La placenta del Universo

blogs clandestinodeactores.com
  • Inicio

El filo de la navaja

10 octubre, 2010

“El filo de la navaja”, de W. Somerset Maugham es, posiblemente junto con Siddhartha de Herman Hesse, una de las novelas más importantes del pasado siglo XX. Llevada al cine en dos ocasiones, en 1946 y en 1985, nos plantea, como Siddhartha, la historia de una búsqueda, el viaje espiritual del hombre que, insatisfecho con el tiempo y la vida que le ha tocado vivir, necesita encontrar algo más, un sentido a la vida, una necesidad que, como Ítaca, le impulsa a emprender un viaje que marcará su vida para siempre. Son muchas las cosas que plantea ”El filo de la navaja”: la estrecha relación entre el amor y el odio, entre la vida y la muerte, entre la riqueza y la pobreza, entre lo que somos y lo que quisiéramos haber sido… es una novela que nos invita a que nos planteemos preguntas como, ¿quiénes somos?, ¿qué hacemos aquí?, ¿para qué vivimos… ? y, sobre todo, nos empuja a que seamos protagonistas de nuestra propia vida, a que escribamos nuestra historia, esa  maravillosa aventura que nos hace andar por el filo de una navaja…

La cita que Somerset Maugham escogió para anteceder al libro es de los Upanishad, y dice: “Arduo hallarás pasar sobre el agudo filo de la navaja. Y penoso es, dicen los sabios, el camino de la salvación.” Es una novela escrita en primera persona, en la que el propio Somerset Maugham es, como un personaje más, quien nos cuenta la historia. El principio de la novela, que la película de 1946 respeta escrupulosamente, es toda una declaración de intenciones: ” El hombre de quien escribo no es famoso, y puede ocurrir que jamás llegue a serlo. Quizá cuando su vida acabe no deje de su paso por la tierra señales más profundas que las que un canto arrojado sobre el río deja sobre la superficie del agua. Si así ocurre, si es que mi libro se lee, lo será por el intrínseco mérito que pueda tener. Pero también puede que el modo de vivir que para sí ha elegido y la extraña reciedumbre y dulzura de su carácter lleguen a ejercer poco a poco creciente influencia sobre los demás hombres, hasta que quizá muchos años después de su muerte comprendan que vivió en esta época un hombre muy notable…”

Puede que nada mejor que una de las primeras escenas de la película para entender de qué va a ir la historia que nos propone Somerset Maugham. Su protagonista, Larry Darrell (en una de las mejores interpretaciones de Tyrone Power), está prometido a Isabel (Gene Tierney), una bellísima niña bien perteneciente a una de las mejores familias del Chicago de los años 20. Todo sonríe a la envidiable pareja que parece predestinada a la eterna felicidad cuando Larry regresa de combatir en la Primera Guerra Mundial, una guerra en la que ha visto morir a uno de sus mejores amigos…

Isabel, profundamente enamorada de Larry, se sobrepone a la decepción que le ha causado y promete esperarle durante algún tiempo hasta que él siente definitivamente la cabeza y acepte las inigualables oportunidades que tiene un joven como él. A partir de aquí comienza el viaje de Larry tras el sentido de su vida, un viaje que le lleva, en primer lugar, a París, un París que ya ha conocido durante la guerra y en el que se siente mucho más cómodo que en la estirada sociedad de Chicago para dedicarse a su búsqueda. En Chicago la vida sigue y Gray, un joven banquero multimillonario intenta que Isabel se case con él. El profundo amor que siente por Larry vence a la tentación de la seguridad que le ofrece Gray y ella cumple su promesa de esperarle.

