La placenta del Universo

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Frida Kahlo, bella hasta en el dolor

6 enero, 2013

Fue bella hasta en el dolor, o quizá fuera el dolor quien la hizo bella porque ella, como pocas, supo transformar el dolor en belleza. Mujer libre e independiente que rompió con todas las anquilosadas normas de una sociedad dispuesta a no dejarla vivir su propia vida. La fatalidad, el destino, la casualidad o la causalidad, llámale como quieras, marcaron su vida desde el principio: con seis años sufrió una poliomielitis que le dejó secuelas para siempre y a los dieciocho un accidente de tráfico estuvo a punto de matarla. A lo largo de su vida fue intervenida quirúrgicamente en 32 ocasiones y fueron muchos los meses que tuvo que pasar en cama, sin poder moverse. Y precisamente estas circunstancias fueron las que la impulsaron a elegir su propio destino, a vivir su propia vida. Si la polio le había permitido descubrir el universo de la literatura a través de la lectura, el accidente le abrió de par en par las puertas del arte a través de la pintura, una pintura que fue su vida y que adoraron Picasso, Kandinsky, Breton, Maiakovsky y todos lo que la conocieron.

Para acompañar este pequeño viaje por la vida de Frida qué mejor que dejar que nos acompañe otra mejicana indomable como Chavela Vargas, con quien Frida tuvo tantas, tantas, cosas en común.

Había nacido en Coyoacán, Méjico, en 1907, hija de un fotógrafo alemán y de su segunda esposa, de ascendencia española. La casa donde nació y ninafridakahlovivió gran parte de su vida, la célebre Casa Azul, es ahora su museo. La polio la obligó a estar nueve meses en cama y le dejó secuelas permanentes, como la desproporcionada delgadez de su pierna derecha. Su padre, con quien tenía mucha más afinidad que con su madre, fue quien la animó a que practicara deporte en su proceso de rehabilitación, y no fueron precisamente deportes convencionales los que eligió: fútbol y boxeo. Una nueva compañera apareció en su vida: la soledad. Sus limitaciones físicas la apartaban de los juegos de los demás niños de su edad. Y fue una compañera fiel: la soledad le acompañó durante toda su vida.

En aquella época la Escuela Nacional Preparatoria de Ciudad de México, la más prestigiosa de la ciudad, empezó a admitir a estudiantes del sexo femenino. Frida fue de las primeras. Eran solo 35 alumnas en un océano de más de dos mil alumnos. Fue entonces cuando se integró en un grupo de estudiantes que más tarde serían la flor y nata de la intelectualidad mejicana: los Cachuchas. Era un grupo concienciado política y socialmente que se rebelaba contra toda autoridad o injusticia. Las ideas anarquistas y el romanticismo revolucionario fueron sus banderas.

Acababa de empezar a tomar clases de dibujo cuando, regresando una tarde de la escuela, su autobús fue 6arrollado por un tranvía. El resultado fue terrorífico: la columna vertebral fracturada en tres partes, dos costillas rotas, la clavícula fracturada, tres fracturas más en el hueso púbico, la pierna derecha rota en once partes… y el pasamanos del autobús le entró por la cadera y salió por su vagina. Como Frida comentaba en broma, “perdí la virginidad de una forma brutal” Es entonces cuando, en la cama, comienza a pintar, y lo hace como lo haría durante toda su vida: pintando su propia experiencia, los momentos vividos, los dolores sufridos… Su primer óleo fue un autorretrato que dedicó al novio que tenía entonces, Alejandro Gómez Arias, perteneciente también a Los Cachuchas. Las consecuencias de aquel terrible accidente no solo fueron físicas. Frida maduró de repente, como le escribe a Alejandro: “¿Por qué estudias tanto?, ¿Qué secreto buscas? La vida pronto te lo revelará. Yo ya lo sé todo, sin leer ni escribir. Hace poco, tal vez unos cuantos días, era una niña que andaba en un mundo de colores, de formas precisas y tangibles. Todo era misterioso y algo se ocultaba: la adivinación de su naturaleza constituía un juego para mí. ¡Si supieras lo terrible que es alcanzar el conocimiento de repente, como si un rayo dilucidara la tierra! Ahora habito un planeta doloroso, transparente como el hielo. Es como si hubiera aprendido todo al mismo tiempo, en cosa de segundos. Mis amigas y mis compañeras se convirtieron lentamente en mujeres. Yo envejecí en algunos instantes y ahora todo es insípido y raso. Sé que no hay nada detrás, si lo hubiera lo vería…”

Dos años después Frida empieza a frecuentar los círculos políticos, intelectuales y artísticos mejicanos. Allí conoce a Tina Modotti, una fotógrafa 1estadounidense pareja del comunista cubano Julio Antonio Mella, con quien entabla una gran amistad. Fue Tina la que la acercó al Partido Comunista de México, al que se afilió. Es allí donde conoce al que sería el gran amor de su vida: el muralista Diego Rivera. Un día Frida fue a su estudio para enseñarle sus trabajos. Rivera quedó fuertemente impresionado por aquellos cuadros. Años después, cuando ya casados, ambos pasaron una temporada en Estados Unidos, Rivera dijo de su pintura: «Frida empezó a trabajar en una serie de obras maestras sin precedentes en la historia del arte, pinturas que exaltaban la cualidad femenina de la verdad, la realidad, la crueldad y la pena. Nunca antes una mujer había puesto semejante atormentada poesía sobre la tela como Frida en esta época de Detroit”.

