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“Libertad”

13 noviembre, 2011

¿Somos realmente libres?, ¿Qué entendemos por libertad?, ¿Qué es la libertad? Eso de poder hacer lo que quieras mientras no molestes a otro suena muy bien, pero ¿somos realmente libres para poder hacer lo que queremos? ¿Hasta qué punto el no querer defraudar, hacer daño o simplemente querer epatar a los demás condiciona nuestras decisiones? ¿Hasta qué punto la genética, la educación recibida, la religión, el entorno familiar, el social, el cultural, el político, el económico o el laboral condicionan nuestra libertad? ¿Somos realmente libres en un mundo en el que a diario nos bombardean con mensajes, amenazas y consignas que pretenden impedirnos pensar y con ello condicionar nuestras decisiones? ¿Es libre nuestro pensamiento, un pensamiento estructurado y desarrollado desde nuestra infancia conforme a unas reglas establecidas que no hemos elegido nosotros? ¿Es la libertad un concepto individual o social? ¿Podemos ser libres viviendo en una sociedad que no lo es, o es la sociedad la que debe ser libre para que podamos vivir felizmente en ella? ¿Podemos ser libres mientras los que nos rodean no lo son? ¿Qué es libertad de expresión en un mundo dominado por unos medios de comunicación concentrados en pocas manos a los que la inmensa mayoría no tenemos acceso para expresar lo que sentimos? ¿Qué clase de libertad es aquella que nos dicen que tenemos en un sistema donde todo está absolutamente controlado, legislado y decidido de antemano por otros? ¿De verdad creemos que somos libres en un mundo regido por bancos y grandes corporaciones multinacionales donde los políticos no son más que tristes títeres a los que nos dejan elegir (y a duras penas) una vez cada cuatro años para que pongan la cara y puedan esconderse tras ellos los que de verdad mueven los hilos que condicionan nuestras vidas? ¿Pueden coexistir libertad y propiedad privada, libertad y Estado? ¿Somos más libres ahora que en cualquier momento pasado de nuestra historia? ¿Cómo ha afectado a nuestra libertad el 11S?

Si quieres, Paradise de Bruce Springsteen puede ser una buena opción para acompañarnos en esta entrada

Estas, y otras muchas, son las preguntas que me he hecho leyendo el libro “Libertad”, de Jonathan Franzen, cuya traducción acaba de aparecer en España. Franzen compagina su labor de escritor con su compromiso con la defensa del medio ambiente y el cuidado de las aves en peligro de extinción. Considera que la relación entre el autor, el texto y el lector debe ser erótica, porque si uno no ama lo que escribe es mejor no escribir. Declara que han sido las escritoras las que le han enseñado a escribir, a meterse a fondo en los temas y las pasiones, a llevar a sus personajes corrientes a situaciones límite. También aborrece la televisión: “Vivimos en una época que margina de modo fulminante a quien se niega a participar en los rituales de la cultura de masas. Si en lugar de pasarse ocho horas pegado al televisor decide uno invertirlas en leer a Joseph Conrad, se tiene la sensación de que nos hemos quedado peligrosamente aislados. La posibilidad de sentirse aislado, verdaderamente abandonado por el resto del mundo, es hoy día mayor que nunca. Las cosas funcionan de tal modo que lo llevan a uno a sentirse así. Pero hay que saber estar solo. Una de las razones por las que muchas veces apago la televisión y cojo un libro es porque la televisión me hace sentirme solo y alienado, mientras que si leo un buen libro me siento acompañado. Me acerca a otra gente que ve y siente el mundo de manera parecida a mí. El hecho de que hoy día la lectura esté amenazada por la cultura de masas hace que me plantee si verdaderamente llevamos una vida que podamos considerar nuestra. Se trata de ser individuos con identidad propia, con una historia que es la nuestra y no una historia producida desde fuera. Ésa es una de las funciones primordiales de la literatura: nos permite no ser masa, sino individuos realizados, en posesión de una historia verdadera, auténtica, decidida por nosotros mismos… Somos las historias que somos capaces de contar y de encarnar” Franzen está considerado como uno de los novelistas más importantes de la narrativa norteamericana actual. No les falta razón a quienes así le consideran.

“Libertad” nos cuenta, a través de la vida de una familia de clase media americana, los Berglund, los cambios que ha vivido la sociedad norteamericana en las dos últimas décadas. A través de Walter, el padre de familia, vemos cómo los ideales de juventud, aquellos ideales utópicos de justicia social y defensa de la ecología que impulsaban su forma de pensar, se van marchitando con el paso del tiempo y de la vida. Poco a poco aquellos valores se van diluyendo en esta sociedad donde todo vale. El engaño, el autoengaño es la defensa tras la que se escuda para no enfrentarse a sí mismo. Y ese deterioro de valores, de convicciones, de ideales, le aparta cada día más de la felicidad. Patty, su esposa, es una mujer marcada por su infancia que vive su juventud centrada en la práctica del deporte hasta que una lesión la aparta definitivamente de él y debe buscar de nuevo su lugar en el mundo, una búsqueda que la acompañará durante toda su vida, una vida en la que deberá aprender que no es lo mismo querer que amar, y que sexo, amor, pasión y cariño no son necesariamente sinónimos. Jessica, la hija, intenta sobrevivir como puede aferrándose a los ideales que perdieron sus padres. Huye de los conflictos, aunque su intento por evitarlos resulte inútil. Joey, el hijo, es el más independiente de la familia. Desde muy niño ha mantenido un duro pulso con sus padres, un pulso que le lleva a abandonar el hogar familiar desde muy joven. Parece empeñado en querer encontrar su lugar en el mundo negando el de sus padres. Y, sobrevolando a todos ellos, nos encontramos con la figura de Richard Katz, el íntimo amigo de Walter, el frustrado amor de Patty, un músico bohemio y mujeriego que, harto y desilusionado del mundo que le rodea, intenta vivir el presente sin que nada más le importe. Todos ven en él a un hombre libre aunque, en realidad, él sabe perfectamente que, a pesar de  vivir contra corriente, en el fondo no lo es. Novela poliédrica, muy en la línea de la gran literatura rusa a la que Franzen tanto admira, nos muestra el deterioro de la sociedad norteamericana a través de la mirada de cada uno de estos cinco personajes. En las páginas del libro nos metemos en la piel de todos ellos, los sentimos, los vivimos, sabemos cómo piensan y cómo sienten, lo que dicen y lo que callan…

