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“Uno es lo que ama”: Facundo Cabral

17 julio, 2011

El sábado pasado asesinaron a balazos a Facundo Cabral. Como diría Machado, Cabral era, en el buen sentido de la palabra, un hombre bueno. Idealista como el que más, comprometido con todos los que le necesitaban, amante del amor, de la vida y de la belleza, místico, humanista y, por encima de todo, cantor, cantor de los caminos que jamás dejó de recorrer. Se definía a sí mismo como sereno anarquista, agitador espiritual y violento pacifista.  Seguidor de Cristo y de Gandhi, discípulo de Krishnamurti, voluntario con la Madre Teresa de Calcuta, amigo de Borges, de Chagall, y de tantos y tantos otros…. Con esas balas han querido quitarle la palabra, silenciarle, ahogar su voz para siempre. Jamás lo conseguirán porque él sigue vivo y vivirá en todos los que amamos su forma de ver y de vivir la vida. Por eso hoy le cedo íntegramente a él este espacio, La placenta del universo, para que sea su voz la que hable sobre lo que es amar y lo que es vivir…

“Un día antes de que yo naciera mi padre se fue de casa. Vivíamos mi madre y mis hermanos en la casa de mi abuelo, que era coronel. Todos los Cabral han sido militares y, cuando mi padre se fue, mi abuelo echó a mi madre de su casa. Así que nací en la calle. Yo estoy marcado por la calle. Y mi madre, que era una tremenda hembra en todo el sentido de la palabra, dijo: “No quiero ver más seres humanos”. En esa época no había nadie en la Patagonia, muy poca gente. Salimos para allá y en nueve años de caminata murieron cuatro hermanos de hambre y de frío, los fui viendo morir. Yo soy una especie de superviviente. Mi madre, era una fiesta, aun comiendo de la basura se arrodillaba y daba las gracias. Soy un plagio de ella. Cuando la gente dice que le gustan mis canciones, pienso: ¡caramba si la hubieran escuchado! Yo escribo poemas, ella vivía poéticamente; Cuando llegamos a la Tierra del Fuego, yo tenía nueve años, mi madre estaba muy enferma, se estaba muriendo, y mis hermanos vivían de milagro. En Tierra del Fuego aprendí a darle gracias a la vida: Nací sin un idioma y desnudo, pero siempre he llevado mi libertad con dignidad. Un día le escuché una frase a alguien que le dijo a mi madre: “Sara, me dijeron que hay un Presidente que le da trabajo a los pobres…”Pregunté dónde estaba ese Presidente y me dijeron que en Buenos Aires, y salí hacia Buenos Aires sin decirle nada a mi madre. A los cuatro meses ella me dio por muerto, por desaparecido. Fui a Buenos Aires colgado en camiones, en un carro, en un tractor, en una moto. Fue maravilloso. Conocí todas las maneras sociales de mi país, fue un viaje extraordinario. Me crucé con gente de mucho dinero que me llevaba en su auto cien kilómetros, gente que me llevaba a caballo otros veinte kilómetros, y, bueno, así llegué a Buenos Aires le pregunté a un vendedor de verduras que estaba en la Plaza Constitución: “Oye, ¿conoces a un señor que se llama Perón?, ¿Dónde puedo hablar con él?” Tras indicarme cuidadosamente la forma de llegar a la Casa Rosada, me dijo que los presidentes suelen ser gente muy ocupada y que era muy difícil que me atendiera, pero también me dijo que había leído en el periódico que al día siguiente estaría en la Catedral de la Ciudad de La Plata, celebrando el aniversario. Me pagó el tren y fue mi primer viaje de pago. Me compró un sándwich glorioso y yo salí y pasé toda la noche en la Catedral. A la mañana siguiente empezaron a llegar multitudes y a las doce llegó un auto espléndido, un auto descapotable, delante el chofer, el gobernador y atrás, de pie, a la izquierda, la señora Eva. Fue la primera cosa bella que ví en mi vida. Yo descubrí a la mujer con Eva Perón. A la derecha estaba Perón, con su uniforme de gala, ¡espléndido! Corrí hacia el auto y cuando estaba llegando me cazó un policía, pero Perón estaba saludando por se lado, lo vio y le dijo: “Déjelo que venga” Y fui hasta el auto, me subí al estribo y entonces me dijo: “¿Querías hablar conmigo?” Y le digo, “Sí, ¿hay trabajo?”. Hizo parar el auto en medio de la multitud. Le repito “¿Hay trabajo?” Y la señora Eva, que iba al lado, escuchó, se acercó y me dijo: “¡Por fin alguien que pide trabajo y no limosna! Por supuesto que hay trabajo, mi amor, siempre hay trabajo. Encárguese del niño”. Me llevaron a un lugar donde me dieron ropa nueva, me bañé después de meses y comí comida caliente. La señora Eva llegó como a las tres horas, ante el asombro de toda esa gente, y dijo: “Mi amor, tuvimos suerte, ya conseguimos un trabajo para tu madre”. Así fue como nos fuimos a vivir a una escuela de Tandil, a 400 kilómetros al sur de Buenos Aires. Mi madre estuvo internada un año. Le salvaron la vida.

