Porque la felicidad no es una zanahoria…
15 noviembre, 2009
Hoy me gustaría hablaros de la felicidad, algo que, muchas veces, creemos que debe existir; que algunas veces, intuímos que existe; y que muy pocas veces, somos plenamente conscientes de que verdaderamente existe, porque en esos momentos somos felices… casi sin darnos cuenta.
Y para este viaje que hoy os propongo, me gustaría que una joven cantante estadounidense nos acompañara: Melody Gardot.
En la entrada de este blog que dediqué hace unos meses a Fernando Fernán-Gómez decía que él escribió en una ocasión que “la diferencia entre los hombres de la realidad y los personajes teatrales es que los hombres de la realidad siempre son protagonistas, todos son protagonistas, aún cuando al mismo tiempo sean personajes secundarios en las peripecias ajenas…”
Cuánta sabiduría se esconde en esas palabras o ¿acaso hemos conocido a alguien que se limite de verdad a ser un personaje secundario de nuestras vidas…? o, lo que todavía es peor, ¿cuándo hemos admitido nosotros ser un simple comparsa en la vida de los demás? Siempre nos creemos el centro del mundo, tenemos muy claro que todo debe girar a nuestro alrededor, que nuestras opiniones deben prevalecer sobre las de los demás, simplemente porque son nuestras… ¡ay de aquel que ose llevarnos la contraria en los temas que verdaderamente nos importan!
Tenemos tanto ego que nos cegamos a nosotros mismos, empeñándonos en sentirnos infelices. Vivimos prisioneros de nuestros deseos, somos esclavos de nuestros anhelos, sin saber, o sin querer saber, que un deseo hecho realidad no supone alcanzar la felicidad. Y, sin embargo, nos empeñamos en creerlo. Siempre pensamos que la felicidad es algo futuro que, tarde o temprano, vendrá desde no sabemos dónde ni por qué, a dar sentido al sinsentido de nuestra vida. Creemos que la felicidad es una especie de zanahoria tras la que nos pasamos la vida corriendo… sin saber que jamás llegaremos a alcanzarla, porque la felicidad nunca ha sido, ni será, una zanahoria.
Otros, en cambio, se quedan anclados en la idealización de un pasado que nunca les dio, ni les dará, la felicidad, proclamando una y mil veces que algún día fueron felices…cuando, en realidad nunca lo fueron y, lo que es peor, ese haberse quedado viviendo del recuerdo les aleja más y más de la verdadera felicidad que habita en el único mundo que verdaderamente existe: el del aquí y el ahora. ¿Tanto cuesta limitarnos a vivir este aquí y este ahora?, ¿tan difícil es aceptar que no somos el centro del universo, que cada una de las personas con las que nos cruzamos a diario tiene su propia vida en la que nosotros no somos más que un personaje secundario o un figurante? Infaliblemente, cuando conocemos a alguien pensamos en lo que nos podría llegar a dar o, en el mejor de los casos, nos limitamos a ignorarle porque no nos interesa lo más mínimo. ¿Cuándo ha sido la última vez que, al conocer a alguien, lo primero que hemos pensado, de verdad, ha sido “en qué puedo ayudarle yo”?
La vocecita de nuestra conciencia, esa voz que nos habla desde nuestro interior, es un dictador insaciable que nos habla continuamente para impedirnos escuchar el silencio. Pero esa voz no es nuestra voz, es la voz de nuestro ego, y está siempre hablando para no dejarnos pensar, para impedir que nuestra mente se calme y se serene. Su vida depende de ello, por eso habla todo el rato. Es un continuo yo, yo, yo… Los demás no existen para esa voz más que como compañeros u obstáculos de nuestro caminar, porque para nuestro ego los demás carecen de vida propia. Si cada vez que habla esa voz aprendemos a observarla, nos daremos cuenta de que, en realidad, nosotros somos el observador, no esa voz, y ese será el primer paso del largo camino que nos llevará a silenciarla.
