La placenta del Universo

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La placenta sube al escenario

8 julio, 2012

Por fin voy a poder ver realizado uno de mis sueños más queridos: ver representada La placenta del Universo en un escenario. La idea inicial de La placenta era que fuese un programa cultural de radio. En la primera entrada del blog subí la maqueta del que iba a ser el primer programa. El proyecto había quedado finalista del Open Radio 2003 del Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona, pero jamás llegó a emitirse porque nunca encontré (de hecho ni busqué) un patrocinador para el programa. Me pareció que, si además de dar la idea del programa, escribirlo, producirlo, dirigirlo y presentarlo por puro amor al arte, es decir sin cobrar un duro, tenía encima que buscar un patrocinador que pagase a la radio, era algo que para mí perdía todo el atractivo idealista y romántico con el que el proyecto había nacido. Al ver que lo de la radio, tanto en emisoras públicas como privadas, era algo que jamás iba a poder llevarse a la práctica con los actuales criterios de los programadores, pensé en reconvertir la idea original en un montaje que pudiese subirse a un escenario. Hablé con amigos como María del Mar Bonet, Luis Eduardo Aute y Paco Ibáñez para invitarles a que se unieran a La placenta del universo. Pese a que la respuesta por parte de todos fue muy positiva, jamás pudo subirse a un escenario porque tenían unas agendas irreconciliables. Así fue como La placenta del Universo se quedó encerrada en un cajón, como otros tantos sueños y proyectos, hasta que, hace tres años, los amigos de Clandestino de  Actores me invitaron a colaborar con ellos a través de un blog. Yo no tenía ni idea de lo que era un blog, pero sí vi allí una posible alternativa para sacar del cajón a La placenta y poder darle vida. Esta es la génesis de este blog, un blog que me ha dado y me sigue dando muchísimas satisfacciones, que cada semana visitáis entre cuatro y cinco mil personas, que ya ha recibido más de 315.000 visitas y que me ha permitido conocer y entrar en contacto con otros maravillosos soñadores sin remedio.

Cuando conocí la sala de teatro Garaje Lumière de Madrid y el espíritu abierto y libre de sus jóvenes promotores tuve inmediatamente la sensación de que era el espacio ideal para montar la versión escénica de La placenta del Universo que llevaba tiempo rondándome la cabeza: estrenarla interpretada por los asistentes al taller de interpretación para personas en riesgo de exclusión social Caídos del cielo, de Paloma Pedrero, con el que vengo colaborando desde hace algo más de un año. Tengo tan claro que nadie como esas personas puede transmitir la emoción y la verdad que hay en La placenta que nos hemos embarcado juntos en el proyecto de estrenarla por primera vez en un escenario. Será los días 13 y 14 de julio a las 20h. en el Garaje Lumière.

La experiencia de trabajar en este taller ha sido una de las cosas más hermosas que me han pasado en la vida. Su origen se remonta a hace ya 13 años cuando Paloma Pedrero empezó a impartir un taller gratuito de teatro para personas sin hogar. Su objetivo era ayudarles a recuperar su autoestima y la confianza en sí mismos y su lema: venimos a dar. En 2008 escribió y dirigió la obra que ellos le habían pedido: “una obra que hable de nosotros”. Se llamó “Caídos del cielo”, estaba dedicada a Rosario Endrinal, la mujer a la que quemaron en un cajero de Barcelona, y se estrenó dentro del Festival de Otoño en el Teatro Fernán Gómez de Madrid. El éxito fue enorme y eso les permitió hacer temporada en el mismo teatro. Desde entonces se ha creado una ONG, la ONG “Caídos del cielo”, para ayudar a que estos talleres y esta labor puedan seguir desarrollándose; se han hecho varias representaciones de una versión más reducida de la obra (el montaje original incluía 20 actores), y de otra escrita por Robert Muro y Pilar Rodríguez; “Me llamo barro”, en homenaje al poeta Miguel Hernández. El año pasado, viendo el cariz que tomaba eso que llaman crisis aunque lo que es es capitalismo, se decidió ampliar el abanico de los asistentes al taller que pasó de estar dirigido a las personas sin hogar a dar cabida a todo tipo de personas en riesgo de exclusión social. Su único denominador común es el de ser personas que conocen lo que es el sufrimiento y el dolor. Una de las cosas más gratificantes que he visto en mi vida ha sido poder asistir a su descubrimiento del teatro y de la poesía. Son muchas las cosas que la mayoría de los actores profesionales podemos y debemos aprender de estas personas: su entusiasmo ilimitado por lo que hacen, su generosidad, su ilusión, su valentía… Con ellos he entendido lo que Paloma dice para explicar lo que significa su taller: es un lugar donde el dolor se transforma en belleza.

La adaptación de las nuevas incorporaciones al taller ha sido extraordinaria y las personas que ya llevaban años trabajando en él y que ya contaban con una buena base de técnica teatral han mostrado una gran generosidad compartiendo de la manera más abierta todo lo que sabían, ayudándoles a superar las dificultades por las que en su día ellas también pasaron. El grupo que estrenará La placenta del universo en el Garaje Lumiére estará compuesto por las personas que vienen actualmente al taller: personas que llevan años trabajando en Caídos del cielo y personas que jamás se han enfrentado a un público, ni subido a un escenario.

Se trata pues de un ejercicio del taller abierto al público. De la primera puesta en escena que haremos con este grupo y de la primera vez que La placenta es representada en un escenario. Para mí es un verdadero regalo que hayan querido ayudarme a convertir este sueño en realidad, un sueño en el que se escucharán poemas de Omar Kayyam, Benedetti, Vinicius de Moraes, García Lorca, Machado, Salinas, Graves, Cernuda, Bergamín, Celaya, Kavafis, Brassens, Belli, León Felipe y Miguel Hernández, y la música de Eleni Karaindrou, Angelo Badalamenti, Ludovico Einaudi, Abel Korzeinowski, Ayub Ogada, o Leonard Cohen. Su hilo argumental es un viaje desde la percepción del individuo como ser (¿quién soy?, ¿Para qué estoy aquí?) al descubrimiento del amor en pareja y posteriormente del amor a los demás y la toma de compromiso social (¿Qué he hecho de mi vida?). La filosofía de La placenta del Universo podría resumirse en una frase: “Todo cuanto retuve lo perdí; solo me queda lo que di”, que entronca a la perfección con el objetivo del taller y la ONG Caídos del cielo: “Venimos a dar”

Me encantará compartir este momento tan especial para mí y para todos los que formamos parte de la experiencia de “Caídos del cielo” con todos los que queráis uniros a nosotros viniendo al estreno de la versión escénica de La placenta del Universo.

PD Garaje Lumiére, C/Ciudad Real, 12, Metro Delicias (salida ascensor) días 13 y 14 de julio a las 20h. Tel: 91 119 29 05. El precio de la entrada será el que cada espectador considere justo y quiera pagar.