Trabajé embolsando papas. Un día el dueño del campo nos llevó al Club Social de Balcarce como premio. Fue la primera vez que comí con cubiertos. Cuando estábamos comiendo el postre dijo: “Bueno, apurando, apurando, porque ya llegó la hora y tenemos que ir a escuchar al maestro.” No sabíamos de qué estaba hablando, y nos llevó a un salón cercano donde apareció don Atahualpa Yupanqui, el señor al que mi madre se le ponía en pie antes de nombrarlo. Muchos años después, le dije en París a Don Atahualpa, porque después fuimos muy amigos: “¿Sabe que yo le debo el mundo a usted?”. “¿Cómo a mí?”, “Yo camino por el mundo y canto por usted, por aquella primera vez que yo lo escuché en el Club Social de Balcarce” y dije “¡qué maravilla de oficio! Vivir y caminar, y contar lo vivido” Y es lo que hice con mi vida.

A los catorce años acabé confinado en un reformatorio. Trabajaba en el campo y de noche en el campo se hace fuego, se come el asado y da vuelta la guitarra, se canta y se toma ginebra y vino. Yo no sabía que era alcohólico. Yo no me di cuenta de que el alcohol me ayudaba a no ver, yo no quería ver. Había robado algunas botellas y un día la policía se enojó, me metieron en una cárcel de menores y me dieron cuatro años de prisión. Pero fue extraordinario. Caí preso a los 14 años porque era muy violento, rompía cosas y era analfabeto, pero fue extraordinario porque Dios siempre estuvo al lado mío. Me metió en la prisión para que dejara de ser un ignorante. Ahí había un jesuita que me llevó a vivir a una biblioteca muy pequeña donde recontaba las historias de los libros, hasta que me entusiasmé tanto que le dije: “Simón y ¿cómo hacemos?”, “Mirá, si yo tengo tiempo y vos tenés ganas, te enseño a leer”. Entonces estudié. Lo que eran los seis años de colegio primario y de secundaria los hice en tres.”

A los 17, cuando me faltaba un año, me escapé. Él me ayudó. Y ahí me encontré con un vagabundo que me enseñó el Sermón de la Montaña. “¿Sabes lo que te acabo de dar? Un programa de vida” Y ese fue mi programa de vida. Cuando estuve en la cárcel el padre jesuita nunca me permitió meterme en la Biblia. Decía: “Vos sos muy chiquito y tenés mucho odio todavía para entrar en esa hoguera. Eso es para hombres. Hay que esperar”

Tengo suerte con la gente. El plan de vida que han hecho para mí es extraordinario. Llegué con 17 dólares a Caracas y no conocía a nadie. Tomé un taxi para que me llevara a Radio Caracas Televisión y le dije al chofer: “Oye, tengo 17 dólares, ¿hasta dónde llego?” Y me dice: “No mucho”. Le digo: “Hagamos un pacto. Si dentro de tres o cuatro días me ves en televisión, o sea, si me fue bien, búscame en el mejor hotel de Caracas, El Tamanaco, y yo te pago 200 dólares del viaje”.  Me responde: “Eh, que estamos de joda”. “Estamos de joda, le digo, ¿por qué crees que naciste?” Y le gustó el chiste y me dijo: “Cabrón, tú eres el primer argentino que me cae bien” Y me llevó hasta la emisora… El portero, claro, no me dejó entrar, pero justo en ese momento llegaba Renny Ottolina. Me dijo: “¿qué pasa acá?, ¿y tú, que haces?” Le digo que cuento lo que veo, lo que ví en el pueblo de ayer, lo cuento en el pueblo de hoy, y lo que ví en el de ayer y en el de hoy, lo cuento en el pueblo de mañana… “¿Y hasta dónde vas a llegar?” me pregunta. Le digo que, hasta ahora, voy a la India. Le pareció simpática la cosa y me dejó entrar para un ensayo en su show, que era extraordinario. Me puse a cantar y, de repente, todo el mundo escuchaba… “ Y esa canción, ¿de quién es?”, “Mía”, le respondí. “¿Tienes temas para cantar una hora?” “Sí, tengo más”. “Bueno, te doy mil dólares y grabamos un programa los dos solos” Salió fantástico y fui a vivir al Tamanaco. A los poquitos días vino a verme el chofer del taxi, que estaba tan contento que no me quería cobrar. Me dijo: “No vayas a creer que vine a cobrar mis 200 dólares, yo estoy feliz de que te haya salido bien” Y nos hicimos grandes amigos. Soy el padrino de su primera hija.