El matrimonio Berglund es un matrimonio como otro cualquiera. Pasado el tiempo de la pasión, debe enfrentarse a las dificultades de la vida en común, a la rutina de la vida cotidiana, a los problemas de ese día a día que, tozudos, van haciendo mella en su personalidad y en su relación. Son muchas las cosas que aparecen a lo largo de la novela: los abrazos no dados, los sueños rotos, la incomprensión del otro, el inevitable desengaño que sucede a la idealización que hacemos del otro, la falta de comunicación, las diferentes evoluciones de uno y otro a lo largo del tiempo, la infidelidad, el distanciamiento, la relación con la familia política y con los amigos, la búsqueda de la felicidad, la nostalgia de las vidas no vividas, el alejamiento de los hijos, los enfrentamientos con ellos y con su forma de ver y de querer vivir la vida, el peso de las decisiones, a veces aparentemente intrascendentes, que tomamos cada día, qué pasa con la muerte, con el hecho de envejecer, qué pasa con esa terrible sensación de fracaso que tenemos…

¿Debemos renunciar a nuestros sueños, a nuestros más profundos anhelos, porque nuestros hijos o nuestra pareja nos lo exijan? ¿Esa exigencia, es amor o egoísmo? ¿Qué saben ellos de nosotros, de lo que verdaderamente pensamos y sentimos? ¿Qué sabemos nosotros de ellos? ¿Qué queda de la pareja cuando los hijos se van? ¿Debemos renunciar a un nuevo amor, a un volver a empezar, a una nueva posibilidad de vivir nuestra vida de otra manera, cuando sentimos que nuestro amor se ha acabado y que el proyecto que queríamos construir carece ya de sentido? ¿Debemos luchar por él? ¿Hasta cuándo? ¿Qué es amar? ¿Dar es renunciar? ¿De verdad sabemos amar?

En un mundo cambiante, un mundo radical y cruelmente cambiado por los atentados del 11S y las guerras que propiciaron, un mundo donde valores como solidaridad, generosidad, altruismo o dignidad han ido cediendo irremisiblemente el paso a conceptos como egoísmo, seguridad, aislamiento o violencia, ¿cómo sobrevivir sin renunciar a ser uno mismo? ¿adaptarse a él no es negarnos a nosotros mismos? ¿y hacerlo condicionalmente, tratando de justificarnos ante nuestra conciencia, es suficiente o no es más que un bálsamo para nuestro dolor? ¿Qué queda de nuestros ideales de juventud, aquellos por los que estábamos dispuestos a luchar y a dar la vida? ¿Podemos de verdad ser felices habiéndolos cambiado por una hipoteca?

La relación de pareja no es fácil, nunca lo ha sido. Como dice Bruce Springsteen, la relación entre hombre y mujer, amor y sexo, es difícil, es complicada, pero.. necesaria.  Y, ¿cómo crearla y mantenerla en una sociedad orientada a la lucha fraticida del todo vale, a las prisas y la constante falta de tiempo,  a la descarnizada competición por llegar a lo más alto? Mientras sigamos inmersos en esa lucha difícilmente lo podremos conseguir. Y, hasta que llegue el día en que la superemos, se avecinan fríos días de tormenta: ¿qué trabajo es más importante de los de cada miembro de la pareja? ¿El de él? ¿El de ella? En caso de tener que elegir, ¿a cuál de los dos renunciaríamos? ¿Es ético dar prioridad al trabajo de él sobre el de ella, o al de ella sobre el de él? Walter y Patty optan por dar prioridad desde el principio al de uno de los dos y eso marcará las vidas de ambos para siempre.  Y si eso pasa con el trabajo, ¿qué ocurre con aquellas actividades que queremos llevar a cabo para defender nuestros ideales, para intentar hacer de este mundo un mundo mejor? ¿Es justo dedicar nuestro tiempo y nuestra energía a mejorar el mundo robándoselo a nuestra familia? Y, a la inversa, ¿es justo que, pudiendo hacer algo por mejorar este mundo, renunciemos a hacerlo para dedicar nuestra atención a la familia? En una sociedad cambiante, una sociedad en la que todo fluye y lo hace tan rápidamente, esas actividades sociales o solidarias son más necesarias que nunca y no tienen un horario ni un calendario fijo. Sería más fácil decir “dedico tantas horas a la semana a ellas y el resto a la familia”, pero la realidad no es así, ni puede serlo. Y la soledad, la necesidad de estar solos en determinados momentos de nuestras vidas, ¿es un derecho que, acaso, hemos perdido?