Aquí tienes la versión íntegra del sueño de aquella noche. Gracias de corazón a todas y a todos los que lo hicísteis posible.

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Crónica de un asesinato anunciado

22 abril, 2012

La ideología neocón imperante en el mundo desde finales de los 80, de la mano de economistas como Milton Friedman, de la Escuela de Chicago (que fue el asesor, entre otros, de Pinochet), es la única causante de la crisis que todos padecemos hoy. Las políticas ultraconservadoras de Ronald Reagan y Margaret Tatcher marcaron el camino del liberalismo a ultranza, de la desregulación de los bancos y de los mercados. Fueron ellos y sus seguidores los que hicieron que el llamado libre mercado se adueñase por completo de nuestro sistema de vida. Fue la época del todo vale, de la especulación, de los beneficios a corto, de convertir todo en “commodities” (instrumentos financieros con los que especular salvajemente con petróleo, oro o materias primas), de los derivados financieros, del apogeo de los paraísos fiscales, de la profundización irreversible de la brecha que separa a ricos de pobres, de la hambruna generalizada en África, de los grandes beneficios de las farmacéuticas, las inmobiliarias y de los bancos, de las guerras por el petróleo y el dominio de los recursos naturales, de la derechización del mundo, del renacimiento de la extrema derecha, del sistematizado olvido de la exigencia del respeto a los derechos humanos… Y la guinda de ese pastel, suculento para unos pocos, criminal para los más, ha sido la destrucción de lo que conocíamos como estado del bienestar, un bienestar que con los recortes que nos anuncian como única salida, está condenado a desaparecer, cuando menos, para las próximas décadas.

Al grito de “lo exigen los mercados” y con el falaz argumento de que “ no podemos gastar lo que no tenemos”, los ultraconservadores neocón han logrado imponer sus políticas más reaccionarias en toda Europa y particularmente lo están haciendo en España. Angela Merkel fue la abanderada de esta política al fijar como objetivo prioritario e ineludible la reducción del déficit público. Ella aplicó su política de recortes en tiempos de bonanza económica, de grandes tasas de crecimiento, y ahora, convertida en una especie de todopoderosa poseedora de la verdad única, obliga al resto de países europeos a seguir la senda de eliminación de derechos laborales y ciudadanos que ella encabezó. Poco le importa que en lugar de crecimiento económico, como tuvo ella cuando lo hizo, estemos inmersos ahora en la depresión económica más profunda de la historia. Aplicar esas políticas de recorte del gasto y la inversión hoy es un suicidio, un asesinato anunciado, porque no hacen más que ahondar en la recesión, profundizar en el crecimiento negativo de la economía que genera más paro y más recesión, en una espiral sin retorno que está llevando a millones y millones de personas a la pobreza.

Pero vayamos por partes. Fueron los bancos y su especulación salvaje los que provocaron la crisis financiera que nos ha llevado a esta crisis económica. ¿Qué hicieron nuestros políticos frente a eso? ¿Regular de nuevo los mercados, prohibir la especulación financiera, los paraísos fiscales, exigir responsabilidades a los culpables y establecer un marco que impidiese que pudiesen repetir situaciones como aquella? No, en absoluto. Les dieron miles de millones de euros para que no quebrasen, miles de millones que no han devuelto. Solo dos o tres gestores han sido juzgados por lo que hicieron. Los demás no solo han salido de rositas del tema, sino que han visto cómo se incrementaban sus retribuciones y sus “bonus” anuales de forma escandalosa y totalmente inmoral.

Esos mismos bancos que implantaron el liberalismo económico más salvaje no tuvieron el menor reparo en beneficiarse de las ayudas que les dieron los gobiernos de todo el mundo. Y, no contentos con eso, a través de las sociedades de rating (entidades privadas participadas mayoritariamente por los propios bancos que se encargan de calificar el riesgo de una deuda y la solvencia de una empresa o de un Estado), unas sociedades que siempre dieron la mejor de sus calificaciones a todas las sociedades e instrumentos financieros que no valían nada y que provocaron esta crisis, se dedicaron a poner en tela de juicio la solvencia de los mismos Estados que les financiaron. Entiéndase esto claramente: su salvaje especulación les lleva a la bancarrota; los Estados les dan miles de millones para que no quiebren; los bancos no devuelven el dinero que los Estados les han prestado y encima especulan contra la solvencia de esos mismos Estados argumentando que podrían tener problemas para pagar su deuda.

La hipocresía, el cinismo y la inmoralidad más absoluta son la única bandera que representa a estos estafadores de guante blanco. Y es en ese preciso momento en el que aparecen Merkel y Sarkozy para obligar a los países periféricos de Europa como Portugal, Italia, Irlanda, Grecia y España (comúnmente conocidos como PIGS, “cerdos”, en la jerga de los financieros) a reducir su déficit público para “recuperar la confianza” de los “mercados”, eufemismo empleado para referirse a los banqueros y financieros que han provocado esta situación. A partir de entonces los gobiernos de esos países, amenazados por la intervención de sus economías por la Unión Europea si no reducen drásticamente sus déficits, pierden por completo su autonomía y se tienen que plegar a las directrices del tádem Merkel/Sarkozy.

