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“Me voy, ahí os quedáis…”

14 febrero, 2010

Son muchos los que, hartos ya de todo esto, se han decidido a dejarlo todo para emprender un viaje al fondo de sí mismos. Algunos han buscado su lugar en la naturaleza, como H.D. Thoreau o Christopher McCandless; otros, en pequeños pueblos alejados del mundo al que pertenecían, como Robert Graves, pero todos, absolutamente todos  los que dieron ese paso en sus vidas, lo hicieron siguiendo el impulso interior que nos lleva a encontrarnos a nosotros mismos. Algunos se despidieron de ese mundo que no entendían y al que aborrecían profundamente publicando su autobiografía bajo títulos tan sugerentes como “Good by to all that” (el “Adios a todo eso” de Robert Graves); otros, como Thoreau con su “Walden”,  escribieron la historia de su viaje interior; otros se fueron sencillamente en silencio, sin siquiera despedirse y otros dejaron un escrito del estilo del que el actor George Sanders dejó en su nota de suicidio: “Me voy, ahí os quedáis…”

Para hablar de todo esto creo que no hay mejor música que la de la banda sonora de “Hacia rutas salvajes”, la película que dirigió Sean Penn basada en el libro que cuenta la historia de Christopher McCandless. Son temas compuestos e interpretados por Eddie Vedder, el cantante de Pearl Jam que ha colaborado en otras bandas sonoras, como la de la película “Dead man walking”. Si quieres, puedes escuchar ahora uno de sus temas: “Society”, una preciosa balada cuya letra, entre otras cosas, dice “sociedad, estás realmente loca, espero que no te sientas sola sin mí… sociedad, estás loca de remate, perdóname,  no te enfades si no estoy de acuerdo contigo, espero que no te sientas sola sin mí…”

Uno de los primeros en decidirse a dar este paso fue H. D. Thoreau, intelectual norteamericano que, en 1845, se fue a vivir en soledad durante dos años en una cabaña que él mismo construyó en el lago Walden. Buscaba vivir en armonía con la naturaleza, volver a la naturaleza, a sus bosques y a sus ríos, a vivir la vida al aire libre, lejos de todo y de todos, fiel a esa llamada interior que le empujaba a buscarse a sí mismo en esos bosques y en esos ríos.  En Walden demostró que se puede vivir con lo mínimo: sólo se llevó unos clavos para construir su propia cabaña y pidió prestada un hacha. Thoreau estaba harto de una sociedad que no entendía, de un gobierno y un estado que consideraba superfluos, innecesarios y aniquiladores de la libertad del individuo (de hecho su negativa a pagar impuestos por estar en contra de la guerra provocó que le arrestaran y la posterior publicación de otro de sus escritos más famosos: “La desobediencia civil”, que fue seguido con devoción un siglo más tarde por activistas y defensores de la no violencia como Gandhi o Martin Luther King).

Adelantándose a su tiempo, Thoreau cuestionó el progreso, la contaminación ambiental y la idiocia de la sociedad que le tocó vivir. Muy influenciado por la filosofía oriental, y por el Bhagavad Gita en particular, hace ciento cincuenta años, ya decía cosas como éstas: “El hombre trabaja bajo engaño, y pronto abona la tierra con lo mejor de su persona. Por falaz destino, comunmente llamado necesidad, se ocupa de acumular tesoros que la polilla y la herrumbre echarán a perder y los ladrones saquearán. Que una vida así es de necios lo comprenderá llegado a su final, si no antes… No es sino lo que piensa el hombre de sí mismo lo que fragua su destino… Eso de dedicar la mejor parte de la vida a ganar dinero con objeto de disfrutar de una libertad cuestionable durante la peor parte de aquella me recuerda a aquel inglés que se fue a la India a hacer fortuna para luego poder regresar a Inglaterra y vivir una vida de poeta. Debería haber subido a la buhardilla en primer lugar… Como había cosas que me gustaban más que otras, en especial  mi libertad, y dado que era capaz de vivir ardua y frugalmente, aunque con desahogo, no quise malgastar mi tiempo en procurarme ricas alfombras, ni una cocina delicada, ni una casa de estilo griego o gótico… El hombre es rico según el número de cosas de que puede prescindir… La mayoría de los lujos y muchas de las llamadas comodidades de la vida no sólo no son indispensables, sino que son un obstáculo cierto para la elevación de la humanidad… Quien se come una fruta debería, como mínimo, plantar la semilla; y, si es posible, una semilla mejor que la de la fruta que ha saboreado… No es hasta que nos hemos perdido; en otras palabras, hasta que hemos perdido el mundo de vista, que empezamos a encontrarnos a nosotros mismos, a darnos cuenta de dónde estamos… A medida que uno simplifique su vida, las leyes del universo se le revelarán menos complejas; la soledad dejará de ser soledad; la pobreza, pobreza; la debilidad, debilidad. Si has construido castillos en el aire, tu esfuerzo no tiene por qué caer en saco roto. Ese es su sitio, ahora ponles los cimientos… Si un hombre se pasa la mitad del día caminando por los bosques porque los ama, corre el peligro de ser considerado un gandul, pero si se pasa el día entero allí como un especulador, talando árboles, será considerado un ciudadano industrioso y emprendedor… Tengo mucho que aprender del indio; nada del misionero… Una ley jamás hará libre a un hombre; son los hombres quienes tienen que hacer libres a las leyes… ¿No es posible que un individuo pueda tener razón y un gobierno estar equivocado? ¿Deben respetarse las leyes simplemente porque fueron dictadas? ¿O dadas por buenas por todos los ciudadanos si no lo son…? Creo en el bosque, en la pradera y en la noche en la que crece el maíz…. Existen dos tipos de simplicidad: una relacionada con la imbecilidad, la otra con la sabiduría… No busquéis con tanta ansiedad vuestro progreso, ni os sometáis a las múltiples influencias que se ejercen sobre vosotros; todo eso produce disipación. La humildad, como la oscuridad, permite ver las luces del firmamento…”

