La placenta del Universo

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Álbum Letras & Artes, sobrevivir en tiempos de barbarie

28 abril, 2013

Portadas 112 ENG.inddEn estos tiempos de barbarie, de abyección y de estulticia, de culto a la superficialidad y a la masificación, de adoración del feísmo y criminalización de la belleza, de ensalzamiento del cuerpo y olvido del alma, en estos tiempos en los que la banalización del entretenimiento ha robado su espacio a la cultura, en los que precio y valor se confunden, en los que la palabra ha sido desplazada por la imagen y el pensamiento por el seguidismo, en estos tiempos en los que el cotilleo ha acabado con la información y la manipulación informativa con el derecho a ser informado, tener referentes independientes y libres es más necesario que nunca. Uno de esos referentes es la revista trimestral de arte y cultura Álbum Letras & Artes (www.albumletrasartes.es), la única revista de arte que queda en España con veintisiete años de historia. Sobrevivir en esta sociedad de la inmediatez es un éxito para una revista minoritaria, y hacerlo manteniendo la independencia y el amor al arte como únicas banderas, es una heroicidad. Por eso colaboro con ellos, porque son algo hermoso y necesario que todos hemos de cuidar. Por eso La placenta del Universo acaba de inaugurar una sección fija en la revista.

Esta revista es el sueño hecho realidad de Jesús Tablate Miquis, un soñador sin remedio enamorado de la belleza, del hedonismo y de la espiritualidad, un ser que Retrato de Erik Satie, de Ramón Casashalla en la filosofía perenne y en la profundidad del pensamiento de Platón la respuesta a todas las preguntas que el mundo nos hace hoy, un humanista que disfruta del inmenso placer de la lectura, de la emoción sin límite que es visitar una exposición, de la exquisita sabiduría que hay en todo viaje para el viajero que sabe mirar y del maravilloso perderse sin tiempo en la suave inmensidad de jardines, bosques, balnearios, islas y mares… Álbum Letras & Artes es una especie de último mohicano de lo que en su día fue la cultura, esa especie en extinción que hoy, en esta sociedad de la superficialidad, de la prisa y el espectáculo está a punto de desaparecer para siempre, un último renacentista que antepone palabras como pensamiento, libertad o belleza a todo lo demás, alguien que ha entendido que la felicidad no está en todo lo que podemos llegar a ser, sino en lo que somos, en nuestro aquí y en nuestro ahora, en la eternidad que vive fuera de los calendarios.

Corren tiempos de barbarie. La mal llamada crisis, esa guerra de clases genocida declarada unilateralmente por la clase Ensoñación, Charles Amable Lenoirprivilegiada contra todas las demás, se está llevando todo por delante. Ya nada será igual a como lo conocíamos en este nuevo mundo que asoma, un mundo vacío y sinsentido en el que el sexo frío ha acabado con el erotismo, el conocimiento con la sabiduría, la vulgaridad con la belleza y el egoísmo con la generosidad. En ese mundo en el que ya no se nos permitirá ni soñar, sueños como Álbum Letras & Artes son más necesarios que nunca, pero solo podrán sobrevivir si los apoyamos entre todos. La lucha por la supervivencia no será corta ni fácil, pero es una guerra que se puede ganar utilizando todas las armas que están a nuestro alcance. Y la tecnología es una de ellas. El desarrollo tecnológico ha acabado con las fronteras y el mundo digital ofrece hoy posibilidades imposibles para el mundo real. Esa es nuestra ventaja, la baza a jugar: abrir al mundo Álbum Letras & Artes y todos los proyectos que apuestan por el crecimiento del ser humano. Si hasta ahora el coste de transporte de una revista imposibilitaba su distribución a nivel mundial, en este momento, gracias al avance de la digitalización, Álbum Letras & Artes puede llegar inmediatamente a cualquier parte del mundo. Su presencia en los quioscos digitales (www.magzter.com o, en breve, www.kioskoymas.com) y haber tomado la decisión de editarla también en inglés, permitirá que todos los mohicanos que aún quedamos en este mundo podamos acceder a este reducto de la belleza y la cultura que es una revista como esta. Solo así sueños como este pueden sobrevivir en un mundo que, cada día, les niega su derecho a vivir, su espacio vital, su razón de existir…

La dictadura del mercado está haciendo que se anteponga el resultado económico a todo lo demás: lo que no vende, lo que no da dinero, no sirve, no vale, es El recibimiento, John Frederik Lewisinmediatamente descalificado por los jueces de esta injusta competición: políticos, banqueros y medios de comunicación pertenecientes a grandes grupos empresariales. Decía Jose Luis Sampedro que más importante que la libertad de expresión es la libertad de pensamiento. De nada sirve la libertad de expresión, que te dejen hablar, si lo que dices no es lo que realmente piensas, sino lo que otros te han inducido a que pienses. Hoy, en esa barbarie de inmediatez y superficialidad que nos domina, el ser humano ha perdido su capacidad de pensar, de reflexionar, de elaborar su pensamiento propio. La mayoría se limita a repetir lo último que ha oído, lo que más fuerte le han gritado o lo que más veces le han repetido. Y el drama es que cree que son sus propias opiniones, que cree que es libre. Tenemos que decir basta, que aprender a desaprender, que reeducarnos a nosotros mismos en base a una educación que nos oriente a ser libres y felices, que nos libere de eso tan triste en que nos han convertido: meros productores y consumidores. Por eso iniciativas como Álbum Letras & Artes tienen que existir, no podemos dejar que desaparezcan en este maremágnum del todo vale, del tanto vendes tanto vales, de ese desolado compro luego existo, en que nos han metido y nos meten cada día.

