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Ayer no termina nunca…

19 mayo, 2013

ayer-no-termina-nunca-cartel-1Dos mil diecisiete. Las consecuencias de lo que llamaban crisis han devastado el mundo tal y como lo conocíamos. Todos, excepto los que la provocaron, somos los perdedores. Lo hemos perdido todo, absolutamente todo. A nuestro alrededor vemos un mundo desolado, duro, cruel, tremendamente frío, un mundo donde los sueños y la alegría han dejado paso a la tristeza, al hambre y la desesperación. Los recortes se lo llevaron todo, absolutamente todo. La gente ya no vive, solo lucha por sobrevivir, lucha por no morir, todos somos náufragos de este colosal nuevo Titanic que deliberadamente hundieron. Esta vez no era un barco, no era un flamante transatlántico lo que hundieron en la noche, sino la sociedad entera. Pero, como en el original, de nuevo solo se han salvado los que iban en primera clase. El mar en el que flotamos, ese duro mundo sin sentido, está helado, nos congela. A lo lejos vemos una pequeñas luces, las de los botes salvavidas que, medio vacíos, están ocupados, como entonces, por los privilegiados. Esta vez, como entonces, tampoco había botes salvavidas para todos. Muchos de los que estamos luchando por no ahogarnos en el agua cabríamos en ellos. Pero jamás nos dejarán subir. Les incomodaríamos. Y así, mientras ellos están cómodamente instalados en esos botes bebiendo champagne, nosotros, los más, luchamos desesperadamente por no ahogarnos en las heladas aguas del mundo que han dejado.

En este desolado paisaje ambienta Isabel Coixet su nueva película, “Ayer no termina nunca”, una historia de amor y desamor, una ayer5historia de supervivientes ambientada en el 2017 de lo que fue nuestro mundo. En ese paisaje que se nos avecina ubica el encuentro de una pareja que tuvo que enfrentarse a la violencia extrema de esta crisis. Cinco años antes los recortes se llevaron por delante lo que ellos más querían. Y tuvieron que elegir. La vida les obligó, como siempre obliga, a elegir. Él, soberbiamente interpretado por ese monstruo de la interpretación que es Javier Cámara, optó por abandonarla a ella y tratar de empezar una nueva vida donde le dejaran hacerlo. Se fue a Alemania. Ella, una impresionante Candela Peña en uno de los mejores papeles que he visto en mi vida, decidió quedarse aquí, decidió luchar por lo que era suyo, por lo que era nuestro. Eran dos opciones diferentes, pero ayer-3no antagónicas: la lucha por la vida no sabe de fronteras ni mapas. Ambos intentan sobrevivir como pueden. Él mirando hacia adelante, intentando superar un pasado que le había robado la felicidad. Fue su apuesta, una apuesta individual en la que intentó encontrar un lugar que no le negara su derecho a trabajar, su derecho a vivir, su derecho a amar y a intentar ser feliz. Ella negándose a que los asesinos de su pasado quedaran impunes, a que quienes le habían robado lo que ella más quería ni siquiera fuesen juzgados por ello y que nos siguiesen robando impunemente. Fue su apuesta, una apuesta también individual en la que se negó a ceder su 1lugar, su mundo, a los asesinos de la justicia, esos verdugos que tras palabras como déficit, recortes o confianza de los mercados le habían quitado la vida. En la maleta de él iba el futuro, en la de ella el pasado. El presente no cabe en ninguna maleta. Él había emprendido el viaje; a ella la habían obligado a emprenderlo. Él había encontrado una nueva casa, un nuevo amor, un nuevo hogar, es un hombre que, pese a todo, empieza a vivir de nuevo… Ella había perdido su casa, su familia y todo lo demás, es una mujer a la que solo le quedan el recuerdo de los días en los que fue feliz y el destartalado coche en el que ahora vive. No se han vuelto a ver en cinco años. Cinco largos años de silencio, dolor y ausencia. Se quisieron. Todavía se quieren. La vida, esa vida que otros trazaron para ellos, les ha separado.

