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A quien hay que desahuciar es a los políticos y a los banqueros

5 mayo, 2013

POLITICOS-Y-BANQUEROS-5En estos tiempos en los que se criminaliza la legítima defensa de los derechos de los ciudadanos frente al brutal acoso que es una ley hipotecaria que permite desahucios masivos y niega la dación en pago obligando al indefenso deudor a perder su casa y quedarse en la calle y endeudado de por vida, conviene puntualizar algunos hechos que desmienten la falsa realidad que se esconde tras la mal llamada crisis. El primero de ellos es analizar cuál fue el origen de la llamada crisis. Los grandes bancos internacionales, entre los que estaban los alemanes, tenían un exceso de liquidez que mermaba sus cuentas de resultados. Para poder retribuir a sus depositantes tenían que invertir en operaciones que tuviesen alta rentabilidad y bajo riesgo. La solución fue sencilla: prestar a otros bancos, como los españoles, que encontraban grandes oportunidades de negocio en sectores como el inmobiliario. Con esa liquidez los bancos españoles se embarcaron, nos embarcaron a hipotecatodos, en una fiebre compradora de viviendas nunca vista hasta entonces. Eran los bancos españoles quienes perseguían a los potenciales clientes ofreciéndoles créditos hipotecarios para que comprasen viviendas a tipos de interés bajos y plazos de amortización muy largos. Para redondear el negocio, el valor de las viviendas era fijado por las llamadas sociedades de tasación, empresas vinculadas en muchos casos a los propios bancos. Eran estas empresas las que decían “Esta casa vale 300.000 euros”, “aquella 500.000”. Con esas valoraciones en la mano los empleados del banco, fuertemente presionados por sus jefes para conseguir resultados inmediatos, “vendían” hipotecas a los ciudadanos dándoles préstamos que no solo equivalían al valor de tasación fijado por aquellas empresas sino que, en la mayoría de las ocasiones, lo superaban tentando al cliente para que, además de la casa, se comprase los muebles, un coche o se fuera de crucero si le apetecía. Era la época en la que todo valía porque los precios de las viviendas, espoleados por esa fiebre compradora auspiciada por los propios bancos, subían y subían en una loca carrera que parecía no tener fin.

Todo iba bien: los bancos hacían su negocio, sus dirigentes cobraban sueldos millonarios, los constructores construían casas, las inmobiliarias las vendían, los Indemnizaciones directivos Cajas de Ahorrociudadanos tenían vivienda  “en propiedad”, el Estado cobraba impuestos, los notarios y registradores sus aranceles, las compañías de seguros colocaban sus seguros de vida y de vivienda… Aquello era una burbuja que, tarde o temprano, tendría que estallar, pero nadie se atrevía a reventarla y quien avisaba de que aquello podría acabar mal era tildado de loco, de incompetente o de mal informado. Desde los diferentes gobiernos se impulsaba incluso esa fiebre compradora mediante estímulos fiscales, desgravaciones a la compra de vivienda, etc. en detrimento de la alternativa del alquiler, muy poco desarrollada e incentivada en España. Eran los años en los que la cuota de la hipoteca era más baja que el alquiler mensual de la vivienda, los años en los que si alquilabas un piso todo el mundo te decía que eras tonto porque era mejor comprarlo. castaSe dice ahora que entonces vivíamos por encima de nuestras posibilidades. Pero eso es totalmente falso. La facilidad de acceso al crédito estaba consolidada. Si querías comprar una vivienda los bancos se peleaban por ofrecerte las mejores condiciones. Incluso venían a ofrecerte que refinanciaras tus créditos a más plazo y a menor interés si dejabas al banco con el que siempre habías trabajado para irte a trabajar con ellos. Esa era la realidad, y en esas circunstancias tener fácil acceso al crédito formaba parte de tener “posibilidades”, porque estaban al alcance de todos. El inmobiliario es un mercado en el que la mayor parte de las transacciones no se hacen al contado, sino a plazo y financiadas mediante deuda porque son muy pocas las personas que tienen en el bolsillo el precio de una vivienda. Decir ahora que entonces se vivía por encima de nuestras posibilidades es olvidarse u ocultar la realidad: que los bancos iban locos por prestarte dinero. Son ellos y solo ellos quienes hincharon la burbuja inmobiliaria. Los bancos alemanes al prestar su excedente de tesorería a los bancos españoles; los bancos españoles al embarcarse en políticas agresivas de oferta de hipotecas; los máximos responsables de los bancos alemanes al implementar la estrategia de colocar sus excedentes de tesorería en bancos españoles; los responsables de los bancos españoles al decidir invertir tan agresivamente en un sector como el inmobiliario; los directores de los bancos al fijar unos objetivos de colocación de hipotecas desorbitados y al presionar, vía el incentivo o la amenaza, a sus empleados para que las colocasen entre sus clientes.

Sin embargo esa alocada política de inversión en el sector inmobiliario no era exclusiva de países como España. En Estados Unidos, al amparo de las políticas de Lehman Brothersdesregulación del sistema financiero llevadas a cabo por el presidente Reagan y los que le siguieron (y en Europa por Margaret Thatcher y el resto de neoliberales), la fiebre hipotecaria llevaba años de ventaja a la europea. La política de vender y vender hipotecas tiene unos límites que se sobrepasaron sin ningún tipo de miramiento o escrúpulo. Acabado el mercado de los clientes “solventes” que podían pagar holgadamente sus cuotas cada mes, colocaron hipotecas a clientes de menor poder adquisitivo. Esta secuencia se repitió hasta el extremo de que en EEUU se llegaron a conceder miles de hipotecas a personas absolutamente insolventes. Cuando estos clientes empezaron a no poder pagar las cuotas mensuales, los bancos estadounidenses idearon un plan para evitar que la morosidad deteriorase sus cuentas de resultados. Fue un plan preconcebido y realizado por los máximos dirigentes de esos bancos que cobraban sus extraordinarias remuneraciones (vía “bonus”, acciones, etc.) en función de los resultados alcanzados. Diseñaron ese plan 1280487481_0para proteger su sueldo y sus prebendas, no para proteger a los bancos en los que trabajaban ni, desde luego, a los clientes a los que habían estafado incitándoles a comprar unas casas que no podían pagar. Ese plan consistió en agrupar cientos de miles de esas hipotecas, las llamadas “basura” en activos financieros (títulos que pudieran venderse) a los que bautizaron con nombres muy rimbombantes y atractivos. Esos activos financieros, que prometían grandes rentabilidades y eran muy poco transparentes por no decir crackb2totalmente opacos en cuanto a información de su composición y funcionamiento se refería, eran vendidos a otros bancos y compañías de seguros que tenían el mismo problema que los bancos alemanes: exceso de liquidez. Así el problema de morosidad por impago de cuotas que tenía un banco se transformaba, por arte de magia, en una oportunidad de inversión a escala mundial. La morosidad, el impago de las cuotas, se tapaba con la inclusión en esos activos financieros de miles y miles de nuevas hipotecas que hacían que los activos financieros creciesen a nivel mundial. Era la típica estafa conocida como “piramidal” en la que los primeros en entrar se forran y los últimos lo pierden todo. Fueron muchos los bancos que invirtieron en aquellos activos financieros. Mientras la burbuja crecía no pasaba nada, pero llegó un momento en el que la burbuja no aguantó más y estalló. Fue el inicio de la crisis en EEUU con la quiebra de Lehman Brothers y el primer rescate multimillonario de la banca. Todos los bancos que habían invertido en aquellos activos financieros se vieron afectados. Cundió el pánico. Todos querían venderlos y nadie estaba dispuesto a comprarlos. Los precios de los activos financieros cayeron drásticamente y aparecieron las pérdidas en los balances de todos los bancos que habían invertido en ellos. Aquello no era una crisis que afectase a los bancos norteamericanos: afectó a los principales bancos del mundo.

¿Qué hacer en aquellas circunstancias? Desinvertir, recuperar la liquidez, cancelar todos los préstamos concedidos lo antes posible. Y eso fue lo que intentaron banqueroshacer los bancos. Al hacerlo colapsaron el mercado. Las empresas, por muy solventes que fuesen, se quedaron sin acceso al crédito y a los ciudadanos les pasó exactamente lo mismo: los bancos ya no hacían cola ante sus puertas para ofrecerles las mejores hipotecas, sino que la hacían para pedirles que devolviesen los créditos que les habían concedido. Se acabó la concesión de créditos, desapareció la posibilidad de refinanciarlos. De la noche a la mañana desaparecieron todas las alternativas financieras que empresas y ciudadanos tenían para mantener el nivel de vida al que los bancos les habían empujado. Fueron los bancos los que nos quitaron, de repente y sin previo aviso, nuestras “posibilidades”

Aún así los bancos no podían hacer frente a sus compromisos: no podían devolver el dinero que sus depositantes tenían con ellos a través de cuentas corrientes, a plazo, fondos de inversión, etc. Era el colapso total del sistema. Un colapso, paradójicamente, que había sido provocado por un exceso de liquidez, por tener draghi-y-rajoydemasiado dinero disponible. ¿Qué hicieron entonces los bancos, los máximos responsables de esos bancos? Olvidarse de su ideología neoliberal que antepone la libertad del mercado a todo lo demás, la desregulación total para que solo la ley del más fuerte regule el mercado, y decirles a los políticos que o les daban dinero para cubrir las pérdidas multimillonarias que tenían o el sistema desaparecería y con él los ahorros de los ciudadanos de todo el mundo. Los políticos, esos políticos que habían ayudado a que esta crisis se produjera al haber desregulado los mercados, al haber  permitido la existencia de los paraísos fiscales, y al haber incentivado el crecimiento de la burbuja inmobiliaria y financiera, se plegaron a las exigencias de los banqueros y les concedieron ayudas de cientos de miles de millones de dólares y euros en todo el mundo. Para hacerlo tuvieron que endeudarse emitiendo deuda pública y acudiendo a organismos internacionales que les prestasen dinero. El colapso financiero mundial se había evitado. Nos habían salvado de la catástrofe, o eso es al menos lo que nos vendieron.

Pero la realidad no fue esta. La realidad es que esos bancos, con la liquidez que los diferentes gobiernos del mundo les habían inyectado, no se dedicaron a adhesiu-estebancoengana2restablecer la normalidad en el sector financiero: no abrieron el “grifo” de los créditos a los ciudadanos ni a las empresas que es lo que hubiera permitido que la economía siguiese creciendo y generando empleo, sino que invirtieron la mayor parte del dinero que los Estados les habían prestado a tipos de interés bajísimos (1% y similares) en deuda pública de esos mismos Estados que les habían prestado el dinero. El negocio, para ellos, volvía a ser redondo: recibían un interés del 6 o el 7% de esa deuda por la que ellos pagaban el 1% y con un riesgo muy inferior al de haber prestado ese dinero a empresas o particulares. Lo que las sociedades de tasación (en su mayoría participadas por los propios bancos) habían hecho con la valoración de las viviendas (hinchar sus precios para que la burbuja creciese y creciese), volvieron a hacerlo con la deuda pública a través de las agencias de calificación de riesgo (sociedades banqueros-ladronesparticipadas por los propios bancos que son las que dicen qué riesgo supone invertir en esta deuda o en la otra). Jugando con estas valoraciones los bancos manejaban el mercado de la deuda a su antojo a través de la ya famosa “prima de riesgo”, que es la diferencia de precio entre la deuda de un país y la de otro en función de las perspectivas de pago de esa deuda). El resumen de la jugada es muy claro y, desde luego, totalmente execrable: los bancos que habían sido salvados de la quiebra por los Estados, utilizaron el dinero que esos Estados les habían prestado para especular contra la solvencia de esos propios Estados, llegando incluso a cuestionar la solvencia y la viabilidad económica de esos mismos Estados que les habían prestado el dinero y haciéndolo sin haberles devuelto el dinero que los Estados les prestaron. Son muchos los efectos perversos que esta situación ha creado, y el principal es que, al no haber abierto los bancos nuevamente el crédito a las empresas, la actividad económica ha caído drásticamente, las ventas han caído y por ello el paro ha aumentado hasta superar, por primera vez en la historia, los seis millones de parados en España.

