El gran Redford
6 noviembre, 2011
Conocido principalmente por su faceta de actor y por haber sido considerado como uno de los grandes sex symbols de Hollywood, la vida de Robert Redford encierra muchas cosas más. Es una de esas personas que ha vivido su vida intensamente a contra corriente, uno de esos botes, como diría F. Scott Fitzgerald, que avanzan hacia delante a pesar de que son, somos, incesantemente arrastrados hacia abajo. Su infinita curiosidad por las cosas y su profundo amor al arte y a la naturaleza son dos de las coordenadas que más han marcado su vida. Nunca le ha temblado el pulso a la hora de defender aquello en lo que cree: la defensa de la naturaleza, los derechos humanos, la justicia social y todas aquellas causas con las que se identifica. Además de actor, su relación con el mundo del cine se ha centrado en la dirección y, sobre todo, en la creación de Sundance, el festival de cine independiente más importante del mundo.
Nacido en 1936 en Santa Mónica (California), en el seno de una familia humilde (su padre trabajaba de lechero y su madre como ama de llaves), se crió en el barrio hispano de la ciudad. A pesar de ser buen estudiante y tener gran facilidad para el deporte, lo que haría que le concediesen una beca para ir a la universidad, su carácter rebelde nunca dejó de aflorar en su juventud, una juventud marcada por la bebida y las pandillas callejeras. Siguiendo los trabajos de su padre (había entrado a trabajar para la Standard Oil), se trasladó a vivir al valle de San Fernando. La prematura muerte de su madre a causa del cáncer, cuando Redford tenía 18 años, y las dificultades de comunicación con su padre, le llevaron a abandonar los estudios y a trabajar en una plataforma petrolífera para ahorrar lo suficiente para comprar un billete a Europa, adonde vino para probar su suerte como pintor, reflejo de una vocación artística que guiaba su búsqueda de su lugar en el mundo. Tras un año de vida bohemia por las calles de Florencia y de París regresó a Estados Unidos con una idea muy clara en la cabeza: quería dedicarse a la escenografía. Alguien le recomendó que estudiase interpretación para poder comprender mejor el mundo escénico. El jamás había pensado ser actor, pero en cuanto lo probó ya no lo pudo abandonar. Allí encontró la forma de expresar todo aquello que llevaba dentro y que pugnaba por salir.
En la American Academy Of Dramatic Arts de Nueva York conoció a Lola, una
estudiante con la que se casó y a la que estuvo unido durante casi treinta años. Fue ella la que le ayudó a dejar la bebida. Al año de casados tuvieron su primer hijo, un hijo que moriría en la cuna poco después de muerte súbita. Fueron años de mucho dolor y sufrimiento, años de inseguridad y de pobreza. Redford centró toda su atención en su carrera como actor para salir adelante. Sus principios no fueron fáciles. A las dificultades de todo actor que empieza, la belleza de su rostro infantil condicionaba enormemente el tipo de papeles que le llegaban. De hecho jamás, que yo recuerde, ha hecho de villano o de malo en el cine. Gangster o forajido del Oeste, todos sus papeles tenían ese lado humano que hacía que el espectador siempre le considerase como el bueno y no como el malo de la película. Empezó a tener algunas apariciones esporádicas en series de televisión como “Alfred Hitchcock presenta” o “Perry Mason”, y su primer papel para el cine le llegó en 1962, con “Matar por placer”, una película de guerra en la que conoció al que inmediatamente se convirtió en gran amigo Sidney Pollack, con quien llegaría a trabajar en seis películas a lo largo de su carrera. El alejamiento de su padre en aquella época era ya manifiesto. Su padre jamás aceptó que su hijo se dedicase a la interpretación, algo que nunca consideró como un trabajo serio.