Si quieres la voz de Georges Brassens y su canción “Tengo el honor de no pedirte en matrimonio” puede ser una buena compañera para este viaje de encuentros y desencuentros, de amores y desamores, de vidas vividas y de vidas no vividas…

En ese breve encuentro que tienen en un edificio abandonado se dicen las verdades, todas las verdades tanto tiempo calladas. No ayer-no-termina-nunca_72235se gritan, el silencio lo hace por ellos. No hay culpables. No necesitan culpables. Hay realidades. Ellos necesitan realidades. La realidad de lo que fueron, de lo que son, de todo lo que vivieron y compartieron, la realidad de ese mundo tan bello y ahora tan remoto que no merece quedar en la niebla del olvido, de lo que quizá fue, de lo que pudo haber sido… La vida les unió, hizo que compartieran una parte de su viaje, les dio lo que más querían… y aunque todo eso haya ahora desaparecido, aunque otros se lo hayan robado, pisoteado o destrozado, sigue vivo en lo más profundo de quienes, como ellos, han amado. ¿Dónde van los besos que dimos? ¿Dónde los abrazos que tanto nos hicieron sentir? ¿Dónde las caricias? ¿Dónde los gemidos? ¿Dónde el calor de aquella mirada que lo iluminaba todo? No mueren, no desaparecen, no quedan en el olvido, forman parte de nosotros, de nuestra esencia, de lo que hoy somos, de lo ayer-no-termina-nunca-imagen-2que mañana seguiremos siendo, siguen vivos en lo más profundo de nosotros y, a veces, por muy desolados que sean los paisajes en los que nos toca vivir, acuden a nuestro encuentro para recordarnos que alguna vez amamos, que alguna vez vivimos, que alguna vez fuimos, o creímos ser, felices, que viene a ser lo mismo. ¿Cuándo se rompió todo? ¿Qué fue lo que nos separó? ¿Por qué dejamos que pasara? ¿Por qué permitimos que todo se cayera? Las respuestas a esas preguntas no nos ayudarán a reconstruir el puente que con tanto amor y alegría construimos un día. De poco nos sirve ahora saber por dónde se rompieron sus cimientos, cuándo aparecieron las primeras grietas, o cómo es posible que no nos diésemos cuenta… ese puente ya no podrá reconstruirse, alzarse de nuevo, unirnos de nuevo. Lo que verdaderamente importa es que aquel puente existió un día, que fuimos capaces de construirlo, que a través de él cruzamos todas las fronteras, vivimos todos los sueños… Saber que fuimos capaces de amar, eso es lo único que verdaderamente importa. Eso es lo que nos permitirá, quizá, construir algún día un nuevo puente. Y para construir ese nuevo puente sí es necesario saber por qué cayeron todos los que construimos antes.

Probablemente el problema fue siempre el mismo: los construimos sin haber fijado antes fuertemente sus cimientos, sin haber ayer-no-termina-nunca-imagen-1dado lo mejor de nosotros mismos al diseñarlos y construirlos. Puede que, soñadores impenitentes como la mayoría somos, idealizásemos a nuestras parejas convirtiéndolas en lo que queríamos que fuesen, y no dejándolas ser lo que en realidad eran. A veces es tal la necesidad que tenemos de encontrar a la persona amada que la idealizamos construyendo una personalidad que se adapta a nuestros sueños, a lo que quisiéramos que fuera, en lugar de conocerla y admitirla como es. Y los puentes construidos con materiales tan etéreos como los sueños pueden llegar a ser altos, muy altos y a ser bellos, bellísimos… pero jamás resisten la ayer-no-termina-nunca-imagen-7tozuda persistencia del río de la vida que pasa bajo ellos. Para construir un puente que aguante la fuerza de la corriente es necesario tener profundos conocimientos de ingeniería. Para amar hace falta tener otro tipo de conocimientos, unos conocimientos muy profundos que no se aprenden en ninguna escuela, sino en la vida, en nuestra experiencia, en todos esos puentes que construimos y cayeron. Por eso es importante conocer por qué se acabó esta historia de amor o aquella, saber si fuimos lo suficientemente generosos como para entregarlo todo, lo suficientemente sabios como para no idealizarlo todo, y lo suficientemente libres como para darnos por completo. Generosidad, sabiduría y libertad son los pilares sobre los que podremos construir nuevos puentes que no se caigan, puentes que nos ayudarán a emprender de nuevo esa maravillosa aventura que es amar.

Por eso es importante el encuentro entre J. y C., los personajes de Javier Cámara y Candela Peña en “Ayer no termina nunca”, Ayer_no_termina_nunca_Isabel_Coixet_03esos tú o yo cualesquiera supervivientes de mil batallas y de mil parejas. Pasado el duelo, el dolor, necesitan encontrarse de nuevo, revisitar el mundo que construyeron, asegurarse de que fue real, de que fueron capaces de construir aquel puente tan bello. Y necesitan hacerlo no para buscar al culpable de su derrumbe, sino para conocerse más a sí mismos, para saber si en los cimientos de aquel puente pusieron toda su generosidad, su sabiduría y su libertad, para saber que son capaces de amar, que no han dejado de amar y que nunca dejarán de hacerlo…