Su matrimonio no fue un matrimonio a la usanza tradicional. Se amaban con locura, pero ambos se resistían a perder lo que les hacía ser ellos mismos: su necesidad de libertad. Las infidelidades de él con otras mujeres eran constantes, entre las que se encontraba la que mantuvo con Cristina, la hermana pequeña de Frida. Las de Frida tampoco le andaban a la zaga. Frida nunca ocultó su bisexualidad, y en aquellas infidelidades tenían cabida tanto hombres como mujeres. Su recuerdo de su primer encuentro con Chavela Vargas define perfectamente su manera de ver la vida, el amor y el sexo: “Hoy conocí a Chavela Vargas. Extraordinaria, lesbiana, es más se me antojó eróticamente. No sé si ella sintió lo que yo. Pero creo que es una mujer lo bastante liberal que, si me lo pide, no dudaría un segundo en desnudarme ante ella… Ella, repito, es erótica. Acaso es un regalo que el cielo me envía…” frida_diegoEsas infidelidades mutuas causaron más de un problema a la pareja, principalmente a él, que era más celoso, y llegaron a provocar su divorcio, un divorcio que solo duró un año pues volvieron a casarse inmediatamente: se necesitaban irremediablemente el uno al otro, como Frida siempre reconoció: “¿Cuál es mi camino? ¿Esperarte? ¿Olvidarte? ¿Hacer lo que tú haces, ir de los brazos de uno y de otro, hoy dormir con alguien mañana con otro diferente…? Vivo cada día con la esperanza de verte regresar… y cada noche sabiendo que no estás… Quizá esperen oír de mí lamentos de “lo mucho que se sufre” viviendo con un hombre como Diego. Pero yo no creo que las márgenes de un río sufran por dejarlo correr… Quisiera darte todo lo que nunca hubieras tenido, y ni así sabrías la maravilla que es poder quererte…”

Las secuelas del accidente impidieron que Frida pudiese cumplir uno de sus sueños: tener hijos. Sufrió tres abortos. La vida con Rivera era pasional e frida-kahlo-cuadro-Henry-Ford-Hospital-cama-volando-1932intensa. Su amor por la pintura les unía absolutamente. Él fue el mayor admirador de la pintura de Frida, una pintura personal, naif, honesta, sincera y tremendamente original que se apartaba de todos los cánones, a pesar de que muchos, como André Breton, pretendieran encasillarla en alguna tendencia como la surrealista: “No sé si mis pinturas son o no surrealistas pero de lo que sí estoy segura es que son la expresión más franca de mi ser. Nunca pinto sueños o pesadillas. Pinto mi propia realidad… Lo único que yo sé es que pinto porque tengo la necesidad de hacerlo, pinto siempre lo que me pasa por la cabeza sin ninguna otra consideración… El arte más poderoso de la vida, es hacer del dolor un talismán que cura. ¡Una mariposa renace florecida en fiesta de colores!”

La persecución política que estaban sufriendo los comunistas en Méjico hizo que, en 1931, se frida_kahlo_trotskytrasladasen a vivir a los Estados Unidos. A Frida el estilo de vida norteamericano nunca le gustó y fue muy crítica con él. En 1935 regresan a Méjico, a su adorada casa azul. Allí, entre 1937 y 1939, vivirá su exilio con ellos el revolucionario Leon Trotsky. Frida y él fueron amantes. El 21 de agosto de 1940 Trotsky fue asesinado por el estalinista español Ramón Mercader. Frida y Rivera llegaron a ser detenidos como sospechosos de haber participado. Su estrecha relación con Trostsky y su pertenencia al Partido Comunista de Méjico eran los únicos indicios en los que se basó la policía para detenerles. Aquello no tenía ningún sentido. Poco después fueron puestos en libertad.

Frida no fue una pintora prolífica, su obra no alcanza los 150 cuadros, pero sí una pintora FridaKahlo-abrazoamoroso1949autodidacta que forjó un estilo propio en todo lo que hizo. Desde su propia estética personal, sugerida por Rivera, utilizando siempre trajes tradicionales y ornamentos populares mejicanos, a todos y cada uno de sus cuadros. Defensora a ultranza de las culturas indígenas y de todo lo popular, tanto ella como su obra han pasado a convertirse en un icono étnico que defiende el contacto con la naturaleza, el amor a la madre tierra y la autenticidad del sentimiento y los valores de su pueblo: “El hombre es dueño de su destino y su destino es la tierra y él mismo la está destruyendo hasta quedarse sin destino” Frida es su vida y también su obra, ambas son inseparables.

El dolor y la soledad fueron siempre sus más fieles compañeros de viaje. Incluso en sus últimos años, el destino quiso ser cruel con su débil físico una vez más. Una gangrena hizo que le amputasen parte de su pierna. La fuerte depresión que sufrió entonces la empujó al alcohol y al suicidio: “La vida insiste en ser mi amiga y el destino mi enemigo… Amurallar el propio sufrimiento es arriesgarte a que te devore desde el interior… El dolor no es parte de la vida, se puede convertir en la vida misma… Intenté ahogar mis dolores, pero ellos aprendieron a nadar… Doctor si me deja tomar este tequila le prometo no beber en mi funeral…”