Nosotros, como actores, sabemos muy bien que, para empezar a vivir cualquier personaje, lo primero que debemos hacer es acallar la vocecita de ese juez inclemente y pesadísimo que siempre nos acompaña cuando nos sentimos inseguros o tenemos miedo a arriesgarnos de verdad a ser libres. No es fácil, desde luego, acallar esa voz, pero tenemos la ventaja de que sabemos que esa voz no sólo no nos ayuda en absoluto, sino que dificulta muchísimo nuestra labor. Acallar esa voz es el primer paso de nuestro camino creativo, y esa es una de las ventajas que tenemos los actores, ya que tenemos muchas más oportunidades de aprender a acallarla que el resto de los mortales.
Pero volvamos al tema que nos ocupa, el de la felicidad. Siempre hemos creído que la felicidad es algo que vendrá algún día, porque, sin lugar a dudas, está fuera de nosotros, y, en verdad, nada más lejos de la realidad. La felicidad, como todas las cosas que verdaderamente importan, siempre ha estado, y está, dentro de nosotros. Voy a poneros algunos ejemplos de la vida real que pueden ayudarnos a entender mejor todo esto.
Hace cinco años, una chica paseaba en bicicleta por una calle de una pequeña ciudad estadounidense. Tenía diecinueve años y toda una vida por delante. Un coche se cruzó en su camino y la atropelló brutalmente. Amaba la música. Billie Holiday, Ella Fiztgerald y Nina Simone eran sus cantantes favoritas. El jazz era su pasión. Los médicos lucharon desesperadamente por salvar su vida. Entre las secuelas que tenía, sufría de amnesia. Su
neurocirujano, al saber que le gustaba tanto la música, le pidió que, como parte de la terapia para recuperar la memoria, dedicase muchas horas a cantar y a componer canciones. Y ella, tumbada en la cama, empezó a componer unas canciones preciosas. Su maravillosa voz le permitió grabarlas en la que fue la primera maqueta que hizo y que alguien llevó a un productor musical. Esa chica se llama Melody Gardot, es esa maravillosa voz que acabáis de escuchar, hoy tiene veinticuatro años y, aunque todavía tiene que subir a los escenarios ayudada por un bastón y con gafas de sol para protegerse de la fotofobia que le causó aquel accidente, es una de las promesas más firmes y con mayor proyección internacional del jazz. Si le preguntas por su discapacidad, te mira directamente a los ojos, te contesta: “¿Acaso, de alguna manera, no tenemos todos alguna?” y te sonríe.
Ahora me gustaría invitaros a escuchar una música que para mí es muy especial. Es un mantra tibetano interpretado por el Lama Gyurme y por un joven músico francés llamado Jean Philippe Rykiel.
El Lama, muy sabio, consciente de que los occidentales no estamos muy acostumbrados a este tipo de música, suele decir que los mantras son la aspirina que cura nuestros males, y la música del piano de Rykiel el agua para que podamos tragarla. He tenido la fortuna de escucharles varias veces en directo. Jamás olvidaré la primera vez que les oí. Fue hace algunos años en la Basílica de Santa María del Mar, en Barcelona. Un precioso juego de luces azules y anaranjadas iluminaba sus impresionantes columnas manteniendo el resto del templo en la oscuridad. También había muchas flores adornando el altar, desde donde ambos músicos daban aquel concierto. Tras ellos había varios thangkas tibetanos enormes y de los colores más vivos representando el mandala del Kalachakra y varios Bodhisattvas. Era un marco incomparable para un concierto como aquel. Os aseguro que, viendo tanta belleza, lloré de emoción. Imaginé lo que debían sentir los dos músicos viendo todo aquello, cuando me dí cuenta de que Jean Philipe Rykiel es ciego. En aquel momento sentí una inmensa pena por él. Hoy sé que me equivocaba, y que él también veía la belleza de aquella noche inolvidable, porque la belleza está dentro de nosotros, fuera simplemente está la luz que, iluminándola, puede ayudarnos a contemplarla, pero nunca la veríamos si no supiéramos sacarla de nuestro propio interior donde, al cerrar los ojos, si miramos el silencio de nuestro yo más profundo, jamás dejamos de verla.