Las palabras con las que Henry Miller prologó Walden nada menos que en una edición de 1946 son impresionantes y, desde luego, desgraciadamente premonitorias: ” El estado se ha convertido en una especie de Frankenstein. Nunca, como hoy, nos hizo menos falta el estado, así como nunca nos han tiranizado tanto. En todas partes el ciudadano tiene un código moral muy superior al del gobierno al que debe fidelidad. La falsa idea de que el estado existe para protegernos se ha desintegrado miles de veces. Sin embargo, mientras el hombre carezca de seguridad y confianza en sí mismo, el estado prosperará; él puede existir gracias al miedo y a la incertidumbre de cada uno de sus  miembros… Basta que un hombre crea en sí mismo y encontrará el camino de la existencia, a pesar de las barreras y las tradiciones que lo aprisionan… Thoreau vivió, mientras nosotros, se puede decir, que sólo existimos…Thoreau encontró Walden, pero Walden está en cada lugar donde hay un hombre…”

Todos sabemos que llevamos un Walden dentro. En un momento u otro de nuestras vidas sentimos su llamada. Walden es un espacio físico, pero también es mucho más: es la necesidad que tenemos de adentrarnos en el camino que nos ayuda a encontrarnos a nosotros mismos, a saber quiénes y cómo somos; el camino que nos lleva a conocernos y a aceptarnos tal y como somos. Walden también es una utopía, esa utopía necesaria que nos empuja a levantarnos cada mañana para seguir adelante. Walden está vivo, intensamente vivo en nuestro aquí y en nuestro ahora. A veces basta la suave caricia del aire en la cara, el vuelo de un pájaro, el susurro del agua en el arroyo o el del viento entre los árboles para recordarnos que Walden está vivo… porque nosotros estamos vivos.

¿Qué pensaría Thoreau de un mundo como el que hemos construido o, simplemente, permitido que construyan?, ¿Qué diría del modelo de vida de nuestras ciudades?, ¿Y del nuestro, del de cada uno de nosotros?, ¿Cómo reaccionaría al ver que, conscientemente, estamos destruyendo todos los Waldens del mundo en una alocada carrera hacia el seguro suicidio de la humanidad y el asesinato del planeta?, ¿Cómo reaccionaría ante el cada día más absoluto y férreo control de nuestras vidas por el estado en ese cotidiano renunciar a nuestra dignidad y a nuestra libertad a cambio de falsas promesas de seguridad?, ¿Cómo nos vería él, que luchó hasta la extenuación contra la esclavitud, al ver que voluntariamente nos esclavizamos por tener una casa más grande o un coche más moderno…?

