La voz del viento
2 octubre, 2011
¿Qué conocemos de la cultura africana?, ¿A cuántos escritores africanos hemos leído?, ¿A cuántos musicos africanos podrías nombrar?, ¿Qué comida africana hemos probado?, ¿Cuántos restaurantes africanos conocemos?. África es un continente inmenso, con infinidad de culturas y tradiciones ancestrales que para nosotros, los occidentales, es un perfecto desconocido. Sabemos más de los animales salvajes que viven en él que de los pueblos que lo habitan. Lo asociamos a pobreza, a guerra, a hambre y a sida. África, para la mayoría de nosotros, se reduce a eso: a dolor y a muerte. Sin embargo el primer ser humano nació allí. Durante miles de años sus pueblos han vivido en paz y armonía con la naturaleza. La mayoría de ellos carecen de tradición escrita y no han construido grandes monumentos. En nuestra mente las maravillas arquitectónicas del antiguo Egipto ni siquiera pertenecen a África. Para nosotros Tarzán y la mona Chita son más africanos que Nefertiti y Tutankamon.
¿A qué se debe este profundo y desgarrador desconocimiento? La causa última hay
que buscarla, quizá, en la mentalidad colonialista de nuestros abuelos que se ha transmitido de generación en generación, una mentalidad que considera a los africanos como pobres salvajes incapaces de valerse por sí mismos, incapaces de desarrollarse sin la imprescindible aportación del hombre blanco y su sacrosanta cultura, madre de todo lo que consideramos civilización y progreso. En la época de nuestros bisabuelos, la época en que cada país europeo pugnaba por colonizar más territorios “vírgenes” de África que su vecino, y explotar y esquilmar sus riquezas naturales, esa mentalidad que considera al negro africano como un ser inferior permitía a nuestros civilizados bisabuelos justificar las atrocidades que cometían allí. En la nuestra sirve para tranquilizar nuestras conciencias cuando a diario vemos a miles de niños muriendo de hambre. Son salvajes, incapaces de valerse
por sí mismos, por eso les pasa lo que les pasa. Una aportación a Médicos Sin Fronteras o a cualquier otra ONG es el bálsamo con el que pretendemos cegar nuestra visión de la realidad. Esos millones de seres humanos que pasan hambre, esos miles de niños que cada día mueren por falta de agua, medicinas o alimentos, están así porque solo sirven para eso, no pueden adaptarse al progreso de la economía de libre mercado. Eso es lo que quieren que pensemos. De ahí que consideremos una gran obra de caridad hacer un donativo cuando lo que de verdad tenemos que hacer es un acto de justicia, devolver a esos millones de seres inocentes lo que durante años y años les hemos robado y les seguimos robando. Basta ya de hipocresía. No hablemos de caridad, sino de justicia.
Hace ya casi cincuenta años, Bob Dylan preguntaba “¿Cuántos años puede alguien existir sin que le permitan ser libre?, ¿Cuántas veces puede un hombre volver la cabeza pretendiendo no ver?, ¿Cuántas orejas tiene que tener un hombre para escuchar el llanto de la gente…? Y nos respondía diciendo que la respuesta está volando en el viento. Son muchos los vientos que soplan en África. Aquí tienes la voz de esos vientos
Lo primero que el europeo, el hombre civilizado, hizo en África fue convertirla en su proveedor de esclavos. Comprar a un hombre era más rentable que pagarle un salario a cambio de su trabajo. El paso del tiempo hizo que los números ya no salieran porque al esclavo había que alimentarlo durante toda su vida y era más beneficioso concederles la libertad a cambio de un salario de miseria que les obligara a trabajar en condiciones infrahumanas. Las razones económicas se disfrazaron, eso sí, de razones “humanitarias” y se abolió oficialmente la esclavitud. Pero la letra pequeña de la abolición escondía otro tipo de esclavitud:
“¿Se puede aplicar el libre intercambio y el libre trabajo en las regiones donde la civilización no ha penetrado todavía? ¡No! Pararían el trabajo. En estas regiones es necesario el trabajo forzado. La explotación del sistema colonial es el ejercicio de una industria que consiste en dos operaciones:
1) Procurar a las poblaciones indígenas la seguridad de la propiedad. El provecho de esta operación da como resultado el impuesto.
2) Procurar a las poblaciones indígenas el hábito del trabajo. Esta operación se reduce a quitar a los indígenas lo suficiente como para obligarlos a trabajar para vivir: el provecho es inmediato.”