He vivido muy de cerca la experiencia de un niño que tenía una enfermedad congénita incurable de riñón. Se la diagnosticaron cuando tenía ocho años: al llegar a la pubertad se le secarían ambos riñones y tendría que acabar en diálisis o en un trasplante. El médico no se equivocó y, al llegar a los doce años, se le secaron los dos riñones. Tuvo la suerte de encontrar un
donante y ser trasplantado sin necesidad de pasar por diálisis. Al salir del hospital su peso había pasado de treinta a casi cincuenta kilos por efecto de la medicación. Estaba irreconocible y, cuando pudo empezar a salir a la calle y se cruzaba con sus compañeros de clase, muchas veces no le reconocían. Él se daba cuenta y lo comentaba, pero de su boca nunca salió un lamento ni un reproche. No sé cómo, pero aprendió a considerarlo como algo normal que le estaba pasando y que tenía que asumir. Tuvo que dejar de hacer lo que más le gustaba, jugar al fútbol, y hacer un ejercicio impresionante de autocontrol para no olvidarse de tomar ni una sola de las casi veinte medicinas que tenía que tomar a diario.
Al llegar a la adolescencia su cuerpo empezó a rechazar el riñón trasplantado y a tener serios problemas para evitar las fuertes subidas de su tensión arterial. Se pasó más de tres meses internado en un hospital hasta que, finalmente, tuvieron que extraerle el riñon trasplantado, ya que había dejado de funcionar y había acabado siendo únicamente un foco de infección. Pasó más de
un año sometiéndose a sesiones de cuatro y cinco horas de diálisis tres veces por semana. Impresionaba verles a todos en aquella sala charlando animadamente de sus cosas en un mundo y con un lenguaje totalmente ajenos al nuestro. El compañero más joven que tenía en aquella sala pasaba de los treinta años; él no había cumplido aún los diecisiete y ya esperaba su segundo trasplante. Nunca le oí quejarse ni hacerse la pregunta que, seguramente, todos nos habríamos hecho en su situación: “¿Por qué me ha tenido que pasar a mí?”. Al revés, él siempre ha estado de buen humor, alegre, preocupándose por los problemas de los demás, sin quejarse jamás de los suyos. Durante todo aquel tiempo estuvo en lista de espera para un nuevo trasplante. Un día le llamaron para que fuera urgentemente al hospital porque había un riñon que podía ser compatible para él. Le hicieron el crossmatching, la prueba de compatibilidad entre donante y receptor, pero no dio el resultado esperado y tuvo que volver a casa sin haber sido trasplantado. Meses después volvieron a llamarle. De nuevo falló el crossmatching, y de nuevo volvió a su casa de vacío y a tener que seguir con las sesiones de diálisis. Él nunca se quejó, a pesar de que su cara y sus brazos reflejaban el sufrimiento de su cuerpo. En el colegio decidió hacer su trabajo de investigación precisamente sobre el mundo de los trasplantes. Quería compartir su experiencia con todos los demás y, al hacerlo, ayudar a quien lo pudiera necesitar. Se entrevistó con todos los médicos que le habían tratado, las enfermeras le dieron muchísimo material y él se documentó a fondo sobre todo aquello. Por aquel trabajo consiguió una matrícula de honor. Hace tres años, apareció, por fin, el riñón que tanto había deseado. El segundo trasplante salió muy bien, ni siquiera engordó gracias a la nueva medicación, y hoy ese chaval es un joven de veintiún años perfectamente normal con el que te puedes cruzar a diario por la calle, que va a la universidad, que tiene novia, que ha vuelto a jugar al fútbol y que, de vez en cuando, se acerca a charlar un rato con sus antiguos compañeros de diálisis que aún no han sido trasplantados.
