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La vida secreta de las palabras

15 agosto, 2010

Hoy me gustaría comentar algunas cosas de una de esas películas que dejan huella: “La vida secreta de las palabras”. Isabel Coixet, su directora, siempre ha hecho un cine muy personal, muy intimista, un cine centrado en esas pequeñas grandes historias que viven en lo más profundo de nosotros, un cine que me ha interesado mucho, aunque he de reconocer que, tras la soberbia película que había hecho anteriormente y que tan hondo me había llegado (la inolvidable “Mi vida sin mí”), estaba convencido de que cualquier cinta posterior estaba condenada a decepcionarme porque iba a ser muy difícil que alcanzara la sensibilidad, la humanidad, el verdadero cine y esa parte tan maravillosa de ella que allí nos dejó. Me equivoqué totalmente. “La vida secreta de las palabras” fue una verdadera gozada, una película que me impactó profundamente, porque, como muchas de las películas de Isabel Coixet,  es una auténtica  obra maestra.

Para hablar de esta película una preciosa canción de las incluídas en su B.S.O. (My Skin, de Natalie Merchant) puede ser, si quieres, una magnífica compañía.

Recuerdo haber leído en alguna ocasión que Isabel Coixet soñaba con que Tim Robbins protagonizara la película del guión que acababa de escribir y que, cerrando los ojos y cruzando los dedos, le había enviado a EEUU. Su sorpresa fue cuando, tres días después, tan sólo tres días después, recibió una llamada de Robbins diciéndole “Hola, soy Tim, quiero hacer tu película”. La magia de esta película alcanzó a todos los que intervinieron en ella. Javier Cámara me comentó en un rodaje en el que tuve la fortuna de coincidir con él, que estaba un poco asustado cuando aceptó rodar la película porque era su primera experiencia de un rodaje en inglés y tenía que pasar algunas semanas chapurreando su inglés de maño empedernido. Le pregunté si se sentía cortado por rodar con gente de la talla internacional de Robbins, Polley o la mítica Julie Christie, y me dijo que no, que él entendió que allí tenía que decir algo, que no podía quedarse callado y que se dedicó a contarles chistes en las pausas del rodaje. “No sé si me entendían o no”, me dijo “pero te aeseguro que se reían un huevo”. Como todos los que trabajaron en aquella película, Javier guarda un recuerdo imborrable.

“La vida secreta de las palabras” cuenta una historia de amor y de dolor, una historia de seres solitarios, de seres anónimos necesitados de olvido, de seres humanos cargados de esa ternura que ya no sabemos cómo o a quién dar, una historia que habla del amor que se vive de la única manera en que es posible hacerlo: entregándolo sin más, sin anhelos, sin recompensas, sin condiciones… Hanna y Josef (a los que dan vida dos verdaderos monstruos de la interpretación: una Sarah Polley y un Tim Robbins absolutamente desnudos frente a la cámara en los que posiblemente sean dos de los mejores papeles de sus carreras) son dos seres vulnerables, dos seres esculpidos por el dolor y las lágrimas de un pasado empeñado en no dejarles vivir esa vida que nunca les quiso dar la más mínima oportunidad. Josef sufre un terrible accidente en la plataforma petrolífera donde trabaja. En las plataformas la vida es rutinaria, monótona y solitaria. Perdidos en medio de la nada, sus habitantes buscan refugio en ese aislamiento absoluto. Todos tienen su historia; todos quieren el olvido. Allí el tiempo lo marcan las olas que, incansables, golpean sus pilares una y otra vez. Los relojes y los calendarios se han parado para siempre, si es que alguna vez han existido. Pero eso poco importa, porque la gente que vive, que sobrevive alli, son gente sin tiempo ni lugar en el mundo. No son personas sin techo, sino personas sin suelo, desarraigados de todo y de todos cuyo único equipaje son los sentimientos que no se atrevieron o no pudieron compartir. Josef se refugia en la palabra; la ironía y el sentido del humor son la única medicina capaz de curar sus heridas, son su única forma de ver el mundo a pesar de la ceguera temporal que padece… Hanna, enfermera solitaria, vive en el silencio de su sordera, en ese frágil castillo de silencio que ha construido a su alrededor para defenderse de un mundo que nada tiene que ver con el que ella quería. Nada saben el uno del otro. No son más que dos desconocidos perdidos en el océano de la vida. El quiere saberlo todo sobre ella; ella sólo quiere que no le hagan más daño y que la dejen vivir en paz…

“La vida secreta de las palabras” nos habla de la soledad, del aislamiento, de ese lenguaje secreto de la soledad que es el silencio, nos habla de condiciones extremas, de viento, de frío, de sufrimiento y de dolor, y lo hace para mostrarnos que lo malo no es la soledad, sino el miedo a estar solos, y que lo malo no es el dolor, sino el sufrimiento, y que miedo y sufrimiento son dos cosas a las que podemos vencer, porque el miedo y el sufrimiento no existen, no son más que nuestras propias invenciones. Es una película que transforma a quien la ve, que hace que salgamos del cine esperanzados, con el corazón lleno, buscando el encuentro de una mirada anónima o conocida que entre en nuestro yo más hondo y nos haga sentir que estamos vivos, maravillosa e intensamente vivos.