Y esto no es algo que pasó y que, una vez aprendida la lección, no se volverá a repetir. Esta misma semana el Banco Central Europeo (encargado de controlar la evolución de parámetros como la inflación o el crecimiento de la Unión Europea mediante los tipos interés, subiéndolos para controlar la MODELO-del-ESTADO-BIENESTAR_dat_inflación y bajándolos para potenciar el crecimiento de las economías, y la cantidad de dinero en circulación, inyectando o detrayendo dinero del mercado) anunció a bombo y platillo que abría la espita del dinero y rebajaba el tipo oficial de interés al 0,50%, el más bajo de la historia, para favorecer el crecimiento y la recuperación económica de los países, como España, más afectados por lo que ellos llaman crisis. Esta medida podría haber supuesto un soplo de esperanza para todos los países que tenemos una economía en recesión y un nivel de paro muy elevado. Pero no es así. Lo que la letra grande nos “vende” queda reducido a agua de borrajas en la letra pequeña: el Banco Central Europeo no da ese dinero a los Estados que lo necesitan comprando su deuda, sino que se lo da a los bancos para que “abran el grifo” de los créditos a empresas y particulares para conseguir con ello que el mercado se reanime. Y esa es la gran falacia. Los bancos cogerán ese dinero, todos los miles de millones que quieran del Banco Central Europeo, pero no lo utilizarán para conceder préstamos a empresas o a particulares, sino para comprar deuda pública de los Estados. Es decir que se endeudarán al 0,50% con el Banco Central Europeo y colocarán todo ese dinero al 4 o al 5% de interés en deuda pública de diferentes países. De nuevo negocio redondo para los bancos, de nuevo varapalo tremendo para los ciudadanos y empresas que verán que los bancos siguen negándoles el crédito que necesitan para financiarse, y drama dantesco para los millones de parados que verán que la economía sigue sin crecer y generando más y más desempleo. La pregunta es ¿Por qué no da directamente el Banco Central Europeo esos miles de millones directamente a los Estados comprando su deuda pública en lugar de dárselo a los bancos para que ellos hagan el negocio comprando la deuda pública de los Estados? Porque políticos y banqueros no están para resolver los problemas de los ciudadanos, de las empresas o de los parados, sino para proteger sus propios intereses: su negocio y sus sueldos astronómicos en el caso de los banqueros y el apoyo financiero a los partidos y demás prebendas en el caso de los políticos.

Pero volvamos a nuestra historia y a desmenuzar lo que los bancos hicieron y, siguen haciendo, para provocar y mantener esto que ellos llaman crisis. Al haber prestado los Estados dinero a los bancos emitiendo deuda pública para evitar que los bancos quebrasen, lo que se hizo en los llamados “rescates” bancarios fue “socializar” sus pérdidas, 1365068127_0convertir las pérdidas de los bancos en pérdidas de todos los ciudadanos, pérdidas que quieren hacernos pagar a todos mediante subidas de impuestos y recortes de nuestros derechos. Los bancos alemanes que habían prestado dinero a los bancos españoles han visto como, mediante el rescate bancario llevado a cabo en España, los bancos españoles son ahora más solventes y les devolverán el dinero que les prestaron para que especulasen colocando hipotecas. Y esos bancos españoles son más solventes porque han recibido miles de millones de euros que ahora nos exigen pagar a todos los ciudadanos. La realidad de las políticas de recortes que todos estamos sufriendo es, grosso modo, que no son políticas llevadas a cabo para sacarnos de la crisis o para defender a los ciudadanos, sino para que los bancos españoles puedan devolver el dinero que les prestaron los bancos alemanes. La pregunta obligatoria que todo ciudadano debe hacerse es: ¿Cómo es posible que nuestros políticos permitiesen un atropello como este? La respuesta, por desgracia, hay que mirarla en la financiación de los partidos políticos: sin las ayudas directas e indirectas que les llegan de la banca ninguno podría sobrevivir. Son tantas las formas en las que los políticos dependen de los banqueros: créditos a los partidos que no se devuelven, aportaciones directas e indirectas, apoyo a determinadas políticas o proyectos, etc. Y esa dependencia tiene un precio: gobernar por y para los bancos, no por y para los ciudadanos. Hoy que tanto hablamos de los peligros que supone privatizar la educación o la sanidad públicas, no nos estamos dando cuenta de que lo que en realidad se ha privatizado es el gobierno, es la política: hoy los gobiernos solo obedecen órdenes de sus amos, los banqueros y las grandes corporaciones, y solo defienden sus intereses, por eso no nacionalizan los bancos, no persiguen a banqueros corruptos, sino que les indultan, no luchan contra el fraude fiscal, en gran parte diseñado y ejecutado desde los propios bancos, no se persiguen los paraísos fiscales, no regulan el mercado financiero, etc.etc.etc.

Pero lo peor de la jugada de los bancos no acaba aquí. Su grado de cinismo llega a tal extremo que, habiéndonos metido a todos en una crisis provocada por ellos, habiendo hecho que todos los 2ciudadanos tengamos, vía más impuestos o menos derechos, que pagar su mala gestión y su criminal especulación, se permiten, además, ampararse en una ley totalmente injusta y obsoleta como es la ley hipotecaria española, que tiene más de cien años de antigüedad, para desahuciar de sus casas y dejar en la calle a aquellos clientes a los que empujaron a endeudarse colocándoles las hipotecas. Esa ley, absolutamente contraria a la justicia, permite a los bancos quedarse las casas por una cuarta parte de lo que ellos mismos las habían valorado y que, además, su cliente, ese ciudadano cuyo único delito ha sido no poder pagar la cuota de la hipoteca, pierda la casa, se quede en la calle y siga debiendo al banco la diferencia entre lo que el banco ha valorado ahora la vivienda que le ha quitado y lo que queda por pagar de la hipoteca. Es decir, que se queda en la calle, sin casa y endeudado de por vida con el banco. En la inmensa mayoría de los desahucios se da la dramática circunstancia de que el cliente no puede hacer frente al pago de la hipoteca porque se ha quedado en paro, un paro que han provocado precisamente los propios bancos al cerrar el crédito a las empresas.

Por eso llamar crisis a lo que estamos sufriendo es un insulto a la inteligencia y a los ciudadanos. Un insulto cruel y despiadado. Esto no es una crisis, es una estafa, una estafa de la que los 1353178824396banqueros y los políticos son los máximos responsables. Algunos banqueros o políticos acabarán en la cárcel y, con suerte, puede que no sean indultados, por los casos de corrupción tan flagrantes que han cometido. Sin embargo no hay ni un solo banquero ni político no ya en la cárcel que es donde deberían estar, sino en el paro por esta estafa tan cuidadosamente planeada y ejecutada que han llevado a cabo a toda la sociedad: todos siguen ocupando los puestos desde los que propiciaron la estafa y siguen cobrando los multimillonarios sueldos y prebendas que siempre han cobrado, mientras los inocentes ciudadanos a los que convencieron para que se endeudasen comprando una casa, a los que empujaron al paro, a los que intentan dejarles sin prestaciones de desempleo ni pensiones, a los que han obligado a rebajar su sueldo, a los que se quedan en la calle desahuciados, a los que se quedan endeudados con los bancos de por vida, a todos esos ciudadanos las leyes aprobadas Alfredo Sáenz con Emilio Botinpor los políticos a instancias de los banqueros les consideran peligrosos criminales por protestar en la calle, por participar en manifestaciones y escraches en defensa de sus derechos. A quien hay que desahuciar es a los banqueros y a los políticos, no a los ciudadanos. Pero la realidad, desgraciadamente, es muy distinta y muy cruel. Acaba de conocerse que Alfredo Sáenz, el consejero delegado del Banco Santander, uno de los pocos banqueros que habían sido juzgados y condenados en firme, por supuesto no por la estafa que han provocado porque de eso no han juzgado a ninguno, sino por un delito de falsedad del que el gobierno de Zapatero le había indultado, ha dimitido de su cargo porque, a pesar de que el gobierno de Rajoy acaba de aprobar una ley hecha a su medida para que pueda continuar en ocupándolo, existían serias dudas sobre si legalmente una persona condenada en firme, aunque hubiese sido indultada, podía ocupar un puesto de esta responsabilidad en un banco. Es un banquero que se va a su casa, sí, pero con una indemnización que ronda los cien millones de euros (casi diecisiete mil millones de las antiguas pesetas). Hechos como éste son la verdadera violencia, y no la de los escraches y las protestas callejeras que los políticos criminalizan tan alegremente. Están tensando tanto la cuerda que el día menos pensado se romperá y estallará todo en mil pedazos. Entonces se preguntarán ¿cómo pudo ocurrir esto? Pero ya será tarde. La sangre correrá por las calles.

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¡¡NO SIN CULTURA!!

4 noviembre, 2012

Es propio de las dictaduras y de los regímenes no democráticos perseguir cualquier tipo de disidencia o cualquier factor que pudiera suponer una amenaza para su supervivencia. La cultura, tanto hoy como a lo largo de la historia, ha sido, junto con la educación, el mayor enemigo de los dictadores y las injusticias. Cultura y educación enseñan a pensar, a cuestionarse las cosas, a verlas de otro modo, a no admitir como único el dogma establecido, a buscar otras soluciones, a crear utopías y realidades. Han sido y son el motor del pensamiento y por ello son brutalmente perseguidas por todos los regímenes dictatoriales. Nuestro gobierno, blindado en su mayoría absoluta (conseguida todo sea dicho con un programa electoral que no incluía las aberrantes y criminales medidas económicas que está llevando a cabo), parece seguir empecinadamente el camino de esas dictaduras. No le hace falta (al menos por el momento), sacar al ejército a la calle para imponer su ley. Le basta con utilizar las nuevas y poderosas armas que tiene a su disposición para acabar con la educación y la cultura: los recortes presupuestarios, la reducción y/o eliminación de las ayudas públicas, el aumento de la carga impositiva como el IVA o las tasas universitarias, el bloqueo de las instituciones (como hizo con TVE paralizando la producción de series de ficción), etc. etc. etc.

No cabe duda de que la educación y la cultura no son hechos aislados en la política de desmantelamiento y recortes sociales que este gobierno está llevando a cabo. Todos los sectores, excepto la banca, las grandes corporaciones, las grandes fortunas, el fútbol y la iglesia, están sufriéndolos. Pero es en ellos donde puede verse con más claridad la intencionalidad política que hay detrás de esta política de recortes salvajes. El varapalo a la educación pública ha sido mayúsculo: reducción del número de docentes, aumento del número de alumnos por aula, eliminación de actividades, aumento del IVA del material escolar, disminución de las becas, aumento de las tasas universitarias, etc. Cargarse la educación pública es negar la igualdad de oportunidades a la sociedad. Solo los ricos podrán ir a los colegios de pago o concertados que tendrán muchísimos más recursos que los públicos. He ahí una clara intencionalidad política de esos recortes: que los hijos de los pobres no estudien. Hay otras muchas, no cabe duda, como se puede ver en la nueva ley de educación impulsada por ese pirómano social que es uno de los mayores fundamentalistas de la teoría neoliberal: el ministro Wert. La tentación de centralizar el estado y volver a aquella que decían que era una, grande y libre es cada vez más irresistible para este gobierno. Y con la cultura pasa exactamente lo mismo. ¿Cómo explicar, si no, que pasen el IVA del 8 al 21% sabiendo como saben (no en vano se les han hecho llegar informes de empresas especializadas independientes que lo demuestran), que con esa medida no solo provocarán el cierre de cientos de empresas del ámbito cultural y miles de despidos, sino que lo que conseguirán es incrementar el déficit, porque al caer la recaudación el estado ingresará menos IVA y tendrá que soportar más gastos a través de las coberturas de desempleo, etc.? Tienen, además, la experiencia de los demás países que incrementaron el IVA de las entradas de cines y teatros y tuvieron que volver a bajarlo inmediatamente porque los resultados fueron catastróficos. Pero este gobierno, con sus pitbulls Wert y Montoro, a la cabeza sigue erre que erre empeñado en no enmendarla. ¿Por qué? ¿Puede entenderse que consideren un lujo toda actividad cultural y un artículo de primera necesidad al fútbol, al que no le han subido el IVA ni le han reclamado los más de 750 millones de euros que los clubes deben a hacienda? ¿Son acaso tan torpes como para no darse cuenta de que subiendo el IVA empeorarán la crítica situación del sector cultural y no conseguirán los resultados económicos que anuncian? No, claro que no. Lo que pasa es que la motivación que hay detrás de estas medidas no es económica, sino política: quieren acabar con un sector que no les es afín, que es capaz de despertar conciencias y que les ha criticado desde los tiempos del NO A LA GUERRA…

Que un ministro de hacienda de un país que se llama a sí mismo civilizado diga públicamente que la cultura es entretenimiento es un insulto a la inteligencia y una provocación a la ciudadanía. Que el ministro de Educación, Deporte y Cultura no le corrija denota que no estamos frente a un hecho aislado, a un error involuntario, sino frente a una estrategia cuidadosamente calculada desde una forma de entender y hacer la política propia de las dictaduras. La desfachatez y el cinismo de este gobierno es de juzgado de guardia ¿Cómo puede permitirse que la Ministra de Empleo diga, el día en que se conoce el peor dato del paro de la historia de este país superando por primera vez el 25% de la población, que estamos saliendo de la crisis? En este país hay 5.778.100 personas buscando empleo sin encontrarlo. Y en pocos meses serán, seremos, más de seis millones quienes estaremos en esa situación gracias precisamente a las políticas llevadas a cabo en sectores como cultura y educación entre otros.