(Rey Leopoldo II de Bélgica. Bélgica fue la potencia colonial del Congo hasta su independencia, el 30 de junio de 1960)
Leopoldo II compró a título personal el territorio conocido hoy como el Congo, que ocupaba una superficie 80 veces mayor que la de Bélgica. La floreciente industria del automóvil demandaba caucho y los bosques del Congo, cínicamente bautizado como Estado Libre del Congo, eran la mayor reserva de caucho del mundo. La clave de su negocio residía en reducir los costes de producción al mínimo, para lo que no dudó en implantar un sistema de extrema dureza represiva donde los indígenas, mediante el terror, eran obligados a trabajar en condiciones inhumanas. En menos de quince años murieron quince millones de congoleños en el que hoy se conoce como uno de los primeros genocidios de la historia. Cuando veinte años después el negocio ya no era tan atractivo debido al incremento de la competencia, vendió aquel territorio (habitantes incluídos) a Bélgica por 25 millones de dólares.
“Cada cartucho que gastábamos lo teníamos que justificar con una mano humana”
(Knud Jespersen, oficial danés, 1898)
“Cien cabezas cortadas y en la estación abundan los víveres. Mi intención es humanitaria. He matado a cien, pero eso ha permitido salvar a quinientos”
(Léon Fievez, teniente, 1894)
“Si tomamos los hombres por la fuerza o los compramos, no tiene mayor importancia”
(Barón Van Eetvelde, gobernador de Boma, 1892)
“Si quemáis las cabañas una a una no os veréis obligados a ir hasta el final. Hemos de golpearlos hasta la sumisión absoluta o la extinción total”
(Alphonse Jacques, jefe de la fuerza antiesclavista belga, 1898)
“Estábamos ante un inmenso espectáculo de esclavitud. Las caravanas de la ruta a Boma dejan el camino lleno de cadáveres”
(Camille Varonslé, misionero, 1895)
“La región en la que me encuentro podría llamarse el país de los horrores. Dicen que Léon Rom, uno de los héroes de la prensa belga, tiene un parterre de flores completamente rodeado de cráneos humanos”
(Barón Wahis, gobernador general del Congo, 1895)
“Mi educación africana comenzó con los fusilamientos, los cañonazos y los incendios de poblados, que había que quemar para hacer entrar en razón”
(Charles Lemaire, Subteniente, 1902)
« Un soldado mató a tres personas porque de las seis cestas de caucho que habíamos llevado una no estaba bastante llena”
(Leke, poblado de Bokolo, 1904)
“Es muy noble la misión que los agentes del Estado tienen que cumplir en el Congo. Deben continuar el desarrollo de la civilización en el centro de África ecuatorial, recibiendo la inspiración directamente de Berlín y Bruselas. Situados cara a cara con la barbarie primitiva, en medio de costumbres sanguinarias que datan de miles de años, se ven obligados a reducirlas gradualmente. Deben acostumbrar a la población a las leyes generales. Y la más necesaria y saludable de todas ellas es indudablemente la del trabajo.”
(Rey Leopoldo II de Bélgica, 1898)
1890: Una libra de marfil se compra en el Congo a 1 franco y se vende en Liverpool a 13 francos
1924: Entre 1890 y 1924 murieron quince millones de congoleses a causa de los trabajos forzados, las enfermedades, las deportaciones y los malos tratos.
1942: Se establecen ciento veinte días anuales de trabajo obligatorios para los congoleses como “esfuerzo de guerra”
1945: Las minas de Katanga aportan el uranio utilizado en las bombas atómicas de Hiroshima y Nagasaki. Los EEUU compran regularmente el 75% de todo el uranio congolés.
1961: En las tres excolonias belgas africanas (Congo, Ruanda y Burundi), los líderes más populares son eliminados por órdenes directas o indirectas de Bélgica. Mobuto Sese Seko, dictador del Congo apoyado por Bélgica, desvió anualmente a sus cuentas en bancos suizos el 20% del presupuesto nacional del Congo.
1967: De Gaulle patrocina la creación del grupo ELF para competir con las petroleras norteamericanas. Su servicio de protección de la seguridad administrativa (PSA) a menudo es acusado de paramercenario.
1996: Toda África tiene menos kilómetros de carretera que Polonia
La población africana representa el 10% de la población mundial, pero su PIB solo el 1%.