Su fuerte espíritu independiente le lleva ya a crear por aquel entonces su propia
productora, Wilwood Enterprises, que produciría su primera película años más tarde, en 1969. El papel que le abrió todas las puertas le llegó en Broadway en 1963, en el montaje teatral “Descalzos por el parque”, para el que su director Mike Nichols, se empeñó en Redford, al que había visto en televisión. Hollywood le contrató para varios papeles secundarios en películas como “La rebelde”, con Natalie Word o “La jauría humana”, con Marlon Brando. La adaptación al cine de “Descalzos por el parque” (1967) fue su primer papel protagonista en el cine, un papel al que inmediatamente le siguieron otros que le consolidaron como lo que es: uno de los más grandes de Hollywood. Entre los papeles más recordados de su carrera, sin duda está el que hizo en “Dos hombres y un destino” (Butch Cassidy and The Sundance Kid), en 1969, formando junto a Paul Newman una de las parejas más famosas de la historia del cine, con el que volvería a trabajar y de nuevo dirigidos por George Roy Hill en “El golpe”.
Sus interpretaciones en “Tal como éramos”, “El gran Gatsby”, “Los tres días del
Cóndor” o “Todos los hombres del Presidente” destacaron en su filmografía de la década de los 70. Sin embargo, su claro compromiso con la defensa de la naturaleza ya empezó a reflejarse entonces en la selección de los papeles que elegía y en su propia forma de vida, en una granja en el Estado de Utah, totalmente alejado del mundo del cine y del artisteo. Una de las películas que interpreta entonces, “Las aventuras de Jeremiah Jonson”, cuenta la historia de un hombre que lo deja todo para irse a vivir en la naturaleza salvaje. En “El jinete eléctrico”, otra cinta que rodaría años después, da vida a una vieja gloria del mundo del rodeo que, alcoholizado y desengañado de un mundo falso y vacío, secuestra a la gran estrella del show, un caballo pura sangre al que no puede soportar ver encerrado y tratado así por más tiempo, para soltarlo y que viva en libertad junto a los caballos salvajes. Ese amor por los caballos llevaría a Redford a dirigir e interpretar la adaptación al cine que hizo de la novela “El hombre que susurraba al oído de los caballos”, junto a Kristin Scott Thomas, y a una jovencísima Scarlett Johansson, que mintió a Redford sobre su edad para que le diera el papel.
Uno de los papeles que más se recuerdan de Redford y que mejor reflejan la imagen que tenemos de él, sin duda, es su soberbia interpretación del aventurero inglés Denys Finch Hatton en “Memorias de África”, una de las más bellas historias del amor llevadas al cine, basada en la propia vida de la autora de los libros en los que se basa: Isak Dinnesen, la condesa Von Blixen. Allí Redford muestra todas sus dotes de seductor para encarnar a un hombre solitario, aventurero y libre que no tarda en aprender el poco valor que tiene la libertad cuando se uno enamora. La constante lucha entre mantener nuestra independencia, nuestro espacio vital propio, y la necesidad de compartirlo todo con la persona amada, le lleva a decir en un momento de la película una de las más bellas definiciones que he escuchado sobre lo que es el amor, el estar enamorado, para un hombre que ama la libertad y la soledad por encima de todo. Simplemente dice: “Has roto mi soledad”
Unos años antes de rodar “Memorias de África, en 1980, Redford dio por primera vez el paso de ponerse al otro lado de la cámara para dirigir “Gente corriente” (Ordinary People), una verdadera obra maestra por la que Redford recibiría el Oscar al mejor director. En todas las películas que ha dirigido siempre ha plasmado sus más profundas inquietudes. “Un lugar llamado milagro” era un bucólico canto a la naturaleza y la vida en el campo; “El río de la vida” refleja otra de sus máximas obsesiones, la incomunicación entre padres e hijos, y la última que ha dirigido “Leones por corderos”, se plantea cual debe ser el posicionamiento de la sociedad estadounidense ante la guerra.
