Fernando Fernán-Gómez: Un hombre que se atrevió a ser libre
30 julio, 2009
“El actor viejo está leyendo una novela. No lee en voz alta, sino sólo con la mirada. Mas, por deformación profesional, no puede evitar una tensión en las cuerdas vocales cuando lee los diálogos. Interiormente los pronuncia, los interpreta. No lee el actor como los demás lectores, sino sintiéndose a sí mismo en cada personaje de la historia. Al actor viejo le invade una profunda melancolía. Se le han agotado, además de su propia juventud, las múltiples juventudes de los personajes que ya no interpretará nunca…” Estas palabras pertenecen a uno de los más grandes actores de todos los tiempos: Fernando Fernán-Gómez. Hablar de Fernán-Gómez es como hablar del mar: es inmenso, profundo, misterioso, fuerte, melancólico, poético, tempestuoso a veces, juguetón las más y, por encima de todo, absolutamente libre. Porque eso es lo que fue Fernando Fernán-Gómez: un hombre que tuvo el valor de ser libre.
Alto, desgarbado, pelirrojo, de grandes orejas y nariz prominente, no parecía contar con un físico adecuado para triunfar en su profesión y, menos aún, en su verdadera, y quizás única, vocación: la del seductor que desde siempre supo que vivir no es más que amar. A veces pienso que la naturaleza se equivocó con él, no por ese físico tan particular, sino porque le hizo nacer con varios siglos de retraso ya que Fernán-Gómez fue, quizá, el último humanista del Renacimiento que habitó este mundo. Polifacético como pocos, con una cultura, una sensibilidad, una inteligencia y una creatividad que le permitían embarcarse en cualquier aventura dejando en puerto el temor al fracaso, cada día salía a navegar nuevos mares en pos de todas esas Ítacas que siempre le llamaron y, sobre todo, de todas esas utopías que, con su vida, nos acercó a los demás.
Actor, director, escritor, dramaturgo, académico, guionista, poeta… son tantas las formas que halló para compartir con nosotros su mundo interior… Leer sus memorias, “El tiempo amarillo”, es adentrarse en una visión fascinante de la verdadera historia de este país y de todos los mundos que habitan en él, todos esos mundos que, de una u otra forma, invariablemente recalaban en el Café Gijón, el puerto en el que Fernán-Gómez preparaba todas las singladuras de esa inmensa nave que construyó para dar cabida a cuantos quisieron embarcarse con él en ese maravilloso viaje a ninguna parte que es la vida, esa nave que siempre enarboló la única bandera en la que él creyó: la roja y negra.
En un mundo como el que nos ha tocado vivir, un mundo donde cada día 60.000 personas mueren de hambre mientras nosotros callamos y miramos a otro lado, donde los países autoproclamados civilizados permiten, cuando no propician, el genocidio de pueblos enteros, en un mundo en el que, como diría León Felipe, la vida no vale más que el orín de los perros, y en donde palabras como dignidad, justicia o libertad han perdido todo su significado, personas como Fernán-Gómez son más necesarias que nunca. Sé que fue un ser irrepetible, que nunca más habrá nadie como él. Sin embargo, utópico sin remedio, quiero creer que la naturaleza no se equivocó al hacerle nacer con unos siglos de retraso, sino que lo hizo al traerle a este mundo con algunas décadas de adelanto y que su ejemplo será seguido por las generaciones que vendrán, que se atreverán a alzar su voz, a ser libres y a cambiar de una vez todo esto.
En una de las paredes de su adorado Café Gijón cuelga una placa en la que se dice que el tiempo no es más que el espacio entre nuestros recuerdos. Yo no tuve la oportunidad de conocerle personalmente, pero son tantos los recuerdos que guardo de él y son tantas las ocasiones en las que su voz, no sé de dónde, surge libre y altanera para gritarme ¡Pero qué coño estás haciendo, chaval!,que siento que ese tiempo se ha detenido porque ya casi no hay espacio entre mis recuerdos.
