La placenta del Universo

blogs clandestinodeactores.com
  • Inicio

Jose Luis Sampedro: una lección de vida, de dignidad y de compromiso

14 abril, 2013

2Tenía noventa y seis años, había vivido todas las vidas y perdido muchas batallas, pero había ganado la guerra, esa difícil guerra que tan pocos ganan, esa guerra constante que es llegar a ser uno mismo frente a todos y frente a todo. Seguía siendo joven, nunca dejó de serlo, porque era un hombre sabio. Puede que en sus ojos no estuvieran todas las respuestas, aunque había muchas, pero lo que siempre veías en ellos eran todas las preguntas, esas preguntas que nos hacen avanzar, que nos hacen crecer para alcanzar a ser seres humanos. Son muchas las palabras que podrían definirle: humildad, sencillez, valentía, lucidez, generosidad, compromiso, voluntad, ilusión, alegría, coherencia, talento,… aunque quizá una lo haga por encima de todas: dignidad, porque eso es lo que fue ante todo Jose Luis Sampedro: un hombre que jamás perdió su dignidad. Su vida, como la de tantos, no fue fácil. Le tocó vivir en el tiempo de la incomprensión, de la censura, de la represión de una dictadura asfixiante para todo aquel que no claudicara, para todo el que se atreviera a pensar diferente. Y él sobrevivió sin renunciar jamás a ser él mismo. Y también le tocó vivir, como a todos ahora, en este injusto y cruel mundo que agoniza, en este sistema podrido y moribundo que se nos está llevando a todos por delante en su inevitable caída. Y lo hizo luchando contra él, denunciando lo que estaba pasando. Por eso su figura sobrevivirá como un faro que ilumina en la niebla de la estulticia de estos tiempos para guiarnos en el camino que nos lleva a ser libres, ese camino, duro a veces y largo siempre, que solo podemos recorrer si en nuestra mochila llevamos las provisiones que verdaderamente alimentan nuestra alma: generosidad, altruismo, bondad, amor, solidaridad, sencillez, humildad, valentía… y dignidad.

Había nacido en 1917 en el seno de una familia conservadora. Cuando tenía un año la familia se trasladó a Tánger, donde viviría hasta cumplir los trece 3años. De esta época son sus recuerdos más felices, unos recuerdos en los que sus amigos pertenecían a tres religiones diferentes que convivían en paz y armonía, eran de mundos aparte entre los que ellos, con sus juegos de infancia, creaban puentes, esos puentes de diálogo y comprensión que ya nunca le abandonarían: “Aquel Tánger de los años veinte, donde transcurrió mi infancia, era ciudad internacional, en la que convivían en igualdad todos los países. Los chicos llegábamos al colegio con diversas lenguas maternas, comprábamos golosinas con monedas diferentes, celebrábamos varias fiestas nacionales e incluso nuestro descanso semanal se repartía entre los días sagrados de tres religiones. Ahora bien, en medio de aquella cosmópolis se alzaba una isla rodeada de muro y puertas: el recinto donde los moros del campo vendían hortalizas y otros productos frescos, bajo cañizos con ramajes frecuentemente mojados para resguardarse del sol. Se vendía y gritaba en árabe y sólo se admitía moneda hassani del Imperio marroquí. Mi madre la obtenía, antes de entrar en el zoco, de los cambistas judíos sentados a la puerta, cada uno detrás de su cajón-mostrador, con una pizarra anunciando las cotizaciones del día. Así, en el corazón de la ciudad moderna e internacional se pasaba de pronto a casi la Edad Media y a lo que luego aprendí a llamar el Tercer Mundo. Entonces, claro está, yo no era consciente de ello, pero atravesar la puerta me impresionaba siempre y aún recuerdo el rostro de un viejo cambista, de barba blanca y cubierto con un negro sombrero, instalado a la puerta como guardián de aquel mundo antiguo”

13A Tánger le sigue una breve estancia en el que, sin duda, fue para él un paraíso: Aranjuez: “Poco más tarde ya viví conscientemente otras fronteras cuando un cambio de residencia familiar me llevó, en edad todavía adolescente, a habitar en Aranjuez. El Real Sitio fue decisivo para orientar mi vida y por eso ha permanecido siempre en mi corazón, a pesar de alejamientos geográficos. Allí, a mis catorce años, empecé a sentir doblemente la magia de lo fronterizo, porque en Aranjuez existe una frontera temporal, entre el siglo XVIII de los palacios y el siglo XX de la villa, a la vez que otra frontera espacial separando el mundo mítico del cotidiano. En este último transitan las gentes por calles y plazas, mientras que en aquél habitan los dioses de mármol, franqueando las avenidas o alzándose sobre fuentes o pedestales en las glorietas. La frontera entre ambos espacios era y es muy visible, formada por las grandes puertas cortesanas, entre jambas de piedra de Colmenar, o las larguísimas verjas de los jardines. En uno de éstos, el del Rey, la mitología se hacía aún más patente por el foso circundante, cuyas aguas tomadas del caudaloso Tajo venían a reproducir aquel río Océano que, según los griegos, envolvía el orbe.

Algunos muchachos teníamos el privilegio de poder penetrar bajo las frondas de los árboles centenarios y de quedarnos a solas frente a los dioses, 12viendo cruzar el sendero a un faisán macho con el arco iris de su larga cola, sintiendo la presencia de invisibles sombras y escuchando inaudibles voces que aún me siguen acompañando. La última de mis viviendas en Aranjuez tenía ventanas al Jardín del Príncipe, del que sólo me separaba la arbolada calle de la Reina, y de noche, en el verano, me gustaba acercarme a la alta verja y permanecer largo rato con la cara entre dos barrotes que mis manos aferraban. El mundo mítico se me mostraba entonces más verdadero que nunca, con sus fragancias, rumores, voces de aves, crujidos de hojas caídas como rumor de pasos furtivos y ecos de misteriosas profundidades, A veces la claridad lunar encendía aquel mundo del tal manera, haciéndolo a la vez cristalino y fantasmal, que cuando regresaba a mi casa me llevaba a mis sueños un tesoro de fantasías. Fue en mis últimos tiempos de Aranjuez cuando ya empecé a imaginarme escritor, sin duda al impulso de tales vivencias y, para acabar expresando lo que aquella doble frontera significó para mí, me limitaré a decir que ya hacia 1950 empecé a situar en el Real Sitio una novela, aunque sólo hace un año he podido decidirme, venciendo mi respeto por aquel lugar mágico, a trabajar definitivamente en ella. Entonces ignoraba que me estaba empezando a poseer ya la adicción a lo fronterizo. Lo barrunté poco después, cuando mi primer destino en una aduana me convirtió en habitante de una frontera. Y poco más tarde, ¡qué horrenda frontera, en el tiempo y el espacio, en las ideas y en la conducta, fue la mal llamada guerra civil! Salimos de ella con el país erizado de muros con cristales rotos en lo alto. Desde entonces he detectado fronteras por todas partes, aunque muchas no reciban ese nombre”

