El analista y el testigo

No son pocas las escuelas de arte dramático que explotan el uso del psicoanálisis como medio para que sus alumnos exploren su carácter, emociones, conflictos internos, etc, en busca de un autoconocimiento que, sin duda, es imprescindible para todo actor -y no actor-, pero que, en más ocasiones de las deseadas, provoca más confusión e inseguridades que la ayuda que pretende aportar. Sobre todo cuando esas técnicas psicoanalíticas son empleadas en las aulas sin la preparación adecuada del docente, y con la intención de basar la interpretación en experiencias pasadas emocionalmente traumáticas. ¿Es realmente necesario todo esto para ser actor? Seguramente no existe una respuesta de un solo color a esta pregunta, sino que corresponde a cada uno contestarla según sus propias percepciones personales. Lo que si sabemos es que, como en todo, nadie debe limitar su perspectiva a una sola versión de las cosas.

Este pasaje que os ofrecemos a continuación está incluido en el libro “Conciencia”, de Osho, y nos ha parecido, como menos, lo suficientemente interesante para traerlo aquí y que pueda ser punto de partiida para el debate y la reflexión.

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El Analista y el Testigo

El método occidental consiste en pensar en un problema, encontrar las causas del problema, penetrar en la historia del problema, en el pasado del problema, llegar a las raíces del problema, hasta el principio mismo. Descondicionar la mente, o recondicionar la mente, recondicionar el cuerpo, sacar a la luz todas las huellas que han quedado en el cerebro... ese es el método occidental. El psicoanálisis penetra en la memoria; trabaja en ella. Va hasta tu infancia, a tu pasado; se mueve hacia atrás. Encuentra dónde surgió un problema. A lo mejor fue hace cincuenta años, cuando eras un niño, y el problema surgió en tu relación con tu madre; el psicoanálisis retrocederá hasta allí.

¡Cincuenta años de historia! Es una tarea muy larga y muy lenta y ni siquiera eso sirve de mucha ayuda, porque hay millones de problemas; no es cuestión de un solo problema. Puedes reconstruir la historia de un problema; puedes consultar tu autobiografía y encontrar las causas. Tal vez puedas eliminar un problema, pero hay millones de problemas. Si empiezas a profundizar en cada problema, para resolver los problemas de una vida necesitarás millones de vidas. Deja que te lo repita: para resolver los problemas de una vida tendrás que nacer una y otra vez, millones de veces. Esto es casi impracticable. No se puede hacer. Y todos esos millones de vidas que dedicarás a resolver los problemas de esta vida, todas esas vidas generarán sus propios problemas... y así una vez tras otra. Te quedarás cada vez más atascado en los problemas. ¡Eso es absurdo!

Ahora se aplica el mismo enfoque psicoanalítico al cuerpo: existen métodos como el rolfing, la bioenergética y otros, que tratan de eliminar huellas en el cuerpo, en la musculatura. Una vez más, hay que penetrar en la historia del cuerpo. Pero hay una cosa segura acerca de ambos métodos, que funcionan según la misma pauta lógica: que el problema procede del pasado, así que de algún modo hay que manipular el pasado.

La mente humana ha intentado desde siempre hacer dos cosas imposibles. Una es alterar el pasado, que es algo que no se puede hacer. El pasado ya ha ocurrido. No se puede volver al pasado. Cuando piensas en volver al pasado, lo más que puedes hacer es penetrar en el recuerdo; no es el auténtico pasado, es sólo un recuerdo. El pasado ya no existe, así que no se puede modificar. Éste es uno de los objetivos imposibles de la humanidad, y el hombre ha sufrido mucho por su causa. Quieres rehacer el pasado. ¿Cómo vas a rehacerlo? El pasado es absoluto. El pasado significa que todo el potencial de una cosa se ha agotado; se ha vuelto actual, no existe ninguna posibilidad de modificarlo, de deshacerlo, de rehacerlo. Con el pasado no se puede hacer nada.

Y la segunda idea imposible que siempre ha dominado la mente humana es determinar el futuro, que es algo que tampoco se puede hacer. El futuro significa lo que aún no es; no se puede establecer. El futuro siempre es indeterminado, el futuro sigue abierto.

