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Sean Penn

31 julio, 2011

Sean Penn es, sin duda, uno de los mejores actores contemporáneos. Es un actor intenso y muy versátil. Capaz de encarnar todo tipo de personajes dotándolos de un sinfín de registros que pueden ir desde la dureza más despiadada hasta la más extrema vulnerabilidad, todo en él rezuma verdad. El fuerte compromiso social y con los derechos humanos que siempre le ha caracterizado en su vida personal ha influido muchas veces a la hora de elegir sus papeles y, a la inversa, a la hora de que los productores no quisieran proponérselos. Estuvo junto a las víctimas del Katrina en Nueva Orleans, visitando Irak para informarse de primera mano de lo que pasaba allí y para desenmascarar las mentiras que ayudaron a declarar aquella guerra, una guerra a la que Penn se opuso con todas sus fuerzas, fue de los primeros en estar con el pueblo de Haití, para cuya ayuda ha creado una ONG que abastece de ayuda humanitaria a un poblado de 55.000 personas que lo han perdido todo, defiende en EEUU a Hugo Chávez y a Fidel Castro de los ataques y la manipulación de los políticos y de la prensa. Ciertamente Sean Penn es un hombre comprometido a fondo con todo lo que cree, al que nunca le ha temblado el pulso a la hora de defender sus ideales y su forma de entender la vida.

Aquí le puedes ver en el tráiler de Mystic River, dirigida por Clint Eastwood, encarnando a ese padre desesperado porque han asesinado a su hija adolescente, que le valió su primer Oscar.

 

Nacido en California en 1960, hijo de madre de origen italoirlandés y de padre de origen judío sefardita (de hecho su apellido antes de americanizarlo por Penn era Piñón), se educó en un ambiente familiar progresista que hizo que su padre fuese incluido en los años 50 en la temida lista negra del senador Mcarthy, cuya caza de brujas aterrorizó al mundo de Hollywood. El hecho de que su padre fuese director y guionista, su madre actriz y ambos tuviesen ideas progresistas marcó su adolescencia y su forma de ver y de querer vivir la vida. Su primera aparición frente a la cámara fue en 1974, precisamente en un episodio de la serie de tv “La casa de la pradera” dirigido por su padre. En 1980 estuvo a punto de protagonizar la película “El lago azul”, pero no fue hasta un año después cuando debutaría en el mundo del cine con la película “Taps” (Más allá del honor), donde también haría uno de sus primeros papeles un joven actor desconocido entonces: Tom Cruise. Un año después encarnó a un surfirsta (el surf era una de sus grandes pasiones) en “Aquel excitante curso”.

A lo largo de su carrera ha encarnado a todo tipo de personajes. En esta breve recopilación puedes verle en algunos de ellos.

 

Si en los primeros 80 Sean Penn era un joven actor que prometía, su vida privada pronto fue motivo de carnaza para los paparazzi estadounidenses. Sus relaciones con actrices como Elizabeth McGovern, Susan Sarandon o Pamela Springsteen, la hermana de Bruce, con la que había coincidido en el rodaje de “Aquel excitante curso” y unos cuantos amores más, dejaron paso a sus cuatro años de turbulento matrimonio con Madonna, con escándalos y peleas con los paparazzi que le llevaron a la cárcel. Tras Madonna llegaría la relación más larga que se le conoce, con la también actriz Robin Wright, la protagonista de “La princesa prometida”, con la que ha estado unido durante casi 20 años.

Penn es un hombre culto, inquieto por lo que ocurre en el mundo, comprometido (su frase favorita es la de Doctorov sobre el artista, de quien dice que debe conocer el mundo en el que vive) y, por encima de todo, amigo de sus amigos, entre los que se encuentran personajes tan célebres y dispares como Charles Bukovsky, Bruce Springsteen, Robert de Niro (de quien dice que es actor gracias a él), Jack Nicholson, Johnny Depp, John Malkovich, el recientemente fallecido Dennis Hopper…

Como actor ha trabajado a las órdenes de los directores más representativos de la historia del cine de las últimas décadas: Clint Eastwood, Terrence Malick, Woody Allen, Brian de Palma, Alejandro González de Iñárritu, Tim Robbins, Oliver Stone…

En esta secuencia puedes verle en el papel del asesino confeso de una adolescente en el momento de enfrentarse a la muerte de “Dead man walking” (“Pena de muerte”), dirigido por Tim Robbins basado en un caso real. Susan Sarandon, por entonces esposa de Robbins y antiguo amor de Penn, encarna a la hermana Helen Prejean, que luchó hasta el último momento porque le conmutasen la pena y le salvasen, sobre cuya vida se basa la película.