Si queréis podemos escuchar ahora otra canción de la misma banda sonora. Su título es “Guaranteed”, y, entre otras cosas, dice “… con el viento en mi cabeza me siento parte de todo, bajo mis rodillas hay un camino que desaparece, por las noches escucho el canto de los árboles, cantan con los muertos, sobre todos nosotros…”

“Into the wild”, la película de Sean Penn sobre la vida de Chris McCandless nos muestra que no es fácil seguir el camino que inició Thoreau y que,abotargados y aburguesados como estamos por nuestra sociedad y nuestro modelo de vida, cada vez estamos más alejados de la naturaleza y menos adaptados para regresar a ella. Son muchas las películas que han tratado el tema del volver a la naturaleza. Una de mis favoritas es “Dersu Uzala”, de Akira Kurosawa. Ganadora del Oscar a la mejor película extranjera de 1975, esta auténtica joya del cine nos cuenta la historia real de la inolvidable amistad entre Vladimir Arseniev, un joven explorador capitán del ejército ruso,  y Dersu Uzala, un cazador mongol que, tras perder a toda su familia por culpa de la viruela, vive solo en la taiga siberiana.

Profundamente integrado en la vida salvaje, Dersu Uzala enseña al capitán los secretos del bosque y de sus “gentes”, pues para Dersu los animales, los árboles, los ríos, el sol. la luna, el fuego y el viento también son “gente”, gente con la que habla y a quien respeta, gente con la que vive en una armonía total con la naturaleza. La ingenuidad, la limpieza de mirada y de espíritu de Dersu, hacen que el capitán sienta una profunda admiración por el viejo cazador. Entre ambos surge una amistad que, más allá del espacio y del tiempo, les unirá durante toda la vida. A lo largo de los diferentes viajes que el capitán Arseniev va realizando a esa región de la taiga vemos cómo esa amistad permanece inalterable, al tiempo que vemos que las facultades físicas de Dersu empiezan a flaquear. La vista, imprescindible para un cazador y más si ha de vivir en esas condiciones tan extremas, le empieza a fallar y no tiene más remedio que aceptar la invitación del capitán a que deje la vida en los bosques y se vaya a vivir con él a la ciudad. Una vez allí Dersu no puede entender el sinsentido de la vida en la ciudad y, a pesar de ser consciente de su pérdida de visión, decide regresar a su vida en el bosque. Pocas veces la amistad y el amor a la naturaleza se han tratado con tanta sensibilidad como en esta película. Os dejo con un par de secuencias para que os animéis a verla los que todavía no la hayáis visto, o a deleitaros volviendo a verla los que ya la visteis en su día…

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Akira Kurosawa, arte, Christopher Mccandless, cine, Dersu Uzala, Desobediencia civil, Eddie Vedder, Henry Thoreau, literatura, Naturaleza, Panteísmo, Sean Penn, Walden
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20 comentarios para ““Me voy, ahí os quedáis…””

  1. Veryinspired dice:
    14 febrero, 2010 a las 18:38

    Me ha encantado que hablaras de Thoreau, cuyos libros me he pasado tanto tiempo buscando, especialmente el de la Desobediencia Civil. El verdadero rico es que descubre su tesoro interior y es capaz de aceptar y amar y respetar el entorno que nos rodea, absolutamente fantástico y precioso. Menos es más. Qué curioso que unos escritos de hace tanto tiempo tenga tanta vigencia…

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    • Carlos Olalla dice:
      21 febrero, 2010 a las 00:12

      Cuánta razón tienes resaltado lo actuales que están los escritos de Thoreau. Por desgracia vamos de mal en peor y no aprendemos.

      Responder
  2. Jaume Felip dice:
    14 febrero, 2010 a las 19:33

    Hola Carlos me ha encantado sobretodo lo que dice Thoreau que en especial creía en su libertad, la libertad es muy bonita pero es muy triste que aún esté lleno de gente que se metán en tu vida privada para que renúncies a ser lo que has soñado en mi caso desde los 7 años , y las personas que se meten hacen mala imagen para el país , que tiene el mundo de la enseñanza en contra del mundo del espectaculo? . La película Into the wild de Sean Penn tiene muy buena pinta , este actor es un crack como actor y director me encanta. Muchas gracias me ha encantado el tema. Un abrazo.

    Responder
    • Carlos Olalla dice:
      21 febrero, 2010 a las 00:14

      Hola Jaume!
      Gracis, como siempre, por tu apoyo incondicional a La placenta. Me alegra ver que te ha gustado el pensamiento de Thoreau y que lo aplicas a tu propia vida. NO te pierdas Into the wild. Sé que te gustará. Un abrazote enorme

      Responder
  3. Jesús dice:
    15 febrero, 2010 a las 20:31

    Hola Carlos, me ha parecido muy interesante esta entrada, buscando la libertad individual en la naturaleza. Thoreau visitó la “Brook Farm Community”, cuya idea de “combinar al pensador y al trabajador y ofecer educación y el beneficio de la mano de obra para todos”, tantó le influyó a él como a Hawthorne en su necesidad de desligarse de lo mundano.