En los años 60 y 70 (cuando Cabral fue uno de los representantes más importantes de la canción de protesta latinoamericana), “yo quise cambiar el mundo, pero el mundo me cambió a mí. Si hubiese un jesuita en cada lugar, no habría fracasado nunca la revolución. De hecho está vigente, lo que pasa es que, por el momento, el dinero hace más ruido…”

… Yo fui muy amigo de Krishnamurti. Lo conocí en el 74. Decía que la vida no es como debería ser, sino como es. Cuando lo ví de esta manera, cuando me di cuenta de que era lo que tenía que ser, sentí una gran tranquilidad. Cualquiera diría que eso es fatalismo, pero no lo es. De cualquier manera, yo trato de ver la forma de llegar por el camino más correcto y más compartido a un cierre de vida, para eso existe el libre albedrío. Un día le pregunté a Krishnamurti: “¿Hasta cuándo voy a caminar, maestro?” Y me dijo: “Hasta que te metas en tus propias botas”. Hace un tiempo que sentí que por fin me metí en mis botas. O por lo menos hice lo posible…

…La canción “No soy de aquí ni soy de allá” nació de una improvisación durante un concierto. Había venido a verme mi buen amigo Jorge Cafrune, que me pidió que le dedicara una canción. Viéndole ahí, con su imponente barba, me recordó a Abraham y la orden que recibió: “Abandona tu tierra natal y la casa de tu padre y ve al país que yo te indicaré. Haré de ti una gran nación” El Señor le dijo a Abraham “No soy de aquí…” y ya, ¡apareció la canción! Al día siguiente todos me pedían aquella canción, pero yo no conseguí recordarla, la había improvisado. Un periodista me invitó a cenar y me regaló un pequeño paquete con un lazo rojo: era un cassette donde habían grabado el concierto y escuché con emoción que apareció la canción. No era mía. No es mía. De lo menos que uno puede ser dueño es de una canción, porque uno se sienta a escribir un poema o una novela o un ensayo, pero la canción llega sola, es como el amor…

…Un día, de pronto, me encontraba en la televisión con un señor muy importante de la televisión argentina y le dije: “¿Sabes qué? Me voy, me voy porque estoy perdiendo mi libertad” Había tantos intereses alrededor mío que yo realmente sentía que me estaba estafando a mí mismo y me fui muchos años. Pasaron otros años, llegó la democracia o estaba por llegar, cuando volví a Argentina…

… Puedo vivir en un desierto con los tuareg, puedo vivir solo, amo la soledad, fue mi mejor amante, además siempre me resultó fiel. Cuando yo volvía al hotel siempre estaba esperándome; no me falló nunca. No podría convivir con el éxito, no ese éxito desmesurado con prolijidad. Yo camino tranquilo, no grabo a propósito, los libros en general me los edito yo mismo, hago todo lo posible por seguir siendo underground…

… Un día entré a tomar un café a la cafetería del hotel en San José de Costa Rica. Yo tenía 40 años y ella llegó, como la canción, fue mi canción, sigue siendo mi canción. Fue la única pareja así. Ella tenía 18 años y era bellísima. Y yo soy un animal que le presta mucha atención a toda esa cosa erótica: me gusta ver, me gusta tocar. Yo no me perdí nunca la fiesta, me gusta el fuego… Entonces, ella estaba con sus padres y yo supe que era mi mujer, así que me acerqué a ella y le dije: “Oye eres mi mujer, te vine a buscar”. Los padres me miraron como diciendo “¿Y este loco?” Ella me miró. Ella tan bella y yo tan feo. Los padres no pudieron reaccionar, hoy son grandes amigos míos. Fui a su cuarto, hizo sus maletas y se vino a mi habitación y, bueno, fueron cinco años viajando por todo el mundo. En una ocasión yo venía de cantar en la universidad de Harvard. Yo debía encontrarme con ella y con nuestra hija para seguir a Chicago, pero me retrasé dos horas y perdí el vuelo. Ellas sí subieron y murieron. Ella de 23 y la niña de un año…