El déficit público es la diferencia entre los ingresos y los gastos públicos (incluyendo los del Gobierno central, las autonomías y los ayuntamientos). Si la diferencia fuese positiva hablaríamos de superhavit. Nuestros políticos, antes Zapatero, ahora Rajoy, y siempre Merkel/Sarkozy, nos han repetido hasta la saciedad que teníamos que reducir nuestros gastos para reducir el déficit de nuestras cuentas. Se han empeñado en repetir una mentira que, a fuer de tantas veces repetida, hemos creído como verdad: que vivíamos por encima de nuestras posibilidades, que nuestro gasto social no podía mantenerse con nuestro nivel de ingresos, que había, en definitiva, que hacer recortes. Nada más lejos de la realidad. Nuestro nivel de gasto público es de los más bajos de Europa, concretamente el más bajo de la Unión Europea de los 15 (el grupo de países con un nivel de desarrollo económico equiparable al de España). Nuestro PIB equivale al 94% del promedio de la UE-15, mientras nuestro gasto social sólo representa el 74% de ese promedio. En partidas como sanidad, nuestro gasto representa el 6,5% de PIB (5,8% con los 7.000 millones de nuevos recortes recién aprobado), cuando la media europea es del 7,5%. Y en educación, nuestro gasto es del 4,9% (4,6% con los 3.000 millones adicionales recién recortados), frente a una media del 5,5%. Y eso es comparándonos con la media, porque si nos comparamos con los datos de los principales países europeos todavía salimos mucho peor parados. La partida de ayuda al desarrollo, destinada a ayudar al desarrollo de países pobres y a canalizar las ayudas para grandes catástrofes, hambrunas, etc. ha sido la partida que ha sufrido el recorte más severo en los Presupuestos Generales del Estado de este año, con una rebaja de más del 50%, representando ahora únicamente un 0,25% de nuestro PIB, cifra escandalosamente alejada del compromiso que adquirieron nuestros políticos hace ya más de cuarenta años de llegar al 0,7% y que jamás llegamos a alcanzar. Ninguno de los países de nuestro entorno, a pesar de la crisis y los recortes que también están llevando a cabo, ha reducido esta partida, una partida inmoralmente manipulada por nuestros políticos que incluyen en ella, por ejemplo, las patrulleras que venden a países africanos para que vigilen sus costas e impidan que los inmigrantes lleguen a las nuestras, o el coste de mantener a nuestras tropas en Líbano, etc. La conclusión de todos estos datos no puede ser más clara: el gasto público social español es el más bajo de la Unión Europea de los Quince, es decir, que no hemos despilfarrado el dinero, como pretenden hacernos creer, ni hemos gastado más de lo que gastan todos nuestros vecinos y socios europeos en temas sociales, ni hemos vivido por encima de nuestras posibilidades. Nuestro problema no está en los gastos. Tampoco está en la estructura funcionarial del estado, otro de los falsos mensajes machaconamente repetidos tendentes a eliminar el estado de las autonomías acusándolo de duplicidad de gastos, de funcionarios inoperantes, etc. etc. etc. La realidad, la tozuda realidad, nos dice que España tiene el porcentaje de la población adulta que trabaja en los servicios públicos del estado del bienestar más bajo de la UE-15

El problema del déficit español no está, por tanto, en el elevado nivel de gasto, sino en el bajo nivel de ingresos, y más concretamente en el ridículo nivel de impuestos que pagan las grandes fortunas, las corporaciones empresariales y las grandes empresas que, además de tener un trato fiscal extraordinariamente preferente, es el sector que concentra, según el informe recientemente publicado por los técnicos del Ministerio de Hacienda agrupados en GESTHA, la mayor bolsa de fraude fiscal de España, con un volumen en 2009 de 42.711 millones de euros

Nuestro sistema fiscal está por debajo de la media de la UE casi ocho puntos de PIB que, traducido a euros, asciende a ochenta mil millones, cifra muy superior a la de los recortes de gasto que están llevando a cabo para reducir el déficit. Ese es nuestro verdadero problema: el bajo nivel de impuestos que pagan las grandes fortunas y las grandes empresas. Tienen a su alcance instrumentos de elusión fiscal perfectamente legales, como las sociedades de inversión colectiva (sicavs), que en lugar de tributar como renta de capital a los tipos que tributan los demás instrumentos financieros (entre el 18% y el 25% según el producto y el país de que se trate), lo hacen únicamente al 1%. La utilización fraudulenta que se está haciendo de este tipo de instrumentos es clarísima: para ser consideradas sociedades de inversión colectiva, por ley, deben tener un mínimo de cien socios. En realidad los bancos que gestionan la sicav hecha a medida de uno de sus grandes clientes, aportan los 99 socios que le faltan cediéndoles una participación insignificante y marginal, con lo que el trámite del centenar de socios queda cumplido, y su cliente centraliza a través de esa sociedad fiscalmente bonificada todas sus inversiones financieras y patrimoniales, que gestiona su banco. Y si estos instrumentos sirven para la elusión fiscal, otros sirven directamente para la evasión fiscal: muchos bancos especializados en la gestión de grandes patrimonios y fortunas llegan, incuso, a tramitar la residencia en paraísos fiscales de sus clientes más importantes, donde depositan la mayor parte de sus ahorros que, de esta forma, no tributan ni un céntimo en España. Los procedimientos de elusión y evasión fiscal no son exclusivos de las personas físicas, sino que las grandes empresas cuentan con departamentos y asesores externos especializados en la evasión y la elusión fiscal. Por este motivo las grandes empresas españolas pagan muchos menos impuestos, a nivel porcentual, que las medianas y que las pequeñas, y los grandes millonarios pagan menos impuestos que los simples trabajadores asalariados que las pasan canutas para llegar a fin de mes.

Esta situación profundiza la brecha entre ricos y pobres, pero nuestros políticos, lejos de pretender reducir el déficit impulsando el crecimiento de la economía o gravando más las rentas más altas, hacen precisamente lo contrario: el gobierno Rajoy ha disminuido los impuestos para las rentas superiores y medias, desgravando la compra de la vivienda, y ha bajado las deducciones fiscales por gastos financieros que favorece a las rentas superiores y, coronando la jugada, ha ofrecido una amnistía fiscal a los defraudadores en lugar de incrementar los instrumentos y los recursos de la inspección fiscal para perseguirlos. Vicenç Navarro, catedrático de Políticas Públicas por la Universidad Pompeu Fabra, en su artículo del 18 de abril en nuevatribuna.es, es meridianamente claro al enjuiciar lo que está pasando en nuestro país: “Soy consciente de que algunos lectores pueden considerar exagerada mi definición del presupuesto Rajoy como el más antisocial que haya existido en España durante la democracia. Invito a tales lectores a que miren los datos. Como bien mostró David Lizoain en su análisis “El disparate presupuestario español”, el gobierno Rajoy intenta reducir el déficit consolidado un 3,2% del PIB. Pero de estos recortes, el gobierno central sólo contribuye en la mitad. La otra mitad la tienen que realizar las CCAA (que como he indicado, son las que gestionan los servicios y gran parte de las transferencias del estado del bienestar), cuyo gasto es mayoritariamente social (un 60%). Sus exigencias a las CCAA sólo pueden atenderse con recortes sustanciales de tal gasto que, sin ninguna duda, originarán el debilitamiento del sector público, con el enriquecimiento del sector privado, y muy en particular de los bancos y de las compañías de seguros que han deseado el desmantelamiento del estado del bienestar desde años. Lo dijo con toda claridad el Presidente del Banco Central Europeo, el Sr. Mario Draghi, en una entrevista al Wall Street Journal (24.02.12) cuando indicó que el estado del bienestar europeo no era viable. Y puso como condición para comprar deuda pública española que se privatizara el Estado del Bienestar, lo cual el gobierno Rajoy está haciendo a pies juntillas. Así de claro” Mariano Rajoy está siendo un alumno tan aventajado en la destrucción del estado del bienestar que hasta sus mismos colegas y varios representantes de los “mercados” le han advertido que tanto recorte puede llegar a ser contraproducente porque impedirá la recuperación económica.