Mientras tanto, Sophie, la mejor amiga de Isabel, una maravillosa joven sencilla, idealista y llena de vida encarnada por una magistral Anne Baxter que ganó el Oscar por esta interpretación, se casa con su novio de toda la vida del que está locamente enamorada. Pasa el tiempo e Isabel va a encontrarse con Larry en París intentando que se deje ya de búsquedas y de niñerías y siente la cabeza, pero él todavía no está preparado, no ha encontrado las respuestas que buscaba y no quiere renunciar a ello. Le ofrece una vida humilde y feliz en París, pero ella no puede aceptar el sacrificio de vivir en unas condiciones tan inferiores a las que ha llevado hasta ahora y, sobre todo, renunciar a lo que a ella más le importa: la seguridad. Por ello rompe su compromiso con Larry y se casa con Gray. Larry, inmerso en su búsqueda interior, viaja hasta la India donde conoce a un sabio que le ayuda a recorrer su camino:

La vida, siempre caprichosa, pasa y se produce el crack bursátil de 1929 en el que Isabel y Gray lo pierden todo. Huyen de Chicago y se refugian en París, donde vuelven a coincidir con un Larry profundamente cambiado tras su experiencia mística en India. Salen a cenar una noche para celebrar su reencuentro. Isabel está empeñada en que Larry les enseñe los tugurios de los bajos fondos parisinos de los que tanto ha oído hablar. Allí, en un antro decrépito, se encuentran con Sophie, convertida en una prostituta drogadicta desde que su marido y su hijo murieron en un estúpido accidente de coche por culpa de un conductor borracho… Y hasta aquí puedo contar, que dirían aquellos…

La novela, como todas las de Somerset Maugham, cuenta muchas cosas de su propia vida, de hecho, en 1938 afirmó que “Realidad y ficción están tan mezcladas en mi obra que ahora, echando una ojeada en ella, difícilmente puedo distinguir la una de la otra.” Inspirada en un amigo que existió de verdad, dota al personaje de Larry de muchas de las cosas que le pasaron a él en su juventud: quedarse huérfano siendo muy pequeño, participar como conductor de ambulancias en Francia durante la Primera Guerra Mundial, donde vio a la muerte cara a cara, vivir en París, pasar temporadas en la Costa Azul, viajar a India donde conoció a Bhagavan Sri Ramana Maharashi, un venerado sabio hindú… “El filo de la navaja”, como buena parte de las novelas de Somerset Maugham, plantea la necesidad de vivir contra corriente, las dificultades y los peligros que conlleva hacerlo, y también la responsabilidad que supone vivir de acuerdo a nuestras más firmes creencias. Como en muchas de sus novelas, aquí nos habla de un mundo, el de los años 20, que desaparece, y también nos habla de un mundo nuevo, del mundo que vendrá si nos atrevemos a seguir la senda que nos señala su protagonista. Las novelas de Somerset Maugham, como la muerte, nos hablan de mundos que desaparecen, esos mundos como el del colonialismo británico o el de los años 20 que él conoce tan de cerca, pero al mismo tiempo, como la vida, son novelas que aunque puede que, a veces, no tengan un final feliz, siempre dejan una puerta abierta a la esperanza.

De las dos versiones cinematográficas, me quedo con la de 1946 protagonizada por Tyrone Power (la de 1985, dirigida por John Byrum, lo estuvo por Bill Murray). La interpetación que Power hace de Larry Darrell es magnífica, dotando al personaje de la fuerza interior, la ternura y la fortaleza con las que Somerset Maugham lo había creado. El resto del reparto está fantástico, con una Gene Tierney y, sobre todo, una Anne Baxter, esplendorosas y dos secundarios de auténtico lujo que, como siempre, clavan sus papeles: Herbert Marshall dando vida a un Somerset Maugham detallista, pausado, observador y sencillo, que es el único que entiende verdaderamente lo que le pasa a Larry, y un inolvidable Clifton Webb, en el papel de Elliott Templeton, el millonario y snob tío de Isabel cuya vida gira exclusivamente entorno a lo único que le importa: la vida social, aunque en los momentos finales de su vida nos deje ver una parte mucho más espiritual y profunda de su personalidad, la parte que había escondido bajo su imperforable coraza de aristócrata de postín que vive de fiesta en fiesta hasta que, al alcanzarle la vejez, empiezan a olvidarse de invitarle a las fiestas y a las recepciones, a olvidarse de él y a mostrar el verdadero rostro cruel que se escondía tras la máscara de todos los que le rodeaban y que sólo le tuvieron en cuenta mientras podían sacarle algo de provecho. ¡Qué duro debe ser darse cuenta poco antes de morir de que has malgastado tu vida, que todo en lo que creías no era más que una burda mentira y que los que tú estabas seguro de que te querían eran un montón de buitres carroñeros carentes de sentimientos y valores!