El futuro es pura potencialidad; hasta que ocurre, no se puede estar seguro de él. El pasado es pura actualidad; ya ha ocurrido. Ya no se puede hacer nada al respecto. Entre estas dos cosas, el hombre se encuentra en el presente, siempre pensando en imposibles. Quiere asegurarse de todo lo referente al futuro, al mañana... y eso no se puede hacer. Métetelo en la cabeza lo más hondo posible: no se puede hacer. No malgastes tu momento presente intentando asegurar el futuro. El futuro es incertidumbre; esa es la cualidad básica del futuro. Y tampoco pierdas el tiempo mirando hacia atrás. El pasado ya ha ocurrido, es un fenómeno muerto. No se puede hacer nada con él. Como máximo, se puede reinterpretar, y eso es todo. Eso es lo que hace el psicoanálisis: reinterpretarlo. Se puede reinterpretar, pero el pasado sigue siendo el mismo.

El psicoanálisis y la astrología... la astrología trata de algún modo de darte seguridades acerca del futuro y el psicoanálisis trata de rehacer el pasado. Ninguna de las dos cosas es una ciencia. Las dos cosas son imposibles, pero ambas tienen millones de seguidores... porque al hombre le gustan esas cosas. Quiere estar seguro acerca del futuro, así que va al astrólogo, consulta el I Ching, acude a una echadora de Tarot, y existen mil y una maneras de tomarse el pelo a sí mismo, de engañarse uno mismo. Y además, hay personas que dicen que pueden cambiar el pasado... y también las consulta.

Cuando se descartan estas dos cosas, uno queda libre de toda clase de tonterías. Dejas de ir al psicoanalista y dejas de acudir al astrólogo. Sabes ya que el pasado está terminado... y que tú has terminado con él. Y el futuro aún no ha ocurrido. Cuando ocurra, ya veremos. De momento, no se puede hacer nada al respecto. Con eso sólo destruirías el momento presente, que es el único momento disponible, real.

Occidente ha seguido examinando continuamente los problemas, para ver cómo resolverlos. Occidente se toma los problemas muy en serio. Y cuando sigues una cierta lógica, dadas las premisas, esa lógica parece perfecta.

Hace poco leí una anécdota:
Un gran filósofo y matemático de fama mundial viaja en un avión. Está sentado en su asiento, pensando en grandes problemas matemáticos, cuando de pronto se oye un aviso del capitán: «Lo siento, va a haber un pequeño retraso. El motor número uno se ha parado y estamos volando con sólo tres motores.»

Unos diez minutos después, se oye otro aviso: «Me temo que el retraso va a aumentar. Los motores dos y tres se han parado, y sólo nos queda el motor número cuatro.»

headEl filósofo se vuelve hacia el viajero sentado a su lado y le dice: ¡Válgame Dios! Si se para el motor que queda, nos vamos a pasar aquí arriba toda la noche.

Cuando piensas siguiendo una cierta línea, la dirección misma de esa línea hace posibles ciertas cosas... incluso cosas absurdas. Cuando te tomas muy en serio los problemas humanos, cuando empiezas a pensar en el hombre como un problema, cuando has aceptado ciertas premisas, has dado el primer paso en dirección equivocada. Ahora puedes seguir en esa dirección, y puedes seguir y seguir indefinidamente. Se ha escrito una gran cantidad de literatura acerca de los fenómenos mentales, del psicoanálisis; se han escrito millones de artículos, tratados y libros. En cuanto Freud abrió las puertas de una cierta lógica, dominó el siglo entero.

Oriente tiene una actitud totalmente diferente. En primer lugar, dice que ningún problema es grave. En el momento en que dices que ningún problema es grave, el problema está muerto en casi un noventa y nueve por ciento. Cambia toda tu visión del problema. La segunda cosa que dice Oriente es que el problema está ahí porque tú te has identificado con él. No tiene nada que ver con el pasado, nada que ver con su historia. Estás identificado con él, eso es lo que importa. Y esa es la clave para resolver todos los problemas.