… Después pensé “Padre, ahora va a ser tan liviano, ¿qué me puede pasar después de esto?” Cuando me diagnosticaron el cáncer fue como si me hubieran dicho que tenía gripe, porque eso fue un shock tan grande que me dejó como un fantasma… Más tarde aprendí una cosa genial que me trajo, no felicidad, pero sí una gran paz, que es más que felicidad. Aprendí que lo que uno ama, o lo que uno amó, no muere, aprendí que lo que yo todavía no he amado aún no ha nacido. A mí no me pueden decir que se murió, yo no lo creo, porque está en mi corazón. La Madre Teresa, que murió, Octavio paz, otro que no está, Borges… todos viven conmigo. Ellas siguen vivas, yo les sigo escribiendo canciones…

… Un día la Madre Teresa de Calcuta me dijo una frase extraordinaria: “Mi amor ¿sabes qué es lo único que te puede matar? El amor que te está sobrando, ¿dónde lo vas a poner? Ponélo en algún lugar o te va a aplastar. Vení conmigo”. Y empezamos a trabajar, a sacar de la basura, allá en Calcuta, a esos niños que sus familias tiran allí para que mueran quemados; comenzamos a salvar niñas y a criarlas, a bañar leprosos. De allí me iba al Lincoln Center a cantar y volvía corriendo. Me salvó, hizo gloriosa la segunda etapa de mi vida y hoy soy un tipo inmensamente feliz, libre y con todos los amores puestos, porque lo que no puedo llevar adentro no es mío. Creo que mi trabajo ha llegado al punto culminante porque me doy cuenta de que ahora contagio esa felicidad…

… Hace un tiempo estaba en el Aula Magna de la Ciudad Universitaria, en Caracas, llena de un público donde todos eran jóvenes, menos una viejecita, además, muy humilde. Todo el mundo la veía extrañado porque era como si la Madre Teresa estuviera en un concierto de los Rolling Stones. Era muy raro. Antes de que terminara de cantar, ella se subió al escenario, y yo tuve que parar porque ella subió a saludarme y no había terminado “No soy de aquí ni soy de allá”, la última canción del concierto. Ella subió y me dijo: “Señor Cabral, perdone que le interrumpa pero le quiero dar un beso y un abrazo” Los muchachos estaban todos encantados con esa viejecita que cortaba la canción y subía a darme un abrazo ya mismo. Y entonces ella me dijo: “¿Sabe?, estoy tan feliz porque usted me contó un cuento hoy. Es más, mire, ¿sabe qué era lo que más me gustaba a mí cuando yo era niña?, que mis padres me contaran un cuento” Ya se iba y se volvió para decir: “Un día fueron a la Isla de Margarita y la barca naufragó y murieron los dos. Me quedé sin cuento, claro. Me llevaron a un asilo de monjas y yo todas las noches esperaba mi cuento, pero pobrecitas, estaban tan ocupadas, tantos niños… Pasó el tiempo y yo esperaba; siempre seguí esperando mi cuento. Yo necesitaba mi cuento y no aparecía. Me casaron con un señor que traía cosas al asilo que no sólo no me contaba cuentos, ni siquiera me hablaba; yo lo único que sabía era que cada vez que llegaba borracho íbamos a tener un hijo más” La viejecita hace como que se va, pero se devuelve: “… Y yo esperando mi cuento, y me quedo sola con mis niños, porque él se fue también, y los voy criando, siete hijos, me dice, como Sara, como usted contó de su madre, y ya ve que la vida se los lleva, la vida te los presta un rato, pasan por uno y se los lleva la vida. Yo sola esperando mi cuento llego a esta edad y viene usted y me cuenta un cuento, ¿cómo no lo voy a querer?”… Y me vuelve a abrazar. Los muchachos del Aula Magna, ya enloquecidos, la aplaudían. Fue maravilloso. Después me dice: “Esta noche aprendí para qué sirve un cuento: cuando era niña servía para que me durmiera en paz, y ahora me cuenta usted un cuento para que yo me pueda morir en paz, porque tengo un cáncer terminal.¡Que Dios lo bendiga!” En ese momento supe para qué subo al escenario. Alguien se muere en paz porque uno le contó un cuento. Ella no sabía que los dos estábamos en la misma situación…

 …Hace algunos años descubrí Oxford, y en cuanto lo ví me dije: “Acá me gustaría despedirme de la vida”, porque ví una gran biblioteca y pocos cuartos, y sólo aceptan gente sola, y no hay música funcional, ni aire acondicionado. Y dije: “Acá me sentaría a leer a Thomas Mann, a Italo Calvino, a Marguerite Yourcenar, releería algunas cosas de Borges, y moriría en paz con todos estos libros alrededor, en un sillón inglés…”