10La guerra civil le pilla con diecinueve años. Es movilizado por el ejército republicano y combate en un batallón anarquista. Allí se da cuenta de que los anarquistas no eran los fundamentalistas analfabetos y violentos de los que su familia le había hablado. Los avatares de la guerra hacen que también tenga que combatir en el bando de los sublevados. Tampoco tarda en darse cuenta de que aquellos no son los suyos.
Acabada la guerra obtiene la plaza de funcionario de aduanas. Tras un breve paso por Melilla pide plaza en Madrid, adonde se traslada. En 1944 se casa con Isabel Pellicer. Son tiempos en los que trabaja mientras estudia la carrera de económicas, de la que se licencia con Premio extraordinario, en 1947. Es nombrado profesor encargado en la Universidad. Un año después entra a trabajar en el Banco Exterior y escribe su primera obra de teatro: “La paloma de cartón”

En 1955 se convierte en catedrático de Estructura Económica por la Complutense de Madrid. Compagina las clases, donde se siente feliz en contacto 20con los jóvenes, con el trabajo en el banco, del que llegará a ser Subdirector General. No debió ser fácil para un hombre de su sensibilidad, creatividad y talento, trabajar en un banco donde no son esas, precisamente, las virtudes que más se valoran. Quizá por eso cada día se levanta de madrugada para escribir novelas, unas novelas que no verían la luz hasta décadas después. Cuando le alcanzó la fama como escritor Sampedro llevaba más de cuarenta años escribiendo cada día en el silencio de su casa. Y siempre lo hizo igual: sentado en un sillón escribiendo a mano sobre una tabla que apoyaba en sus rodillas. Esa imagen es la viva imagen de un náufrago apegado a su tabla de salvación en el proceloso mar de la monotonía del mundo bancario.

Sé, por experiencia, que ser escritor no es algo que esté muy bien visto en los 4ambientes bancarios y empresariales. Recuerdo con horror la época en la que trabajaba en la banca. En las interminables comidas de “negocios” con clientes los temas de conversación eran, inevitablemente, siempre los mismos: política, si eras políticamente correcto; economía, para echar la culpa de la falta de competitividad a los trabajadores y sindicatos y a la falta de decisión de los políticos para liberalizar el mercado; deportes, del Barça si estabas en Barcelona, o del Madrid si estabas en Madrid; y cine, tan solo para elogiar la última de James Bond o de la guerra de las galaxias. Una vez se me ocurrió sacar el tema de la literatura. Jamás debí hacerlo. Se hizo un silencio absoluto, y mencionar que soy un amante de la poesía y que he publicado algún pequeño poemario hizo que todos, colegas y clientes, me mirasen espantados y escandalizados. Tiempo después me despidieron de aquel banco sin darme ningún motivo. Eso es algo natural ya que para los bancos los empleados no son personas, sino “recursos”, recursos de usar y tirar. Aun así siempre he sospechado que mi afición por la poesía pudo tener algo que ver con aquella decisión que acabó con mis huesos en el paro. La única forma que encontré para sobrevivir en aquel entorno tan ajeno y hostil a mí fue la literatura. La mayor parte de las novelas que he escrito pertenecen a esa época. Por eso entiendo perfectamente que Sampedro se aferrase durante cuarenta años a esa tabla de salvación que es escribir, algo que para él, realmente era vivir.

18El mundo universitario sí era el mundo en el que se sentía más a gusto. El contacto con el saber, con la docencia y con los jóvenes siempre le apasionaron. Cuando el régimen franquista destituyó a catedráticos como Aranguren o Tierno Galván, Sampedro se hizo profesor visitante de algunas universidades europeas y norteamericanas. Es en esos años cuando, con otros profesores, crea el Centro de Estudios e Investigaciones (CEISA), que sería cerrado por el Gobierno tres años después de su creación.

El éxito literario le llega a mediados de los ochenta, cuando él tiene ya setenta años, con novelas como “Octubre, Octubre” o “La sonrisa etrusca”, y la reedición de novelas escritas décadas antes (“El río que nos lleva”, “Congreso de Estocolmo”, etc.) La vida a veces es cruel y hace coincidir ese éxito con la muerte de Isabel, su mujer. Jubilado ya del banco, puede dedicarse por entero a la literatura en los que serán años muy prolíficos para él.
19Sampedro fue un humanista, un ser preocupado por su entorno y ocupado en intentar mejorarlo. Siempre se consideró como parte del mundo que le había tocado vivir, y jamás dejó de luchar para intentar mejorarlo. Fue una de las conciencias más lúcidas de su tiempo, una conciencia desde la que nos alertaba de los peligros que nos acechan, como la manipulación de las masas, la inutilidad de la libertad de expresión si no existe libertad de pensamiento, una libertad de pensamiento imposible sin acceso a la educación y a la cultura, una libertad de pensamiento que nos permite tener opinión propia frente a lo que ocurre a nuestro alrededor, que nos da la posibilidad de ser verdaderamente libres. Su carácter abierto junto a su vocación y formación humanista hicieron de él un hombre profundamente espiritual, que no religioso, y un hombre libre, por encima de todo libre.

Su formación de economista le permitió vislumbrar con total claridad que el sistema capitalista que rige nuestro mundo había entrado en una decadencia irreversible porque había antepuesto el egoísmo, la especulación y el afán de beneficio a todo lo demás. Un proceso que ha llevado a las consecuencias que todos estamos padeciendo hoy. Así, ya en el célebre discurso “En la frontera” que leyó cuando ingresó en la Academia Española de la Lengua, en 1991, decía:

“Lo esencial del capitalismo no está en que utilice el mercado mucho más que el plan. Lo fundamental es su creencia de que, gracias a la competencia 9privada, cuanto más egoístamente se comporte cada individuo, tanto más contribuirá al progreso colectivo. Por tanto, es deseable que cada uno aumente al máximo su beneficio a costa de quien sea y a partir de esa creencia se pasa insensiblemente a pensar también que en la vida sólo importa lo que produce ganancia monetaria. Así se desprestigian todas las actitudes cuyos móviles no sean los económicos; es decir, lo que no se cotiza en el mercado no tiene valor. «Cualquier necio», escribió Machado, «confunde valor y precio». Hablando en general, nuestra civilización padece esa necedad. Y si en el siglo XVIII, en que nació esa doctrina, la práctica religiosa podía paliar los excesos del sistema, en estos tiempos secularizados los valores no económicos pasan a segundo plano y el texto sagrado es el Evangelio según San Lucro. En el altar mayor son adorados el Becerro de Oro y su pareja la Técnica, santa madre de la productividad multiplicadora de los beneficios, de la que se espera la solución de todos los problemas. Los capitalistas y sus técnicos cuidan de ese altar, controlando los medios de producción y repitiéndonos a los fieles —reducidos a meros productores/consumidores— que lo que no vale dinero no merece la pena”

Para él los economistas se dividían en dos grupos: los que querían hacer más ricos a los ricos y los que querían hacer menos pobres a los pobres. 5Siempre tomó partido por los perdedores, por los ninguneados, por los nadies de la historia: “No es propio de esta ocasión intentar una respuesta y paso por ello al segundo ejemplo de frontera mundial, menos definida pero más real y profunda. Me refiero a la existente entre el norte y el sur; es decir, entre el «centro» y la «periferia», denominaciones éstas popularizadas desde hace tres o cuatro décadas para designar, entre economistas, a los países ricos y pobres respectivamente. Es una frontera cruel, es el permanente foso entre los que derrochan y los que no tienen, entre los dueños del poder y los sometidos a él. Un foso que además se ahonda cada año, pues pese a las ayudas organizadas y los sucesivos Decenios para el Desarrollo de las Naciones Unidas, en la pasada década muchos países han retrocedido en vez de progresar.

