De lápices, hadas y sueños: Marie Brozova
16 octubre, 2011
Callejear por las calles de Praga es dejarse llevar hasta perderse en un mágico jardín de belleza, un jardín donde todo es bello y armonioso, un paraíso lleno de parques y rincones donde se escucha el silencio y la alegría de sus gentes, una ciudad hecha para los ciudadanos donde aún reinan los tranvías y donde, de cuando en cuando, puedes encontrar una sorpresa que te traslada a ese otro mundo donde habitan la imaginación y los sueños. Una de esas sorpresas, sin duda, es la galería de arte de Marie Brozova. Ha dedicado su vida a pintar cuadros con lápices de colores, esos lápices que muchos, los más, dejamos atrás cuando perdimos nuestra infancia. ¿Qué queda hoy del placer de dibujar y pintar con aquellos dedos mágicos que todo lo llenaban de color? ¿Dónde ha ido el inolvidable perfume de la goma de borrar?, ¿Dónde están hoy aquellos sacapuntas con los que devolvíamos la vida y las ganas de vivir a aquellos ligeros pedazos de madera capaces de regalarnos todos los colores? A
Marie Brozova le encantaba, de niña, pintar con sus lápices. Convencida de que la pintura era su vocación, siguió los pasos que todos los pintores siguen adentrándose en el mundo de las ceras y las pinturas. Fueron años los que pasó experimentando y buscando su propia forma de expresión, pero en los lienzos, los óleos y las paletas no encontró el placer que le daban los lápices. Por eso decidió desaprender y regresar al paraíso libre de la infancia, ese paraíso donde todo puede pasar porque no existe la frontera entre lo imaginario y lo real, entre lo que pensamos y lo que sentimos. Desde entonces se ha dedicado a pintar cuadros con lápices de colores, cuadros llenos de vida, de imaginación, de belleza y de magia.
Y ya que vamos a hablar de los mundos de las hadas y de los sueños, nada mejor, quizá, que nos acompañe ahora, si quieres, una suave balada de Loreena Mckennitt
Marie Brozova ha vivido siempre a contracorriente. Tras abandonar sus estudios de pintura se fue a vivir al campo con su marido. En su casa no hay televisión, nevera o agua corriente. Vive en un contacto muy intenso con la naturaleza, una naturaleza siempre amenazada por el progreso de nuestra mal llamada civilización, y que es la musa de su pintura y de su mundo. De pequeña quería ser astrónoma. Le apasionaban las estrellas, sabía identificar las principales constelaciones en el cielo y se pasaba horas y horas hablando con su abuelo sobre el infinito o el Big Bang: “No puedo imaginar nada más hermoso que pasar una noche en el tejado mirando las estrellas, mirando a través de la ventana del universo”.
Su infancia fue feliz. Creció en una familia que creía que no había sueños imposibles y que hacía todo lo que estuviera en su mano para hacerlos realidad: “ Crecí en un ambiente de amor y aceptación que me dio mucha confianza en mí misma. Mi infancia estaba llena de imaginación. Fantasmas y hadas eran mis amigos. Viví en un contacto muy estrecho con la naturaleza. Veía un hada detrás de cada flor y un fauno con el que me detenía a hablar en cada árbol. Mi madre me enseñó a amar la naturaleza y a percibir el mundo de la sensibilidad y del color. No solo me leía cuentos de hadas, sino que se los inventaba partiendo de las cosas más cotidianas, de todo lo que yo había visto y me había interesado. Quizá por eso la imaginación es más importante que el mundo real en mi vida. Me siento más a gusto con los árboles, las flores y las piedras que con las personas.
“Hoy el mundo ha cambiado mucho. Si no se cultiva, la imaginación es un regalo
que desaparece pronto. La imaginación se ha convertido en algo muy raro en nuestros días. Muchas veces, cuando estoy pintando en la calle, se me acercan niños que me dicen que no son capaces de leer un libro porque no pueden ver lo que hay más allá de las letras. Están creciendo en un mundo tan perfecto, con unos juguetes tan perfectos, que no necesitan soñar nada, mejorar nada. Pueden tener lo que quieren, pero no son felices. El milagro del regalo de la imaginación es que puede convertir hasta la vida más ordinaria en una historia excitante y maravillosa. Hoy todo se hace rápido porque se tiene que hacer rápido y los jóvenes se ven obligados a elegir lo que van a hacer en su vida antes de saber incluso qué es lo que verdaderamente les gustaría hacer. El mundo de hoy se concentra en la técnica y el progreso científico, en lugar de entender que la contemplación del arte es la esencia del alma humana, más allá de la lógica y de la razón. Creo que lo más importante es aprender a escuchar el latido de tu corazón y soñar mucho con lo que quieres hacer de tu vida. Solo cuando sueñas con algo muy detalladamente puedes hacer que ese sueño se convierta en realidad.”