1980 fue un año de profundos cambios en la carrera cinematográfica de Redford. A
su pérdida de la virginidad como director le siguió la creación de un instituto, el Instituto Sundance, donde ayudar a los jóvenes que empezaban a dar sus primeros pasos en el mundo del cine. Lo hizo sin contar con apoyo alguno de la administración, y lo hizo en el estado de Utah, donde reside. Allí proporciona gratuitamente estancia y docencia a cargo de grandes profesores y profesionales para jóvenes promesas de la industria del cine. Al comprobar la calidad de los trabajos de los alumnos del instituto decidió crear un festival donde pudiesen ser exhibidos. Ese es el origen del Festival de Sundance, el más importante actualmente de cine independiente del mundo. De él han salido películas como “Reservoir dogs” y directores como los hermanos Cohen. En un guiño a su carrera como actor, carrera que desde entonces cada vez fue espaciando más y más, Redford bautizó al instituto y al Festival con el nombre de Sundance, su inolvidable personaje de The Sundance Kid en “Dos hombres y un destino”
Redford posee una extraordinaria sensibilidad y un profundo conocimiento técnico que le llevan a ser capaz de poder plasmar tras la cámara, intercalando planos cortos con primeros planos y planos generales, una maravillosa historia de amor en una simple escena de un baile. Aquí vemos a Redford y Scott Thomas en “El hombre que susurraba a los caballos” diciéndoselo todo sin necesidad de utilizar ni una sola palabra, dejando que la cámara capte todo lo que puede decir una mirada, una caricia o un silencio…
Uno de los personajes más fascinantes que Redford ha interpretado es el gran Gatsby, aquel joven solitario de fortuna de origen oscuro creado por F. Scott Fitzgerald, que en medio de la década de los veinte, la maravillosa década del jazz, dedica por completo su vida a recuperar el pasado, un pasado en el que quedó el único amor de su vida que, faltando a la promesa de esperarle, se ha casado con otro. Todo en su vida gira para recuperar aquel gran amor, y todo, absolutamente todo, es posible para él, hasta cambiar el pasado. Si el gran Gatsby vivió para cambiar el pasado, el gran Redford vive para cambiar el presente, nuestro presente…

Hoy nos hablas de R. Redfort.
Me quedo con el hombre que hay detrás del sex-simbol. El Redfort joven, no fue objeto de deseo parami, demasiado “blando” su imagen; y mira por donde, una persona que ama la belleza en todas sus expresiones (casado con una pintora), y defiende las causas con las que se identifica como tú muy bién nos presentas.
Empieza a gustarme, el Redfort hombre, de los 90, film “Una proposición indecente”, interpretando a ese hombre que ha vivido y vive aprendiendo de lo que el ser humano somos y podemos ser y no ser ,con nuestras bajezas y grandezas.
El rico otoñal con dinero y que sabe usarlo maravillosamente.
Esa escena donde invita a bailar a una insegura y subyugada Demi…
Ese momento expléndido en que él , le cuenta a una duvitativa Moore lo que le ocurrió en un metro hace mucho, mucho tiempo. “Recuerdo una vez siendo un chaval…”
Y esa frase me lleva a una entrada tuya Las Mujeres que no conocimos, y a Sophie, la jovencita quinceañera a quien no te atreviste a hablar.
“Vivir es atreverse a hacerlo y con todas sus consecuencias…” , nos dices en esa entrada. Eso es lo que hace Robert en la película con Demi.
Y permíteme Carlos, cuando el sosainas del marido le dice a la Moore: ” El no vale mas que yo, solo tiene mas dinero”, creo que en lo único que coinciden ambos, es en desear a la misma mujer, tal vez también en quererla.
El final del film, muy americanamente correcto.
Yo me quedo con el Robert maduro y con “su bella arruga…”
Ah. Marta, qué sabiduría la de “ver” y “comprender” a la persona que hay detrás de nuestras fachadas. A veces prejuzgamos demasiado por la imagen que nos hacemos de las personas. Forma parte de nuestra supina ignorancia. ¡Y cuántas vidas no vividas! Coincido plenamente contigo en que la verdadera belleza es la que asoma en la madurez, esa que ha esculpido nuestro rostro y nuestra alma y que por fin se deja ver más allá de las apariencias. El título de la entrada “El gran Redford” es un juego con su papel en “El gran Gatsby”, pero sobre todo, es un canto a esa gran persona que hay detrás de la imagen que tenemos de él.
Otro abrazo Redfordiano
…Y bellísima la escena que eliges de “El hombre que susurraba a los caballos”. Otro baile donde el silencio grita lo que transita entre la pareja, donde la mirada imponente de la Scot te deja subyugado…
Es que donde esté la mirada de la Scott… No solo es una mirada soñadora, sino que es ¡la mirada de los sueños!