Nos han robado nuestra democracia, una democracia coja, ciega y deficiente, sí, una democracia que jamás ha llegado a ser una democracia real, también, pero una democracia que podíamos intentar cambiar y mejorar. Y nos la han robado para llevarnos a una dictadura criminal que ensancha irreversiblemente el abismo que separa a ricos de pobres, que nos hace cada día más pobres a la inmensa mayoría y más ricos, escandalosa y obscenamente ricos, a unos pocos. Están dando un golpe de estado financiero que nos está ahogando a todos los que no somos los verdugos, nuestros políticos son títeres inertes de los banqueros europeos parapetados tras el eufemismo de los “mercados” en esta cruel pantomima que ellos llaman crisis cuando no es más que una estafa. Se han cargado nuestro presente y, si no lo impedimos ya, el futuro de nuestros hijos y el de los hijos de nuestros hijos.

Nos dicen y nos repiten tanto que no hay alternativas y que lo que pasa es por nuestra culpa, porque hemos vivido por encima de nuestras posibilidades, que hemos acabado por creerlos. Pero hay alternativas, claro que las hay: cambiar nuestra anquilosada y totalmente desfasada Constitución, acercando el poder a quien verdaderamente le pertenece: la ciudadanía, perseguir el fraude fiscal (un fraude que se concentra en un 80% precisamente entre las grandes corporaciones y fortunas y que asciende a más de 45.000 millones de euros al año), renegociar nuestra deuda externa, negarnos a pagar la “deuda odiosa” y aplazar los pagos de la que realmente nos corresponda, hacer un frente común con nuestros vecinos del sur de Europa para exigir que el Banco Central Europeo y el euro sean de todos los europeos y no solo de los más ricos, acabar de una vez con los paraísos fiscales, etc. etc. etc.

En nuestro país se están produciendo más de quinientos desahucios cada día. Dos mil ciento cincuenta personas van al paro diariamente desde que, hace poco más de dos años, empezaron con las reformas laborales que tanto empleo nos dijeron y prometieron que iban a crear. En este país tan nuestro, nueve personas se suicidan cada día y tres de ellas lo hacen desesperadas por su situación económica ¿Hasta cuándo vamos a permitir que esto siga pasando? ¿Cuántos desahucios más necesitamos para darnos cuenta de que esta política nos lleva a todos a la ruina? ¿Cuántos parados más tendremos que permitir para salir a la calle y decirle a este gobierno y a sus jefes, los banqueros, hasta aquí hemos llegado?, ¿Cuántos muertos más son necesarios para que abramos los ojos y detengamos este crimen?

Hoy, callar o mirar a otro lado, pretender ser “apolítico”, pensar que esto no va con uno, no salir a defender nuestros derechos a la calle o donde se tengan que defender, es ser cómplice de esta barbarie.

Todos los sectores de la población, todos los ciudadanos, estamos llamados a defender sus derechos. El sector de la cultura lo está haciendo desde diversos ámbitos y acciones. Una de ellas es la auspiciada por la plataforma NO SIN CULTURA, que agrupa a todos los sectores culturales y que nos ha convocado a todos los ciudadanos, porque esta situación es algo que nos afecta directamente a todos, a una primera acción a la que seguirán muchas más hasta conseguir acabar con esto. Será mañana, 5 de noviembre, a las 18h. en la Plaza Santa Ana de Madrid. Allí iremos todos vestidos de negro y nos pondremos una soga de ahorcado al cuello para mostrar a la prensa nacional e internacional lo que este gobierno está haciendo con nosotros: ahorcarnos. También guardaremos un minuto de silencio, que romperemos encendiendo nuestros móviles para mostrar que la cultura es una luz que nos puede sacar a todos, y nos sacará, de estos tiempos oscuros. Aquí tienes el manifiesto que se leerá en ese acto.

Manifiesto en defensa de la Cultura

“Los recortes en la inversión pública y las medidas antisociales que el Gobierno ha adoptado en su política cultural son la consecuencia de tres planteamientos muy corrosivos: la conformidad estratégica con la destrucción de puestos de trabajo, una idea insustancial de la cultura y un menosprecio alarmante por la ciudadanía española.

El desempleo es sin duda el problema fundamental de nuestra sociedad. No se entiende que todas las medidas adoptadas para combatir la crisis económica que padecemos estén más preocupadas por controlar el déficit y solucionar los problemas de los bancos que por la creación de puestos de trabajo. Las reformas laborales impuestas por los gobiernos de José Luis Rodríguez Zapatero y Mariano Rajoy sólo han servido para facilitar el despido y dañar la dignidad laboral de los que todavía tienen la suerte de encontrar o conservar un empleo. Porque el paro, desde la reforma laboral de Zapatero, en Junio de 2010, que era de 3.892.000 personas, ha aumentado en 1.800.000 parados más, a día de hoy. A los que hay que añadir los cientos de miles de jóvenes licenciados que la política de recortes de nuestro gobierno ha empujado al exilio económico en otros países de Europa.

El sector de la cultura supone el 4% del Producto Interior Bruto de España y da empleo directo a más de 600.000 personas. El desmantelamiento de la inversión pública y la subida del IVA del 8% al 21 % para los espectáculos culturales está provocando la paralización del sector, el cierre de empresas y el despido de muchos trabajadores. Las ayudas económicas a la producción cultural se han reducido, entre los años 2011 y 2013, un 75 % por parte del gobierno central y se han suprimido totalmente en la mayoría de ayuntamientos y autonomías. Los daños se proyectan de manera irreversible hacia el futuro porque afectan a la formación y las posibilidades de los artistas más jóvenes. Confundir la cultura con el rostro de algunos nombres famosos significa desconocer de un modo demagógico la realidad humana, económica y laboral de la música, el cine, el teatro, la literatura y el arte.

La confusión de la cultura con una idea insustancial del entretenimiento es una operación neoliberal para separar a los ciudadanos de la educación intelectual y sentimental, un derecho imprescindible para la formación de las conciencias críticas. Educación y cultura son el fundamento de un contrato social de carácter democrático. La Constitución Española, en su artículo 44.1, defiende la cultura como un bien público que debe ser protegido por el Estado. La operación de considerar los productos culturales como objetos de lujo y su abandono posterior a los mecanismos exclusivos del mercado y de los intereses privados supone un intento elitista de rebajar la educación de la ciudadanía, impedir su formación colectiva y facilitar un panorama en el que triunfen la demagogia, los instintos bajos y las manipulaciones mediáticas de los poderes financieros. Sin la educación de las sensibilidades individuales resultan imposibles el respeto y las voluntades solidarias que crean los vínculos de una comunidad. El desprecio a la cultura provoca la incapacidad de comprensión mutua, porque implica el desmantelamiento del pasado común, la falta de diálogo en el presente y la cancelación del futuro.

Los ciudadanos holandeses y franceses que compran una entrada de teatro pagan un máximo del 4,5 % de IVA. Los ciudadanos alemanes, el 7%. Pero su salario mínimo interprofesional es de 1.445 € al mes, mientras en España es de 641 € mensuales. Y Portugal, un país rescatado e intervenido, y en peor situación que España, se mantiene en el 13 %. Que los ciudadanos españoles tengamos que pagar el 21% es una muestra más del desprecio con el que somos tratados por un Gobierno que ahoga a su población y obedece las directrices de la banca alemana y de la política neoliberal impuesta por la derecha europea.

Los trabajadores y las trabajadoras de la cultura queremos denunciar esta situación y unir nuestras fuerzas a todas las personas y las organizaciones que están luchando por defender la dignidad de los ciudadanos españoles y el derecho constitucional a un puesto de trabajo. Cada individuo afectado sufre la crisis en la incertidumbre de su propia soledad. Pero las soluciones nos esperan allí donde seamos capaces de reunirnos. Por eso nos comprometemos a movilizarnos de manera colectiva para defender la democracia, la justicia social y los servicios públicos en nuestro país y en una Europa diferente.”

El acto del día 5 es el primero, el siguiente es la huelga general del 14 de noviembre… y tras ellos vendrán más, muchos más, todos los que hagan falta hasta cambiar la aberración que están haciendo con este país. Y la vamos a cambiar, no lo dudes…

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¡Vamos a contar verdades!

2 junio, 2012

A fuerza de repetirnos las mentiras una y mil veces no han conseguido que se conviertan en verdades, pero sí que muchos de nosotros nos las creamos. Ese es nuestro gran error, un error que nos adormece y que permite que quienes nos están robando nuestros derechos puedan hacerlo impunemente, sin que los ciudadanos salgamos a la calle para impedir este expolio criminal del estado del bienestar que tantos años y sacrificios costó crear. El sistema es tan sofisticado y aparentemente complejo que hace que muchos de nosotros pensemos que es imposible enfrentarse a él, que no hay más solución que aceptar recorte tras recorte y expolio tras expolio. Pero hay soluciones, y son soluciones no solo teóricas, sino que han mostrado su viabilidad en la práctica. Otras políticas son posibles. La clave está en que entendamos las reglas del juego al que nos están obligando a jugar, o nos seguiremos viendo como lo que somos ahora: pollos sin cabeza que correteamos a toda prisa de aquí para allá para tapar este agujero o apagar aquel incendio. Para eso es necesario desmontar sus mentiras. Así que ¡Vamos a contar verdades!

1) EL ORIGEN DE LA CRISIS SE DEBE A QUE HEMOS GASTADO DEMASIADO Y AHORA TENEMOS QUE PAGARLO

Mentira. Mientras el PIB español (la riqueza que como país producimos cada año) equivale al 94% del PIB promedio de la Europa de los 15 (UE-15, es decir, los países más ricos de la UE), nuestro gasto social solo alcanza al 72% del que en promedio gastan ellos. En otras palabras, que casi somos tan ricos como ellos pero solo tenemos tres cuartas partes de los derechos sociales que ellos tienen.

Hay un dato que demuestra claramente que no hemos gastado más de lo que ingresamos, que no hemos vivido “por encima de nuestras posibilidades” como nos dicen, y es que España tenía superávit presupuestario en 2007, es decir, que antes de la crisis ingresaba más de lo que gastaba, por lo que difícilmente nuestro “excesivo” nivel de gasto pudo provocar la crisis. Ha sido precisamente desde que estalló la crisis cuando se ha invertido la tendencia y hemos pasado de tener superávit a tener déficit. O dicho en otras palabras, el déficit no ha sido el causante de la crisis, sino que la crisis ha sido la causante del déficit.

