La placenta del Universo

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Álbum Letras & Artes, sobrevivir en tiempos de barbarie

28 abril, 2013

Portadas 112 ENG.inddEn estos tiempos de barbarie, de abyección y de estulticia, de culto a la superficialidad y a la masificación, de adoración del feísmo y criminalización de la belleza, de ensalzamiento del cuerpo y olvido del alma, en estos tiempos en los que la banalización del entretenimiento ha robado su espacio a la cultura, en los que precio y valor se confunden, en los que la palabra ha sido desplazada por la imagen y el pensamiento por el seguidismo, en estos tiempos en los que el cotilleo ha acabado con la información y la manipulación informativa con el derecho a ser informado, tener referentes independientes y libres es más necesario que nunca. Uno de esos referentes es la revista trimestral de arte y cultura Álbum Letras & Artes (www.albumletrasartes.es), la única revista de arte que queda en España con veintisiete años de historia. Sobrevivir en esta sociedad de la inmediatez es un éxito para una revista minoritaria, y hacerlo manteniendo la independencia y el amor al arte como únicas banderas, es una heroicidad. Por eso colaboro con ellos, porque son algo hermoso y necesario que todos hemos de cuidar. Por eso La placenta del Universo acaba de inaugurar una sección fija en la revista.

Esta revista es el sueño hecho realidad de Jesús Tablate Miquis, un soñador sin remedio enamorado de la belleza, del hedonismo y de la espiritualidad, un ser que Retrato de Erik Satie, de Ramón Casashalla en la filosofía perenne y en la profundidad del pensamiento de Platón la respuesta a todas las preguntas que el mundo nos hace hoy, un humanista que disfruta del inmenso placer de la lectura, de la emoción sin límite que es visitar una exposición, de la exquisita sabiduría que hay en todo viaje para el viajero que sabe mirar y del maravilloso perderse sin tiempo en la suave inmensidad de jardines, bosques, balnearios, islas y mares… Álbum Letras & Artes es una especie de último mohicano de lo que en su día fue la cultura, esa especie en extinción que hoy, en esta sociedad de la superficialidad, de la prisa y el espectáculo está a punto de desaparecer para siempre, un último renacentista que antepone palabras como pensamiento, libertad o belleza a todo lo demás, alguien que ha entendido que la felicidad no está en todo lo que podemos llegar a ser, sino en lo que somos, en nuestro aquí y en nuestro ahora, en la eternidad que vive fuera de los calendarios.

Corren tiempos de barbarie. La mal llamada crisis, esa guerra de clases genocida declarada unilateralmente por la clase Ensoñación, Charles Amable Lenoirprivilegiada contra todas las demás, se está llevando todo por delante. Ya nada será igual a como lo conocíamos en este nuevo mundo que asoma, un mundo vacío y sinsentido en el que el sexo frío ha acabado con el erotismo, el conocimiento con la sabiduría, la vulgaridad con la belleza y el egoísmo con la generosidad. En ese mundo en el que ya no se nos permitirá ni soñar, sueños como Álbum Letras & Artes son más necesarios que nunca, pero solo podrán sobrevivir si los apoyamos entre todos. La lucha por la supervivencia no será corta ni fácil, pero es una guerra que se puede ganar utilizando todas las armas que están a nuestro alcance. Y la tecnología es una de ellas. El desarrollo tecnológico ha acabado con las fronteras y el mundo digital ofrece hoy posibilidades imposibles para el mundo real. Esa es nuestra ventaja, la baza a jugar: abrir al mundo Álbum Letras & Artes y todos los proyectos que apuestan por el crecimiento del ser humano. Si hasta ahora el coste de transporte de una revista imposibilitaba su distribución a nivel mundial, en este momento, gracias al avance de la digitalización, Álbum Letras & Artes puede llegar inmediatamente a cualquier parte del mundo. Su presencia en los quioscos digitales (www.magzter.com o, en breve, www.kioskoymas.com) y haber tomado la decisión de editarla también en inglés, permitirá que todos los mohicanos que aún quedamos en este mundo podamos acceder a este reducto de la belleza y la cultura que es una revista como esta. Solo así sueños como este pueden sobrevivir en un mundo que, cada día, les niega su derecho a vivir, su espacio vital, su razón de existir…