“La vida secreta de las palabras” es la historia de un hombre y una mujer, de un enfermo y su enfermera, del amor y del dolor, de la vida y la muerte… pero sobre todo es la historia de la palabra y del silencio, de la palabra con la que queremos decir y del silencio con el que decimos, de todas esas palabras que callamos y de todos esos silencios con los que hablamos… ¿Adónde van las palabras que no nos atrevemos a decir?, ¿Por qué no las decimos?, ¿Dónde habita el silencio?… Igual que podemos susurrar una palabra, gemirla o gritarla, también podemos acariciar, morder o llorar el silencio. Josef y Hanna, palabra y silencio, son dos caras de la misma moneda, ninguna puede vivir sin la otra, ninguna puede morir sin la otra…

Isabel Coixet maneja con sabiduría los hilos de esta historia. Ella ha creado los personajes, su mundo, sus sueños, sus historias… Y, sin embargo, parece que no hace nada, que se limita a dejar que las cosas  pasen, que sólo pone una cámara ahí para que seamos nosotros quienes vivamos la historia. No juzga, no absuelve, no condena, simplemente está ahí, en silencio o utilizando sutilmente la palabra (no es casual que Genefke, el nombre de la plataforma, sea precisamente el apellido de Inge, el personaje de la ONG magistralmente encarnado por Julie Christie y al que está dedicada la película)… Nada es casual en esta “La vida secreta de las palabras”… y, sin embargo, lo parece, como en todas esas insignificantes y pequeñas cosas que, día a día, forman nuestra vida… esas cosas sin importancia que, cuando al fin nos atrevemos a compartirlas, a entregar sin miedo y sin esperar nada a cambio, empiezan a fluir y a inundarlo todo ayudándonos a encontrar el verdadero sentido de nuestra existencia: amar. Porque de eso trata “La vida secreta de las palabras”: de aprender a amar. Es toda una lección.

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cine, directora de cine, Isabel Coixet, La vida secreta de las palabras, Tim Robbins
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20 comentarios para “La vida secreta de las palabras”

  1. Oscar OIiva dice:
    16 agosto, 2010 a las 04:08

    ¡Hola Carlos y lectores de la placenta!

    No me considero un entusiasta de Isabel Coixet, pero esta película me tocó en la parte más profunda de mi ser cuando la ví, considero sumamente importante que se siga desarrollando esta clase de cine, y cuando hablo de clase me refiero a films que ahonden de esta manera en la profundidad emocional del ser humano, porqué realmente veo una función sanadora en la película que nos ocupa, hay un viaje en el interior del espectador desde que empieza a verla hasta que la acaba, sigues el proceso interno de los personajes. Creo que experimenté algo similar leyendo el libro de Cartas desde el Infierno de Ramón Sanpedro, lo recomiendo aquí para quienes no lo hayan leído. Toda una lección magistral de vida y de amor.

    ¡Un fuerte abrazo y mucha luz!

    Responder
    • Carlos Olalla dice:
      17 agosto, 2010 a las 17:53

      Hola Oscar!
      Ante todo, te ruego disculpes el retraso en subir mi respuesta a tu cariñoso comentario de apoyo a La placenta con el que me identifico plenamente. Te acontesté casi al recibir tu comentario, pero algo debí hacer mal al subir mi respuesta porque, hasta ahora, no me he dado cuenta de que, finalmente, nunca subió al blog. Lo dicho, Oscar, perdón, perdón, perdón. Puede que algún día aprenda cómo funcionan estas cosas del ciberespacio bloguero y no me ocurran cosas como esta.

      Te agradezco sinceramente que nos hayas recomendado las Cartas de Sanpedro, porque, como bien dices, es un manual de amor y vida que debería estar siempre en la cabecera de nuestra cama.

      Veo, por lo que escribes, que tienes un gran mundo interior y mucho interés por lo espiritual. Como dicen mis amigos tibetanos cuando quieren desearle a alguien lo mejor de lo mejor en todos los sentidos: TASHI DELEK.