Estamos frente a una política deliberadamente diseñada para acabar con el estado del bienestar: los recortes se complementan a la perfección en un plan diabólicamente diseñado con la reforma laboral que debilita los derechos de los trabajadores y abarata los costes laborales y el despido, junto a las anunciadas medidas de reformas legales inminentes tendentes a criminalizar la protesta ciudadana que, previsiblemente, esta situación acabará provocando. Sus consecuencias son dramáticas para muchos sectores de la población. Voy a hablar ahora de lo que ha sucedido en el que yo trabajo: el mundo de la interpretación, en el que se reúnen una serie de factores económicos y políticos que le han llevado al colapso.

Asistimos hoy, impasibles, a la fría ejecución de un asesinato largamente anunciado. Un asesinato proclamado a los cuatro vientos desde hace años por todas las cadenas y las emisoras de la España más casposa y reaccionaria que, desde el lejano ya “No a la guerra”, clamaron venganza. Son esos voceros y los ciegos políticos que les siguen los que están asesinando hoy un mundo, un modo de vida, el de los actores. Poco o nada les importa que, junto a los actores, también se están llevando por delante a todos los técnicos que viven del sector audiovisual. Pero no todo han sido dagas y puñales empuñados por la derecha, también la nefasta gestión de los socialistas contribuyó, en gran medida, a herir de muerte al mundo de la interpretación.

Empezaron cargándose el teatro con un marco legal que propiciaba cada vez más su dependencia del sector público. En lugar de crear iniciativas para apoyar a las compañías para que llevasen nuestro teatro, el teatro que se está haciendo aquí y ahora, a los pueblos y ciudades de España, se gastaron miles y miles de millones construyendo fastuosos teatros que hoy no tienen dinero para mantener. Hoy hay teatros púbicos cuya programación no aparece en las carteleras de los periódicos porque no tienen dinero para pagarlo. Los ayuntamientos, endeudados, dejaron de pagar a las compañías. La bola de nieve se fue haciendo cada vez mayor y el teatro, prácticamente, desapareció.

Nos concentraron en la televisión. Quien no salía en la tele, no existía. Y a quien no existe no le contratan ni para el cine ni para el teatro. Una vez todos allí, cambiaron el modelo de la televisión pública y le prohibieron hacer publicidad. Las series españolas, sin embargo, seguían siendo los programas de mayor audiencia. Algo había que hacer para acabar con aquella situación debieron pensar los recién llegados dirigentes del PP. Un recorte de 200 millones en el presupuesto anual de TVE fue suficiente para aniquilar por completo el sector. Las televisiones contabilizan los costes de producción de las series no cuando las producen y pagan, sino cuando las emiten. Así se da la cruel paradoja de que TVE ha perdido el liderazgo de audiencia que mantenía en los últimos seis meses al no poder emitir sus series estrella para poder cumplir con ese recorte de 200 millones de euros exigido por el gobierno. Series como “Cuéntame”, “Isabel”, “La República” o “Aguila roja”, cuentan con temporadas enteras ya grabadas y listas para emitirse que no podrán ser emitidas, en el mejor de los casos, hasta el año 2013

Esta situación, unida a la caída de los precios de la publicidad en televisión, ha hecho que la producción de nuevas series por parte del resto de cadenas privadas se paralice prácticamente en su totalidad. También estas cadenas cuentan con series ya grabadas y listas para emitirse que deberán aguardar a mejores tiempos (“El tiempo entre costuras”, etc).

Ante esta situación de parálisis crítica del teatro y la televisión, el cine era la única posibilidad que nos quedaba a los que malvivimos en este sector. Sin embargo, la aprobación de los Presupuestos Generales del Estado ha sido la puntilla que ha acabado con él. De los 76 millones de euros de ayudas al cine de 2011 hemos pasado a 49, de los cuales 35 corresponden a pagos relacionados con ayudas del año anterior, es decir, que solo se han destinado 14 millones de euros al cine para el 2012.

Los ataques al mundo del cine por parte de la derecha y la extrema derecha de este país son despiadados. Nos tachan de titiriteros, perroflautas y chupópteros que vivimos de las subvenciones y repiten hasta la saciedad que somos unos vagos y unos inútiles. Ni uno solo de los que nos descalifican así tiene la más mínima idea de lo que es la vida de un actor (y no hablo de la de las grandes estrellas, sino de la del 99% de los que nos dedicamos a esta profesión), tampoco saben nada de lo difícil que es hacer una película, de las limitaciones competitivas que tenemos en comparación con el cine estadounidense o con el de nuestros vecinos europeos, etc. El tópico y el insulto son suficientes para desacreditar a miles de profesionales de un plumazo. Que el cine español hace muchas cosas mal, sí. Que debemos mejorar en infinidad de temas, también. Que ha habido pillería y fraude en las subvenciones, seguro que también, aunque no creo que más que en otros sectores económicos. No deja de ser curioso que quienes más atacan al cine español sean, precisamente, quienes no ven ni una sola película española por sistema, o por seguimiento casi religioso de la doctrina de los voceros oficiales de la España más rancia empeñados en acabar con todo el que no piense como ellos. Y que, por absoluta ignorancia o supina mala leche, se empeñen en hacer creer que quienes recibíamos las subvenciones que había éramos los actores, cuando jamás hemos recibido subvención alguna ya que en el sistema español de ayudas son los productores los que las recibían. Por si les sirve de comparación para hacerse una idea sobre la deiferencia de trato que reciben los artistas en este país con respecto al que reciben nuestros vecinos, basta recordar, por ejemplo, que en Francia, además de ayudar a su cine con un presupuesto de 600 millones de euros (frente a los 14 que en verdad destina de España), cada actor recibe un subsidio de 1.000 euros al mes cuando está en paro, subsidio que recibe indefinidamente hasta que encuentre un nuevo trabajo dentro de su profesión.

Son muchos, innumerables, los problemas que tiene el cine español, y de muy difícil solución. Sería demasiado extenso tratarlos ahora aquí. Pero admitir la descalificación global sin mayor argumento que el insulto y el desprecio es una injusticia que no debemos permitir, ni mucho menos cometer. Nunca en nuestra historia nuestros actores habían ganado premios internacionales de la talla de los Oscar. En los últimos años hemos conseguido dos. Nunca un español había ganado un Oscar al mejor guión. Almodóvar lo ha conseguido. En cada ceremonia de los Oscars suele haber asiduamente varios profesionales españoles entre los finalistas. Y si me centro en los Oscars como referencia es precisamente porque quienes más atacan al cine español lo hacen defendiendo el modelo norteamericano, un modelo que también desconocen ya que dicen que no está subvencionado cuando más de 30 estados ofrecen importantes beneficios fiscales a cambio de que las películas se rueden en ellos. Si comparamos el nivel de las ayudas al cine español con el de nuestros socios europeos, la comparación es verdaderamente escandalosa: las ayudas que recibe el cine francés a través de su fondo de apoyo al cine son hasta ocho veces más que las que recibía el cine español de sus instituciones. Ese fondo francés se financia, principalmente, de aportaciones de las cadenas de tv y de una tasa del 11,5% que cobran sobre el precio de taquilla de todas las entradas de cine que se venden en Francia. ¿Te imaginas lo que dirían los críticos del cine español si esta tasa se aplicase en España para defender nuestro cine? La aportación anual de las ayudas al cine francés roza los 600 millones de euros. Cada país tiene su propio sistema de canalizar ayudas a su cine porque entiende que el cine es cultura, además de industria (si solo fuese industria la estricta reglamentación de la Unión Europea prohibiría las ayudas). El Reino Unido, por ejemplo, financia las ayudas al cine a través de la lotería. Los países nórdicos, además de las ayudas oficiales a su cine, han desarrollado un sistema de fondos de inversión para el cine escandinavo que permite canalizar el dinero de pequeños ahorradores al cine con importantes ventajas fiscales.