Su amor por la pintura fue esa tabla de salvación a la que ella se agarró con todas sus fuerzas: “La pintura ha llenado mi vida. He perdido tres hijos y Viva la vidaotra serie de cosas que hubiesen podido llenar mi horrible vida. La pintura lo ha sustituido todo” En 1953, en la ciudad de Méjico se organizó la única exposición individual que se le había hecho en su país. Su deteriorada salud le impedía asistir, pero Frida hizo que la llevaran en una ambulancia con su cama de hospital a la Galería de Arte Contemporáneo. Allí, en medio de la sala, cantó, bebió y disfrutó de uno de los momentos más felices de su vida. Sus últimos meses fueron terribles. La depresión y el dolor no dejaban de acosar a una mujer que, por encima de todo, amó la vida y la pasión por vivir, una mujer que, habiendo sufrido lo que sufrió, llegó a 2decir:“¿Pies? para qué los quiero si tengo alas para volar” En sus últimos meses escribió poemas y un diario en el que no ocultó sus repetidos intentos de suicidio. Aun así salió una vez más a la calle con su silla de ruedas. Fue para unirse a la manifestación de protesta contra la intervención estadounidense en Guatemala. Murió doce días después. No se realizó ninguna autopsia. La última frase que escribió en su diario fue: “Espero alegre la salida y espero no volver jamás” Frida fue hermosa en la vida y bella hasta en el dolor. En vida la mayoría la conoció por ser la mujer de Diego Rivera. Tuvieron que pasar años tras su muerte para que el mundo la reconociera como lo que realmente fue: un ser libre y sensible que ganó la partida de la vida a pesar de que el destino no quiso darle buenas cartas ni una sola vez. Frida fue hermosa, muy hermosa, quizá demasiado hermosa para un mundo como este…

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Pablo Neruda: el cartero de Isla Negra

9 diciembre, 2012

¿Quién no ha escuchado alguna vez “me gustas cuando callas porque estás como ausente”?, ¿Quién no ha sentido alguna vez “puedo escribir los versos más tristes esta noche”?, ¿Quién no ha sufrido alguna vez “todo en ti fue naufragio”? Esos versos universales que todos llevamos tan dentro fueron escritos por un joven de diecinueve años. Pertenecen al libro “20 poemas de amor y una canción desesperada” que Pablo Neruda publicó en 1924, quizá uno de los libros de poesía más leídos en el mundo. Neruda fue un hombre enamorado de la vida y de la belleza, comprometido hasta la médula con la justicia y la dignidad, compromiso que le valió el exilio y la clandestinidad en más de una ocasión y, por encima de todo, fue uno de los poetas que, quizá mejor, ha sabido ahondar en los misterios y secretos del alma humana. El título de su autobiografía no puede ser más elocuente: “Confieso que he vivido”. García Márquez y Harold Bloom, sin dudarlo, le consideran el poeta más grande del siglo XX. Para muchos Neruda es el poeta del amor, ese poeta que con diecinueve años escribe  “es tan corto el amor y tan largo el olvido”, ese poeta sin edad que dice que preguntar al amor es cosa rara, es preguntar cerezas al cerezo…

Si quieres, para acompañar esta entrada, te propongo que nos acompañe este pequeño fragmento de la maqueta del programa de radio que dio origen a este blog en el que podrás escuchar a Atahualpa Yupanqui cantando “Los ejes de mi carreta”, y a continuación la lectura que hice del poema de Neruda: “Autorretrato”

Hijo de un obrero ferroviario y de una maestra de escuela, Neruda nació en Parral (Chile), en 1904. Su madre murió cuando él tenía un mes. Dos años después su familia se trasladó a Temuco, un paraje lleno de montañas, ríos, lagos y bosques que le hicieron descubrir su profundo amor por la naturaleza. Allí vivió hasta 1921, y allí publicó sus primeros artículos y poemas. Eligió el seudónimo de Pablo Neruda ( su nombre real era Ricardo Eliecer Neftalí Reyes Basoalto) para evitar que su padre supiera que tenía un hijo poeta. Fue otra gran poeta, Gabriela Mistral, quien le dio a conocer la literatura rusa que tanta influencia ejerció sobre él. En 1921 se trasladó a vivir a Santiago de Chile para estudiar pedagogía. En Santiago publicó “Veinte poemas de amor y una canción desesperada” Su alma inquieta le empujó hacia a la carrera diplomática, como también hizo con otros grandes poetas y aventureros como Vinicius de Moraes o Rafael Lorente. Le destinaron como cónsul a Rangún (Birmania), Sri Lanka, Java, Singapur, Buenos Aires, Barcelona y Madrid. Estando en Madrid le sorprende la guerra civil española. Conmovido por el asesinato de su amigo García Lorca, abraza la causa republicana y se compromete con ella luchando por la república tanto dentro de España como posteriormente, perdida ya la guerra, desde Francia, donde organiza el proyecto Winnipeg, un barco que llevó a dos mil exiliados españoles de Francia a Chile.

Tras su etapa en Francia es destinado a Méjico, donde rescribe su Canto General para convertirlo en un verdadero himno del continente sudamericano. En 1943 regresa a Chile donde, en 1945, recibe el Premio Nacional de Literatura. Es entonces cuando participa más activamente en la política interna de su país. Se afilia al Partido Comunista de Chile y es elegido senador. Su enfrentamiento con el gobierno chileno es cada vez más directo y tiene que huir al exilio tras pasar una época en la clandestinidad. Huye a Argentina cruzando la frontera a caballo. Pero él nunca deja de escribir, la poesía es su vida. Quizá el poema “La poesía”, del Memorial de Isla Negra, es el poema que mejor recoge lo que para él fue el encuentro con la poesía:

“Y fue a esa edad… Llegó la poesía
a buscarme. No sé, no sé de dónde
salió, de invierno o río.
No sé ni cómo ni cuándo,
no, no eran voces, no eran
palabras, ni silencio,
pero desde una calle me llamaba,
desde las ramas de la noche,
de pronto entre los otros,
entre fuegos violentos
o regresando solo,
allí estaba sin rostro
y me tocaba.