No podemos permitir que nos sigan manipulando como lo están haciendo, que salas y distribuidoras de cine de autor desaparezcan y solo nos lleguen películas Exterior museo del Louver Abu Dhabi, diseño de Jean Nouvelcomerciales, no podemos aceptar que librerías y editoriales que apuestan por la belleza o la inteligencia tengan que cerrar y ceder su espacio a tiendas de ropa, fastfoods o gimnasios, no podemos admitir que aniquilen todo lo que nos invita a pensar, a reflexionar, a crecer y a ser libres… La cultura, la verdadera cultura, siempre ha asustado al poder porque permite que los ciudadanos tomen conciencia de la realidad. Por eso hoy, en estos tiempos de criminalización de la cultura, todos tenemos que dar un paso al frente y defender lo que es nuestro, lo que es tuyo y mío: nuestra capacidad y nuestro derecho a ser seres humanos libres.

Visitar una exposición, ponernos frente a una obra de arte, es ponernos frente a un espejo en el que vemos nuestra alma, nuestro yo más profundo. La belleza no Interior museo del Louver Abu Dhabi, diseño de Jean Nouvelestá en el cuadro que vemos, en la escultura que admiramos o en el libro que leemos, sino en lo más hondo de nosotros mismos, en lo que somos, en nuestra esencia. Permitir que cierren museos, editoriales, cines, teatros o galerías de arte es dejar que se lleven los espejos, todos los espejos, que nos roben la visión de nuestra propia alma. Así es como nos quieren, ciegos de almas, analfabetos de emociones, mudos de sentimientos, estúpidos de pensamiento… seres dóciles a los que gobernar sin resistencia, esclavos que se creen libres y por eso no se rebelan contra sus amos, adocenados consumidores dispuestos a dejar la vida por conseguir cosas que no necesitan, estúpidos seguidores de todas sus banderas…

La existencia de revistas como Álbum Letras & Artes es hoy un acto de resistencia frente a la ignominia, de rebeldía frente a la manipulación y la degeneración de una sociedad que, si no reacciona, acabará siendo Suave vaivén de las olas verdes, Per Kikerbydevorada por ella misma. Somos los últimos mohicanos de una sociedad que aspiraba a vivir libre y feliz, una sociedad amenazada hoy de muerte pero que aún puede salvarse si se levanta y lucha. El drama es que ni siquiera nos estamos dando cuenta y seguimos pensando que esto es una crisis pasajera que, cualquier día, acabará y todo volverá a ser como antes. La tragedia es que creemos que a nosotros no nos pasará nada, que cuando llegue ese día podremos levantar cabeza y recuperar nuestra vida anterior. Este La casa del patriarca copto, John Frederik Lewissistema es muy inteligente. A base de promesas de futuras felicidades y miedos de presentes desgracias nos convierte en seres individuales, egocéntricos y egoístas que han perdido su sensación de pertenencia a un grupo, a un todo. Es el primer paso para convertirnos de ciudadanos a esclavos. El propio sistema, amparado tras una aparente complejidad técnica, además hace que creamos que no se puede hacer nada para cambiarlo. Y nosotros no hacemos nada para cambiarlo. Ese es el segundo paso. Somos como esos enormes elefantes de circo que viven atados a una diminuta estaca de la que podrían liberarse fácilmente… pero que ni lo intentan porque cuando eran pequeños lo intentaron una vez y vieron que no podían. Las estacas a las que estamos atados son pequeñas, pero las invisibles cadenas con las que nos atan son tremendamente fuertes porque nos las han metido muy dentro: inseguridad, miedo, aislamiento, impotencia, vulnerabilidad, ambición, egoísmo… Y son precisamente las iniciativas como Álbum Letras & Artes y todas las que luchan porque no desaparezca la cultura las que pueden ayudarnos a ser conscientes de ello, a darnos cuenta de que nos hemos convertido en nuestros propios esclavos, de que hemos vendido nuestra libertad a cambio de su promesa de seguridad, de que la vida es más, mucho más, que consumir, comprar y tirar.

Mi colaboración con Álbum Letras & Artes se centra en artículos que publico en la revista, en la sección fija que La placenta del Universo tiene en ella, y en ayudarles Naturaleza muerta en el mercado, de Paco Brocaen ese proceso de expansión internacional y de digitalización que están llevando a cabo. Es mi forma de hacerlo. Hay más, muchas más: leyéndola, disfrutándola, dándola a conocer, compartiéndola… Y hay muchos más proyectos que, como Álbum Letras & Artes, defienden la cultura y necesitan de nuestra ayuda, de tu ayuda y de la mía. Todos podemos, y debemos, tomar partido en esta batalla que se está librando contra la cultura, en esta guerra que no hemos declarado y que estamos perdiendo cada día: mira a tu alrededor y seguro que encontrarás uno y mil proyectos interesantes que no deben morir, proyectos con los que puedes colaborar, a los que les puedes aportar lo que tú llevas dentro: tu tiempo, tu dedicación, una colaboración puntual, una pequeña ayuda en un momento dado o para algo determinado… Quizá sea el cineclub del barrio, puede que clases a chavales con problemas o a inmigrantes que están aprendiendo nuestro idioma. Tú sabes hacer muchas cosas y puedes aprender a hacer muchas más. Tan solo tienes que mirar a tu alrededor y ver Gente, de Anselmo Guineaquién las necesita y cómo puedes dárselas. Este es tu papel en esta batalla. Todos tenemos uno. Y todos somos importantes para ganarla. Quedarnos en casa, no hacer nada, es hacer lo que ellos quieren, es permitir que se salgan con la suya. ¿vas a perder esa batalla en la que te va la vida y la de tus hijos sin siquiera haber intentado lucharla? Son muchas las cosas que tú tienes, que tú eres, y que pueden ayudar a otros a defenderse, a defendernos, en esta injusta guerra que no tenemos más remedio que luchar si no queremos que definitivamente nos aniquilen como seres humanos que aspiran a ser libres y felices. Piensa en ello y, sobre todo, ¡Actúa! El tiempo de la indignación ya ha pasado. Indignarse era el primer paso, un primer paso que ha hecho que muchos tomemos consciencia de lo que está pasando, de lo que nos están haciendo, pero el camino es largo y hay que dar muchos pasos más. Actuar es el siguiente.

