El silencio de la luna
20 septiembre, 2009
Hoy quiero hablaros de una de las cosas que más me gustan: entrar en una librería y buscar, uno a uno, sin prisa, saboreándolos, todos esos tesoros que están esperando a que los “descubramos”… Y para hacerlo quiero que nos acompañe una de mis canciones favoritas: “Famous Blue Raincoat”, de Leonard Cohen, pero versionada esta vez por Tori Amos, una de las voces más personales y sensuales que conozco… Espero que os guste tanto como a mí.
Siempre me ha gustado entrar en una librería y perderme entre sus libros, dejar que sean los libros quienes me lleven de aquí para allá sin mayor pretensión que el placer de encontrar a unos cuantos viejos amigos que, desde cada estantería, me invitan a charlar un rato. Puede que las librerías, como las iglesias cuando están vacías, sean ya los últimos templos del silencio, ese silencio imprescindible y necesario que, entre todos, hemos ahogado a fuerza de ignorarlo. La paz que todavía se respira en una de esas viejas librerías tiene algo de monasterio, con su gregoriano, sus vísperas y sus maitines… sus recovecos, como los claustros, nos invitan a pasear, a dialogar con nosotros mismos o con nuestros dioses.
También tienen las viejas librerías algo de balneario, de espacio sin tiempo, de callado santuario de reposo, de reposo del alma que, conforme se va adentrando y dejándose llevar, pronto olvida sus penas. Realmente nada hay para curar los males del alma como un buen masaje literario y un cálido baño de poesía, siempre poesía… porque, como decía Bécquer, siempre habrá poesía.
Aunque, si tuviera que quedarme con una única imagen, la que escogería sería la de un parque o un jardín, porque una librería es un jardín, un cuidado jardín en primavera, con sus flores, sus senderos y su estanque, sus enormes árboles y su hierba siempre verde y fresca. La librería es el jardín de los solitarios que, cada día, al caer el sol, solemos salir a pasear en busca de un nuevo encuentro, de una caricia o de una mirada: la mirada de los sueños. Lentamente recorremos todos los pasillos, dejándonos llevar por unos libros que, callados, gritan nuestro nombre. Nos acercamos a ellos, los tomamos en nuestras manos, hay algo sensual en ese encuentro, empezamos a hojearlos… ante nosotros la promesa de un mundo nuevo, o simplemente la voz sincera de alguien que quiere contarnos una historia… A veces incluso agachamos la cabeza para oler ese libro, el aroma de esa flor que acaba de abrirse entre nuestros dedos…
Las buenas librerías suelen esconder, al fondo, su lugar más preciado, esa sección en la que, si por casualidad ves a alguien saboreando uno de esos libros a tu lado, si le ves disfrutando de toda la belleza que duerme en esas páginas olvidadas, eres capaz de recuperar la esperanza y la fe en el ser humano. Esa sección es la de poesía, el sendero de los perfumes de nuestro jardín secreto.
Allí encontré, no hace mucho, una de las flores más bellas que he visto jamás. Se llama “El silencio de la luna” y pertenece a una exótica y deslumbrante especie que, durante toda su vida, se ha dedicado a plantar, a podar y a cuidar un maravilloso poeta (¿o debería decir jardinero de la palabra?) mejicano: José Emilio Pacheco. Aquel título atrajo poderosamente mi atención, me acerqué y dejé que mis dedos resbalaran por sus hojas. Uno a uno sus versos empezaron a volar, a llevarme a ese no lugar donde nacen los dioses y viven los poetas… Aquí tenéis uno de los poemas de Pacheco que parece escrito para todos los que como nosotros, los actores, hemos aprendido que sólo avanzamos de verdad cuando perdemos el miedo a fracasar, cuando, pase lo que pase, confiamos en nosotros mismos, no nos paramos y seguimos adelante, siempre adelante, hacia ese puerto que, como Ítaca, nos dará lo más importante: el viaje…
“TITANIC
Nuestro barco ha encallado tantas veces
que no tenemos miedo de ir hasta el fondo.
Nos deja indiferentes la palabra catástrofe.
Reímos de quien presagia males mayores.
Navegantes fantasmas, continuamos
hacia el puerto espectral que retrocede.
El punto de partida ya se esfumó.
Sabemos hace mucho que no hay retorno posible.
Y si anclamos en medio de la nada
seremos devorados por los sargazos.
El único destino es seguir navegando
en paz y calma hacia el siguiente naufragio.”
“El silencio de la luna” me habló de poetas, de mares y sirenas, de magia, de los sueños, del amor, me habló de ti y de mí, de nosotros y de lo que aún podemos ser… fue ese viento del sur que se llevó la niebla, porque la niebla sólo tiene color de olvido y fue la luz del atardecer, esa luz que, desde siempre, nos ha enseñado a ver…
Y ya que hablamos del mar, quiero compartir con vosotros un poema que escribí hace algunos años, al son de los versos del gran Vinicius de Moraes:
POEMA AÚN SIN TITULO
De lejos me llega
el silencioso latido de la eternidad,
siempre ha estado allí
y poco le importa que mi vida
acelere ya su paso,
porque él siempre ha estado allí.
