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José María Rodero

24 abril, 2011

Hoy quiero hablar de uno de los imprescindibles del teatro español: José María Rodero. Actor hecho a sí mismo, de marcado carácter e impresionante presencia escénica, Rodero ocupa un lugar privilegiado en la historia del teatro español de la segunda mitad del siglo XX, y eso no es fácil ya que en su generación había actores de la talla de Fernán-Gómez, Bódalo, Delgado, Rey, Prendes, Lemos, Rabal, etc.  Rodero decía que la “única técnica que conozco es salir al escenario y dar lo mejor de mí mismo”. Nunca creyó en la escuelas. Para él, intepretar era “entender, comprender y hacerse entender”. El director José Tamayo dijo de él que ” de todos los actores con los que he trabajado Rodero era el que mejor captaba lo que yo quería decir. Era el que mejor me comprendía”. Actor disciplinado y exigente como pocos consigo mismo y con los que trabajaban con él, fue famoso tanto por su impresionante forma de interpretar como por temido su mal carácter. El público le adoraba. No iba al teatro, sino que iba a “ver a Rodero”, y Rodero jamás les defraudaba. Decía de su profesión que ” es posible que un toque de locura sí que haya en los actores; de desviación de la normalidad, por supuesto, y sobre todo en este país, donde es una profesión desprestigiada totalmente, donde la sociedad no nos acepta de ninguna manera”.

Nacido en Valdepeñas en 1922, tras acabar el bachillerato empezó a estudiar en la Escuela Superior de Ingenieros Agrónomos. Estando estudiando aún la carrera, se enamoró de una actriz y se dijo a sí mismo que él también era capaz de hacer aquello. Poco después se presentó a unas pruebas en el Teatro Español y le aceptaron. Decidió dejar sus estudios para estudiar arte dramático con Paco Melgares. Entró en la Comañía de María Guerrero, donde llegó a ser primer actor. El montaje dirigido por Luis Escobar de “En la ardiente oscuridad”, de Buero Vallejo, en el que tenía como antagonista a Adolfo Marsillach, marcó su carrera para siempre. A partir de aquel momento pasó a formar parte del grupo de los actores teatrales mejor considerados del país. Fue uno de los actores que más y mejor interpretó las obras de Buero. Formó su propia compañía con su esposa, Elvira Quintillá,  con la que estuvo casado hasta su muerte, y que en más de una ocasión sacrificó su carrera como actriz para dar prioridad al trabajo de su marido. Rodero amaba el teatro, era un hombre de teatro por los cuatro costados, su vida era el teatro. En su rostro habitaban las almas de todos los personajes que fue creando a lo largo de su carrera: Calígula,  Max Estrella de Luces de Bohemia, Enrique IV, el inolvidable jurado número 8 de “Doce hombres sin piedad”, el caballo de Tosltoi, y tantos y tantos otros…

Actor comprometido consigo mismo, con su profesión y con la vida, fue de los que más se opuso a la esclavitud que suponia la doble función y participó activamente en la huelga del 73 que acabó con aquella dictadura. Compaginó el mundo del escenario, a ritmo de seis estrenos al año, con su carrera cinematográfica, en la que trabajó con directores como Berlanga, Bardem o Forqué, y con sus trabajos en la época dorada del teatro en televisión, interviniendo en algunos de los montajes más conocidos del mítico Estudio 1, como “La muerte de un viajante”, de Arthur Miller, “Calígula”, de Albert Camus o “Doce hombres sin piedad”, de Reginald Rose.

