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¡Basta! Una democracia diferente, un orden mundial distinto

11 noviembre, 2012

“Me resisto a la imposición, a la ley del más fuerte, a la simulación, a todo lo que afecta a la libertad e independencia de los ciudadanos. Me resisto a ser espectador, dócil, resignado. Lucho por una cultura de paz, basada en la justicia, la igualdad y la observancia de los derechos humanos… Si no reaccionamos, se habrá dado otro paso atrás y nos dedicaremos a observar, obsesivamente, las fluctuaciones de la prima de riesgo (¡fascinante!), las cumbres europeas y las competiciones deportivas… espectadores impasibles… En este momento hay motivos para la protesta y para la propuesta…Reaccionemos, Impliquémonos” Estas palabras no son de un exaltado, de un radical, ni de un extremista, sino de un intelectual que ha dedicado su vida a intentar cambiar la cultura de la guerra que domina el mundo por una cultura de paz. Son palabras de Federico Mayor Zaragoza, exdirector general de la Unesco, un hombre lúcido y esperanzado que cree en el ser humano y en los pueblos, y no en una democracia en la que los ciudadanos son contados pero no tenidos en cuenta y que apoya entusiásticamente el movimiento de los indignados, del 15-M, del “somos el 99%”… Acaba de aparecer su último libro: “¡Basta! Una democracia diferente, un orden mundial distinto”, un libro absolutamente necesario para entender lo que está pasando y comprender que hay alternativas, y que llevarlas o no adelante es algo que solo depende de nosotros, los ciudadanos. Estamos en vísperas de una nueva huelga general. Hoy más que nunca se justifica parar un país porque lo que hoy vivimos no es más que el secuestro de la democracia, un secuestro del que Mayor Zaragoza venía advirtiendo desde hace muchos años, cuando dejamos que los valores democráticos fuesen sustituidos por las reglas del mercado, tal y como se ha venido haciendo desde las épocas de Ronald Reagan y Margaret Thatcher.

Nacido en Barcelona en 1934, Mayor Zaragoza es doctor en Farmacia y ha sido catedrático de Bioquímica, Rector de la Universidad de Granada, Ministro de Educación y Ciencia con el gobierno de Adolfo Suárez y Director General de la Unesco entre 1987 y 1999. Desde el 2000 preside la Fundación Cultura de Paz. Como él dice, es una persona que ha visto muchas cosas buenas y también cosas terribles. Son esas cosas terribles, como que el gasto militar diario sea de tres mil millones de dólares cuando cada día mueren sesenta mil personas de hambre, las que le llevaron a tomar partido, a comprometerse en esta lucha sin cuartel que es transformar un mundo abyecto, cruel y criminal en un mundo donde valores como solidaridad, generosidad, justicia, paz y libertad estén por encima de todo lo demás: “He comenzado algunos procesos de paz y me he dado cuenta de que los de un lado y los del otro eran irreconciliables. La única manera en que siempre conseguía al final que siguieran las conversaciones y el diálogo era cuando les decía: a mí no me interesan ni ustedes ni el presente, a mí me interesan sus hijos y el futuro. ¿Ustedes quieren que hablemos de sus hijos y del futuro? Y entonces podíamos seguir…”

Federico Mayor Zaragoza es una persona solidaria y comprometida con las causas en las que cree. Le he pedido su apoyo en más de una ocasión y jamás he recibido un no por respuesta. Recuerdo cuando, hace algunos años, le pedí que firmase una fotografía para una campaña de apoyo a los campamentos de tibetanos refugiados en el exilio. Nunca olvidaré su dedicatoria: “Todos iguales en dignidad ¡ Juntos podemos!”