Vio mis juegos de ayer,
cobijó mis amores primeros,
acunó mi soledad,
me dio el azul,
la caricia y los sueños…
También me dio el primer beso,
la infinita alegría del primer verso
y susurró en mi oído su canción,
esa canción que habla
de bergantines naufragados
en la costa del olvido,
de piratas, de princesas,
de los mundos que perdimos
más allá del viento y la memoria,
de lejanas tierras
que ya nunca veré…
Otros vendrán
y se creerán dioses,
aunque, quizá, no sean más que hombres
y, como yo, abrirán sus brazos frente a él,
y desnudarán su alma entera
y él, callado, les hará poetas,
les dará, como a mí,
el amor, la pasión y la ternura…
Y, más tarde, les verá también partir,
les mirará en silencio,
siempre en silencio,
y silbará de nuevo su canción,
porque el mar, como la vida,
siempre canta la misma canción,
esa canción que habla
de ti y de mí…
y de todo lo que habríamos
podido ser…
Y, para acabar, quiero despedirme hoy de vosotros con un pequeño poema que escribí una tarde, navegando por el infinito azul del Mediterráneo.
A CUALQUIER OLA…
Corres, saltas, vuelas,
nadie sabe adónde vas,
eres alma sin cadenas
nacida para no volver
Tras de ti no hay huella,
ni forma, ni color,
vagabunda errante del eterno navegar,
tras de ti no hay huella,
tu huella eres tú.
Silenciosa galopas
sobre el prado azul,
a tu grupa el viento,
blanco jinete del atardecer…
¿Quién sabe dónde estarás mañana?
¿Quién sabe dónde estaré yo?

Mmm, librerías y poesías… Como dice un poema de Lucía Echevarría: “Donde todo es posible, el amor vive”.
Siempre la primera…me pregunto cómo lo harás…en cualquier caso, gracias por estar siempre ahí…
Me encantan esas palabras de Lucía Echevarría, aunque también las contrarias: donde el amor vive, todo es posible…
Mi abrazo más fuerte y placentero
Hola Carlos, felicitarte por el artículo está genial. Me a encantado la música: Famous Blue Raincoat., cuando la escucho parece que esté de viaje. Los poemas que has puesto hoy me han encantado especialmente el primero, que no tiene título, me a gustado mucho como lo has escrito. Un abrazo.
Tú también siempre ahí, Jaume, siendo de los primeros en hacerme llegar tus palabras de apoyo. Gracias, gracias, gracias…
Faamous Blue Raincoat es una de mis canciones favoritas. El otro día, cuando se la oí cantar a Cohen en Madrid, se me saltaron las lágrimas, te lo aseguro.
Gracias también por esas cariñosas palabras sobre mi “poema aún sin título…”, es un poema muy especial para mí.
Un abrazo enorme y coheniano, siempre coheniano
Has definido de una manera tan idéntica a como siento, desde pequeña, todo lo que significa cultura, aprendizaje, el templo sagrado de los libros, la fascinación de navegar, de viajar por sus infinitas historias, por sus hojas, a veces tocadas por muchas manos otras por pocas, el olor particular de cada obra, una delicia.
El poema “A cualquier ola” lo he tenido que disfrutar varias veces, es imposible escucharlo una sóla, es como un dulce que una vez te introduces en la boca sientes la necesidad de tragártelo de lo bueno que está, y yo he deseado saborearlo. Una voz preciosa, Carlos, muy muy bella.
Empiezo a sentir curiosidad por la celeridad en postear de Veryinspired, jeje, es que siempre es la primera, eres muy rápida!!
Muchísimas gracias por estar siempre ahí, Velania, haciéndome llegar tus cariñosas palabras de apoyo a “La placenta…”
Sabía que estos comentarios sobre el placer de dejarse llevar por los libros, por dejarse masajear el alma de vez en cuando, te iban a gustar, no tenía duda.
Y muchísimas gracias también por esos elogios a “A cualquier ola…”. Son unos versos que escribí hace algunos años, volviendo en barco desde Ibiza, en un momento muy especial de mi vida. Me encanta que te hayan gustado.
Finalmente comentarte que estoy fascinado con la rapidez con la que veryinspired sube sus comentarios… empiezo a pensar que, más que saber que soy un animal de costumbres al que le gusta subir las entradas los domingos a mediodía, quizá esa misteriosa mujer que se esconde tras ese muy inspirado nombre está tan cerca de mí que tiene acceso a información privilegiada… o no… o sí… o…no sé, puede que algún día llegue a descubrirlo… o no… o sí… o…quizá entonces te lo cuente… o no… o sí… o…
En cualquier caso, Velania, ya sabes lo que dice aquel viejo refrán: piensa mal y acertarás… y los refranes siempre tienen razon… o no… o sí… o
Un abrazo enorme Velania, y muchísimas gracias por estar siempre ahí
Carlos, has definido a la perfección todo el recorrido, toda la magía de esos libros, que en ocasiones están escondidos o tirados, y por ello los hacen especiales. Por otro lado, me has devuelto la lucha por esta profesión que tanto amamos, y por ello, como cuando se ama mucho a una persona, nos hace daño; el mantenerse en el camino de la interpretación o iniciarse…
Que bellos poemas, el de “a cualquier ola” lo he escuchado con los ojos cerrados varias veces y tenía la imagen de un corcel y su jinete, como una gran ola…
Gracias de nuevo! Eres increible!