2) COMO GASTAMOS MÁS DE LO QUE INGRESAMOS NO TENEMOS MÁS REMEDIO QUE RECORTAR NUESTROS GASTOS PARA ELIMINAR EL DÉFICIT PRESUPUESTARIO

Mentira. Tener déficit presupuestario significa que los gastos son superiores a los ingresos, pero para reducirlo o eliminarlo, se pueden reducir los gastos o aumentar los ingresos. El resultado económico será el mismo, desaparecerá el déficit, pero el sacrificio que habrá que pagar por ello será totalmente diferente. Reduciendo el gasto seremos todos los que las pasaremos verdaderamente canutas mientras que aumentando los ingresos serán, en todo caso, los pocos más privilegiados, quienes paguen lo que ahora están defraudando. El Estado tiene dos formas de aumentar los ingresos: haciendo que la economía crezca o aumentando los impuestos.

¿Pagamos menos impuestos que nuestros socios europeos? Los ingresos del Estado español representan un 32% de su PIB mientras que la media de la UE-15 es del 44% (que llega hasta un 54% en países como Suecia). Este dato podría indicar que efectivamente, en nuestro país pagamos menos impuestos que los que pagan nuestros socios europeos. Pero analizando un poco más profundamente este dato comprobamos que mientras el trabajador asalariado español paga unos impuestos similares a los que pagan los trabajadores asalariados europeos, las grandes fortunas y las grandes corporaciones y empresas españolas están pagando una quinta parte de lo que pagan sus homólogos europeos. Según cifras de la propia Agencia Tributaria del Estado español, un empresario ingresa menos que un trabajador y las grandes empresas solo pagan un 10% de sus beneficios. La desproporción entre la fiscalidad de las rentas de trabajo y las de capital es uno de los mayores desequilibrios existentes en nuestro país. Y no estamos hablando de evasión fiscal, sino de elusión fiscal, es decir, dejar de pagar impuestos legalmente, con instrumentos, por ejemplo, como las SICAVs, sociedades de inversión colectiva en las que las grandes fortunas depositan sus ahorros y que solo tributan al 1%. La evasión fiscal es también un deporte nacional en este país donde, según diversas estimaciones, la economía sumergida podría representar un 24% de nuestro PIB. También en esto los que más tienen son los que más defraudan: según el último informe elaborado por los Técnicos del Ministerio de Hacienda agrupados en GESTHA, el volumen de fraude fiscal de las grandes fortunas, corporaciones y grandes empresas en España asciende a 43.000 millones de euros (equivalentes al 72% del fraude total que existe en España). ¿Por qué no usar esos 43.000 millones de euros para reducir el déficit en lugar de recortar los gastos de educación, sanidad, cultura, ayuda al desarrollo, investigación…?

La conclusión es clara, los trabajadores españoles, esos que de verdad sufrimos los recortes de nuestros derechos sociales, pagamos los mismos impuestos que los trabajadores europeos, pero los millonarios españoles pagan solo el 20% de lo que pagan los millonarios europeos. Es ahí, incrementando los recursos para la inspección fiscal y abordando una verdadera reforma fiscal que sea más justa y equitativa, donde podemos incrementar los recursos que nos permitan reducir el déficit. Sin embargo la partida presupuestaria destinada a dotar de recursos a la inspección fiscal es una de las más bajas de Europa y se ha reducido todavía más gracias a la política de recortes llevada a cabo, y las perspectivas a corto/medio plazo de que nuestros políticos aborden de verdad una reforma fiscal como la que necesitamos son prácticamente nulas.

3) TENEMOS QUE BAJAR LOS SALARIOS Y FLEXIBILIZAR EL MERCADO LABORAL PARA AUMENTAR LA COMPETITIVIDAD DE NUESTRAS EMPRESAS

Absolutamente mentira. No deja de ser curioso y contradictorio que quienes exigen que bajemos los salarios y flexibilicemos el mercado laboral sean países que, como Alemania, tienen salarios altos y un mercado laboral muy reglamentado. Y además que nos lo exijan, precisamente, a los países que tenemos los salarios mas bajos de la Unión Europea (en 2007, por ejemplo, el salario medio en euros estandarizados, es decir homologando la capacidad de adquisición entre países de distinto nivel de riqueza, en España era de 27.348 euros, de 24.485 en Grecia y de 20.072 en Portugal, mientras que en Dinamarca era de 36.184, de 38.145 en Gran Bretaña y de 44.602 en Luxemburgo). Pero lo más contradictoriamente hipócrita y cruel de todo es que pretendan argumentar que la elevadísima tasa de paro de España se debe a lo elevado de los salarios que se pagan aquí y a la rigidez de nuestro mercado laboral. ¿Cómo explican entonces que Alemania tenga un nivel de paro tan inferior al español si paga salarios más altos y su mercado laboral está mucho más reglamentado que el nuestro?

Enlazando ahora con el punto 2) anterior, la otra alternativa para aumentar los ingresos del Estado español y con ello reducir el déficit, es la de implementar políticas económicas orientadas al crecimiento, no a la austeridad, que son las únicas que estamos llevando a cabo. La doctrina neoliberal de Merkel y compañía se centra, exclusivamente, en reducir los costes y los gastos. Si bajamos los salarios, nos dicen, nuestros productos podrán ser más baratos y los comprarán más. Eso hará crecer la economía, disminuir el paro y generar más ingresos procedentes de los impuestos para el Estado y menos gastos (si disminuye el paro se pagarán menos subsidios de desempleo). La realidad, tozuda, es bien distinta. Si bajan los salarios disminuye la capacidad de compra de los consumidores, por lo que aunque los productos sean más baratos, cada vez menos personas pueden comprarlos. Las únicas empresas que podrían beneficiarse de una política de bajadas salariales generalizadas y de flexibilización del mercado laboral como la que lleva a cabo España son las que producen aquí sus productos pero los venden íntegramente fuera, los exportan a países que no están en crisis. Pero, ¿Es ese el modelo de empresa dominante en España? No. Lo que tenemos aquí son una gran masa de pequeñas y medianas empresas que venden sus productos a nivel nacional y unas cuantas grandes empresas que exportan una parte importante de su producción, que son las únicas que realmente se benefician de los salarios bajos. ¿Qué estamos viendo en los países que, como Grecia, han llevado a cabo políticas neoliberales de recortes y reducción de salarios? ¿Han crecido? No. Todo lo contrario, cada vez tienen menos consumo interno y menos capacidad de ahorro, por lo que cada vez dependen más de la deuda en manos de la banca extranjera para poder evitar la bancarrota. Cuantos más recortes, más recesión económica. Y no nos olvidemos, empezaron con Grecia, luego intervinieron las economías (bajo el eufemismo de llamar “rescate” a esa intervención) de Portugal y de Irlanda. Al paso que vamos, y si no cambian rápida y drásticamente las políticas económicas de recorte tras recorte que nos están obligando a hacer, España será intervenida, perdón quería decir “rescatada”, en breve.

Muchos pensarán que no hay otra alternativa, pero se equivocan. Si repasamos la historia moderna veremos que las grandes crisis económicas se han solventado con políticas expansivas de crecimiento, no con las de los de recortes y la austeridad calvinista que nos propone la doctrina fundamentalista neoliberal. Estados Unidos salió de la Gran Depresión de 1929 haciendo precisamente lo contrario de lo que nosotros estamos haciendo ahora. Ellos, en lugar de reducir los salarios, los aumentaron, sí los aumentaron, y, además redujeron la jornada laboral. ¿Qué consiguieron con ello? Que los consumidores tuviesen más dinero y más tiempo para comprar. Las empresas aumentaron sus ventas y contrataron a más trabajadores para poder producir más. Eso hizo disminuir el paro, aumentar el consumo y hacer crecer a la economía. El crecimiento de la economía se tradujo en mayores ingresos para el Estado ya que al haber mayor actividad económica recaudaba más impuestos y en menores gastos ya que disminuía el gasto social y también el financiero, porque tenía menos deuda y podía financiarse a un tipo de interés más bajo. La gente pasó del pánico generalizado a tener una esperanza real de que las cosas irían a mejor y, lo que es más importante, a sentir en sus bolsillos que las cosas estaban yendo mejor. Eso es lo que generó confianza, la confianza necesaria para salir de una crisis.

Nos dirán que esto no se puede hacer porque no hay dinero para aumentar los salarios. Mentira. También nos dijeron durante años que no había dinero para cumplir con el objetivo del 0,7% para ayuda al desarrollo y en cambio de la noche a la mañana “aparecieron” los cientos de miles de millones de euros que se dieron a los bancos para evitar su colapso. Solo con el 1% de lo que les dieron a los bancos se habría resuelto el hambre de millones de personas. También nos acaban de decir que tenemos que tragar con los brutales recortes en educación y sanidad porque no hay dinero y como por arte de magia se le van a dar 23.465 millones de euros a Bankia. ¿Que las empresas tal y como están no podrían aumentar el sueldo de sus trabajadores? Pues que el Estado implante una prestación compensatoria para las mujeres que se dedican a las tareas domésticas de sus casas, tareas que ni están reconocidas ni valoradas porque las hacen sin cobrar, aunque sí son un trabajo y como tal debería ser remunerado. Con esa inyección extra de dinero en los hogares españoles se resolverían multitud de casos verdaderamente dramáticos, se generaría mayor estabilidad en las familias y aumentaría el consumo, lo que también provocaría una caída del paro. Hasta los bancos saldrían beneficiados ya que descendería la tasa de impagados que ahora tienen y tendrían que provisionar menos dinero en sus cuentas de resultados.

4) SOLO AUMENTANDO LA COMPETITIVIDAD EXTERIOR DE NUESTRAS EMPRESAS PODREMOS HACER QUE LA ECONOMÍA CREZCA

Mentira. La teoría de que las empresas más competitivas (entendiendo la competitividad desde una perspectiva tan limitada como la de considerar que es la capacidad de producir un producto a un coste menor que el de los competidores) son las que pueden subsistir en un mercado tan competitivo como éste se basa en un modelo de mercado perfecto, en el que todos los países producen exactamente los mismos productos. Pero eso no se da en la realidad. Hay tal diversidad de productos, de plazos de entrega, de calidades, de diseño, de servicio posventa, etc. que el precio, aún siendo importante, no es la principal ventaja competitiva. Es mucho más barato comprar un buen zapato que nos dura años que cinco muy baratos pero que tenemos que tirar cada temporada. La competitividad, por tanto, no hay que buscarla solo abaratando los costes laborales, ya que hacer de ello nuestra principal ventaja competitiva nos lleva directamente a tener que competir con países como China o India, que tienen unas condiciones laborales que se asemejan más a la esclavitud que a otra cosa y contra los que, en costes, jamás podremos competir. Donde tenemos que buscar nuestra competitividad es en el valor añadido de nuestros productos: en el diseño, el rendimiento, la calidad. Pero para ello necesitamos enfrentarnos al verdadero problema que tiene la economía de este país: su modelo económico, su modelo productivo.

En efecto, nuestro modelo económico está basado en el ladrillo: la construcción era el gran motor de nuestra economía porque es un sector que impulsa el crecimiento (y más si se hace a base de la especulación criminal que se ha hecho con el suelo en España en los últimos años) y da trabajo a otros muchos sectores (construir una casa no solo da trabajo al arquitecto y al aparejador que la diseñan y a los albañiles que trabajan en ella, sino que también se lo da a multitud de proveedores como fabricantes de puertas, de ventanas, de cable, de cerraduras, de yeso, de cemento, de pintura, de ladrillo, de hierro, de mármol, de gres, de electrodomésticos, a gestorías, compañías de seguros., bancos, etc. etc. etc.) Ahora bien, el valor añadido de la construcción en sí es muy bajo ya que se basa, fundamentalmente, en el coste de su mano de obra. ¿Qué ha pasado cuando ha explotado la burbuja inmobiliaria y la construcción se ha ido al garete? Que nos hemos quedado sin el motor de nuestra economía y, lo que es más grave, hemos constatado que no estamos preparados para competir en sectores de mayor valor añadido (tecnológicos, diseño, etc.), contra países como Francia o Alemania.