Duele, y mucho, oír a un hijo o a tu pareja decirte que no le has dedicado la atención que necesitaba, el tiempo que quería, que no te ha sentido a su lado en sus momentos más difíciles, que tú no estabas allí. Y eso es algo que tanto Walter como Patty tienen que oir más de una vez. Pero también duele, y mucho, mirarte en un espejo y ser consciente de que no has vivido la vida que tú querías, que las responsabilidades, reales o innecesarias, han acabado con todos tus sueños, o que podías haber hecho algo por los demás, por mejorar sus vidas, por solucionar sus problemas, y que no lo has hecho. ¿Ser padre o tener una pareja implica necesariamente renunciar a ser uno mismo? Cuando la elección es ver un partido de fútbol con los amigos o hacer los deberes con tu hijo, no es difícil ver dónde está el amor y dónde el egoísmo, pero cuando se trata de ayudar, aunque sea indirectamente, a víctimas inocentes que están sufriendo y cuyo sufrimiento puedes aliviar, o ir al cine con el hijo, surge el problema. Para ti está claro que debes ayudar a quien más te necesita en ese momento, pero para él, muchas veces, no, porque tiene una visión diferente a la tuya, porque no vive lo que tú vives, porque no sueña lo que tú sueñas, ni piensa lo que tú piensas. Y con la pareja, muchas veces, ocurre exactamente lo mismo, porque no nos conocemos, aunque hayamos convivido durante años, porque no sabemos lo importante que para el otro puede ser una cosa que para nosotros no lo es. ¡Y es tan difícil ponernos de verdad en el lugar del otro y respetar sus decisiones! Casi tanto como aprender que la culpa de nuestros problemas no la tienen siempre los demás y que somos los únicos responsables de nuestras decisiones. Es muy fácil culpar de todo a los demás. Lo verdaderamente difícil es aceptar las consecuencias de nuestras decisiones, responsabilizarnos de ellas y ser consecuentes con nuestros actos.

“Libertad” es también una invitación a la reflexión sobre el paso de la vida, sobre lo que hacemos con ella. De hecho su propia estructura con un constante crescendo recuerda mucho a la de la vida, un crescendo que siempre deja abierta la puerta a la esperanza. Las últimas páginas del libro están llenas de sensibilidad y de sabiduría. Conforme avanza la vida llega un momento en el que por primera vez tienes una sensación que ya no te abandonará nunca: sabes que es algo que se puede acabar en cualquier momento. A partir de entonces empiezas a mirar atrás y a preguntarte qué has hecho con ella. Y lo haces siendo plenamente consciente de que cada cumpleaños que llega no significa que tienes un año más, sino que te queda un año menos. No te entran urgencias, ni angustias vitales, porque aunque el tiempo pasa cada vez más rápido, tu proceso mental es lento, muy lento. Pero sí tienes la sensación de que cuando llegue el momento de la verdad y mires atrás, habrás dejado muchas, demasiadas, cosas por hacer. Tus prioridades cambian. Ya no pretendes cambiar el mundo. Te contentas con intentar que él no te cambie a ti. Sigues sintiendo con la misma fuerza y la misma pasión con la que sentías a los quince. A veces te sientes incluso como cuando los tenías. Pero la vida está llena de espejos que te devuelven a la realidad. Walter y Patty los conocen todos. Peor sería, sin duda, haber perdido la capacidad de apasionarte, de emocionarte, de entusiasmarte por las personas y las cosas. Eso sería haber muerto en vida. Duele mucho ver ahí, juntos, todos los trenes que has perdido en tu vida. Muchos prometían viajes y destinos apasionantes, otros no llevaban a ninguna parte, pero cuando los ves no puedes dejar de pensar en porqué no los cogiste. Puede que, al final, haya sido la vida la que ha elegido por nosotros, o que todas esas pequeñas y grandes decisiones que tomábamos, a veces casi sin darnos cuenta, sean las que nos han llevado a estar donde estamos y a ser como somos. De nada sirve culpabilizarse o arrepentirse. La vida es como un viaje. Hay quienes llegan a la estación y compran el billete para el primer tren que salga, sin importar adónde va; hay quienes se cuelan sin billete en el tren y saltan de uno a otro hasta llegar a su destino; hay quienes llegan con el tiempo justo para coger el tren que quieren, hay quienes se bajan en la primera parada, o quienes duermen durante todo el viaje,  y hay quienes se pasan años planificando y estudiando ese viaje, qué paradas hará, dónde comerán, qué comerán, que visitarán, qué imprevistos podrían encontrar…  En cualquier caso, lo importante no es el tren que hemos cogido, ni porqué lo hemos cogido, ni cómo lo hemos cogido, lo verdaderamente importante es lo que somos capaces de vivir en él. Hay que aprender a disfrutar el momento, a disfrutar de nuestro viaje cada instante que vivimos, y hacerlo aceptándonos como somos, con nuestros defectos e imperfecciones. Aceptarse no es claudicar ni rendirse, sino concentrarnos en jugar las pocas cartas que nos quedan en la partida de la vida y jugarlas lo mejor posible. Es una partida que todos perdemos, porque en ella nadie puede ganar, así son las reglas. Pero es una partida apasionante en la que, si tenemos la audacia de jugar libremente y sin miedo, de jugar abiertamente, podemos obtener tantas satisfacciones como vidas nos hayamos atrevido a vivir. No se trata de ganar la partida, ni siquiera de alargarla. Se trata de disfrutarla intensamente y de hacérsela disfrutar a los demás mientras dure. El resultado de la partida es algo que dependerá de las cartas que nos han tocado, desde luego, pero también de cómo las hayamos jugado. ¿No es exactamente eso mismo lo que pasa con la libertad?