Apasionada de la literatura, especialmente la rusa ( no en vano Dr. Zhivago es una de sus novelas favoritas), adora la música, aunque prefiere el silencio. “Para crear necesito silencio, espacio y paz. Y si puedo hacerlo en el escenario de los recuerdos de mi infancia mucho mejor, porque es ahí donde siento la estrecha conexión con la tierra bajo mis pies y con el cielo sobre mi cabeza, como una ventana abierta al universo”. En 2004, Marie Brozova creó el proyecto de la defensa de los lápices de colores, una experiencia vital que ha hecho que los cuadros pintados con lápices de colores dejen de verse como juegos de niños y sean considerados como arte. Pinta cuadros en gran formato (en AO, el tamaño más grande que existe de papel), y en su galería vende reproducciones firmadas con sus siglas MAB. Pintar uno de sus cuadros puede llevarle más de ciento cincuenta horas y, ante la incredulidad de la gente de que aquellos cuadros estaban pintados únicamente con lápices de colores, empezó a pintar en la calle, a acercar su arte a la calle para compartir con la gente ese mundo tan especial en el que ella vive. Suele regalar a entidades benéficas muchos de los originales que pinta. El Orfanato de Praga o el Hospital Infantil de Oncología y Hematología son algunos de sus beneficiarios.
La temática de su pintura es diversa y muy variada, aunque suele hacer series sobre los temas que le interesan: las cartas del Tarot, calendarios, ciudades y pueblos checos… En sus cuadros siempre hay flores, árboles, estrellas, arco iris o lunas. También la soledad es una de sus temáticas principales cuando aborda la figura humana. En sus cuadros no es difícil ver a seres solitarios recorriendo un camino o navegando bajo un puente. Pero su soledad no es una soledad triste o melancólica, sino onírica, porque soñar es algo que hacemos cuando estamos solos.
Pintar con un lápiz de color es como volver a subir a un árbol ¿Cuánto hace que no te subes a uno?, ¿Cuánto que no pintas con lápices de colores?, ¿Cuánto que no sueñas despierto?. Allí, subidos al árbol de nuestra infancia, soñábamos con ser piratas, capitanes o princesas, y éramos piratas, capitanes y princesas. Todo cambió cuando bajamos, o nos bajaron, de aquel árbol. Los árboles eran nuestra vida, y nuestro árbol, porque todos teníamos uno, era nuestro mundo. Ahora pasamos de largo, ya no los vemos porque ya ni los miramos. Hemos perdido los árboles y los sueños, la capacidad de soñar y de vivir nuestros sueños. No es que ya no pintemos con lápices de colores, es que ya ni siquiera lo hacemos con acuarelas, ceras ni témperas. Hemos dejado de pintar. Nos hemos secado. Los niños son felices jugando a las canicas. Los ancianos a la petanca. Solo cambia el tamaño de las bolas; el juego, el placer del juego, sigue intensamente vivo. Pero ¿con qué hemos sustituido los lápices de colores? Con nada. Un papel en blanco ya no es para nosotros una invitación a emprender un viaje más allá de nosotros mismos, un viaje que nos lleve a ese no lugar donde habitan
las hadas, los piratas y los sueños. Pero no todo ha muerto. En lo más hondo de nosotros mismos hay algo que vibra profundamente cuando, al pasar frente al escaparate de una papelería o de una tienda de pintura, vemos una enorme y preciosa caja de lápices de colores abierta, con todos los lápices perfectamente ordenados esperando que nos decidamos a pintar de nuevo. ¿Has olvidado lo que sentiste cuando te regalaron tu primera caja de lápices de colores? Acércate a una papelería, abre una, huélela, acaricia los lápices, disfruta contemplándolos lenta, profundamente, y verás que todavía hay algo de aquella alma libre de tu infancia que vive en ti. Los lápices de colores, como una canción o un perfume, tienen un poder fascinante capaz de hacer variar nuestro estado de ánimo y nuestra percepción de la realidad, de evocar nuestros más tiernos recuerdos y de llevarnos allí donde no duermen los sueños, por eso los lápices de colores no son, como tantas veces nos han dicho, un juguete de niños, sino que son la llave del alma, de nuestra alma…















¡Qué preciosidad!, Carlos. ¡Qué inmensa belleza! ¡Qué artista tan espléndida! Efectivamente, contemplar sus cuadros es viajar por el mundo de los sueños. ¡Cuánto placer y armonía me produce! Me pierdo en cada detalle, quedo anonadada en ese universo mágico, tan entrañable y cercano al mismo tiempo. Habitarlo se parece mucho a ser feliz.