He hablado mucho de lo que es la revista Álbum Letras & Artes. Puede que no la conozcas. Para que te hagas una idea de lo que es, aquí te dejo uno de los Caja de viajes, de Roberto Gonzálezartículos que he escrito en su último número. Está dedicado a un pintor maravilloso intensamente apreciado por algunos, pero desconocido aún para muchos. Su nombre es Roberto González. Su mundo un mundo fascinante donde fantasía y realidad unen su camino para demostrarnos que el arte no es más que una forma de expresar nuestra pertenencia a ese todo que trasciende, que nos hace crecer.  El artículo se titula La sabia soledad del alma. Con él te dejo ya por hoy. Saboréalo, deja que entre en ti, disfrútalo y, sobre todo, ¡compártelo y actúa!

“Adentrarse en el universo de Roberto González (Monforte de Lemos, Lugo, 1948) es aceptar una invitación a AT 1, de Roberto Gonzálezun viaje por el mar de la soledad, por ese mar de paraísos perdidos e islas aún por descubrir donde solo habita la soledad del alma, esa soledad que nos hace crecer, esa soledad que es sabia porque no tiene respuestas. Todo en sus cuadros y en sus esculturas rezuma soledad, soledad y melancolía. No estamos frente a la tristeza, porque la tristeza es maestra en huidas pero nada sabe de viajes, y lo que Roberto González hace es proponernos un viaje sin destino, un viaje hacia todas las Ítacas que nos llevan, irremisiblemente, al fondo de nosotros mismos. En sus cuadros hay preguntas, todas las preguntas, e islas, todas las islas: las imaginadas, las soñadas, las reales, las que nunca existieron, las que jamás dejarán de existir, las que se hundieron, las que todavía no han nacido… y también las que tú y yo somos en este mundo sin sentido que ha olvidado la sagrada importancia de la belleza.

Los personajes que habitan sus cuadros son seres solitarios, seres perdidos en un mundo que no entienden ni les N de Nilo, de Roberto Gonzálezentiende. Por eso nos resultan tan familiares, tan próximos, tan nuestros. Son los últimos mohicanos de un mundo humanista que desaparece o que ya no existe, aquel mundo en el que lo importante era amar, dar, compartir, atreverse a vivir sin renunciar a ser uno mismo… Hoy esos seres deambulan cabizbajos por los interminables laberintos de la soledad. Saben que han perdido, que no tienen lugar en este mundo aferrado al feísmo y a la vulgaridad, pero eso no les importa porque la belleza, la verdadera belleza, sigue latiendo en su interior. Y también son seres que buscan las fuentes, siempre lo han hecho porque necesitan saciar su sed de sabiduría y de vida en esos pequeños manantiales que brotan de lo más alto, en el silencio. No vemos sus rostros. No nos hace falta: entendemos su búsqueda porque es la nuestra, la de todos los que nos negamos a vivir encerrados en las cárceles del olvido, rodeados de muros, de incomprensión y de violencia, presos de mundos sin horizontes.

El universo de Roberto González nos habla de soledad y de silencio. La soledad de esos peregrinos de la belleza que pueblan sus cuadros, y el silencio de los Boeklias, islas de los muertos Iobjetos que han dejado a su paso: escaleras vacías, jarrones en imposible equilibrio, desnudas terrazas frente al océano que todo lo sabe, calladas  tumbonas en las que habita el recuerdo de lo que pudo haber sido, un recuerdo que mira de frente, cara a cara, a esa misteriosa isla sin tiempo de Arriaza. Los ocres de la soledad y los azules, siempre los azules del silencio, nos llevan hasta las islas Boecklias, las islas de los muertos que habitan el océano de la Laguna Estigia por la que el barquero Caronte lleva, lenta e inexorablemente, nuestras almas… Templos arañados en la roca nos hablan de un tiempo pasado. Cipreses nacidos en la roca lo hacen del presente. Nadie nos habla del futuro. Nuestro futuro no existe. Jamás ha existido. Puede que el can Cerbero esté por ahí, agazapado, vigilando la puerta de Hades. No le vemos. Hace tiempo que abandonó el más allá para convivir entre los muertos vivientes de este mundo que, apresurados, siempre apresurados, van de un lado para otro ciegos a la belleza que les rodea.

El trazo del lápiz de Roberto González es un trazo lento, sosegado, un trazo que nada sabe de prisas ni de urgencias. Es un trazo sensual y sabio, sensual para desear, sabio para amar. Hay mucho amor en sus cuadros, y también deseo, mucho deseo. Solo quienes de verdad aman saben que el amor vive en la soledad; solo quienes de verdad desean saben que el deseo vive en la ausencia. Soledad y ausencia son los colores que habitan estos cuadros, soledad que no aislamiento, ausencia que no vacío. Porque sus cuadros, todos sus cuadros, nos hablan, en callada charla, de nosotros mismos, de todo eso que llevamos dentro y que nos ha hecho ser quienes somos: sueños, miedos, pasiones, certezas, dudas, anhelos… y un puñado de cosas más, porque a fin de cuentas eso es lo que somos, tan solo un puñado de cosas más.