Cuando, hace casi treinta años, se convocó una magna conferencia internacional para tratar el problema del subdesarrollo en el sur, los economistas de 16la periferia pusieron en evidencia que la actual situación del escenario mundial, enteramente dominado en los mercados y en las finanzas por los países ricos, impedía al sur progresar siguiendo la mismas vías trazadas por las grandes potencias europeas en el siglo XIX, cuando colonizaban el planeta sin ningún rival de su talla. Sordos al argumento, aunque esa situación esté a la vista, los expertos del norte y los organismos internacionales siguen recomendando las recetas de antaño, recordándoselas a sus interlocutores del sur con la misma sonrisa de superioridad, entre el desdén y la tolerancia, con que se habla a los niños o a los ignorantes. Incluso prometieron al sur un Nuevo Orden Económico Internacional que no llegó a nacer ni hubiera podido ser nuevo, porque tales promesas quedan sin cumplir cuando han de llevarlas a cabo quienes se están aprovechando del viejo orden, como le ocurre al norte. Visto desde mi frontera, el resultado es hoy un mundo con medios técnicos suficientes para alimentar a todos, pero en cuya mitad sur persiste injustamente el hambre. Es decir, un mundo viciado en el que presumir de racionalidad económica es un sarcasmo, porque las recetas económicas impuestas desde el norte están desfasadas respecto del mundo actual y perjudican a la periferia en beneficio del centro”

En cuanto a su percepción del mundo y del tiempo que le tocó vivir, la lucidez y sencillez de su análisis y la facilidad con la que expone lo que piensa, 21hacen de él un ser irrepetible: “Muy colmado de ciencia está Occidente, pero muy pobre de sabiduría. Es decir, del arte de vivir, más abarcante que la ciencia porque, contando con ella, incluye además el misterio. Ahora no se procura alcanzar la iluminación, sino sentir el latigazo del deslumbramiento. Se busca el estrépito, lo aparatoso, los focos publicitarios; no el silencio, lo auténtico, ni el resplandor tranquilo de la lámpara. Un símbolo de nuestro tiempo es preferir la ducha, rápida, ruidosa y acribillante, en vez de envolverse voluptuosamente en la líquida seda del baño, lento y sosegado. Los países de la periferia conservan, aun en su atraso técnico, más sabiduría y eso es una esperanza para todos, porque cada día es más urgente compensar el desajuste esencial de esta civilización: el de tener muchos medios sin saber ponerlos al servicio de la vida”

Consideraba que la banalización del mundo, la superficialidad con la que vivimos nuestras vidas, había desacralizado los valores que realmente 14importan, como el amor. Y si el amor ha sido desacralizado en nuestra sociedad, “¿cómo no se va a desacralizar la muerte?” solía repetir una y otra vez. Para él la muerte formaba parte de la vida. No porque creyera en otra vida más allá de esta, eso no le preocupaba lo más mínimo, sino porque es la presencia de la muerte la que nos hace sentirnos vivos, es la posibilidad de la muerte la que hace que cada instante, que cada segundo, merezca ser vivido intensamente. La vida, para él, siempre fue ese río que nos lleva, somos esos gancheros que magistralmente describía bajando los pesados troncos por el Tajo, ocupados en nuestras penas, en nuestros sueños, en nuestros amores y desamores mientras, irremisiblemente, vamos bajando corriente abajo, dejando atrás paisajes, pueblos, querencias o familias. Y la muerte, para Sampedro, era ese inmenso, bello y libre mar al que todos los ríos, suave e inexorablemente, van a dar: “A primera vista parece no haber frontera más evidente sobre el planeta, pues en las aguas el hombre perece, sin aire para su vida. Finis terrae se ha llamado más de una vez a esa frontera, como si fuera un límite. Pero a mí, frente al océano, los ojos y el pensamiento se iban a la lejanía, sobrepasando la orilla. El mar es como la dulce llama de la chimenea: nos lleva a un más allá, nos sorbe la imaginación, se disfraza de figuras y sugerencias. Como en nuestra divisa columnaria, un Plus Ultra planeaba sobre mis contemplaciones y así como la brisa marina penetraba en la tierra adentro, así también mi ánimo trascendía la bien recortada línea de la orilla, frontera pero no límite. El mar no era confín ni barrera sino la más ancha de las aperturas a la libertad”

No había tristeza o miedo en Sampedro cuando hablaba de una muerte que sentía tan próxima. Sabía que pronto dejaría de ser río para convertirse en mar, y también sabía que jamás dejaría de ser agua.

Fueron su sencillez, su humildad, la libertad y profundidad de su pensamiento, su coherencia, su inquebrantable compromiso las que hicieron que fuera 25un referente para todos. Eso es lo que hizo que los jóvenes creyeran en él cuando, con su voz cálida y pausada, les decía ¡Indignaos! Movimientos como el 15M fueron para él un símbolo de esperanza, esperanza en ese nuevo mundo regido por valores como libertad, igualdad y fraternidad que vendrá, y él fue para el 15M y todos los movimientos que luchan por la justicia social un estandarte capaz de unir la disparidad, de acercar a los opuestos y de hacerlos caminar a todos juntos en el camino que nos lleva a ser seres humanos. Nunca fue amigo del boato y los oropeles. Huyó de protagonismos y homenajes, aunque muchas veces no pudiera evitarlos. Recuerdo como si fuera hoy cuando, hace unos años, en un concierto en el Liceo de Barcelona, el público le reconoció sentado en un palco y se puso en pie para aplaudirle en una ovación que se prolongó durante minutos. El, fatigado y emocionado, se puso en pie para agradecer aquella muestra espontánea de cariño pidiendo que dejasen de aplaudirle. No lo consiguió. Todos seguimos aplaudiendo porque necesitábamos agradecerle todo lo que había hecho por nosotros y demostrarle lo mucho que le necesitábamos. El domingo pasado se fue, su río llegó al mar. Nos enteramos dos días después. Había pedido a Olga, la que fue su mujer e inseparable compañera durante sus últimos años, que su muerte no se hiciera pública hasta que hubieran incinerado su cuerpo. Se fue en silencio, sin homenajes, como había vivido. Nos ha dejado la palabra, la palabra y la mejor lección que un maestro puede dar a un alumno: enseñarnos a ser libres.

http://www.rtve.es/alacarta/videos/esta-es-mi-tierra/esta-tierra-rio-lleva-jose-luis-sampedro/1756731/

Comments
10 Comentarios »
Categorias
General, Literatura, Otros temas
Tags
15M, amor, Compromiso, dignidad, economía, fin del capitalismo, Jose Luis Sampedro, Libertad, literatura, Muerte, Pensamiento
Comentarios RSS Comentarios RSS

La leyenda del pianista en el océano

17 marzo, 2013

La_Leyenda_Del_Pianista_En_El_Oceano_1Nació en un barco que iba rumbo a América, cuando América era un sueño. Nadie supo jamás quiénes fueron sus padres. Le abandonaron en una cesta sobre un piano. Quizá quisieron que alguien de primera clase lo adoptara y le diera una vida mejor. Lo encontró un fogonero. Negro. Pobre. Libre. Y lo adoptó. Fue él quien le enseñó los secretos de la vida. Jamás llegó a bajar de aquel barco. No tenía papeles. No existía. Pero eso a él no le importó. Supo hallar su camino entre la proa y la popa de aquel barco. Conoció el mundo, todo el mundo porque, como él decía, en cada viaje dos mil personas vienen a contarme sus sueños y sus penas. Y su camino fue la música. Tenía un talento prodigioso frente al piano. No se sentaba frente a las 88 teclas, sino que las 88 teclas le llevaban a viajar por paraísos perdidos, por esas islas que todavía no han nacido y que jamás existirán en eso que llamamos mapas. Su forma de tocar era su forma de vivir. Mientras sus manos acariciaban el piano sus ojos se posaban en todos los que había a su alrededor y él imaginaba cómo eran sus vidas, sus amores, sus desengaños… y dejaba que surgiera, desde lo más profundo de su alma, la canción de cada uno de los que compartían la travesía con él. Esta es la historia de Novecento, la leyenda del pianista sobre el océano, la bella historia escrita por Alessandro Baricco maravillosamente llevada al cine Giussepe Tornatore.

