Elegía a un príncipe nómada…
18 septiembre, 2011
Hay personajes en la historia que viven más allá de su tiempo, quizá porque decidieron vivir su vida siempre a contra corriente. Pueden ser incomprendidos, ignorados o hasta perseguidos y asesinados por vivir fuera de las normas de su época, pero ellos son los que hacen que la humanidad avance. Hoy quiero hablar de uno de ellos, un hombre que conoció el sufrimiento, el dolor y también la felicidad, que luchó por su libertad y por vivir su vida a su manera. Era, por su sensibilidad y su formación, un hijo del Romanticismo, pero por su forma de ver y de vivir la vida, un hombre que se adelantó un siglo a su época. Hablaba catorce lenguas, fue aventurero, marino, nómada, viajero, erudito, escritor, místico, pacifista, ecologista, mecenas, embajador, etnólogo, botánico y antropólogo entre otras muchas cosas, y entre sus amigos se contaban personas como Julio Verne, Miguel de Unamuno, Santiago Rusiñol, Jacinto Verdaguer, Rubén Darío o su prima, la emperatriz Sissí. Su nombre era Luis Salvador, el Archiduque Luis Salvador de Austria.
Si quieres, la música de María del Mar Bonet y su Bir Demet Yesamen (No s´ha mort el desitg) puede ser una maravillosa compañía para esta entrada
Pocos momentos encontramos en la Historia como el final del siglo XIX. Con
un mundo sumido en los dolores de parto de la nueva Europa, la ciencia y la técnica se convirtieron en los pilares del progreso. El humanismo renacentista o los ideales románticos dejaban paso a una fuerza emergente que todo lo invadía. La filosofía, las artes y la cultura se vieron amenazadas por un enemigo desconocido hasta entonces. En un desesperado intento por sobrevivir, la Viena del final del XIX vio como artistas, sabios y poetas se unían en un grito de libertad, un grito que reivindicaba la necesidad de un nuevo renacimiento humanista. Este desigual combate duró poco y aquel grito fue pronto ahogado por el ruido de los cañones. La Primera Guerra Mundial, ese parto del Nuevo Mundo, había comenzado.
Esta fue la época que le tocó vivir al Archiduque Luis Salvador. Personaje fascinante y polifacético donde los haya, vio como el mundo que le rodeaba, su mundo, caía roto en mil pedazos sin que nada ni nadie pudiera evitarlo. Marcado por la tragedia de su tiempo y por la fatalidad del destino, supo ahondar en su interior para encontrar su camino. Su memoria se agiganta en un tiempo como el actual donde los valores que él reivindicó parecen más necesarios que nunca.
El Príncipe de Salina, ese inmortal personaje rescatado del olvido por la magistral pluma de Lampedussa, nos recordaba que tras ellos, tras los últimos gatopardos, serían los chacales los que vendrían… Luis Salvador, contemporáneo del Príncipe y testigo como él de la lenta agonía de su mundo, no se opuso al progreso que traería a esos chacales. Sabía que hacerlo hubiera resultado inútil. El prefirió hacer de su vida un sueño, un sueño que nos enseña el camino que lleva al único lugar donde jamás llegarán los chacales: el fondo del ser humano. Esta es la historia de ese sueño.
Perteneciente a la rama italiana de la familia de Francisco José, el emperador del
Imperio Austro-Húngaro, había nacido en 1847 en su casa familiar, el palacio Pitti, en Florencia. La revolución garibaldina les obligó a huir a Nápoles y más tarde a Austria. Desde su infancia él supo que todo a su alrededor se estaba derrumbando: la presencia de su familia en la Italia recién nacida tras más de 400 años de permanencia en ella, el propio Imperio Austro-Húngaro, que, como en un macabro vals, giraba sobre sí mismo sin darse cuenta de que su agonía estaba muy próxima. En una loca carrera contra el tiempo, Luis Salvador dedicó una gran parte de su vida a recorrer las islas del Mediterráneo para recoger los vestigios de sus tradiciones y la cultura popular que estaban siendo masacrados por la influencia de la revolución industrial., una influencia que pronto lo inundaría todo.