 

Sean Penn siempre se ha caracterizado por llamar a las cosas por su nombre y por dar la cara por los más desfavorecidos. Es uno de los actores norteamericanos más progresistas y que más causas humanitarias ha apoyado realmente. Sus ataques al presidente Bush por la guerra de Irak y su política neoliberal fueron célebres, llegando incluso a comprar una página en el New York Times para publicar una carta personal, como ciudadano americano y padre de dos hijos, oponiéndose a la guerra. Solía colaborar haciendo reportajes y publicando artículos de opinión en el San Francisco Chronicle hasta que, harto de que calificaran sistemáticamente a Hugo Chávez de dictador a pesar de ser el presidente que más elecciones democráticas ha ganado en toda América (incluida la del Norte y la del Sur), escribió una carta pública de dimisión que fue publicada por el periódico. Aquí le tienes diciendo abiertamente lo que opina del Presidente Bush y su política

 

Y si como actor Penn está considerado como uno de los mejores de su generación y del cine actual (no en vano ganó un nuevo  Oscar por su impresionante papel del político gay Harvey Milk en “Milk”), otros campos del mundo del cine también han llamado poderosamente su atención. Polifacético como pocos, no tardó en dar el paso a la dirección. Fascinado por una canción de su buen amigo Bruce Springsteen (Highway Patrolman), que cuenta la historia de dos hermanos completamente opuestos, Penn escribió una historia y la dirigió: “The indian runner” (“Extraño vínculo de sangre”). Su película respeta incluso los nombres de los tres protagonistas de la canción de Bruce: Joe, Frank y Maria. Aquí tienes la canción sobre la que Penn hizo la película.

 

En “The indian runner” Penn plantea la historia de Joe y Frank Roberts, dos hermanos que representan el bien y el mal, el orden y la violencia, en una escalofriante historia sobre los lazos familiares y la imposibilidad de ayudar a quien no quiere dejarse ayudar. El formidable talento de Penn para seleccionar a los actores y actrices de sus películas le llevó a contratar al en ese momento (1991) casi principiante Viggo Mortensen. Su físico y su forma de actuar encajaban bien en el personaje de Frank, el bala perdida, pero Penn consideraba que le faltaba un puntito de maldad que consiguió que adquiriese al hacerle convivir durante varias semanas con el jefe de los “Ángeles del infierno”,  un violento grupo de moteros a quien conocía Penn y que le enseñó unas cuantas  cosas sobre lo que pueden ser de rudas las maneras. En esta película también trabaja otro de los actores fetiche de Penn y, cómo no, gran amigo suyo: Dennis Hopper

 

Penn se ha puesto tras las cámaras en varias ocasiones, y siempre para contar historias que le son cercanas. La última ha sido “Into the wild” (“Hacia rutas salvajes”), que cuenta la historia real de Christopher McCandless, que tras licenciarse en la universidad como querían sus padres, harto de una sociedad vacía que no entiende ni le entiende,  decide abandonarlo todo y emprender un viaje en solitario por Estados Unidos para conocerse a sí mismo. Sin dinero ni tarjetas de crédito, a dedo y quedándose a vivir donde encuentra trabajo, el viaje de McCandless le lleva hasta su gran sueño: Alaska. Nuevamente el talento de Penn a la hora de hacer el casting de sus películas queda patente con la presencia de Christine Stewart, que poco después se haría mundialmente famosa al protagonizar Crepúsculo. La fotografía, el montaje y la música de esta película son verdaderamente geniales.

 

Uno de los trabajos más sutiles e interesantes de Penn como director es el corto que dirigió para la película sobre los atentados del 11-S. Interpretado por el inolvidable Ernest Borgnine, el corto de Penn es una metáfora sobre la vida y la muerte, sobre la caída de los imperios y la resistencia de los seres humanos, sobre el amor que vence a la muerte, sobre la belleza que hay más allá del dolor…Aquel día cambió el mundo. Tres mil personas murieron en las Torres Gemelas; cientos de miles morirían después en las guerras que los EEUU utilizaron como excusa para invadir Afganistán e Irak; aquel día nació un nuevo orden mundial que ha avasallado valores como justicia y libertad a cambio de una falsa promesa de seguridad y un nunca ocultado instinto de venganza. Fueron muchas, demasiadas, las cosas que cambiaron para siempre aquel día…

 

 