Redford me parece un actor normalito que ha vivido de su fisico y poco mas un brad pitt con 30 años menos yo quiero entradas similares pero de GRANDES ACTORES como GENE HACKMAN STEVE MACQUEEN ( este si que vivio a lo grande) o CLINT EASTWOOD
Si ves el Golpe, El Mejor, sin hablar ya de Dos Hombres y un Destino no puedes decir que vivia de su fisico… Y Brad Pitt me parece un buen actor no por ser guapo se va a tener menos valia
Totalmente de acuerdo, Raúl. Gracias por tu puntualización
No coincido en absoluto contigo en tu apreciación de las dotes interpretativas de Redford, pero ya sabes que para gustos… En cuanto a lo de dedicar entradas a personajes como Hackman, Mcqueen o Eastwood, con los que sí coincido con tu valoración, todavía no he encontrado en la red el material que quiero para tratar sus entradas de la forma que tengo pensada. Sigo buscando. En cuanto encuentre los videos de las secuencias que quiero las prepararé. Un gran abrazo
Hola Carlos, como siempre, enhorabuena.
La sensualidad de la escena del baile, referida por nuestra amiga Marta (donde la mirada subyugante de la actriz deja en pañales a la del actor), me recuerda-eso sí, lejanamente- a una escena de una de las obras maestras del cine con mayúsculas de todos los tiempos: L´Atlante de Jean Vigo (1934, el mismo año de su fallecimiento a la temprana edad de 29 años), hijo de un militante anarquista español.
En L´Atlante, Jean Vigo, nos transmite con su cámara la carnalidad sensual entre una pareja de amantes (marido y mujer) que hacen el amor, cada uno con el cuerpo del otro, a pesar de estar en lugares distintos.
Carlos, “L´Atlante”, es una de esas obras de arte, que despertaron en los dioses la necesidad de la creación del mundo, a fin de que pudiesen disfrutarlas, y nosotros también.
Un abrazo.
Bueno, bueno, bueno, Paco, me has puesto los dientes largos con esa peli. Tengo que encontrar “L´Atlante” y cosas de Jean Vigo como sea. Estoy deseando verla. MI abrazo más fuerte y Atlantiano
Me encantan todos tus artículos Carlos,pero especialmente este ,tan excelentemente documentado,dedicado al gran Redford, un hombre,una personalidad,admirada por mí desde que era niña,por su compromiso con la Naturaleza,me gustaría decirte unas palabras de él cuando le propusieron presentarse a Gobernador,”No creo en la política de los hombres,sus instituciones,solo creo en la Naturaleza y quien la diseñó,sea quien sea”,estas palabras dicen mucho de él,y no se ha quedado con las manos cruzadas,en Utah,donde vive,antes reserva del pueblo navajo,prácticamente es dueño de casi toda la tierra de los alrededores,con el único propósito de que los indios sigan viviendo allí y el Gobierno no pueda echarlos,es un gran hombre,aunque la gente lo recordará probablente por su físico,algunos vemos en él lo que es de verdad importante en el ser humano;un saludo!!!
Rosana, no sabes cómo agradezco tu comentario que complementa todo lo que he querido expresar en esta entrada sobre la maravillosa personalidad de Redford. Desconocía esta faceta de su compromiso con los navajos, y me encanta. Mi abrazo más fuerte y agradecido
Muy interesante para mi, la información de Rosana , que complementa lo que tu nos aportas, del hombre que hay detrás y delante del Redford sex-simbol y actor.
Compra terrenos, para preservar cierta vida de la comunidad Navaja en su propio medio…si es así…fantástico.!
Carlos, me recuerda también a tu entrada “Elegía a un principe nómada”, el príncipe austriaco que compra en Mallorca tierras y posesiones en la Serra de la Tramontana, para salvarlas de los “chacales” de la especulación. Ahora nosotros podemos disfrutar de sus caminos… y el actor Michael Douglas de su querida S’estaca…
Siempre tú, Carlos, invitándonos a conocer en tus entradas, esa parte sensible, humana y solidaria de tus queridos personajes, y que no es la mas conocida y popular de los mismos.