Y si en su pintura es el color, ese mágico encuentro con la poesía del color, el que nos acompaña en nuestro viaje, en su Fotografía de la serie La caída del Imperio Romano, de Roberto Gonzálezfotografía es el blanco y negro quien lo hace, ese blanco y negro que todo lo sabe porque todo lo ha vivido. Puede que el mundo nos haya empujado a pensar en color, incluso a vivir en color, pero los de cierta edad jamás dejaremos de sentir en blanco y negro, ese blanco y negro que nos hacía soñar, que nos hacía vivir todas las vidas en nuestra imaginación y crear todos los mundos que aún podían ser. Nosotros, expertos en naufragios que no admiramos ni sus cómos ni sus cuántos, estamos ahí, solos, en blanco y negro, alejándonos de una sociedad que jamás entenderá que crear no es averiguar un cómo o un cuánto, sino destruir un porqué, ese que, cada día, antes de que anochezca, destruye el sabio lápiz de Roberto González”

 

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Jacques Leonard, pasión por la vida…

29 mayo, 2011

Hoy quiero dedicar este espacio, el número cien de este blog,  a alguien muy especial,  alguien que fue capaz de dejarlo todo por amor: Jacques Leonard. Nacido en el seno de una familia francesa acomodada que, entre otras cosas, se dedicaba a la cría de caballos, guiado por su inaplacable instinto aventurero, siendo todavía pequeño descubrió, jugueteando con unas cajas de fotografías que encontró en un cajón, que sus orígenes familiares eran muy distintos de la realidad con la que él se encontró al nacer y en la que había sido educado. Un tabú había protegido el secreto mejor guardado de aquella familia: su origen gitano, un origen que su padre dejó de lado al casarse con una mujer paya. Fotógrafo, montador de cine, ayudante de dirección, figurante si hacía falta, escritor… son tantas y tan variadas las facetas de este medio payo y medio gitano, y son tantas las aventuras que vivió en su vida, que intentar descubrir su verdad se antoja una tarea casi imposible. Era un hombre capaz de jugarse la vida a una sola carta… y, además, ¡ganar!

Los cierto es que las cosas no fueron bien para su familia y, arruinado, salió de su casa buscando su destino: encontrar sus raíces perdidas.  Armado únicamente con su cámara fotográfica y sus insaciables ganas de vivir, decidió dedicarse a intentar captar la última verdad del último pueblo nómada de Europa: el gitano. Ese fue uno de los objetivos que marcaron su vida: atrapar los postreros vestigios de un mundo que estaba condenado a desaparecer. Ese viaje iniciático le llevó a Barcelona, donde conoció a una joven gitana que trabajaba como modelo de algunos pintores, y de la que él había oído hablar. Su nombre era Rosario Amaya, y era prima de la inigualable Carmen Amaya. Allí, en las barracas gitanas de la Barcelona de los años 50, se enamoró locamente de Rosario y se casó con ella. Se fue a vivir a aquel barrio, Montjuich, a aquellas míseras barracas de suelo de tierra que estaban frente al mar. Y allí fue el hombre más feliz del mundo. Por fín se había encontrado con los suyos, con ese espíritu nómada e indomable que corría por sus venas. Los gitanos no dudaron en aceptarle como uno de los suyos, y eso le permitió convertir su sueño en realidad y empaparse del mundo gitano, un mundo que podía fotografiar desde dentro, sin ninguna limitación, porque formaba parte de ellos, era uno de ellos. Por eso, la fotografía de Leonard llegaba donde nadie más podía llegar. Sus retratos de los gitanos y de la vida de Montjuich y del Somorrostro son únicos y fascinantes. Recuerdo haber visto uno que me impresionó mucho: un traje negro extendido en el suelo de tierra de una de las barracas, con su camisa y su corbata, rodeado de velas encendidas. Es la forma que tienen los gitanos de velar a sus muertos cuando no pueden velar el cadáver.

Y si la historia de la vida de Jacques Leonard es fascinante, no lo es menos la forma en que ha llegado a conocerse y a hacerse pública quince años después de su muerte.  Tuve la oportunidad de vivir ese momento muy de cerca cuando, hace tres años, Carmen Isasa y Sara de Lecea, las artífices del festival de cortometrajes Curt Ficcions, que ya lleva catorce años luchando por acercar los cortos al gran público y con el que he tenido la fortuna de colaborar en algunas ediciones,  me llamaron una mañana porque querían comentarme un tema. Allí, en uno de los inolvidables y maravillosos desayunos  con el que suelen agasajar a sus amigos, me hablaron de Yago Leonard, un joven  realizador cinematográfico que trabajaba con ellas y con el que también yo había tenido oportunidad de colaborar en alguna ocasión. Me explicaron que Yago les había contado la historia de uno de sus abuelos: un fotógrafo francés que lo había dejado todo para irse a vivir con una gitana de Barcelona. Le habían pedido a Yago que les dejase ver las fotografías de su abuelo, y estaban absolutamente fascinadas. Me mostraron algunas y me quedé profundamente impresionado. Nunca había visto tanta verdad y tanta belleza en unos retratos. Eran prodigiosos. Fue entonces cuando me hablaron de su proyecto: conseguir salvar aquellas fotografías que, a la muerte de Jacques Leonard en 1995, habían quedado guardadas en un cajón,  junto a  un manuscrito escrito a máquina por el propio Leonard contando sus memorias. El fondo lo constituían 18000 negativos, de los que casi 3000 eran del tema gitano. Carmen y Sara tenían muy claro que la mejor manera de salvar aquel patrimonio cultural irrepetible era consiguiendo organizar una exposición patrocinada por alguna institución pública, o cediendo todo el fondo a alguna institución que pudiese hacerse cargo de él con garantía (que es lo que finalmente hicieron los herededor de Leonard al cederlo al Arxiu Fotográfic de Barcelona en 2010).