El caso de la industria del automóvil en Alemania y en España puede ser un buen ejemplo para entender este punto: Las principales marcas de automóviles son alemanas. Los coches son diseñados allí y fabricados en diferentes países donde los costes de producción (laborales entre otros) son más bajos. Es decir, que allí es donde está realmente la investigación, el desarrollo y la innovación de los coches. En España, por el contrario, no se diseñan los coches, sino que únicamente se fabrican algunos modelos. Pues bien, a nivel fiscal, España solo cobra impuestos de los coches vendidos (en España o en el extranjero) fabricados en España, mientras Alemania cobra impuestos de todos los coches de marcas alemanas que se venden en el mundo, con independencia de dónde se hayan fabricado y de dónde se vendan. De ahí la importancia de cambiar nuestro modelo productivo y orientarlo a sectores de alto valor añadido.

Y ¿cómo poder ser competitivos en estos sectores? La respuesta es muy clara: invirtiendo en educación y en investigación, innovación y desarrollo. Y ¿qué estamos haciendo nosotros? Todos conocemos los recortes que está sufriendo la educación pública en España, por lo que no es necesario extenderse en comentarios para explicar que en educación estamos haciendo precisamente todo lo contrario a invertir. Para los que no estén familiarizados con las cifras de los presupuestos generales del Estado en cuanto a Investigación, Innovación y Desarrollo basta señalar que los 9.662 millones de euros destinados a ello en el año 2.009 se redujeron a 7.576 millones en 2010 y se han vuelto a reducir en 2012 hasta menos de 6.400 millones de euros. En otras palabras, de nuevo hacemos todo menos invertir. Y eso es especialmente grave si tenemos en cuenta que los 9.662 millones de euros de 2009 eran ya muy inferiores a lo que invertían nuestros socios europeos. En resumen, España era uno de los países de la Unión Europea de los 15 que menos invertía en educación y en I+D+i, a pesar de ser uno de los que más necesitaba invertir en ello, y actualmente cada año invertimos menos mientras nuestros socios invierten más. ¿Podremos ser competitivos de seguir así en algo que no se base únicamente en salarios bajos y en facilidades de despido?

5) TODO ESO ESTÁ MUY BIEN, PERO NO TENEMOS DINERO Y DEPENDEMOS DE QUE LOS BANCOS EXTRANJEROS Y LA UNIÓN EUROPEA NOS FINANCIEN, ASÍ QUE NO PODEMOS HACER OTRA COSA

De nuevo mentira. España está endeudada, es cierto, pero también lo es que lo está mucho menos que otros de nuestros socios europeos. En 2006 la deuda pública española representaba un 39,6% del PIB y pasó al 60,1% en 2010, debido a la caída de los ingresos provocada por la crisis y el aumento de los gastos (entre otros los propios intereses y la famosa prima de riesgo, que es el diferencial que paga la deuda española por encima de la alemana). El límite de endeudamiento que fija la Unión Europea es del 60% de PIB, es decir que nuestra economía no estaba excesivamente endeudada. Alemania, que tanto habla, tenía en el 2006 una deuda equivalente al 67,6% de su PIB y en 2010 subió hasta un 83,2%.

El problema de España no es, por tanto, que tenga una elevada deuda pública. Otro cantar es el de la deuda privada, es decir, la deuda que los bancos tienen con sus clientes privados. Si tenemos en cuenta que la distribución de la riqueza en España lleva décadas orientada a hacer que los pocos ricos sean cada vez más ricos y que los pobres sean cada vez más pobres, y que, además, sean precisamente los más ricos quienes tengan más facilidades para “ocultar” su patrimonio y sus ahorros, no cuesta entender que la capacidad de ahorro del español medio es baja, muy baja y en muchos casos nula y que, en mayor o menor medida, está abocado a endeudarse para poder hacer frente a sus gastos, especialmente el de la vivienda. Según el Banco de España, en 2002 un 42,5% de las familias españolas tenían que dedicar más del 40% de sus ingresos de su renta a pagar las deudas contraídas para pagar su vivienda, porcentaje de familias que solo tres años más tarde, en 2005, había pasado ya del 70%.

Impulsados por un entorno de tipos de interés bajos y un crecimiento imparable del precio de la vivienda, los bancos españoles hallaron su filón de negocio en el mercado inmobiliario. Todos recordamos las jugosas ofertas que nos hacían bancos y cajas impulsándonos a comprar pisos. Llegó a ser más baja la cuota mensual de una hipoteca que el alquiler de una vivienda y eso hizo que se extendiese la percepción de que quien alquilaba una vivienda era tonto ya que estaba “tirando” el dinero en lugar de “ahorrarlo” comprando la vivienda. Obcecados por crecer y ganar cada día más, los bancos impulsaron ese negocio introduciendo conceptos que el cliente medio no estaba preparado para asimilar: tipos de interés variable, financiación en divisas, swaps, etc. Todo valía con tal de crecer. En una economía que crecía y en la que el precio de las viviendas (que eran la garantía de esos créditos) crecía todavía más, muchos creyeron que había margen para la especulación ilimitada. Además, la idea de que el precio de las vivendas no podía bajar era un dogma de fe. Decir que no era verdad y que podían caer, como cíclicamente ocurre en otros países, era exponerse a ser condenado por agorero e inculto a la hoguera de los marginados. Sorprendentemente las instituciones internacionales que, en teoría, debían velar por el bien de nuestra economía (como el Fondo Monetario Internacional, el Banco Central Europeo o la Comisión Europea) atacaban y ponían todo tipo de trabas al endeudamiento público (que es generador de empleo y riqueza) y callaban escandalosamente frente al desorbitado crecimiento del endeudamiento privado, que pasó de 700.000 millones de euros en 2001 a 1,8 billones de euros en 2008, de los que el 70% se destinó al sector construcción y sus sectores afines. Pronto los bancos españoles agotaron la capacidad interna de crédito (la que tenían concediendo créditos utilizando solo los depósitos de sus clientes), y pidieron créditos a bancos extranjeros (alemanes principalmente) para seguir financiando aquel paraíso que era la financiación inmobiliaria en España. Los bancos alemanes, queriendo sacar también su tajada de aquel esplendoroso negocio, no dudaron en prestar dinero a los bancos españoles para que lo prestasen a sus clientes que compraban y compraban unas viviendas que subían de precio de día en día. Pero al final el globo explotó y las viviendas dejaron de venderse. A la caída de ventas siguió la caída de los precios, y con la caída de éstos, muchas de las garantías hipotecarias pasaron a valer menos de lo que los clientes debían a los bancos. Asustados, los bancos dejaron de prestar dinero y provocaron que el sistema económico se colapsase. Sin dinero las empresas no podían financiar sus ventas, por lo que dejaron de vender. El número de impagados aumentó de forma vertiginosa y con él el número de empresas que tuvieron que cerrar. Así es como lo que empezó siendo una crisis financiera acabó siendo una crisis económica sin precedentes que se ha llevado todo por delante. El número de personas que perdieron su empleo creció de forma imparable y con ellos el de personas que ya no podían pagar sus hipotecas. Muchos bancos se vieron en serias dificultades para no entrar en bancarrota y exigieron la ayuda del Estado. En 2008, todos los países industrializados corrieron a prestarles cientos de miles de millones de dólares y de euros para evitar el tan temido colapso financiero.

La crisis hizo que los bancos cerrasen aún más el “grifo” del crédito a la empresa privada que, sin su financiación, se vio, en mayor medida todavía, abocada a cerrar. El resultado: más impagados y más parados. Haber adoptado en aquel momento políticas que hubiesen potenciado el crecimiento económico y haber hecho que el Banco Central Europeo hubiese tomado el mando de la situación inyectando dinero directamente al sistema hubiese paliado los efectos de esta crisis que ahora todos estamos padeciendo. Pero no lo hizo. Se limitó a prestar cientos de miles de millones de euros a los bancos para que solucionasen sus problemas de liquidez y de rentabilidad y abriesen de nuevo el crédito a las empresas y a los particulares. Pero  tampoco lo hicieron. Invirtieron todos aquellos cientos de miles de millones de euros por los que pagaban un interés del 1% en deuda pública de diferentes países por la que cobraban ente un 3 y un 7%. No contentos con eso, se han permitido el lujo de especular contra la deuda de esos mismos países al poner en duda la solvencia de los Estados emisores de la deuda en la que invirtieron, presionándoles de manera criminal para que implanten esas políticas de reducción del déficit a base de recortes y de austeridad espartana que todos conocemos. Y, para más desfachatez, lo han hecho sin haber devuelto los cientos de miles de millones que los países industrializados les prestaron hace cuatro años. Con su presión, eufemísticamente denominada de los “mercados”, han provocado la caída de varios gobiernos y que en dos países de la Unión Europea (Italia y Grecia) gobiernen gobiernos de tecnócratas impuestos por ellos que no han sido elegidos democráticamente en unas elecciones.

Hoy el volumen del crédito bancario a las empresas y a las familias, tras tantos años de sufrir restricciones, está volviendo a los niveles de hace cuatro años. A la fuerza ahorcan. Pero el precio que estamos teniendo que pagar por una reducción del volumen de crédito privado tan drástica e inesperada (ninguno de los que se endedudaron hace cuatro años pensaba que una vez pagado su crédito no podría acceder a otro nuevo) ha sido la vertiginosa caída del consumo y de la capacidad de ahorro.

Los bancos, amparados por la absoluta desregulación que vivía y vive el sector gracias a las políticas neoliberales impulsadas a nivel mundial desde la época de Reagan y Thatcher hasta nuestros días, se apartaron de su negocio tradicional (dar créditos a sus clientes) para embarcarse en una aventura suicida de especulación salvaje y criminal. Así, solo un 1% de las operaciones financieras internacionales que se hacen a nivel mundial corresponden a operaciones relacionadas con la economía real (la de la industria, el comercio, etc.), mientras que el 99% corresponde a simples operaciones especulativas con instrumentos financieros que llegaron a ser tan complejos y sofisticados que ni ellos mismos los entendían. Esos productos eran los únicos que podían competir en rentabilidad con las hipotecas. Fue su avaricia y su obsesión por el beneficio a corto plazo lo que provocó la debacle que estamos viviendo. Si a todo ello le sumamos que todos ellos tienen departamentos especializados en “planificación fiscal” para sus mejores clientes (léase de nuevo grandes fortunas, corporaciones y grandes empresas) y que operan en y desde paraísos fiscales contribuyendo a que sus clientes defrauden a Hacienda, se entenderá por qué se les acusa de ser los verdaderos culpables de esta crisis.

¿Contratarías a un zorro para que vigilase tu gallinero? Claro que no, pero eso es precisamente lo que han hecho nuestros políticos: dar el poder a los bancos para que nos saquen de la crisis que ellos mismos provocaron. Y así nos va.

¿Es cierto que no existe ninguna alternativa?, ¿es cierto que tenemos que plegarnos a los que nos exigen porque si no no darán más crédito a los bancos españoles ni comprarán deuda pública española y nos ahogarán financieramente? Es posible, pero también muy improbable. En el mundo bancario hay un dicho que viene a decir que si un cliente te debe mil euros ese cliente tiene un problema, pero que si te debe mil millones de euros el que tiene el problema es el banco. Y esa es precisamente nuestra gran fuerza: la cantidad de dinero que les debemos. Ellos quieren cobrar y nosotros queremos pagar. Hasta ahí estamos de acuerdo. El problema viene cuando nos exigen que les paguemos en un plazo excesivamente corto o en unas condiciones que no podemos asumir (recortes, etc.). Aprovechemos pues la fuerza que nos da deberles tanto dinero y pongámosla sobre la mesa: seamos nosotros quienes fijemos las condiciones del pago de nuestra deuda. Si para ello es necesario amenazar con dejar de pagar la deuda, amenacémosles. Si solos no lo podemos hacer porque no tenemos la fuerza suficiente para hacerlo, pongámonos de acuerdo con nuestros vecinos griegos, portugueses, irlandeses e italianos y presentemos un frente común en la negociación. No sé lo que llegaríamos a conseguir con eso, pero sí sé lo que estamos pagando por no hacerlo, y es un precio que ni podemos ni debemos pagar.