Un abrazo Robertiano.
Muchísimas gracias, Marta, por aportar esa visión global e integradora de lo que quiere ser La placenta. Todas las entradas tienen un denominador común, por pequeño o aparentemente imperceptible que sea: son un canto de esperanza y un alegato de que podemos hacer las cosas de otra manera. Mi abrazo más fuerte y esperanzado
Pues Carlos “I’m sorry”, pero no coincido contigo ni de lejos!, en que “la verdadera belleza es la que asoma en la madurez..”.
Eso solo y únicamente es para vosotros, esos seres que solo os poneis pantalones.
Las que también nos ponemos faldas, la arruga , esas rayas malditas que en vosotros os imprime “caracter”, a nosotras nos viste de vejez.
Y no digamos ya de las canas…!. Esos hilos blancos que os hacen tan interesantes!…
…Y no me vengas diciendo que no hablabas de la madurez física. !Yo si que hablo!.
Y perdona mi contunderncia…
Ah, Marta! ¿Qué es la belleza? Esa sería la pregunta a contestar. Desde luego que no solo es la belleza física a la que yo me refería, o por lo menos yo no la entiendo ni la quiero entender así. La belleza física es un atributo pasajero que obedece a unos cánones determinados que varían de época en época y de cultura en cultura. Las “esculturales” modelos anoréxicas de hoy, por ejemplo, no se comerían un “torrao” en el canon de belleza de Rubens. O los bronceados cuerpos de hoy, por ejemplo, serían mal vistos a principios del siglo XX, cuando el canon de belleza exigía que la piel fuese cuanto más blanca mejor. ¿Ha cambiado la belleza? No, Marta, lo que ha cambiado es el canon con el que la juzgamos. En el canon que tenemos actualmente de “belleza” física, la mujer sale claramente perjudicada por el paso de los años con respecto al hombre, porque lo que en el hombre se considera que le hace “interesante” en la mujer que la hace “vieja” (canas, arrugas, etc.). Pero la belleza, Marta, la verdadera belleza, va mucho más allá de ello. Yo, particularmente, encuentro mucho más atractiva, incluso físicamente ya que te refieres a ello, a una mujer que pasa los 30 y de los 40 que a una joven de 20, por muy “bollicao” que sea. A nivel estético te diré que en lo que más me fijo de una mujer es en los ojos, y después en las muñecas y las manos. Porque creo que son las partes del cuerpo que mejor “hablan” de su personalidad, que es donde creo que reside la verdadera belleza. Estoy seguro de que, como yo, conoces a un montón de mujeres que no son “guapas” según nuestro canon actual que, sin embargo, son irresistiblemente atractivas porque “irradian” ese algo especial que también forma parte de lo que entendemos por “belleza”. Tienen luz en su mirada, en su sonrisa, en su particular forma de moverse… Y precisamente este tipo de mujer es el que resiste mejor el paso del tiempo.
Te puedo decir que conozco a mujeres que ya han cumplido los ochenta y que siguen siendo realmente bellas. El paso del tiempo se refleja en sus rostros y en sus cuerpos (y pobre de aquel o aquella que no esté dispuesto a aceptarlo), eso es indiscutible, pero cuando las miras eres plenamente consciente de que estás frente a la belleza.
Estoy seguro, Marta, de que coincidimos mucho mas de lo que crees, porque, más allá de cánones y modas, los dos somos capaces de reconocer la belleza, la verdadera belleza, cuando estamos frente a ella.
Totalmente de acuerdo contigo Carlos, Robert Redford es uno de los grandes de la interpretación.
De los papeles que le he visto los que más me gustarón fuerón sus interpretaciones en:
“Memorias de África ” o “El hombre que susurraba a los caballos “, entre otras. Eso si no he visto ninguna de sus películas como director.
Me ha encantado el artículo, gracias de nuevo. Un gran abrazo.
Pues Jaume, es un verdadero crimen que no hayas visto las películas que ha dirigido. No te las pierdas. Son verdaderas obras de arte. Bueno, de hecho has visto una “El hombre que susurraba a los caballos”, por lo que puedes hacerte una idea de su forma de dirigir. Un abrazo enorme