Yo no sabía qué decir, mi boca
no sabía
nombrar,
mis ojos eran ciegos,
y algo golpeaba en mi alma,
fiebre o alas perdidas,
y me fui haciendo solo,
descifrando
aquella quemadura,
y escribí la primera línea vaga,
vaga, sin cuerpo, pura
tontería,
pura sabiduría
del que no sabe nada,
y vi de pronto
el cielo
desgranado
y abierto,
planetas,
plantaciones palpitantes,
la sombra perforada,
acribillada
por flechas, fuego y flores,
la noche arrolladora, el universo.

Y yo, mínimo ser,
ebrio del gran vacío
constelado,
a semejanza, a imagen
del misterio,
me sentí parte pura
del abismo,
rodé con las estrellas,
mi corazón se desató en el viento”

Poco después llega de incógnito a París, donde es recibido y protegido por viejos amigos, como Picasso. Regularizada su situación, reaparece en la vida pública en el Primer Congreso del Movimiento Mundial de Partidarios de la Paz. Es en esa época cuando reside en Capri y en Nápoles hasta que se entera de que ya no es buscado en Chile y regresa en 1952.

En Chile fija su residencia en Isla Negra, ese paraíso azul donde vive tranquilo rodeado por su mujer, sus perros, sus libros y sus colecciones de caracolas y de mascarones de proa. Su labor creativa no descansa y escribe sin parar. Aquí tienes algunos de los poemas que, incluidos en su libro “Los versos del Capitán”, escribió en esos años:

EN TI LA TIERRA

“ Pequeña
rosa,
rosa pequeña,
a veces
diminuta y desnuda,
parece
que en una mano mía
cabes,
que así voy a cerrarte
y a llevarte a mi boca,
pero
de pronto
mis pies tocan tus pies y mi boca tus labios,
has crecido,
suben tus hombros como dos colinas,
tus pechos se pasean por mi pecho,
mi abrazo alcanza apenas a rodear la delgada
línea de luna nueva que tiene tu cintura:
En el amor como agua de mar te has desatado:
Mido apenas los ojos más extensos del cielo
y me inclino a tu boca para besar la tierra”

LA POBREZA

“Ay no quieres,
te asusta
la pobreza,
no quieres
ir con zapatos rotos al mercado
y volver con el viejo vestido.

Amor, no amamos,
como quieren los ricos,
la miseria. Nosotros
la extirparemos como diente maligno
que hasta ahora ha mordido el corazón del hombre.

Pero no quiero
que la temas.
si llega por mi culpa a tu morada,
si la pobreza expulsa
tus zapatos dorados,
que no expulse tu risa que es el pan de mi vida.
Si no puedes pagar el alquiler
sal al trabajo con paso orgulloso,
y piensa, amor, que yo te estoy mirando
y somos juntos la mayor riqueza
que jamás se reunió sobre la tierra.”

En 1969 renuncia a su candidatura por el Partido Comunista para apoyar la de Salvador Allende en representación de la Unidad Popular. Allende gana las elecciones. Neruda es nombrado embajador en Francia. En 1971 le conceden el Premio Nobel de Literatura. El 5 de diciembre de 1972 realiza la que será su última aparición en un acto público. Fue en el homenaje popular que le brindó el pueblo chileno en el Estadio Nacional de Santiago. Enfermo, en febrero de 1973 renuncia al cargo de embajador en Francia y regresa a Isla Negra. El 11 de septiembre de 1973 el general Pinochet da el golpe de estado que acaba con el gobierno y con la vida de Salvador Allende. En los días siguientes miles de chilenos son recluidos en el Estadio Nacional, el mismo en el que pocos meses antes Neruda había recibido su homenaje. Muchos fueron torturados. Fueron muchos los desaparecidos y muchos los asesinados allí mismo, como el cantante Víctor Jara, al que antes de matar le cortaron las manos. Neruda murió ocho días después del golpe militar de cáncer de próstata. Su casa en Santiago fue saqueada y sus libros quemados. A pesar de la feroz represión, su funeral se celebró en el Cementerio General. Los soldados que rodeaban a la multitud que asistió al entierro tuvieron que escuchar gritos en favor de Neruda y de Allende y el canto de La Internacional. En 1992, cumpliendo el deseo del poeta, sus restos fueron trasladados y enterrados en su casa de Isla Negra.

En la maravillosa película “El cartero y Pablo Neruda”, basada en la novela de Antonio Skármeta, el humilde cartero enamorado le dice al famoso poeta que la poesía no es de quien la escribe, sino de quien la necesita. Eso es lo que ha pasado con los versos de Neruda, que viven en el corazón de la gente. No hay que leer un poema como si fuera algo extraño, algo ajeno a nosotros, sino como una carta de amor que nos ha enviado personalmente a nosotros el poeta. Esa es la forma de leer la poesía: personalizándola, haciéndola nuestra, dejando que los versos entren en lo más hondo de nosotros. Los poemas son cartas de amor escritas al viento para quien las quiera recoger. Y Neruda escribió muchas, la mayoría desde Isla Negra, por eso me gusta recordarle como el cartero de Isla Negra. Uno de sus poemas, “Nada más”, nos habla de donde está ahora, de ese profundo mar que le dio la poesía y donde él vivirá siempre:

“De la verdad fui solidario:

de instaurar la luz en la tierra.

Quise ser común como el pan:

la lucha no me encontró ausente.

Pero aquí estoy con lo que amé,

con la soledad que perdí:

junto a esta piedra no reposo.