La dictadura del mercado está haciendo que se anteponga el resultado económico a todo lo demás: lo que no vende, lo que no da dinero, no sirve, no vale, es El recibimiento, John Frederik Lewisinmediatamente descalificado por los jueces de esta injusta competición: políticos, banqueros y medios de comunicación pertenecientes a grandes grupos empresariales. Decía Jose Luis Sampedro que más importante que la libertad de expresión es la libertad de pensamiento. De nada sirve la libertad de expresión, que te dejen hablar, si lo que dices no es lo que realmente piensas, sino lo que otros te han inducido a que pienses. Hoy, en esa barbarie de inmediatez y superficialidad que nos domina, el ser humano ha perdido su capacidad de pensar, de reflexionar, de elaborar su pensamiento propio. La mayoría se limita a repetir lo último que ha oído, lo que más fuerte le han gritado o lo que más veces le han repetido. Y el drama es que cree que son sus propias opiniones, que cree que es libre. Tenemos que decir basta, que aprender a desaprender, que reeducarnos a nosotros mismos en base a una educación que nos oriente a ser libres y felices, que nos libere de eso tan triste en que nos han convertido: meros productores y consumidores. Por eso iniciativas como Álbum Letras & Artes tienen que existir, no podemos dejar que desaparezcan en este maremágnum del todo vale, del tanto vendes tanto vales, de ese desolado compro luego existo, en que nos han metido y nos meten cada día.

No podemos permitir que nos sigan manipulando como lo están haciendo, que salas y distribuidoras de cine de autor desaparezcan y solo nos lleguen películas Exterior museo del Louver Abu Dhabi, diseño de Jean Nouvelcomerciales, no podemos aceptar que librerías y editoriales que apuestan por la belleza o la inteligencia tengan que cerrar y ceder su espacio a tiendas de ropa, fastfoods o gimnasios, no podemos admitir que aniquilen todo lo que nos invita a pensar, a reflexionar, a crecer y a ser libres… La cultura, la verdadera cultura, siempre ha asustado al poder porque permite que los ciudadanos tomen conciencia de la realidad. Por eso hoy, en estos tiempos de criminalización de la cultura, todos tenemos que dar un paso al frente y defender lo que es nuestro, lo que es tuyo y mío: nuestra capacidad y nuestro derecho a ser seres humanos libres.

Visitar una exposición, ponernos frente a una obra de arte, es ponernos frente a un espejo en el que vemos nuestra alma, nuestro yo más profundo. La belleza no Interior museo del Louver Abu Dhabi, diseño de Jean Nouvelestá en el cuadro que vemos, en la escultura que admiramos o en el libro que leemos, sino en lo más hondo de nosotros mismos, en lo que somos, en nuestra esencia. Permitir que cierren museos, editoriales, cines, teatros o galerías de arte es dejar que se lleven los espejos, todos los espejos, que nos roben la visión de nuestra propia alma. Así es como nos quieren, ciegos de almas, analfabetos de emociones, mudos de sentimientos, estúpidos de pensamiento… seres dóciles a los que gobernar sin resistencia, esclavos que se creen libres y por eso no se rebelan contra sus amos, adocenados consumidores dispuestos a dejar la vida por conseguir cosas que no necesitan, estúpidos seguidores de todas sus banderas…

La existencia de revistas como Álbum Letras & Artes es hoy un acto de resistencia frente a la ignominia, de rebeldía frente a la manipulación y la degeneración de una sociedad que, si no reacciona, acabará siendo Suave vaivén de las olas verdes, Per Kikerbydevorada por ella misma. Somos los últimos mohicanos de una sociedad que aspiraba a vivir libre y feliz, una sociedad amenazada hoy de muerte pero que aún puede salvarse si se levanta y lucha. El drama es que ni siquiera nos estamos dando cuenta y seguimos pensando que esto es una crisis pasajera que, cualquier día, acabará y todo volverá a ser como antes. La tragedia es que creemos que a nosotros no nos pasará nada, que cuando llegue ese día podremos levantar cabeza y recuperar nuestra vida anterior. Este La casa del patriarca copto, John Frederik Lewissistema es muy inteligente. A base de promesas de futuras felicidades y miedos de presentes desgracias nos convierte en seres individuales, egocéntricos y egoístas que han perdido su sensación de pertenencia a un grupo, a un todo. Es el primer paso para convertirnos de ciudadanos a esclavos. El propio sistema, amparado tras una aparente complejidad técnica, además hace que creamos que no se puede hacer nada para cambiarlo. Y nosotros no hacemos nada para cambiarlo. Ese es el segundo paso. Somos como esos enormes elefantes de circo que viven atados a una diminuta estaca de la que podrían liberarse fácilmente… pero que ni lo intentan porque cuando eran pequeños lo intentaron una vez y vieron que no podían. Las estacas a las que estamos atados son pequeñas, pero las invisibles cadenas con las que nos atan son tremendamente fuertes porque nos las han metido muy dentro: inseguridad, miedo, aislamiento, impotencia, vulnerabilidad, ambición, egoísmo… Y son precisamente las iniciativas como Álbum Letras & Artes y todas las que luchan porque no desaparezca la cultura las que pueden ayudarnos a ser conscientes de ello, a darnos cuenta de que nos hemos convertido en nuestros propios esclavos, de que hemos vendido nuestra libertad a cambio de su promesa de seguridad, de que la vida es más, mucho más, que consumir, comprar y tirar.