¿Qué puede empujar a un hombre a no bajar jamás del barco en el que nació, a no caer en la tentación de bajar a tierra para realizar las promesas que todos le FLIX_V~1hacen, para seguir incluso a la mujer que ama? Dejemos que sean las palabras del propio Novecento contando a su amigo Max, el trompetista, porqué desistió de hacerlo cuando, a solo tres escalones del muelle, decidió darse la vuelta y volver a subir la pasarela que le aislaba del mundo: “Toda aquella ciudad. No se veía el final. Todo iba muy bien en la escalerilla. Y yo estaba impecable, con mi abrigo. Iba a bajar. Te lo prometo. No fue lo que vi lo que me detuvo. Fue lo que no vi. ¿Puedes entenderlo? Lo que no vi. En toda aquella inmensa ciudad había de todo menos un final. El final del mundo. Fíjate en un piano. Fíjate en un piano, las teclas empiezan, las teclas acaban. Sabes que hay 88, nadie puede discutírtelo. No son infinitas. Tú eres infinito. Y en esas teclas, la música que puedes hacer es infinita. Eso me gusta. Así, sí puedo vivir. Pero si bajo por esa escalerilla me pones delante de un teclado con millones de teclas, millones y millones de teclas que no tienen fin, y ésa es la verdad, Max, no tienen fin. Ese teclado es infinito. Y si ese teclado es infinito no hay 02música alguna que puedas tocar en él. Te has equivocado de taburete. Ese es el piano de Dios. Cielo santo, ¿viste aquellas calles? Sólo las calles. Había miles de calles. ¿Cómo lo hacéis allá abajo? ¿Cómo escogéis una sola? Una mujer, una casa, una parcela de tierra que sea tuya, un paisaje que contemplar, una forma de morir. Todo ese mundo pesa demasiado y ni siquiera sabes dónde acaba. Es decir, ¿no te asusta? ¿Nunca te has hundido sólo de pensarlo, de pensar la enormidad de vivir en él? Max, yo nací en este barco. Y el mundo ha pasado ante mí. Con 2.000 personas cada vez. Y aquí había deseos, pero no más de los que cabían entre proa y popa. Yo interpretaba mi felicidad, pero en un piano que no era infinito. Aprendí a vivir de esa forma. ¿La Tierra? La Tierra es un barco demasiado grande. Una mujer demasiado hermosa. Un viaje demasiado largo. Un perfume demasiado fuerte. Es una música que no sé tocar. Nunca podría bajarme de este barco. Como mucho, podría bajarme de mi vida. Al fin y al cabo, yo no existo para nadie. Tú eres la excepción, Max. Tú eres el único que sabe que estoy aquí. Eres una minoría. Y más vale que te acostumbres…”

La leyenda del pianista sobre el océano es una historia que nos habla de amor, de amor y de amistad. En el viejo fogonero vemos el amor de un padre hacia su hijo, 7en Novecento su descubrimiento del amor más puro en esa chica a la que descubre en un viaje y que, aunque jamás la vuelva a ver, siempre vivirá en él. Y, sobre todo, esta bella historia es un profundo canto a la amistad, esa amistad entre Novecento y Max, el trompetista, que nos recuerda que no hay nada más intenso que una amistad, porque, como decía el inolvidable y cada día más añorado Jordi Dauder, son más fuertes los vínculos de sangre que nos unen a nuestros amigos que los de verdad.

Ambientada en 1900 (de ahí el nombre con el que el fogonero le bautiza), época del nacimiento del Jazz y de la gran emigración europea a América, a bordo del Virginian viajan miles de seres anónimos con maletas únicamente llenas de sueños. Es un canto poético a quienes deciden tomar las riendas de su vida, a quienes 6son capaces de dejarlo todo atrás para emprender un nuevo camino, a quienes están dispuestos a empezar de nuevo. Y también es un bello canto a la vida en el mar, a ese quedarse a bordo de los tripulantes cuando los pasajeros se van para no volver, a ese convivir compartiendo lo único que se tiene: un mendrugo de pan y un puñado de sueños. Y también es un canto a la música, un profundo canto a esa música que hace que Novecento encuentre la felicidad al compartirla con los demás. Es feliz tocando. Es feliz haciendo felices a los demás. ¿Qué más puede desear? ¿Para qué bajar de ese barco, de ese único mundo que él conoce, en busca de una felicidad que ya tiene? ¿Por qué hay que ir siempre detrás de una promesa o de una zanahoria? La rutina de los viajes de ida y vuelta a lo largo del Atlántico le ha enseñado a Novecento que lo importante no es el destino, sino el viaje, y que solo el presente, nuestro aquí y nuestro ahora, es lo que existe.

Pocas escenas tan bellas en la historia del cine como la de Novecento improvisando la música que siente al ver, por el ojo de buey del compartimento donde está tocando el piano, a una joven que, distraída, pasea soñadora por cubierta. Todo está ahí, en sus dedos acariciando las teclas, en la exquisitez de la música que brota 12de su alma, en esa mirada limpia que acaricia y abraza a esa muchacha que, ajena a todo eso, vive su vida como un ave en libertad. Novecento canta al amor, sí, pero también a la libertad de un ave a la que no podría amar si viviese encerrada en una jaula. Ella necesita volar. Él lo sabe. Por eso, cuando ella baja la pasarela, él la sigue con una mirada en la que no hay tristeza. A su manera ha vivido la más bella historia de amor, esa que da sentido a una vida y que no le abandonará jamás.

La vida a bordo no es siempre fácil. Novecento divide su tiempo tocando en los lujosos salones para los pasajeros de primera y en los sencillos compartimentos de los de tercera. Adapta su música a lo que cada uno de ellos quiere, pero siempre sin dejar de ser él mismo, sin renunciar a su manera de ser, de vivir y de tocar. Y no todas las travesías cuentan con la complicidad de un mar apacible. La escena en la que Novecento le cura el mareo a Max en una noche de furiosa tempestad es, sencillamente, inolvidable.

Una de las escenas más célebres de esta película es la del duelo a piano entre Novecento y el pianista de Jazz Jelly Roll Morton. La sobriedad y la humildad de Novecento parecen quedar apabulladas por la prepotencia y la superioridad de Roll Norton, el hombre que inventó el Jazz. Pero en esta película, como en la vida, nada es lo que parece y lo grande, lo verdaderamente grande, vive siempre en lo más pequeño.