Mayor Zaragoza es un hombre que ha visto y vivido situaciones difíciles, tremendamente crueles e injustas, pero precisamente por ello jamás ha perdido la esperanza. Quizá la palabra que mejor le defina sea la de ser un hombre esperanzado. No estamos frente a un optimista, o frente a un pesimista mal informado como llaman otros a los optimistas, sino frente a un hombre cargado de esperanza, esperanza y compromiso en que esto se puede y se debe cambiar, en que esto va a cambiar y que el siglo XXI será, por fin, el siglo de la gente. Cree en la utopía personal: “Aunque haga viento y frío, hay que sembrar. Sembrar sin arredrarse. Sembrar y recordar, sobre todo a los más jóvenes, que es cierto que buena parte de la semilla, por las condiciones del suelo o del tiempo o de otras adversidades, no llega a fructificar. Es cierto. Pero también lo es que solo hay un fruto que nunca cosecharemos: el de las semillas que no tuvimos el coraje de plantar…Hay que ser realistas, se nos recomienda. No. Mis ojos han tenido ocasión de ver ya mucho. Y nunca vieron a un “realista” hacer nada relevante. Los realistas nunca transformarán la sociedad, porque la aceptan, porque renuncian a intentar cambiarla, porque promueven el sin-remedismo y la indiferencia en lugar de la tensión humana, de la pasión, de la compasión…” Federico Mayor Zaragoza hace totalmente suyas las palabras de Martin Luther King: “Tendremos que arrepentirnos, en esta generación, no tanto de las muchas acciones de la gente perversa, como del pasmoso silencio de la gente buena” porque, como él dice, “hace tiempo escribí que comprendía el silencio de los silenciados, de los amordazados por el miedo o por la ignorancia, pero no el de los silenciosos, de los que pudiendo hablar, callaban”

Su percepción sobre la sociedad de la información es realmente muy diáfana. De hecho considera que una de las mayores preocupaciones que debería tener la sociedad de hoy es la manipulación informativa que llevan a cabo unos medios de comunicación cada vez más concentrados en pocas manos y que persiguen objetivos muy diferentes a los que para los que fueron creados: informar y formar. Para Mayor Zaragoza la formación y la información son dos piezas claves para cambiar el mundo: “Hoy, los ciudadanos, sin tiempo para pensar y promover sus verdaderas opciones, siguen como espectadores indulgentes los espectáculos que se les presentan. Tan acomodados llegan a sentirse como espectadores y receptores, tan obcecados, que pueden conocer sin inmutarse noticias sobre corrupción, sobre asimetrías, sobre hambre o niños-soldado. Para movilizarse, para implicarse, para involucrarse, es imprescindible tener tiempo para reflexionar… Es una falacia decir que vivimos en la sociedad del conocimiento y la información. En realidad apenas un 5% de la población en los países más desarrollados, tiene acceso a los nuevos medios de comunicación e información (hay más líneas telefónicas en Manhattan que en toda África subsahariana y la mitad de la humanidad no ha telefoneado nunca). Pero esa montaña de datos e información a la que tiene acceso el 5% de la población mundial se tiene que convertir en conocimiento mediante la reflexión y el pensamiento, tiene que convertirse en formación, y solo así desembocará en sabiduría…”