El argumento que más repiten quienes atacan al cine español es el de su escasa rentabilidad. Atacar por sistema mediante el insulto y la descalificación a un sector como el del cine español en el que trabajan 35.000 personas me parece, cuando menos, injusto. Es cierto que el cine español tiene una cuota de pantalla mucho más baja que la de nuestros socios europeos (no llega al 20% mientras que Francia tiene un 37% o Italia un 33%). Ese es uno de nuestros mayores problemas. Pero decir que porque una película recauda poco es mala es una verdadera aberración. Y llegar a decir que si recauda poco no es arte, es de obtusos mentales. Según estos argumentos Van Gogh y tantos otros jamás fueron artistas porque murieron arruinados y no vendieron cuadros en vida a precios que les permitieran vivir. ¿Dónde se come mejor comida, en un restaurante de tres estrellas de la guía Michelin o en un McDonalds? Vender vende mucho más McDonalds, que tiene muchos más establecimientos, y ganar dinero también gana mucho más que cualquier restaurante de lujo. Pero de ahí a concluir que se come mejor o que su comida es de más calidad hay un abismo. Por el mismo motivo debemos diferenciar entre el cine como entretenimiento y el cine como arte, como cultura, porque el día que la cultura sea solo entretenimiento nuestra sociedad estará abocada a su autodestrucción. A todos los que critican las ayudas al cine español les diría que pensasen por un momento en un dato muy concreto y real: todas las ayudas que el cine español recibe, mejor dicho recibía, al año son menos que el presupuesto anual de un solo museo, el Reina Sofía. Y también les haría una pregunta: ¿Cómo se explica que el cine español sea tan malo como ellos dicen y que atraiga a tan pocos espectadores y que, sin embargo, las series de tv españolas, muchas veces con los mismos técnicos y los mismos actores y directores, sean líderes de audiencia?

La guinda al pastel del desmantelamiento del sector audiovisual la ha puesto la semana pasada el Ministro de Hacienda Cristóbal Montoro al criticar el, para él, elevado coste de las series de Televisión Española. Ha dicho que el coste por capítulo de las series de TVE es excesivo para un simple producto de ocio y entretenimiento. El coste por capítulo puede oscilar alrededor de los 600.000 a 800.000 euros, según el Ministro. Ahora bien, ese capítulo es propiedad de TVE y puede emitirlo cuantas veces quiera durante los próximos 5, 10, 20 o 50 años, y también puede venderlo a otros países, por lo que ese coste debería ser considerado como una inversión, una inversión que puede ser rentable y con creces. Por otro lado, ¿ha oído hablar el ministro Montoro de la BBC, la televisión pública británica, que es un referente mundial por la calidad de los contenidos que ofrece? ¿ Sabe cuánto puede haber costado cada capítulo de las series que emite la BBC? No deja de ser curioso que al Sr. Montoro le parezca excesivo invertir 600.000 euros en producir un capítulo de una serie de televisión, y sin embargo, no se lo parezca pagar 4 millones de euros por la final de la supercopa de fútbol de España, que sí es un verdadero despilfarro que nunca puede ser rentable. Y ya que hablamos de fútbol, me gustaría saber por qué este gobierno que recorta las pensiones, sube los impuestos de los asalariados (no los de las grandes fortunas), sube el IVA, aumenta las tasas universitarias, introduce el mal llamado copago (ya que en realidad es un repago) sanitario obligando, por primera vez en nuestra democracia, a que los pensionistas paguen por los medicamentos que necesitan, o que hace que suba el precio del transporte público de manera desproporcionada e indecente, permite que los clubes de fútbol deban a Hacienda 752 millones de euros que estamos financiando todos, o por qué ha aprobado indemnizar con 40 millones de euros a la empresa fabricante de bombas racimo (con la que el actual ministro de Defensa ha estado vinculado hasta dos semanas antes de las últimas elecciones) como compensación por la firma del tratado de no utilización de bombas racimo que suscribió el Gobierno Zapatero cuando, además, esas bombas estaban prohibidas por Naciones Unidas. No deja de ser curioso y alarmante que una sola indemnización a una empresa de armamento triplique las ayudas reales que este año recibirá el cine español y, también curioso, que esa noticia pase casi desapercibida en los medios de comunicación, unos medios que, a diario, suelen recoger ataques a todos los que, según dicen, vivimos de las ayudas al cine, aunque en realidad jamás hayamos visto una.

El audiovisual es España es un nuevo Titanic que navega derecho hacia una barrera de icebergs infranqueable sin que nuestro Rajoycapitán se esté oponiendo a la orden suicida de nuestro Merkelarmador de ¡Avante a toda máquina! Si en lugar de los del “No a la guerra” fuésemos  de los del “No al aborto”, otro gallo cantaría. Somos miles los parados en este sector, y la historia se repite. Este Titanic tampoco lleva botes de salvamento para todo el pasaje y la tripulación. Solo se salvarán quienes tengan billete de primera clase. Los que vamos en segunda, tercera o cuarta, estamos condenados a que nos echen por la borda. No es la crónica de una muerte anunciada, que diría García Márquez, sino la crónica de un asesinato anunciado.

El estallido de la crisis financiera era algo que tenía que pasar porque un sistema basado en la especulación salvaje y el crecimiento insostenible tenía que estallar por algún lado. Lo que no se sabía era cómo, cuándo estallaría todo aquello y qué proporciones tendría. No sé, y supongo que nunca lo llegaremos a saber, si fue un estallido espontáneo o si estaba previamente calculado al más mínimo detalle. Lo que sí está claro es que ese estallido se ha utilizado como un shock que ha bajado las defensas de los ciudadanos hasta dejarlas bajo mínimos, totalmente bloqueadas por el miedo, el desconcierto y el terror, para poder llevar a cabo el desmantelamiento más atroz y despiadado del estado del bienestar y de los derechos sociales y laborales conseguidos durante generaciones.