Franzen sabe muy bien de lo que habla en sus libros. Abandonó la universidad para dedicarse a la literatura. Sus dos primeros libros fueron un auténtico fracaso. Pero él siguió escribiendo, jugando su partida. Estuvo a punto de rendirse, pero no lo hizo y decidió jugar sus cartas:  “El amor me motiva más que nada en este mundo. Pasé gran parte de mi juventud luchando con lo que estaba bien o estaba mal, obsesionado con mis prioridades. Ahora que tengo 52 años y soy consciente de mis limitaciones, me encuentro que ayudando a algo tan adorable como un pequeño gorrión soy capaz de cumplir con una de las numerosas causas que exigen nuestro compromiso en este mundo, y ser feliz gracias a ello. Será la edad…” En sus libros nos plantea cuestiones eternas como quiénes somos, adónde vamos, qué se esconde detrás de nuestros sentimientos más profundos, qué nos frena a seguir nuestros impulsos… Él no juzga, no condena, simplemente nos cuestiona nuestras más profundas convicciones, se pregunta por nuestro lugar en el mundo y nos deja una puerta abierta a la esperanza. En sus libros, como en la gran literatura, no hay respuestas, sólo preguntas. Preguntas y esperanza. Es a nosotros, los lectores, a quienes nos corresponde buscar las respuestas, esas respuestas que viven en el viento, en la caricia de una persona amada o, quizá simplemente, en la  fugaz mirada de una persona desconocida…

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General, Literatura
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11S, arte, Bruce Springsteen, Jonathan Franzen, Libertad, literatura, novela
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23 comentarios para ““Libertad””

  1. Rafael Alonso dice:
    13 noviembre, 2011 a las 16:02

    Yo creo que la libertad no existe. Ya, al definir la palabra la estamos encerrando en eso, en una definición. Uno no puede ser libre desde el mismo momento en que, si es, es porque sabe del otro. Un ser sin nada a su alrededor, ni personas ni animales, ni objetos…no es. El ser es tal porque puede definirse a través de los demás. Solo llega al concepto de sí mismo, a la automirada, después de mirar el mundo que le rodea e intenta definirlo, darle nombre, para tener la sensación de dominio, de orden

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    • Carlos Olalla dice:
      13 noviembre, 2011 a las 22:30

      Interesante reflexión empírica sobre la libertad, Rafael. Muchas gracias por haberla querido compartir con nosotros. Sin embargo creo que ha quedado inacabada porque parece que falta una parte del texto que estabas escribiendo. En cualquier caso, con lo que ya has dicho abres un nuevo campo (y muy profundo) para la reflexión, que es lo que esta entrada pretendía. ¡Bienvenido a La placenta! Un gran abrazo

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  2. Dewartquincey dice:
    14 noviembre, 2011 a las 12:11

    Sucede a veces en el inagotable laberinto de la Red, virtual Biblioteca de Babel, que un lector perdido en la vastedad de la blogosfera encuentra unas pocas palabras que le estaban destinadas. Se produce entonces el milagro inusual del reconocimiento en quien escribió esas palabras para él. Es sabido: todos únicos, todos esencialmente iguales. Compartimos variadas aficiones: cine, música, literatura, teatro, mujeres… Gracias, Carlos, por el regalo de tu blog.

    Por cierto, estamos condenados a la libertad. Siempre, por difíciles que sean las circunstancias, puedes decir “si” o “no”. Tu voz interior no desmiente nunca esa posibilidad. O ¿habremos de aceptar que el verdugo de Auschwitz actuaba por obediencia debida? ¿No podía elegir? Algunos no quieren reconocerlo: es más fácil vivir negando la libertad porque así nos exoneramos de la responsabilidad. Libertad y responsabilidad son dos caras de la misma moneda: quien niega una niega la otra. Es gratificante responsabilizar al mundo, a los políticos, a cualquiera menos a nosotros mismos de nuestras equivocaciones y renuncias. El tema es demasiado amplio para tratarlo en unas pocas líneas.

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    • Carlos Olalla dice:
      19 noviembre, 2011 a las 00:28

      Interesantísimo el tema que abordas, Dewartquincey, el de la responsabilidad de ser libres. Realmente ofrece todo un campo de debate que abarcaría no una entrada, sino un blog entero. Ser libres significa ser responsables de nuestros actos, desde luego, pero ¿hasta qué punto tomamos libremente nuestras decisiones o estamos condicionados por todo lo que hemos recibido desde que nacemos? ¿No influyen las costumbres de los tiempos en la moral de los individuos y de las sociedades? ¿Acaso no se aceptan hoy cosas que hace años estaban absolutamente prohibidas? Y, a la inversa, ¿seguro que no estaremos haciendo cosas hoy que desde la perspectiva de dentro de unos años nos parecerán verdaderas salvajadas? ¿La responsabilidad de nuestros actos es solo frente a los demás y no frente a nosotros mismos? En fin, que el tema da para mucho, mucho juego. Muchísimas gracias por haber querido compartir este interesantíaimo comentario. Mi abrazo más fuerte

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  3. José Miguel dice:
    15 noviembre, 2011 a las 23:12

    Excelente post, Carlos. Da gusto leerte y no estar viendo la tele…. me quedo, entre otras, con una frase…”me encuentro que ayudando a algo tan adorable como un pequeño gorrión soy capaz de cumplir con una de las numerosas causas que exigen nuestro compromiso en este mundo, y ser feliz gracias a ello. Será la edad…” Un abrazo y gracias..