Rodero creía que “el talento no es un don celestial, sino el fruto del desarrollo sistemático de unas cualidades especiales”. Esa era su filosofía de la vida: el compromiso y la entrega total con lo que hacía. Pertenecía a una época en la que lo importante en el mundo del teatro eran los artistas: los autores y los actores, y no, como ahora, que su lugar ha sido ocupado por los directores. Jamás claudicó ante nadie, porque no creía en los actores marioneta o autómatas, sino en los actores creadores y artistas. Recuerdo las palabras de Will Keen cuando comentaba que una de las principales diferencias entre el teatro británico y el que se hace en nuestro país es precisamente esta: en el Reino Unido los actores y los autores son lo importante, y el papel de los directores se centra en facilitar el trabajo de los actores. No como aquí, donde los directores concentran todo el poder en sus manos y los actores, en muchas ocasiones, lejos de dar lo mejor de sí mismos y arriesgar con sus propuestas, se limitan a ofrecer lo que consideran que le gustará más al director porque saben que de lo que él decida dependerá que trabaje o pase a engrosas las interminables filas del paro. Rodero pertenecía a la época en la que los actores eran lo importante en el teatro. El público iba a ver a Rodero, o a Bódalo, o a la Gutiérrez Caba… y no como ahora, cuando vemos que en los carteles de muchos teatros públicos aparece el título de la obra y el nombre del director en letras enormes, el del adaptador  (cuando lo hay) también en letras de tamaño considerable, pocas veces se nombra al autor y, casi nunca, a los actores. Pero en fin, estamos aquí para hablar de Rodero y para disfrutar de su inimitable forma de interpretar. Aquí tienes un breve fragmento de su inolvidable Calígula:

La última vez que el público pudo verle en un escenario fue con “Las mocedades del Cid”, en 1990, una obra que había representado en 1941, pero en la que hacía ahora el papel del padre del Cid. Un cáncer le obligó a dejar los ensayos del que iba a ser su último trabajo: “Hazme de la noche un cuento”, donde iba a interpretar a un travestido. La gravedad de la enfermedad hizo que tuviera que ser sustituido por Manuel Andrés. El estreno se retrasó tres semanas. Una semana antes de morir, estando en la cama del hospital, Rodero esperaba ansioso la visita de su fiel amigo Enrique Llobet, que venía a informarle sobre cómo había ido el estreno. El día que murió Rodero fueron muchos los teatros que quisieron albergar su capilla ardiente. el María Guerrero, el Bellas Artes, el Español… pero por expreso deseo de su viuda, Elvira Quintillá, que sabía lo contrario que Rodero era a todos aquellos actos, la capilla ardiente se instaló en los servicios funerarios municipales y sus restos fueron incinerados en el cementerio de la Almudena. La noche que murió Rodero el Bellas Artes y el Español cerraron. El nunca lo habría permitido, porque él nunca suspendió una función, ni siquiera el día que murió su madre. Rodero era un maestro del teatro y un hombre de fuertes convicciones, y de una por encima de todas: pase lo que pase, ¡la función debe continuar…!

Aquí tienes un enlace de RTVE donde puedes disfrutar con uno de los montajes más inolvidables de la historia del teatro televisado en España: la versión íntegra de “Doce hombres sin piedad” de Estudio 1. Es un montaje mítico dirigido por Gustavo Pérez Puig que cuenta con uno de los elencos más completos de la historia del teatro español. Casi todos los grandes estaban en él. Si la versión cinematográfica protagonizada por Henry Fonda fue magistral, esta encabezada por Rodero, sube el listón interpretativo a cotas inalcanzables.Si tienes algún problema para conectar con él,  copia el enlace, entra a través de él en la página de RTVE, selecciona televisión a la carta, escribe Doce hombres sin piedad en la ventanilla superior derecha y dale a buscar. Te aparecerá la versión íntegra del programa.

http://www.rtve.es/alacarta/videos/television/estudio-1—doce-hombres-sin-piedad/867545/

Aquí tienes otro enlace con la página de TVE a la carta donde, siguiendo el mismo proceso del enlace anterior, podrás ver el programa homenaje que TVE le rindió a Rodero. No te lo pierdas.

http://www.rtve.es/alacarta/videos/protagonistas-del-recuerdo/protagonistas-del-recuerdo-jose-maria-rodero/857695/

Y, finalmente, seleccionando Calígula estudio 1, te dejo con la versión íntegra de su impresionante Calígula. Disfrútalo. Es Historia del teatro.

Categorias
Cine/Teatro, General
Tags
arte, Elvira Quintillá, Estudio 1, José María Rodero, teatro, Will Keen
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10 comentarios para “José María Rodero”

  1. Jaume Felip dice:
    28 abril, 2011 a las 16:07

    Hola Carlos !!!

    Esta brillante tu artículo, la verdad que viendo las escenas que has puesto de José Maria Rodero en “Calígula ” se ve que era un gran actor, y muchas gracias por poner los enlaces de los Estudios 1 que hizó y he buscado que algunos de sus trabajos de Estudio 1 están en DVD como “Calígula” y Doce hombres sin piedad está descatalogada, cuando pueda las veré por el enlace que has puesto. Y si que amó el teatro que el día que murió su madre, la función continuó, me ha encantado el artículo, gracias de nuevo .