Quizá el Virginian, el barco de Novecento, es también el barco en el que navegamos todos, porque todos tenemos un Virginian. Unos lo utilizan para viajar hasta the legend 9América, a su América, otros, como Novecento, eligen quedarse en él saboreando una forma de vivir contra la corriente, una manera de devorar la vida que muy pocos entienden. No es fácil renunciar, como hace Novecento, a las promesas de seguridad, éxito o dinero que nos hacen a cambio de renunciar a ser nosotros mismos, a cambio de nuestra dignidad y de nuestra propia vida. Novecento es un ser que elige ser libre, que se contenta con lo poco que tiene y que no se deja engañar por los cantos de sirena y las falsas promesas de felicidad que a lo único que le llevarán es a dejar de ser feliz, porque él ha aprendido, y esa es su grandeza, a ser feliz. Para muchos, quizá los más, es un perdedor. Pero para él, y para todos los Novecentos que navegamos en este mundo, son ellos los perdedores. De nosotros, solo de nosotros, depende lo que significan los Virginians, todos los Virginians.

Las palabras de Max con las que empieza la película nos hablan de nuestra vida, de nuestra propia historia, de esa difícil decisión que todos, tarde o temprano, debemos tomar: “Aún me pregunto si hice lo que debía al 8abandonar esta ciudad flotante, y no lo digo sólo por el trabajo. El caso es que un amigo así, un amigo de verdad, sólo se encuentra una vez en la vida. Si decides abandonar el bamboleo del mar, si quieres sentir algo más sólido bajo los pies, entonces dejas de escuchar la música de los dioses a tu alrededor. Pero, como solía decir él, nunca estás realmente acabado mientras tengas una buena historia y alguien a quien contársela. Lo malo es que nadie se creería ni una palabra de la mía…”

Comments
2 Comentarios »
Categorias
Cine/Teatro, General, Literatura
Tags
Alessandro Baricco, amistad, amor, cine, Giussepe Tornatore, Jazz, La leyenda del pianista sobre el océano, música, The legend of Novecento, Tim Roth, Transatlánticos
Comentarios RSS Comentarios RSS

Carta a Janis Joplin

10 marzo, 2013

Janis_Joplin-Joplin_In_Concert-FrontalQuerida Janis; Ya han pasado unos cuantos, demasiados, años desde que te fuiste. Siento decirte que el mundo no ha ido a mejor, como esperabas. Más bien lo contrario. Tus amigos, tu gente, querían cambiar el mundo y estaban dispuestos a jugarse la vida por ello. Hoy la mayoría simplemente se contenta con llegar a fin de mes, aunque nunca pierdo la esperanza y, de vez en cuando, en los ojos de la gente que sale a protestar, a defender sus derechos y su dignidad, veo aquel rayo de luz que iluminaba tu mirada: la luz de la libertad. Así que, ya ves, muchos seguimos estando en las batallas, en todas las batallas, pero es Janis-with-Jimi-Hendrixque hay tantas… De vez en cuando, de lejos, me llega tu canción, esa forma tan única y tan tuya de cantar el blues, de vivir el blues, porque, cuando cantabas vivías tus canciones, no podías hacerlo de otra manera. Eras un grito de libertad, un grito que no se ha apagado jamás. Tu vida fue breve, te fuiste con 27, como Jim, como Jimi, como James, Kurt, Amy y tantos y tantos otros…pero no te fuiste sin haber 622JanisJoplinvivido, porque tú viviste todas las vidas. Y fueron muchas. Cada encuentro, cada mirada, cada abrazo es una invitación a vivir una nueva vida, y tú no dejaste escapar ninguna. Siempre viviste todo intensa, muy intensamente: la amistad, el amor, la música… Mucha gente no te entendió. Les diste miedo, asustaste sus férreas y tradicionales conciencias. La libertad asusta. Recuerdo cuando se escandalizaban hablando de tu bisexualidad que, para ti, no era otra cosa que la sexualidad. Nunca escondiste que entre tus amantes hubo más mujeres que hombres, porque esa era tu forma de amar. Lo compartías todo con ellos y con ellas, te entregabas por completo, les dabas un trozo de tu corazón. Solo les ponías una condición: que al amanecer no lo estropearan y te dejaran seguir tu camino. Amabas el amor como pocos los han hecho, pero todavía era más fuerte tu necesidad de libertad.

El tuyo fue el tiempo de la revolución de las flores, de la reivindicación del amor y de la vuelta a las raíces. Vosotros, los 090606-janis-joplin-porschehippies, con vuestras flores y vuestros colores, lo inundasteis todo. Fuisteis un soplo de esperanza en un mundo triste, aburrido, y gris. Vietnam os despertó y os empujó a buscar nuevos caminos. Vuestras melenas, vuestras flores y vuestras músicas salieron a la carretera, a todas las carreteras. Grecia, India, Marruecos o Turquía se llenaron del color de vuestra bandera sin bandera. Atrás quedaron las barras y las estrellas, las cruces y los mástiles, vosotros fuisteis vuestra propia bandera, una bandera de todos los colores que ondeó a todos los vientos.

Te preguntarás qué queda hoy de todo aquello. La verdad es que no mucho, Janis: solo unas imágenes que todavía nos Janis-Joplin-Little-Girl-Bluehacen soñar en que otro mundo, un mundo basado en el amor, la justicia y libertad, aún es posible. Y también nos queda vuestra música, esa música con la que rompisteis todas las fronteras. Siempre me llamó la atención que precisamente vosotros, que propugnabais la vuelta a la naturaleza, fuerais la generación que incorporó la guitarra eléctrica llevándola a alcanzar unas cotas jamás superadas. Quizá lo hicisteis porque entendíais que los adelantos del progreso no tenían que ser necesariamente enemigos de aquella nueva espiritualidad que trajisteis.

La semilla de espiritualidad que plantasteis ha sido, quizá, la mejor herencia que nos habéis dejado. Nos acercasteis al budismo, al hinduismo, a esas otras formas de entender y de vivir la vida que se apartan del comprar y el consumir que todo y a janisjoplintodos nos domina. Nos ayudasteis a llenar el vacío que impera en nuestra sociedad. Sí, esa, junto a vuestra música y vuestra imagen tan libre, ha sido vuestra herencia. Buscasteis la felicidad. Algunos, como tú, lo hicisteis por un camino duro y peligroso. El caballo, ese siniestro viaje a ninguna parte, se os llevó a muchos por delante. Demasiados. No se lo perdono. ¿Quién te dio aquella última dosis tan pura que no pudiste resistir? Fuisteis muchos los que caísteis aquella semana. Nadie pagó por ello. Solo vosotros, con vuestras vidas y nosotros, todos nosotros, con el terrible vacío de vuestra ausencia.

janis_joplin_chelseaEl amigo Leonard fue uno de tus amantes, como, en cierta medida, lo fuimos todos. Poco después de que te fueras te escribió una canción. Es una canción que habla de aquella noche de amor intenso que pasasteis en el Chelsea Hotel de Nueva York. Durante muchos años empezó todos sus conciertos con tu canción. Aún hoy muchas veces lo sigue haciendo. La vida os unió aquella noche y esa canción es el hijo que no tuvisteis, ese precioso hijo que nos recuerda que nacemos para amar y que vivimos para amar, porque nada hay más importante que el amor.