Puede que no sobrevivamos al naufragio de este nuevo Titanic que han creado, que el agua se nos lleve por delante, que muramos congelados en estas heladas aguas mientras les vemos pasear plácidamente en sus relucientes botes salvavidas bebiendo obscenamente su champagneayer-no-termina-nunca-imagen-10, pero si hemos amado, si de verdad hemos amado aunque sea una sola vez, sabremos que nuestra vida ha tenido algún sentido y que, aunque solo haya sido por un fugaz e insignificante instante, hemos conocido lo que es la felicidad. Puede que nosotros sigamos aquí, en la fría oscuridad de estas aguas luchando por sobrevivir, y que les veamos a ellos riendo y cantando a lo lejos en sus doradas barcas, pero por mucho que sigan navegando, por mucho champagne que sigan bebiendo, jamás encontrarán el sentido de sus vidas, porque jamás llegarán a intuir hasta dónde fuimos capaces de llegar, los puentes que aprendimos a construir o el amor que nos atrevimos a dar… como tampoco llegarán jamás a comprender que Isabel Coixet haya tenido el valor de escribir, dirigir y producir sola, contra viento y marea, esta película tan bella y necesaria, una película que nunca llegarán a entender…

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Amor Cine, Candela Peña, crisis, Desamor, Georges Brassens, Isabel Coixet, Javier Cámara, Naufragio
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Searching for Sugar man, la inmensa grandeza de la humildad.

12 mayo, 2013

searching-for-sugar-man-poster 1“Porque he perdido mi trabajo dos semanas antes de Navidad…” así empieza la canción que compuso el protagonista de esta historia magistralmente llevada al cine en la película “Searchig for Sugar Man”. Si vas a ver la película, espera a leer esta entrada cuando la hayas visto. Si no vas a ir a verla o no crees que vayas a hacerlo, sigue leyendo. Con esas duras palabras empezaba la última canción que el protagonista de esta historia compuso para la discográfica para la que trabajaba. Paradojas de la vida, la discográfica le despidió poco después, dos semanas antes de Navidad. Su historia es una de esas miles de historias anónimas de sueños rotos que viven a nuestro alrededor y que no vemos porque hemos perdido la capacidad de interesarnos por los demás, de querer conocer al otro, de querer vivir la vida… Su nombre es Jesús Rodríguez; Sixto Rodríguez le llamaban en su familia porque era el sexto hijo; Rodríguez es el nombre artístico que eligió siguiendo la senda de la humildad y la sencillez con la que vivió desde que era un niño. Hijo de inmigrantes mejicanos llegados a los EEUU, tuvo que empezar a trabajar desde muy joven para ayudar a su familia. Lo hizo en lo que tenía más a mano: la construcción. A lo largo de su vida conoció la dureza de todos los oficios de la construcción. La música era un espacio común en su familia. Todos cantaban o tocaban algún instrumento. Él descubrió la guitarra 3cuando cumplió los dieciséis. Nadie le enseñó a tocarla. Nunca le hizo falta. No tardó en empezar a simultanear su trabajo de albañil con conciertos nocturnos en bares y clubes de los suburbios de Detroit, esos suburbios fríos y duros en los que la vida o la felicidad parecen haber pasado de largo. Eran los años sesenta, los años en los que los jóvenes querían cambiar el mundo. El movimiento Hippie y la guerra de Vietnam, eran las imágenes de aquella película; Elvis y los Beatles su banda sonora. Rodríguez era un poeta, un soñador, un ser libre e independiente que cantaba lo que veía, lo que sufría, era un trovador de la calle. El azar, conocido por muchos como destino, quiso que dos productores fuesen a 2oírle tocar una noche. El impacto fue brutal. La música de Rodríguez, la desgarrada y profunda letra de sus canciones, hacían de él un músico formidable. Bob Dylan, que entonces empezaba a dar sus primeros pasos, era absolutamente light comparado con él. No dudaron en ofrecerle un contrato para grabar su primer disco. Las expectativas creadas eran enormes. Rodríguez estaba llamado a convertirse en un icono mundial de la música, en un ídolo de su generación. La realidad fue muy distinta. Solo vendió un puñado de discos. Puede que llamarse Rodríguez contribuyese a ello ya que en aquellos años la sociedad norteamericana despreciaba todo lo que fuese o sonase a latino. El rotundo fracaso no pudo con él y un par de años después grabó su segundo disco. El fracaso todavía fue mayor. Nadie lo compró. Faltaban dos semanas para la Navidad y la discográfica le despidió. La letra de su canción no había sido más que una triste premonición de lo que le esperaba en la vida. Pero él tampoco se desanimó. Siguió trabajando en la construcción con el mismo ahínco y dignidad con la que lo había hecho hasta entonces y siguió tocando la guitarra en su casa por las noches. Lo hacía para los suyos, solo para los suyos. Así pasaron los siguientes cuarenta años.