    Un gran abrazo.

    Responder
    • Carlos Olalla dice:
      30 abril, 2011 a las 12:10

      Hola Jaume y gracias, como siempre, por ese entusiasta apoyo a La placenta. NO te pierdas doce hombres… sé que te encantará. Mi abrazo más fuerte y Roderiano

      Responder
  2. Francisco Sánchez dice:
    29 abril, 2011 a las 14:15

    ¡Hola Carlos!
    Enhorabuena por tus comentarios sobre José Mª Rodero.
    Estudio 1, representó para mí una cuesta arriba tediosa e interminable. Te explico. A mis 16 años, me fui a Extremadura para hacer el curso de Preuniversitario; yo vivía en casa de unos tíos míos(ella, Tía Josefa-fan de Rodero-, fue mi segunda madre, él, tío Bernardo, gran lector y muy buena persona). Los días que por la noche emitían Estudio 1 -creo que los martes-, unos vecinos de mis tíos-encantadores por cierto- se venían a nuestra casa a ver el programa, ya que ellos- cargados de hijos- no tenían tele.. A esas horas, yo, potrillo inquieto y sin domar, después de un día de clases, de estudios, de juegos y de aplacar los picores propios de la juventud-y de otras edades- solía estar reventado y deseando de irme a dormir. ¿Me obligaban a ver Estudio 1? No. Lo que ocurría-fatalmente para mí- es que yo dormía en una cama plegable que estaba en el salón donde se hallaba la tele.
    No soy aficionado al teatro- sí cinéfilo- por defecto mío, sin lugar a dudas.Sin embargo, admiro a Antonin Artaud, y la visión del teatro que dejó en su magnífico e imprescindible “El teatro y su doble”, donde dice, entre otras muchas perlas:
    “El teatro es el lugar ideal donde el actor (el hombre) puede y debe luchar contra las leyes naturales (respiración ordinaria, vida, muerte) para alcanzar una suerte de accesis (aliento reinventado, cuerpo nuevo) permitiendo afrontar y aún vencer a la muerte”.
    “El teatro no es esta parada escénica donde se desarrolla virtuosamente y simbólicamente un mito, sino ese crisol de fuego y de carne verdadera donde anatómicamente, por pisoteo de huesos, de miembros y de sílabas, se rehacen los cuerpos, y se presenta físicamente y al natural el acto mítico de hacer un cuerpo”.
    Carlos, disculpa la extensión; a cambio, trataré de reunir sinergias para dedicarle al teatro la atención que indiscutiblemente merece.
    Un abrazo teatral.

    Responder
    • Carlos Olalla dice:
      30 abril, 2011 a las 12:39

      Ah, Francisco, el teatro…
      El día que tengas la fortuna de asistir a una representación de una obra que te llegue, bien dirigida y con buenos actores entenderás por qué el teatro es sagrado para los actores. ¡Teatro, teatro, teatro! Es algo vivo e irrepetible, por eso es magia en estado puro. Y Rodero era de los más grandes. Su sola presencia llenaba cualquier escenario. Si tuviera que comparar la interpretación en el cine o la tele con la del teatro quizá te diría que mientras en el teatro hacemos trajes a medida, frente a la cámara son de confección. cada función es un mundo, algo irrepetible que te llega a lo más hondo. Compartir el aire que respiras con el público, sentir y escuchar su silencio, sus risas, sus lágrimas… eso es algo que la cámara no te puede dar.
      En fin, Francisco, que me pasaría páginas y paginas cantándote las escelencias del teatro. Es un mundo en el que, cuando entras, ya no puedes ni quieres salir. Cambia tu vida.
      ¡Ojalá tengas la fortuna de asistir a una de esas funciones donde salta la magia! Allí entenderás todo lo que intento decirte.
      Mi abrazo más fuerte

      Responder
  3. Sacudelanza dice:
    3 mayo, 2011 a las 11:00

    Gracias, una vez más, Olalla.

    Admiradísimo para mi, y eso que solo le he visto en grabaciones. Pero tengo la suerte de que un tío mio trabajó con él en aquel último montaje de “Las mocedades del Cid”, y habla maravillas de él. Aunque parece ser que también tenia un caracter como para darle de comer aparte.