Las experiencias de este chaval y la de Melody Gardot, no son excepcionales, en todos los hospitales puedes encontrar muchos casos parecidos. Son personas que han intuído, o a las que el dolor les ha enseñado, que la felicidad está dentro de ellos, en su aquí y en su ahora, y que para alcanzarla no hay que esperar recibir nada, sino todo lo contrario, dar todo eso que llevamos dentro y compartirlo con los demás. Ellos han creído en sí mismos, se han atrevido a confiar en ellos, porque se han dado cuenta de que la seguridad también es algo que está dentro de ellos, y que depende de una sóla cosa: la actitud. Esa es la clave: la actitud positiva en todo momento, hacia todos y hacia todo.
Y esa es otra de las ventajas que tenemos los actores: creemos en nosotros mismos, y estamos en esto sabiendo que cuando se acabe esta obra, esta peli o esta serie, volveremos a estar sin trabajo, pero seguimos aquí, haciendo lo que nos gusta, viviendo nuesto aquí y nuestro ahora, confiando en que, tarde o temprano, encontraremos un nuevo proyecto en el que nos embarcaremos para hacer eso que verdaderamente queremos hacer: actuar. Así que tenemos la ventaja de que el amor a nuestra profesión nos puede ayudar a dar los dos primeros pasos en el camino hacia la felicidad: acallar la voz interior y creer en nosotros mismos viviendo nuestro aquí y nuestro ahora. Mira por dónde, puede que, sin saberlo, no nos falte tanto para encontrar la felicidad…
Dicen los maestros budistas que la felicidad consiste en aprender a superar el sufrimiento. Si la felicidad fuera una mesa, las cuatro patas que tendría, seguramente, serían: superar el deseo, amar a los demás, acallar el ego y vivir el aquí y el ahora. Puede que, algún día, cuando hallamos superado el deseo, perdido el miedo a amar, acallado la voz de nuestro ego y nos atrevamos, de verdad, a vivir nuestro aquí y nuestro ahora, invitemos a todos los que nos rodean a compartir una charla alegre y sincera sentados alrededor de esa mesa en la que ya a nadie le importará no ser el protagonista de la velada.

Qué sabias reflexiones! Tu entrada me ha recordado un par de libros de Eckhart Tolle, El poder del ahora y El silencio habla, donde justo hace hincapié en esos mismos conceptos. La felicidad está siempre dentro nuestro, aquí y ahora, pero no nos enseñan a apreciarla. Pero afortunadamente cada vez somo más los que conocemos el secreto de la felicidad y que estamos dispuestos a vivir la vida plenamente, segundo a segundo. Gracias por compartir esas bellas y aleccionadoras historias de verdaderos héroes de la felicidad. Porque la felicidad efectivamente no es una zanahoria.
Muchísimas gracias a tí, veryinspired, siempre fiel a La placenta. Me encanta ver que eres de las que siempre ven el vaso lleno y que estás convencida de que, de la crisis del mundo en que vivimos, vendrá una nueva era en la que todos habremos evolucionado y crecido para transformarnos en verdaderos seres humanos capaces de ser felices y de hacer felices a los que nos reodean.
Bienvenida sea esa nueva era!
Un abrazo inmenso y esperanzado
Hola Carlos me ha encantado este articulo, este articulo reflexiona mucho sobre la felicidad, y sobre esta felicidad que deseas un deseo, y no sale como esperabas, el pasado año me paso algo asi, y salio mal, con solo verla el primer dia me enamore de ella, nunca habia visto una chica tan guapa, con tan solo el primer dia esa mirada me enamoro, y solo se lo conte a mi amigo de mejor confianza y ahora aqui, y nunca me atrevi a decirselo y ahora ya perdi el contacto con ella, claro que tenia casi 30 años, y era normal que no se fijase en mi, pero eso enseña que en la vida se tiene que mirar por delante. De nuevo felicidades por este genial tema me ha encantado este tema. Un abrazo.
Hola Jaume!