Cuando era poco más que un adolescente le tocó vivir la experiencia más trágica de su vida, una experiencia que le marcaría para siempre: su prima Matilde, de la que estaba enamorado desde siempre, ardió como una tea al incendiarse su vestido de gasa con un candil durante una fiesta en Viena. Nada se pudo hacer por salvarla. Destrozado por la tragedia, sus padres decidieron apartarle de la corte vienesa por un tiempo para que intentase olvidar y pudiese recuperarse. El Conde Sforza, su tutor y amigo, le acompañó en un viaje a lo que Sforza sabía que Luis Salvador más quería: el sur. Cobijados bajo el pseudónimo de Conde Neudorf, llegaron a Ibiza el 10 de agosto de 1867 para realizar un estudio de sus coleópteros.
Fascinado por la belleza de unas islas todavía vírgenes, decidió establecer su
residencia temporal en la ciudad de Palma de Mallorca. Para ello alquiló un palacio, el de Formiguera, que estaba deshabitado, y pidió expresamente que lo amueblasen con una mesa, varias sillas y un colchón. El lujo y la ostentación nunca llamaron la atención del que más tarde sería conocido en la isla como S´Arxiduc. Las temporadas que pasaba en Mallorca las dedicaba a descubrir los últimos rincones de la isla y a preparar la que sería una de sus grandes obras: la colección de libros sobre las Baleares (Die Balearen), de obligada lectura y consulta para todo aquel que quiera conocer cómo eran esas islas a finales del siglo XIX. En los textos de esos libros y en sus fabulosas láminas podemos contemplar la antropología y la cultura popular de aquellas islas. En ellos encontramos todo: desde una descripción de cada rincón, o de las tradiciones y las fiestas populares de cada pueblo, hasta, por poner un ejemplo, el censo anual de burros de cada isla.
Recorriendo Mallorca conoció su costa norte, la Serra de Tramontana, con pueblos como Valldemosa, Deiá o Llucalcari, y se quedó tan fascinado que empezó a comprar las fincas y las casas señoriales (“posesions”) de la zona. Una de las que compró era la de Miramar, donde fijaría su residencia en la isla, en la que Ramon Llull había creado su escuela de lenguas orientales en 1274. Paulatinamente fue comprando otras “posesions” como Son Moragues, Son Marroig, Son Galcerán o S´Estaca, donde construyó una casa de estilo siciliano donde vivió la que fue uno de sus más grandes amores, la payesa Catalina Homar. Actualmente S´Estaca es propiedad del actor Michael Douglas y pasa en ella parte de sus vacaciones. ¡Ah, qué gran película podría hacer Michael Douglas de la vida del Archiduque Luis Salvador!
S´Arxiduc no quería que el paraíso de la Serra de Tramontana fuese destruido por
el progreso y la especulación por lo que , en cuanto oía un hacha cortando un árbol, se acercaba a hablar con el payés y le compraba la finca para que no se talara ni un solo árbol más. Rehabilitó una antigua casa (Ca Madó Pilla), y la convirtió en posada donde gratuitamente podían comer y dormir durante tres días todos los visitantes que se acercaran a contemplar aquel paisaje.
Fueron muchas, incontables, las anécdotas de la vida de S´Arxiduc. Era frecuente que su pobre y austero aliño indumentario induciese a la gente a confundirle con sus criados, malentendido que él nunca aclaraba ya que se divertía con ello y además le permitía evitar la pérdida de tiempo que le suponía atender a visitas inesperadas y pesadas. Nunca fue amante del protocolo ni de la vida social.