En 1991 Mayor Zaragoza escribió: “el coloso soviético se ha derrumbado porque, basado en la igualdad, se había olvidado de la libertad. El sistema capitalista, basado en la libertad, se desmoronará igualmente si olvida la igualdad” Esas palabras han resultado ser proféticas, como lo serán también, sin duda, las que dice haciendo referencia al apasionante momento de cambio que estamos viviendo: “Ha llegado el momento de no admitir lo inadmisible. De alzarse. De elevar la voz y tender la mano…Ya no hay excusas para permanecer callados. El tiempo del silencio ha concluido… En este momento hay motivos para la protesta y para la propuesta…Por pensar demasiado en uno mismo y poco en los demás, demasiado en lo que sucede y no en lo que debería suceder, hemos retrocedido en aspectos esenciales, y nos hemos dejado arrastrar por el vendaval de lo inmediato y superfluo. En los espejos del pasado nos vemos mucho a nosotros mismos y poco a los demás…¿Nuevo capitalismo? ¡No! Ha llegado el momento del cambio a escala pública e individual. Ha llegado el momento de la justicia… Ha llegado el momento de la movilización de los pueblos. Ha llegado el momento de reclamar, sin más dilaciones, la atención que la Tierra merece. Unos cuantos (G8, G20, etc.) no pueden, no deben, imponer su voluntad a todos los países… Juntos podemos ser el cambio que ahora ya es apremiante. Es un cambio sistémico, global, porque dejaremos de ser siervos para ser, de una vez por todas, dueños de nuestro destino… Nunca es demasiado tarde para el coraje, si no ha sido demasiado pronto para el abatimiento… Al sometimiento de los valores al mercado, el pueblo reaccionará con una “insumisión axiológica”. Se está gestando la rebelión de los pueblos que observan, perplejos, cómo finalmente son los más débiles y vulnerables los que deben cargar con la mayor parte del fardo de un sistema que ha llegado a su fin… Ha llegado el momento de la ciudadanía mundial, de la convivencia sin fronteras, de compartir bienes, conocimientos y experiencia… Nos acallaron pensando que nuestra voz era utópica, irrelevante, molesta pero modesta… en lugar de darse cuenta de que se trataba de un proceso de movilización progresiva a todas las escalas… Esas manos levantadas con las palmas abiertas que vemos en las manifestaciones serán las armas invencibles con las que se llevará a la práctica resueltamente, pacíficamente, la construcción del porvenir que merece la condición humana…”

Federico Mayor Zaragoza sabe que el cambio imprescindible ya para ese nuevo mundo que amanece vendrá de los movimientos sociales, de los ciudadanos, de los pueblos que, indignados y por ello comprometidos, tomarán las riendas de su destino: “Como era previsible, los “indignados” se están expandiendo por todo el mundo. Ya nada les detendrá… porque representan “el otro 99%”… Aunque algunos se resisten a reconocerlo, ha llegado el momento de la transición de la fuerza a la palabra. Sí: después de siglos de obediencia, después de siglos de vivir hincados, amanece un mundo nuevo donde todos los ciudadanos y no solo unos cuantos contarán y serán tenidos en cuenta. En muy pocos años “el otro 99%”, hombres y mujeres ciudadanos del mundo, accederán a los escenarios del poder para hacer realidad la gran transición de la fuerza a la palabra, de la mano armada a la mano tendida…En todas las redes sociales, en la Puerta del Sol mundial que es el ciberespacio, levantemos la voz para que los temas realmente esenciales (la alimentación, el medio ambiente, la lucha contra la pobreza…) sean atendidos como prioridad por la gobernación mundial… Cada persona puede inventar su futuro. Por eso los pueblos son los que tienen que tener en sus manos (durante toda la historia el poder ha estado en manos de unos cuantos hombres, nunca de mujeres) las riendas del destino común. Ahora. Ahora es momento de esperanza. Primero, porque conocemos la realidad del mundo en su conjunto; segundo, porque hay más mujeres; tercero, porque nos podemos expresar de forma no presencial…El momento de la revuelta de la sociedad civil no puede demorarse. Debemos fijar una fecha no demasiado lejana para que sean millones los ciudadanos que, a través de los medios informáticos de comunicación, a través de manifestaciones y actos de la más diversa índole, levanten la voz, pacífica pero firmemente…Ha llegado el momento de plantarse, de decir con serenidad y firmeza que la humanidad no puede seguir padeciendo los inacabables estertores de un sistema en crisis que ha desembocado en la gravísima y múltiple crisis actual (social, financiera, alimentaria, medioambiental, política, democrática, etc.). ha llegado el momento de la movilización ciudadana frente al “gran dominio” (económico, energético, militar, mediático), de tal modo que se inicie sin demora la gran transición desde una economía de la especulación y guerra hacia una economía de desarrollo social sostenible… ha llegado el momento de pasar de súbditos a ciudadanos plenos, de silenciosos a participativos, de espectadores a actores… ahora que las posibilidades de participación no presencial que ofrecen las modernas tecnologías de la comunicación lo permiten… Estén atentos los poderes actuales, tan atareados en los temas de siempre, intentando convencer a los de siempre de que valen las mismas fórmulas de siempre, porque los cambios del mañana empezarán a ser trazados por muchedumbres en el ciberespacio. Sí, el gran cambio se avecina. El tiempo del silencio ciudadano ha concluido. Empieza la hora de la gente. De la nueva democracia a escala global y planetaria”