De los 53 países de África, 14 tienen conflictos armados y 37 se encuentran en situación de hambruna generalizada.
2000: En la Conferencia de Durban sobre racismo se pide que Bélgica sea considerada responsable del primer genocidio del siglo XX.
Los ingresos totales de cuarenta y ocho países subsaharianos igualan a los de Bélgica.
2002: El 80% de las reservas mundiales de coltán, mineral clave para las nuevas tecnologías, se encuentran en el Congo. Ericsson, Nokia, Siemens y Sony son los principales compradores de coltán.
Un tronco de madera de okume se compra en Guinea a 18 euros y se vende en España a 18.000
Patrice Lumumba, héroe de la resistencia frente a Bélgica, elegido democráticamente primer presidente del Congo, fue quien firmó la declaración de
independencia de su país. En el discurso de independencia, entre otras cosas, dijo: “Nuestras heridas, tras 80 años de régimen colonial, están demasiado frescas y demasiado dolorosas todavía para que podamos sacarlas de nuestra memoria. Hemos conocido el trabajo agotador exigido a cambio de salarios que no nos permitían ni calmar el hambre, ni vestirnos, ni vivir decentemente, ni hacer crecer a nuestros hijos como seres queridos. Hemos conocido las ironías, los insultos, los golpes que habíamos de soportar, mañana, tarde o noche, porque éramos negros. ¿Quién olvidará que el negro era tratado de “tu”, no porque fuese un amigo, sino porque el honorable “usted” se reservaba solo a los blancos? Hemos tenido que aceptar que nuestras tierras fuesen expoliadas en nombre de unos textos presuntamente legales que no hacían sino reconocer la ley del más fuerte. Hemos tenido que aceptar que la ley no era nunca la misma si se trataba de un blanco o de un negro, cómoda para unos y cruel e inhumana para los otros. ¿Quién olvidará los pelotones de ejecución en los que murieron tantos de nuestros hermanos, los calabozos donde eran arrojados brutalmente los que ya no querían someterse al régimen de una justicia de explotación y opresión?… La República del Congo ha sido proclamada y nuestro país está ahora en manos de sus hijos. Todos juntos, hermanas y hermanos, comenzamos una nueva lucha, una lucha sublime que llevará a nuestro país a la paz, a la prosperidad y a la grandeza. Mostraremos al mundo lo que puede hacer el hombre negro cuando trabaja en libertad y haremos del Congo un centro de irradiación para toda África. Pondremos fin a la opresión del pensamiento libre y lo haremos de tal manera que
los ciudadanos gozarán de las libertades fundamentales previstas en la Declaración de los Derechos del Hombre. Suprimiremos cualquier discriminación y daremos a cada uno el lugar que le valdrá su dignidad humana, su trabajo y la dedicación a su país. Haremos reinar, no la paz de los fusiles y las bayonetas, sino la paz de los corazones y las buenas voluntades. Desde esa perspectiva, Bélgica, aceptando finalmente el sentido de la historia, no ha intentado oponerse a nuestra independencia y está preparada para prestarnos su ayuda y su amistad. Acaba de firmarse un tratado entre nuestros dos países iguales e independientes. Así, tanto en el interior como en el exterior, el nuevo Congo será un país rico, libre y próspero. Os pido a todos que olvidéis las disputas tribales que nos agotan y que nos ponen en peligro de hacernos menospreciar en el extranjero. La independencia del Congo marca un paso decisivo hacia la liberación de todo el continente africano…”
Pocos meses después de proclamar la independencia del Congo una sublevación independentista de la provincia de Katanga (una de las más ricas del país) auspiciada y apoyada por EEUU y Bélgica acaba por derrocar a Lumumba, que huye para intentar salvar la vida, pero las tropas de la ONU allí desplazadas le niegan su protección y es entregado a la policía del régimen del dictador Mobutu. El 17 de enero de 1961 es torturado y asesinado por oficiales belgas asesorados por agentes de la CIA y soldados de Mobutu. A la mañana siguiente se cumple la orden de hacer desaparecer sus restos.