Por ejemplo, eres una persona irascible. Si vas al psicoanalista, te dirá: «Retrocede en el pasado... ¿cómo se originó esta ira? ¿En qué situaciones se fue volviendo cada vez más condicionada y se fue imprimiendo en tu mente? Vamos a tener que borrar todas esas huellas; tendremos que eliminarlas. Vamos a tener que cambiar tu pasado por completo.»

Si acudes a un místico oriental, te dirá: «Crees que estás irritado, te sientes identificado con la ira… eso es lo que va mal. La próxima vez que se presente la ira, tú limítate a ser un observador, a ser un testigo. No te identifiques con la ira. No digas "Estoy furioso". No digas "Soy la ira". Limítate a ver lo que ocurre, como si estuviera ocurriendo en una pantalla de televisión. Mírate a ti mismo como si estuvieras mirando a otro.»

Eres pura conciencia. Cuando se forma a tu alrededor la nube de ira, limítate a mirarla, y mantente alerta para no identificarte con ella. Todo consiste en no identificarse con el problema. En cuanto hayas aprendido esto... y no me hables de que tienes «demasiados problemas», porque la llave, la misma llave, abre todas las cerraduras. Lo mismo vale para la ira que para la codicia, que para el sexo. Vale para cualquier cosa de la que la mente sea capaz.

Oriente dice que te limites a no identificarte. Recuerda... eso es lo que quería decir Gurdjieff cuando hablaba de «recordarse a sí mismo». Recuerda que eres un testigo, ten cuidado, eso es lo que dice Buda. Mantente alerta mientras pasa la nube. Puede que la nube venga del pasado, pero eso no tiene importancia. Tiene que tener algún pasado, no va a surgir de la nada. Tiene que haberse originado en una cierta secuencia de acontecimientos, pero eso es irrelevante ¿Por qué molestarse con ello? Ahora mismo, en este momento, puedes distanciarte de ello. Puedes separarte de ello, puedes romper el puente ahora mismo... y sólo se puede romper en el ahora.

Retroceder al pasado no sirve de nada. Hace treinta años, surgió la ira y tú te identificaste con ella aquel día. ¡Ahora no te puedes desidentificar de aquel pasado! ¡Ya no está aquí! Pero sí que te puedes desidentificar en este momento, en este preciso momento... y si lo haces, toda la serie de iras del pasado dejará de formar parte de ti. Ya no tendrás que retroceder y deshacer algo que hicieron tus padres, y la sociedad, y los sacerdotes, y la iglesia. Eso sería una pura pérdida de precioso tiempo presente. Primero te destruyó muchos años y ahora destruye tus momentos presentes. Más vale que te libres simplemente de ello, como se libra una serpiente de su piel vieja.

El pasado y sus condicionamientos existen... pero existen sólo en el cuerpo o en el cerebro. No existen en tu conciencia, porque la conciencia no se puede condicionar. La conciencia se mantiene siempre libre... la libertad es su cualidad más esencial, la libertad es su naturaleza misma. Puedes mirar: tantos años de represión, tantos años de cierta educación. En este momento en el que estás mirándolo, esta conciencia ya no se identifica. De no ser así, ¿quién iba a ser consciente? Si verdaderamente hubieras estado reprimido, ¿quién sería consciente? No existiría ninguna posibilidad de hacerse consciente.

Si puedes decir: “Veintiún años en un sistema educativo loco”, una cosa es segura: todavía no estás loco. El sistema ha fallado; no funcionó. Jayananda, no estás loco, por eso puedes ver que el sistema entero está loco. Un loco no puede darse cuenta de que está loco. Solo una persona cuerda puede ver que esto es una locura. Para ver que la locura es locura, se necesita cordura. Esos veintiún años de sistema loco han fracasado; todo ese condicionamiento represivo; ha fracasado. En realidad, no puede dar resultado. Sólo funciona en la medida en que tú te identifiques con él. En cualquier momento puedes distanciarte... está ahí, no te digo que no esté ahí; pero ya no forma parte de tu conciencia.