    Quería destacar también que en esta entrada he disfrutado enormemente con la música que propones, al igual que en otras (gracias por descubrirme maravillas de Bruce Springsteen que no conocía).

    Un abrazo

    Responder
    • Carlos Olalla dice:
      21 febrero, 2010 a las 00:24

      Hola Jesús!
      Muchísimas gracias por tus cariñosos y eruditos comentarios de apoyo a La placenta. Thoreau, junto a Emerson, fue el adalid de los trascendentalistas norteamericanos. Ojalá les hubieran hecho más caso. Si hubieran visto el papel que ha hecho su país en la cumbre de Copenhague se habrían llevado las manos a la cabeza. Me alegro de que te hayan gustado las canciones de Eddie Vedder y las de Bruce que he propuesto en entradas anteriores. Bruce ha puesto la banda sonora a mi vida (le sigo desde 1975 y procuro no perderme ni uno solo de sus conciertos en Barcelona, con quien tiene una relación muy especial). Tuve la suerte de verle solo y en acústico en 1996 en el teatro Tívoli en una serie de conciertos de pequeño formato que dio para presentar su disco “The ghost of Tom Joad”. Te aseguro que jamás olvidaré aquel concierto. En próximas entradas subiré algunas de sus baladas menos conocidas que te llegan a lo más hondo.
      Un abrazo thoreauniano y, por supuesto, springstiniano!

      Responder
  4. Sacudelanza dice:
    15 febrero, 2010 a las 21:15

    Una vez más enhorabuena.
    Me gusta mucho tu blog, ya que principalmente coincido y comparto la mayoría de tus opiniones expuestas.
    Gracias por este artículo, ya que no conocía al tal Thoureau y su obra. Va a ser un placer leerlo. Tampoco he visto “Into the wild”, aunque ya me la habían recomendado muy apasionadamente. Pero “Dersu Uzala” es una de mis películas favoritas; de esas películas que te gusta ver de tanto en tanto y saludas a los personajes, a los que sientes como amigos y que conoces mejor que a ciertas personas de carne y hueso.

    Un saludo

    Responder
    • Carlos Olalla dice:
      21 febrero, 2010 a las 00:27

      Qué bonito lo que dices de que vuelves a ver Derzu y consideras a sus personajes como tus amigos a los que quieres saludar y que conoces tan bien. Mañana subiré una entrada sobre otra de mis películas favoritas (Siddhartha, de C.Rooks). Sé que también te gustará. Muchísimas gracias por el cariño de tus comentarios. Un abrazo enorme

      Responder
  5. Paco López dice:
    16 febrero, 2010 a las 13:28

    Hola Carlos, resulta un verdadero placer leerte y descubir autores de los que no conocía su obra completa, aunque sí alguna de sus frases célebres como en el caso de Thoreau. Sabes al leer los breves datos biográficos que apuntas, me doy cuenta de que compartirmos vivencias comunes. Yo tambén era el abuelo o el padre de mis compañeros de clase de arte dramático en Madrid. Dejar el mundo de la empresa multinacional, la nomina fija a final de mes y la oficina con 41 años por las clases de arte dramático y el paro y salir de un ensayo a las 04:00 de la madrugada y sentirme Pleno, con una Satisfación Interior a la que no puedo poner palabras… Tu sabes bien de lo que hablo.

    Quiero darte la Gracias por todo ese tiempo que nos dedicas con tus artículos y el placer de su lectura con el que nos regalas.

    Un Abrazo Compañero.

    Responder
    • Carlos Olalla dice:
      21 febrero, 2010 a las 00:33

      Hola Paco!
      Me encanta lo que comentas sobre tu experiencia de cambiar la falsa promesa de seguridad de una multinacional por la realidad de esta profesión “multiemocional” que hemos elegido. Sé perfectamente de lo que hablas cuando nos cuentas la maravillosa sensación de felicidad que sientes al salir del ensayo. Te aseguro que es un verdadero placer escribir las entradas de La placenta, porque para mí son un espacio de libertad en el que puedo compartir con todos vosotros todo lo que siento y lo que me emociona. A veces me gustaría poder dedicarle algo más de tiempo, pero ya sabes lo que es esta profesión: o estás parado o no paras, y últimamente (toco madera), eso es lo que me está pasando con varios proyectos de tele. Gracias por esas palabras tan cariñosas. Un gran abrazo

      Responder
  6. gabriela dice:
    16 febrero, 2010 a las 21:09

    Simplemente decirte que gracias por este gran regalo de cumpleaños. Hoy mis palabras sobran.