6) SALIR DEL EURO O DE LA UNIÓN EUROPEA SERÍA UNA CATÁSTROFE PARA ESPAÑA

Puede ser, eso nadie lo duda, pero seguir en el euro y en la Unión Europea alemanizada que hoy padecemos es nuestro suicidio económico y social. Todas estas políticas de recortes están orientadas desde Alemania que, apropiándose de Europa y habiéndose arrogado el papel de nuevo Führer, está imponiendo la política de todos los demás en función no de los que les interesa a éstos o a la propia Unión Europea, sino de lo que más beneficia a Alemania. Nuestra crisis con la deuda está haciendo que los alemanes se estén financiando a los tipos de interés más bajos de su historia. Y los recortes están haciendo que no podamos cambiar nuestro modelo económico y sustituirlo por uno de mayor valor añadido (que en algunos campos podría llegar a competir con el alemán) al no poder invertir en educación ni en Investigación, Innovación y Desarrollo, por lo que nos estamos condenando a especializarnos en un modelo económico de escaso valor añadido donde la principal ventaja competitiva son los costes laborales bajos. En otras palabras, que nos están convirtiendo en la China de Europa, pero no en cuanto a su tasa de crecimiento y su potencial de riqueza, sino en cuanto a las paupérrimas condiciones laborales en las que basa su economía, que se asemejan, por no decir que lo son, a las de la esclavitud. Hoy nos estamos jugando el modelo económico de este país de las próximas décadas. ¿Recuerdan cuando no hace ni cinco años nos hablaban de la “sociedad del conocimiento”, de lo importante que era llegar a ser competitivos en conocimiento? ¿Qué ha sido de aquello? ¿Ha dejado de existir? No. Existe, pero fuera de nuestras fronteras, existe para otros, tan solo ha dejado de existir para nosotros.

Puestas así las cosas ¿realmente nos interesa estar en una Unión Europea que solo defiende los intereses de Alemania y de los países más ricos?, ¿De verdad nos compensa todo este sufrimiento de recortes y renuncias, y las nefastas perspectivas de futuro que nos ofrece? Si no cambian radicalmente y de forma rápida las políticas de austeridad llevadas a cabo hasta ahora por otras que favorezcan el crecimiento económico y aboguen por una distribución de la riqueza más justa y equitativa creo, sinceramente, que tendríamos que empezar a elaborar nuestro propio plan “B” de salida del Euro y de la Unión Europea (de nuevo un plan que debería intentar tender puentes con otros países que están en situación similar a la nuestra para fortalecer nuestra posición negociadora)

7) NO HAY SOLUCIONES MÁGICAS, ESTO ES LO QUE HAY.

Mentira, mentira y mentira. En el libro “HAY ALTERNATIVAS”, de Viçenc Navarro, Juan Torres y Alberto Garzón publicado por Attac, cuya lectura recomiendo y pido más que encarecidamente a todos, se especifican hasta 115 propuestas concretas para salir de esta crisis. Están agrupadas por áreas de actuación, y van desde la política fiscal, a la gobernanza mundial, pasando por la distribución de la riqueza, el comercio, el sistema financiero, las relaciones laborales, el estado del bienestar, los derechos sociales, la educación, etc. En definitiva, soluciones políticas a un problema político, porque nunca debes olvidar que aunque tú creas que “pasas” de la política, la política no está pasando de ti y todo lo que te pasa en la vida depende de ella (que tengas o no vivienda, que tengas o no trabajo, que puedas formarte adecuadamente, que te desahucie o no el banco, que puedas tener acceso a una prensa verdaderamente libre y no manipulada como la que tenemos hoy, etc. etc. etc.)

Desmontemos ya las mentiras que nos cuentan: 1) El origen de la crisis fue por culpa de los bancos y no por culpa de que los ciudadanos o los Estados gastasen demasiado. Ni un solo banquero ha pagado por ello ni se le han exigido responsabilidades. Como muestra un botón: a Bankia le vamos a dar, recortándolos de nuestros derechos sociales más básicos porque los otros ya nos los quitaron, 23.465 millones de euros para tapar los agujeros que ha causado la mala gestión de sus directivos, a los que no solo no se les exigen responsabilidades, sino ni siquiera una explicación. 2) La Gran Depresión a la que nos están llevando ahora de cabeza tiene también unos culpables muy claros: Merkel, empeñada en alemanizar Europa y en convertir a los países del Sur de Europa en pequeñas Chinas privatizadas que produzcan con mano de obra barata y sin valor añadido alguno, y esa “troika” que es la que en realidad nos gobierna (por mucho que lo niegue Rajoy) formada por el Banco Central Europeo, el Fondo Monetario Internacional y la Comisión Europea (no por casualidad tres instituciones cuyos mandatarios no son ni han sido nunca elegidos democráticamente por los ciudadanos) y que nos obliga a ir de recorte en recorte hasta la bancarrota. Hay alternativas a la crisis, otras políticas económicas son posibles. La salida no está en reducir cada vez más los gastos, sino en aumentar cada vez más los ingresos haciendo que la economía crezca con políticas de expansión económica, no de austeridad (EEUU superó la crisis financiera de hace cuatro años y evitó caer en la crisis económica que padecemos en Europa aplicando políticas expansivas de gasto público y permitiendo que su banco central, la Reserva Federal, inyectase dinero directamente al sistema) y llevando adelante una verdadera reforma fiscal que haga que las grandes fortunas y grandes empresas españolas paguen los mismos impuestos que pagan sus homólogos europeos, y no cinco veces menos, como ocurre ahora. ¿Difícil? SÍ ¿Imposible? NO. ¿Necesario? NO, IMPRESCINDIBLE Cuanto mayor sea el número de personas que conozcan la realidad de lo que están haciendo con nosotros más posibilidades tendremos de forzar el cambio político que tan urgentemente necesitamos. Los emperadores romanos acallaban al pueblo con pan y circo. Los nuestros lo están haciendo ya solo con circo, porque el pan empieza ya a faltarnos a muchos. No esperemos a que sea demasiado tarde. De ti y de mí depende. Habla de esto con tus amigos, con tus conocidos, pídeles que también ellos lo hagan con sus amigos hasta que sean miles y miles las personas que, hartas ya de todo esto, digamos juntas: ¡YA BASTA!

Si quieres puedes descargarte legal y gratuitamente el libro de Viçens Navarro, Juan Torres y Alberto Garzón en http://www.attac.es/ ya que ellos han renunciado a sus derechos de autor para que el libro alcance la mayor difusión posible.

Te dejo con el video de la presentación del libro “Hay alternativas” para que puedas entender con mucha mayor profundidad y claridad todo lo que están haciendo con nosotros y con un programa especial sobre la crisis de la sexta hecho a finales de 2011 en el que se puede constatar desde diferentes perspectivas la gravedad de todo lo que nos está pasando y las perspectivas que nos quedan como no hagamos algo. ¡No te los pierdas y recuerda que también tú puedes ayudar a cambiar esto hablándolo y comentándolo con las personas que te rodean!

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Crónica de un asesinato anunciado

22 abril, 2012

La ideología neocón imperante en el mundo desde finales de los 80, de la mano de economistas como Milton Friedman, de la Escuela de Chicago (que fue el asesor, entre otros, de Pinochet), es la única causante de la crisis que todos padecemos hoy. Las políticas ultraconservadoras de Ronald Reagan y Margaret Tatcher marcaron el camino del liberalismo a ultranza, de la desregulación de los bancos y de los mercados. Fueron ellos y sus seguidores los que hicieron que el llamado libre mercado se adueñase por completo de nuestro sistema de vida. Fue la época del todo vale, de la especulación, de los beneficios a corto, de convertir todo en “commodities” (instrumentos financieros con los que especular salvajemente con petróleo, oro o materias primas), de los derivados financieros, del apogeo de los paraísos fiscales, de la profundización irreversible de la brecha que separa a ricos de pobres, de la hambruna generalizada en África, de los grandes beneficios de las farmacéuticas, las inmobiliarias y de los bancos, de las guerras por el petróleo y el dominio de los recursos naturales, de la derechización del mundo, del renacimiento de la extrema derecha, del sistematizado olvido de la exigencia del respeto a los derechos humanos… Y la guinda de ese pastel, suculento para unos pocos, criminal para los más, ha sido la destrucción de lo que conocíamos como estado del bienestar, un bienestar que con los recortes que nos anuncian como única salida, está condenado a desaparecer, cuando menos, para las próximas décadas.

Al grito de “lo exigen los mercados” y con el falaz argumento de que “ no podemos gastar lo que no tenemos”, los ultraconservadores neocón han logrado imponer sus políticas más reaccionarias en toda Europa y particularmente lo están haciendo en España. Angela Merkel fue la abanderada de esta política al fijar como objetivo prioritario e ineludible la reducción del déficit público. Ella aplicó su política de recortes en tiempos de bonanza económica, de grandes tasas de crecimiento, y ahora, convertida en una especie de todopoderosa poseedora de la verdad única, obliga al resto de países europeos a seguir la senda de eliminación de derechos laborales y ciudadanos que ella encabezó. Poco le importa que en lugar de crecimiento económico, como tuvo ella cuando lo hizo, estemos inmersos ahora en la depresión económica más profunda de la historia. Aplicar esas políticas de recorte del gasto y la inversión hoy es un suicidio, un asesinato anunciado, porque no hacen más que ahondar en la recesión, profundizar en el crecimiento negativo de la economía que genera más paro y más recesión, en una espiral sin retorno que está llevando a millones y millones de personas a la pobreza.

Pero vayamos por partes. Fueron los bancos y su especulación salvaje los que provocaron la crisis financiera que nos ha llevado a esta crisis económica. ¿Qué hicieron nuestros políticos frente a eso? ¿Regular de nuevo los mercados, prohibir la especulación financiera, los paraísos fiscales, exigir responsabilidades a los culpables y establecer un marco que impidiese que pudiesen repetir situaciones como aquella? No, en absoluto. Les dieron miles de millones de euros para que no quebrasen, miles de millones que no han devuelto. Solo dos o tres gestores han sido juzgados por lo que hicieron. Los demás no solo han salido de rositas del tema, sino que han visto cómo se incrementaban sus retribuciones y sus “bonus” anuales de forma escandalosa y totalmente inmoral.

Esos mismos bancos que implantaron el liberalismo económico más salvaje no tuvieron el menor reparo en beneficiarse de las ayudas que les dieron los gobiernos de todo el mundo. Y, no contentos con eso, a través de las sociedades de rating (entidades privadas participadas mayoritariamente por los propios bancos que se encargan de calificar el riesgo de una deuda y la solvencia de una empresa o de un Estado), unas sociedades que siempre dieron la mejor de sus calificaciones a todas las sociedades e instrumentos financieros que no valían nada y que provocaron esta crisis, se dedicaron a poner en tela de juicio la solvencia de los mismos Estados que les financiaron. Entiéndase esto claramente: su salvaje especulación les lleva a la bancarrota; los Estados les dan miles de millones para que no quiebren; los bancos no devuelven el dinero que los Estados les han prestado y encima especulan contra la solvencia de esos mismos Estados argumentando que podrían tener problemas para pagar su deuda.