Esta es la belleza de la conciencia. La conciencia puede librarse de cualquier cosa. No tiene barreras, no tiene límites. Un momento antes eras inglés y entendías toda la estupidez del nacionalismo, y un momento después ya no eres inglés. No estoy diciendo que tu piel cambie y deje de ser blanca; seguirá siendo blanca, pero tú ya no te identificas con la blancura; ya no estás en contra del negro. Ves que es una estupidez. No digo que sólo por ver que ya no eres inglés te olvides del idioma inglés; no, todavía seguirá estando en tu memoria, pero tu conciencia ha escapado de eso, tu conciencia está en lo alto de una colina mirando el valle desde arriba. Ahora el inglés está muerto en el valle y tú estás en lo alto de la colina, muy lejos, distanciado, intacto.

Toda la metodología oriental se puede reducir a dos palabras: ser testigo. Y toda la metodología occidental se puede reducir a una cosa: analizar. Cuando analizas, das vueltas y más vueltas. Cuando eres testigo simplemente te sales del círculo.

El análisis es un círculo vicioso. Si te metes de verdad en el análisis, te encontrarás desconcertado. ¿Cómo es posible? Si, por ejemplo, intentas retroceder al pasado, ¿dónde terminarás? ¿Dónde exactamente? Si retrocedes al pasado, ¿dónde comenzó tu sexualidad? ¿Cuándo tenías catorce años? ¿Y acaso entonces surgió de la nada? Debió haberse estado preparando en el cuerpo, ¿no? Entonces, ¿cuándo? ¿Cuándo naciste? Pero ¿acaso no se estuvo preparando antes, cuando estabas en el seno de tu madre? Entonces, ¿cuándo? ¿En el momento en que fuiste concebido? Pero antes de eso, la mitad de tu sexualidad estaba madura en el óvulo de tu madre y la otra mitad de tu sexualidad estaba madurando en el espermatozoide de tu padre. Si seguimos así, ¿dónde terminarás? ¡Tendrás que remontarte a Adán y Eva! Y ni siquiera ahí termina la cosa. Tendrás que remontarte hasta Dios Padre. ¿Por qué si no, creó a Adán?

El análisis siempre se queda a medias, y por eso el análisis nunca ayuda de verdad a nadie. No puede ayudar. Te deja un poco más adaptado a la realidad, eso es todo. Es una especie de ajuste; te ayuda a adquirir un poquito de comprensión de tus problemas, de su génesis, de cómo surgieron. Y esa pequeña comprensión intelectual te ayuda a adaptarte mejor a la sociedad, pero sigues siendo la misma persona. Por ese camino no hay transformación, por ese camino no hay cambio radical.

Ser testigo es una revolución. Es un cambio radical desde las raíces mismas. Trae a la existencia un ser humano totalmente nuevo, porque deja tu conciencia libre de todos los condicionamientos.

Los condicionamientos están ahí, en el cuerpo y en la mente, pero la conciencia se mantiene sin condicionar. Es pura, siempre pura. Es virgen; su virginidad no se puede violar.

El enfoque oriental consiste en hacerte consciente de esta conciencia virgen, de esta pureza, de esta inocencia. Oriente hace hincapié en el cielo y Occidente hace hincapié en las nubes. Las nubes tienen una génesis; si quieres averiguar de dónde proceden, tendrás que ir al océano, después a los rayos de sol y la evaporación del agua, y la formación de nubes... y así puedes seguir, pero te estarás moviendo en círculo. Las nubes se forman, se reúnen, se enamoran de los árboles, empiezan a descargar agua a la tierra, se convierten en ríos, llegan al mar, empiezan a evaporarse, se elevan otra vez con los rayos de sol, se convierten en nubes, vuelven a caer a la tierra... y el proceso continúa, dando vueltas y más vueltas. Es una rueda. ¿Por dónde puedes salir? Una cosa conduce a otra y tú sigues en la rueda.