Trabaja el mar en mi silencio”

Quiero que sea su voz quien acabe esta entrada. Para ello no he escogido uno de sus poemas, sino su maravillosa prosa poética, y en concreto el primer párrafo del relato que le dedica a Quevedo en su libro “Viajes” Son palabras para las que no existe el tiempo, sino el corazón de los hombres:

“En el fondo del pozo de la historia, como un agua más sonora y brillante, brillan los ojos de los poetas muertos. Tierra, pueblo y poesía son una misma entidad encadenada por subterráneos misteriosos. Cuando la tierra florece, el pueblo respira la libertad, los poetas cantan y muestran el camino. Cuando la tiranía oscurece la tierra y castiga las espaldas del pueblo, antes que nada se busca la voz más alta, y cae la cabeza del poeta al fondo del pozo de la historia. La tiranía corta la cabeza que canta, pero la voz en el fondo del pozo vuelve a los manantiales secretos de la tierra y desde la oscuridad sube por la boca del pueblo.

Este es un viaje al fondo del pozo de la historia. Nos dirigimos a un territorio oscurecido, a un camino en que las hojas de los árboles permanecen quemadas desde hace siglos, y en que las interrogaciones se refieren a un infierno terrestre, arrasado por la angustia humana.

Voy a hablaros de un poeta y de su prolongación en otros, voy a hablaros de un hombre y sus preguntas, de sus martirios y su lucha, y veréis cómo aparecen en el tiempo, otros dolores, otras luchas, otra poesía y otras afirmaciones. Los hombres de quienes hablaré pasaron la vida clamando a la tierra, bajando la mirada a las profundidades del hombre y de la vida, buscando desesperadamente un cielo más posible, quemándose los ojos en la contemplación humana, en la desesperación celestial.

Este es un viaje al fondo escondido que mañana se levantará viviente. Este es un viaje al polvo. Al polvo enamorado que mañana volverá a vivir…”

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Luis Eduardo Aute, ese niño que miraba el mar…

2 diciembre, 2012

Hablar de Luis Eduardo Aute es hablar de poesía, de pintura, de escultura, de independencia, de libertad, de compromiso, de amor, de integridad, de generosidad, de misticismo, de curiosidad, de sabiduría, de melancolía, de desencanto, de sueños, de todo lo que somos, de todo lo que habríamos podido ser y, por encima de todo, siempre por encima de todo, es hablar de belleza. Pocos como él han sabido expresar nuestros sentimientos, nuestras tristezas y anhelos, nuestro mundo, ese pequeño mundo que habitamos desnortados en una sociedad que ni comprendemos ni nos comprende. Su música es profunda, sensual, tierna, cargada de poesía, esa poesía que él tanto ama. Es una música que, venida desde lo más hondo de su ser, nos eleva a ese otro mundo en el que ya solo se escucha nuestra voz, esa voz misteriosa y amiga, que nos invita a escuchar el silencio de las galaxias. La música, la voz de Aute, es una llave para el alma. Y si su música es capaz de llevarnos tan lejos, el resto de ese particular universo, ese universo que él necesita expresar, ofrecer, compartir, nos abre puertas antes cerradas a mundos donde lo imaginario es real, donde la ficción habita la realidad, donde la ausencia se ilumina a la luz de unos versos desnudos, de unos sutiles trazos, o de unos fotogramas esculpidos en esa fugacidad sin tiempo que es la vida.

Nacido en Manila, donde trabajaba su padre, en 1943, pasa sus primeros años en Filipinas. Allí es educado en castellano, inglés (el del colegio donde estudiaba), tagalo y en el catalán de su padre. Con ocho años viene con su familia por primera vez a España. Tres años más tarde, tras una estancia en Barcelona, la familia se traslada definitivamente a vivir a Madrid. Su inquietud insaciable le lleva desde muy pequeño a la expresión artística. Escribe poemas, dibuja, pinta y, con nueve años, descubre el mundo del cine al ver “La ley del deseo”. Su primera actuación cantando en público la hace a los ocho años acompañando a una orquesta en el Hotel Avenida de Madrid. La canción que cantó no era otra que “Las hojas muertas”. Sus padres no solo no se opusieron, sino que apoyaron aquella vocación artística. Fue su padre quien le regaló su primera guitarra, una guitarra con la que tocaría con dos amigos en el colegio, formando parte de los grupos Los Tigres y Los Sonor, aunque aquella incursión en el mundo de la música, más que una verdadera vocación, para él era más bien un divertimento y una buena herramienta para ligar. Aute se considera pintor y, aunque la música le atrae, orienta sus pasos hacia la pintura.

En plena España franquista se siente agobiado y sin poder vivir la libertad que necesita. Quizá por eso solo aguanta dos semanas estudiando la carrera de aparejadores y se va a vivir a París. Allí ve películas prohibidas en España y descubre un universo absolutamente nuevo que le marcará para siempre: el de la filosofía. Nietzsche y su “Más allá del bien y del mal” no se separan ni por un momento de su mesilla de noche. Sus cuadros empiezan a venderse y él a malvivir de ellos. El mundo del cine le sigue apasionando. Eso, unido a su fluidez con el inglés y el francés, hace que le contraten como intérprete y segundo ayudante de dirección de la segunda unidad del rodaje de la película “Cleopatra”, de Joseph L. Mankiewicz. Compone varias canciones y sigue pintando. Es seleccionado para participar en la Bienal de Sao Paulo. Allí descubre la música de un cantautor que le sacude profundamente: Bob Dylan. Massiel graba algunos de los temas compuestos por Aute. “Rosas en el mar” se convierte en un éxito inmediato. Otro de sus temas de esa etapa, “Aleluya nº1”, alcanza todavía un éxito mayor y es versionado en muchos países. En EEUU llega incluso a figurar en los primeros puestos de las listas de ventas. Acompañando en un estudio una tarde a la guitarra a un amigo que quería grabar algunos de sus temas, les escucha Juan Carlos Calderón que, sin dudarlo, le pide a Aute que los grabe él. Pero él no está por la labor. Eso de grabar discos y tener que cantar en público no va con él y se resiste. Prefiere seguir pintando y viviendo su vida. La insistencia de Juan Carlos Calderón acaba por convencerle y accede a grabar esas canciones, que se convierten en un éxito.