Bueno, bueno, bueno, Gabriela! Tú siempre tan cariñosa y generosa en todos tus comentarios. Y siempre también ahí, apoyando a “La placenta…” con entusiasmo.Te aseguro que da gusto escribir sabiendo que te va a leer gente como tú. Gracias, de verdad, por haber escuchado “A cualquier ola…” de la forma en que lo has hecho.
Con respecto a lo que comentas sobre la dificultad de continuar/iniciarte en esta profesión, me gustaría recordarte los maravillosos versos que José Agustín Goytisolo escribió a su hija en aquel célebre poema que se llama “Palabras para Julia” y que tan bien musicó el bueno de Paco Ibáñez. ¿los recuerdas…?
“Tú no puedes volver atrás/porque la vida ya te empuja/como un aullido interminable/interminable./ Te sentirás acorralada,/ te sentirás perdida o sola/tal vez querrás no haber nacido,/no haber nacido./Pero tú siempre acuérdate/ de lo que un día yo escribí/ pensando en tí, pensando en tí,/ como ahora pienso./ La vida es bella, ya verás/ como a pesar de los pesares/ tendrás amigos, tendrás amor/ tendrás amigos…/Un hombre solo una mujer/así tomados de uno en uno/son como polvo, no son nada/no son nada/Entonces siempre acuérdate/de lo que un día yo escribí/pensando en tí, pensando en tí/como ahora pienso./Nunca te entregues ni te apartes/junto al camino nunca digas/no puedo más y aquí me quedo/y aquí me quedo./ La vida es bella ya verás/como a pesar de los pesares/tendrás amigos, tendrás amor/tendrás amigos/ Y siempre siempre acuérdate/de lo que un día yo escribí/pensando en tí, pensando en tí/como ahora pienso…”
Mi abrazo más fuerte, Gabriela
La tentación de seguir “navegando” en su blog fué demasiado grande y sucumbí.
Sus poemas son preciosos: “El mar, como la vida, siempre canta la misma canción”.
Me atrevo a sugerirle el título más obvio para el poema “aún” sin título: ¿qué le parece “El Latido de la Eternidad”? Permítame felicitarle por segunda vez en un ratito.
Hasta Pronto, Ana
Muchas gracias de nuevo, Ana, por haber seguido navegando por La placenta… Muchas gracias también por esa bella sugerencia que me haces sobre el título para el poema. “El latido de la eternidad” es un gran título, no me cabe duda y me atrae por lo que encierra de belleza y misterio… Lo titulé “Poema aún sin título” porque quería dejarlo inacabado, porque nuestra meditación frente a mar no acaba ni debe acabar nunca, porque siempre nos enseña cosas cuando de verdad nos ponemos a escucharle, porque siempre le damos cosasa cuando nos atrevemos a hablarle con el corazón. En fin, Ana, caprichos de poeta, supongo… En cualquier caso muchísimas gracias, de verdad, por tu sugerencia porque es mucho mejor título el tuyo que el mío. Un abrazo enorme
Tu poema aún sin título me ha encantado. No se lo pongas, que cada cual le adjudique el que desee, según las sensaciones que le provoque su lectura.
Yo lo he llamado ” Mediterráneo ” porque al leerlo he vuelto a mi infancia, con los juegos en su orilla. Me he vuelto a enamorar por primera vez mientras el sol se ponía frente a sus olas y nos recortaba en sombras. También he vuelto a divertirme acordándome de las fiestas de adolescencia que terminaban al amanecer dentro de sus cálidas aguas. Y me he visto, una vez más, sentada frente a él, sola o con un libro, de poesía, frente al Mediterráneo siempre poesía.
Me ha traído mi niñez y mi adolescencia, y aunque siempre lo echo de menos, porque ahora me encuentro lejos de él, hoy me ha faltado más que nunca.
Tu otro poema también me ha gustado mucho. De él he hecho una lectura mucho más personal de lo que en principio parece que has querido expresar. La poesía es así. Se interioriza y se le da el sentido que más nos acerca a ella.
Leeré a Pacheco.
Un abrazo agradecido, de nuevo.
Gracias, de corazón, Naná por haber sabido sentir ese poema tal y como lo había escrito. Es un canto a todo eso que llevamos dentro y que, como a ti, también en mi caso acunó el Mediterráneo, nuestro mar. Por lejos que estemos de él, el recuerdo de sus aguas siempre nos acaricia. Somos mediterráneo. En Pacheco encontrarás muchas cosas que te gustarán. Lo sé. Disfrútalo. Vuela hacia ti otro abrazo inmensamente agradecido.