Tu desgarrada voz me habla de los mundos que pudieron ser, de esos mundos de paz, de amor y libertad que perdimos Janis+Joplinpor miedo, por cobardía o quizá simplemente porque nunca nos atrevimos a buscarlos. Puede que no lo creas, pero cuando te escucho cantar son muchas las veces que no puedo evitar que las lágrimas empiecen a caer por mis mejillas. Son lágrimas de pena, de rabia infinita porque la muerte se enamorara de ti cuando apenas habías cumplido los 27, pero también son lágrimas de alegría, de la inmensa alegría que me da recordar que hubo personas dispuestas a vivir intensamente la búsqueda de la felicidad y de la libertad. Y son de alegría porque también hoy las veo caminando codo a codo por las calles, en las manifestaciones, en los barrios, en las asambleas, tendiendo su mano abierta a quienes más la necesitan. Otro mundo es posible y ahora, más que nunca, es necesario encontrarlo, y también ahora, más que nunca, lo tenemos muy cerca, al alcance de la mano. Todos los velos han caído, todas las mentiras han quedado al descubierto. Solo falta que nos levantemos y echemos a andar con la cabeza alta y la mirada al frente, con el corazón lleno para compartirlo con el amigo, con la mano vacía para tenderla al enemigo. Esa es mi esperanza, Janis. Ya ves que no cambiamos, que seguimos creyendo en la utopía, que seguimos luchando por lo imposible. Nos han machacado, nos han pisoteado, se han meado encima de nosotros, pero no hemos dejado que nos roben nuestros sueños, esos sueños que pronto harán amanecer el nuevo día.

Comments
9 Comentarios »
Categorias
General, Otros temas
Tags
amor, Chelsea Hotel, Flores, Hippies, Janis Joplin, Leonard Cohen, Libertad, música, Paz, Revolución, Vietnam
Comentarios RSS Comentarios RSS

Mario Benedetti, candil del alma

17 febrero, 2013

MarioBenedettiHabía nacido en el seno de una familia humilde. Las cosas, como siempre en estos casos, no fueron bien y él tuvo que dejar los estudios para ponerse a trabajar a los catorce años. Trabajó de todo: vendedor, cajero, taquígrafo, contable… hasta que un día descubrió algo que hizo de aquel ser pequeño y frágil algo grande, muy grande: la poesía. En sus versos supo dar forma a lo que sentimos tú y yo, los hombres y mujeres sencillos con los que te cruzas por la calle, con los que compartes el metro, el autobús o la cola para comprar el pan. Todo lo que sentimos, lo que soñamos, lo que anhelamos está en sus versos, en esos versos sencillos y diáfanos escritos con la sabiduría de quien sabe llegar al corazón de los demás. Esa es su grandeza: ser humilde y sencillo y haber hecho de su vida un compromiso en forma de poema. Es, sin duda, uno de los imprescindibles. Su nombre es Mario Benedetti. A lo largo de su vida luchó por todas las causas que consideró justas, siempre estuvo al lado de los débiles, los nadies, los ninguneados de nuestra sociedad. Y tan solo pidió una cosa, que en su entierro no olvidaran llevarle un bolígrafo.

3
Pocos como Benedetti han sabido acercarse a los secretos del alma humana, y menos aún hacerlo con la sencillez con la que él lo hizo. Leer sus poemas, o mejor aún, escucharlos, es aceptar una invitación a volar, a ser amigo, amante, corazón o árbol porque sus versos nos transforman en eso, sacan todo eso que somos y que, a veces, hemos dejado olvidado en lo más hondo de nuestra memoria. Su poesía nos hace vivir el amor adolescente, aquel primer amor que siempre nos acompaña, y también el último, el que nos impulsa a seguir viviendo pero, por encima de todos, nos hace vivir intensa, muy intensamente, el amor que siempre hemos anhelado vivir, ese amor que nada sabe de yoes, sino de nosotros, que trasciende el mío para convertirlo en el nuestro, que nada sabe de edades o distancias porque vive más allá de conceptos tan absurdos como espacio o tiempo…

Sus poemas, junto a los de Juan Gelman y Oliverio Girondo, son la base de una joya de película que es “El lado oscuro del corazón”, de Eliseo Subiela. 4Oliverio, un ser soñador y libre, caso tremendamente atípico en los tiempos que corren, magistralmente interpretado por Darío Grandinetti, dedica su vida a buscar a la mujer con la que siempre ha soñado: una mujer a la que le permite tener todos los defectos a condición de que tenga lo más importante para él, que sepa volar. Comparte su búsqueda con dos amigos también absolutamente libres y atípicos, un escultor y su marchante. Los tres tienen claro que su prioridad en la vida es amar y encontrar la felicidad. Lo que suele ser prioritario para el resto de los mortales, como el dinero, la seguridad, el confort o el lujo, para ellos no vale nada, no cuenta en absoluto. Son felices escribiendo un poema que poder cambiar por un plato de comida. El lado oscuro del corazón es una película maravillosa, un poema en imágenes que nos permite saborear la poesía de tres genios de la literatura al escuchar sus poemas como si fueran simples diálogos en la voz de alguien que dice tan bien la poesía como Darío Grandinetti. Una verdadera gozada.

mario_benedetti1En la película hay también otro regalo precioso: el cameo del propio Benedetti interpretando a un marino alemán que, en el burdel donde se cruzan los caminos de los protagonistas de la historia, se dedica a recitar poemas en alemán a las prostitutas. No es casualidad que el poema elegido sea uno de los más bellos que escribió Benedetti: Corazón Coraza.

Los versos de Benedetti son universales, llegan a lo más hondo del corazón de quien los escucha, nada saben de sexo, raza, religión o clase social. 2Ponen en palabras lo que todos, de una u otra forma, sentimos y no sabemos, no podemos o no nos atrevemos a expresar. Son versos cortos, directos, cargados de imágenes y sentimientos, evocadores, capaces de hacernos volar para recordarnos que la vida puede ser maravillosa si nos atrevemos a vivirla intensamente. Todos tenemos muchas vidas, tantas como queramos. Lo que hace falta es el valor de querer vivirlas, de devorarlas, de amarlas y disfrutarlas en cada instante, en cada segundo… A veces son versos cargados de melancolía, pero nunca de tristeza. Benedetti jamás perdió la esperanza de hacer de este mundo algo mejor y supo encontrar la belleza en todo cuanto le rodeaba. Era un hombre que amaba la vida, y lo hacía de la forma en que la que él hacía las cosas, apostándolo todo, entregándose por completo, como se entregó a Luz, su mujer, con la que vivió una apasionada historia de amor que duró sesenta años. Solo la muerte de ella les separó. Ni siquiera los trece largos años de exilio de él en los que ella no pudo acompañarle porque tuvo que quedarse a cuidar de su madre en Uruguay pudieron separarles. Siempre estuvieron juntos, amándose, disfrutándose, compartiéndose. Ella murió en 2006. Él apenas tres años después.