Actualmente Federico Mayor Zaragoza está impulsando, junto con varios premios Nobel y otras personalidades muy relevantes de la política internacional, una “DECLARACIÓN UNIVERSAL DE LA DEMOCRACIA” que, al estilo de la declaración universal de los derechos humanos, pretende impulsar la generación de un nuevo orden mundial donde valores como democracia, libertad, justicia o solidaridad sean quienes orienten su funcionamiento y devuelvan el poder a quienes son sus únicos y legítimos propietarios: los ciudadanos. Si quieres conocer directamente las opiniones y los comentarios de Federico Mayor Zaragoza no dejes de visitar su blog personal: www.federicomayor.blogspot.com.es o la web de la fundación cultura de paz que preside: www.fund-culturadepaz.org

No me cabe duda de que las ideas y las palabras de Federico Mayor Zaragoza son esos faros que alumbran nuestro viaje en la oscuridad. La respuesta está en nosotros, en ti y en mí, en todos nosotros, los ciudadanos. Esperar a que venga alguien a resolver nuestros problemas no los resolverá, confiar en que lo hagan nuestros políticos motu proprio es tan cobarde como absurdo. Solo nosotros, los ciudadanos, podemos guiar nuestro destino. Hoy, por primera vez en la historia, tenemos una herramienta que puede ser invencible en la lucha no violenta: la comunicación informática. Todavía no somos conscientes del poder real que tiene, ni estamos organizados para utilizarla, pero es una herramienta decisiva para acabar con la tiranía de los mercados: ¿Los políticos no cambian la ley electoral?: millones de ciudadanos decidimos por internet no ir a votar hasta que la cambien; ¿Merkel sigue imponiendo sus ajustes criminales?: boicoteamos en Portugal, Italia, Grecia y España los productos y servicios alemanes hasta que deje de obligarnos a hacer recortes; ¿Los bancos siguen operando con paraísos fiscales y practicando desahucios?: retiramos todos los depósitos y cancelamos todas las cuentas de los bancos que lo hagan. ¡Son tantas las posibilidades de acción que tenemos a nuestro alcance! El tema de los desahucios es una muestra clarísima de ello: por primera vez los grandes partidos políticos se plantean modificar una ley arbitraria, cruel e injusta que defendía exclusivamente los derechos de los bancos, una ley contra la que estaban los propios jueces y la Unión Europea, pero una ley que llevaba en vigor desde 1905 y que nuestros políticos nunca habían osado intentar modificar por temor a las represalias que pudieran tener por parte de los bancos, sus principales financiadores. Solo los partidos minoritarios de Izquierda, como Izquierda Unida o Izquierda Plural, han intentado cambiar esa ley desde el parlamento. PP y PSOE ni siquiera les escucharon. Pero he aquí que hoy, tras más de doscientos mil desahucios y varios suicidios directamente relacionados con ellos, como el de anteayer, van a cambiar la ley. ¿Qué es lo que ha hecho que por fin la cambien?, ¿Qué les ha hecho entrar finalmente en razón para acabar con este atropello criminal amparado por la ley? Lo único que les ha hecho cambiar ha sido la presión ciudadana, la lucha en la calle llevada a cabo por movimientos de indignados y los colectivos y plaraformas en contra de los desahucios que llevan años denunciando esta situación y oponiéndose a ella caso a caso y puerta a puerta. No puede haber demostración más clara de que el poder lo tiene la ciudadanía cuando se organiza y sale a defender sus derechos. Y eso es lo que todos tenemos que hacer el próximo miércoles: apoyar la huelga general, parar este país, demostrarles que hemos dicho basta y que exigimos una democracia diferente y un orden mundial distinto.