Realmente no me cabe duda de que, no solo el desmantelamiento del sector audiovisual, sino el de todos nuestros derechos ha sido, y está siendo, un crimen anunciado, un asesinato anunciado y friamente diseñado, calculado y ejecutado. Si quieres ver cómo se preparó ese asesinato, no tienes más que ver este documental, “La doctrina del shock”, te ayudará a entender muchas, demasiadas cosas…

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Garaje Lumière, convirtiendo la utopía en realidad…

22 enero, 2012

Todos tenemos sueños, somos nuestros sueños, pero muy pocos se atreven a convertirlos en realidad, a vivirlos plena e intensamente. Es cosa de locos, dicen los que no se han atrevido a luchar con todas sus fuerzas por hacerlos realidad, cosa de inmaduros idealistas iluminados… Si el hombre no hubiera perseguido sus sueños, si no hubiera creado utopía, seguiría anclado en la edad de piedra. Estamos hechos de nuestros sueños, renunciar a ellos, renunciar a intentar vivirlos, es renunciar a ser nosotros mismos. Carlos Rico era un soñador sin remedio. Artista, director teatral y de cine, director de arte y dramaturgo, humanista y alma inquieta donde las hubiere, tenía un sueño al que jamás quiso renunciar, ni renunció: crear un espacio interdisciplinar de vanguardia donde sensibilidad, arte y emoción tuviesen un lugar donde vivir, un lugar donde se pudiese crear en libertad, donde cualquier artista pudiese expresarse y ser comprendido, reconocido y respetado por todas esas personas que siempre han deseado poder disfrutar de un espacio tan ilimitado como sus sueños. Y ese sueño se hizo realidad. Se llama GARAJE LUMIÈRE. Es un espacio libre abierto al arte que ya lleva diez meses funcionando en el barrio de Delicias, en el 12 de la calle Ciudad Real, en pleno centro de Madrid. Carlos no pudo llegar a ver su sueño convertido en realidad. Murió con treinta y ocho años, pocos meses antes de su inauguración. Sus fieles compañeros de viaje y de sueños, a los que se unió su hermana, cineasta y profesora de interpretación, siguieron recorriendo el camino que habían elegido con él.

Fascinados con la variedad de locales dedicados al arte que encontraban en ciudades como Nueva York, Berlín, Lisboa o Buenos Aires, Carlos, junto a Miguel Quero y Celia de Molina, decidieron crear un espacio interdisciplinar del siglo XXI, ese siglo donde las fronteras tradicionales que separaban las diferentes expresiones artísticas se diluyen cada día más. Fueron muchas las horas, las semanas y los meses que estuvieron pensando hasta el más mínimo detalle del espacio que querían. Allí tendrían que converger cine, teatro, escultura, pintura, poesía, música… y hacerlo no solo sin perjudicarse unos a otros, sino al contrario, ayudándose entre sí. Por ello la caja escénica de su sala, a diferencia del negro que siempre acostumbramos a ver, está totalmente pintada de blanco. Es el lugar idóneo de encuentro de las artes audiovisuales y las artes escénicas. En ese escenario podemos ver cine, teatro, recitales, conciertos… y las interactuaciones del teatro con el audiovisual y del audiovisual con el teatro. El público, que puede llegar a cerca de cien personas, se sienta en unas grandas blancas móviles, de forma que para cada espectáculo se puede cambiar el escenario de lugar, la disposición del público e incluso se puede mover al público en su grada durante el mismo espectáculo. Las posibilidades creativas que ofrece la sala son impresionantes. Esa sala, no podía ser de otra manera, fue bautizada con el nombre que se merece: Carlos Rico.

Y si la sala presenta todas esas ventajas, el espacio que la antecede, el hall, no se queda atrás. Acertadamente bautizado con el nombre de Annie Hall, en él conviven la sala de exposiciones, una sala chill-out, el bar (cuya barra también es movible, como las gradas del público, para dar mayor versatilidad al espacio), y un pequeño porche para fumadores. Además, el GARAJE LUMIÈRE cuenta con sala de maquillaje, camerinos y un espacio acristalado en un altillo que puede usarse como oficina, como aula o integrarlo directamente en la escenografía de la sala para aquellas representaciones que lo requieran.

Para el espectáculo que tuve la oportunidad de ver, las gradas estaban dispuestas frente al escenario y tanto la luz como la acústica eran perfectas. Se trataba de una obra escrita y dirigida por Miguel Ángel Carcano, “Teoría y práctica de los principios mecánicos del sexo”, con Elena Corredera, Juan Martin Gravina, Vito Sanz y Marta Larralde dando vida a dos parejas de treintañeros que, como los personajes de Chéjov, no son lo que dicen… sino lo que callan. Amor, pasión, sexo, amistad y fidelidad son conceptos que no siempre tienen clara dónde está la frontera que les separa. En un delicioso tono de comedia nos plantean una reflexión sobre lo que es el sexo y cómo convivir con él. Su propuesta es clara: La teoría del sexo es lo que hacemos, su práctica lo que somos. Como diría mi adorado Bruce Springsteen, esta es una obra que habla de hombres, mujeres, amor, sexo… muy difícil, muy complicado, pero… ¡necesario!. Un montaje sin duda recomendable, con un buen texto, una espléndida dirección y un reparto de actores que lo borda, con una Marta Larralde que, sencillamente, enamora demostrándonos que es capaz de ser la mala malísima de Gran Hotel y también la más divertida, adorable y sensible de las criaturas que pueblan nuestro mundo escénico.

En el GARAJE LUMIÈRE conviven ofertas teatrales tremendamente atractivas, con proyecciones de cortometrajes, cine forum, cabaret, conciertos, presentaciones, eventos, batallas de dj´s, ruedas de prensa, fiestas privadas, recitales de poesía, exposiciones, demostraciones de breakdance, etc. etc. etc. Y además de su oferta de espectáculos, es un espacio dedicado también a la formación del actor, con diversos talleres sobre interpretación, escritura de guión y creación de personaje, impartidos por Carmen Rico desarrollados con una metodología propia creada desde la experiencia de Carmen y desde las notas que dejó escritas Carlos sobre su faceta como formador de actores.