El destino, mal llamado azar por muchos, quiso que a principios de los setenta una joven norteamericana se enamorase de un joven sudafricano y se Searching_for_Sugar_Man 1fuese a vivir a Sudáfrica. Su ajuar doméstico era escaso, pero en su maleta no faltó una de las escasas copias vendidas del primer disco de Rodríguez. Era la Sudáfrica del apartheid, de la segregación racial, de la necesidad de rebelarse contra la injusticia que sentían muchos jóvenes blancos sudafricanos. El disco empezó a correr de casa en casa y de barrio en barrio. Aquellas canciones hablaban de lo que los jóvenes sudafricanos sentían, hablaban de sueños, de libertad, de ganas de vivir… Toda rebelión necesita un himno y las canciones de Rodríguez no tardaron en convertirse en el himno de todos los que luchaban por la justicia y la libertad en Sudáfrica. Las discográficas sudafricanas compraron los derechos de aquel cantante norteamericano del que solo conocían el nombre y vendieron millones de discos. Rodríguez fue para aquella generación de sudafricanos más popular que Elvis, los Beatles o los Rollings. Todo el mundo conocía las sugar-man-searching-for-sugar-man-26-12-2012-1-gcanciones de Rodríguez, cantaba sus letras y se sentía absolutamente identificado con lo que significaban. Sin embargo, el misterio en torno a la figura de Rodríguez era total. Nadie sabía quién era, qué hacía o dónde cantaba aquel ídolo de masas que todos los sudafricanos querían ver. No tardó en conocerse la noticia de su trágica muerte. Corrió como la pólvora: se había suicidado. Unos decían que se había pegado un tiro en el escenario durante un concierto, otros que sabían de buena tinta que se había quemado vivo delante de su público, otros que habían podido comprobar sin lugar a dudas que, como tantos, había muerto de una sobredosis… Lo cierto es que mientras en Sudáfrica millones de personas cantaban y veneraban las canciones del icono del rock que para ellos era el enigmático Rodríguez, en los suburbios de Detroit el auténtico Rodríguez seguía trabajando en un andamio durante el día y tocando la guitarra en su casa por las noches. Las discográficas sudafricanas enviaban los royalties a las norteamericanas. Jamás dejaron de pagarlos. Fueron millones de dólares los que pagaron por aquellas canciones. Rodríguez nunca recibió un duro. Nunca supo que era un mito en Sudáfrica, un ídolo de masas.

De hecho la figura del propio Rodríguez, un hombre reservado que detesta hablar de sí mismo, era absolutamente desconocida incluso para sus 1_Rodriguez_Searching_for_Sugar_Mancompañeros de trabajo en Detroit. Le querían, era un buen compañero que defendía el trabajo como algo que dignificaba al ser humano, siempre estaba dispuesto a echar una mano, a ayudar a quien lo necesitase, pero por no saber, no sabían ni dónde vivía. Muchos pensaban que era un sin techo, un vagabundo soñador que tenía una mirada mística y poética de la vida al que le gustaba tocar la guitarra, pero al que nunca habían escuchado tocarla. Mientras Rodríguez seguía viviendo su anónima vida en la blanca y helada Detroit viviendo en una humilde casa de los suburbios y trabajando a la intemperie de sol a sol para sacar adelante a su familia, sus discos seguían vendiéndose en Sudáfrica por millones consiguiendo que su música pasase de generación en generación. Era un icono del rock que no sabía que lo era.

Dos jóvenes musicólogos sudafricanos quisieron saber más acerca de su ídolo. Necesitaban saber qué había sido de él, cómo había muerto, cuánto 21había de verdad y de mentira en la historia de su suicidio. Pero la búsqueda era tremendamente difícil. La única pista a seguir era la de las discográficas. Tras meses de duro trabajo y pesquisas, consiguieron saber quién recibía el dinero de los royalties en Estados Unidos. Y allí fueron. Se encontraron con una puerta cerrada. La discográfica norteamericana había quebrado hacía años y su editor aseguraba no conocer nada de aquella historia, y menos del dinero que habían estado enviando durante años desde Sudáfrica.