Benedetti sigue vivo en todos los que amamos la vida, el amor, la belleza y la poesía, en todos los que creemos en otro mundo mejor, en todos lo que mario-benedettiseguimos soñando, en todos los que no nos rendimos, en todos los que sabemos lo que puede ayudar una mano tendida, en todos los que tendemos esa mano, en todos los que vivimos ese gran amor o anhelamos vivirlo para dar sentido a nuestra vida, en todos los que no tememos caernos sino no tener fuerzas o ganas ya para volvernos a levantar, en todos los que sabemos que somos insignificantes seres compuestos de insignificantes células perdidos en la inmensidad de un universo al que no entendemos pero amamos, en todos los que sentimos la profunda emoción del amor al calor de una mirada, de una suave caricia o del susurro de un jadeo, en todos los que amamos sin preguntarnos cómo o por qué, en todos los que jamás perdemos la inocencia y la alegría de ser niños, en todos los que hallamos belleza en una puesta de sol, poesía en un abrazo, amor en un silencio…

Con Daniel VigliettiLa poesía de Benedetti no está hecha para dormir en los libros, sino para vivir en las calles. Sus versos no suenan altaneros o engolados porque son simples palabras, las palabras con las que habla nuestra alma. Sus versos son nuestros versos, sus palabras nuestras palabras. Ese es el regalo que Benedetti nos hace en cada línea, en cada palabra, en cada silencio. La voz de José Sacristán nos trae ahora un breve fragmento de Corazón coraza en esa auténtica obra maestra que es el cortometraje “Paseo”, de Arturo Ruiz.

Hace unos días, en el Centro de Estudios Iberoamericanos de la Universidad de Alicante, han aparecido dos poemas suyos inéditos. Están escritos a 3mano de su puño y letra. Habían quedado traspapelados en uno de los libros de su biblioteca personal que él legó a ese centro. Si quieres visitar la web de la Fundación Mario Benedetti, entre cuyos vocales están los que fueron sus grandes amigos Daniel Viglietti y Eduardo Galeano, dedicada a preservar su legado y a defender los derechos humanos y especialmente la causa de los desaparecidos, su dirección es http://www.fundacionmariobenedetti.org/fundacion/ Me gustaría acabar esta entrada de la única manera en que se puede hacer justicia con él: cediéndole la palabra. Por eso te dejo, si quieres, con la película “El lado oscuro del corazón”, ese lado oscuro que personas como Benedetti, candil del alma, nos han iluminado.

Comments
Sin Comentarios »
Categorias
Cine/Teatro, General, Literatura
Tags
amistad, amor, Arturo Ruíz, Compromiso, Corazón coraza, Daniel Viglietti, Eduardo Galeano, El lado oscuro del corazón, Estados de ánimo, José sacristán, Juan Gelman, Mario Benedetti, No te rindas, No te salves, Oliverio Girondo, Paseo, poesía, Rostros de vos, Te espero, Te quiero
Comentarios RSS Comentarios RSS

« Entradas antiguas

Carlos Olalla

Por circunstancias de la vida me pasé más de veinticinco años dirigiendo empresas en la que, sin lugar a dudas, fue la etapa más aburrida y frustrante de mi vida. La verdad es que nunca me gustaron esos trabajos y lo pasé fatal. Cuando cumplí los 45 me encontré con que una reestructuración empresarial me ponía de patitas en la calle y sin un duro. Por si fuera poco, nadie me quería dar trabajo porque decían que ya era demasiado “viejo”. A mí siempre me había gustado el mundo del cine y, como estaba en el paro y tenía tiempo, empecé a estudiar interpretación. Me pasé tres años siendo el “abuelo” de todos mis jóvenes compañeros en una conocida escuela de teatro de Barcelona. Durante aquel tiempo recibí alguna propuesta de trabajo para reincorporarme al mundo de la empresa, pero no quise aceptarlas: el nuevo mundo que había descubierto me había atrapado por completo, así que decidí cambiar una maravilla de sueldo y una mierda de trabajo por una maravilla de trabajo y una mierda de sueldo. Puedo deciros que ha sido la mejor decisión que he tomado en mi vida: por primera vez soy libre, la palabra jefe ya no significa nada para mí, hago lo que verdaderamente me gusta y, lo mejor, trabajo con gente sensible y abierta que piensa y siente como yo. ¿Qué más se puede pedir?