Muchísimas gracias a tí también por esa fidelidad y ese cariño a La placenta… De hecho te he de confesar que la siguiente entrada, la de “Las mujeres que no conocemos”, me la ha sugerido precisamente este comentario que has querido compartir con todos nosotros. Como puedes ver, todos tenemos muchas vidas no vividas, pero lo importante es ser consciente de ello y que no halla más Sophies Ramstids en nuestras vidas. En cualquier caso, lo importante es no perder nunca esa capacidad de ilusionarse, de amar y de soñar que es la que nos hace sentirnos vivos y capaces de todo.
Un abrazo inmenso, y como te recomienda Gabriela, no dejes que ni la timidez ni nadie te impida vivir todas tus vidas.
Un abrazo enorme
Carlos!! Que razón llevas como siempre en esta entrada al blog.
Siempre anhelamos algo mejor y probablemente cuando llega no es lo que esperabamos, a mí me suele pasar muchísimas veces.
Respecto a la gente con discapacidad de algún tipo; por las mañanas estudio Educación Especial, todavía hay muchísima gente que considera a un discapacitado (minusvalido ó invalido) lo cual es una brutalidad, ya que nadie es menos valido que nadie, como tú bien apuntas, todos podriamos decir que somos discapacitados, quien no necesita gafas paraver, o ha usado alguna vez muletas.
Antes de entrar en esta carrera, me pasaba lo que has dicho, veía gente ciega o con alguna deficiencia y sentía una pena tan grande que me ahogaba, ahora he comprendido que esas personas probablemente sean más felices que yo, y por tanto he de tratarlos como iguales. Además en Enero empezaré mis practicas en un aula hospitalaria, lo cual me llena de emoción.
Un saludo.
Hola Anuski! Gran alegría tenerte por aquí con tus comentarios tan cariñosos hacia La placenta y compartiendo una parte de tu mundo con todos nosotros. Estoy convencido de que la experiencia que está suponiendo trabajar con y para gente con alguna discapacidad te está enriqueciendo muchísimo como persona, y más cuando empieces a hacer tus prácticas en el aula hospitalaria. Por circunstancias de la vida he tenido que pasar largas temporadas en hospitales con gente muy próxima a mi, y te aseguro que he tenido oportunidad de ver tantas cosas maravillosas y solidarias que mi confianza en el ser humano siempre ha salido fortalecida de allí.
Un abrazo inmenso
Hola a todos!
Carlos, ya es el segundo artículo que leo tuyo, y este en especial me ha encantado.
Estoy en un momento de la vida, donde estoy trabajando la actitud hacia los demás, y es totalmente cierto que la única forma de llegar a la felicidad (estado alegre constante y saber ver las cosas con un aire positivo y real) es siendo feliz por dentro.
Ahora hago una pequeña aportción al Blog de un video que estraí del website de Leo Bassi.
Introducit este nombre en youtube.es: Nick Vujicic
Un saludo a todos!
Hola Gerard!
Muchísimas gracias por tus palabras de apoyo y bienvenido a La placenta.
Fantástico el link de Vujicic que nos recomiendas, realmente es todo un ejemplo de actitud y positivismo ante la vida. Muchísimas gracias por hacérnoslo llegar.
Un gran abrazo
Hola de nuevo!
(Jaume, nunca dejes de decir a una persona que te gusta, más vale tarde que nunca…te lo digo por propia experiencia.)
Carlos, al principio no estaba muy de acuerdo, en que: ” Infaliblemente, cuando conocemos a alguien pensamos en lo que nos podría llegar a dar o, en el mejor de los casos, nos limitamos a ignorarle porque no nos interesa lo más mínimo” Tal vez porque yo sea demasiado ingenua.. o demasiado buena persona..
Piensa positivo y vendrán a ti cosas positivas. Esa es la mejor filosofía.
Un saludo!!
De nuevo, buena entrada!
Hola Gabriela!
Me encantan los consejos que le das a Jaume y ver que tienes esa actitud tan positiva y maravillosa frente a la vida. Estoy totalmente de acuerdo contigo en lo que comentas sobre lo que pensamos cuando conocemos a alguien, nuestra actitud debería ser la que tú tienes y en muchos casos lo es, pero, por desgracia, son tantos en los que no es así… Ni eres demasiado ingenua ni demasiado buena persona. ¡Ojalá hubiera mucha gente como tú, seguro que todo esto iría mucho mejor! ¡No cambies nuncaaaa!