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    • Carlos Olalla dice:
      19 noviembre, 2011 a las 00:46

      Ah, José Miguel, ¡que esplendoroso desperdicio de vidas provoca la tele…! En efecto, quizá esa frase de Franzen encierra la respuesta a todas las preguntas que contiene esta entrada. Un abrazo enorme y placentero, siempre placentero

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  4. Francisco Sánchez dice:
    18 noviembre, 2011 a las 11:49

    Hola Carlos, vaya temita que pones hoy-brillantemente como siempre- en el escaparate de la Placenta.

    La libertad, ¿ existe?,¿ no existe?; si existe, ¿ qué es?, y, ¿para qué sirve?

    Cada uno de nosotros tenemos tantos perfiles como instantes tiene nuestra existencia. En cada uno de estos perfiles, podemos tener una visión o una pulsión distinta sobre la libertad, sobre todo si reflexionamos ( “cuando alguien ha llegado a una conclusión sobre algo, es porque se ha cansado de pensar en ello”).

    Carlos, en los seres vivos, existen tres caracteres que la naturaleza ha grabado de forma indeble en nuestras esencia- evitando incluso que puedan ser modificados por la genética-, permitiéndoles perpetuarse como especies: tienen un dispositivo que les avisa que deben comer y beber lo que sea, inexorablemente; tienen también otro dispositivo que, a determinadas edades, les producen unos picores que solo pueden calmar,transitoriamente, como todos afortunadamente sabemos por propia experiencia; y, por último, un dispositivo solo disponible en los seres humanos, que es el de la curiosidad, o sea, desear conocer, en todos los campos, algo más de lo que nos enseñan. Y esta maravillosa “gracia” llamada curiosidad, solo la podemos disfrutar-en todas sus dimensiones- a través del uso de la libertad. (Tal vez ahí pueda estar el origen de nuestra necesidad de ser y sentirnos libres)

    Libertad y orden, suelen aparecer enfrentados en la mayoría de las corrientes de pensamiento. No estoy de acuerdo con ello. Subscribo la frase de Eliseo Reclus (geógrafo francés, cuyos tratados sobre geografía humana y económica, siguen siendo un referente): “la anarquía es la más alta expresión del orden”.

    Mi admirado Omar Kayan decía: “¿Sabéis por qué el ciprés y la azucena/ han ganado entre los hombres fama de ser libres?/ Porque ella, con diez lenguas, nunca habla./ Porque él, con cien manos, nada toma.”

    Mi admirado amigo Antonio -filósofo pedestre y rupestre- dice, “la libertad me parece indispensable, pero no me preguntes para qué”.

    Carlos, gracias, y un librabrazo.

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    • Carlos Olalla dice:
      19 noviembre, 2011 a las 00:51

      Qué maravilla de comentario, Paco, como siempre. Me encanta que abordes el tema de la libertad y el orden desde la perspectiva anarquista que nos une. Y cuánta razón tiene tu amigo-filósofo Antonio. Como siempre Omar Kayan conoce a fondo todos los temas que tratamos y los que podríamos tratar. No es un sabio, él es sabiduría. En mi identificación con la filosofía budista añadiría la frase que reza en el epitafio de Nikos Kazantzakis, el autor de la novela Zorba el griego “Nada temo, nada deseo: soy libre” Libertad y desapego, otra interesante vertiente para debatir que ofrece este tema. Mi abrazo cada día más libertario si cabe

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  5. Marta Pomes dice:
    18 noviembre, 2011 a las 13:09

    Tema de gran reflexión el que nos traes Carlos!.

    “Estamos condenados a la libertad”, nos dice Dewartquincey. Y efectivamente, ese es el paso de la tragedia antigua a la moderna.

    En la tragedia antigua, el hombre estaba sometido al destino, que venía de los Dioses…
    …y aparece Nietzche con su “Asi hablaba Zarathustra” recordándonos: “Muertos están todos los dioses, ahora queremos que viva el superhombre”.
    Y en la tragedia moderna, muertos los dioses, el hombre, ese superhombre, queda sometido a la libertad.

    Y aparecen las dudas, las angustias, las preguntas cuyas respuestas vuelan en el viento y no somos capaces de coger.

    ¿Somos mas libres o menos que antaño?, evidentemente capacidad y medios para ser mas libres tenemos, aunque nuestra libertad esté condicionada por la historia personal que traemos a la espalda.
    “Somos las historias que somos capaces de encarnar y contar” nos dice Frenzen, Pues al menos que quienes la vivimos, seamos nuestros propios narradores.
    Son muchas las reflexiones que aparecen en tu artículo. Me quedo con una (aquí de nuevo tenemos, el tormento de la elección).

    “Ya que no podemos cambiar el mundo que el mundo no nos cambie a nosotros.”

    Un abrazo libre.

    Responder
    • Carlos Olalla dice:
      19 noviembre, 2011 a las 00:54

      Marta, gracias, gracias, gracias por este comentario tan necesario sobre lo que significa libertad en un mundo como el que nos ha tocado vivir. Seamos pues, como bien dices, los narradores de nuestra propia historia… y que el mundo no nos cambie demasiado. Mi abrazo más libertario

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  6. paloma dice:
    18 noviembre, 2011 a las 13:27

    Ay, la vida entera en preguntas…Yo también me quedo con lo del gorrioncito, pero me doy cuenta que no lo ejerzo. Tenemos metido en el tuetano que las cosas “grandes” son las que valen. Es parte de la cultura del mal poder. Quizá es nacer ya con la herida y querer cerrarla con lametazos de otros. ¿No es suficiente nuestra lengua? No sé. Mucho por pensar da esta entrada, Carlos. Pues pensemos, es mucho más hermoso que no hacerlo.