    ” Me voy, ahí os quedáis”

    Un fuerte abrazo.

    Responder
    • Carlos Olalla dice:
      21 febrero, 2010 a las 00:39

      Gabi, Gabi, Gabi, muchísimas felicidades por ese cumple!!!!
      Un abrazote enorme y, como dicen los tibetanos cuando le desean a alguien lo mejor de lo mejor en todos los sentidos, te deseo todos los TASHI DELEKS para este nuevo año.

      Responder
  7. Rodrigo dice:
    11 marzo, 2010 a las 16:13

    Hola Carlos, déjame decirte que llegué por casualidad a éste blog (como se llega a casi todos en realidad…) y no pude menos que quedarme pasmado con tu entrada sobre Thoreau, y no porque las ideas que expresa sean nuevas para mi, ya que he leido varias veces sus escritos, si no porque plasmas en tus comentarios y en lo que cuentas sobre tu vida, una real búsqueda de la vida por sobre la simple existencia, como tú bien lo dices.

    Hace poco más de tres años que descubrí a Thoreau, y lo hice por medio del libro “Hacia Rutas Salvajes” escrito por John Krakauer -el cual inspiró la película por cierto- y quien en una parte lo cita de una forma muy acertada. Esta cita me llevó a querer estudiar más de los escritos de Thoreau, pasando por “Desobediencia Civil”, “Walden”, “Colores de Otoño” y “Pequeña Antología”, los cuales me abrieron los ojos a una nueva forma de ver la trascendencia. Más tarde, quise profundizar más en el tema de “saber como vivir” y perseguí a autores como Walt Whitman (poesía) y Ralph Waldo Emerson (éste último fué mentor de Thoreau), sin embargo todos me llevaron siempre a lo mismo y que puedo resumir en las mismas palabras de Thoreau:

    “Si tuviera que vender mis mañanas y mis tardes a la sociedad, como hace la mayoría, estoy seguro de que no me quedaría nada por lo que vivir”.

    Estoy seguro que la vida que tenemos es un regalo que debemos atesorar del modo que nuestra alma estime más provechoso.

    Me parece genial tu blog, y ha sido un verdadero placer encontrarlo.

    saludos y hasta la próxima

    Responder
    • Carlos Olalla dice:
      13 marzo, 2010 a las 11:52

      ¡Bienvenido a La placenta, Rodrigo! No sabes lo que me alegra recibir mensajes como el tuyo de personas a las que no conoces personalmente pero que encuentras en el camino y te invitan a compartir sus experiencias. Realmente el mundo de la interpretación fue mi Alaska, o mi Walden. Te puedo asegurar que ha sido la mejor decisión que he tomado en mi vida: ¡atreverme a vivirla!
      Muchísimas gracias por el cariño que muestras hacia La placenta. Espero no defraudarte con próximas entradas…
      Un gran abrazo

      Responder
  8. Xavier V. Inglada dice:
    7 febrero, 2011 a las 22:18

    Hola carlos, acabo de descubrir esté post, muy interesante, yo también he publicado algo sobre el Walden, en mi caso una novel·la en catalan ‘L’últim Walden’ y buscando información para preparar una charla para jovenes me he encontrado esta perla de blog, muchas felicidades, no sabia que Akira Kurosawa hubiera hecho una peli sobre el tema, la buscaré, gràcias.

    Responder
    • Carlos Olalla dice:
      12 febrero, 2011 a las 23:27

      Hola Xavier!
      Muchísimas gracias por tus cariñosas palabras de apoyo a La placenta del Universo y, desde luego, ¡Bienvenido! Me alegra saber que has escrito una novela sobre Walden porque el concepto Walden es hoy, quizá, más necesario y actual que nunca. La película de Kurosawa está basada en la novela Dersu Uzala de Vladimir Arseniev. NO te la pierdas, sé que te llegará muy dentro. Es uno de los cantos a la amistad y a la naturaleza más bellos que he visto jamás. Un gran abrazo

      Responder
  9. Javier Das dice:
    18 julio, 2011 a las 11:34

    Hola, Carlos.