Pero el sueño de Yago era ir un paso más allá y realizar un documental sobre la figura y la obra de su abuelo. Embarcarse en un proyecto como el del documental sin el soporte de una exposición que permitiera recuperar la figura de Leonard del olvido era casi suicida, pero estaban decididas a llevarlo adelante y, además, querían que fuera el propio Yago quien lo dirigiera. Nadie más adecuado que él. Tras arduas gestiones y muchas noches de insomnio, crearon una productora cuyo primer proyecto sería aquel documental y cerraron acuerdos con el Arxiu Fotogràfic de Barcelona y con TV3 y TVE para producir el documental, un documental que hoy es una realidad y que se ha estrenado, coincidiendo con la inauguración el próximo 2 de junio de la exposición en el Arxiu Fotográfic de Barcelona, en los cines Alexandra de Barcelona el pasado día 27  y en la sala Berlanga de Madrid el día 31.

Aquí tienes el trailer de este formidable documental

 

 

El proceso y el trabajo que hay detrás de este proyecto ha sido largo y duro, pero fascinante, porque todos los que han trabajado en él estaban enamorados de la figura y de la personalidad de este Payo Chac irrepetible. Curt Ficcions ha sabido coordinar un equipo fabuloso de personas en torno a este documental, desde Yago Leonard, su director, a Núria Villazán, responsable del guión, o a Carles Mestres, al frente de la fotografía y otros muchos colaboradores cuyo denominador común ha sido su total entrega a este proyecto.

Para realizar el docuemental han contado con el total apoyo de Santiago y Álex Leonard, los hijos de Jacques, que han aportado infinidad de anécdotas que vivieron en primera persona. Ha sido una colaboración de excepcional ayuda ya que Santiago trabajó muchos años como ayudante de su padre y son muchas las peripecias que recuerda de un hombre que no era muy dado a contar su historia. Son tantas y tantas las aventuras que vivió Jacques Leonard, el payo Chac, que es difícil saber a ciencia cierta cuales ocurrieron de verdad y cuales no. Desde que había ayudado a pasar a Francia a refugiados republicanos españoles, a haber sido espía, a haber llegado a Australia acompañando a una contorsionista y a un ventrílocuo, a haberse criado entre las cuadras de caballos y un taller de alta costura parisino…

La fotografía de Leonard es poética, mágica, llena de nostalgia y de melancolía, una fotografía que, más allá del tiempo, nos habla de un mundo fascinante que ya no ha de volver. Dedicó su vida a viajar por todo el mundo para atrapar con su cámara las costrumbres y las tradiciones de un pueblo acostumbrado, como él, a dormir bajo el único techo que le gusta: el de las estrellas. Las palabras con las que acaba su manuscrito autobiográfico reflejan sin lugar a dudas  todo lo que el pueblo gitano significaba para él: “Después de casarme con Rosario, el círculo se cerraba definitivamente. Toda mi existencia, hasta aquel momento, había sido la búsqueda de aquella parte de mí. Al casarse con una paya, mi padre había cortado sus raíces. Ahora, al unirme a uno de los suyos, yo regresaba a la gran família gitana y compartía para siempre sus miedos y sus esperanzas. La llegada de dos hijos nacidos de esta unión y educados en la más pura tradición gitana, ha sido un estímulo más en mi búsqueda de la identidad de este pueblo y de su futuro en un entorno lleno de incertidumbre…”

 

Aquí tienes el link donde puedes ver completo el documental:

http://www.rtve.es/alacarta/videos/el-documental/documental-jacques-leonard-payo-chac/1127306/

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Edward Steichen, elegía a un peregrino de la belleza

23 mayo, 2010

Hoy me gustaría hablaros de uno de esos seres únicos e irrepetibles, posiblemente uno de los últimos humanistas del siglo XX: Edward Steichen. Artista, visionario, fotógrafo, científico, jardinero, reportero, conservador de museos, divulgador de artistas, pintor… Realmente es imposible encerrar en una palabra la poliédrica personalidad de Steichen. Nacido en Luxemburgo en 1.879, este hombre de las mil y una vidas emigró de niño con su familia a los Estados Unidos. Allí, con apenas dieciséis años, cayó en sus manos su primera cámara fotográfica. Apasionado pintor, vio en aquel invento un nuevo camino de expresión, un camino que, más allá de la pintura o de la fotografía, podía llevarle a expresar lo que a él más le interesaba: la auténtica belleza de todo lo que le rodeaba. Nunca buscó que sus fotos o su pintura reflejaran la realidad externa de las cosas. Necesitaba captar, y expresar, el estado de ánimo de las flores que fotografiaba y la realidad auténtica de los personajes a los que retrataba. “Observa el tema, piensa sobre él antes de fotografiarlo, míralo hasta que tome vida y te devuelva la mirada” decía sobre la forma en que hay que abordar la fotografía. Steichen decía que si de verdad quieres fotografiar la belleza de una flor has que conseguir que “las luces canten y que el papel huela”. Para él “el autentico mago es la luz en sí misma – la luz misteriosa – en perpetuo cambio, con sus correspondientes sombras, abundantes y llenas de misterio.”

Si queréis, “Mon amie la Rose”, una antigua balada de Françoise Hardy, puede ser una buena compañía para adentrarnos en el universo particular de Edward Steichen.

Curioso infatigable, con su primera cámara Steichen empezó a investigar y a experimentar todas las posibilidades que podía ofrecerle: empañaba o mojaba el objetivo, hacía vibrar la cámara, etc… La técnica del revelado pronto se le quedó corta y también empezó a indagar en todos los nuevos campos que iba descubriendo. A través de la fotografía fue uno de los pioneros en recorrer el ilimitado sendero que une ciencia y arte. Ávido de belleza, de conocer lo que estaba pasando en el mundo del arte  y de ver de cerca la obra de su admirado Rodin, en 1.900 se embarcó rumbo a Europa. París era su destino.