www.carlosolalla.com

Todas las entradas

  • Ayer no termina nunca…
  • Searching for Sugar man, la inmensa grandeza de la humildad.
  • A quien hay que desahuciar es a los políticos y a los banqueros
  • Álbum Letras & Artes, sobrevivir en tiempos de barbarie
  • Egon Schiele, el erotismo de la melancolía…
  • Jose Luis Sampedro: una lección de vida, de dignidad y de compromiso
  • Madiba Mandela, ¡Ubuntu!
  • Parroquia de Entrevías (Vallecas), una opción por los pobres, por la justicia y por la libertad
  • Jordi Dauder, porque existir es pensar y pensar es comprometerse
  • La leyenda del pianista en el océano
  • Carta a Janis Joplin
  • Francesc Ferrer i Guàrdia, pasión por la vida y por la libertad
  • Diego El Cigala, porque hay que aprender a querer y a reír
  • Mario Benedetti, candil del alma
  • Danzad, danzad, malditos
  • Las llaves del alma…
  • Te recuerdo Víctor…
  • Michael Haneke, porque vivir no es más que amar…
  • Iluminando estrellas…
  • Frida Kahlo, bella hasta en el dolor
  • Paco Ibáñez, porque la poesía vive en la calle
  • ¿Democracia? En España se tortura
  • Matthieu Ricard, solo me queda lo que di…y por eso soy feliz
  • Pablo Neruda: el cartero de Isla Negra
  • Luis Eduardo Aute, ese niño que miraba el mar…
  • Paul Gauguin, la infinita belleza de la utopía…
  • “Yepeto”, ¿edades para amar?
  • ¡Basta! Una democracia diferente, un orden mundial distinto
  • ¡¡NO SIN CULTURA!!
  • La esperanza vive en las montañas
  • Sau, 25 años
  • “Before the rain” (Antes de la lluvia)
  • Marcello Mastroianni, la seducción de la humildad
  • Lhasa de Sela, la voz de la carretera
  • El fin es mi principio, Tiziano Terzani
  • El festín de Babette, o el arte de darse a los demás
  • Actuando para cámara, una lección magistral de Michael Caine
  • Piranesi, o las cárceles del alma…
  • Daniel Barenboim, un canto por la paz
  • Zenet, el crooner de las diez mil y una noches…
  • ¿Y si vivimos todos juntos?
  • Norma Jean, Princesa rota
  • Marlene Dietrich, una mujer condenada a ser libre
  • Yves Montand, el compromiso de la verdad
  • Todos somos mineros
  • La placenta sube al escenario
  • Traficantes de tierras
  • Mikis Theodorakis, la leyenda de un hombre indomable
  • Trumbo cogió su fusil
  • Por los ojos de Raquel Meller
  • ¡Vamos a contar verdades!
  • Ramón Casas, días de bohemia y de ilusión…
  • Abel Korzeniowski y Shigeru Ubemayashi, las voces del alma
  • ¡A la calle, que ya es hora!
  • Roque Baños, la música de los sueños…
  • Memorias de África
  • Crónica de un asesinato anunciado
  • “El maestro de música”
  • Jack Vettriano, el erótico y nada discreto encanto de la melancolía…
  • Toni Bestard, “El perfecto desconocido”
  • GRUPO 7, ¿quién vigila al vigilante?
  • Solo en la vida, el síndrome de Asperger
  • Kavafis, el susurro de Ítaca
  • Aprender a escuchar
  • Atravesando espejos, o la necesidad de vivir contra la corriente
  • ¿Educar?
  • Lluís Llach, cuando habla el silencio
  • Aki Kaurismäki, porque los perdedores no son los que pierden…
  • Djivan Gasparyan, la melancólica voz de la libertad
  • Garaje Lumière, convirtiendo la utopía en realidad…
  • Steve McQueen, porque la vida es más, mucho más, que una huida
  • Salvador Puig Antich, anatomía de un asesinato “legal”
  • Marcos Ana, cuando hasta el dolor es poesía…
  • Raimon Panikkar, la eternidad que vive en cada instante…
  • Teatro Tribueñe, sueño, utopía y realidad
  • Momix, báilame un sueño…
  • ¿Quién teme a Virginia Woolf?
  • María del Mar Bonet
  • Cowboy Junkies o la belleza de las baladas tristes
  • “Libertad”
  • El gran Redford
  • León Felipe, el alma silenciada de Rocinante…
  • Georges Brassens, la cálida voz de la anarquía
  • De lápices, hadas y sueños: Marie Brozova
  • Wangari Maathai, la mujer árbol
  • La voz del viento
  • El maestro
  • Elegía a un príncipe nómada…
  • Orson Welles
  • Audrey Hepburn
  • Marlon Brando
  • Sexismo en el cine y la televisión
  • ¡Adiós a la Iglesia!
  • Arte y compromiso
  • Sean Penn
  • Tempo
  • “Uno es lo que ama”: Facundo Cabral
  • Antonio López, o la ardiente paciencia…
  • ¡Autor, Autora!
  • El viaje
  • El Gatopardo
  • Atahualpa Yupanqui, la voz del alma de la tierra
  • Contra la crisis, ACTÚA
  • Jacques Leonard, pasión por la vida…
  • 15-M, un necesario grito de esperanza
  • La Singularidad: más allá de la última frontera
  • ¿Existe la muerte?
  • Eleni Karaindrou, la voz de la vida…
  • José María Rodero
  • Brel, ne me quitte pas…
  • Edward Hopper, ¿de qué color es la soledad…?
  • Elecciones en la Unión
  • Padres…
  • ¡NO A LA GUERRA!
  • Constructores de sueños…
  • Simplemente, Katharine Hepburn…
  • Charles Laughton, un grande entre los más grandes
  • Spike Lee, 25th hour, el coraje de vivir…
  • Antonio Gades, un viento de libertad
  • Menos es más…
  • Soplan vientos de revolución…
  • El Bosco y Patinir, Eros y Tánatos…
  • Sacco & Vanzetti, porque la anarquía no ha muerto…
  • El paciente inglés
  • Tom Waits
  • El jardinero fiel
  • Éramos tan felices sin darnos cuenta…
  • ISPANSI…
  • Que no paguen los de siempre…
  • De jardines y paraísos…
  • Carmen Amaya: El mar me enseñó a bailar…
  • Bruce Springsteen, juglar de sueños…
  • Will Keen: la palabra hecha acción
  • “Z”
  • Paul Newman
  • Armas de anglosajonización masiva
  • Matar a un ruiseñor…
  • El filo de la navaja
  • Los indios, la sombra de una nube sobre la pradera…
  • Criminalizar al diferente
  • Se envejece al dejar de amar…
  • De gemidos y silencios: los dibujos de Klimt y de Matisse
  • Rafael Álvarez, “El Brujo”, o la melancolía de la sombra
  • The soul of a man
  • “No somos de donde nacemos, sino de donde nos necesitan”, Abraham Verghese
  • La vida secreta de las palabras
  • La soledad creativa
  • Premios Buero de Teatro Joven
  • Cine: Arte y reflexión
  • “Bajo el fuego”, corresponsales de nuestra propia guerra
  • Castings, castings, castings…
  • De abrazos, miradas, caricias y ronroneos…
  • “Caídos del cielo”, el teatro puede.
  • Ramón Gaya, el cuenco vacío de la creación
  • Haris Alexiou: un himno a la libertad
  • Macbeth, Declan Donnellan
  • Vinicius de Moraes, porque vivir es devorar la vida…
  • Edward Steichen, elegía a un peregrino de la belleza
  • La crisis… y la madre que la parió
  • The Bridge Project: Porque estamos hechos de la materia de los sueños…
  • Nos queda la memoria
  • Mercedes Gómez-Pablos, la mirada azul del silencio…
  • Dejemos hablar al silencio…
  • Me encontraréis a bordo ligero de equipaje…
  • “El viento se llevó lo que”
  • “La bañera de Ulises”, saltimbanquis y marineros en una travesía por la paz
  • “El concierto”
  • Al oeste del ocaso: Muerte en Venecia
  • La luz del silencio: tibetanos en el exilio, una opción por la no-violencia en el mundo de hoy
  • Sándor Márai, memoria del olvido
  • Siddhartha
  • “Me voy, ahí os quedáis…”
  • Kandinsky, o la necesidad de crear
  • Dennis Hopper, un actor de leyenda
  • Mikhail Baryshnikov, poesía de la danza en libertad
  • Siendo nadie, yendo a ninguna parte…
  • ¿Dónde han ido todas las cartas?
  • Al Pacino, la visión de un actor
  • Amor a primera vista
  • Cuento de Navidad
  • El viaje + corto
  • Eduardo Galeano, una luz en la niebla
  • “Desenfocada”
  • Las mujeres que no conocemos
  • Porque la felicidad no es una zanahoria…
  • Stefan Zweig, un mundo de ayer
  • Anthony “Zorba” Quinn
  • Doctor Zhivago: recuerdos, anécdotas, y secretos de un rodaje épico
  • Detener el tiempo…
  • De saltimbanquis, arlequines y payasos…
  • The Actor´s Gang
  • “The visitor”
  • El silencio de la luna
  • Los espejos del alma
  • Amar en tiempos de crisis
  • “El patio de mi cárcel”
  • El equilibrio de la vida
  • John Cassavetes: el valor para ser libre
  • Leonard Cohen, o cómo decir poesía
  • El viaje de Angelopoulos
  • Fernando Fernán-Gómez: Un hombre que se atrevió a ser libre
  • Arthur Miller, una mirada desde el puente
  • Unas palabras de bienvenida

Enlaces

  • Blog Dame perfiles
  • Blog Diario de un guionista perezoso
  • Clandestinodeactores.com
  • Foro Clandestino

Etiquetas

actores amistad amor arte Arthur Miller Atahualpa Yupanqui Billy Wilder Bruce Springsteen Budismo cine Compromiso crisis cultura Danza Derechos humanos ecología erotismo espiritualidad Exilio Flamenco Fotografía Isak Dinesen Leonard Cohen Libertad libros literatura Mahler Marlon Brando María del Mar Bonet Memorias de África Muerte música Paco Ibañez Paloma Pedrero Paz Picasso Pintura poesía Raimon Panikkar Recortes Shakespeare Soledad solidaridad teatro Vinicius de Moraes

WP-Cumulus by Roy Tanck requires Flash Player 9 or better.

Buscar

Acceder

  • Acceder
2009 Clandestinodeactores.com  |  Blogs clandestinodeactores.com  |  Foro Clandestino  |  Aviso Legal