Seis meses antes del asesinato de Lumumba, en la ceremonia de independencia del Congo, el rey Balduino de Bélgica había dicho: “Señores, la independencia del Congo es el resultado de la obra concebida por el genio de Leopoldo II llevada a cabo por el coraje tenaz y continuada con la perseverancia de Bélgica. Reconocemos con alegría y emoción que el Congo accede, en pleno acuerdo y amistad con Bélgica, a la independencia y a la soberanía internacional… El gran movimiento de independencia que se está produciendo ahora en todo África ha encontrado en los poderes belgas la más alta comprensión…”
Actualmente los países subsaharianos que tienen más de una tercera parte de su población seropositiva son: Costa de Marfil, Ghana, República Popular del Congo, República Democrática del Congo, Namibia, Sud África, Mozambique, Botswana, Zimbawe, Zambia, Malawi, Ruanda, Burundi, Uganda, Tanzania, Kenia y Etiopía.
Los que tienen una renta per cápita inferior a 200 dólares al año son: Mozambique, Tanzania, Uganda, Somalia, Etiopía y Chad.
Y los que la tienen entre 200 y 400 dólares anuales son: República Democrática del Congo, Ruanda, Burundi, Kenia, República Centroafricana, Sudán, Níger, Nigeria, Mali, Burkina Faso, Ghana, Togo, Benin y Guinea ecuatorial.
El umbral de pobreza según el Banco Mundial es 2 dólares al día, es decir, 730 dólares al año.
Los países africanos que destinan a la exportación más del 90% de lo que producen son: Argelia, Libia, Sudán, Chad, Níger, Mali, Mauritania, Liberia, Togo, Nigeria, Camerún, Guinea Ecuatorial, República Popular del Congo, República Democrática del Congo, Ruanda, Uganda, Burundi, Etiopía, Somalia, Tanzania, Zimbawe, Zambia, Angola, Botswana y Namibia.
El Congo tiene el 80% de las reservas mundiales de coltán, un mineral imprescindible para las industrias electrónicas como la telefonia móvil y la indústria armamentística. El coltán se extrae en condiciones precarias y sin las mínimas medidas de seguridad en minas de baja profundidad. Un minero puede extraer un kilo de coltán al día. Por ese kilo le pagan 10 dólares. Ese mismo kilo se vende en el mercado por 500 dólares. Para abaratar los “costes de explotación” se utiliza a niños de entre 7 y 10 años para extraer el coltán de las minas, ya que al ser pequeños pueden trabajar mejor en los estrechos túneles propios de esas explotaciones mineras. Los niños cobran 25 céntimos por día. Dos mil niños mueren al día en esas minas. Un kilo de coltán vale la vida de dos niños.
En 1996, EEUU, preocupado por la posible pérdida del control de la producción del coltán del Congo, patrocinó la invasión de las zonas mineras congoleñas por fuerzas militares de países vecinos como Ruanda y Uganda. Esa guerra todavía continúa y ya ha causado 5.000.000 de muertos. Es una guerra que no aparece en los medios de comunicación porque no interesa que sepamos de ella: dejar de comprar móviles compulsivamente podría arruinar este espléndido negocio. Esa guerra no parará porque las grandes empresas y los gobiernos no quieren que pare. Si se paraliza la guerra no se hace negocio con el coltán, que se quedaría en el Congo. Quien controla el coltán controla nuestra vida, nuestro mundo.
La mayor tragedia del Congo no es ser pobre, que no lo es, sino tener grandes reservas de las materias primas que históricamente más le han interesado a los países desarrollados: Seres humanos hasta el siglo XIX, caucho en el XIX, diamantes en el XX y coltán en el XXI.
En África 3000 niños mueren al día por culpa de la malaria, son más de un millón los que mueren cada año por culpa de esta enfermedad que es curable. El coste de la vacuna para la gripe A se acerca a los 8 euros, el de la malaria no llega a los 50 céntimos…
“Con menos del 1% de las inyecciones económicas de los gobiernos para salvar al sistema financiero global se podría resolver la calamidad de millones de personas que son víctimas de la hambruna” (Josette Sheeran, directora del Programa Mundial de Alimentos de Naciones Unidas)
Con el dinero que los consejeros y altos directivos de las 35 empresas cotizadas en el IBEX 35 español cobraron en 2008 más de cuatro millones de niños habrían tenido casa, comida y escuela.
Dar acceso a la escuela a todos los niños de 6 a 15 años del mundo costaría menos de lo que los estadounidenses gastan en cosmética en un año… o los europeos en helados.
El total de las “ayudas” del primer mundo al tercero en 2003 ascendió a 54.000 millones de dólares; el servicio de la deuda (amortizaciones e intereses) que el sur le pagó al norte ese año fue de 436.000 millones.