Mi colaboración con Álbum Letras & Artes se centra en artículos que publico en la revista, en la sección fija que La placenta del Universo tiene en ella, y en ayudarles Naturaleza muerta en el mercado, de Paco Brocaen ese proceso de expansión internacional y de digitalización que están llevando a cabo. Es mi forma de hacerlo. Hay más, muchas más: leyéndola, disfrutándola, dándola a conocer, compartiéndola… Y hay muchos más proyectos que, como Álbum Letras & Artes, defienden la cultura y necesitan de nuestra ayuda, de tu ayuda y de la mía. Todos podemos, y debemos, tomar partido en esta batalla que se está librando contra la cultura, en esta guerra que no hemos declarado y que estamos perdiendo cada día: mira a tu alrededor y seguro que encontrarás uno y mil proyectos interesantes que no deben morir, proyectos con los que puedes colaborar, a los que les puedes aportar lo que tú llevas dentro: tu tiempo, tu dedicación, una colaboración puntual, una pequeña ayuda en un momento dado o para algo determinado… Quizá sea el cineclub del barrio, puede que clases a chavales con problemas o a inmigrantes que están aprendiendo nuestro idioma. Tú sabes hacer muchas cosas y puedes aprender a hacer muchas más. Tan solo tienes que mirar a tu alrededor y ver Gente, de Anselmo Guineaquién las necesita y cómo puedes dárselas. Este es tu papel en esta batalla. Todos tenemos uno. Y todos somos importantes para ganarla. Quedarnos en casa, no hacer nada, es hacer lo que ellos quieren, es permitir que se salgan con la suya. ¿vas a perder esa batalla en la que te va la vida y la de tus hijos sin siquiera haber intentado lucharla? Son muchas las cosas que tú tienes, que tú eres, y que pueden ayudar a otros a defenderse, a defendernos, en esta injusta guerra que no tenemos más remedio que luchar si no queremos que definitivamente nos aniquilen como seres humanos que aspiran a ser libres y felices. Piensa en ello y, sobre todo, ¡Actúa! El tiempo de la indignación ya ha pasado. Indignarse era el primer paso, un primer paso que ha hecho que muchos tomemos consciencia de lo que está pasando, de lo que nos están haciendo, pero el camino es largo y hay que dar muchos pasos más. Actuar es el siguiente.

He hablado mucho de lo que es la revista Álbum Letras & Artes. Puede que no la conozcas. Para que te hagas una idea de lo que es, aquí te dejo uno de los Caja de viajes, de Roberto Gonzálezartículos que he escrito en su último número. Está dedicado a un pintor maravilloso intensamente apreciado por algunos, pero desconocido aún para muchos. Su nombre es Roberto González. Su mundo un mundo fascinante donde fantasía y realidad unen su camino para demostrarnos que el arte no es más que una forma de expresar nuestra pertenencia a ese todo que trasciende, que nos hace crecer.  El artículo se titula La sabia soledad del alma. Con él te dejo ya por hoy. Saboréalo, deja que entre en ti, disfrútalo y, sobre todo, ¡compártelo y actúa!

“Adentrarse en el universo de Roberto González (Monforte de Lemos, Lugo, 1948) es aceptar una invitación a AT 1, de Roberto Gonzálezun viaje por el mar de la soledad, por ese mar de paraísos perdidos e islas aún por descubrir donde solo habita la soledad del alma, esa soledad que nos hace crecer, esa soledad que es sabia porque no tiene respuestas. Todo en sus cuadros y en sus esculturas rezuma soledad, soledad y melancolía. No estamos frente a la tristeza, porque la tristeza es maestra en huidas pero nada sabe de viajes, y lo que Roberto González hace es proponernos un viaje sin destino, un viaje hacia todas las Ítacas que nos llevan, irremisiblemente, al fondo de nosotros mismos. En sus cuadros hay preguntas, todas las preguntas, e islas, todas las islas: las imaginadas, las soñadas, las reales, las que nunca existieron, las que jamás dejarán de existir, las que se hundieron, las que todavía no han nacido… y también las que tú y yo somos en este mundo sin sentido que ha olvidado la sagrada importancia de la belleza.