Cansado del mundo de la música y de lo mucho que le aparta de su verdadera vocación como pintor, meses después abandona su faceta de cantante para seguir pintando alejado de todo aquel universo tan ajeno a él. Trabaja entonces como diseñador de carpetas para discos y realizador de lo que más tarde se conocerá como videoclips. También esos años son una época fecunda para su faceta como poeta y para su faceta de compositor, ya que sigue componiendo canciones y bandas sonoras para algunas películas. Su infatigable curiosidad artística le lleva a escribir y dirigir cortometrajes como “A flor de piel”, con la participación de Ana Belén y Jaime Chávarri.

Debemos a la sensibilidad y las dotes de persuasión de José Caballero Bonald, además de gran poeta productor musical, que Aute volviese al mundo de la música. Convencerle no fue fácil. Tuvieron que prometerle que le permitirían grabar lo que quisiera, como quisiera y que no le obligarían a cantar en público ni en la televisión. Aute aceptó. Todos ganamos.

No es este el lugar para diseccionar lo que ha sido y es la carrera musical de Aute. Se necesitaría mucho más que una entrada del blog para poder hablar detalladamente de toda su obra, compuesta por más de treinta discos. Tan solo quiero recordar algunos de los momentos que más han marcado esa larga carrera que le ha permitido componer la banda sonora de las vidas de muchos de nosotros. Su descubrimiento de los trovadores cubanos como Silvio Rodríguez o Pablo Milanés le lleva a colaborar con ellos en muchas ocasiones. En una de ellas, invitado por el gobierno cubano a participar en el Festival Mundial de la Juventud que se celebra en La Habana, se ve afectado por una tuberculosis que le obliga a guardar reposo durante cinco meses. La lectura es su principal compañera de fatigas durante ese tiempo y, en concreto, la filosofía. A partir de ese momento cambia su concepción de la vida y la espiritualidad pasa a ocupar un lugar destacado que se traduce en su obra posterior.

Aute siempre ha sido una persona generosa y solidaria. Ha apoyado todas las causas que considera justas y siempre ha tenido su mano, esa mano de dedos finos y largos, esa mano que habla, tendida a quien la pudiera necesitar. Son muchas las veces que le he pedido que colaborara apoyando actos o acciones solidarias (dedicando una foto para ayudar a los campamentos de refugiados tibetanos en el exilio, participando en el homenaje a Miguel Hernández que organizamos desde la Unión de actores con motivo del centenario del nacimiento del poeta, en el concierto de bienvenida a la marcha de los mineros en Aravaca, grabando para un disco benéfico una canción compuesta por personas en riesgo de exclusión social que hacían un taller de música, etc. etc. etc.) y su respuesta siempre ha sido un claro y decidido sí. Llegué incluso a proponerle hace unos años hacer una versión escénica de La placenta del Universo con lectura de poemas y música en directo en acústico junto a Paco Ibáñez y a María del Mar Bonet en teatros de pequeño formato para que el público pudiera vivirlas muy de cerca y él, sin dudarlo, aceptó. No llegamos a hacerlo por problemas de calendario porque no hubo forma de hacer coincidir las apretadas agendas de los tres, pero su respuesta, nunca lo olvidaré, fue un sí como los que solo él sabe dar.

El carácter renacentista y creativo de Aute le ha llevado a explorar caminos nunca recorridos por otros. La experiencia de la película “Un perro llamado dolor” es una buena muestra de ello. Escrita y dirigida por él, se trata de un largometraje de animación para el que el propio Aute dibujó a lápiz todos los dibujos que aparecen en pantalla (más de cuatro mil) y compuso, junto a sus amigos Silvio Rodríguez, Moraíto Chico y Suso Sáiz la banda sonora. Es una película extraordinaria y fascinante en la que Aute nos ofrece su visión de la relación entre el artista y la modelo a partir de la experiencia de varios artistas como Goya, Velazquez, Buñuel, Dalí, Picasso, etc. en la que el hilo conductor que nos transporta de un mundo a otro es un perro, un perro llamado Dolor en honor al que tenía Frida Kahlo.Aquí tienes un fragmento de esa película

Otro de los momentos más importantes en la vida y la obra de Aute fue, sin duda, el de los últimos fusilados del franquismo. Tres miembros del FRAP, José Humberto Baena Alonso, José Luis Sánchez Bravo y Ramón García Sanz, y dos de ETA, Ángel Otaegui y Juan Paredes Manot, “Txiki”, fueron fusilados el 27 de septiembre de 1975 tras ser condenados a muerte en sendos consejos de guerra plagados de irregularidades y carentes de las mínimas garantías legales. Fue un asesinato legalizado perpetrado menos de dos meses antes de la muerte del dictador, un asesinato que, como el de dos años antes de Salvador Puig Antich, nos marcó a muchos para siempre. En la madrugada del 27 de septiembre de 1975 la pólvora acabó con las vidas de aquellos cinco jóvenes. De nada sirvieron las innumerables protestas que desde dentro y fuera del país exigían que no les matasen. La dictadura franquista nació con sangre, vivió con sangre y murió con sangre. Aute compuso una canción que, como ninguna otra, ha sabido reflejar lo que muchos de nosotros sentimos entonces y seguimos sintiendo ahora, después de tantos años: la infinita rabia de la impotencia ante la injusticia y el crimen. Esa canción es “Al alba”. La censura franquista no entendió que la letra. Por eso no la prohibió.