Tyrone Power moriría prematuramente doce años después de rodar “El filo de la navaja” de un ataque al corazón en Madrid, el 15 de noviembre de 1958, mientras rodaba la película “Salomón y la reina de Saba”, de King Vidor, junto Gina Lollobrigida. Las escenas con sus primeros planos nunca llegaron a montarse, porque las volvieron a rodar con un Yul Brynner reclamado a toda prisa, en el papel de Salomón. En cambio, las escenas en las que se le veía de lejos sí que se aprovecharon y aparecen en el filme, aunque ni siquiera aparezca su nombre en los títulos de crédito. En aquel rodaje Tyron Power vivía en Madrid, en el hotel Hilton, alternando con toreros ( la noche antes de su muerte, el matrimonio Power había cenado con el torero Luis Miguel Dominguín y su mujer, la actriz Lucía Bosé), tenía su barco amarrado en Mallorca y poco antes acababa de asistir en Madrid al estreno de “Testigo de cargo”, la maravillosa película de Billy Wilder basada la novela del mismo título de Agatha Christie en la que había compartido reparto con Charles Laughton y Marlene Dietrich.

Como decía al principio, “El filo de la navaja” , junto con Siddhartha de Herman Hesse, es una de las mejores novelas del siglo XX y que más influencia ha tenido entre los jóvenes. Escrita en 1944, a punto de acabar la Segunda Guerra Mundial, aunque ambientada en el final de la Primera, su éxito fue inmediato. No así el  Siddhartha de Hesse que, a pesar de haberla escrito dos décadas antes (1922), no alcanzó la fama hasta 1946, cuando le concedieron el Nobel de literatura. Ambas novelas vivieron su esplendor en los años 60 y 70, años marcados por aquella sed de búsqueda de un nuevo sentido y significado de la vida que propició la aparición de tendencias y movimientos pacifistas y contraculturales como el de los hippies.

Son muchos los que han seguido el camino indicado por Larry Darrell y que han convertido su vida en una búsqueda constante del sentido de la vida, una búsqueda que, como dice Siddhartha, hace que entendamos, al fin, que no hay que buscar, sino que hay que aprender a amar, porque sólo en el amor están todas las respuestas. Hoy puedes encontrar a todos esos Larry Darrells donde menos lo esperas: en un autobús, sentados en el metro, conduciendo un camión, dando clases en cualquier instituto, en un concierto, o codo con codo a tu lado en cualquier manifestación… La historia de Larry Darrell, como la de tantos otros, como dice el propio Somerset Maugham, es”la de un hombre profundamente religioso que no cree en Dios”, un hombre que se ha encontrado a sí mismo, como también le dice en otro momento de la novela a Isabel desde su personaje: “Ya ve, querida, la bondad es, al fin y al cabo, la fuerza  más poderosa del mundo y él (Larry) la posee…”

Categorias
Cine/Teatro, General, Literatura
Tags
búsqueda interior, cine, espiritualidad, Gene Tierney, Somerset Maugham, Tyrone Power
Comentarios rss
Comentarios rss

« Los indios, la sombra de una nube sobre la pradera… Matar a un ruiseñor… »

18 comentarios para “El filo de la navaja”

  1. Madison dice:
    10 octubre, 2010 a las 18:21

    Te sigo con atención, tus entradas son maníficas.
    Un saludo

    Responder
    • Carlos Olalla dice:
      14 octubre, 2010 a las 14:53

      Muchísimas gracias por tu cariñoso apoyo, Madison. Con seguidores así da guto escribir.
      Un gran abrazo

      Responder
  2. Sandra Si dice:
    11 octubre, 2010 a las 12:45

    Carlos,hacia tiempo que no me pasaba por aqui(porque no he podido)y ya lo echaba de menos!jajaj.Como siempre un gran acierto en tus entradas.:)

    Responder
    • Carlos Olalla dice:
      14 octubre, 2010 a las 14:54

      Muchas gracias, Sandra, por volver a La placenta… No sabes lo que me alegra.
      Un abrazo inmenso y “placentero”, siempre “placentero”…

      Responder
  3. carlos dice:
    13 octubre, 2010 a las 12:49

    buen articulo como siempre pero se echa de menos tus articulos sobre biografias de actores como por ejemplo el de al pacino k era magnifico ¿ para cuando un articulo monografico sobre paul newman, clint eastwood, fracis ford copolla, de niro, o algun otro maestro de la interpretacion o de la direccion con una vida fascinante?