    Suscribo además esa opinión acerca de los directores. Me parece acertadísima. Tal vez no sea el peor de los males de esta profesión, pero sí uno de tantos; los actores tampoco nos vamos de rositas. Demasiada pereza, ignorancia y falta de rigor.
    Siempre entro en el debate de qué debo hacer cuando pasa eso con un director. ¿Mantenerme firme en lo que creo correcto (contemplando que yo también puedo estar equivocado y ser demasiado tozudo) aguantar el chaparrón y consecuencias o dar el “sí” por respuesta ante lo que claramente sientes como un “NO” rotundo? ¿Hay camino intermedio? ¿Merece la pena tomarlo? En fin, ¿Ser o no ser?

    Un abrazo.

    Responder
    • Carlos Olalla dice:
      7 mayo, 2011 a las 22:15

      Hola Sacudelanza y bienvenido de nuevo a La placenta!
      Muchas gracias por compartir tus reflexiones sobre los avatares de nuestra profesión y por habernos transmitido ese comentario sobre alguien que estuvo tan próximo al último Rodero. Estoy totalmente de acuerdo contigo en lo que dices de que los actores tampoco nos vamos de “rositas”, porque entiendo que dirigir con la presión de la falta de tiempo y ver la falta de compromiso y entusiasmo de algunos de nuestros colegas debe ser desesperante. Con respecto a lo que comentas sobre la relación con los directores, soy de l aopinión de que debe establecerse una comunicación muy fluida basada en la confianza mutua. Sobre esa base ninguno de los dos intentará imponer al otro su criterio gratuitamente, pero sin esa base la relación puede llegar a ser un verdadero infierno, un aauténtica guerra por mantener el poder y a mí esas cosas no me interesan lo más mínimo. Así que si veo que la relación no va a poder basarse en esa confianza y respetuo mutuos, me limiito a intentar evitar conflictos y a esperar que el rodaje acabe cuanto antes. he elegido dedicarme a esta profesión porque creo que tiene cosas maravillosas que las demás no tienen. Soy consciente de que también tiene muchos de los inconvenientes y las injusticias que se dan en las otras profesiones, pero procuro que me afecten lo mínimo posible, cosa que cuando trabajaba en el mundo de la empresa no había forma de conseguir. Cada uno opta por seguir el camino que elije y, hasta ahora, estoy encantado de haber elegido este.
      Un abrazo enorme sacudelanza

      Responder
      • Sacudelanza dice:
        10 mayo, 2011 a las 13:45

        Gracias Olalla.
        Lo cierto es que aunque muchas veces conocemos el camino recomendable tomarlo ya es otra cosa.
        Últimamente, y esto es algo que nuestros amigos y maestros ingleses insisten mucho en ello, trabajo desde la prespectiva de que el personaje es consciente de la incapacidad o fracaso en la comunicación. Hay una gran lucha y distancia por conseguir definir en palabras lo que nos pasa por la mente, como gran lucha y distancia hay entre la realidad en si y la que percibimos, y no menos lucha y distancia entre la intención y sentido de lo que digo y lo que el otro entiende. Rara vez se consigue en la vida y en el teatro es muy útil, que sea así, trabajar desde el “no”. Esto es un campo tan fertil para trabajar el personaje y la escena, ya que es una de las esencias del ser humano. Y de ahí esos conflictos y dialécticas de voluntades entre compañeros. Mientras la sangre no llegue al río o la frustración no se apodere de uno, mientras la cerrazón no nos ciegue, es sano discutir. Pero, sí, se impone la mesura y el distanciamiento según el contexto. Y como no hay (o no debería haber) vidas humanas en juego, por buena o mala que sea una interpretación, es mejor saber ceder.
        Seguiré con mis anecdotas. Trabajé con un director, de cuyo nombre no quiero acordarme, que en cierta ocasión, siendo él jovén, tuvo la oportunidad de trabajar con Rodero. Contaba el director, que exponiendo el trabajo que pretendía hacer con la obra, Rodero le interrumpió diciendo: “¿Sabes quién soy yo?”. El director le dijo: ” Sí, claro, eres José Mª Rodero” y continuó exponiendo su visión de la obra y personajes. Rodero insistió “¿Quién soy yo?”. Tras un silencio el joven director respondió “José María Rodero, uno de los mejores actores del mundo”. “Bueno (dijo Rodero) pues a mi solo dime por donde entro y por donde salgo, que el resto ya lo hago yo”.
        Por falta de entendimiento, Rodero dejó el proyecto, un estudio 1 (para ser más concretos) en pleno proceso de ensayos y hubo que sustituirle rápidamente. Según el director, fue tal el éxito que tuvo el proyecto, que poco despues fue Rodero el que le llamó para plantearle algún otro proyecto, que nunca se llevo a cabo.
        Dialéctica de voluntades, ay, ay, ay…
        Un abrazo Olalla.