Un abrazo inmenso
oh capitan mi capitan, me ha encantado el artículo, y creo esta redactado como un sabio maestro y consejero, que no muestra en el contenido ningun fin egoista o manipulador, pero siento discrepar en la parte que toca a la interpretación, un fuerte abrazo…. me ofrezco como alumno, me dejo enseñar, ji, ji, ji, agradecido por este regalo de los medios, y esta exposicion de un sabio, y ofreciendo cualquier cambio incondicional de impresiones en privado con el autor del mismo (vetarules@hotmail.es), me ha gustado lo del dictador insaciable, y creo que es la línea a seguir, pues la inspiración siempre es una blanca dama…
Bienvenido de nuevo a La placenta, Whitman, y muchísimas gracias por tus cariñosos comentarios en los que, nuevamente, vuelvo a discrepar de lo que dices de sabio, maestro o consejero. Estoy con aquellas maravillosas y sí sabias palabras de Sri Aurobindo: ” El conocimiento es como un niño con sus conquistas; apenas ha descubierto algo corre por las calles alborotando y diciéndolo a voces. La Sabiduría mantiene las suyas ocultas, durante mucho tiempo, en un poderoso y pensativo Silencio.” La placenta, es la calle por donde yo voy alborotando y gritando mis conquistas a voces…
Un gran abrazo
Que no cese tu algarabía, es muy estimulante!
Gracias por tus reflexiones, por tu música y esas experiencias de vidas ejemplares.
Hola Desi!
Que no cese tu generosidad, te aseguro que es muy reconfortante.
Gracias, de verdad, por el cariño de tus palabras
Un abrazo enorme
Qué carga de sensibilidad y razón en todas tus palabras. Gracias por hacerme sentir viva!!.
Besos
Gracias a tí, Mª Jesús, por esas cariñosísimas palabras de apoyo, que empujan a seguir adelante. Da gusto tener seguidoras de La placenta como tú. Bienvenida a La placenta… Un abrazo enorme y “placentero”, siempre “placentero”
Llueve plácidamente hoy en primavera muy próximo el verano aquí en Valdivia donde el destino me trajo hace ya dos años por extrañas verdaderamente extrañas circunstancias. La vida, pienso, es como la naturaleza: mares profundos, insondables, ríos turbulentos, suaves , sol, luz, oscuridad, semipenumbras, tempestades, brisas, vientos huracanados, amaneceres, atardeceres, noche oscura… Así, en las vidas se alternan el dolor, la tristeza. la alegría, la felicidad, el hastío, la ira, la risa, el llanto… Claro que a algunos les toca en mayores cuotas la felicidad o el dolor, así como al sur de Chile le toca tanta lluvia y a los polos tanto frío y al caribe tanto calor… en fin, son solo divagaciones, nada más, divagaciones. Saludos a través de los mares y desiertos que nos separan y que nunca nunca nunca serán salvados. Pero a veces pienso que al morir y abandonar estos cuerpos materiales que nos limitan nos encontraremos con los espíritus afines y será una fiesta.
¡Qué maravillosa descripción de la vida, Magdalena! Me encanta tu forma poética de percibirla, de intuirla, de sentirla y de vivirla. Quizá, como decía Omar Kayham, nuestro destino está escrito en el libro que hojea al azar el viento de la eternidad… Hace 20 años tuve la fortuna de ir al Sur Chile: Chiloé, Puerto Mont, Laguna San Rafael, Golfo Corcobado… un viaje lleno de belleza de esos que ya nos acompañan para siempre. Vuelan abrazos desde este otro lado del Atlántico.