Está claro que el destino no quiso que Facundo Cabral muriese sentado en un confortable sillón de Oxford, rodeado por los libros que tanto amaba, sino que se empeñó en que lo hiciera como había vivido siempre, en el camino, tras un concierto, de la manera más insospechada posible. Supo transformar como pocos el dolor en belleza, la ceguera que le acompañaba en sus últimos años en luz, y su paso por este planeta al que tanto quería, en un auténtico canto a la esperanza y a la libertad.  Se ha ido, pero no ha muerto, porque, como él decía siempre, “uno es lo que ama”, y aquí somos muchos los que le seguimos amando…

PD Todos los textos de Facundo Cabral pertenecen a la entrevista que le hizo Leonardo Padrón, y a la que le hizo Isabel Peláez para el periódico El País.

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28 comentarios para ““Uno es lo que ama”: Facundo Cabral”

  1. Luz dice:
    17 julio, 2011 a las 03:16

    Gracias por tan bello homenaje a mi querido compatriota.

    Responder
    • Carlos Olalla dice:
      22 julio, 2011 a las 11:44

      Muchísimas gracias a ti, Luz, por tus bellas palabras. El lunes pasado leímos el texto de Facundo en el taller de interpretación que damos para gente en riesgo de exclusión social. Muchos no le conocían, a algunos les sonaba su nombre… al final acabamos todos cantanto “No soy de aquí ni soy de allá” envueltos en lágrimas. Fue nuestro pequeño y más sentido homenaje.
      Un abrazo enorme y cabraliano, siempre cabraliano

      Responder
  2. Francisco Sánchez dice:
    17 julio, 2011 a las 20:23

    Hola Carlos, enhorabuena y gracias.
    Hace años, mi amigo Antonio me contó una historia que merece ser verdad: Decía que si cojes un pequeño gorrión y lo metes en una jaula, los padres siguen trayéndole comida para alimentarlo a través de los barrotes; lo hacen hasta que el pájaro se hace lo bastante adulto como para volar y buscarse él solo lo necesario para sobrevivir. Llegado ese momento, los padres al ver que no abandona su prisión, empiezan a picarle en los ojos y la cabeza hasta matarlo. No quieren que se transmita genéticamente la aceptación de la esclavitud; antes, la muerte.
    El hombre, al igual que el gorrión de esta leyenda, lucha por ser un liberto, no nace para que emasculen su libertad física e intelectual.
    El cantor es un hombre que tampoco ha nacido para que lo enjaulen, sino para contar en libertad, a través de su canto, lo que los corazones ausentes de cuidado necesitan como agua de mayo.
    El cantor es un hombre útil más, que debe vivir como y con la mayoría de los hombres. El cantor es un hombre útil mas,que debe morir como pueden morir la mayoría de los hombres.
    Facundo Cabral, como hombre y como cantor, ha muerto como mueren muchos anónimos hombres en aquellas y en estas tierras violentas.
    Como ocurre con cualquier hombre, no lo han matado del todo, ya que queda en el recuerdo de aquellos que lo aman. Sus canciones, son un puente tendido que permite- a él y a los suyos- que no se vaya totalmente.
    Un abrazo.
    Pd: Cuando utilizo el término “hombre” me refiero al individuo de la especie humana.

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    • Carlos Olalla dice:
      22 julio, 2011 a las 11:55

      Gracias de nuevo, Paco, por compartir tus historias con nosotros. Son historias llenas de vida, de esas que llegan dentro y que te hacen muchas preguntas. El asesinato de Facundo Cabral ha sido tremendo, sobre todo cuando piensas en lo necesarios que son hombres como él en el mundo de hoy. Son faros que iluminan y nos guían en nuestro camino, faros limpios y claros, que jamás se apagan o se ensucian, porque son consecuentes con el compromiso que han elegido, con su verdad.
      Un abrazo enorme, enorme, enorme

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  3. Marta Pomes dice:
    17 julio, 2011 a las 23:52

    “Este es un nuevo día para empezar de nuevo.”

    Toda su trayectoria vital , fue un continuo empezar.
    Facundo, mensajero de la paz con sus canciones.
    El gorrión ,de la preciosa leyenda que nos comparte Francisco, que luchó toda su vida por ser liberto.

    “No soy de aquí no soy de allá”… canción que nos recuerda a muchos nuestra juventud contestataria y amante de la libertad, cuando la teniamos enjaulada como el gorrión.

    Un auténtico resiliente Facundo. “Tengo suerte con la gente”, decía. No se puede ser mas agradecido.

    Su actitud tan positiva ante la vida. “No digas no puedo ni en broma, porque el inconsciente no tiene sentido del humor , lo tomará en serio y te lo recordará cada vez que lo intentes”.