Quiero acabar esta entrada con la que para mí es una de las mejores secuencias de Penn como actor. Pertenece a “Mystic River” y es un mano a mano con otro de los grandes, Tim Robbins, que precisamente le había dirigido en “Dead man walking”. Si allí veíamos a Penn como el asesino que iba a ser ajusticiado, ahora le vemos como el padre destrozado porque han asesinado a su hija. El amor, el dolor, la impotencia, la rabia, la esperanza… todo está en esta verdadera lección de interpretación que nos da Penn en esta secuencia.  Eastwood, el director, refuerza la tensión dramática de la escena  acercando el plano progresivamente hasta llegar al primer plano de Penn y un plano algo más abierto de Robbins, con unos planos de escucha soberbios, y Penn, conforme avanza el dramatismo de la secuencia, empieza a lllorar, a apoyarse en el movimiento de sus manos y, sobre todo, a utilizar más la mirada fuera de cuadro, esa mirada perdida hacia donde el espectador no ve, esa mirada hacia la ausencia, hacia ninguna parte, hacia el vacío, hacia la evocación de su hija muerta… Una verdadera joya de tres magníficos actores que dan lo mejor de sí mismos: dos frente a la cámara y uno tras ella. No he podido insertar la secuencia porque su inserción está desactivada. Para verla tendrás que hacerlo a través del enlace. No te la pierdas.

http://youtu.be/X2IVcilynLI

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“Me voy, ahí os quedáis…”

14 febrero, 2010

Son muchos los que, hartos ya de todo esto, se han decidido a dejarlo todo para emprender un viaje al fondo de sí mismos. Algunos han buscado su lugar en la naturaleza, como H.D. Thoreau o Christopher McCandless; otros, en pequeños pueblos alejados del mundo al que pertenecían, como Robert Graves, pero todos, absolutamente todos  los que dieron ese paso en sus vidas, lo hicieron siguiendo el impulso interior que nos lleva a encontrarnos a nosotros mismos. Algunos se despidieron de ese mundo que no entendían y al que aborrecían profundamente publicando su autobiografía bajo títulos tan sugerentes como “Good by to all that” (el “Adios a todo eso” de Robert Graves); otros, como Thoreau con su “Walden”,  escribieron la historia de su viaje interior; otros se fueron sencillamente en silencio, sin siquiera despedirse y otros dejaron un escrito del estilo del que el actor George Sanders dejó en su nota de suicidio: “Me voy, ahí os quedáis…”

Para hablar de todo esto creo que no hay mejor música que la de la banda sonora de “Hacia rutas salvajes”, la película que dirigió Sean Penn basada en el libro que cuenta la historia de Christopher McCandless. Son temas compuestos e interpretados por Eddie Vedder, el cantante de Pearl Jam que ha colaborado en otras bandas sonoras, como la de la película “Dead man walking”. Si quieres, puedes escuchar ahora uno de sus temas: “Society”, una preciosa balada cuya letra, entre otras cosas, dice “sociedad, estás realmente loca, espero que no te sientas sola sin mí… sociedad, estás loca de remate, perdóname,  no te enfades si no estoy de acuerdo contigo, espero que no te sientas sola sin mí…”

Uno de los primeros en decidirse a dar este paso fue H. D. Thoreau, intelectual norteamericano que, en 1845, se fue a vivir en soledad durante dos años en una cabaña que él mismo construyó en el lago Walden. Buscaba vivir en armonía con la naturaleza, volver a la naturaleza, a sus bosques y a sus ríos, a vivir la vida al aire libre, lejos de todo y de todos, fiel a esa llamada interior que le empujaba a buscarse a sí mismo en esos bosques y en esos ríos.  En Walden demostró que se puede vivir con lo mínimo: sólo se llevó unos clavos para construir su propia cabaña y pidió prestada un hacha. Thoreau estaba harto de una sociedad que no entendía, de un gobierno y un estado que consideraba superfluos, innecesarios y aniquiladores de la libertad del individuo (de hecho su negativa a pagar impuestos por estar en contra de la guerra provocó que le arrestaran y la posterior publicación de otro de sus escritos más famosos: “La desobediencia civil”, que fue seguido con devoción un siglo más tarde por activistas y defensores de la no violencia como Gandhi o Martin Luther King).