Viajar era la gran pasión del Archiduque, y por eso jamás fijó su residencia
permanentemente. Siendo niño una vieja le había profetizado que en su vida tendría palacios y mansiones, pero que jamás tendría un hogar. Puede que su verdadera casa fuera la Nixe, su impresionante motovelero de tres palos con el que recorrió el Mediterráneo. A bordo de aquel barco viajaba una trouppe de acompañantes de S´Arxiduc que bien podía parecer una trouppe circense: su amante Catalina Homar, sus criados, Antonio Vives, su secretario personal, invitados, amigos y muchos animales, entre los que había perros, aves exóticas y hasta monos. A bordo de su mundo, la Nixe, recorrió con los suyos todos los mares en un viaje sin regreso hacia el fondo de sí mismo. Él se definía como un nómada sin remedio: “Yo he sido siempre un nómada, sin residencia fija corro los mares… mi humor vagabundo me hace vivir, por decirlo así, fuera de la humanidad”
Mucho se ha hablado de la posible bisexualidad de S´Arxiduc, del amor que sintió por su amigo Vivorni (trágicamente muerto de una insolación mientras navegaba en una pequeña barca por la costa de la Serra de Tramontana), y de los muchos hijos naturales que ha dejado en las islas fruto de sus amores. Quizá el más importante de todos ellos fue el que mantuvo con la veneciana Antonieta Lancerotto, que también acompañó en más de una ocasión al Archiduque en sus cruceros por el Mediterráneo, a pesar de que jamás le gustó navegar.
El carácter romántico y soñador de Luis Salvador encajaba perfectamente con el de la emperatriz Sissí, enamorada de la belleza y de la poesía y tremendamente inadaptados ambos para la vida en el mundo de la Corte. Fueron varias las visitas que la emperatriz hizo a su primo en Mallorca, a bordo de su yate, curiosamente también llamado Miramar, como la “posesió” de S´Arxiduc. El Emperador Francisco José, preocupado por intentar evitar la inevitable caída de su imperio, permitía que aquel Archiduque atípico y díscolo viviese libremente su vida aunque, conocedor de su pasión por los viajes, no dudó en encargarle una responsabilidad que el Archiduque aceptó encantado: ser el embajador del Imperio Austro-Húngaro en las Exposiciones Universales. Esta labor le permitió a Luis Salvador cumplir otro de sus más grandes sueños: dar la vuelta al mundo.
Son muchas las interpretaciones que se han dado sobre la pasión de Luis Salvador por recorrer las islas mediterráneas y pasar años estudiándolas: las Baleares, las
Lípari…, y también la costa del norte de África, el mediterráneo oriental… Hay quien dice que tras esa fachada de estudioso investigador de campo se escondía su verdadera labor: el espionaje de lugares estratégicos que podrían ser utilizados en caso de guerra. No hay una sola prueba de ello, aunque tampoco las hay de lo contrario. Yo particularmente me inclino a pensar que, como Ramon Llull, era un enamorado de las culturas del Mediterráneo y que dedicó su vida a conocerlas y a acercar entre sí todos los mundos que viven en sus orillas. Su pasión por la antropología era la que le llevaba de isla en isla antes de que la revolución industrial acabase con la cultura popular de aquellas gentes. No fueron conquistas o gloria lo que buscó en el viaje de su vida. Huyendo de un futuro que todo lo arrasaba, dejó que el viento guiara su existencia. No temía al progreso, era un científico, pero amaba demasiado el presente como para dejar que se hundiera con su peso. Una y otra vez recorrió las islas del Mediterráneo. La revolución industrial jamás supo de tolerancias o clemencias. En sus libros duermen hoy los recuerdos de la Historia. Esa fue su conquista.
Poco a poco, el paso del tiempo y las heridas del amor hicieron que la sangre latina que corría por sus venas lograra imponerse a la rigidez germánica de la educación que había recibido. Así, en sus escritos, vividas ya sus innumerables vidas, es el fondo de su corazón quien, al final de sus días, toma el pulso de su pluma: “Canciones de los árboles” o “Somnis d´estíu ran de mar” (Sueños de verano junto al mar) son las obras que mejor reflejan la sensibilidad de ese nómada empedernido que fue S´Arxiduc.