En París entra en contacto con el arte moderno y se apasiona con Picasso, Matisse, Cèzanne… Al fin puede conocer a Rodin, que le dice que “cuando empezamos a comprender la naturaleza, el progreso no para jamás.” La Secesión vienesa también entra a formar parte de su vida. A caballo entre Europa y los Estados Unidos, es Steichen quien introduce el arte moderno en Norteamérica. En 1.905, siendo ya un fotógrafo de renombre internacional, deja su estudio de Nueva York para que su colega Alfred Stieglitz, que había creado la revista Photo-Secession, abra en él la primera galería de arte dedicada exclusivamente a la fotografía en la que fue una de las más grandes batallas de ambos: conseguir que la fotografía se considerase arte.

En 1.908 alquiló una finca en Voulangis (Francia), donde empezó a trabajar en la que sería otra de sus más grandes pasiones: la floricultura. Llegó a cultivar cien mil delfinios al año porque, como él decía, “varios acres abarrotados de delfinios constituyen un espectáculo fascinante”. Su hija recordaba que “mi padre se pasaba el día pintando, leyendo, con las flores. Tenía que estar allí cuando florecía cada una de ellas.” Buscador incansable de formas y colores, investigó con los híbridos. Hoy existen el delfinio Steichen y el lirio híbrido “Monsieur Steichen”. Su amor por las flores le llevó a conseguir que, en 1.936, el MOMA de Nueva York realizara la que fue la primera y última exposición de flores como forma de arte.

La primera guerra mundial hizo que el inquieto Steichen tomase partido de la mejor forma que él sabía: convenciendo a las autoridades militares de la necesidad de crear un departamento de fotografía aérea. Aquella idea ayudó a ganar la guerra. Los franceses le nombraron Caballero de la Legión de Honor. Más adelante, en la segunda guerra mundial, realizó algunos de los reportajes fotográficos más impresionantes que se han hecho jamás. También organizó exposiciones de fotografía de guerra (Road to victory) para conseguir que los jóvenes se alistaran. Esta sería poco después una de las facetas en las que la fuerte personalidad de Steichen destacó más: la de comisario de exposiciones. Su exposición “Family of man”, creada en 1.955 como una advertencia contra la amnesia colectiva de la posguerra, es la única exposición inscrita en el registro de la memoria del mundo de la UNESCO.

En 1.922, estando sin un duro, leyó un artículo de la revista Vanity Fair que le definía como el mejor retratista, pero indicaba erróneamente que había abandonado definitivamente la pintura por la fotografía. Escribió una carta al director para corregir ese error. La respuesta fue que le ofrecieron incorporarse a la revista como director de fotografía. Su paso por el grupo Condé Nast (Vanity Fair y Vogue) fue una auténtica revolución en el mundo de la publicidad y la fotografía comercial a la que dedicó tanta atención como a la artística. Muchos quisieron ver en eso que Steichen se había vendido y que había renunciado al arte  por el dinero de la publicidad. Sin embargo él demostró que el arte y la belleza también pueden y deben estar en la calle y no sólo en los museos.

Quizá una de sus facetas más conocidas es la de retratista de personalidades a las que sabía encontrar aquello que definía su esencia: Greta Garbo, Gary Cooper, Charles Chaplin, Gloria Swanson, Walt Disney, George Gershwin, George Bernard Shaw, Thomas Mann, H.G. Wells, Rodin o Winston Churchill… y muchos otros hicieron cola para ser fotografiados por Steichen. Su constante búsqueda de la belleza le llevó a diseñar un par de pianos de cola, estampados para tejidos, vidrios para la industria, etc… y a ser el conservador del departamento de fotografía del Museo de Arte Moderno de Nueva York.

Steichen fue un hombre apasionado por la magia de la belleza para el que “la misión de la fotografía es explicarle el hombre al hombre, y cada hombre a sí mismo”. Investigador insaciable, cuando había aprendido todo lo que quería saber de un tema concreto se apartaba para dejar que fueran otros los que continuasen la exploración. Para él siempre había mucho más por explorar en la vida. A los 94 años, poco antes de morir, Steichen seguía amando la vida y se quejaba de “todo el trabajo que sigue sin hacer, tantas cosas que se me ocurre hacer, suficientes para llenar la vida de otras seis personas.”

La personalidad de Steichen y esas ganas de vivir devorando la vida me recuerdan a la de un médico de los de “toda la vida” de Barcelona, el doctor Moisès Broggi. Creó la unidad de urgencias del Hospital Clínico de Barcelona durante la República y fue jefe de cirugía de las Brigadas Internacionales, lo que le ocasionó que le prohibieran trabajar en la medicina pública en la época de Franco. Fue el médico de cabecera de las principales familias de la burguesía catalana. Humanista, solidario, generoso donde los haya y comprometido con todas las causas justas, su vida daba para escribir más de una novela. Actualmente tiene ciento cuatro años y, en una reciente entrevista en la que le preguntaban por el secreto para estar tan lúcido y con tantas ganas de vivir a esa edad, dio una respuesta que es un verdadero ejemplo para todos y, desde luego, una profunda filosofía de la vida: Vivir, dijo, es como ir en bicicleta: si te paras te caes…

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Las mujeres que no conocemos

22 noviembre, 2009

JLGuerin6Hoy me gustaría hablaros de la exposición fotográfica que el cineasta José Luis Guerín preparó para la Bienal de Venecia de hace un par de años y que tuve la oportunidad de ver en el Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona (CCCB). Realmente era impresionante. Se llamaba “Las mujeres  que no conocemos”, y era una invitación a soñar con los besos no dados, con todas nuestras vidas no vividas, porque, como dice Guerín, las mujeres que no conocemos son vidas que no hemos vivido…

Y para hacerlo, nada mejor que la melancolía de los acordes de la música de Ludovico Einaudi.