Muchas gracias por este vuelo.
Muchísimas gracias, Sol, por esas palabras tan cariñosas de apoyo a La placenta. No me cabía duda de que esta entrada iba a emocionar a una persona como tú, que amas tanto la naturaleza y que has aprendido a ver la belleza en todo lo que te rodea. El mundo de Marie Brozova es mágico y puro, un mundo donde todo es posible, donde todo fluye suavemente, porque en él, como en la naturaleza, hasta los opuestos pueden vivir en armonía. Ella dice que mirar una estrella es ver a través de la ventana del universo. Quizá por eso, mirar uno de sus cuadros es ver a través de la ventana del corazón…
Como dice el buen Eduardo Galeano,
Vuelan abrazos
Marie Brozoba nos alerta, “La imaginación se ha convertido en algo muy raro en nuestros días”. “Niños que me dicen que no son capaces de leer un libro porque no pueden ver lo que hay mas alla de las letras”.
Nuestros lápices Alpino, pinturas Goya con los dedos emborronados sobre el papel, pinturas Dacs, de ceras… todo quedó bien guardado en el plumier.
Los niños de hoy, mi querida Marie, para qué necesitan la imaginación?, ya tienen un Ipod cuatro y pico , y demás maquinitas para jugar a juegos mil. Lo que sí precisan, son buenos dedos y agilidad en ellos!!.
Me apunto a la bella síntesis expresada por Sol.
Realmente es dramático que la imaginación se haya ido convirtiendo en algo raro en nuestros días. A todos esos niños que no pueden ver lo que hay más allá de las letras de un librio les recomendaría que hiciesen cualquiera de los ejercicios que los actores hacemos para jugar con la imaginación el del ¿y si…? por ejemplo, les vendría fenomenal. Simplemente deben mirar una puerta y decirse, ¿y si… detras de esta puerta hubiese un perro rabioso? ¿y si hubiese un fantasma?, ¿y si hubiese un hipotótamo azul?, ¿y si..? o uno aún más fácil, el de imaginarse con una nariz de payaso a todos los pasajeros del metro, del autobús o cualquier persona con la que se cruzan por la calle. Puede que la vida sea como es, pero para nosotros es como la vemos, y sin imaginación realmente pierde mucho salero.
Un abrazo enorme e imaginativo, Marta, muy imaginativo
Hola Carlos, enhorabuena como siempre.
Entiendo a Marie cuando dice que, ” si puedo hacerlo en el escenario de los recuerdos de mi infancia, mucho mejor, porque es ahí donde siento la estrecha conexión con la tierra bajo mis pies y con el cielo sobre mi cabeza, como una ventana abierta al universo”.
A pesar de no haber sido nunca un adicto a las raíces, a pesar de haber sido siempre un “trashumante” defensor del uso de la itinerancia(lo que se conoce como “culo inquieto”), a pesar de no haberme sentido nunca extranjero en ningún lugar, existe un lugar en el mundo donde la atracción de la gravedad aumenta, donde mi curiosidad calma su avidez, donde sé que formo parte indeleble del paisaje por muy lejos que me vaya, donde me siento arropado por la discreta presencia de los que antaño se fueron, y, donde me gustaría tener la capacidad de Marie Brozoba para -a través de unos trazos de colores- plasmar en un blanco papel mis plácidas emociones.
Emulando a Marta, “me apunto a la bella síntesis expresada por Sol”.
Volemos.
¡Qué maravilla de comentario, Paco! La belleza de la contradicción, el encuentro de los opuestos… la vida misma. Y todo gracias a una mujer que un día decidió que no quería dejar de pintar con lápices de colores…
Un abrazo enorme compañero
Hola Carlos, disculpa de nuevo por mi tardancia en escribir en el blog de La placenta hoy me pongo al día.
Antes de nada decir que me recuerda a la naturaleza del campo, cuando era pequeño cuando cogían aceitunas mis padres, y siempre que voy al campo a ayudar estoy en contacto con la naturaleza. Realmente es una belleza sobretodo si vas solamente a pasear . Realmente Marie Brozova tiene mucho talento y ama su oficio pintar. Bueno eso de que la imaginación es rara, nose a mi a veces que imaginas puedes imaginar la realidad. Y soñar núnca se tiene que dejar de soñar eso si sin soñar como eso que se dice en català: ets un somia truites. Quiero decir que soñar con algo que jamás podrás conseguir no vale la pena pienso. Un gran abrazo.
Muchas gracias por tu comentario, Jaume, aunque yo que soy un soñador empedernido, soy de los que cree que tmabién vale la pena soñar los sueños que no pueden llegar a convertirse en realidad ¡Vivan los sueños, Jaume, todos los sueños… y viva la utopía que es vivir!