, y como es tu fantasía, le das detalles al enano y le especificas que sea con uno de los grandes, de los legendarios, de los míticos. De esos que convierten decisiones en mandamientos sagrados, de los que, con una palabra, transforman a un intérprete anodino en celebridad. Que luego superes o no la audición, ya será responsabilidad tuya o, si acaso, ya te buscarás otro bicho concededeseos, pero lo único que tú pides es tener la oportunidad, la opción de demostrar que eres bueno y estás preparado para triunfar y ganarte la vida con lo que más te gusta (que no es servir copas hasta la madrugada sino actuar).

Pues sí, actor resabiado, ya te has dado cuenta, ¿verdad?: Es más fácil que te conceda audiencia el Papa que un director de casting. Y no porque tu representante, que tanto cree en ti, no se lo curre a muerte que, a estas alturas, o bien ya habrá vendido su alma a Satanás o estará buscando tutoriales en internet sobre “Cómo hacer sacrificios humanos y/o animales a dioses chungos a cambio de un casting para mi actor favorito”. Tampoco porque al director no le apetezca o, ¿qué te crees, que a cualquiera de ellos no le da subidón reconocer un nuevo talento? ¿Que su mayor satisfacción no es adjudicarse la victoria de descubrir una estrella? Pero entre la inmensa cantidad de profesionales estupendos que aspiran al mismo papel y que los productores (que al fin y al cabo son los que ponen la pasta) prefieren no arriesgar con caras nuevas, las posibilidades de que te vean a ti son reducidas tirando a escasas. ¿Te parece injusto? Y a mí, no te fastidia. Si estuviéramos en un mundo ideal y perfecto, tú serías el prota de todas las series y pelis de la tele y yo cabalgaría a lomos de un corcel blanco de sedosas crines hacia la puesta de sol en lugar de estar escribiendo esto. Pero hoy por hoy es nuestra realidad, y no porque sea difícil vamos a rendirnos, ¿no? Así que, dejémonos de lloriqueos y pensemos en lo que puedes hacer para ser uno de los elegidos.

errarPara empezar, aplícate las enseñanzas de ese gran proverbio que dice: “Una cebra no tiene que correr más que el león, sino más que las otras cebras”. Es decir, trabaja y estudia más que cualquier actor, aprende disciplinas artísticas nuevas y diferénciate del resto, no confíes sólo en tu talento sino también en tu preparación, busca un representante que luche por ti, persevera, no pierdas nunca la ilusión y sobre todo, intenta tener paciencia, mucha paciencia. Y ¿qué es lo que no deberías hacer nunca? Toma nota que aquí es donde muchas cebras se dan de morros. Ya supongo que no será tu caso, pero por si formaras parte de ese colectivo minoritario de actores con tendencias psicopáticas, te diré que no son bien recibidas las amenazas de ningún tipo. El acoso, tampoco: eso de estar persiguiendo al director de casting y abordarle por la calle o esperar en la puerta de su casa, es mala idea, te acaban cogiendo manía. Prohibidos los rituales con sacrificios, si acaso deja que los haga tu repre y si no le salen bien, que asuma él las consecuencias. Nada de sobornos, que hoy en día ya no funcionan y consiguen el efecto contrario. Bombardear el correo con mensajes, ofrecimientos y peticiones, también se considera una forma de acoso. De hecho, olvídate por completo de cualquier envío (ni fotos cada día porque te las acabas de hacer y son distintas a las de ayer, ni videobooks cada semana con la excusa de que hay una frase nueva), porque de eso ya se ha encargado tu representante y si el director de casting recibe por duplicado (o quintuplicado) tu material, acabará conociéndote, sí, pero no como tú esperas sino como “ese tío coñazo que no me deja vivir”.

Fantasea por un instante con que ya te ha llegado el momento, que te han llamado precisamente a ti. No importa si es porque el Enanito Verde ha cumplido su misión o porque los sacrificios a los Dioses Chungos dan resultado, el caso es que ahí estás, frente al Gran Director de Casting, que no sabes si hacerle una reverencia o una genuflexión de los nervios que tienes. Te atreves a hacer contacto visual y le miras a los ojos, aunque te arriesgues a quemarte las retinas. Sabes que, por tu parte, lo vas a hacer lo mejor posible, que tienes la separata tan interiorizada que te has mimetizado con el personaje y ya no distingues dónde terminas tú y empieza él. ” ¿Y ahora, qué?”, te preguntas. ¿Qué de qué? Ya has conseguido tu sueño de realizar la prueba, ¿no? Y has hecho todo lo que está en tu mano… Pues, si finalmente te seleccionan, bien y si no, también, porque seguramente, si cogen a otro actor, no será porque no hayas estado a la altura, sino porque, por motivos ajenos a tu talento, les ha parecido más indicado que tú para el papel. Quédate con la satisfacción de que uno de esos seres todopoderosos ya te ha visto en todo tu esplendor interpretativo y muy posiblemente te tendrá en cuenta cuando aparezca otro personaje adecuado para ti.

Volvamos a tocar con los pies en el suelo. Lo esencial es que puedas dar ese paso, tener la ocasión de acercarte a tu objetivo y ante todo, no desesperar por mucho que tarde en presentarse la oportunidad de demostrar que eres la cebra más veloz de toda la sabana actoral, la más rápida, la más rauda. Deja atrás al resto de la manada y corre, corre como el Usain Bolt de las cebras, y galopa hacia tu meta que, por el momento, no es otra que ser uno de Los Elegidos. Quizá, cuando la cruces te encuentres con ese paradisíaco mundo ideal y perfecto donde, por fin, se te reconoce el esfuerzo y eres el protagonista de todas las series… ¿Te imaginas? Yo, sí. Ya me parece ver mi puesta de sol en el horizonte…