“Por cada niño que muere de hambre en el tercer mundo, hay un asesino en el primero” (Jean Ziegler, ex-Relator para la Alimentación de Naciones Unidas)
Desde las instituciones financieras encargadas de salvaguardar el orden económico mundial (Fondo Monetario Internacional, Banco mundial,
Organización Mundial del Comercio, etc.) hemos obligado a estos países a malvender sus inmensas riquezas naturales a empresas multinacionales que son las que, al controlar el mercado, ganan miles de millones. Y les hemos obligado a hacerlo apoyando a líderes corruptos afines a nuestros intereses; derrocando a líderes honestos e idealistas como Lumumba; provocando guerras tribales; vendiendo armas a guerrillas financiadas por países como EEUU; ahogándoles con el peso de la deuda externa, una deuda
que ni pueden ni podrán pagar jamás; impidiéndoles crear no ya lo que conocemos como un estado del bienestar, sino un mínimo de derechos sociales; gravando con aranceles sus exportaciones y protegiendo nuestras economías con subvenciones a la agricultura, la ganadería, etc. Las ONGs y otras muchas instituciones y personas llevan reclamando desde hace décadas que el primer mundo destine aunque solo sea el 0,7% de su PIB a ayuda al desarrollo. Hace casi 40 años la ONU asumió el 0,7% como objetivo. Solo cuatro países desarrollados (Dinamarca, Luxemburgo, Holanda y Suecia) lo han cumplido. Con la excusa de la crisis, una de las partidas que más recortes ha sufrido precisamente ha sido esta. Frente a la idea interesadamente propagada desde muchos sectores y medios de comunicación de que tenemos que dedicar
nuestros escasos recursos a ayudar a “nuestros” necesitados y que no tenemos dinero para dar a los pobres de otros países, como si existieran muertos de primera o de segunda clase y como si estuviésemos planteando la cuestión como una obra de caridad o de beneficencia, debemos replantearnos profundamente nuestra manera de pensar y de mirar hacia continentes como el africano, ya que el origen de su pobreza estuvo en el afianzamiento de nuestra riqueza, y lo que les impide hoy salir de ella es el sistema económico que nosotros imponemos, que hace que nuestro nivel de vida se asiente sobre la explotación de esos países a los que condenamos a la hambruna y a la muerte. Esta situación no puede ni debe mirarse como si fuésemos magnánimos y caritativos benefactores de los pobrecitos negritos de África, sino como lo que en realidad hemos sido y somos: sus verdugos y asesinos.

Hola Carlos, enhorabuena y gracias “uá mo tain” ( ” una vez más” en angloandalú).
Carlos hoy tocas un tema que permite pocas bromas, por mucho humor que uno trate de echarle a la vida -y a la muerte-, para facilitar su ingestión y digestión.
África, lugar de origen de muchos inicios, es un mundo de mundos, factoría secular de produción y almacenamiento de recursos, que han servido y sirven para satisfacer las inagotables e ilimitadas codicias de unos pocos.
¿Cuántos infandos y crueles “Leopoldos II´s” – autóctonos y foráneos- han padecido
los seres humanos de África?
¿Cuántos “Patrices Lumumbas” han sido vilmente asesinados y, cuántas esperanzas
cercenadas en África?
¿Cuánto inicuo cinismo nos queda al denominado primer mundo para verter como basura en África?
Carlos, magníficas las “perlas musicales” que acompañan tu trabajada e ilustrativa entrada.
Un Africabrazo.
Mi más fuerte abrazo africano y universal, Paco. Como dice el amigo Galeano,
Vuelan abrazos
Leo tu entrada, tengo el móvil en la mano y de pronto, este se me cae al suelo…
No se como ha sido, pero el ratón del ordenador ha dado un salto y se ha puesto a pegar o morderlo, no se muy bién.
Soy testigo del aterrador espectáculo que nos muestras y el que estoy yo viviendo con el móvil y el ratón, no se cual es peor. Mis manos se alzan…!No puede seeer!!…necesito aire, me ahogo!!.
Y poco a poco me recupero posando mis ojos en Fatumata, gozando de su belleza, deleitándome con su voz…
Belleza y horror podemos obtener el primer mundo tan confortablemente, de ese otro tan lejano y tan próximo…
No hay palabras.
Quiero ser loca (como diría E. Ionesco) y decir: que pienso contra corriente. Solo el Decrecimiento Económico en el primer mundo, aliviaría el sufrimiento de estos paises.