    Responder
    • Carlos Olalla dice:
      14 octubre, 2010 a las 14:59

      Ok Carlos, te cojo el guante. La próxima entrada será sobre Miguel Hernández ya que el 30 de octubre es el centenario de su nacimiento y la siguiente sobre la colonización anglosajona de nuestra cultura coincidiendo con el Halloween de marras, pero te prometo que la siguiente a esas será sobre alguno de los nombres que me propones.
      Gracias por estar siempre ahí. Un gran abrazo

      Responder
  4. paloma dice:
    13 octubre, 2010 a las 15:52

    Eso es lo que dicen todos los maestros auténticos, ¿no? Se bueno y ama. Amate a ti para poder amar a los otros. Confia en la bondad de los desconocidos. Avanza en eso. Lo mejor es que es un camino posible y, quizá único. Y está llenisimo de vida. Y si todos pudieramos encontrarlo se acabarían las guerras. Se acabaría ese placer idiota que sienten tantos cuando conocen el poder.
    Hala, que contundente me ha salido.
    besos a todos los placenteros del universo.

    Responder
    • Carlos Olalla dice:
      14 octubre, 2010 a las 15:01

      Muchísimas gracias, Paloma, por estas palabras tan sinceras y profundas, y por ese cariño que nos haces llegar a todos los placenteros del universo.
      Un abrazo enorme enorme enooooorme….

      Responder
  5. patricia dice:
    14 octubre, 2010 a las 15:20

    Hola:
    Hace ya más de 30 años que leí por primera vez esta novela, y recuerdo que siempre me conmovió profundamente el personaje de Larry, mucho más cercano a nosotros que Siddartha, por ejemplo.
    ¿Alguno de ustedes sabe de dónde se puede bajar el libro por Internet? Lo he estado buscando desde hace tiempo y no lo hallo.
    “Prestar un libro es tonto, pero más tonto es devolverlo”, y ¡ay! yo lo presté….

    Responder
    • Carlos Olalla dice:
      14 octubre, 2010 a las 16:57

      Hola Patricia!
      Desconozco dónde puedes encontrarla por internet, pero en todas las librerías puedes encontrar la reedición que hizo el año pasado RBA. Como bien dices, es una novela de cabecera. ¡Bienvenida a La placenta!
      Un gran abrazo

      Responder
  6. Sacudelanza dice:
    18 octubre, 2010 a las 12:08

    Hola Olalla.

    Me encanta la novela, me encantan las películas (las dos) y me encanta que hayas escrito este artículo. Aunque no nos conocemos más que por lo que escribes en este blog, los comentarios que dejo aqui y tus respuestas, siempre te he tenido vinculado precisamente con este personaje de Larry Darrell. Es muy significativo que justo escribas sobre él. Y te diré más, es muy significativo que justo ahora yo lea esto.
    Digo que me gustan ambas películas, ya que aunque es de mayor calidad cinematográfica y fidelidad a la novela la de Tyrone Power, la de Bill Murray fue mi primer encuentro con esta historia. Tanto me gustó que me impulsó a leer la novela que andaba por casa de mis padres y después llegó a mi la versión de Power.
    Es junto con “Zorba, el griego” una de esas películas a las que acudo cuando me siento inmerso en la duda o miseria. Y curan, o eso siento.
    Así que ¡muy bien, otra vez, Olalla!
    Un saludo.