Los dos investigadores no se amilanaron y, espoleados por el amor a su ídolo y por la curiosidad y la necesidad de saber, se dedicaron a analizar las Searching_for_Sugar_Man_2012_BRRIP_rmvb_002706247letras de las canciones de Rodríguez en busca de pistas. Parecía no haber referencias a lugares concretos, todas las historias eran universales y podían haber pasado en cualquier lugar. Hasta que una de ellas les dio una pista que seguir. Eran finales de los noventa y la tecnología hizo posible el milagro. A través de internet contactaron con una persona que decía conocer a Rodríguez. Era una de sus hijas. La alegría de los jóvenes sudafricanos fue inmensa. Al fin, después de tantos años de búsqueda, habían encontrado a alguien que les podía contar cómo había muerto Rodríguez. Su sorpresa y su alegría fueron todavía mayores cuando la hija les confirmó que su padre no había muerto sino que seguía vivo y trabajando. No se lo podían creer. Pidieron hablar con él pero no era posible porque Rodríguez vivía sin teléfono ni ordenador en un aislamiento casi absoluto. Solo sus hijas y sus compañeros de trabajo tenían contacto con él. Al día siguiente los investigadores sudafricanos recibieron una llamada desde Detroit. Era Rodríguez.

Así es como él se enteró de que había sido y seguía siendo un ídolo en Sudáfrica, de que había vendido y seguía vendiendo millones de discos durante Stephen Sugar Sergemanlos cuarenta años que hacía que no había vuelto a tocar en público o a grabar un disco. Los investigadores no podían creérselo. Dudaban de que en realidad aquel hombre que les hablaba desde Detroit fuera el Rodríguez que había compuesto e interpretado la banda sonora de sus vidas. Le invitaron a visitar Sudáfrica. Organizaron una serie de cuatro conciertos. Rodríguez fue con sus hijas. Al bajar del avión en Ciudad del Cabo vieron unas cuantas limusinas en la pista. Pensaron que debían ser para alguien importante. No les cabía en la cabeza que pudiesen ser para ellos. Las habitaciones del hotel donde les hospedaron eran más grandes que su casa en Detroit. Rodríguez, acostumbrado a dormir en un pequeño catre durmió en el sofá en lugar de en la enorme cama que tenía en la habitación. Había venido con su guitarra pero sin músicos, nunca los había tenido. Varios de los músicos sudafricanos que habían crecido con su música le acompañaron. En cuanto empezaron a ensayar se dieron Primer concierto en Sudáfricacuenta de que estaban frente al gran Rodríguez al que tanto habían idolatrado. No tuvieron ninguna duda. Llegó el día del concierto. Rodríguez y sus hijas pensaban que actuaría frente a 20 o 30 nostálgicos. El pabellón, sin embargo, estaba lleno. Más de cinco mil sudafricanos de todas las edades le recibieron con un aplauso que duró diez minutos. Cuando empezó a cantar todos cantaron con él. Jóvenes y viejos sabían las letras de todas sus canciones de memoria. Llenó los cuatro conciertos. Fue una experiencia inolvidable llena de amor y de belleza. Aquel humilde y sencillo albañil de Detroit se dio cuenta de que estaba frente a miles de personas para las que había sido y era su ídolo. A aquella serie de conciertos le siguieron varias más con el 6mismo éxito que en la primera. A pesar de que le invitaron a quedarse a vivir en Sudáfrica, donde una de sus hijas se quedó por amor al haberse casado con uno de los guardaespaldas que les acompañaron en su primer viaje, Rodríguez nunca renunció a vivir en su pequeña y destartalada casa de los suburbios de Detroit. Siguió trabajando en la obra, poniendo ladrillos, y donó la mayor parte del dinero de aquellos conciertos a fines benéficos. Años después Malik Bendjelloul, un joven director de cine sueco que solo había hecho documentales para la televisión hasta entonces, conoció esta historia y decidió llevarla al cine. No encontró ningún apoyo para hacerlo pero, con el mismo ímpetu y la misma ilusión que pusieron los investigadores en su búsqueda, él rodó la película con su teléfono móvil y la montó. Tardó cinco años en encontrar productores que le ayudasen a distribuirla. Muchos a los que les habló de su proyecto le dijeron que la historia no merecía la pena, que no había tema para una película. Pero él no se desanimó. Luchó por convertir su sueño en realidad y grabó “Searching for Sugarman”. La película ha sido galardonada en Festivales como Sundance o Tribeka y ha ganado el Bafta y el Oscar al mejor documental de este año.