Calificarle de místico, panteísta o romántico tardío de nada sirve… jamás habrá prisión para un espíritu libre. Dejemos que sea la voz de este hacedor de sueños quien susurre a nuestra alma sus secretos:
“No se ve ningún buque en el ancho horizonte, sólo buques imaginarios lo atraviesan, y con todo, ningún sentimiento de soledad, como sucede en las cumbres de las montañas; ahí está una ola, como si en un abrazo gigantesco rodeara todo el mundo. Hoy las he escuchado, como si susurrasen conversaciones de lejanos seres queridos. Durante horas las he escuchado, como si siempre tuvieran que decirme algo nuevo…
“¡Con cuánta frecuencia y bajo cuántos firmamentos no habré soñado yo a orillas del mar!… ¡Mirando con nostalgia el oleaje, este ancho camino del mundo, y deseando que me condujera de una costa a otra! Me parecía siempre un nuevo momento: contemplaba la lejanía azul con la misma nostalgia que en mi niñez. Por muy hermosa y fascinante que sea la playa en que me halle, siempre renace esa innata pasión por viajar…
“Uno disfruta de este silencio de ensueño y de este sentimiento de paz interior que solo encuentra en el mar… Es hermoso contemplar la espuma… tiene tanto encanto poder mirar las olas, tan iguales y tan diferentes… una corriente de poesía brota de cada cresta para el que sabe comprenderla…
“Todo el mundo ha oído el susurro del viento entre la copa de los árboles, sin embargo no todos han llegado a escuchar sus voces, tan diversas según sea el árbol de que se trate; no todos han regalado el oído con sus canciones, tan dulces como un beso tras otro, aunque poco después sean como lágrimas. Hay que escuchar atentamente el sonido de sus hojas y procurar descifrarlo. También su modo de hablar es distinto según sea la fuerza del viento y la edad de los árboles, pues difieren tanto como la risa de un niño y el lamento de un anciano. A mediodía, cuando la brisa se desliza susurrante entre las ramas, es el mejor momento para escuchar sus voces… si el árbol está solo, es entonces cuando susurra sus melodías más dulces y, en cierto modo, vierte su propia alma…”
Las fuertes tensiones políticas que marcaron el inicio de la segunda década del siglo XX obligaron a S´Arxiduc a alejarse de su adorada Mallorca. A finales de junio de 1914 el Príncipe heredero del Impero Austro-Húngaro, Francisco Fernando y su esposa Sofía, visitaron al Archiduque Luis Salvador en su villa de Trieste. Iban de camino a iniciar unas maniobras militares. Pocos días después, el 28, fueron asesinados en Sarajevo. Aquel atentado fue el inicio de la Primera Guerra Mundial, que se llevó por delante para siempre al Imperio Austro-Húngaro. Pocos meses después S´Arxiduc moría, solo, en su castillo de Brandeis (Austria).
Luis Salvador escribió muchos libros, casi setenta, y todos llenos de belleza y poesía, pero puede que el más bello que escribió no lo hiciera sobre el papel, sino viviendo su vida y, sobre todo, construyendo los caminos y miradores que han salvado hasta nuestros días ese paraíso mallorquín que es la Serra de Tramontana, esa costa del atardecer donde jamás duermen los sueños…

Hola de nuevo, Carlos:
Lo maravilloso de tu blog es que, además de disfrutar con los artículos, aprendo un montón.