Releer a Fernán-Gómez es asistir en primera fila a una clase magistral de interpretación. Pocos como él han definido tan bien el trabajo del actor: “Nadie tiene conciencia más clara de su incapacidad que el actor. Domina sus herramientas y las tiene siempre dispuestas: la memoria, la voz, los ademanes. Con una atinada elección de vestuario, una peluca y unos toques de maquillaje, su físico puede aparentar el físico de otro, del personaje. Pero el actor sabe que, en el fondo, no se trata de eso. El actor siente que debe evadirse de sí mismo, que tiene que llegar no ya a incorporar a otro, sino a ser otro. En eso consiste su trabajo. Por arriesgado o simple que parezca, éste es el juego, un juego que no es posible ganar más que con trampas de tahúr. El actor debe mentir, es su oficio. Y necesita, al acabar su trabajo, que alguien entre a decirle que no ha sido mentira, que ha sido verdad, que alguien le ha creído. Necesita elogios y alabanzas que le ayuden a paliar en alguna medida… su inevitable fracaso.” Su opinión sobre la raíz de nuestra vocación de actores no tenía desperdicio: “Ser actor es algo que emana del deseo latente que tienen todos los niños hasta que son domesticados. Es el deseo de ser muchas personas a la vez, un deseo que se ve truncado porque después te educan para ser una sola persona…”
Su fina ironía, su profunda inteligencia y su personalísimo sentido del humor empapan todos sus escritos: “La vida para todos es igual de larga, pero en los personajes de teatro no es así. Los personajes de teatro cuando terminan su cometido desaparecen; los actores retornan a su camerino y el personaje se desintegra al salir el actor del escenario… La diferencia entre los hombres de la realidad y los personajes teatrales es que los hombres de la realidad siempre son protagonistas, todos son protagonistas, aún cuando al mismo tiempo sean personajes secundarios en las peripecias ajenas. Rara y admirable cualidad la que tienen algunas personas de saber cuándo deben comportarse como secundarios. ¿Crees tú – le pregunté una tarde a un amigo- que eres el protagonista de tu vida, o un simple comparsa de la mía?
Ha pasado poco más de un año desde que Fernando Fernán-Gómez emprendió el único viaje al que no le pudimos seguir. Su ausencia se hace cada vez más presente. Son tantas y tantas las cosas que han pasado desde entonces, y es tanto lo que se añora escuchar aquella voz rota y profunda sacudiendo nuestras conciencias y alborotando nuestros sueños… Sin embargo, hoy se le siente más cerca de nosotros que nunca, porque, como él decía: “Todo lo que está demasiado lejos, como la luna, los recuerdos y los muertos, no puede nunca separarse de nosotros…”

Me ha encantado. Fernando Fernán Gómez no sólo es un referente para cualquier persona del mundo de las artes, es una institución, la primera “institución” para y por la libertad, o mejor aún, una inspiración que nos susurra a los actores que hay que seguir adelante, pase lo que pase. Y hablo en presente, porque hay personas que dejan tanta huella y cuyo papel en este mundo es tan importante que en realidad nunca mueren.
Muchísimas gracias veryinspired, por estar siempre ahí, animándome tu también a seguir adelante
Un abrazo inmenso y fernangomeciano
Hola de nuevo maestro!
Son muchas las cosas que destacaría de Fernán Gómez. A veces cuando hablaba, no se porque pero me venía a la cabeza Camilo José Cela y su manera tan libre de escribir, sin eufemismos y siendo claro, seguramente no tengan nada que ver.
Fernán Gomez, se puso al mundo por montera y decidió que él era el dueño de su vida.
Desde luego, con lo que más me quedo del texto que has compartido con nosotros es el de que ” 60.000 personas mueren de hambre mientras nosotros callamos y miramos a otro lado, donde los países autoproclamados civilizados permiten, cuando no propician, el genocidio de pueblos enteros, en un mundo en el que, como diría León Felipe, la vida no vale más que el orín de los perros, y en donde palabras como dignidad, justicia o libertad han perdido todo su significado, personas como Fernán-Gómez son más necesarias que nunca.”
Este parrafo me ha llevado a mi mas hondo sentimiento, aquel que emana cuando recibo noticias de los campos de refugiados de Darfur. Aquel que me hace sacar mi mas profunda rabia, y gritar al mundo entero que no solo existe Irak, que en el mundo hay mas de 50 conflictos activos, pero olvidados por los paises ” desarrollados” Acaso un pais desarrollado es aquel que deja que sus hermanos mueran de hambre, niñas sean violadas, familias separadas y niños portando armas…Que cosas.. Siento haberme extendido tanto, pero sin lugar a dudas,creo que Fernán Gomez, está en el cuerpo de todos nosotros, llamados los “revolucionarios” por un mundo más justo..y por unas artes mas limpias, sin dejarnos corromper por esos políticos que quieren cargarse los teatros, la magia y la ilusión de la gente..
Mi mas sincero Abrazo Carlos, siento haberme extendido tanto..
Gracias, Gabriela, por esa sensibilidad a flor de piel que dejas en todo lo que escribes. Como bien dices, Fernando Fernán-Gómez sigue vivo en todos nosotros porque, por desgracia, son tantas y tantas las cosas que nos quedan por hacer para que esto pueda llegar a ser un mundo libre y justo para todos que no podemos dejar que personas que, como él, tanto han hecho y siguen haciendo con su ejemplo caigan en la rutina del olvido…
Un abrazo placentero, esperanzado y libertario
……aun tengo tan presente “El viaje a ninguna parte” !