    Murió en el mismo lugar que él nos dice que nació, en la calle.

    Gracias Carlos, por recordarnos a Facundo.

    Responder
    • Carlos Olalla dice:
      22 julio, 2011 a las 12:01

      Preciosas palabras, Marta. Gracias. Me hace gracia que, cómo no, hayas vuelto a acertar al empezar tu comentario precisamente con un verso de la canción que el propio Facundo decía que era su favorita, todo un himno de vida. Era un ser irrepetible, lúcido, sabio, humilde y capaz de reírse de sí mismo. Al repasar su vida te das cuenta de que nunca se paró ante nada, que nada le frenó, que fue, por encima de todo, un hombre bueno y libre.
      Le mataron en la calle, como dices, pero no murió, porque su canto, como la poesía, sigue vivo en las calles, en todas esas calles que le vieron pasar o que escucharon a alguien cantar su canción. Esas calles somos todos.
      Un abrazo enorme, facundiano y libertario, siempre libertario

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  4. mªJOSÉ ELENI dice:
    18 julio, 2011 a las 02:19

    Cuando leí que habían matado a Facundo, me inundó la rabia primero y luego una tristeza y ternura. ¿Por qué? Es todo tan injusto. Una persona con esa trayectoria, un superviviente que sorteó tantos peligros y trampas para ser quién es, para ser libre, para cantar, para compartir su sabiduría de raíces hondas, era, es, un ser irrepetible; justamente cuando escribiste sobre Atahualpa Yupanqui, el otro día, Carlos, recordé de inmediato a Facundo y a Cafrune, porque son tan distintos pero tan parecidos, por su profundidad, por su libertad al decir y al vivir, por su ejemplo de vidas consecuentes con sus ideas, algo tan infrecuente en nuestro mundo; esas vidas que se salvan de milagro, que van tropezando en mil obstáculos y, por suerte para la humanidad, siguen adelante y se convierten en luces del camino, en palabras a las que agarrarnos, en ejemplos en los que guiarnos, aunque ellos nunca lo hayan pretendido y eso es lo más bonito, que ellos nunca lo van a saber, pero se convierten en inmortales y nos dejan sus voces y sus palabras para quien quiera oirlas; como dicen ellos mismos, la canción ya no es del cantor, es del pueblo que la canta…Gracias por este hermoso retrato y homenaje al inolvidable Facundo Cabral ” Si se calla el cantor, calla la vida”

    Responder
    • Carlos Olalla dice:
      22 julio, 2011 a las 12:06

      María José, tus palabras son el más bello homenaje que se le puede hacer a Facundo y a los que, como él, han dado su vida por hacer de este mundo un mundo mejor. Las suscribo en su integridad y me encanta que formen parte de La placenta y de una entrada tan significativa para mí como es esta, la única entrada que habría preferido no escribir nunca.
      MI abrazo más, más, fuerte

      Responder
  5. Alfredo López Guede dice:
    22 julio, 2011 a las 17:37

    He llorado de emoción varias veces al leer el texto. Un gran hombre y un gran artista. No morirá nunca.
    Muchas gracias Carlos.

    Responder
    • Carlos Olalla dice:
      24 julio, 2011 a las 12:17

      Muchísimas gracias, Alfredo por unirte a nosotros en este reduerdo a Facundo Cabral. Como bien dices, no morirá nuca. ¡Bienvenido a La placenta! Un gran abrazo

      Responder
  6. Francisco Sánchez dice:
    23 julio, 2011 a las 00:46

    ¿Quién me nombra?, ¿Hay alguién ahí, detrás de esta brillante pantalla, dentro de estas negras letras?, ……
    Había tenido el impulso de gritar estas preguntas, pero, he deciddo hacerlas suavemente, relamiéndome, porque sé que hay alguien ahí, justo ahí, al borde de la frontera donde llega mi susurro, justo ahí, donde empieza el infinito silencio.
    ¡Ahora lo descifro!, el calor vuelve a ralentizar mis entendederas. Han hecho referencia a una leyenda contada por mí. Ha sido Marta, Marta Pomes, vecina de este barrio virtual.
    Sé que estoy empezando a querer a mis nuevos vecinos, porque, en un rincón de mi corazón- ese lugar donde nuestra cultura designa como origen y almacén de los sentimientos- hay un suspiro que habla y le da por decir sus nombres: Marta, Mª José Eleni, Carlos, Rossana, Jaume, Alfredo, La placenta del Universo,…..
    Setenta cultos, setenta fronteras, setenta lenguas, setenta razas, setenta sistemas de pensamiento, setenta codicias, dividen y enfrentan a los hombres unos contra otros; yo, en medio de tanta confusión y haciendo uso de mi libre albedrío, he elegido ser vuestro amigo. (Inspirado en una rubayata de Omar Kayam).
    Carlos, disculpas pido por mi “pestiño”, gracias doy por vuestra indulgencia.
    Un abrazo peroratero.