La génesis de un sueño no es sencilla, y su parto, como todos los partos, siempre está lleno de poesía. Si no, aquí tenéis cómo ellos mismos cuentan lo que fue el nacimiento del Garaje Lumière: Ana Berlín y Pedro Lisboa tuvieron un hijo; un caballo. Los médicos le llamaron Hipócrifo. Avergonzados y víctimas de la frustración, la desdicha y tamaña blasfemia hecha ser, deciden sacrificarlo la misma noche de su nacimiento, enterrando su cuerpo frío de neonato, en el Cementerio de los Idiotas. Hipócrifo, no murió, permaneció en estado de hibernación durante años hasta que tenemos datos de él en el Orfanato de Monstruos, Artistas y otras Especies. Su infancia transcurre en salas de incomunicación y patios vallados. GARAJE LUMIÈRE se hace eco de la historia de Hipócrifo, el niño hermafrodita caballo a través de Alba Castillo, una actriz porteña, que gestiona y acelera la adopción del menor. Ya en Madrid, Hipócrifo, tras años en silencio, exclamó al pisar GARAJE LUMIÈRE: ”Daré a luz otra forma. Quiero quemar Madrid, destrozarla, aniquilarla y crear Horsépolis, la ciudad de los hombres y mujeres caballo…”

Da gusto ver que en tiempos de crisis como los que corren, en tiempos de recortes y dificultades, de cierre de empresas y de desempleo, el empuje de unos jóvenes soñadores puede abrirse paso y demostrar que la ilusión y el amor todo lo pueden. Puede que en estos tiempos no haya trabajo, pero tenemos nuestros sueños, esos que nada ni nadie nos podrá quitar, y solo de nosotros depende que lleguen a vivir. GARAJE LUMIÈRE es una lección, una verdadera lección de amor. ¡Brindo por el GARAJE LUMIÈRE y por quienes lo han hecho posible! Carlos, dondequiera que estés, alzo la copa por ti. Gracias por habernos acercado a todos un paso más a la utopía.

 

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Teatro Tribueñe, sueño, utopía y realidad

18 diciembre, 2011

Hay muchas formas de entender el teatro: como arte, como un trabajo, como un acto cultural, como un entretenimiento, como un evento social … pero solo hay una de vivirlo de verdad: amarlo sin límite. Eso es lo que hace Teatro Tribueñe: amar el teatro. Solo quien entiende que el teatro es un compromiso con la vida y con uno mismo, y un acto de amor con los demás puede hacer lo que hacen ellos: regalarnos cada semana la experiencia de vivir algo maravilloso y único que, en este mundo que nos ha tocado vivir, está en serio peligro de extinción. No en vano una de las obras del repertorio de esta compañía es “El Jardín de los cerezos”, ese formidable canto a un mundo y a un estilo de vida que desaparecen porque no pueden sobrevivir a la presión de los tiempos que vienen, tiempos regidos por conceptos como prisa, beneficio, especulación o egoísmo, y donde valores como belleza, poesía, calma o compromiso ya no tienen cabida. Pero, a diferencia de la mayoría de montajes de El jardín en los que se rinde culto a la dignidad de la pérdida, a la nostalgia de lo perdido, el montaje de Tribueñe, como el propio espíritu de Tribueñe, se centra en lo que los personajes, los componentes de Tribueñe, no están dispuestos a perder: su identidad, su necesidad de amar y de ser amados, y su inquebrantable convencimiento de que vivir es dar. Solo así se entiende que pueda existir una compañía estable de repertorio formada por una decena larga de actores que cada fin de semana representa tres obras (“Ligazón”, de Valle-Inclán, “La casa de Bernarda Alba”, de García Lorca y “El jardín de los cerezos”, de Chejov) en una sala cuyo aforo no llega a las ciento cincuenta localidades. No viven del teatro, sino para el teatro. Esa es la grandeza de su compromiso, de su amor al teatro: vivirlo y hacérnoslo vivir. Asistir a cualquier representación de esta compañía es una experiencia única, una inmersión en un universo poético donde todo es posible. La propia sala Tribueñe tiene una atmósfera especial que te sumerge en un universo donde solo caben la poesía, la belleza y la verdad. Allí, sentado junto al centenar de privilegiados espectadores que han conseguido su entrada para esa tarde, te sientes como un auténtico voyeur, un silencioso mirón que se adentra furtivamente en las paredes cerradas de la casa de Bernarda Alba o paseando por ese inmenso jardín de los cerezos que el mal llamado progreso está a punto de talar. Ante ti pasa todo, vive todo, muere todo… en ese sublime canto a la vida que es el teatro.

Existe el teatro público, sí, y también el teatro comercial. Malvive el alternativo en estos tiempos de crisis y recortes. Son muchas las compañías y los proyectos que cada día mueren en este sacrosanto país nuestro de peineta, fútbol y pandereta. Pero allí, en medio de ese océano atractivo y misterioso que es atreverse a vivir poéticamente la vida, sobrevive Tribueñe, esa pequeña balsa donde, cada día, un grupo de actores/náufragos hace que el milagro de ofrecer esta comprometida forma de entender la vida y el teatro, sea posible. Hay temporales y galernas a su alrededor, sí, pero ellos son buenos navegantes conscientes de que lo importante no es el destino, sino el viaje, de que hay una Ítaca que les ha hecho el regalo de hacerles partir y de la que no deben esperar nada, y de que también hay una Utopía que cada día les impulsa a seguir navegando y a la que deben, porque quieren, entregarlo todo. Tribueñe es Ítaca, pero sobre todo es Utopía, porque Tribueñe es Chejov, es Lorca y es Valle-Inclán, ese Valle-Inclán que amargamente advierte: “ He asistido al cambio de una sociedad de castas y lo que yo vi, no lo verá nadie. Soy el historiador de un mundo que acabó conmigo. En este mundo que presento de clérigos, mendigos, escribanos, putas y alcahuetas, lo mejor con todos sus vicios eran los hidalgos, lo desaparecido. Mi obra viene a reflejar la vida de un pueblo en desaparición. Mi misión es anotarlo antes de que desaparezca”

Son muchas, desde luego, las cosas que destacan de esta forma de hacer teatro, pero hay una que impacta profundamente: las imágenes que, una tras otra, van sucediéndose ante el atónito espectador que, boquiabierto, se siente un marinero más de esa nave, esa Argos renacida, que con pulso firme y rumbo cierto sabiamente dirige Irina Kouberskaya. El inicio, por ejemplo, de El jardín de los cerezos es un canto poético al inexorable paso del tiempo y de la vida. Sobre un apenas casi iluminado escenario azul en el que vemos una solitaria vía de tren y escuchamos el eterno fluir de la vida de cualquier vieja estación, todos los personajes, sombras de ellos y de nosotros mismos, van deambulando a cámara lenta portando sus maletas en una cadenciosa danza en la que se entrecruzan sus caminos y sus vidas. Es poesía, esencia teatral, en estado puro. Y qué decir de la magistral simpleza escenográfica en la que unos simples remos de madera pintados de blanco que se clavan en lo que antes fueron las maletas, nos muestran el inmenso paisaje del jardín. No le preguntes al espectador por los remos. Te dirá que allí solo había cerezos. Los personajes mueven remos y maletas y nos transportan del jardín a la casa, de la casa a la estación, de la estación a ese no lugar donde habitan los sueños, todos los sueños…

Es maravilloso ver cómo se puede crear tanto con tan poco. Austeridad y sobriedad jamás han sido sinónimos de pobreza. Solo la mente del necio o del avaro puede concebirlos como tales.  Y en el particular idioma de Tribueñe significan esencia y belleza. Todo en el teatro de Tribueñe está orientado a dar vida al texto y a los personajes. Incluso una puesta en escena barroca como la de su Casa de Bernarda Alba, está construida sobre la elegante belleza de lo sencillo. Lorca nunca llegó a ver representada su Bernarda Alba. No me cabe duda de que le habría encantado ver este montaje donde su texto permanece intensamente vivo inmerso en una esplendorosa sucesión de poderosas imágenes de la España más profunda donde encontramos todos los mitos y los símbolos que nos hacen ser quienes somos.