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    • Carlos Olalla dice:
      19 noviembre, 2011 a las 00:58

      Existir es pensar y pensar es comprometerse, que diría el gran José Bergamín. Aunque al pensar en libertad y en ti lo que mejor define mi pensamiento es Ma liberté, la bella canción de Moustaki que viene a decir que eres tú quien me das la libertad… Pensemos, Paloma, pensemos y, sobre todo … ¡vivamos!

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  7. Jaume Felip dice:
    18 noviembre, 2011 a las 14:36

    Carlos este artículo está genial.

    Y tengo muy claro que no soy libre, por qué de momento no puedo hacer lo que más me gusta en este mundo que es interpretar, sólo puedo practicar monólogos, pero siento que cada vez con monólogos lo hagá peor o mejor me siento mejor como actor aficionado que soy y como persona. Y ver que hay amigos y amigas que te den soporte, es algo maravilloso. Y si por mi sueño pierdo a algunos amigos,amigas y familia que haremos, tengo muy claro lo que tengo que ser, y gracias a ello poco a poco voy perdiendo mi timidez y no lo renunciaré por nadie. Y libertad para mi es una pregunta ahora canviando de tema: ¿Por qué hay gente que discrimina a los homosexuales si hay libertad? por qué hay gente que discrimina a la gente que vienen de otros países ? Por qué hay gente lanzada que discrimina a gente timida? Para mi la respuesta es que falta muchísima más humanidad en el mundo entero, no sólo me refiero en España. Para mi la libertad es acceptar a cada persona tal y comó es y quién no lo hagá es que realmente tiene un problema gordo. Y lo fundalmente que para que hayá libertad tiene que haber respecto y amor con la humanidad. Perdona por mi reflexión te felicito este tema me ha hecho reflexionar como bién ves de diferentes temas de la vida con que te puedes encontrar, pero he puesto mi reflexión. Muchas gracias. Un gran abrazo con libertad.

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    • Carlos Olalla dice:
      19 noviembre, 2011 a las 01:13

      Me encanta la reflexión que haces Jaume sobre la necesidad de humanidad y respeto para que exista la libertad. Ofrece todo un nuevo campo de reflexión sobre este tema, desde luego. ¿se puede ser libre sin respetar a los demás? Muchísimas gracias por haber querido compartir con nosotros tu experiencia y tu comentario. Mucha mierda en tu carrera de actor. Es algo que llevas muy dentro y por lo que debes luchar, pero con la cabeza, sabiendo planificar los pasos a dar y centrándote en luchar las batallas que verdaderamente importan. Es imposible ganar todas las batallas, y aunque se pudieran ganar, sería agotador lucharlas. Dosifícate y utiliza sabiamente tu energía. Mi abrazo más fuerte

      Responder
  8. dani dice:
    18 noviembre, 2011 a las 16:56

    http://dotsub.com/view/c40a9e43-d3f9-4cc6-a040-7ead4fd948ca

    Responder
    • Carlos Olalla dice:
      19 noviembre, 2011 a las 01:14

      Muchísimas gracias, Dani, por el enlace a este interesantísimo video que aborda perfectamente el contenido de esta entrada. Lo desconocía por completo. Gracias por el regalo. Mi abrazo más fuerte y libertario, siempre libertario

      Responder
  9. Rossana Fialdini Z dice:
    19 noviembre, 2011 a las 03:50

    Excelente reflexión, Carlos. Claro que existe la libertad: es una construcción que nos dejaron de regalo los antiguos. Y es, sin duda, un constructo cultural, y por lo tanto, cambiante. Lo que la libertad significaba en el siglo XIX, ni de lejos es lo que significa hoy para nosotros. O lo que significa libertad para ti, seguramente no es lo mismo que significa para alguien que vive en en la China profunda. En cuanto a tus reflexiones sobre el amor y la pareja, retomo uno de tus comentarios: ¡es tan difícil ponernos de verdad en el lugar del otro y respetar sus decisiones! Es totalmente cierto y fundamental. Creo que en ese respeto tan difícil de lograr (difícil porque nunca nos lo enseñan cuando somos chicos… de hecho, nos enseñan lo contrario) se encuentra la clave de muchas cosas, incluyendo las relaciones amorosas. ¿Y sabes por qué? Porque desde pequeños nos enseñan la importancia de la desigualdad: los hijos son subalternos de los padres, tienen que respetarlos pero los padres no saben cómo respetar a los hijos. Hemos estado inmersos en una cultura de la desigualdad y la falta de respeto que nos ha llevado a vivir muchas experiencias desagradables. Tenemos que intentar cambiar las cosas, empezando con nuestros propios hijos. Hace unos días comentaba que una de las experiencias de la maternidad que más me ha enriquecido como persona, ha sido el enfrentarme al respeto del “otro”. Nuestros hijos son seres autónomos e independientes de nosotros, o al menos deberían serlo. Cuando logramos aceptar esa realidad, creo que no sólo empezamos a quererlos mucho, sino que empezamos a crecer como personas. Y ahora te dejo, querido Carlos, pues tengo que enfrentarme a algo tan trivial como seguir buscando trabajo. Un abrazo y felicidades por el artículo.