Los personajes que habitan sus cuadros son seres solitarios, seres perdidos en un mundo que no entienden ni les N de Nilo, de Roberto Gonzálezentiende. Por eso nos resultan tan familiares, tan próximos, tan nuestros. Son los últimos mohicanos de un mundo humanista que desaparece o que ya no existe, aquel mundo en el que lo importante era amar, dar, compartir, atreverse a vivir sin renunciar a ser uno mismo… Hoy esos seres deambulan cabizbajos por los interminables laberintos de la soledad. Saben que han perdido, que no tienen lugar en este mundo aferrado al feísmo y a la vulgaridad, pero eso no les importa porque la belleza, la verdadera belleza, sigue latiendo en su interior. Y también son seres que buscan las fuentes, siempre lo han hecho porque necesitan saciar su sed de sabiduría y de vida en esos pequeños manantiales que brotan de lo más alto, en el silencio. No vemos sus rostros. No nos hace falta: entendemos su búsqueda porque es la nuestra, la de todos los que nos negamos a vivir encerrados en las cárceles del olvido, rodeados de muros, de incomprensión y de violencia, presos de mundos sin horizontes.

El universo de Roberto González nos habla de soledad y de silencio. La soledad de esos peregrinos de la belleza que pueblan sus cuadros, y el silencio de los Boeklias, islas de los muertos Iobjetos que han dejado a su paso: escaleras vacías, jarrones en imposible equilibrio, desnudas terrazas frente al océano que todo lo sabe, calladas  tumbonas en las que habita el recuerdo de lo que pudo haber sido, un recuerdo que mira de frente, cara a cara, a esa misteriosa isla sin tiempo de Arriaza. Los ocres de la soledad y los azules, siempre los azules del silencio, nos llevan hasta las islas Boecklias, las islas de los muertos que habitan el océano de la Laguna Estigia por la que el barquero Caronte lleva, lenta e inexorablemente, nuestras almas… Templos arañados en la roca nos hablan de un tiempo pasado. Cipreses nacidos en la roca lo hacen del presente. Nadie nos habla del futuro. Nuestro futuro no existe. Jamás ha existido. Puede que el can Cerbero esté por ahí, agazapado, vigilando la puerta de Hades. No le vemos. Hace tiempo que abandonó el más allá para convivir entre los muertos vivientes de este mundo que, apresurados, siempre apresurados, van de un lado para otro ciegos a la belleza que les rodea.

El trazo del lápiz de Roberto González es un trazo lento, sosegado, un trazo que nada sabe de prisas ni de urgencias. Es un trazo sensual y sabio, sensual para desear, sabio para amar. Hay mucho amor en sus cuadros, y también deseo, mucho deseo. Solo quienes de verdad aman saben que el amor vive en la soledad; solo quienes de verdad desean saben que el deseo vive en la ausencia. Soledad y ausencia son los colores que habitan estos cuadros, soledad que no aislamiento, ausencia que no vacío. Porque sus cuadros, todos sus cuadros, nos hablan, en callada charla, de nosotros mismos, de todo eso que llevamos dentro y que nos ha hecho ser quienes somos: sueños, miedos, pasiones, certezas, dudas, anhelos… y un puñado de cosas más, porque a fin de cuentas eso es lo que somos, tan solo un puñado de cosas más.