La Sala Tribueñe nace en 2003 en el barrio de Ventas, en Madrid, en lo que anteriormente había sido una ferretería, de la mano de Hugo Rodríguez de la Pica, un joven humanista que ha dedicado su vida a navegar en las procelosas aguas del folclore español, de la canción popular, del baile y del teatro, y de Irina Kouberskaya, actriz y directora teatral rusa afincada en nuestro país desde principios de los setenta y que ha colaborado con el TEI (Teatro Experimental e Independiente), el TEC (Teatro Estable Castellano), la RESAD (Real Escuela Superior de Arte Dramático) y con el Laboratorio de William Layton. Los tres montajes que tienen actualmente en su repertorio han conseguido los premios Ciudad de Palencia a la mejor dirección (Ligazón en 2007 y La casa de Bernarda Alba en 2011), y El jardín de los cerezos los premios a la mejor dirección, mejor interpretación (Irina Kouberskaya) y mejor compañía en el Festival Internacional de Teatro de Chéjov en Yalta, ciudad natal del dramaturgo.

Pero decir Tribueñe no es solo hablar de una maravillosa Sala de teatro o de una formidable compañía teatral, sino de un modo especial de concebir y de vivir el hecho teatral. Todas las personas que están involucradas de una forma u otra en Tribueñe viven el teatro de forma generosa, comprometida, con absoluta dedicación y entrega. Llevan años juntos, compartiendo esta experiencia vital, y eso se nota en el escenario y en todo lo que hacen. Tienen una forma parecida de entender la vida, tanto la espiritual como la más próxima y terrenal, una forma que ellos definen claramente en estas palabras: “El aprendizaje de nuevos lenguajes, de nuevas lecturas de textos ya consagrados y de otros por descubrir, es uno de los motivos que nos mueve en el diseño de la programación. El desconocimiento del ser humano en sus facetas biológicas y genéticas nos motiva a trabajar desde la dimensión poética; antes de su dimensión tecnificada, antes de la domesticación de la vida, aceptar el reto del impulso creativo.

“La fascinación por vivir en cada instante “la enorme alegría de crear” que decía Lorca, el mundo de la inspiración como estado revulsivo y vital, es nuestro leitmotiv. El estudio de la mitología, el universo de los símbolos, el sentido antropológico como el punto de unión de la diversidad cultural son algunos de los puntos de inflexión de nuestra propuesta.

“ Es, en definitiva, el desarrollo de la sensibilidad en un entorno hostil lo que constituye nuestro credo. Defender los susurros poéticos para comprender a aquellos artistas que apuestan por abrir un paréntesis a la sensibilidad. Convocamos en una disponibilidad encendida para estar a la altura de la llama de los poetas y tender hacia un Hombre Poético, hacia un Teatro Poético…”

¿Y qué sabe la poesía de mapas o fronteras? En este precioso viaje hacia el universo poético, hacia la concepción poética de la vida, Tribueñe no solo nos acerca a nuestro teatro, sino que sale de gira por Yalta o San Petersburgo a mostrar a públicos cercanos a nosotros que, sin embargo, viven a miles de kilómetros de aquí, el teatro de Lorca o de Valle. Es una experiencia fascinante. Y el resultado, no podía ser de otra manera, es espectacular: “Lo desconocido es otro nivel de libertad del pensamiento… Iba a ver una farsa y me encontré en un templo… No existe dramaturgia como esta en Rusia, ni semejante tradición teatral, ni actores para interpretar este género. Por eso creo que Irina Kouberskaya ha hecho casi un imposible, trayendo para el público ruso este mundo inmenso, intenso y absolutamente desconocido…” (Petersburgo Teatral, Irina Mitrievskaya).

“Mi trabajo como directora consiste en denunciar la pertinaz existencia de la maldad y los espejos cóncavos que la sociedad pone delante de los seres humanos, para que se vean perversos, feos, esperpénticos, falaces y faltos de la mínima dignidad…” nos dice Irina Kouberskaya. Su amor al teatro no se limita a llevar la dirección artística de la sala Tribueñe, a dirigir la compañía o a actuar en ella, sino que también imparte cada año un curso de interpretación abierto a todo aquel que quiera asistir. Entre enero y mayo, todos los miércoles, da clases en dos grupos, uno por las mañanas y otro por las tardes. Entre la veintena de alumnos puedes encontrar a actores profesionales, músicos, bailarines o a personas que nunca se habían aproximado al mundo de la interpretación. Irina es capaz de sacar de cada uno de ellos todo lo que lleva dentro. Y, fiel a su filosofía, el precio de esos cursos, como el de las entradas de su sala, está al alcance de cualquier bolsillo, en un ejemplo más de que Tribueñe no vive del teatro, sino para el teatro. Si quieres tener la experiencia de adentrarte con ellos en ese maravilloso viaje hacia el universo poético que es Tribueñe todavía estás a tiempo, la matrícula está abierta… Allí nos veremos.

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Carlos Olalla

Por circunstancias de la vida me pasé más de veinticinco años dirigiendo empresas en la que, sin lugar a dudas, fue la etapa más aburrida y frustrante de mi vida. La verdad es que nunca me gustaron esos trabajos y lo pasé fatal. Cuando cumplí los 45 me encontré con que una reestructuración empresarial me ponía de patitas en la calle y sin un duro. Por si fuera poco, nadie me quería dar trabajo porque decían que ya era demasiado “viejo”. A mí siempre me había gustado el mundo del cine y, como estaba en el paro y tenía tiempo, empecé a estudiar interpretación. Me pasé tres años siendo el “abuelo” de todos mis jóvenes compañeros en una conocida escuela de teatro de Barcelona. Durante aquel tiempo recibí alguna propuesta de trabajo para reincorporarme al mundo de la empresa, pero no quise aceptarlas: el nuevo mundo que había descubierto me había atrapado por completo, así que decidí cambiar una maravilla de sueldo y una mierda de trabajo por una maravilla de trabajo y una mierda de sueldo. Puedo deciros que ha sido la mejor decisión que he tomado en mi vida: por primera vez soy libre, la palabra jefe ya no significa nada para mí, hago lo que verdaderamente me gusta y, lo mejor, trabajo con gente sensible y abierta que piensa y siente como yo. ¿Qué más se puede pedir?

www.carlosolalla.com

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