No conocía a este personaje, y me ha sorprendido mucho su complejidad. Imagino que no le debería resultar nada fácil, como bien apuntas, vivir en un ambiente cortesano a una persona con un sentido tan radical de la libertad. Me parece que llevó bastante bien lo de pertenecer a la familia aristocrática en la cumbre del Imperio Austro-Húngaro y, al mismo tiempo, vivir su propia vida como él quería (imagino que tendría que capear, o simplemente ignorar, muchas críticas de parte de los sectores más reaccionarios e intransigentes de la aristocracia). Siempre me resulta conmovedor conocer el ejemplo de esta gente que se decide a tomar su propio rumbo contra viento y marea, al margen de las convenciones sociales al uso (que siempre las ha habido y siempre las habrá).
En lo de comprar fincas para conservar su patrimonio natural, me recuerda un poco el caso de Beatrix Potter, la escritora e ilustradora de cuentos infantiles que, con su fortuna, se dedicó también a adquirir grandes extensiones de espacios rurales para conservar su belleza primigenia y su diversidad natural intactas.
Por último, sólo decir que tiene que conservar mucho de inocencia una persona que escribe algo tan hermoso como este hombre, un canto tan sentido a la Naturaleza y la libertad. Afortunadamente, y aunque seguramente se lo temía por el avance industrial de su época y la pérdida de respeto galopante a la Naturaleza, no llegó a ver las atrocidades que actualmente han desvirtuado el paisaje de la costa mediterránea, si no, sus escritos habrían sido mucho más melancólicos y amargos, como a veces sucede con el ánimo de los románticos que aún nos quedan.
Saludos.
Precioso comentario, Nyx, totalmente identificado con el espíritu de S´Arxiduc y de todos y todas los que deciden vivir su vida en libertad. Las anécdotas que reflejan la fuerte personalidad y la oposición tremenda que encontró en su entorno son muchas. Hay una que me hizo mucha gracia. Es una carta que escribió a su madre pidiéndole que le enviase dinero para sufragar sus gastos. La madre le había recriminado su constante falta de atención en el vestir y le había recomendado que se comprase ropa nueva, a lo que Luis Salvador le contestó que lo de su indumentaria carecía de importancia detallándole que su camisa tenía 3 años, su pantalón 10 y sus zapatos cerca de 12 y que lo más viejo de lo que llevaba encima era su cara, ¡que ya tenía casi 30!
Desconocía la anécdota de Beatrix Potter que comentas. Me encanta ¡Ojalá hubiera muchos que hicieran lo mismo!
Un abrazo enorme y luisalvadoriano
“…La Serra de Tramontana, esa costa del atardecer donde jamás duermen los sueños”.
Carlos, estoy completamente de acuerdo con la opinión que tiene sobre tublog Nyx, diosa de la noche…
Nos presentas a este archiduque, erudito, gran gozador de la vida y del amor, que no se dedicó solo a soñar y escribir; también supo trabajar y obtener lo mejor que le ofrecían sus tierras, buenos vinos y aceites que conocieron las Exposiciones Internacionales de Paris y Barcelona (1888).
Y como siempre, nuestro querido Carlos, no escoge este personaje al azar.
Un Aristócrata que construye en sus tierras caminos y miradores para deleite de todo aquel sensible a la belleza; salvando con ello un trozo de isla, de la avidez de los nuevos “chacales”.
No, su elección no es puro azar.
En este Septiembre horrible, de economía por los suelos, credibilidad en los políticos nula, Carlos con su entrada, nos viene a decir : “hay otras formas de relación posibles”.
Leemos en los diarios que el G-7, admite que” no hay una solución única ante esta crisis”… Por supuesto que no!!. Hace años que se viene hablando del Decrecimiento Económico: Nueva relación de equilibrio entre el ser humano y la naturaleza.
Ya en 1972, un grupo de científicos y políticos conocidos como El Club de Roma, plasmaron su preocupación sobre las consecuencias de las acciones humanas sobre el planeta. Encargaron un estudio al M.I.T , y el resultado del mismo, fue el libro titulado “Los Límites del Crecimiento”. En el se exponen los peligros ecológicos del crecimiento económico sin límites.