Un abrazo, “hermano”.
Pep, no dejes de leer “El tiempo amarillo”… leerlo es escuchar la voz de Fernán-Gómez tan alta y clara como siempre
Un gran abrazo, compañero de sueños y fatigas
Oh, sinceramente un artículo magnífico, sublime.
Este hombre era y con razón una de las eminencias más representativas del mundo escénico, cultural e intelectual. Con una personalidad, una elegancia y un talante impresionante.
Fue en todos los sentidos un genio, un profesor a seguir.
Cada una de las palabras escritas anteriormente han hecho soterrar en mi esas sensaciones…propicias para ponerte a trabajar en un papel de un personaje, o bien escribir una poesía sobre la vida y lo que nos rodea.
Desde la tierra un fuerte abrazo para esta gran persona.
Y mis felicitaciones para el creador del artículo. Cuidense.
Muchísimas gracias por tus cariñosas palabras, Meritxell, y bienvenida a “La placenta del Universo”. Me encanta que ver cómo se va poblando “La placenta…” de gente sensible y abierta como tú que sabe que podemos encontrar la belleza en todo lo que nos rodea, si aprendemos a mirar de verdad.
Un gran abrazo
Enhorabuena por el artículo. Como actor y como persona me ha llegado muy hondo. Para mí fue, es y seguirá siendo una referencia. Creo que añadir algo más sobra. Sólo hacer un pequeño apunte; para quien no lo haya visto, recomiendo de manera vehemente el documental/entrevista “La silla de Fernando” de David Trueba.
Gracias.
Un saludo
Bienvenido a “La placenta…” David, gracias por tus palabras de ánimo y por esa recomendación que, desde luego suscribo con entusiasmo, de ver , y también de volver a ver par alos que la vimos en su día, “La silla de Fernando”, que es volver a escuchar y a sentir a Fernando Fernán-Gómez como si nos hubiera invitado a tomar una copa en su casa para hablarnos y regalarnos su particularísima visión de todo lo que le interesaba.
Un cordial saludo
Hola Carlos, el artículo está genial sobre el maestro Fernando Fernán-Gómez, sin duda un gran actor de que en todas las películas que le he visto me quedo con su gran papel de Don Gregorio en La lengua de las mariposas, gracias por el artículo. Saludo y un abrazo.
Hola Jaume!
Gran alegría reencontrarte de nuevo apoyando a “La placenta…”, siempre puntual a esa cita que tenemos los que amamos ese mundo tan fascinante que es la interpretación. Realmente el Don Gregorio de Fernán-Gómez, como dices, es un personaje inolvidable: humanidad y dignidad en estado puro.
Un abrazo enorme
Magnífico el breve texto sobre el maestro Fernán-Gómez. Él sí que tenía las ideas claras.
Muchísimas gracias por esas palabras de apoyo, Antonio, y bienvenido a “La placenta…”
Un abrazo
Querido. Como incluiste este blog en clandestino??? tengo milones de cosas que contar empezando por neville. ayuda please.
Hola Miguel!
Ví que en Clandestino pedían (y piden), colaboraciones para crear nuevos blogs. Me dijeron que les enviara material, lo hice y me propusieron colaborar con ellos. Te aseguro que estoy encantado, son una gente fantástica. Hazles llegar tu material, no lo dudes.
Un abrazo
El hablar de Fernando Fernan-Gomez y compararlo con el mar (es inmenso, profundo, misterioso, fuerte, melancólico, poético, tempestuoso a veces, solo), se me ocurre decirte, que tú como escritor tienes esa magia del mar, tu inmersión en la escritura profundiza más allá lo que estas escribiendo, con Fernando Fernan Gomez, nos llevas a él…recordandolo en todos sus elementos fisicos e intelectuales. Realmente era y es La Tempestad del arte.
Grandes saludos y besos
Pepa
Hola Pepa!
Muchísimas gracias por esas cariñosas palabras de aliento. Te aseguro que con lectoras como tú da gusto escribir. La verdad es que todo lo que podamos decir de Fernán-Gómez se quedará corto, porque nunca podrá abarcar su inmensidad humana, pero, aunque sólo digamos unas pocas palabras sinceras sobre él, siempre volveremos a escuchar su voz, porque él sigue vivo en cada uno de los que amamos la libertad y el teatro, y por eso su voz no morirá jamás…
Un abrazo enorme, placentero, utópico y… libertario, ¡siempre libertario!