    Responder
    • Carlos Olalla dice:
      18 octubre, 2010 a las 17:02

      Veo Sacudelanza que coincidimos plenamente en gustos y necesidades, porque “El filo…” y “Zorba” son, desde luego, dos necesidades imperiosas para esos días de niebla que no nos dejan ver nada. Son como una inyección de alegría, optimismo y esperanza. La verdad es que me identifico plenamente con Larry Darrell y con el amigo inglés al que Zorba enseña a vivir. No sabes lo que me alegra saber que no soy el único que les considera entre sus amigos de cabecera. Que me hayas podido identificar en algo con Larry Darrell es uno de los mayores honores que me has podido hacer. Eres demasiado generoso, pero en cualquier caso muchísimas gracias.

      Un abrazo enorme y Larrydarrelliano

      Responder
  7. Gustavo Tozzi dice:
    18 octubre, 2010 a las 20:57

    hola Carlos,
    siento que estoy en “deuda” con vos por las muchas veces que he leido y asimilado lo que escribis o que agregue a mi lista de canciones de “uso frecuente”, las que inteligentemente elegis para acompañar tus reflexiones.

    Quiero agradecerte por todo ello y me servire de una frase de Mark Twain que esta en sintonia con lo que se siente cuando se recorre tus textos:

    “Alejate de la gente que trata de empequeñecer tus ambiciones. La gente pequeña siempre hace eso, pero la gente realmente grande, te hace sentir que tu tambien puedes ser grande.”

    Gustavo
    Buenos Aires, Argentina

    Responder
    • Carlos Olalla dice:
      22 octubre, 2010 a las 10:20

      Hola Gustavo!
      Bueno, bueno, bueno, menudo masajito para el alma esas cariñosas palabras de apoyo. Muchísimas gracias, de verdad. Perdona que no te haya contestado antes, pero lo de la organización del homenaje a Miguel Hernández me está llevando un poco de cabeza. Te puedo asegurar que coordinar la lectura de sus poemas para más de doscientas personas es una de las experiencias más bonitas que he tenido. Todo el mundo quiere sumarse a ese homenaje e intentamos que puedan elegir el poema que leerán, pero tenemos que coordinarlo para que no repitan los mismos poemas. Pero la obra de Miguel es tan extensa y bella que hay mucho donde escoger en esta especie de “casting” de poemas que estamos haciendo.
      Lo dicho, Gustavo, perdona por el retraso y muchísimas gracias por estar ahí, dando tu apoyo a La placenta
      Mi abrazo más fuerte y “placentero”…

      Responder
  8. Jaume Felip dice:
    19 octubre, 2010 a las 18:47

    Hola Carlos, antes de nada disculparme por escribir tan tarde entre exámenes, y fuí al teatro la semana pasada.

    Te doy mi opinión me ha encantado como hablas de la película ´´ El filo de la navaja ´´ ya me están entrando ganas de verla, aunque és una película antigua,me gustán también, cuando pueda la veré.

    Muchas gracias .

    Un abrazo.

    Responder
    • Carlos Olalla dice:
      22 octubre, 2010 a las 10:22

      Hola Jaume!
      Espero que te fueran bien esos exámenes!. No me cabe duda de que “El filo de la navaja” es una película que te gustará porque habla de algo que tú conoces bien: lo difícil que, a veces, resulta intentar vivir tu propia vida y seguir el camino que tú has elegido.
      Un abrazo enorme

      Responder
  9. Curro Rodríguez dice:
    12 mayo, 2013 a las 21:06

    Acabo de leer esta magnífica novela y estaba haciendo un pequeño resumen para comentarla en la próxima reunión del club de lectura al que pertenezco. Tiene tantas cosas, tantos mensajes, que pensé echar un vistazo en internet por si encontraba algún buen comentario del texto que me ayudara. Me alegro un montón de haberlo hecho, pues os he encontrado… Me ha parecido muy acertado el comentario, Carlos, y me ha encantado tu biografía, tu historia… Confío seguirte mucho tiempo.

    Responder
    • Carlos Olalla dice:
      13 mayo, 2013 a las 12:04

      ¡Bienvenido a La placenta, Curro! No sabes la ilusión que me hace saber que han sido W.Somerset Maugham y su Al filo de la navaja quienes te han traído. ¡Menudos padrinos tan maravillosos te has buscado, compañero! Considero que es una de las novelas más importantes de la literatura universal y hoy es más necesaria que nunca, de lectura imprescindible. Son tantas las cosas que pone frente a nosotros, tantos los espejos en los que mirarnos… Gracias por esas palabras tan cariñosas de apoyo a La placenta y a este escribidor sin remedio de sueños y quimeras. Vuelan abrazos larrydoelianos, siempre larrydoelinaos…

      Responder

Deja tu comentario

Clic para cancelar respuesta.