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    • Carlos Olalla dice:
      27 noviembre, 2011 a las 12:51

      Fantástica reflexión la que nos haces llegar, Rossana. Me llega muy dentro especialmente el tema que sacas de la relación de los padres con los hijos. Al leerlo no he podido dejar de recordar las sabias palabras de Khalil Gibran en El profeta, cuando dice:

      “Vuestros hijos no son vuestros hijos.
      Ellos son los hijos y las hijas de la Vida que trata de llenarse a si misma
      Ellos vienen a través de vosotros pero no de vosotros.
      Y aunque ellos están con vosotros no os pertenecen.

      Les podeís dar vuestro amor, pero no vuestros pensamientos.
      Porque ellos tienen sus propios pensamientos.
      Podeís dar habitáculo a sus cuerpos pero no a sus almas,
      Pues sus almas habitan en la casa del mañana, la cual no se puede visitar, ni tan siquiera en los sueños.
      Podeís anhelar ser como ellos, pero no luchéis para hacerlos como sois vosotros.
      Porque la vida no marcha hacia atrás y no se mueve con el ayer.

      Vosotros sois los arcos con los que vuestros hijos, como flechas vivientes son lanzados a la Vida.
      El Gran Arquero ve la diana en el camino del infinito, y la dobla con su poder y sus flechas pueden ir rápidas y lejos.
      Haced que la forma en que dobleís el arco en vuestras manos sea para alegría.
      El también, además a amar la flecha que vuela, ama el arco que es estable.”

      Realmente qué difícil es ponerse en la piel del otro, admitirle y respetarle, y cuántos errores cometemos pretendiendo amar…

      Mi abrazo más fuerte y agradecido

      Responder
  10. Marta Pomes dice:
    19 noviembre, 2011 a las 15:14

    Hola Jaume Felip.

    Desde mi libertad, el medio/circunstancias facilitador para ejercerla (este maravilloso Blog) y el respeto a tí; permitemé decirte Jaume, que te equivocas.
    “Tengo muy claro que no soy libre porque no hago lo que mas me gusta en el mundo, INTERPRETAR” , nos dices.

    El hecho de que de momento no puedas desarrollar lo que mas deseas, no te quita un ápice de libertad. Puedes vivir este hecho por lo menos de dos maneras: o bien con una gran frustración que te anule todas las demás maravillosas areas de tu personalidad, o bien como un reto para seguir formándote, nutriéndote con conocimientos múltiples y poder seguir creciendo como persona.

    Esa es la verdadera libertad, elegir la postura que adoptas ante los acontecimientos, independientemente de la bondad o perjuicio de la misma.
    Creo que eres una persona joven y con muchas ganas de aprender. Yo que ya no soy tan joven ( y ni te digo cuanto lo siento!!) , me atrevo desde “la libertad” y el enorme respeto, a decirte estas palabras.

    Un cordial saludo desde este café tertuliano de nuestro nuestro admirado Carlos.

    Responder
  11. mªJOSÉ ELENI dice:
    20 noviembre, 2011 a las 02:20

    !Qué maravillosa casualidad que el día 13 de noviembre, mi cumpleaños, escribiste esta entrada, Carlos! !Es e l mejor regalo que me podían hacer! Felicidades por tu trabajado y completo ensayo. !Qué palabra, libertad, “eleuthería” en griego, nombre que llevan muchas mujeres griegas! La misma palabra que escribieron hace más de 2 mil años, con el mismo alfabeto, se sigue utilizando en Grecia. Es exhaustivo tu estudio, la crítica del libro(que he de comprarme), llos comentarios que añades, no dejas nada atrás en torno a esta palabra y esta realidad, imposible casi siempre, de la libertad. Muy interesantes y variadas todas las opiniones vertidas en respuesta, y siempre quedará mucho, todo, por decir. Creo que se puede ser libre en tu interior, aunque estés preso de tantas cosas. Recuerdo un poema de Cernuda, que nuestro profesor mandó traducir en la escuela de idiomas al griego, y siento no haber guardado la versión, tampoco sé si son exactas las palabras, pero me impactó, decía ” libertad no conozco sino la de estar preso de alguien”. Libertad y amor, hasta dónde llegan la una y el otro, cómo compaginarlos, quién se impone a quién…La cadena de la vida nos va rodeando y llega un momento en que es casi imposible salir en libertad. Aspiro a conservarla por dentro, a buscarla en momentos como estos, cuando en vez de ponerme a corregir exámenes, ordenar cosas, elijo leer textos como estos, o irme al teatro, o leer un libro,o ver una película “royo” según algunos, pero que me hacen pensar en libertad, que me llenan por dentro y me liberan de las rutinas; una vez me dijo una compañera de la facultad, (ella es mucho más joven, porque yo estudié a una edad tardía), que yo era “muy libre de espíritu” y es una de las definiciones más hermosas que he oído y nunca la olvidaré. No sé si es cierto del todo, pero lo intento, tenemos que intentarlo. !gracias, amigos de “la placenta”, por poner vuestro libre corazón al descubierto en estas líneas! Un abrazo “para la libertad”

    Responder
    • Carlos Olalla dice:
      27 noviembre, 2011 a las 13:03

      Ante todo, muchísimas (aunque atrasadas) felicidades, María José Eleni y muchísimas rgacias por tu precioso comentario escrito, no me cabe duda, por un espíritu libre. Ese poema de Cernuda también es uno de mis favoritos. Es de su libro “La realidad y el deseo”. Aquí lo tienes:

      “Si el hombre pudiera decir lo que ama,
      si el hombre pudiera levantar su amor por el cielo
      como una nube en la luz;
      si como muros que se derrumban,
      para saludar la verdad erguida en medio,
      pudiera derrumbar su cuerpo, dejando sólo la verdad del amor,
      la verdad de sí mismo;
      que no se llama gloria, fortuna o ambición,
      sino amor o deseo,
      yo sería aquel que imaginaba;
      aquel que con su lengua, sus ojos y sus manos
      proclama ante los hombres la verdad ignorada,
      la verdad de su amor verdadero.
      Libertad no conozco sino la libertad de estar preso en alguien
      cuyo nombre no puedo oír sin escalofrío;
      alguien por quien me olvido de esta existencia mezquina,
      por quien el día y la noche son para mí lo que quiera,
      y mi cuerpo y espíritu flotan en su cuerpo y espíritu
      como leños perdidos que el mar anega o levanta
      libremente, con la libertad del amor,
      la única libertad que me exalta,
      la única libertad por que muero.
      Tú justificas mi existencia:
      Si no te conozco, no he vivido;
      Si muero sin conocerte, no muero, porque no he vivido.”

      Mi abrazo más libre y, sin duda, Cernudiano

      Responder
  12. Francisco Sánchez dice:
    20 noviembre, 2011 a las 13:12

    Hola Mª José Eleni, ahora mismo, a las 13 horas y 7 minutos del día 20-N (aniversario de la muerte de Durruti), me estoy debatiendo entre si debo ir o no a votar, y si me decido a ir, tengo dudas de a quién votaré, y si voto a X, me pregunto para qué servirá mi voto, a quién o quiénes ayudo, a qué monstruo contribuyo a destruir, transformar, crear o mantener, etc.

    Mª José Eleni, leer tu comentario-encantador, preciso y profundo como siempre-, me saca momentaneamente del marasmo mental que me invade esta mañana, y, como una sutil bocanada de aire fresco, espabila mis torpes entendederas, recordándome, al mismo tiempo, las otras muchas cosas importantes que puedo hacer hoy, y, entre ellas y de forma muy especial, felicitarte con siete días de retraso, y desearte que cumplas , al menos, otros tantos más, y que todos aquellos que te importan, incluidos tus amigos y contertulios del café de la Placenta (así lo ha descrito nuestra amiga Marta) podamos disfrutarlo contigo.
    Un abrazo hacia la libertad.

    Pd: El mío fue el pasado día 25-O. Si alguno/a/os/as de mis vecinos del barrio de la Placenta me quiere hacer un regalo, le sugiero lo siguiente:
    Cojan un folio de papel blanco, escriban en él, algún fragmento de los Asesinatos de la rue Morgue de E.A. Poe, o de la Isla del Tesoro de R.L. Stevenson, o de algún cuento de Sherezade de Las Mil y una Noches, o del viaje a la sociedad idealizada de la ínsula Utopía de T. Moro, o de las aventuras y desventuras del Caballero de la Triste Figura de D. Miguel de Cervantes, o de algún fragmento de la Placenta del Universo de nuestro anfitrión y amigo Carlos Olalla. Con estos folios, hagan un avión de papel, y pónganlos a disposición de la compañía “Aerolíneas la imaginación al poder”. Posteriormente abran una ventana o balcón que tenga orientación Sur, y láncenlos al viento. Les aseguro que llegarán a su destino. Ellos saben donde estoy.

    Gracias a todos, muy especialmente, a los que sigan mis instrucciones.

    Responder
  13. mªJOSÉ ELENI dice:
    21 noviembre, 2011 a las 00:36

    !Muchas gracias, Francisco, por felicitarme y por tus cariñosas palabras! Siempre tus reflexiones son muy interesantes y originales, nos aportas mucho a los tertulianos del café de la Placenta”, como bien lo ha bautizado Marta. !Somos los dos de signo Scorpio!
    !Qué bonita idea de regalo, tu avión de papel! y no elijes mal los textos que volarán con él. Me encanta la frase. “láncenlos al viento del sur”. Es un regalo que a mí tambien me gustaría recibir. ¿sigues oyendo a Haris Alexiou? Tiene un nuevo trabajo, “El amor te encontrará donde quiera que estés” , profundo y emcional, como todo lo suyo. Si entras en su página web, podrás escucharlo. Tambien es un buen regalo oir esa voz. Gracias de nuevo, y felicidades muy atrasadas a tí.

    Responder

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Carlos Olalla

Por circunstancias de la vida me pasé más de veinticinco años dirigiendo empresas en la que, sin lugar a dudas, fue la etapa más aburrida y frustrante de mi vida. La verdad es que nunca me gustaron esos trabajos y lo pasé fatal. Cuando cumplí los 45 me encontré con que una reestructuración empresarial me ponía de patitas en la calle y sin un duro. Por si fuera poco, nadie me quería dar trabajo porque decían que ya era demasiado “viejo”. A mí siempre me había gustado el mundo del cine y, como estaba en el paro y tenía tiempo, empecé a estudiar interpretación. Me pasé tres años siendo el “abuelo” de todos mis jóvenes compañeros en una conocida escuela de teatro de Barcelona. Durante aquel tiempo recibí alguna propuesta de trabajo para reincorporarme al mundo de la empresa, pero no quise aceptarlas: el nuevo mundo que había descubierto me había atrapado por completo, así que decidí cambiar una maravilla de sueldo y una mierda de trabajo por una maravilla de trabajo y una mierda de sueldo. Puedo deciros que ha sido la mejor decisión que he tomado en mi vida: por primera vez soy libre, la palabra jefe ya no significa nada para mí, hago lo que verdaderamente me gusta y, lo mejor, trabajo con gente sensible y abierta que piensa y siente como yo. ¿Qué más se puede pedir?

www.carlosolalla.com

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