      Lo dicho, Oscar, por favor disculpa mi retraso y mi torpeza. Mi abrazo más fuerte

      Responder
  2. Jaume Felip dice:
    16 agosto, 2010 a las 12:47

    Hola Carlos !!!

    No he visto la película ´´ La vida secreta de las palabras ´´, mucha gente me la ha recomendado, me han dicho que es muy buena . De Isabel Coixet vi ya hace tiempo Mi vida sin mí, me encantó. Cuando pueda veré la película, hace mucho tiempo me la recomiendán. Gracias también por contar lo de Javier Cámara .Muchas gracias.

    Me ha encantado la entrada.

    Un abrazo.

    Responder
    • Carlos Olalla dice:
      16 agosto, 2010 a las 16:53

      Hola Jaume!
      No te pierdas La vida secreta de las palabras, sé que te encantará y podrás ver algunas de las mejores interpretaciones del cine de los últimos años. sencillamente fabulosas. Un gran abrazo

      Responder
  3. Sandra Si. dice:
    16 agosto, 2010 a las 14:05

    Ya es habitual en mi pasarme todas las semanas a ver tu blog.Una pelicula fantastica que te hace sentir muchas mas cosas en una hora y media de pelicula que el resto del dia.
    Porque cuantas cosas nos hemos callado a veces por el miedo al que diran.
    Excelente entrada Carlos.
    Un abrazo:)

    Responder
    • Carlos Olalla dice:
      16 agosto, 2010 a las 16:55

      Muchísimas gracias, Sandra, por tu fidelidad a La placenta y por este comentario tan cariñoso de apoyo. la verdad es que La vida secreta de las palabras es una película que hay que ver cada cierto tiempo porque es una verdadera lección de cine y de filosofía de la vida.
      Mi abrazo más fuerte y “placentero”

      Responder
  4. gabriela dice:
    16 agosto, 2010 a las 18:46

    Dos grandes películas que me hicieron más que llorar… MI VIDA SIN MI, LA VIDA SECRETA DE LAS PALABRAS.

    He vivido el no poder decir palabras y vivir con el silencio, muchas veces, los silencios acompañados de miradas dicen tanto! Hoy no es un día en el que esté muy inspirada para escribir.

    Gracias Carlos por lo que escribes!

    Responder
    • Carlos Olalla dice:
      17 agosto, 2010 a las 00:15

      Hola Gabi, bienvenida, como siempre, a La placenta y gracias por ese comentario tan cariñoso en un día que, como dices, no estás inspirada para escribir. Es realmente de agradec er. Mejórate. Un abrazo inmenso

      Responder
  5. Judd Lo dice:
    21 agosto, 2010 a las 10:47

    Justo vi la película anoche. Una película con sentimiento pero no emocional, lo cual personalmente agradezco. Habla de la amistad, del amor, del miedo, del dolor, de la guerra, del racismo, etc… todos los personajes tienen una vida interior agitada, aunque se entra en ellos lo justo para q no sean un aderezo banal. Me gustó.

    Responder
    • Carlos Olalla dice:
      22 agosto, 2010 a las 01:06

      Muchísimas gracias Judd por tu comentario y bienvenido a La placenta… Me laegra saber que te ha gustado la película. Un gran abrazo

      Responder
  6. María Blanco Fafían dice:
    24 agosto, 2010 a las 11:17

    A mí también me encanta el cine de Isabel Coixet, aunque mi debilidad sigue siendo “A los que aman”.

    Responder
    • Carlos Olalla dice:
      29 agosto, 2010 a las 23:57

      Muchas gracias, María, por hacernos llegar tu comentario de apoyo a Isabel Coixet y, sobre todo, a esa película tan especial para ti. Bienvenida a La placenta. Un gran abrazo

      Responder
  7. physiotherapist jobs dice:
    6 diciembre, 2010 a las 11:10

    Pretty nice post. I just stumbled upon your blog and wanted to say that I have really enjoyed browsing your blog posts. In any case I’ll be subscribing to your feed and I hope you write again soon!

    Responder
    • Carlos Olalla dice:
      12 diciembre, 2010 a las 11:15

      Thank you very much for your warm words. I do hope you will be there while I´m writing. Best regards

      Responder
  8. Marta Pomes dice:
    2 julio, 2011 a las 15:19

    Carlos…que maravillosa lectura nos haces de esta expléndida película!!.
    “Seres anónimos necesitados del olvido”, “no son personas sin techo sino personas sin suelo”… y qué mejor que una dura plataforma petrolera perdida en alta mar, para entregar sin miedo y compartir esas pequeñas cosas a las que tu llamas amor.