    Hace unos 2 años el libro y la película sobre Christopher Mccandless llegó, literalmente, a obsesionarme. De rebote estuve leyendo a Jack London y toda la literatura de viajes que caía en mis manos. Ahora ando con Walden y es, sencillamente, genial. Lo voy subrayando y creo que no hay página en la que no haya marcado algo. Hay mucho que aprender de él y ojalá más gente se diera cuenta, simplemente, de que existen otras opciones en la vida.
    Me ha gustado tu historia de cómo pasaste de dirigir empresas a actor. Me alegra saber que diste el paso, sinceramente, ya que en la sociedad que vivimos parece que no se pueda cambiar de vida.
    Te dejo una recomendación: la película “los lobos no lloran” y el libro del que sale “los lobos también lloran”. Han cambiado lo más fudamental del título, pero bueno. El libro es complicado de conseguir, llevo detrás de él casi un año y parece imposible, pero logré leerlo gracias a una biblioteca. Es de Farley Mowat.
    Ah, y también la historia del Biciclown, un ejecutivo que pasó de las oficinas a la bici y la nariz de payaso.
    Y si puedes, también, busca el capítulo de “el hombre y la tierra” en el que Félix se va a vivir un tiempo con un trampero. Tremendo. A veces uno siente envidia de no poder tener menos cosas y seguramente ser más feliz.

    Lo dicho, un placer saludarte. Te invito a pasar por mi blog, por si te gustase.
    Un abrazo.
    Javier Das.

    Responder
    • Carlos Olalla dice:
      22 julio, 2011 a las 12:13

      Muchísimas gracias por tus cariñosas palabras de apoyo a La placenta, Javier. Comparto todas tus impresiones sobre Thoreau, LOndon o Mccandless. En cuanto pueda veré “Los lobos no lloran” y trataré de encontrar “Los lobos también lloran”, no lo dudes.
      Me encanta la historia del ejecutivo que lo dejó todo para convertirse en clown. ¡Es sencillamente genial!
      Enhorabuena por tu blog, pasaré largas y agradables horas en él, no lo dudes.
      Un gran abrazo

      Responder
  10. Txema dice:
    27 febrero, 2012 a las 12:02

    No estoy de acuerdo con lo que dices de Thoreau. Es una visión demasiado trivial para algo tan inconmensurable. De cualquier forma, me alegra que se le preste tanta atención.

    Responder
    • Carlos Olalla dice:
      27 febrero, 2012 a las 17:23

      Lamento, Txema, no haber estado a la altura de lo que tú consideras justo sobre Thoreau, para mí uno de los personajes más admirables e imprescindibles de la historia de la humanidad, por su libertaria manera de pensar y, sobre todo, por la coherencia de su modo de vivir. De cualquier forma, me alegra saber que hay gente que también le admira y respeta tanto como lo hago yo. En cualquier caso, y desde la más radical de las discrepancias sobre la calificación de trivial que das al contenido de mis palabras sobre él,¡Bienvenido a La placenta! Un gran abrazo

      Responder

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Carlos Olalla

Por circunstancias de la vida me pasé más de veinticinco años dirigiendo empresas en la que, sin lugar a dudas, fue la etapa más aburrida y frustrante de mi vida. La verdad es que nunca me gustaron esos trabajos y lo pasé fatal. Cuando cumplí los 45 me encontré con que una reestructuración empresarial me ponía de patitas en la calle y sin un duro. Por si fuera poco, nadie me quería dar trabajo porque decían que ya era demasiado “viejo”. A mí siempre me había gustado el mundo del cine y, como estaba en el paro y tenía tiempo, empecé a estudiar interpretación. Me pasé tres años siendo el “abuelo” de todos mis jóvenes compañeros en una conocida escuela de teatro de Barcelona. Durante aquel tiempo recibí alguna propuesta de trabajo para reincorporarme al mundo de la empresa, pero no quise aceptarlas: el nuevo mundo que había descubierto me había atrapado por completo, así que decidí cambiar una maravilla de sueldo y una mierda de trabajo por una maravilla de trabajo y una mierda de sueldo. Puedo deciros que ha sido la mejor decisión que he tomado en mi vida: por primera vez soy libre, la palabra jefe ya no significa nada para mí, hago lo que verdaderamente me gusta y, lo mejor, trabajo con gente sensible y abierta que piensa y siente como yo. ¿Qué más se puede pedir?

www.carlosolalla.com

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