Aquella exposición se trataba de un montaje fotosecuencial, formato intermedio entre el cine y la fotografía, que Guerin definía como un film en 24 cuadros. La instalación aprovechaba perfectamente las ventajas del espacio, invitándonos a seguir un solitario y oscuro camino lleno de recovecos y silencios que  hacía que nos sintiéramos como invadiendo una JLGuerin11intimidad, la intimidad de esas mujeres que no conocemos pero con las que soñamos despiertos cada día, de todas esas mujeres anónimas a las que Guerin ha querido robar un instante de su vida, ese instante que nos ofrece en la claridad del blanco y negro que ilumina la oscuridad de las salas, ese instante fugaz en el que cruzamos con ellas una mirada, una emoción o tan solo un deseo… En sus rostros hablan todos los silencios; en sus ojos habitan los misterios y los sueños, todos nuestros sueños, y en su intimidad robada todas las vidas que no nos atrevimos a vivir. ¿Qué habría pasado si hubiera llegado a hablar con aquella mujer que estaba leyendo junto a mí en aquella terraza solitaria al atardecer?, ¿y si me hubiera atrevido a besar a aquella joven a la que jamás volví a ver?, ¿y si hubiera cambiado mis planes de viaje para quedarme una noche más en aquella ciudad de provincias en la que me crucé con aquella mujer que llevaba la nostalgia por mirada?, ¿y si…?, ¿y si…?, ¿y si…? Son tantas las mujeres que no conocemos, tantas las vidas que no vivimos… tantas las que no nos atrevemos a vivir. Puede que recordemos el primer beso, seguro que el último y probablemente unos cuantos más, quizá los más intensos, pero, por desgracia, los que nunca llegamos a olvidar son los que no nos atrevimos a dar…

JLGuerin4Esta entrada no habla de cine, ni de televisión, ni de teatro. Ni siquiera habla de fotografía. Habla simplemente de las cosas de la vida, de todas esas vidas no vividas, porque la vida es una elección continua, y por eso está llena de oportunidades perdidas, de sueños muchas veces despedazados por nuestro miedo a vivir. Siempre podemos perdonarnos los errores que cometemos, pero lo que jamás nos perdonamos es lo que no nos hemos atrevido a vivir…

Cuando tenía trece años, pasé unas Navidades con mi familia en un pequeño hotel de alta montaña. Allí coincidí con la niña más guapa que he visto jamás. Tenía quince años. Era preciosa. Todavía veo sus tejanos ajustados, el poncho anaranjado que llevaba sobre los hombros y el brillante cuello blanco de su camisa… Nunca llegué a hablar con ella: mi timidez me lo impidió. Era francesa. Se marcharon del hotel a principios de enero. Recuerdo el día en que se fue como uno de los más tristes de mi vida. Necesitaba volver a verla, hablar con ella, necesitaba que supiera todo lo que sentía. Tenía que ponerme en contacto con ella como fuera. Aquella noche, en medio del silencio, entrada ya la madrugada, bajé en pijama a la recepción del hotel y robé la tarjeta del registro con su dirección. Nunca me atreví a escribirle y jamás la he vuelto a ver, pero hoy, pasados casi cuarenta años os puedo decir que se llamaba Sophie Ramstid, y que vivía en 42, Rue Le Castillon, Le Boriscat, Bordeaux, France…

JLGuerin13Vivir la vida es atreverse a hacerlo con todas las consecuencias y en todas las circunstancias. ¿Cuántas veces hemos dejado de hacer algo que realmente queríamos por hacer caso a los demás o a la voz de ese Pepito Grillo que siempre frena nuestros impulsos?. Vivir la vida es aceptar correr riesgos, es prescindir de la falsa seguridad que nos rodea, es atreverse a enfrentarse a los problemas, y hacerlo, muchas veces, en solitario y nadando contra corriente. Seguramente si Kandinski hubiera hecho caso a esa voz el mundo habría tenido un mediocre abogado más… y la pintura abstracta no existiría como la conocemos hoy.

Recuerdo que hace ya muchos años, acababa de cumplir los dieciocho, pedí un coche prestado y me fui sólo a recorrer Europa. Quería ver el mundo, conocer todos los mundos. Mi viaje me llevó a la antigua Yugoeslavia. Tras cruzar Italia de parte a parte, entré en aquel país que era una invitación a la aventura y fui recorriendo todos los secretos de su costa. Alguien me habló del Parque Nacional de Plitvice, un maravilloso paraje formado por 16 lagos unidos por cascadas y, sin dudarlo, me dirigí a él. Al llegar, envuelto todavía por las brumas de las primeras horas del día a través de las que, tímidamente, se colaban los rayos del sol, JLGuerin5encontré un pequeño refugio de montaña en el que estaba el único bar que había en todo el parque. Era una preciosa cabaña de madera que nada tenía que envidiar al paradisíaco Walden de Thoreau. No había mucha gente: tres o cuatro personas y algún turista tan perdido como yo. Estaba en la barra esperando a pedir un café con leche bien caliente cuando, de repente, se abrió la puerta que daba a la cocina y por ella apareció una chica que tendría poco más de quince años. Nunca había visto tanta luz en la mirada de una mujer. Sólo pude aguantar su mirada unos segundos, unos segundos en los que me habló de sus sueños, de sus emociones, de sus sentimientos más secretos y de sus irrefrenables ganas de vivir. Yo también intenté darle todo en aquellos segundos: mis ganas de conocerla, de abrazarla, de compartir mi vida entera con ella… No me atreví a decirle nada. Ella tampoco lo hizo pero, buscando mis ojos de vez en cuando, me dio el mejor de los regalos al  enseñarme a jugar al más maravilloso de los juegos. Antes de salir de la cabaña me detuve para mirarla por última vez. Pocos años después la crueldad de la guerra destrozó aquel país. Fueron cientos de miles los que sufrieron y murieron en aquella guerra. Nunca más he vuelto a saber de ella. Siempre me he preguntado qué debió ser de aquella niña que me enseñó a soñar. Han pasado más de treinta años y ni un solo día he olvidado la luz de la mirada de aquella casi mujer, una luz que volví a encontrar en las fotos de Guerín.