Adelantándose a su tiempo, Thoreau cuestionó el progreso, la contaminación ambiental y la idiocia de la sociedad que le tocó vivir. Muy influenciado por la filosofía oriental, y por el Bhagavad Gita en particular, hace ciento cincuenta años, ya decía cosas como éstas: “El hombre trabaja bajo engaño, y pronto abona la tierra con lo mejor de su persona. Por falaz destino, comunmente llamado necesidad, se ocupa de acumular tesoros que la polilla y la herrumbre echarán a perder y los ladrones saquearán. Que una vida así es de necios lo comprenderá llegado a su final, si no antes… No es sino lo que piensa el hombre de sí mismo lo que fragua su destino… Eso de dedicar la mejor parte de la vida a ganar dinero con objeto de disfrutar de una libertad cuestionable durante la peor parte de aquella me recuerda a aquel inglés que se fue a la India a hacer fortuna para luego poder regresar a Inglaterra y vivir una vida de poeta. Debería haber subido a la buhardilla en primer lugar… Como había cosas que me gustaban más que otras, en especial  mi libertad, y dado que era capaz de vivir ardua y frugalmente, aunque con desahogo, no quise malgastar mi tiempo en procurarme ricas alfombras, ni una cocina delicada, ni una casa de estilo griego o gótico… El hombre es rico según el número de cosas de que puede prescindir… La mayoría de los lujos y muchas de las llamadas comodidades de la vida no sólo no son indispensables, sino que son un obstáculo cierto para la elevación de la humanidad… Quien se come una fruta debería, como mínimo, plantar la semilla; y, si es posible, una semilla mejor que la de la fruta que ha saboreado… No es hasta que nos hemos perdido; en otras palabras, hasta que hemos perdido el mundo de vista, que empezamos a encontrarnos a nosotros mismos, a darnos cuenta de dónde estamos… A medida que uno simplifique su vida, las leyes del universo se le revelarán menos complejas; la soledad dejará de ser soledad; la pobreza, pobreza; la debilidad, debilidad. Si has construido castillos en el aire, tu esfuerzo no tiene por qué caer en saco roto. Ese es su sitio, ahora ponles los cimientos… Si un hombre se pasa la mitad del día caminando por los bosques porque los ama, corre el peligro de ser considerado un gandul, pero si se pasa el día entero allí como un especulador, talando árboles, será considerado un ciudadano industrioso y emprendedor… Tengo mucho que aprender del indio; nada del misionero… Una ley jamás hará libre a un hombre; son los hombres quienes tienen que hacer libres a las leyes… ¿No es posible que un individuo pueda tener razón y un gobierno estar equivocado? ¿Deben respetarse las leyes simplemente porque fueron dictadas? ¿O dadas por buenas por todos los ciudadanos si no lo son…? Creo en el bosque, en la pradera y en la noche en la que crece el maíz…. Existen dos tipos de simplicidad: una relacionada con la imbecilidad, la otra con la sabiduría… No busquéis con tanta ansiedad vuestro progreso, ni os sometáis a las múltiples influencias que se ejercen sobre vosotros; todo eso produce disipación. La humildad, como la oscuridad, permite ver las luces del firmamento…”

Las palabras con las que Henry Miller prologó Walden nada menos que en una edición de 1946 son impresionantes y, desde luego, desgraciadamente premonitorias: ” El estado se ha convertido en una especie de Frankenstein. Nunca, como hoy, nos hizo menos falta el estado, así como nunca nos han tiranizado tanto. En todas partes el ciudadano tiene un código moral muy superior al del gobierno al que debe fidelidad. La falsa idea de que el estado existe para protegernos se ha desintegrado miles de veces. Sin embargo, mientras el hombre carezca de seguridad y confianza en sí mismo, el estado prosperará; él puede existir gracias al miedo y a la incertidumbre de cada uno de sus  miembros… Basta que un hombre crea en sí mismo y encontrará el camino de la existencia, a pesar de las barreras y las tradiciones que lo aprisionan… Thoreau vivió, mientras nosotros, se puede decir, que sólo existimos…Thoreau encontró Walden, pero Walden está en cada lugar donde hay un hombre…”

Todos sabemos que llevamos un Walden dentro. En un momento u otro de nuestras vidas sentimos su llamada. Walden es un espacio físico, pero también es mucho más: es la necesidad que tenemos de adentrarnos en el camino que nos ayuda a encontrarnos a nosotros mismos, a saber quiénes y cómo somos; el camino que nos lleva a conocernos y a aceptarnos tal y como somos. Walden también es una utopía, esa utopía necesaria que nos empuja a levantarnos cada mañana para seguir adelante. Walden está vivo, intensamente vivo en nuestro aquí y en nuestro ahora. A veces basta la suave caricia del aire en la cara, el vuelo de un pájaro, el susurro del agua en el arroyo o el del viento entre los árboles para recordarnos que Walden está vivo… porque nosotros estamos vivos.