El cielo no tiene génesis. El cielo no se ha creado; no ha sido producido por nada. De hecho, para que algo exista tiene que haber antes un cielo, es una necesidad a priori. Tiene que existir antes de que exista cualquier otra cosa. Si le preguntáis a un teólogo cristiano, os dirá: «Dios creó el mundo.» Preguntadle si antes de que Dios creara el mundo existía o no un cielo. Si no había cielo, ¿dónde estaba Dios? Tenía que necesitar algún espacio. El espacio es imprescindible, incluso para que exista Dios. No puedes decir: «Dios creó el espacio.» Eso sería absurdo, porque no habría tenido ningún espacio donde existir. El espacio debe preceder a Dios.

El cielo siempre ha estado ahí. El enfoque oriental consiste en prestar atención al cielo. El enfoque occidental te hace prestar cada vez más atención a las nubes, y te ayuda un poco, pero no te hace consciente de tu núcleo interno. De la circunferencia sí, te haces un poco más consciente de la circunferencia, pero no eres consciente del centro. Y la circunferencia es un ciclón. Tienes que encontrar el centro del ciclón. Y eso solo se consigue siendo testigo.

Ser testigo no cambiará tu condicionamiento. Ser testigo no cambiará la musculatura de tu cuerpo. Pero ser testigo te proporcionará una experiencia, la de que estás más allá de toda musculatura, más allá de todo condicionamiento. En ese momento de distanciamiento, en ese momento de trascendencia, no existen problemas... no para ti.

Y ahora todo depende de ti. El cuerpo seguirá cargando con la musculatura y la mente seguirá cargando con el condicionamiento... ahora todo depende de ti. Si en algún momento echas de menos el problema, puedes entrar en el cuerpo-mente y disfrutar del problema. Si no quieres tenerlo, puedes quedarte fuera. El problema seguirá ahí, como una huella impresa en el fenómeno cuerpo-mente, pero tú estás aparte, distanciado de él.

Así es como funciona Buda. Tú utilizas la memoria y Buda también utiliza la memoria... pero él no se identifica con ella. Él utiliza la memoria como un simple mecanismo. Por ejemplo, ahora estoy utilizando el lenguaje. Cuando tengo que utilizar el lenguaje, utilizo la mente con todo lo que lleva impreso, pero como un continuo. Yo no soy la mente; la conciencia está presente. Yo sigo siendo el que manda, la mente sigue siendo un sirviente. Cuando se llama a la mente, ella acude; se la utiliza para lo que sirve, pero no se la deja dominar.

O sea, que siguen existiendo problemas, pero existen sólo en forma de semillas en el cuerpo y la mente. ¿Cómo podrías cambiar tu pasado? En el pasado has sido católico; si has sido católico durante cuarenta años, ¿cómo vas a cambiar esos cuarenta años y dejar de ser católico? No, esos cuarenta años seguirán siendo el período en que fuiste católico, pero ahora puedes salir de ahí. Ahora sabes que aquello era simple identificación. Esos cuarenta años no se pueden destruir, y no hay necesidad de destruirlos. Si eres el señor de la casa, no hay necesidad. Incluso puedes utilizar esos cuarenta años de algún modo, de un modo creativo. Incluso aquella educación absurda se puede utilizar de un modo creativo.

Todas las impresiones grabadas en el cerebro, en la musculatura del cuerpo, seguirán donde están, pero en forma de semilla, en potencia. Si te sientes demasiado solo y quieres problemas, puedes tenerlos. Si te sientes muy mal por no sufrir, puedes tenerlos. Siempre estarán a tu disposición, pero no hay necesidad de tenerlos, ninguna necesidad. Es una elección tuya.

Ser testigo es la técnica para centrarse. Ya hemos hablado de centrarse: un hombre puede vivir de dos maneras: puede vivir desde su periferia o desde su centro. La periferia pertenece al ego y el centro pertenece al ser. Si vives desde el ego, estarás siempre relacionado con lo otro. La periferia está relacionada con lo otro.

Hagas lo que hagas, no será una acción; será siempre una reacción. Lo haces en respuesta a algo que te hacen a ti. Desde la periferia no hay acción, todo es una reacción, nada viene de tu centro. En cierto modo, eres esclavo de las circunstancias. No estás haciendo nada; más bien te están obligando.

Desde el centro, la situación cambia diametralmente. Desde el centro empiezas a actuar por primera vez, empiezas a existir por derecho propio, no como algo relacionado.

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