Carlos Olalla

Por circunstancias de la vida me pasé más de veinticinco años dirigiendo empresas en la que, sin lugar a dudas, fue la etapa más aburrida y frustrante de mi vida. La verdad es que nunca me gustaron esos trabajos y lo pasé fatal. Cuando cumplí los 45 me encontré con que una reestructuración empresarial me ponía de patitas en la calle y sin un duro. Por si fuera poco, nadie me quería dar trabajo porque decían que ya era demasiado “viejo”. A mí siempre me había gustado el mundo del cine y, como estaba en el paro y tenía tiempo, empecé a estudiar interpretación. Me pasé tres años siendo el “abuelo” de todos mis jóvenes compañeros en una conocida escuela de teatro de Barcelona. Durante aquel tiempo recibí alguna propuesta de trabajo para reincorporarme al mundo de la empresa, pero no quise aceptarlas: el nuevo mundo que había descubierto me había atrapado por completo, así que decidí cambiar una maravilla de sueldo y una mierda de trabajo por una maravilla de trabajo y una mierda de sueldo. Puedo deciros que ha sido la mejor decisión que he tomado en mi vida: por primera vez soy libre, la palabra jefe ya no significa nada para mí, hago lo que verdaderamente me gusta y, lo mejor, trabajo con gente sensible y abierta que piensa y siente como yo. ¿Qué más se puede pedir?