      • Carlos Olalla dice:
        15 mayo, 2011 a las 13:32

        Muchísimas gracias, Sacudelanza, por compartir esas agudasy profundas reflexiones sobre la vida y el teatro, que vienen a ser lo mismo… y por esa sabrosa anécdota sobre el inolvidable Rodero. Como tu bien dices, dialéctica de voluntades…
        Un abrazo enorme

  4. Manuel dice:
    12 mayo, 2011 a las 20:35

    Querido Carlos.- Qué alegría me ha dado al leer el artículo dedicado al gran maestro D. José María Rodero. Decirte que trabajé con él cuando yo empezaba en “Los Intereses Creados” y le decía una frase… Era magistral, una lección diaria, tenía una disciplina, llegaba al teatro dos horas antes, se preparaba en el camerino, daba paseos por el escenario… se envolvía en el ambiente del espacio teatral íntimo. Pienso que aunque en la actualidad han cambiado mucho las cosas y los cursos, técnicas son importantes (yo mismo he hecho unos cuantos), pero la lección que daban esos grandes actores con algunos de los cuales he trabajado: Rodero, Bódalo; Lemos, Marín, Agustin Gonzalez,etc.. etc… era impagable y aprendías mucho de saber estar en el escenario, de la disciplina teatral, del mundo del teatro en general, cosa que ahora se ha perdido mucho (también es cierto que se han ganado otras cosas).. Por cierto la foto de la portada no es de José María Rodero, sino de José María Escuer (otro gran secundario) la confusión habrá sido por el nombre. Felicidades por el artículo.
    Un abrazo fuerte. Manuel Brun

    Responder
    • Carlos Olalla dice:
      15 mayo, 2011 a las 13:49

      Hola Manuel!
      Gran alegría reencontrarte por aquí!
      No sabes la envidia que me das al comentarme que tuviste el privilegio de trabajar con Rodero y con genios como él. Esa es una de las cosas que más lamento de no haber tomado la decisión de dedicarme a la interpretación hasta tan tarde, haber perdido la oportunidad de aprender de personas como ellos.
      Gracias por avisarme de lo de la foto. Avisaré a la gente de clandestino de actores para que la cambien porque yo no puedo modificar temas de su web, solo administro mi blog.
      Un abrazo enorme, enorme, enorme

      Responder

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Carlos Olalla

Por circunstancias de la vida me pasé más de veinticinco años dirigiendo empresas en la que, sin lugar a dudas, fue la etapa más aburrida y frustrante de mi vida. La verdad es que nunca me gustaron esos trabajos y lo pasé fatal. Cuando cumplí los 45 me encontré con que una reestructuración empresarial me ponía de patitas en la calle y sin un duro. Por si fuera poco, nadie me quería dar trabajo porque decían que ya era demasiado “viejo”. A mí siempre me había gustado el mundo del cine y, como estaba en el paro y tenía tiempo, empecé a estudiar interpretación. Me pasé tres años siendo el “abuelo” de todos mis jóvenes compañeros en una conocida escuela de teatro de Barcelona. Durante aquel tiempo recibí alguna propuesta de trabajo para reincorporarme al mundo de la empresa, pero no quise aceptarlas: el nuevo mundo que había descubierto me había atrapado por completo, así que decidí cambiar una maravilla de sueldo y una mierda de trabajo por una maravilla de trabajo y una mierda de sueldo. Puedo deciros que ha sido la mejor decisión que he tomado en mi vida: por primera vez soy libre, la palabra jefe ya no significa nada para mí, hago lo que verdaderamente me gusta y, lo mejor, trabajo con gente sensible y abierta que piensa y siente como yo. ¿Qué más se puede pedir?

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