Y si en su pintura es el color, ese mágico encuentro con la poesía del color, el que nos acompaña en nuestro viaje, en su Fotografía de la serie La caída del Imperio Romano, de Roberto Gonzálezfotografía es el blanco y negro quien lo hace, ese blanco y negro que todo lo sabe porque todo lo ha vivido. Puede que el mundo nos haya empujado a pensar en color, incluso a vivir en color, pero los de cierta edad jamás dejaremos de sentir en blanco y negro, ese blanco y negro que nos hacía soñar, que nos hacía vivir todas las vidas en nuestra imaginación y crear todos los mundos que aún podían ser. Nosotros, expertos en naufragios que no admiramos ni sus cómos ni sus cuántos, estamos ahí, solos, en blanco y negro, alejándonos de una sociedad que jamás entenderá que crear no es averiguar un cómo o un cuánto, sino destruir un porqué, ese que, cada día, antes de que anochezca, destruye el sabio lápiz de Roberto González”

 

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Álbum Letras & Artes, arquitectura, cultura, Fotografía, Jesús Tablate Miquis, La placenta del universo, Pintura, rebeldía, resistencia, revistas de arte, Variaciones Goldberg
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Armas de anglosajonización masiva

24 octubre, 2010

No deja de ser curioso comprobar un día sí y otro también que en este país dejamos que se anglosajonicen nuestra cultura y nuestras costumbres casi sin darnos cuenta. Estamos en Europa, sí, pertenecemos a la Unión Europea de la que Alemania es el motor, pero el idioma que domina no es el alemán, sino el inglés. ¿Por la influencia del Reino Unido? Está claro que no, hace ya muchos, muchísimos, años que el Reino Unido dejó de ser un lider mundial.  Ese puesto lo ocuparon los Estados Unidos, que son los que día sí y día también nos imponen su idioma y su cultura. Basta con dar un vistazo a todo lo que nos rodea para comprobar que nuestros hábitos, nuestra lengua, nuestra cultura y hasta nuestro yo más íntimo son bombardeados a diario por las nuevas armas de anglosajonización masiva que nos lanzan a todas horas y por todos los medios desde el otro lado del Atlántico. Y ojo, quien esté libre de pecado que tire la primera piedra. Yo mismo me expreso a través de este blog, desde luego palabra no española, y he publicado una entrada a la que titulé “Castings, castings, castings”…

Y ya que lo de hoy va de reivindicar lo nuestro, qué  mejor que la compañía de Diego el Cigala con esa maravillosa versión que hizo de “Suspiros de España”, que aunque suene como un melancólico canto hacia nuestro país, en realidad parece ser que los suspiros eran unos pasteles de una conocida pastelería por los que el compositor de la canción se volvía completamente loco.

Palabras como casting, e-mail, management, coaching, acting, reality show, prime rate, prime time, share, marketing, resort, loft, Mibor, Euribor, fast-food, IPod, IPhone, Blackberry, pin o piercing han invadido por completo nuestras vidas. Por no hablar de esas poéticas palabrejas de nuevo cuño como testear, o de toda esa serie de extrañas siglas que utilizamos a diario: SMS, DVD, ADSL, MBA, NBA… El origen de esta nueva colonización, de esta invasión en toda regla, está muy claro: USA. No podía esperarse menos de un país que incluso para referirse a sí mismo utiliza sus iniciales.

Nuestra lengua se ha visto colonizada, sin ofrecer resistencia alguna por cierto, por el idioma que domina el mundo. El hecho es grave en sí, pero lo es mucho más si tenemos en cuenta que quienes más utilizan esos términos advenedizos son nuestros jóvenes que, todo sea dicho, no se caracterizan precisamente por utilizar nuestro idioma con brillantez: su léxico común apenas debe superar las 500 palabras. Si a eso le añadimos la coincidencia ¿o no? de la eclosión de los móviles y el asesinato lingüístico que suponen las abreviaturas que utilizan en sus mensajes, el panorama de nuestra lengua es francamente descorazonador.

Hay que adaptarse a las circunstancias y utilizar el idioma que habla y entiende todo el mundo, nos dicen. Hay que ser pragmáticos y dejar que el inglés domine nuestra comunicación. Sorprendente. Y digo sorprendente porque precisamente España, nuestro queridísimo país, es uno de los que van a la cola en el aprendizaje y la utilización de lenguas extranjeras, inglés incluido. Si nos comparamos con cualquiera de nuestros vecinos europeos nuestro nivel medio de inglés como segunda lengua no les llega a la suela del zapato. Así que destrozamos nuestra lengua reduciendo cada vez más su léxico para sustituirla por un puñado de neologismos y anglicismos, muchas veces incluso de andar por casa, como eso del footing, del puenting o del ”Yes we want” que en inglés no significan nada, pero sin aprender de verdad a hablar en otra lengua. Desolador es la única palabra que se me ocurre para definir el tipo de comunicación que nos espera. La que me viene a la cabeza para definir lo que será nuestra cultura en un futuro próximo no es otra que desierto.