¿Qué pensaría Thoreau de un mundo como el que hemos construido o, simplemente, permitido que construyan?, ¿Qué diría del modelo de vida de nuestras ciudades?, ¿Y del nuestro, del de cada uno de nosotros?, ¿Cómo reaccionaría al ver que, conscientemente, estamos destruyendo todos los Waldens del mundo en una alocada carrera hacia el seguro suicidio de la humanidad y el asesinato del planeta?, ¿Cómo reaccionaría ante el cada día más absoluto y férreo control de nuestras vidas por el estado en ese cotidiano renunciar a nuestra dignidad y a nuestra libertad a cambio de falsas promesas de seguridad?, ¿Cómo nos vería él, que luchó hasta la extenuación contra la esclavitud, al ver que voluntariamente nos esclavizamos por tener una casa más grande o un coche más moderno…?

Si queréis podemos escuchar ahora otra canción de la misma banda sonora. Su título es “Guaranteed”, y, entre otras cosas, dice “… con el viento en mi cabeza me siento parte de todo, bajo mis rodillas hay un camino que desaparece, por las noches escucho el canto de los árboles, cantan con los muertos, sobre todos nosotros…”

“Into the wild”, la película de Sean Penn sobre la vida de Chris McCandless nos muestra que no es fácil seguir el camino que inició Thoreau y que,abotargados y aburguesados como estamos por nuestra sociedad y nuestro modelo de vida, cada vez estamos más alejados de la naturaleza y menos adaptados para regresar a ella. Son muchas las películas que han tratado el tema del volver a la naturaleza. Una de mis favoritas es “Dersu Uzala”, de Akira Kurosawa. Ganadora del Oscar a la mejor película extranjera de 1975, esta auténtica joya del cine nos cuenta la historia real de la inolvidable amistad entre Vladimir Arseniev, un joven explorador capitán del ejército ruso,  y Dersu Uzala, un cazador mongol que, tras perder a toda su familia por culpa de la viruela, vive solo en la taiga siberiana.

Profundamente integrado en la vida salvaje, Dersu Uzala enseña al capitán los secretos del bosque y de sus “gentes”, pues para Dersu los animales, los árboles, los ríos, el sol. la luna, el fuego y el viento también son “gente”, gente con la que habla y a quien respeta, gente con la que vive en una armonía total con la naturaleza. La ingenuidad, la limpieza de mirada y de espíritu de Dersu, hacen que el capitán sienta una profunda admiración por el viejo cazador. Entre ambos surge una amistad que, más allá del espacio y del tiempo, les unirá durante toda la vida. A lo largo de los diferentes viajes que el capitán Arseniev va realizando a esa región de la taiga vemos cómo esa amistad permanece inalterable, al tiempo que vemos que las facultades físicas de Dersu empiezan a flaquear. La vista, imprescindible para un cazador y más si ha de vivir en esas condiciones tan extremas, le empieza a fallar y no tiene más remedio que aceptar la invitación del capitán a que deje la vida en los bosques y se vaya a vivir con él a la ciudad. Una vez allí Dersu no puede entender el sinsentido de la vida en la ciudad y, a pesar de ser consciente de su pérdida de visión, decide regresar a su vida en el bosque. Pocas veces la amistad y el amor a la naturaleza se han tratado con tanta sensibilidad como en esta película. Os dejo con un par de secuencias para que os animéis a verla los que todavía no la hayáis visto, o a deleitaros volviendo a verla los que ya la visteis en su día…

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Carlos Olalla

Por circunstancias de la vida me pasé más de veinticinco años dirigiendo empresas en la que, sin lugar a dudas, fue la etapa más aburrida y frustrante de mi vida. La verdad es que nunca me gustaron esos trabajos y lo pasé fatal. Cuando cumplí los 45 me encontré con que una reestructuración empresarial me ponía de patitas en la calle y sin un duro. Por si fuera poco, nadie me quería dar trabajo porque decían que ya era demasiado “viejo”. A mí siempre me había gustado el mundo del cine y, como estaba en el paro y tenía tiempo, empecé a estudiar interpretación. Me pasé tres años siendo el “abuelo” de todos mis jóvenes compañeros en una conocida escuela de teatro de Barcelona. Durante aquel tiempo recibí alguna propuesta de trabajo para reincorporarme al mundo de la empresa, pero no quise aceptarlas: el nuevo mundo que había descubierto me había atrapado por completo, así que decidí cambiar una maravilla de sueldo y una mierda de trabajo por una maravilla de trabajo y una mierda de sueldo. Puedo deciros que ha sido la mejor decisión que he tomado en mi vida: por primera vez soy libre, la palabra jefe ya no significa nada para mí, hago lo que verdaderamente me gusta y, lo mejor, trabajo con gente sensible y abierta que piensa y siente como yo. ¿Qué más se puede pedir?

www.carlosolalla.com

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