Sus palabras reflejan perfectamente lo que esta película representa para él y las dificultades a las que tuvo que enfrentarse para llevarla a cabo: “En Bendjelloul2006, después de cinco años realizando documentales en Suecia, me pasé seis meses viajando por África y Sudamérica buscando buenas historias. En Ciudad del Cabo me encontré con Stephen “Sugar” Sergeman (uno de los dos investigadores) y él me habló sobre Rodríguez. Me quedé totalmente atónito, no había escuchado una historia mejor en mi vida. Esto fue hace cinco años y he estado trabajando en esta película prácticamente todos los días desde entonces… Nunca había oído nada de Rodríguez antes de que Stephen Sergeman me hablara de él por primera vez. Me quedé tan enamorado de su historia que casi me daba miedo escuchar su música, pensaba que había muy pocas posibilidades de que fuera tan buena como la historia, que me desilusionaría y perdería el impulso. Empecé a escuchar su música cuando regresé a Europa y literalmente no podía creer lo que escuchaba. Pensé que mis sentimientos acerca de la historia podían haber influido en mi opinión y necesitaba que otra gente la escuchara para ver si estaban de acuerdo. Sus reacciones me convencieron, realmente eran unas canciones del nivel de las mejores de Dylan o incluso de las de los Beatles… Lo más duro fue encontrar a la gente adecuada que Malik Bendjelloul con el móvil don el que grabó la películacreyera en el proyecto. En mi opinión era evidente que la historia era buena, si la hubiese inventado un guionista habría parecido demasiado increíble para tener sentido. Pensaba que el hecho de que esto hubiera pasado y la forma en que había pasado bastarían para encontrar inversores. Finalmente la historia atraía a todo el mundo menos a los inversores. Quizá fuera porque era mi primera película como director. Aún tengo en la bandeja de entrada el email de un conocido productor de cine a quien le envié la película cuando estaba preparada al 90%. Me dijo que no veía un largometraje en el material, que como mucho podía servir para un documental televisivo de media hora y que por tanto no podía financiarme. Me quedé hecho polvo, pensé que sin ese dinero estaba perdido y que tendría que abandonar la película. Llevaba tres años sin cobrar un sueldo y necesitaba encontrar un trabajo adecuado en lugar de continuar. Al mismo tiempo sentía que sería un desperdicio no completar la película. Aún me faltaba encontrar la forma de pagar a un encargado del montaje online, a un compositor para la música y a un animador para las ilustraciones. Eran unos elementos caros necesarios para acabar la película y sabía que no podía pagarlos.

Así que decidí ver qué podía hacer por mi cuenta. Empecé a dibujar la animación yo mismo. Me pasé un mes sentado en la mesa de mi cocina Malik Bendjellouldibujando con tiza. No había dibujado en mi vida, pero pensé que mis esfuerzos servirían al menos como bosquejos y reduciría el trabajo de un animador real más tarde. Luego intenté lo mismo con la música. Usé un software midi de 400 euros y compuse una música ficticia para la música original. Y monté la película tan bien como pude en Final Cut. Y entonces mi suerte cambió. Me puse en contacto con los productores Simon Chinn y John Battsek, ganadores del Oscar por “Man on wire”, y les mostré en lo que había estado trabajando. Les encantó la película. Me ayudaron muchísimo y tenían un montón de ideas creativas. Cuando les pregunté quién debía completar el montaje, la animación y la música, me sorprendieron diciéndome que todo eso ya estaba en la película. De repente, sin que yo supiera cómo había ocurrido, la película estaba acabada. Por fin estaba hecha.

Cuando me embarqué en el proyecto asumí que sería un documental de media hora para televisión, pero me enamoré totalmente de la historia y  11no podía dejar de trabajar en ella. Tras los primeros seis meses tenía hecho el 80% de la película. Los últimos tres años los he pasado completando el último 20% restante. La participación de Simon Chinn y John Battsek equivale a un año extra de aportación a la película. Es difícil para un director primerizo convencer a la gente adecuada sobre el poder de su historia. La primera vez que llamé a Simon solo llegué hasta la recepcionista. Le pedí que me diera tres minutos al teléfono con Simon y le prometí que le iba a contar una historia que era tan buena como la de Man On Wire… con esta película he aprendido que si creas cualquier cosa, sea un cuadro, una película, un guión, está allí para siempre y no sabes lo que va a pasar. Quizá en algún momento o en algún lugar a alguien le parezca maravilloso”