Porque, si en el caso de la lengua la situación es alarmante, en el caso de la cultura la realidad es verdaderamente grave. La hamburguesa ha sustituido al bistec ruso de antaño, a nuestras salsichas de toda la vida les llamamos perritos calientes o Hot Dogs, Halloween se está cargando nuestra tradicional castañada, los huesos de santo y los buñuelos de viento, por no hablar del día de difuntos, y Santa Claus, ese gordo barbudo al que la Coca Cola vistió de rojo, se ha merendado en un plis plas a los Reyes Magos que llevaban siglos viniendo. Supongo que, a este paso, no tardaremos mucho en empezar a celebrar también aquí el 4 de Julio. ¡Y pobre de aquel que no lo haga!

Puede que el no haber ofrecido resistencia a esa invasión del  amo del mundo haya sido para nosotros un mal menor. Aquí nos han bombardeado (y nos bombardean cada día con más fuerza) con sus películas y con su música (las bombas atómicas de Palomares cayeron por error y, además, no llegaron a explotar). En Irak o en Afganistán, como antes en Vietnam, en Granada o en tantos otros sitios, los misiles y las “bombas inteligentes” cayeron sin piedad, arrasando cualquier intento de resistencia. Así que no podemos quejarnos, nosotros sólo hemos perdido nuestra cultura, nuestra lengua, nuestra libertad, nuestra identidad, nuestro yo más íntimo… pero seguimos vivos, supongo que mientras seamos capaces de seguir consumiendo y tragando.

Ocho de cada diez películas que vemos vienen de USA. Ocupan todas nuestras salas. No importa que sean de serie “B”. Las estanterías de los videoclubs están llenas de ellas, como la programación de todas las televisiones, públicas o privadas. Aquí nos tragamos todo los que nos echan, como los cerdos. El cine es entretenimiento, nos dicen quienes hacen películas para vendernos palomitas. Y es tan raro ver una película norteamericana que invite a pensar, a reflexionar… Sólo los independientes nos empujan a hacerlo, y allí casi les crucifican por ello. Estoy harto de ver a niñatos yankees haciendo gamberradas absurdas o intentando perder su virginidad en esa cursilada azul celeste que es su fiesta de fin de curso, harto de ver a Rambos y Schwartzenegers asesinando impunemente a malos malísimos y tontísimos que, casualidades de la vida, antes eran fieros comunistas y ahora son desalmados árabes… Pero, ay, cosas que pasan, hasta el mismísimo Rambo luchó no hace mucho al lado de sus bravos amigos talibanes cuando los enemigos eran la Unión Soviética y el comunismo. El mundo cambia tan rápido que ni los héroes más héroes del imperio tienen tiempo de adaptarse. Sylvester, Sylvester, que esto ya no es lo que era… Decía que aborrezco este tipo de cine que bajo la apariencia de simple entretenimiento nos mete la ideología neocón por la puerta de atrás, cuando no lo hace por la de delante con toda la cara. Y me pregunto, ¿es que no saben hacer nada más?. Claro que saben, pero no les interesa hacerlo. ¿Para qué van a hacerlo si así nos mantienen aborregados y encima les pagamos por hacerlo?. A los esclavos los torturaban, pero luchaban por ser libres y eran capaces de morir por llegar a serlo. Lo nuestro, en cambio, no tiene remedio: pagamos porque nos idioticen, porque nos mantengan sumidos en esa idiocia permanente que ellos llaman cultura. Nos aterra la libertad.

Llevo años sin escuchar por la radio una canción francesa, o italiana. ¿Qué pasa? ¿Es que los franceses o los italianos ya no cantan? ¿Ha muerto la chançon? ¡No!. Allí siguen haciendo una música maravillosa. A Aznavour le han seguido muchos más. Todavía hay franceses que cantan ¡Y lo hacen muy bien, de verdad!. Pero, ¿cómo es que no nos llegan sus canciones? ¿Tan altos son los Pirineos? ¿Acaso más altos que ancho es el Atlántico? ¡No!. Son los programadores de nuestras emisoras los que son demasiado bajitos como para atreverse a ir en contra del “mercado”, ese nuevo dios que devora a sus hijos sin piedad. Son capaces de emitir lo que sea con tal de que sea en inglés. Lo poco que podemos escuchar en nuestra lengua es porque les han obligado a emitirlo, no nos hagamos ilusiones. Nuestra música, como nuestro cine, sobrevive a base de “cupos”. Somos los últimos mohicanos del siglo XXI y, por desgracia, la historia nos ha enseñado lo que hicieron con los mohicanos. No queda ni uno. Así que, o nos replanteamos seriamente el juego este de una vez o ya podemos ir ensayando lo que tarde o temprano querrán que cantemos: ¡Viva el 4 de Julio!