La mirada de Aute es una mirada limpia que mira y ve lo que ocurre a su alrededor, que le impulsa a recorrer ese camino de la vida como lo hace la gente que se rebela contra la injusticia y lucha por un mundo nuevo: tendiendo la mano a los demás, dando a los demás, amando a los demás. ¡Y es tanto lo que nos ha dado! Quizá uno de los momentos más inolvidables en la vida musical de Aute fue el del concierto en Las Ventas en 1993 que dio junto a Silvio Rodríguez en un “Mano a mano” inolvidable. Aquí tienes un resumen de lo que se vivió aquella noche…con él te dejo en el que ha sido el viaje de hoy, un viaje acompañando a Eduardo, ese niño que miraba el mar…

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Piranesi, o las cárceles del alma…

2 septiembre, 2012

Nació hace casi trescientos años, pero su mundo interior, su particular visión del universo y de la vida, han trascendido los siglos haciendo de él un genio atemporal capaz de superar barreras tan débiles como espacio y tiempo. Fue un pintor magistral que jamás pintó un cuadro. Su sueño era ser arquitecto, y quizá podría haber sido uno de los más grandes de todos los tiempos, pero no le dejaron construir ni un solo edificio. Tan solo restauró una iglesia de la Orden de Malta en la que está enterrado. Fue arqueólogo, humanista, diseñador de muebles y objetos decorativos, decorador, anticuario… fue todo eso y mucho más. La historia, esa historia de la humanidad que tanto le debe, le recuerda como grabador. Sus más de mil grabados de las ruinas de la antigua Roma que estudió, imaginó y representó, junto a sus diseños y a sus grabados y estudios sobre la ingeniería civil del Imperio romano y, sobre todo, su serie de dieciséis grabados sobre las cárceles imaginarias que solo existían en su mente son la prueba que hoy nos queda de que ese hombre, Giovanni Battista Piranesi, existió. Ha sido, posiblemente, uno de los genios que más ha influido en el arte y la cultura de la civilización occidental. Panini, Goya, Picasso, Kafka, Warhol y tantos y tantos más han mamado de las ubres de este hombre que nunca representó lo que veían sus ojos, el mundo que le rodeaba, sino que siempre buscó en lo más hondo que veía su alma: el glorioso pasado marchitado por el paso del tiempo, ese pasado que no ha de volver, y el aterrador futuro del laberinto que anticipa el sinsentido del mundo actual que él ya intuyó al diseñar sus cáceles imaginarias, esas cárceles oscuras, macabras y siniestras repletas de escaleras, pasadizos, puentes y puertas que, como los laberintos del mundo que hemos creado o dejado que creen, conducen a ese no lugar que existe entre la nada y ninguna parte y en el que se han empeñado en confinarnos.

Piranesi nació en 1720 en el seno de una familia en la que convivían los artesanos, los profesionales liberales y el clero. Desde muy pequeño destacó por sus dotes de pintor. De hecho ese talento para la pintura fue un obstáculo para encontrar su primer trabajo en un taller de grabado ya que le consideraban “demasiado buen pintor” para ser un buen grabador. Él no quería ser grabador, sino pintor o, sobre todo, arquitecto. Pero nadie quiso darle una oportunidad. Por eso no tardó en aprender la técnica del aguafuerte y todos los secretos del universo del grabado para poder crear todos aquellos espacios imaginarios que sabía que jamás le dejarían construir. Fascinado por la cultura de la antigua Roma, compaginó su aprendizaje de la técnica del grabado con sus estudios sobre la cultura clásica y la arquitectura. En un mundo en el que el turismo no había nacido y las postales no existían ni en sueños, los grabados eran el recuerdo que los contados viajeros de la época se llevaban de los lugares que visitaban. Piranesi no quiso contentarse con eso, sino que una y otra vez representó en sus grabados las ruinas de lo que fue, los vestigios de lo que pudo haber sido, o el simple sueño de lo que a él le hubiera gustado que hubiera sido. En sus vistas de Roma y de otros enclaves históricos, nos ofrece una visión grandiosa y magnífica del  esplendor de una cultura no igualada hasta la fecha. Las ruinas de ese pasado siguen mostrando una belleza y una dignidad inigualables. La inclusión de figuras humanas en sus grabados nos da la inmensidad de proporciones de los edificios en los que se hallan. Piranesi, anticipando también el mundo que nos ha tocado vivir, no representa a artesanos o posibles miembros de una clase “media” en sus grabados, sino que en ellos solo aparecen nobles o mendigos, ricos o pobres, lujosas levitas o zarrapastrosos harapos…

Obsesionado por demostrar las raíces etruscas del arte romano y su importancia frente al tan valorado arte griego, todo en sus grabados gira en torno a este propósito. El arte egipcio y su simbolismo también están presentes en esas ruinas que nos hablan de un esplendoroso pasado donde el arte y la belleza ocupaban una parte esencial en la vida del hombre. Nadie como él ha sabido reflejar la impiedad del paso del tiempo que, día a día, segundo a segundo, lo va destruyendo todo. Los árboles asoman entre los muros de esos otrora esplendorosos edificios que ahora pugnan por no caer, asoman raíces entre los bloques caídos que ya no son más que enormes pedestales de estatuas que jamás existieron. La sombra, esa sombra que anuncia la inevitable llegada de la noche, lentamente va inundándolo todo…