www.carlosolalla.com

Todas las entradas

  • Ayer no termina nunca…
  • Searching for Sugar man, la inmensa grandeza de la humildad.
  • A quien hay que desahuciar es a los políticos y a los banqueros
  • Álbum Letras & Artes, sobrevivir en tiempos de barbarie
  • Egon Schiele, el erotismo de la melancolía…
  • Jose Luis Sampedro: una lección de vida, de dignidad y de compromiso
  • Madiba Mandela, ¡Ubuntu!
  • Parroquia de Entrevías (Vallecas), una opción por los pobres, por la justicia y por la libertad
  • Jordi Dauder, porque existir es pensar y pensar es comprometerse
  • La leyenda del pianista en el océano
  • Carta a Janis Joplin
  • Francesc Ferrer i Guàrdia, pasión por la vida y por la libertad
  • Diego El Cigala, porque hay que aprender a querer y a reír
  • Mario Benedetti, candil del alma
  • Danzad, danzad, malditos
  • Las llaves del alma…
  • Te recuerdo Víctor…
  • Michael Haneke, porque vivir no es más que amar…
  • Iluminando estrellas…
  • Frida Kahlo, bella hasta en el dolor
  • Paco Ibáñez, porque la poesía vive en la calle
  • ¿Democracia? En España se tortura
  • Matthieu Ricard, solo me queda lo que di…y por eso soy feliz
  • Pablo Neruda: el cartero de Isla Negra
  • Luis Eduardo Aute, ese niño que miraba el mar…
  • Paul Gauguin, la infinita belleza de la utopía…
  • “Yepeto”, ¿edades para amar?
  • ¡Basta! Una democracia diferente, un orden mundial distinto
  • ¡¡NO SIN CULTURA!!
  • La esperanza vive en las montañas
  • Sau, 25 años
  • “Before the rain” (Antes de la lluvia)
  • Marcello Mastroianni, la seducción de la humildad
  • Lhasa de Sela, la voz de la carretera
  • El fin es mi principio, Tiziano Terzani
  • El festín de Babette, o el arte de darse a los demás
  • Actuando para cámara, una lección magistral de Michael Caine
  • Piranesi, o las cárceles del alma…
  • Daniel Barenboim, un canto por la paz
  • Zenet, el crooner de las diez mil y una noches…
  • ¿Y si vivimos todos juntos?
  • Norma Jean, Princesa rota
  • Marlene Dietrich, una mujer condenada a ser libre
  • Yves Montand, el compromiso de la verdad
  • Todos somos mineros
  • La placenta sube al escenario
  • Traficantes de tierras
  • Mikis Theodorakis, la leyenda de un hombre indomable
  • Trumbo cogió su fusil
  • Por los ojos de Raquel Meller
  • ¡Vamos a contar verdades!
  • Ramón Casas, días de bohemia y de ilusión…
  • Abel Korzeniowski y Shigeru Ubemayashi, las voces del alma
  • ¡A la calle, que ya es hora!
  • Roque Baños, la música de los sueños…
  • Memorias de África
  • Crónica de un asesinato anunciado
  • “El maestro de música”
  • Jack Vettriano, el erótico y nada discreto encanto de la melancolía…
  • Toni Bestard, “El perfecto desconocido”
  • GRUPO 7, ¿quién vigila al vigilante?
  • Solo en la vida, el síndrome de Asperger
  • Kavafis, el susurro de Ítaca
  • Aprender a escuchar
  • Atravesando espejos, o la necesidad de vivir contra la corriente
  • ¿Educar?
  • Lluís Llach, cuando habla el silencio
  • Aki Kaurismäki, porque los perdedores no son los que pierden…
  • Djivan Gasparyan, la melancólica voz de la libertad
  • Garaje Lumière, convirtiendo la utopía en realidad…
  • Steve McQueen, porque la vida es más, mucho más, que una huida
  • Salvador Puig Antich, anatomía de un asesinato “legal”
  • Marcos Ana, cuando hasta el dolor es poesía…
  • Raimon Panikkar, la eternidad que vive en cada instante…
  • Teatro Tribueñe, sueño, utopía y realidad
  • Momix, báilame un sueño…
  • ¿Quién teme a Virginia Woolf?
  • María del Mar Bonet
  • Cowboy Junkies o la belleza de las baladas tristes
  • “Libertad”
  • El gran Redford
  • León Felipe, el alma silenciada de Rocinante…
  • Georges Brassens, la cálida voz de la anarquía
  • De lápices, hadas y sueños: Marie Brozova
  • Wangari Maathai, la mujer árbol
  • La voz del viento
  • El maestro
  • Elegía a un príncipe nómada…
  • Orson Welles
  • Audrey Hepburn
  • Marlon Brando
  • Sexismo en el cine y la televisión
  • ¡Adiós a la Iglesia!
  • Arte y compromiso
  • Sean Penn
  • Tempo
  • “Uno es lo que ama”: Facundo Cabral
  • Antonio López, o la ardiente paciencia…
  • ¡Autor, Autora!
  • El viaje
  • El Gatopardo
  • Atahualpa Yupanqui, la voz del alma de la tierra
  • Contra la crisis, ACTÚA
  • Jacques Leonard, pasión por la vida…
  • 15-M, un necesario grito de esperanza
  • La Singularidad: más allá de la última frontera