Invito a los amigos placentarios que no hayan visto tu entrada “Menos es más”, a hacerlo ahora. Apuntas soluciones.
Además de “perlas” nos ofreces auténticos “diamantes” con tus canciones.
Enorme abrazo.
Marta, gracias, gracias y más gracias por el cariño de tus comentarios. Te aseguro que leerlos supone un acicate para buscar temas de nuevas entradas y prepararlas sabiendo que las leerán y escucharán personas como tú. La música africana es esa voz del viento que decía Dylan que tiene todas las respuestas. Mi abrazo más fuerte
Hola de nuevo Carlos !!!
Fantàstico artículo. Como bién dices cuando dicen: África, sólo sabemos que hay miséria y dolor. Sobre su cultura no sabemos tanto, y me ha gustado mucho que nos hayás proporcionado más información. Gracias a La placenta sé un poco más de África.
Me ha gustado el tema cantado por Sabu Yerkoy, me parece muy interesante y a parte que conozcamos otras culturas que no son las nuestras.
Un gran abrazo.
Esa es la clave, Jaume, conocernos. Solo quien conoce algo puede amarlo, sino solo te puede despertar sentimientos de miedo, odio o indiferencia. Mi abrazo más fuerte
Gracias por tu artículo. Estoy completamente de acuerdo con lo que dices.
Espero que te lea mucha gente, por si acaba llegando algo de información de cómo son las cosas por aquí.
Me temo que el problema del “cambio” en África pasa porque la gente del 1 mundo exija a sus gobernantes y corporaciones multinacionales que dejen de saquear las riquezas de África con los gobernantes que imponen para ‘salvaguardar’ sus intereses.
Vivo desde hace 3 años en África y me parece poco menos que imposible que el cambio pueda venir desde los pueblos africanos…, pero tampoco me hago ninguna ilusión con los pueblos ¿europeos? No hay más que ver la situación de España ahora mismo…
Un abrazo
Muchísimas gracias, Féliz, por tu cariñoso comentario de apoyo a La placenta. Me encantaría poder desearte que te equivocaras en tu vaticinio sobre la capacidad de liberarse a sí mismo de los pueblos africanos pero, por desgracia, me temo que ese vaticinio es crudamente cierto. Por eso somos todos los que tenemos que intentar empujar ese proceso, desde donde estemos y con lo que tengamos a mano. ¡Bienvenido a La pacenta, Félix! Mi abrazo más fuerte
Perdóname, Carlos, porque soy un desastre, ¿nos conocemos personalmente?
Alguien me pasó tu blog por este artículo sobre África, que me interesa por razones obvias y entonces vi el resto (y el de mi amigo Marcos, el día 20 cumple 92 tacos y está mejor que yo) de tus entradas.
Bueno, pues si no nos conocemos, espero que haya ocasión. Te dejo mi email (felixperez1954@gmail.com) porque es más fácil para estar en contacto, sobre todo para cuando voy a España y junto a los amigos para poder abrazarles.
En la dirección de mi ficha viene la revista donde escribo todos los domingos sobre estas tierras y las gracias y desgracias que me pasan y en facebook puedes ver fotos de la Biblioteca que he montado en Burkina Faso.
Como cuentas a mí también me echaron de la empresa familiar, pero ya había decidido irme y quedarme por estas tierras intentando hacer algo de provecho en mi vida.
Un fuerte abrazo y hasta pronto
Hola Félix!
No nos conocemos personalmente, pero me encantará concoerte aprovechando cualquiera de tus viajes por aquí. Yo vivo en Madrid. No dejes de avisarme cuando vengas, que seguro que tendremos muchas cosas de las que charlar. Mi mail es carlosolalla@carlosolalla.com
No sabes cómo admiro el paso que has dado de ir a vivir allí para encontrarte a ti mismo. La vida es búsqueda, búsqueda y viaje…
Mi abrazo más fuerte
Tremenda y cruda realidad que no queremos ver, hay que dejar de mirar hacia otro lado.
Nosotros mismos nos calificamos como “seres humanos” ¡que vergúenza!
Gracias Carlos por tu articulo!!!
Jose
Josheska, si de verdad quisiéramos ver, si quisiéramos entender la realidad a la que les condenamos, las cosas empezarían a cambiar. Esa es nuestra labor, dar a conocer, en la medida de nuestras posibilidades, todo lo que está pasando. Vuelan abrazos cargados de esperanza, porque siempre hay esperanza…