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Mercedes Gómez-Pablos, la mirada azul del silencio…

25 abril, 2010

Pintora de la poesía, poeta de la pintura o, quizá simplemente, peregrina de la belleza, Mercedes Gómez-Pablos nos traslada con sus cuadros a un mundo donde conviven la pasión y la ternura, ese lugar donde nacen los dioses y se aman los poetas: el universo azul de los sueños. En su pintura habita el silencio, ese silencio azul que nos invita a viajar, a ser viaje, a ser todo lo que somos y lo que podríamos haber sido…

Para el viaje de hoy me gustaría que, si queréis, fuera la voz  sensual y desgarrada de Haris Alexiou quien nos acompañara, con su tema Anopsmoi monaxoi.

 Las flores de Mecedes nos hablan de un jardín donde las adelfas bailan los melancólicos compases del último vals, donde los jacintos, solitarios, recitan sus versos para quien los quiera escuchar, o donde los crisantemos, siempre los crisantemos, dan su cálido adiós al paraíso perdido del tiempo que no ha de volver. Es un jardín azul, quieto, reposado, un jardín del silencio que nos invita a pasear por las soleadas veredas del recuerdo. Allí podemos escuchar el eco de la ausencia, el latido del viento o el triste lamento del último Quijote que, altanero, sigue su lento caminar hacia el olvido. Mirando esos lienzos podemos oír el susurro del agua, el suave crepitar del crepúsculo y la tierna voz del silencio. Son flores sin tiempo que nada saben de épocas o calendarios, flores que, como la belleza o el amor, han nacido para trascender a la muerte y al olvido.

 

Sus desnudos también son azules, porque la poesía, como la soledad, la pasión o la ternura, es azul, azul como la belleza, la caricia y el recuerdo, azul, siempre azul, sólo azul… Piel gitana, máscara florentina o soñador rostro adolescente no son más que las diferentes formas en las que habita el misterio de la mujer del sur, esa ninfa que amamantaba a los hombres antes de que olvidaran a sus dioses…

Sus cuadros exigen una mirada larga y lenta, una mirada atenta y serena, la mirada de Ulises, esa mirada  pausada que, a través de sueños y quimeras, se adentra hasta lo más profundo de nosotros mismos para dejarnos ver la realidad última: el Arte.

Puede que el mundo gire de la luz a la sombra perdido en la inmensidad de un cosmos infinito. Los desnudos de Mercedes saben mucho de eso porque ellos son las estrellas del amanecer, la luz del nuevo día que vendrá, la sombra de ese pasado que siempre nos acompañará. Sus figuras, solitarias, nos recuerdan que lo importante es amar, y que no amar es perder. Allí, tendidas o altaneras, esas figuras nos hablan de los sueños, de todos los sueños, de lo que fuimos, de lo que somos y de lo que no nos dejaron ser, y también nos hablan de los besos, de todos los besos, los que dimos y que, al calor del fuego de la memoria, recordamos, y los que no nos atrevimos a dar, esos que jamás podremos olvidar…

Su pincel, como una mano tendida mendiga de belleza, se hunde una y mil veces en la paleta, esa callada placenta del universo, para traernos el azul, siempre el azul, sólo el azul, todo el azul…

De trazo fuerte y pasional, de pulso firme y tierno, de composición largamente vivida, soñada y meditada, ¡Ah, su composición…! melancólica música nacida de lo más hondo del alma, secreto íntimo, abrazo del alba, canción del mar, horizonte del atardecer o, quizá simplemente, mirada, sólo mirada, la mirada azul del silencio…