Y si en las ruinas de los grabados de Piranesi vemos el esplendor de lo que fue, de lo que hemos perdido, en los que hizo de sus cárceles imaginarias asistimos, boquiabiertos, a la representación de esas prisiones del alma que atenazan al hombre de hoy, perdido en interminables caminos y enormes salas que le llevan a ninguna parte. En estas cárceles Piranesi no ha representado ni un atisbo de vida que no sea la carcelaria: no hay árboles, ni hojas, ni siquiera pájaros. Tan solo algunas figuras humanas aisladas, oscuras, impasibles… son presos y guardianes: unos presos que saben que jamás saldrán de esa prisión y unos guardianes que, quizá sin saberlo, tampoco hallarán jamás la salida de ese laberinto infernal del que nadie puede escapar. Sus cárceles son el mundo en el que todos vivimos presos: unos sabiéndolo, otros creyendo que son libres simplemente porque tienen poder sobre los demás. ¿Qué pudo llevar a un hombre de veinticinco años a imaginar un mundo así?;  ¿Qué inmensa soledad y desasosiego debía sentir para crear un mundo tan macabro y siniestro, un mundo donde no entra la luz y donde interminables escaleras y pasadizos conducen a nuevas salas que dan paso a más y más escaleras y pasadizos que no llevan a ningún sitio, un mundo donde solo hay instrumentos de tortura, crueldad, silencio y soledad?

Si el diminuto tamaño de las figuras humanas que emplea en sus grabados sobre lo que en un día fue la esplendorosa Roma nos sirven para darnos cuenta de la grandeza de los edificios, el aislamiento aterrador y la extrema soledad de los pobres desgraciados que representa aquí  Piranesi nos muestran todo lo contrario: la vacuidad, el insondable vacío de las cárceles, de todas las cárceles. Para hacernos ver la inmensidad de esos laberintos carcelarios, Piranesi se vale aquí de romper la continuidad de nuestra visión anteponiendo elementos estructurales o decorativos que interrumpen nuestra percepción de la perspectiva de las salas para retomarlas, tras ellos, en una escala diferente que nos da la sensación de lejanía, de inmensidad…

Como bien señala Sergei Eisentstein al comparar las cárceles de Piranesi con los paisajes verticales de la pintura china y japonesa (los kakemonos): “Si en Piranesi todo es dinamismo, borrasca, ritmo frenético de penetración en profundidad hacia el interior, en los kakemonos todo es apaciguamiento, ascenso solemne hacia unas citas iluminadas. Piranesi parece reflejar la agresividad del éxtasis occidental (español, italiano) en oposición al quietismo extático, panteísta, de Oriente (India, China). Las aspiraciones del italiano lo impulsan a hacer, por todos los medios, de la superficie plana impresa un cuerpo tridimensional, realmente perceptible. Las aspiraciones del chino consisten en hacer de la realidad tridimensional una imagen bidimensional de la contemplación. De ahí los cánones figurativos: perspectiva exagerada en uno y… perspectiva inversa en el otro… Lo común a las dos es la ruptura de la continuidad de la representación. En Piranesi, la continuidad de la perspectiva es rota por los pilares, los arcos y los puentes. En los kakemonos la unidad de la imagen queda simplemente rota por capas de nubes…”

La exposición que sobre Piranesi ha realizado Caixaforum en Madrid es una invitación a quedarnos extasiados horas y horas frente a ese viaje al fondo de nosotros mismos al que nos invita a través de sus grabados, ese viaje hacia lo más hondo de nuestro imaginario en el que Piranesi nos lleva de la mano. Y si Piranesi fue un maestro en trascender barreras como espacio o tiempo, esta exposición recoge esa herencia a través del trabajo hecho por Factum Arte en el que, con los más avanzados medios técnicos actuales, se han construido por primera vez algunos de los objetos que diseñó Piranesi y que jamás pudo ver realizados. Una de las joyas de esa exposición es el video en 3D realizado por Grégoire Dupond a partir de los grabados de las cárceles imaginarias de Piranesi, un video que nos adentra en los misterios de esas construcciones imaginarias de las que nadie, ni el propio Piranesi, puede escapar. La Suite nº 2 para Cello de Bach interpretada por Pau Casals es el mejor compañero de viaje que él habría podido escoger para acompañarnos en este viaje. ¡Que lo disfrutes!

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Carlos Olalla

Por circunstancias de la vida me pasé más de veinticinco años dirigiendo empresas en la que, sin lugar a dudas, fue la etapa más aburrida y frustrante de mi vida. La verdad es que nunca me gustaron esos trabajos y lo pasé fatal. Cuando cumplí los 45 me encontré con que una reestructuración empresarial me ponía de patitas en la calle y sin un duro. Por si fuera poco, nadie me quería dar trabajo porque decían que ya era demasiado “viejo”. A mí siempre me había gustado el mundo del cine y, como estaba en el paro y tenía tiempo, empecé a estudiar interpretación. Me pasé tres años siendo el “abuelo” de todos mis jóvenes compañeros en una conocida escuela de teatro de Barcelona. Durante aquel tiempo recibí alguna propuesta de trabajo para reincorporarme al mundo de la empresa, pero no quise aceptarlas: el nuevo mundo que había descubierto me había atrapado por completo, así que decidí cambiar una maravilla de sueldo y una mierda de trabajo por una maravilla de trabajo y una mierda de sueldo. Puedo deciros que ha sido la mejor decisión que he tomado en mi vida: por primera vez soy libre, la palabra jefe ya no significa nada para mí, hago lo que verdaderamente me gusta y, lo mejor, trabajo con gente sensible y abierta que piensa y siente como yo. ¿Qué más se puede pedir?

www.carlosolalla.com

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