    En una de tus entradas, hablas de abrazos, caricias, ronroneos….
    No hay mejor discurso ni expresión de lo que sienten Hanna y Josef “dos seres esculpidos en el dolor y las lágrimas”, que en ese abrazo que él, le da a élla sin palabras.
    Realmente buena, la diferencia que haces entre Soledad y sentirse solo, Dolor y sufrimiento. El dolor es algo sano , si está vinculado a una pérdida o un duelo.
    Los miedos y sufrimiento en cambio, son vampiros que nos chupan, y que solo mueren definitivamente con la estaca de la PALABRA. La palabra, así, en mayúsculas, siempre la palabra.
    Esa palabra , que va cayendo en desuso en el ciudadano nuevo y globalizado del “fast food/ fast to live”.
    Hablas de la búsqueda de una mirada, ¿Buscamos realmente el encuentro de una mirada anónima o conocida, cuando vamos por la ciudad con el pinganillo, envueltos en “nuestra” música ,”nuestras” preocupaciones, “nuestras” soledades…?.
    Ya contamos con los “emoticones”, Carlos, no seas “pelín” antiguo…!!!
    Cariñosos saludos.
    (espero que los duendes internáuticos no se “chupen ” este comentario como me ha ocurrido en otras Entradas).

    Responder
    • Carlos Olalla dice:
      3 julio, 2011 a las 23:52

      Hola de nuevo Marta!

      Veo que estás repasándote La placenta de cabo a rabo. Me encanta. Son muchas las cosas que he dejado con todo el cariño en este blog y que personas como tú las compartáis me llena de satisfacción. Esta película es uno de los más bellos alegatos en defensa del amor que se han podido escribir. Sin duda está entre mis favoritas. Tiene tantos matices, tantos silencios… una auténtica joya.
      Perdona que sea un pelñín anticuado, pero esto de la informática me supera con creces. ;-)
      Un abrazo enorme, enorme, enorme

      Responder
  9. Marta Pomes dice:
    7 julio, 2011 a las 13:00

    Pues sí Carlos, como he accedido tarde a tu Blog, voy poquito a poco deleitándome con tus diferentes entradas y claro lo tengo que hacer como tu bién dices “repasándome la Placenta de cabo a rabo.”. Un placer.

    Hasta pronto!,

    Responder
    • Carlos Olalla dice:
      8 julio, 2011 a las 02:35

      Grazie tanti, marta, es un placer tenerte como seguidora del blog.
      Mi abrazo más fuerte y placentero, siempre placentero…

      Responder
  10. Magdalena dice:
    11 diciembre, 2012 a las 23:48

    Yo escribo, tú escribes, el y ella escriben, nosotros escribimos… ¡ah, qué tonta soy a veces! pero creo que es sano permitirse ser tonta… bueno no tanto, pero un poco… Porque nadie es tan inteligente siempre ¿verdad? Y tampoco somos tan lógicos como pretendemos o como pretende el mundo que seamos. Hay un viento afuera que estremece la casa. No sé por qué me encanta el viento así fuerte, furioso… ¿Por qué tanta furia? será porque le da rabia ser a veces tan brisa, tan suave,,,, y entonces se pone así… Y después quiere ser de nuevo brisa. ¿Quién lo entiende?

    Responder
    • Carlos Olalla dice:
      15 diciembre, 2012 a las 23:23

      Puede que también nosotros no seamos más que viento, viento que escribe en el aire…

      Responder

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Carlos Olalla

Por circunstancias de la vida me pasé más de veinticinco años dirigiendo empresas en la que, sin lugar a dudas, fue la etapa más aburrida y frustrante de mi vida. La verdad es que nunca me gustaron esos trabajos y lo pasé fatal. Cuando cumplí los 45 me encontré con que una reestructuración empresarial me ponía de patitas en la calle y sin un duro. Por si fuera poco, nadie me quería dar trabajo porque decían que ya era demasiado “viejo”. A mí siempre me había gustado el mundo del cine y, como estaba en el paro y tenía tiempo, empecé a estudiar interpretación. Me pasé tres años siendo el “abuelo” de todos mis jóvenes compañeros en una conocida escuela de teatro de Barcelona. Durante aquel tiempo recibí alguna propuesta de trabajo para reincorporarme al mundo de la empresa, pero no quise aceptarlas: el nuevo mundo que había descubierto me había atrapado por completo, así que decidí cambiar una maravilla de sueldo y una mierda de trabajo por una maravilla de trabajo y una mierda de sueldo. Puedo deciros que ha sido la mejor decisión que he tomado en mi vida: por primera vez soy libre, la palabra jefe ya no significa nada para mí, hago lo que verdaderamente me gusta y, lo mejor, trabajo con gente sensible y abierta que piensa y siente como yo. ¿Qué más se puede pedir?

www.carlosolalla.com

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