Acaba de presentar ahora “En pie de paz”, un maravilloso libro de poemas de Federico Mayor Zaragoza que ella ha ilustrado desde otro de sus paraísos habitados: el de la abstracción. En él los versos cobran vida, esa vida que habita en cada uno de nosotros, incansables peregrinos del amor y la belleza. Aquí su pintura se vuelve agua, es agua, agua azul de la que, incansable, nace la vida en ese fluir sin tiempo que es la poesía. Acariciando los versos, eternos susurros del alma despierta, Mercedes hace que, ante nosotros, aparezcan todas las velas que, silenciosas, nos ayudan a navegar en ese mar de luz y de silencio que es la vida… porque la pintura, como la poesía, es vida. Y en ese mar de azul y silencio, un mar en el que habitan las sirenas y vuelan libres las mariposas sobre la última ola de nuestra imaginación, son los rojos los que, de repente, emergen de lo más profundo, como faros en la niebla que vigilan nuestro viaje. Y junto a ellos, los ocres, siempre los ocres, para dar vida a esos puertos que, desde antes de que el hombre inventara el tiempo, nos llaman dulcemente por nuestro nombre, y, como Penélope, nos esperan, siempre nos esperan, porque esos puertos saben que lo importante, lo único verdaderamente importante, es el viaje, nuestro viaje, ese viaje  que, como la creación, no necesita un porqué y en el que hallaremos todos los tesoros y descubriremos todos los misterios si nos atrevemos, de verdad, a ser libres y a dar, sólo a dar, siempre a dar… Quiero que sean los versos de Federico Mayor Zaragoza quienes, desde el viento, nos indiquen el camino a seguir en esta etapa de nuestro viaje:

“Sorprenderme

cada día

de que vivo,

de que no sé qué

ni quién soy,

de que existo

lleno de interrogantes…

Junto al mar,

serenamente,

declaro que al amanecer

vuelvo a izar

con denuedo

mi espíritu perplejo,

para hallarme luego,

al caer la tarde,

sin saber

a dónde voy,

ni quién soy,

ni de dónde vengo.”

 

“Cuando pasan las horas

nos quedamos solos

con nosotros mismos,

en silencio.

Cuando hagamos balance

de nuestra riqueza

quedará sólo el rostro

de unos cuantos amigos.

Cuando la marea baje

quedarán en la arena

sobre la piel de la playa

algunos nombres.

Cuando la última ola se aleje

quedará nada,

pero quedará alguien.”

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Carlos Olalla

Por circunstancias de la vida me pasé más de veinticinco años dirigiendo empresas en la que, sin lugar a dudas, fue la etapa más aburrida y frustrante de mi vida. La verdad es que nunca me gustaron esos trabajos y lo pasé fatal. Cuando cumplí los 45 me encontré con que una reestructuración empresarial me ponía de patitas en la calle y sin un duro. Por si fuera poco, nadie me quería dar trabajo porque decían que ya era demasiado “viejo”. A mí siempre me había gustado el mundo del cine y, como estaba en el paro y tenía tiempo, empecé a estudiar interpretación. Me pasé tres años siendo el “abuelo” de todos mis jóvenes compañeros en una conocida escuela de teatro de Barcelona. Durante aquel tiempo recibí alguna propuesta de trabajo para reincorporarme al mundo de la empresa, pero no quise aceptarlas: el nuevo mundo que había descubierto me había atrapado por completo, así que decidí cambiar una maravilla de sueldo y una mierda de trabajo por una maravilla de trabajo y una mierda de sueldo. Puedo deciros que ha sido la mejor decisión que he tomado en mi vida: por primera vez soy libre, la palabra jefe ya no significa nada para mí, hago lo que verdaderamente me gusta y, lo mejor, trabajo con gente sensible y abierta que piensa y siente como yo. ¿Qué más se puede pedir?

www.carlosolalla.com

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