Ahora ya, estamos padeciendo los efectos.
Buén momento también para releer a Ivan Illich y su “Lógica del Caracol”.
… Y mira tú, Carlos, a donde me ha llevado tu elegía a un Príncipe Nómada!!…
Muchísimas gracias, Marta, por hacer esa lectura tan generosa de esta entrada y por traer a nuestra memoria el recuerdo de Ivan Illich y los defensores del decrecimiento (la entrada “Menos es más” que subí en febrero trataba precisamente sobre este tema con el que cada día me identifico más)
Gracias por hacernos viajar con el Archiduque a esos mundos que no solo son posibles, sino que son imprescindibles.
Mi abrazo más fuerte y libertario
Hola Carlos, interesante el personaje-desconocido para mí- que nos traes esta semana.
Carlos, leer tu brillante entrada, me ha llevado a otro personaje, coetáneo de tu príncipe nómada, y aristócrata como él. Me refiero al príncipe ruso Piotr Kropotkin (1842-1921) (el príncipe anarquista), geógrafo, naturalista, pensador político y gran teórico del movimiento anarquista; fue quien desarrolló la teoría del apoyo mutuo. Para aquellos que no lo conozcan y deseen acercarse a su vida y obra, no está nada mal, para empezar, la entrada de wikipedia al respecto.
Carlos y Marta,……..¡uf!… ” la Sierra de Tramontana, esa costa del atardecer donde nunca mueren los sueños”.
Dicen que en las islas ocurren historias misteriosas y de dificil encaje en lo que denominamos razón. En el año 1982, la sierra de Tramontana fue el escenario donde yo fui protagonista principal de dos de esas historias. Una de ellas fue en Sa Foradada, la otra en Deyá.
En el cementerio de Deyá vivía un viejo olivo, aún resistente y altivo. Desde este lugar se puede disfurtar de unas hermosas vistas del mar y unos mágicos y policromados atardeceres. Especialmente recuerdo uno de esos atardeceres al lado del viejo olivo, simultaneando el sonido del viento, con una emotiva canción griega de Mikis Theodorakis cantada por María Farantouri.
Muchas veces he deseado volver a aquel lugar con la mujer amada, y recitarle una apropiada rubaiata de O. Kayan:
“Un poco de pan,/ un poquito de agua fresca/, la sombra del olivo/ y tus ojos/. No hay sultán más feliz que yo/, ni mendigo más pobre.”
Un abrazo siempre tramontano (nunca ultramontano).
Gracias por ese entrañable recuerdo a Kropotkim, a Theodorakis, Farantouri, Deiá y a Omar Kayan, ¡menudo repoker de ases!
En ese maravilloso cementerio de Deiá es donde está enterrado Robert Graves, ya que allí vivió la mayor parte de su vida. Su epitafio es tan sereno, austero, bello y poético como ese cementerio y sus vistas: sencillamente dice: “Robert Graves, poeta” Imposible decir más con menos.
De nuevo mi abrazo más tramontano y libertario
Carlos es verdad, ya escribiste una expléndida entrada en Febrero “Menos es más”, Hiciste todo un master sobre Decrecimiento Económico.
Como soy algo novata en tu Placenta, no la había leido. Bueno, lo importante es que ideológicamente coincidimos en mucho, y el archiduque es el que me ha llevado a mí a repensar en todo esto.
Invito a los placentarios que no la hayan leido que la lean; nos estás describiendo la realidad actual y futura que nos lleva a las cloacas del progreso, si no hacemos algo todos los que somos capaces de pensar.
“Una vaca en Europa cuesta más, que una persona en Africa…”
“La juventud trata de escapar a través de la diversión de la cuestión del sentido de la vida…”
La juventud y no juventud, no escapan de ese sentido de la vida atrasvés de la diversión, sino através de la anestesia que proporciona el alcohol, desconecta, disocia,no va con él.
