Actuar = Asumir riesgos

Existen básicamente dos tipos de actores: Los que son arriesgados y los que no lo son.

Los actores que no se arriesgan son esos que siempre toman el camino que menos peligros entraña. Su falta de tolerancia hacia lo incierto y su temor por cualquier cosa susceptible de acabar negativamente les obliga a protegerse ante cualquier probabilidad de rechazo. Prefieren evitar cualquier tipo de crítica o de resultado negativo sacrificando la toma de decisiones personales. Sólo están dispuestos a escuchar cosas buenas y bonitas sin exponerse a una situación que ponga en peligro el status quo y su propia estabilidad. Siempre evitan cualquier tipo de reto que pueda llevarles a cometer un error.

Estos actores, que siempre esquivan los riesgos en realidad carecen de coraje artístico. Sus presentaciones en los castings son previsiblemente flojas. Actúan las palabras de los guiones o de las separatas, pero no el carácter y la historia del personaje. Les dan miedo los resultados desconocidos y los imprevistos. Por consiguiente, estos actores resultan más bien poco interesantes y atractivos para el espectador. Pueden ser capaces dar algún paso hacia algo atrevido, pero tienden a volver enseguida a su postura segura, cómoda y predecible.

Por otro lado, el actor arriesgado, se desafía a sí mismo y a otros continuamente. A este tipo de actores les gusta exponer abiertamente sus emociones y pensamientos corriendo el riesgo de obtener resultados negativos (tales como recibir duras críticas, ganarse una mala reputación o hacer un casting nefasto) pero mostrando una presencia y un carácter únicos.

Los actores que constantemente asumen riesgos no sólo transmiten más sino que resultan emocionantes para cualquier espectador, pues nunca están del todo satisfechos y necesitan profundizar y ahondar más en sus interpretaciones. Experimentan y exploran rasgos de carácter distintos, incluso desafiando lo aprendido y lo que se les ha ordenado hacer. Estos actores tienden a saltar primero y a mirar después. Toman decisiones cargadas de atrevimiento, las presentan y preguntan después.

Los actores que asumen riesgos están llenos de vida y, por consiguiente, insuflan vida y animan al público. Parecen cumplir el objetivo que manda una buena interpretación, pasear con calma por su propio interior escarvando para sacar a flote sus emociones más personales, reales y emotivas.

La vida en si es un riesgo. Amar es arriesgarse a que te hagan daño. Empezar algo nuevo es arriegarse a fracasar. Exponer sentimientos personales es arriegarse a exponerse uno mismo. Una vida plena está repleta de fracasos y victorias. Es imposible ganar o perder sin arriegarse.

No en todas las audiciones y castings se tendrá éxito. No todas las representaciones recibirán elogios. No todas las elecciones o decisiones serán bien recibidas. Pero -y siempre escuchad todo lo que venga después de un "pero"- no asumir riesgos significa que serás como todos esos actores que evitan los riesgos. Y hay un número abrumador de este tipo de actores. En realidad la gran mayoría.

Los actores que si se arriesgan, que saltan al vacio, son actores especiales, actores que quedan grabados en la memoria y... Actores que trabajan.

bobfraser

Bill Howey

es desde hace más de treinta años uno de los profesores de interpretación y coach de actores más respetado en Hollywood. Actualmente imparte sus workshops en su propio estudio en Los Angeles. Ha desempeñado su labor profesional en distintos programas de televisión y en proyectos de cine, llegando a presentar su propio programa televisivo en directo y ha dirigido varias producciones independientes. Es también autor de uno lo de los libros más aclamado entre los actores profesionales: "The Actor's Menu".