La historia de “Searching for Sugar man” es de las que te hacen recobrar la esperanza en el ser humano. Son tantos los valores que encierra: la forsalehumildad y sencillez con la que vive Rodríguez; su visión espiritual y poética de la vida; su grandeza al compartir entre los más necesitados los resultados de su éxito; el control de sí mismo para no permitir que un éxito como ese se le subiese a la cabeza; la mezquindad de las discográficas que le robaron millones durante años; el tesón de dos fans que les lleva a buscar a su ídolo durante años venciendo todas las dificultades; el amor de un público, el sudafricano, por la música que ha sido la banda sonora de su vida; la fuerza con la que Malik Bendjelloul persigue su sueño hasta hacer que la película sea una realidad; la supina estupidez de la mayor parte de los productores incapaces de reconocer una historia tan maravillosa como ésta; la valentía de dos productores al llevar adelante el proyecto de un director novel y totalmente desconocido… Gracias a esta película, a este sueño, la figura de Rodríguez es hoy conocida en todo el mundo. Ahora no para de dar conciertos en Estados Unidos, Europa, África, Asia, y sus discos se venden por millones. Se ha hecho justicia. La ha hecho la ilusión y el amor de personas capaces de perseguir sus sueños cueste lo que cueste, de no rendirse y decir no puedo más, de no apartarse del camino por mucho que les empujen a hacerlo… Este mundo necesita soñadores como estos, personas capaces de sacrificarse y de luchar por convertir sus sueños en realidad. Así que no te desanimes, busca tu sueño, persíguelo y lucha por él con todas tus fuerzas. Solo tú puedes vencer a tus miedos. No renuncies a lo que llevas dentro. No te dejes vencer. Son, somos, muchos los que te necesitamos.

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A quien hay que desahuciar es a los políticos y a los banqueros

5 mayo, 2013

POLITICOS-Y-BANQUEROS-5En estos tiempos en los que se criminaliza la legítima defensa de los derechos de los ciudadanos frente al brutal acoso que es una ley hipotecaria que permite desahucios masivos y niega la dación en pago obligando al indefenso deudor a perder su casa y quedarse en la calle y endeudado de por vida, conviene puntualizar algunos hechos que desmienten la falsa realidad que se esconde tras la mal llamada crisis. El primero de ellos es analizar cuál fue el origen de la llamada crisis. Los grandes bancos internacionales, entre los que estaban los alemanes, tenían un exceso de liquidez que mermaba sus cuentas de resultados. Para poder retribuir a sus depositantes tenían que invertir en operaciones que tuviesen alta rentabilidad y bajo riesgo. La solución fue sencilla: prestar a otros bancos, como los españoles, que encontraban grandes oportunidades de negocio en sectores como el inmobiliario. Con esa liquidez los bancos españoles se embarcaron, nos embarcaron a hipotecatodos, en una fiebre compradora de viviendas nunca vista hasta entonces. Eran los bancos españoles quienes perseguían a los potenciales clientes ofreciéndoles créditos hipotecarios para que comprasen viviendas a tipos de interés bajos y plazos de amortización muy largos. Para redondear el negocio, el valor de las viviendas era fijado por las llamadas sociedades de tasación, empresas vinculadas en muchos casos a los propios bancos. Eran estas empresas las que decían “Esta casa vale 300.000 euros”, “aquella 500.000”. Con esas valoraciones en la mano los empleados del banco, fuertemente presionados por sus jefes para conseguir resultados inmediatos, “vendían” hipotecas a los ciudadanos dándoles préstamos que no solo equivalían al valor de tasación fijado por aquellas empresas sino que, en la mayoría de las ocasiones, lo superaban tentando al cliente para que, además de la casa, se comprase los muebles, un coche o se fuera de crucero si le apetecía. Era la época en la que todo valía porque los precios de las viviendas, espoleados por esa fiebre compradora auspiciada por los propios bancos, subían y subían en una loca carrera que parecía no tener fin.

Todo iba bien: los bancos hacían su negocio, sus dirigentes cobraban sueldos millonarios, los constructores construían casas, las inmobiliarias las vendían, los Indemnizaciones directivos Cajas de Ahorrociudadanos tenían vivienda  “en propiedad”, el Estado cobraba impuestos, los notarios y registradores sus aranceles, las compañías de seguros colocaban sus seguros de vida y de vivienda… Aquello era una burbuja que, tarde o temprano, tendría que estallar, pero nadie se atrevía a reventarla y quien avisaba de que aquello podría acabar mal era tildado de loco, de incompetente o de mal informado. Desde los diferentes gobiernos se impulsaba incluso esa fiebre compradora mediante estímulos fiscales, desgravaciones a la compra de vivienda, etc. en detrimento de la alternativa del alquiler, muy poco desarrollada e incentivada en España. Eran los años en los que la cuota de la hipoteca era más baja que el alquiler mensual de la vivienda, los años en los que si alquilabas un piso todo el mundo te decía que eras tonto porque era mejor comprarlo. castaSe dice ahora que entonces vivíamos por encima de nuestras posibilidades. Pero eso es totalmente falso. La facilidad de acceso al crédito estaba consolidada. Si querías comprar una vivienda los bancos se peleaban por ofrecerte las mejores condiciones. Incluso venían a ofrecerte que refinanciaras tus créditos a más plazo y a menor interés si dejabas al banco con el que siempre habías trabajado para irte a trabajar con ellos. Esa era la realidad, y en esas circunstancias tener fácil acceso al crédito formaba parte de tener “posibilidades”, porque estaban al alcance de todos. El inmobiliario es un mercado en el que la mayor parte de las transacciones no se hacen al contado, sino a plazo y financiadas mediante deuda porque son muy pocas las personas que tienen en el bolsillo el precio de una vivienda. Decir ahora que entonces se vivía por encima de nuestras posibilidades es olvidarse u ocultar la realidad: que los bancos iban locos por prestarte dinero. Son ellos y solo ellos quienes hincharon la burbuja inmobiliaria. Los bancos alemanes al prestar su excedente de tesorería a los bancos españoles; los bancos españoles al embarcarse en políticas agresivas de oferta de hipotecas; los máximos responsables de los bancos alemanes al implementar la estrategia de colocar sus excedentes de tesorería en bancos españoles; los responsables de los bancos españoles al decidir invertir tan agresivamente en un sector como el inmobiliario; los directores de los bancos al fijar unos objetivos de colocación de hipotecas desorbitados y al presionar, vía el incentivo o la amenaza, a sus empleados para que las colocasen entre sus clientes.