La hipocresía, el cinismo y la inmoralidad más absoluta son la única bandera que representa a estos estafadores de guante blanco. Y es en ese preciso momento en el que aparecen Merkel y Sarkozy para obligar a los países periféricos de Europa como Portugal, Italia, Irlanda, Grecia y España (comúnmente conocidos como PIGS, “cerdos”, en la jerga de los financieros) a reducir su déficit público para “recuperar la confianza” de los “mercados”, eufemismo empleado para referirse a los banqueros y financieros que han provocado esta situación. A partir de entonces los gobiernos de esos países, amenazados por la intervención de sus economías por la Unión Europea si no reducen drásticamente sus déficits, pierden por completo su autonomía y se tienen que plegar a las directrices del tádem Merkel/Sarkozy.

El déficit público es la diferencia entre los ingresos y los gastos públicos (incluyendo los del Gobierno central, las autonomías y los ayuntamientos). Si la diferencia fuese positiva hablaríamos de superhavit. Nuestros políticos, antes Zapatero, ahora Rajoy, y siempre Merkel/Sarkozy, nos han repetido hasta la saciedad que teníamos que reducir nuestros gastos para reducir el déficit de nuestras cuentas. Se han empeñado en repetir una mentira que, a fuer de tantas veces repetida, hemos creído como verdad: que vivíamos por encima de nuestras posibilidades, que nuestro gasto social no podía mantenerse con nuestro nivel de ingresos, que había, en definitiva, que hacer recortes. Nada más lejos de la realidad. Nuestro nivel de gasto público es de los más bajos de Europa, concretamente el más bajo de la Unión Europea de los 15 (el grupo de países con un nivel de desarrollo económico equiparable al de España). Nuestro PIB equivale al 94% del promedio de la UE-15, mientras nuestro gasto social sólo representa el 74% de ese promedio. En partidas como sanidad, nuestro gasto representa el 6,5% de PIB (5,8% con los 7.000 millones de nuevos recortes recién aprobado), cuando la media europea es del 7,5%. Y en educación, nuestro gasto es del 4,9% (4,6% con los 3.000 millones adicionales recién recortados), frente a una media del 5,5%. Y eso es comparándonos con la media, porque si nos comparamos con los datos de los principales países europeos todavía salimos mucho peor parados. La partida de ayuda al desarrollo, destinada a ayudar al desarrollo de países pobres y a canalizar las ayudas para grandes catástrofes, hambrunas, etc. ha sido la partida que ha sufrido el recorte más severo en los Presupuestos Generales del Estado de este año, con una rebaja de más del 50%, representando ahora únicamente un 0,25% de nuestro PIB, cifra escandalosamente alejada del compromiso que adquirieron nuestros políticos hace ya más de cuarenta años de llegar al 0,7% y que jamás llegamos a alcanzar. Ninguno de los países de nuestro entorno, a pesar de la crisis y los recortes que también están llevando a cabo, ha reducido esta partida, una partida inmoralmente manipulada por nuestros políticos que incluyen en ella, por ejemplo, las patrulleras que venden a países africanos para que vigilen sus costas e impidan que los inmigrantes lleguen a las nuestras, o el coste de mantener a nuestras tropas en Líbano, etc. La conclusión de todos estos datos no puede ser más clara: el gasto público social español es el más bajo de la Unión Europea de los Quince, es decir, que no hemos despilfarrado el dinero, como pretenden hacernos creer, ni hemos gastado más de lo que gastan todos nuestros vecinos y socios europeos en temas sociales, ni hemos vivido por encima de nuestras posibilidades. Nuestro problema no está en los gastos. Tampoco está en la estructura funcionarial del estado, otro de los falsos mensajes machaconamente repetidos tendentes a eliminar el estado de las autonomías acusándolo de duplicidad de gastos, de funcionarios inoperantes, etc. etc. etc. La realidad, la tozuda realidad, nos dice que España tiene el porcentaje de la población adulta que trabaja en los servicios públicos del estado del bienestar más bajo de la UE-15

El problema del déficit español no está, por tanto, en el elevado nivel de gasto, sino en el bajo nivel de ingresos, y más concretamente en el ridículo nivel de impuestos que pagan las grandes fortunas, las corporaciones empresariales y las grandes empresas que, además de tener un trato fiscal extraordinariamente preferente, es el sector que concentra, según el informe recientemente publicado por los técnicos del Ministerio de Hacienda agrupados en GESTHA, la mayor bolsa de fraude fiscal de España, con un volumen en 2009 de 42.711 millones de euros

Nuestro sistema fiscal está por debajo de la media de la UE casi ocho puntos de PIB que, traducido a euros, asciende a ochenta mil millones, cifra muy superior a la de los recortes de gasto que están llevando a cabo para reducir el déficit. Ese es nuestro verdadero problema: el bajo nivel de impuestos que pagan las grandes fortunas y las grandes empresas. Tienen a su alcance instrumentos de elusión fiscal perfectamente legales, como las sociedades de inversión colectiva (sicavs), que en lugar de tributar como renta de capital a los tipos que tributan los demás instrumentos financieros (entre el 18% y el 25% según el producto y el país de que se trate), lo hacen únicamente al 1%. La utilización fraudulenta que se está haciendo de este tipo de instrumentos es clarísima: para ser consideradas sociedades de inversión colectiva, por ley, deben tener un mínimo de cien socios. En realidad los bancos que gestionan la sicav hecha a medida de uno de sus grandes clientes, aportan los 99 socios que le faltan cediéndoles una participación insignificante y marginal, con lo que el trámite del centenar de socios queda cumplido, y su cliente centraliza a través de esa sociedad fiscalmente bonificada todas sus inversiones financieras y patrimoniales, que gestiona su banco. Y si estos instrumentos sirven para la elusión fiscal, otros sirven directamente para la evasión fiscal: muchos bancos especializados en la gestión de grandes patrimonios y fortunas llegan, incuso, a tramitar la residencia en paraísos fiscales de sus clientes más importantes, donde depositan la mayor parte de sus ahorros que, de esta forma, no tributan ni un céntimo en España. Los procedimientos de elusión y evasión fiscal no son exclusivos de las personas físicas, sino que las grandes empresas cuentan con departamentos y asesores externos especializados en la evasión y la elusión fiscal. Por este motivo las grandes empresas españolas pagan muchos menos impuestos, a nivel porcentual, que las medianas y que las pequeñas, y los grandes millonarios pagan menos impuestos que los simples trabajadores asalariados que las pasan canutas para llegar a fin de mes.

Esta situación profundiza la brecha entre ricos y pobres, pero nuestros políticos, lejos de pretender reducir el déficit impulsando el crecimiento de la economía o gravando más las rentas más altas, hacen precisamente lo contrario: el gobierno Rajoy ha disminuido los impuestos para las rentas superiores y medias, desgravando la compra de la vivienda, y ha bajado las deducciones fiscales por gastos financieros que favorece a las rentas superiores y, coronando la jugada, ha ofrecido una amnistía fiscal a los defraudadores en lugar de incrementar los instrumentos y los recursos de la inspección fiscal para perseguirlos. Vicenç Navarro, catedrático de Políticas Públicas por la Universidad Pompeu Fabra, en su artículo del 18 de abril en nuevatribuna.es, es meridianamente claro al enjuiciar lo que está pasando en nuestro país: “Soy consciente de que algunos lectores pueden considerar exagerada mi definición del presupuesto Rajoy como el más antisocial que haya existido en España durante la democracia. Invito a tales lectores a que miren los datos. Como bien mostró David Lizoain en su análisis “El disparate presupuestario español”, el gobierno Rajoy intenta reducir el déficit consolidado un 3,2% del PIB. Pero de estos recortes, el gobierno central sólo contribuye en la mitad. La otra mitad la tienen que realizar las CCAA (que como he indicado, son las que gestionan los servicios y gran parte de las transferencias del estado del bienestar), cuyo gasto es mayoritariamente social (un 60%). Sus exigencias a las CCAA sólo pueden atenderse con recortes sustanciales de tal gasto que, sin ninguna duda, originarán el debilitamiento del sector público, con el enriquecimiento del sector privado, y muy en particular de los bancos y de las compañías de seguros que han deseado el desmantelamiento del estado del bienestar desde años. Lo dijo con toda claridad el Presidente del Banco Central Europeo, el Sr. Mario Draghi, en una entrevista al Wall Street Journal (24.02.12) cuando indicó que el estado del bienestar europeo no era viable. Y puso como condición para comprar deuda pública española que se privatizara el Estado del Bienestar, lo cual el gobierno Rajoy está haciendo a pies juntillas. Así de claro” Mariano Rajoy está siendo un alumno tan aventajado en la destrucción del estado del bienestar que hasta sus mismos colegas y varios representantes de los “mercados” le han advertido que tanto recorte puede llegar a ser contraproducente porque impedirá la recuperación económica.

Estamos frente a una política deliberadamente diseñada para acabar con el estado del bienestar: los recortes se complementan a la perfección en un plan diabólicamente diseñado con la reforma laboral que debilita los derechos de los trabajadores y abarata los costes laborales y el despido, junto a las anunciadas medidas de reformas legales inminentes tendentes a criminalizar la protesta ciudadana que, previsiblemente, esta situación acabará provocando. Sus consecuencias son dramáticas para muchos sectores de la población. Voy a hablar ahora de lo que ha sucedido en el que yo trabajo: el mundo de la interpretación, en el que se reúnen una serie de factores económicos y políticos que le han llevado al colapso.

Asistimos hoy, impasibles, a la fría ejecución de un asesinato largamente anunciado. Un asesinato proclamado a los cuatro vientos desde hace años por todas las cadenas y las emisoras de la España más casposa y reaccionaria que, desde el lejano ya “No a la guerra”, clamaron venganza. Son esos voceros y los ciegos políticos que les siguen los que están asesinando hoy un mundo, un modo de vida, el de los actores. Poco o nada les importa que, junto a los actores, también se están llevando por delante a todos los técnicos que viven del sector audiovisual. Pero no todo han sido dagas y puñales empuñados por la derecha, también la nefasta gestión de los socialistas contribuyó, en gran medida, a herir de muerte al mundo de la interpretación.

Empezaron cargándose el teatro con un marco legal que propiciaba cada vez más su dependencia del sector público. En lugar de crear iniciativas para apoyar a las compañías para que llevasen nuestro teatro, el teatro que se está haciendo aquí y ahora, a los pueblos y ciudades de España, se gastaron miles y miles de millones construyendo fastuosos teatros que hoy no tienen dinero para mantener. Hoy hay teatros púbicos cuya programación no aparece en las carteleras de los periódicos porque no tienen dinero para pagarlo. Los ayuntamientos, endeudados, dejaron de pagar a las compañías. La bola de nieve se fue haciendo cada vez mayor y el teatro, prácticamente, desapareció.

Nos concentraron en la televisión. Quien no salía en la tele, no existía. Y a quien no existe no le contratan ni para el cine ni para el teatro. Una vez todos allí, cambiaron el modelo de la televisión pública y le prohibieron hacer publicidad. Las series españolas, sin embargo, seguían siendo los programas de mayor audiencia. Algo había que hacer para acabar con aquella situación debieron pensar los recién llegados dirigentes del PP. Un recorte de 200 millones en el presupuesto anual de TVE fue suficiente para aniquilar por completo el sector. Las televisiones contabilizan los costes de producción de las series no cuando las producen y pagan, sino cuando las emiten. Así se da la cruel paradoja de que TVE ha perdido el liderazgo de audiencia que mantenía en los últimos seis meses al no poder emitir sus series estrella para poder cumplir con ese recorte de 200 millones de euros exigido por el gobierno. Series como “Cuéntame”, “Isabel”, “La República” o “Aguila roja”, cuentan con temporadas enteras ya grabadas y listas para emitirse que no podrán ser emitidas, en el mejor de los casos, hasta el año 2013

Esta situación, unida a la caída de los precios de la publicidad en televisión, ha hecho que la producción de nuevas series por parte del resto de cadenas privadas se paralice prácticamente en su totalidad. También estas cadenas cuentan con series ya grabadas y listas para emitirse que deberán aguardar a mejores tiempos (“El tiempo entre costuras”, etc).