    Responder
    • Carlos Olalla dice:
      24 julio, 2011 a las 12:23

      Me gusta ver que La placenta se va convirtiendo en un punto de encuentro, en ese pequeño café donde van a parar poetas, artistas y soñadores que un día decidieron emprender ese viaje por el camino hacia la belleza que es la vida… Me apunto a esas palabras inspiradas en Kayam, toda una lección de sabiduría y de vida.
      Un abrazo enorme Paco, a ti y a todos los que, de cuando en cuando, nos dejamos caer por La placenta.

      Responder
  7. nancy sanabria dice:
    24 julio, 2011 a las 18:02

    Mil gracias,por toda la nota es hermoso releer …un saludo

    Responder
    • Carlos Olalla dice:
      29 julio, 2011 a las 20:32

      Querida Nancy, leer las palabras de facundo en el taller de teatro fue uno de los homenajes más bellos que se la han podido hacer. Fue un momento mágico, lleno de dolor pero también de belleza y de emoción, como fue la vida de Facundo. Mi abrazo más fuerte y esperanzado, siempre esperanzado…

      Responder
  8. mªJOSÉ ELENI dice:
    26 julio, 2011 a las 02:43

    !Gracias, Francisco, por considerarnos amigos a cuantos escribimos aquí con parte de nuestro corazón y sentimientos! Qué hermosas palabras de Omar Kayam, y tambien las tuyas, Carlos, sobre el pequeño café de soñadores, poetas y artistas. En realidad creo que tenemos en común las búsqueda de la belleza, en cualquiera de sus formas y la sinceridad, creo que ninguno de nosotros puede mentir aquí, y eso se nota y atraviesa esta pantalla y nos llega directo al corazón y motiva nuestra respuesta emocionada. Como dice Nancy sanabria, “es hermoso releer”, porque no sólo leemos, os leemos, sino que “releemos” para volver a saborear, para paladear vuestros hermosos pensamientos. gracias, amigos placenteros. Y a tí, Carlos, por “ponernos en marcha”

    Responder
    • Carlos Olalla dice:
      29 julio, 2011 a las 20:34

      No te puedes imaginar, María José Eleni lo que me gusta ver que los comentarios van tomando cuerpo y que la placenta va convirtiéndose, paso a paso, sin prisas, en un punto de encuentro de almas sedientas de calma y de belleza. Gracias por haberlo hecho posible. Mi abrazo más fuerte

      Responder
  9. Marta Pomes dice:
    26 julio, 2011 a las 10:28

    Tienes razón,Francisco, siempre hay alguien, protegido tras estas letras negras, “al borde de la frontera donde empieza el infinito silencio”…

    !Menos mal, porque ya en la vida real nos hacemos invisibles!!…

    Y Carlos nos invita desde nuestra protectora placenta; convertirla en cálido café de veladores de marmol donde se reunan poetas, artista y locos soñadores que como bién dice Mª José, tenemos en común la búsqueda de la belleza.

    Belleza, cosa dificil de encontrar en una sociedad cuyo estilo es el feismo y lo cutre (con unos cuantos pinchazos de Botox),

    Carlos el transgresor, nos facilita “a estos locos no tan bajitos” , el camino para llegar a élla.

    Y “Releeremos para volver a saborear…”

    Gracias Carlos por el café.

    Responder
    • Carlos Olalla dice:
      29 julio, 2011 a las 20:44

      Gracias, gracias, gracias, por acudir puntual como siempre a esa cita jamás concertada y por eso nunca olvidada con La placenta y ese punto de encuentro en el que, entre tod@s, la estamos convirtiendo. Un abrazo enorme

      Responder
  10. Jaume Felip dice:
    26 julio, 2011 a las 16:33

    Me ha gustado mucho Carlos, y es muy triste que Facundo Cabral muriese asesinado, felicidades por esta nueva entrada de La placenta.

    Un gran abrazo.