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La soledad creativa

8 agosto, 2010

Desde siempre hemos tenido la imagen del artista solitario trabajando duramente intentando perseguir las musas. En nuestra imaginación no es difícil ver a un músico mirando al cielo y tarareando una melodía. En su rostro se refleja la tensión del momento, puede que incluso veamos cómo algunas gotas de sudor le caen por la frente. Está totalmente absorto en un mundo muy lejano al nuestro. De repente su semblante se ilumina como por arte de magia. Ha hallado la nota que buscaba, ha conseguido seguir adelante en su proceso creador y ya tiene en su cabeza, en su alma, esa música que, en poco tiempo, formará parte de todos nosotros.

Para acompañarnos ahora, si queréis, nadie mejor que un creador solitartio como Johann Sebastian Bach y una de sus variaciones Goldberg.

Y qué decir del pintor, del escultor o del escritor. Su proceso creativo es idéntico. De una observación detallada de las cosas, de una percepción personal de la realidad que les rodea y, sobre todo, de las vivencias acumuladas en su interior a lo largo de toda su vida, son capaces de extraer desde su yo más profundo algo que nos emociona, que nos llega a lo más hondo, algo que, sin saberlo, formaba parte de nosotros mismos y que, inconscientemente, enriquecemos con nuestra propia experiencia. Cuanta más experiencia y sensaciones hayan vivido el lector o el espectador, mejor serán la novela del escritor, el cuadro del pintor o la obra del escultor. Porque arte es diálogo, pasión y diálogo. Crear es dejar salir lo que llevamos dentro y también es dejar entrar para que nos llegue a lo más íntimo.

Ese universo de sensaciones, ese paraíso de belleza que llamamos arte ha tenido, a lo largo de la historia, una escenografía común: la de la soledad, la soledad creativa del artista y la soledad interior del espectador. Porque podemos ver una exposición de pintura acompañados y comentar lo que vemos, compartirlo, pero tenemos que ser nosotros mismos, solos, los que miramos ese cuadro con los ojos del alma para dejar que nos hable, que nos susurre y nos cuente sus secretos. Y qué placer mayor que el de contar un secreto a un amigo. Eso es lo que experimentamos cuando compartimos con alguien nuestra vivencia, nuestras sensaciones frente a una obra de arte: nos desnudamos y nos mostramos como somos, necesitamos enseñar lo que acabamos de aprender, explicar lo que éste o aquel detalle ha provocado en nuestro interior, porque el arte, como el amor, tiene la llave que abre la coraza con la que, inútilmente, pretendemos protegernos en la vida.

El arte, como la vida, está inmerso en un proceso constante e imparable de creación. Quizá porque crear no es construir un cómo o un cuándo, sino destruir un por qué. Crear para vivir, para huir de la repetición, de la mera imitación, porque imitar o repetir no es más que estarse quieto, no avanzar, dejar que el miedo a lo desconocido nos impida vivir, que nos aniquile. ¿Pero cómo reaccionamos ante lo nuevo, ante lo radicalmente nuevo? Generalmente, como espectadores, adoptamos una actitud crítica negativa, un “me gustaba más lo que hacía antes” o un “esto ni es arte ni es nada”, “ es una tomadura de pelo”… ¿Por qué? Por el miedo a lo desconocido, el pavor a lo nuevo, a dejar que alguien abra esa coraza que nos hace “invulnerables” y que hace que nos sintamos cómodos dentro de las costumbres generalmente aceptadas, de los cauces de lo “políticamente correcto” Lo nuevo, lo desconocido, nos aterra, como nos aterran el amor o la libertad. Estamos inmersos en una época en la que prima la seguridad, quizá porque nos sentimos tremendamente inseguros de nosotros mismos. ¡Qué difícil es encontrar a alguien hoy en día que tenga opiniones propias! Repetición, tópicos y superficialidades nos rodean. ¡Y qué decir de la especialización! ¿Qué queda del humanismo de la antigua Grecia, o del hombre renacentista? Como decía Machado, bueno es saber que los vasos sirven para beber, lo malo es que no sabemos para qué sirve la sed…