  • ¿Existe la muerte?
  • Eleni Karaindrou, la voz de la vida…
  • José María Rodero
  • Brel, ne me quitte pas…
  • Edward Hopper, ¿de qué color es la soledad…?
  • Elecciones en la Unión
  • Padres…
  • ¡NO A LA GUERRA!
  • Constructores de sueños…
  • Simplemente, Katharine Hepburn…
  • Charles Laughton, un grande entre los más grandes
  • Spike Lee, 25th hour, el coraje de vivir…
  • Antonio Gades, un viento de libertad
  • Menos es más…
  • Soplan vientos de revolución…
  • El Bosco y Patinir, Eros y Tánatos…
  • Sacco & Vanzetti, porque la anarquía no ha muerto…
  • El paciente inglés
  • Tom Waits
  • El jardinero fiel
  • Éramos tan felices sin darnos cuenta…
  • ISPANSI…
  • Que no paguen los de siempre…
  • De jardines y paraísos…
  • Carmen Amaya: El mar me enseñó a bailar…
  • Bruce Springsteen, juglar de sueños…
  • Will Keen: la palabra hecha acción
  • “Z”
  • Paul Newman
  • Armas de anglosajonización masiva
  • Matar a un ruiseñor…
  • El filo de la navaja
  • Los indios, la sombra de una nube sobre la pradera…
  • Criminalizar al diferente
  • Se envejece al dejar de amar…
  • De gemidos y silencios: los dibujos de Klimt y de Matisse
  • Rafael Álvarez, “El Brujo”, o la melancolía de la sombra
  • The soul of a man
  • “No somos de donde nacemos, sino de donde nos necesitan”, Abraham Verghese
  • La vida secreta de las palabras
  • La soledad creativa
  • Premios Buero de Teatro Joven
  • Cine: Arte y reflexión
  • “Bajo el fuego”, corresponsales de nuestra propia guerra
  • Castings, castings, castings…
  • De abrazos, miradas, caricias y ronroneos…
  • “Caídos del cielo”, el teatro puede.
  • Ramón Gaya, el cuenco vacío de la creación
  • Haris Alexiou: un himno a la libertad
  • Macbeth, Declan Donnellan
  • Vinicius de Moraes, porque vivir es devorar la vida…
  • Edward Steichen, elegía a un peregrino de la belleza
  • La crisis… y la madre que la parió
  • The Bridge Project: Porque estamos hechos de la materia de los sueños…
  • Nos queda la memoria
  • Mercedes Gómez-Pablos, la mirada azul del silencio…
  • Dejemos hablar al silencio…
  • Me encontraréis a bordo ligero de equipaje…
  • “El viento se llevó lo que”
  • “La bañera de Ulises”, saltimbanquis y marineros en una travesía por la paz
  • “El concierto”
  • Al oeste del ocaso: Muerte en Venecia
  • La luz del silencio: tibetanos en el exilio, una opción por la no-violencia en el mundo de hoy
  • Sándor Márai, memoria del olvido
  • Siddhartha
  • “Me voy, ahí os quedáis…”
  • Kandinsky, o la necesidad de crear
  • Dennis Hopper, un actor de leyenda
  • Mikhail Baryshnikov, poesía de la danza en libertad
  • Siendo nadie, yendo a ninguna parte…
  • ¿Dónde han ido todas las cartas?
  • Al Pacino, la visión de un actor
  • Amor a primera vista
  • Cuento de Navidad
  • El viaje + corto
  • Eduardo Galeano, una luz en la niebla
  • “Desenfocada”
  • Las mujeres que no conocemos
  • Porque la felicidad no es una zanahoria…
  • Stefan Zweig, un mundo de ayer
  • Anthony “Zorba” Quinn
  • Doctor Zhivago: recuerdos, anécdotas, y secretos de un rodaje épico
  • Detener el tiempo…
  • De saltimbanquis, arlequines y payasos…
  • The Actor´s Gang
  • “The visitor”
  • El silencio de la luna
  • Los espejos del alma
  • Amar en tiempos de crisis
  • “El patio de mi cárcel”
  • El equilibrio de la vida
  • John Cassavetes: el valor para ser libre
  • Leonard Cohen, o cómo decir poesía
  • El viaje de Angelopoulos
  • Fernando Fernán-Gómez: Un hombre que se atrevió a ser libre
  • Arthur Miller, una mirada desde el puente
  • Unas palabras de bienvenida

Enlaces

  • Blog Dame perfiles
  • Blog Diario de un guionista perezoso
  • Clandestinodeactores.com
  • Foro Clandestino

Etiquetas

actores amistad amor arte Arthur Miller Atahualpa Yupanqui Billy Wilder Bruce Springsteen Budismo cine Compromiso crisis cultura Danza Derechos humanos ecología erotismo espiritualidad Exilio Flamenco Fotografía Isak Dinesen Leonard Cohen Libertad libros literatura Mahler Marlon Brando María del Mar Bonet Memorias de África Muerte música Paco Ibañez Paloma Pedrero Paz Picasso Pintura poesía Raimon Panikkar Recortes Shakespeare Soledad solidaridad teatro Vinicius de Moraes

WP-Cumulus by Roy Tanck requires Flash Player 9 or better.

Buscar

Acceder

  • Acceder
2009 Clandestinodeactores.com  |  Blogs clandestinodeactores.com  |  Foro Clandestino  |  Aviso Legal