    Responder
    • Carlos Olalla dice:
      29 julio, 2011 a las 20:54

      Hola Jaume!
      La verdad es que el asesinato de facundo cabral ha sido un mazazo impresionante. No hay derecho que la muerte pueda ser tan injusta con personas como él. Mi abrazo más fuerte

      Responder
  11. Laura Aparicio dice:
    26 julio, 2011 a las 20:57

    A mi también me gusta el sol….y no soy ni de aquí, ni de allá….qué lindo….muchas gracias, Caralos

    Responder
    • Carlos Olalla dice:
      29 julio, 2011 a las 20:59

      Ah, Laura, qué alegría encontrarte por aquí! sabía que te gustaría. Un gran abrazo

      Responder
  12. Isabel dice:
    31 julio, 2011 a las 13:55

    Gracias Sr. Olalla, por contarnos la historia de Facundo Cabral, a quien tantos admiramos; gracias por el homenaje.
    Isabel (70 años )

    Responder
    • Carlos Olalla dice:
      7 agosto, 2011 a las 11:51

      Muchísimas gracias, Isabel, por esas cariñosas palabras de apoyo a La placenta y, sobe todo, de respeto y admiración por la figura de Facundo Cabral, un ser quizá demasiado bello y limpio para un mundo como este. Mi abrazo más fuerte y ¡Bienvenida a La placenta!

      Responder
  13. Marta dice:
    22 agosto, 2011 a las 16:26

    Hola Sr. Olalla,

    Me ha encantado su blog………sus circunstancias de la vida ¡¡¡que valiente!!!

    Estaba buscando información sobre Edward Hopper y sus cuadros que me encantan y que “agradable” descubrimiento con su blog.

    Me apunto a la Placenta con su “visto bueno” :-)

    Me he emocionado leer sobre la vida de Facundo Cabral “uno es lo que ama” .¡precioso!

    Lo pongo en “favoritos” ya que hay muchísimo que leer en su blog.

    Muchas gracias por compartirlo.
    un abrazo

    Responder
    • Carlos Olalla dice:
      26 agosto, 2011 a las 14:29

      Muchísimas gracias, Marta., por esas palabras tan cariñosas de apoyo a La placenta. ¡Bienvenida!
      Un abrazo enorme y placentero, siempre placentero

      Responder
  14. AURORA dice:
    23 noviembre, 2012 a las 04:52

    GRACIAS SEÑOR, POR DARNOS A CONOCER TU ROSTRO ENCARNADO EN ESTE HOMBRE MARAVILLOSO, QUE LLEGO A MI VIDA CUANDO MAS LO NECESITABA
    TU EXISTES TU ERES REAL.
    TU NOS MUESTRAS TU MISERICORDIA CON LOS HIJOS TAN EXCEPCIONALES QUE NOS DAS LA OPORTUNIDAD DE CONOCERLOS; “GRACIAS POR HABER EXISTE EN ESTE SIGLO FACUNDO CABRAL” TU AHORA ESTAS GOZANDO DE TODO LO QUE EL DIOS TODOPODEROSO TIENE PARA TODOS NOSOTROS, UNA MANSION DE GLORIA MUCHO AMOR COMO TANTO NOS DISTE A CONOCER CUANDO ESTUVISTE EN ESTA TIERRA MARAVILLOSA.

    Responder
    • Carlos Olalla dice:
      26 noviembre, 2012 a las 13:52

      Gracias, Aurora, por tu comentario tan hermoso y espiritual. La espiritualidad era una de las facetas más sobresalientes de Facundo Cabral. Jamás renunció a ella. Por eso fue tan grande. Vuelan abrazos facundianos

      Responder

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Carlos Olalla

Por circunstancias de la vida me pasé más de veinticinco años dirigiendo empresas en la que, sin lugar a dudas, fue la etapa más aburrida y frustrante de mi vida. La verdad es que nunca me gustaron esos trabajos y lo pasé fatal. Cuando cumplí los 45 me encontré con que una reestructuración empresarial me ponía de patitas en la calle y sin un duro. Por si fuera poco, nadie me quería dar trabajo porque decían que ya era demasiado “viejo”. A mí siempre me había gustado el mundo del cine y, como estaba en el paro y tenía tiempo, empecé a estudiar interpretación. Me pasé tres años siendo el “abuelo” de todos mis jóvenes compañeros en una conocida escuela de teatro de Barcelona. Durante aquel tiempo recibí alguna propuesta de trabajo para reincorporarme al mundo de la empresa, pero no quise aceptarlas: el nuevo mundo que había descubierto me había atrapado por completo, así que decidí cambiar una maravilla de sueldo y una mierda de trabajo por una maravilla de trabajo y una mierda de sueldo. Puedo deciros que ha sido la mejor decisión que he tomado en mi vida: por primera vez soy libre, la palabra jefe ya no significa nada para mí, hago lo que verdaderamente me gusta y, lo mejor, trabajo con gente sensible y abierta que piensa y siente como yo. ¿Qué más se puede pedir?

www.carlosolalla.com

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