El arte, la filosofía, la religión y la ciencia emprendieron hace siglos caminos divergentes que, cada vez, les alejaban más del verdadero “conocimiento”, ese conocimiento panteísta que nos recuerda que pertenecemos a un Todo, que somos parte de ese Todo. Hoy arte, filosofía, religión y ciencia han emprendido el camino del reencuentro y cada vez son más los que perciben que el progreso de la humanidad depende de esa comunión de saberes, de esa soledad de soledades sola que intuía Bergamín. Las nuevas tendencias del arte van en esa dirección, en la del encuentro interdisciplinar, en la de compartir nuestros secretos y abrir nuestros ojos para poder entender. Esa comunión de conocimientos, ese abrir nuestra mirada es lo que, desde siempre, el ser humano ha intuido que es la Sabiduría.

Ese reencuentro, como las nuevas tecnologías, está cambiando profundamente nuestra percepción del proceso creativo. Ya no es extraño ver al artista, consciente de sus propias limitaciones, crear en compañía. El pintor y el informático se dan la mano para crear juntos. El videoarte es un claro ejemplo de ello. El guionista y más aún el autor teatral, pueden crear su obra a partir de una improvisación colectiva con los actores, en una labor en equipo que les permite escuchar sus textos, reescribirlos en función de las nuevas ideas que surjen en las improvisaciones, y reelaborarlos hasta tener el texto definitivo. Los nuevos tiempos favorecen las nuevas formas de creación, de interacción de los creadores. El cine, y antes el teatro, fue uno de los primeros pasos que la creación dio en ésta dirección. Son muchos los artistas que se unen para crear una película: director, guionista, actores, etc… Creo recordar que Almodóvar suele decir que el guión escrito inicialmente sólo representa el 50% de lo que finalmente vemos en la película, porque, a lo largo del proceso previo al rodaje, durante el rodaje y en el montaje final, va añadiendo y quitando cosas que surjen desde la creatividad de las propuestas de los actores o de las simples limitaciones y dificultades técnicas que aparecen en las localizaciones, etc.  La aplicación en el arte de las nuevas tecnologías nos abre un mundo nuevo, un mundo en el que conceptos como imaginación, intuición y diálogo marcarán el camino. Puede que tengamos que cambiar nuestra romántica imagen del poeta solitario, del músico ensimismado o del pintor enloquecido. Estoy convencido de que seguiremos creando en soledad, pero quizá  podamos compartirla con los momentos de creación colectiva, buscando un difícil equilibrio entre el yo y el nosotros. Decididamente la imagen del creador como ser solitario cambiará mucho en los tiempos que vienen, y os puedo asegurar que a mí, empedernido amante de la soledad creativa, me costará mucho cambiar mentalmente esa imagen de soledad que tengo tan profundamente arraigada y asociada a la creación, al proceso creativo, pero tenemos que abrir de verdad nuestros ojos porque tenemos que aprender a ver, aprender a conocer, aprender a amar, y eso no es posible si continuamos aferrados al pasado, a todos esos pilares de la seguridad que hemos construido a lo largo de nuestra vida, sin saber, quizá, que no eran más que los barrotes de nuestra propia cárcel.

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Carlos Olalla

Por circunstancias de la vida me pasé más de veinticinco años dirigiendo empresas en la que, sin lugar a dudas, fue la etapa más aburrida y frustrante de mi vida. La verdad es que nunca me gustaron esos trabajos y lo pasé fatal. Cuando cumplí los 45 me encontré con que una reestructuración empresarial me ponía de patitas en la calle y sin un duro. Por si fuera poco, nadie me quería dar trabajo porque decían que ya era demasiado “viejo”. A mí siempre me había gustado el mundo del cine y, como estaba en el paro y tenía tiempo, empecé a estudiar interpretación. Me pasé tres años siendo el “abuelo” de todos mis jóvenes compañeros en una conocida escuela de teatro de Barcelona. Durante aquel tiempo recibí alguna propuesta de trabajo para reincorporarme al mundo de la empresa, pero no quise aceptarlas: el nuevo mundo que había descubierto me había atrapado por completo, así que decidí cambiar una maravilla de sueldo y una mierda de trabajo por una maravilla de trabajo y una mierda de sueldo. Puedo deciros que ha sido la mejor decisión que he tomado en mi vida: por primera vez soy libre, la palabra jefe ya no significa nada para mí, hago lo que verdaderamente me gusta y, lo mejor, trabajo con gente sensible y abierta que piensa y siente como yo. ¿Qué más se puede pedir?

www.carlosolalla.com

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