Cuando creo que ya no habrá respuestas, porque, bueno, en algún momento todo se termina, tus respuestas llegan como una agradable sorpresa. Qué versos más poéticamente bellos que los que citas de Omar Kayham, como para recrear al espíritu: “Nuestro destino está escrito en el libro que hojea al azar el viento de la eternidad…
Me alegra que hayas andado por estos lugares de Chile; Así como la belleza que percibiste te acompañará para siempre, para siempre todos los lugares que visitaste habrán quedado impregnados de tu espíritu. Creo que toda la creación se complace cuando advertimos su grandeza y su belleza. Dime si no es que la lluvia y los truenos y las tempestades no se realizan al producir el efecto que producen, o si las suaves y perfumadas brisas de la primavera no se complacen al hacernos sentir su suavidad, o si las flores no se complacen cuando sentimos su perfume… No, no sé si sea tan así exactamente, pero me gusta pensar, por ejemplo, que la lluvia y el viento saben que los siento, y que cuando miro una flor y pienso ‘qué linda’, ella lo sabe y se alegra. Saludos australes.
Hola de nuevo, Magdalena! Siempre contesto a los mensajes, lo que pasa es que suelo hacerlo los domingos por la mañana, que es cuando tengo más tiempo para hacerlo. Por eso no te había contestado antes. Perdona.
Gracias por esas bellas palabras y esa forma tan poética de ver la vida… No me cabe duda de que la lluvia y el viento saben que les sientes y que la flor se llena de alegría cuando piensas en ella. Si lees la entrada del blog que le dediqué al archiduque Luis Salvador encontrarás a una persona que sentía y vivía exactamente como lo haces tú. Escribió muchos libros, pero hay uno entre ellos que me marcó profundamente: La canción de los árboles. En él nos dice que los árboles, todos los árboles cantan con el viento. Que cada uno tiene su propia canción, y que no es lo mismo lo que cantan por la mañana o al caer la tarde, o cuando están solos o dentro de un bosque… Lo único que tenemos que hacer es aprender a escucharlos… Un abrazo inmenso desde Madrid
Leí el artículo que escribiste sobre el archiduque Luis Salvador… también escuché la música que sugieres… tanta belleza hace doler el alma… y sí tienes razón, él sentía la naturaleza como yo la siento… podrás imaginar lo que ello me causa, la conmoción…. A veces he pensado en esa relación que tengo con los elementos o fenómenos de la naturaleza, con la luz , con la oscuridad, o con el silencio. Todo parece que me habla con un lenguaje que solo mi alma sabe descifrar , y puedo sentir una felicidad inmensa, o melancolía, o dolor… pero nunca deja de ser bello. Una vez, en la semipenumbra de una habitación se me apareció una figura (si fue un sueño no lo sé, pero lo recuerdo y lo viví como real) que yo identifiqué como un mago, y me preguntó ‘qué quieres’; le contesté ‘la belleza’, y él me ofreció una rosa de oro y plata, y desapareció. Muchas veces me pregunto por qué de oro y plata… pero, bueno, creo que amo tanto la belleza que la encuentro siempre, y la creo a mi alrededor o la encuentro en todo lo que hago: cuando corrijo textos y siento que la belleza está en la perfección del lenguaje, o cuando cocino, me encantan los colores de las verduras y las frutas, o cuando camino y siempre hay flores o árboles o cielos y nubes o noches oscuras o estrelladas La belleza está siempre. Y cuando los seres humanos la expresan es magnífico. Y tú la expresas, en este siglo cuando a mí me parecía era imposible que existiera alguien que la expresara. Hay también una película que me encanta. Me gustaría que la vieras. Se llama “El príncipe que contemplaba su alma”. Un abrazo desde el Sur.
Leer tu comentario, Magdalena, reafirma que la belleza está en quien la mira. ¡Ojalá hubiera muchas personas capaces de mirar como lo haces tú! Los árboles, los pájaros, las montañas o el mar no son más que espejos donde nos vemos reflejados, como lo son también la pintura, la poesía, la música, el teatro o el cine: simples espejos del alma. ¡Qué bonito sueño, o visión, el que tuviste esa noche! Buscaré esa película que, por lo que comentas, sé que me encantará. Un abrazo enorme y lleno de belleza