Ante esta situación de parálisis crítica del teatro y la televisión, el cine era la única posibilidad que nos quedaba a los que malvivimos en este sector. Sin embargo, la aprobación de los Presupuestos Generales del Estado ha sido la puntilla que ha acabado con él. De los 76 millones de euros de ayudas al cine de 2011 hemos pasado a 49, de los cuales 35 corresponden a pagos relacionados con ayudas del año anterior, es decir, que solo se han destinado 14 millones de euros al cine para el 2012.

Los ataques al mundo del cine por parte de la derecha y la extrema derecha de este país son despiadados. Nos tachan de titiriteros, perroflautas y chupópteros que vivimos de las subvenciones y repiten hasta la saciedad que somos unos vagos y unos inútiles. Ni uno solo de los que nos descalifican así tiene la más mínima idea de lo que es la vida de un actor (y no hablo de la de las grandes estrellas, sino de la del 99% de los que nos dedicamos a esta profesión), tampoco saben nada de lo difícil que es hacer una película, de las limitaciones competitivas que tenemos en comparación con el cine estadounidense o con el de nuestros vecinos europeos, etc. El tópico y el insulto son suficientes para desacreditar a miles de profesionales de un plumazo. Que el cine español hace muchas cosas mal, sí. Que debemos mejorar en infinidad de temas, también. Que ha habido pillería y fraude en las subvenciones, seguro que también, aunque no creo que más que en otros sectores económicos. No deja de ser curioso que quienes más atacan al cine español sean, precisamente, quienes no ven ni una sola película española por sistema, o por seguimiento casi religioso de la doctrina de los voceros oficiales de la España más rancia empeñados en acabar con todo el que no piense como ellos. Y que, por absoluta ignorancia o supina mala leche, se empeñen en hacer creer que quienes recibíamos las subvenciones que había éramos los actores, cuando jamás hemos recibido subvención alguna ya que en el sistema español de ayudas son los productores los que las recibían. Por si les sirve de comparación para hacerse una idea sobre la deiferencia de trato que reciben los artistas en este país con respecto al que reciben nuestros vecinos, basta recordar, por ejemplo, que en Francia, además de ayudar a su cine con un presupuesto de 600 millones de euros (frente a los 14 que en verdad destina de España), cada actor recibe un subsidio de 1.000 euros al mes cuando está en paro, subsidio que recibe indefinidamente hasta que encuentre un nuevo trabajo dentro de su profesión.

Son muchos, innumerables, los problemas que tiene el cine español, y de muy difícil solución. Sería demasiado extenso tratarlos ahora aquí. Pero admitir la descalificación global sin mayor argumento que el insulto y el desprecio es una injusticia que no debemos permitir, ni mucho menos cometer. Nunca en nuestra historia nuestros actores habían ganado premios internacionales de la talla de los Oscar. En los últimos años hemos conseguido dos. Nunca un español había ganado un Oscar al mejor guión. Almodóvar lo ha conseguido. En cada ceremonia de los Oscars suele haber asiduamente varios profesionales españoles entre los finalistas. Y si me centro en los Oscars como referencia es precisamente porque quienes más atacan al cine español lo hacen defendiendo el modelo norteamericano, un modelo que también desconocen ya que dicen que no está subvencionado cuando más de 30 estados ofrecen importantes beneficios fiscales a cambio de que las películas se rueden en ellos. Si comparamos el nivel de las ayudas al cine español con el de nuestros socios europeos, la comparación es verdaderamente escandalosa: las ayudas que recibe el cine francés a través de su fondo de apoyo al cine son hasta ocho veces más que las que recibía el cine español de sus instituciones. Ese fondo francés se financia, principalmente, de aportaciones de las cadenas de tv y de una tasa del 11,5% que cobran sobre el precio de taquilla de todas las entradas de cine que se venden en Francia. ¿Te imaginas lo que dirían los críticos del cine español si esta tasa se aplicase en España para defender nuestro cine? La aportación anual de las ayudas al cine francés roza los 600 millones de euros. Cada país tiene su propio sistema de canalizar ayudas a su cine porque entiende que el cine es cultura, además de industria (si solo fuese industria la estricta reglamentación de la Unión Europea prohibiría las ayudas). El Reino Unido, por ejemplo, financia las ayudas al cine a través de la lotería. Los países nórdicos, además de las ayudas oficiales a su cine, han desarrollado un sistema de fondos de inversión para el cine escandinavo que permite canalizar el dinero de pequeños ahorradores al cine con importantes ventajas fiscales.

El argumento que más repiten quienes atacan al cine español es el de su escasa rentabilidad. Atacar por sistema mediante el insulto y la descalificación a un sector como el del cine español en el que trabajan 35.000 personas me parece, cuando menos, injusto. Es cierto que el cine español tiene una cuota de pantalla mucho más baja que la de nuestros socios europeos (no llega al 20% mientras que Francia tiene un 37% o Italia un 33%). Ese es uno de nuestros mayores problemas. Pero decir que porque una película recauda poco es mala es una verdadera aberración. Y llegar a decir que si recauda poco no es arte, es de obtusos mentales. Según estos argumentos Van Gogh y tantos otros jamás fueron artistas porque murieron arruinados y no vendieron cuadros en vida a precios que les permitieran vivir. ¿Dónde se come mejor comida, en un restaurante de tres estrellas de la guía Michelin o en un McDonalds? Vender vende mucho más McDonalds, que tiene muchos más establecimientos, y ganar dinero también gana mucho más que cualquier restaurante de lujo. Pero de ahí a concluir que se come mejor o que su comida es de más calidad hay un abismo. Por el mismo motivo debemos diferenciar entre el cine como entretenimiento y el cine como arte, como cultura, porque el día que la cultura sea solo entretenimiento nuestra sociedad estará abocada a su autodestrucción. A todos los que critican las ayudas al cine español les diría que pensasen por un momento en un dato muy concreto y real: todas las ayudas que el cine español recibe, mejor dicho recibía, al año son menos que el presupuesto anual de un solo museo, el Reina Sofía. Y también les haría una pregunta: ¿Cómo se explica que el cine español sea tan malo como ellos dicen y que atraiga a tan pocos espectadores y que, sin embargo, las series de tv españolas, muchas veces con los mismos técnicos y los mismos actores y directores, sean líderes de audiencia?

La guinda al pastel del desmantelamiento del sector audiovisual la ha puesto la semana pasada el Ministro de Hacienda Cristóbal Montoro al criticar el, para él, elevado coste de las series de Televisión Española. Ha dicho que el coste por capítulo de las series de TVE es excesivo para un simple producto de ocio y entretenimiento. El coste por capítulo puede oscilar alrededor de los 600.000 a 800.000 euros, según el Ministro. Ahora bien, ese capítulo es propiedad de TVE y puede emitirlo cuantas veces quiera durante los próximos 5, 10, 20 o 50 años, y también puede venderlo a otros países, por lo que ese coste debería ser considerado como una inversión, una inversión que puede ser rentable y con creces. Por otro lado, ¿ha oído hablar el ministro Montoro de la BBC, la televisión pública británica, que es un referente mundial por la calidad de los contenidos que ofrece? ¿ Sabe cuánto puede haber costado cada capítulo de las series que emite la BBC? No deja de ser curioso que al Sr. Montoro le parezca excesivo invertir 600.000 euros en producir un capítulo de una serie de televisión, y sin embargo, no se lo parezca pagar 4 millones de euros por la final de la supercopa de fútbol de España, que sí es un verdadero despilfarro que nunca puede ser rentable. Y ya que hablamos de fútbol, me gustaría saber por qué este gobierno que recorta las pensiones, sube los impuestos de los asalariados (no los de las grandes fortunas), sube el IVA, aumenta las tasas universitarias, introduce el mal llamado copago (ya que en realidad es un repago) sanitario obligando, por primera vez en nuestra democracia, a que los pensionistas paguen por los medicamentos que necesitan, o que hace que suba el precio del transporte público de manera desproporcionada e indecente, permite que los clubes de fútbol deban a Hacienda 752 millones de euros que estamos financiando todos, o por qué ha aprobado indemnizar con 40 millones de euros a la empresa fabricante de bombas racimo (con la que el actual ministro de Defensa ha estado vinculado hasta dos semanas antes de las últimas elecciones) como compensación por la firma del tratado de no utilización de bombas racimo que suscribió el Gobierno Zapatero cuando, además, esas bombas estaban prohibidas por Naciones Unidas. No deja de ser curioso y alarmante que una sola indemnización a una empresa de armamento triplique las ayudas reales que este año recibirá el cine español y, también curioso, que esa noticia pase casi desapercibida en los medios de comunicación, unos medios que, a diario, suelen recoger ataques a todos los que, según dicen, vivimos de las ayudas al cine, aunque en realidad jamás hayamos visto una.

El audiovisual es España es un nuevo Titanic que navega derecho hacia una barrera de icebergs infranqueable sin que nuestro Rajoycapitán se esté oponiendo a la orden suicida de nuestro Merkelarmador de ¡Avante a toda máquina! Si en lugar de los del “No a la guerra” fuésemos  de los del “No al aborto”, otro gallo cantaría. Somos miles los parados en este sector, y la historia se repite. Este Titanic tampoco lleva botes de salvamento para todo el pasaje y la tripulación. Solo se salvarán quienes tengan billete de primera clase. Los que vamos en segunda, tercera o cuarta, estamos condenados a que nos echen por la borda. No es la crónica de una muerte anunciada, que diría García Márquez, sino la crónica de un asesinato anunciado.

El estallido de la crisis financiera era algo que tenía que pasar porque un sistema basado en la especulación salvaje y el crecimiento insostenible tenía que estallar por algún lado. Lo que no se sabía era cómo, cuándo estallaría todo aquello y qué proporciones tendría. No sé, y supongo que nunca lo llegaremos a saber, si fue un estallido espontáneo o si estaba previamente calculado al más mínimo detalle. Lo que sí está claro es que ese estallido se ha utilizado como un shock que ha bajado las defensas de los ciudadanos hasta dejarlas bajo mínimos, totalmente bloqueadas por el miedo, el desconcierto y el terror, para poder llevar a cabo el desmantelamiento más atroz y despiadado del estado del bienestar y de los derechos sociales y laborales conseguidos durante generaciones.

Realmente no me cabe duda de que, no solo el desmantelamiento del sector audiovisual, sino el de todos nuestros derechos ha sido, y está siendo, un crimen anunciado, un asesinato anunciado y friamente diseñado, calculado y ejecutado. Si quieres ver cómo se preparó ese asesinato, no tienes más que ver este documental, “La doctrina del shock”, te ayudará a entender muchas, demasiadas cosas…

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Ayudas al cine, cine, crisis, Déficit Público, La doctrina del Shock, Milton Friedman, Neocón, Presupuestos Generales del Estado, Recortes, teatro, television, Vicenç Navarro
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Carlos Olalla

Por circunstancias de la vida me pasé más de veinticinco años dirigiendo empresas en la que, sin lugar a dudas, fue la etapa más aburrida y frustrante de mi vida. La verdad es que nunca me gustaron esos trabajos y lo pasé fatal. Cuando cumplí los 45 me encontré con que una reestructuración empresarial me ponía de patitas en la calle y sin un duro. Por si fuera poco, nadie me quería dar trabajo porque decían que ya era demasiado “viejo”. A mí siempre me había gustado el mundo del cine y, como estaba en el paro y tenía tiempo, empecé a estudiar interpretación. Me pasé tres años siendo el “abuelo” de todos mis jóvenes compañeros en una conocida escuela de teatro de Barcelona. Durante aquel tiempo recibí alguna propuesta de trabajo para reincorporarme al mundo de la empresa, pero no quise aceptarlas: el nuevo mundo que había descubierto me había atrapado por completo, así que decidí cambiar una maravilla de sueldo y una mierda de trabajo por una maravilla de trabajo y una mierda de sueldo. Puedo deciros que ha sido la mejor decisión que he tomado en mi vida: por primera vez soy libre, la palabra jefe ya no significa nada para mí, hago lo que verdaderamente me gusta y, lo mejor, trabajo con gente sensible y abierta que piensa y siente como yo. ¿Qué más se puede pedir?

www.carlosolalla.com

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