dublineses 7Pero todas esas vidas no vividas no se reducen solo a las oportunidades perdidas con mujeres desconocidas, a los encuentros no encontrados, sino que, a veces, las mujeres que no conocemos son precisamente las que están a nuestro lado, junto a nosotros, las mujeres con las que hemos compartido una vida entera y que creíamos conocer. Si la timidez era la que nos impedía acercarnos y conocer a esas desconocidas con las que podríamos haber vivido una vida,  nuestra incapacidad para amar y para entender lo que verdaderamente significa amar, es lo que nos impide vivir nuestra verdadera vida.

dublineses 3Acabo de leer un libro imprescindible: Historia de un matrimonio, de Andrew Sean Greer, que empieza así: “Creemos conocer a quienes amamos. Al marido. A la esposa. Los conocemos, somos ellos; a veces, por separado en una fiesta, nos sorprendemos expresando sus opiniones, sus preferencias respecto a comida o libros, contando una anécdota que no nos sucedió a nosotros, sino a ellos. Observamos su manera característica de hablar, conducirse y vestirse; cómo acercan el terrón de azúcar al café y lo ven pasar de blanco a marrón y entonces, satisfechos, lo dejan caer en la taza. Creemos conocerlos. Y amarlos. pero lo que amamos resulta ser una mala traducción, hecha por nosotros, de un idioma que apenas dominamos. Con ella tratamos de llegar al original, aunque jamás lo conseguimos. Lo hemos visto todo. Pero ¿qué hemos entendido de verdad?. Una mañana despertamos. Junto a nosotros duerme ese cuerpo familiar: en cierto modo, un desconocido…”

dublineses 8Esa novela me ha recordado mucho a un maravilloso relato de James Joyce, Los muertos, el último relato de Dublineses, magistralmente llevado al cine por John Huston, en la que fue su última película, y su verdadero testamento. Los diez minutos finales de la película, en los que Huston pone en boca de Gabriel, el protagonista, su reflexión más personal sobre el amor, la vida y la muerte en un monólogo inolvidable, son de lo mejor de la historia del cine. La escena transcurre en el dormitorio de Gretta y Gabriel, cuando, tras contarle Gretta a su marido que de joven había vivido una apasionada historia de amor platónico con un joven llamado Michael Furey, que murió por ella cuando apenas tenía 17 años, él se da cuenta de que no conoce a su mujer, a esa mujer capaz de amar con esa pasión que él envidia con todas sus fuerzas, porque es incapaz de sentir algo así. Y siente una profunda envidia de aquel joven que sí supo amar a su esposa con esa intensidad, aunque solo fuera por un instante, y que fue capaz de dublineses 6morir por su amor. En ese desgarrado monólogo final, Gabriel/Huston, en plena noche, mirando caer la nieve por la ventana mientras su mujer duerme en la cama, nos dice: “¡Qué pequeño papel he representado en tu vida, es casi como si no hubiera sido tu marido, como si nunca hubiésemos convivido como marido y mujer… Uno a uno todos nos convertiremos en sombras, es mejor pasar a ese otro mundo impúdicamente, en la plena euforia de una pasión que irse apagando y marchitarse tristemente con la edad… ¿Cuánto tiempo has guardado en tu corazón la imagen de los ojos de tu amado diciéndote que no deseaba vivir? Yo no he sentido nada así por ninguna mujer, dublineses 4pero sé que ese sentimiento debe ser amor… Piensa en todos los que alguna vez han vivido, desde el principio de los tiempos, y en mí, transeúnte como ellos, fluctuando también hacia su mundo gris, como todo lo que me rodea, este mismo sólido mundo en el que ellos se criaron y vivieron se desmorona y se disuelve. Cae la nieve, cae sobre ese solitario cementerio en el que Michael Furey yace enterrado. Cae lánguidamente en todo el universo y lánguidamente cae como en el descenso de su último final sobre todos los vivos y los muertos.”

Un último plano azulado de la nieve cayendo sobre el silencio de la noche pone fin a la película en el que, sin duda, es el mejor epitafio para la tumba de un gigante del cine y de la vida como John Huston, un  ser humano que nunca huyó de las elecciones de la vida y que, por eso, vivió y devoró todos los instantes de todas las vidas.

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Carlos Olalla

Por circunstancias de la vida me pasé más de veinticinco años dirigiendo empresas en la que, sin lugar a dudas, fue la etapa más aburrida y frustrante de mi vida. La verdad es que nunca me gustaron esos trabajos y lo pasé fatal. Cuando cumplí los 45 me encontré con que una reestructuración empresarial me ponía de patitas en la calle y sin un duro. Por si fuera poco, nadie me quería dar trabajo porque decían que ya era demasiado “viejo”. A mí siempre me había gustado el mundo del cine y, como estaba en el paro y tenía tiempo, empecé a estudiar interpretación. Me pasé tres años siendo el “abuelo” de todos mis jóvenes compañeros en una conocida escuela de teatro de Barcelona. Durante aquel tiempo recibí alguna propuesta de trabajo para reincorporarme al mundo de la empresa, pero no quise aceptarlas: el nuevo mundo que había descubierto me había atrapado por completo, así que decidí cambiar una maravilla de sueldo y una mierda de trabajo por una maravilla de trabajo y una mierda de sueldo. Puedo deciros que ha sido la mejor decisión que he tomado en mi vida: por primera vez soy libre, la palabra jefe ya no significa nada para mí, hago lo que verdaderamente me gusta y, lo mejor, trabajo con gente sensible y abierta que piensa y siente como yo. ¿Qué más se puede pedir?

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