Muchísimas gracias, Marta, por ese cariñoso comentario. Siento no haberte contestado antes, pero llevo un par de semanas en las que, por diversos motivos, casi no he parado en casa. Cada día tengo más claro que el decrecimiento es el camino. Un abrazo enorme pero en este caso no decrecido
(continc.)
Solo la diversión, donde las miradas se cruzan, los cuerpos se rozan bailando o tocándose, las risas inteligentes se entremezclan entre músicas y cantos, con el calor de un buen vino bién saboreado, o simplemente en silencio; pero escuchado y compartido por al menos dos seres humanos, que son conscientes de lo que están haciendo, a esta sí, podemos llamarla diversión!!; pero no la anestesia del botellón!!..
Se que aquí no viene muy a cuento lo que digo; pero sí está relacionada con la otra Entrada de “Menos es más”.
Perdona mi atrevimiento.
Carlos y vosotros sois tan generosos que me permitiis enrollarme.
Saludos muy cariññosos
Me encanta, Marta, ver que no solo coincidimos ideológicamente en muchas cosasa, sino también en la forma de entender la verdadera diversión. Un abrazo enorme
Hola de nuevo Carlos !!!
Totalmente de acuerdo con NYX y con Francisco , no conocía este personaje pero me ha resultado muy interesante y darte las gracias por lo que aprendemos que no sabemos gracias a tus artículos .
Y sin duda fué un auténtico nomáda .
Gracias de nuevo por este genial artículo.
Un gran abrazo.
Si vas a Mallorca, Jaume, no dejes de visitar la Costa Nord (La Serra de Tramontana). Viendo aquel paisaje le verás a él, sigue vivo en aquel maravilloso mundo que ayudó a salvar. Un abrazo luisalvadorniano
Sí, entiendo que nada ni nadie es como querríamos que fuera, ni nosotros mismos, pero como este es un espacio de libertad de expresión, me permitiré decir lo que pienso. Creo que es fácil disfrazarse de mendigo siendo el dueño del castillo; lo difícil y verdaderamente admirable habría sido o es renunciar a todo. Pero, claro, no es fácil. Otro aspecto que no me agrada es que no hubiese sido ascético, que no hubiese renunciado a los placeres ni aun en las postrimerías de su vida. Me habría gustado hubiese sido un noble virtuoso, puro, casto… Los reyes y nobles actuales deberían serlo. Serían modelos para el mundo. Pero no, exprimen hasta la última gota de placer: “Un placer clandestino, que exprimen bien fuerte, como naranja seca”.
Ah, el eterno dilema de las cosas como son o como nos gustaría que fuesen. Al final no somos más que lo que hacemos. Cada uno busca su camino, su felicidad, y Luis Salvador lo hizo a su manera. Tiene libros, como “Somnis d´estiu ran de mar” (Sueños de verano junto al mar) que reflejan una gran profundidad espiritual y mística, vertiente que él compaginó con una extraña mezcla de austeridad (con sus bienes y su forma de vivir) y hedonismo (por su forma de devorar la vida y vivir sus pasiones). Siento no compartir tu opinión sobre él, ya que a mí esa mezcla me parece un cócktail tremendamente atractivo. Su vida fue una búsqueda de la felicidad, búsqueda que le llevó a visitar todos los placeres sin saber que, quizá, eran esos placeres los que le apartaban de la felicidad. En cualquier caso me parece una opción de vida interesantísima. En cuanto a lo que comentas sobre el papel de reyes y nobles actuales como modelos para la sociedad, yo creo que son una figura totalmente trasnochada que ya no debería ser modelo de nada para nadie, y menos aún cuando tenemos que ser los demás los que pagamos sus lujos y placeres. Cada vez me siento más ácrata, Magadalena, cada día creo más en el ser humano que vive y deja vivir y menos, cada día menos, en las instituciones.
Un abrazo enorme