Sin embargo esa alocada política de inversión en el sector inmobiliario no era exclusiva de países como España. En Estados Unidos, al amparo de las políticas de Lehman Brothersdesregulación del sistema financiero llevadas a cabo por el presidente Reagan y los que le siguieron (y en Europa por Margaret Thatcher y el resto de neoliberales), la fiebre hipotecaria llevaba años de ventaja a la europea. La política de vender y vender hipotecas tiene unos límites que se sobrepasaron sin ningún tipo de miramiento o escrúpulo. Acabado el mercado de los clientes “solventes” que podían pagar holgadamente sus cuotas cada mes, colocaron hipotecas a clientes de menor poder adquisitivo. Esta secuencia se repitió hasta el extremo de que en EEUU se llegaron a conceder miles de hipotecas a personas absolutamente insolventes. Cuando estos clientes empezaron a no poder pagar las cuotas mensuales, los bancos estadounidenses idearon un plan para evitar que la morosidad deteriorase sus cuentas de resultados. Fue un plan preconcebido y realizado por los máximos dirigentes de esos bancos que cobraban sus extraordinarias remuneraciones (vía “bonus”, acciones, etc.) en función de los resultados alcanzados. Diseñaron ese plan 1280487481_0para proteger su sueldo y sus prebendas, no para proteger a los bancos en los que trabajaban ni, desde luego, a los clientes a los que habían estafado incitándoles a comprar unas casas que no podían pagar. Ese plan consistió en agrupar cientos de miles de esas hipotecas, las llamadas “basura” en activos financieros (títulos que pudieran venderse) a los que bautizaron con nombres muy rimbombantes y atractivos. Esos activos financieros, que prometían grandes rentabilidades y eran muy poco transparentes por no decir crackb2totalmente opacos en cuanto a información de su composición y funcionamiento se refería, eran vendidos a otros bancos y compañías de seguros que tenían el mismo problema que los bancos alemanes: exceso de liquidez. Así el problema de morosidad por impago de cuotas que tenía un banco se transformaba, por arte de magia, en una oportunidad de inversión a escala mundial. La morosidad, el impago de las cuotas, se tapaba con la inclusión en esos activos financieros de miles y miles de nuevas hipotecas que hacían que los activos financieros creciesen a nivel mundial. Era la típica estafa conocida como “piramidal” en la que los primeros en entrar se forran y los últimos lo pierden todo. Fueron muchos los bancos que invirtieron en aquellos activos financieros. Mientras la burbuja crecía no pasaba nada, pero llegó un momento en el que la burbuja no aguantó más y estalló. Fue el inicio de la crisis en EEUU con la quiebra de Lehman Brothers y el primer rescate multimillonario de la banca. Todos los bancos que habían invertido en aquellos activos financieros se vieron afectados. Cundió el pánico. Todos querían venderlos y nadie estaba dispuesto a comprarlos. Los precios de los activos financieros cayeron drásticamente y aparecieron las pérdidas en los balances de todos los bancos que habían invertido en ellos. Aquello no era una crisis que afectase a los bancos norteamericanos: afectó a los principales bancos del mundo.

¿Qué hacer en aquellas circunstancias? Desinvertir, recuperar la liquidez, cancelar todos los préstamos concedidos lo antes posible. Y eso fue lo que intentaron banqueroshacer los bancos. Al hacerlo colapsaron el mercado. Las empresas, por muy solventes que fuesen, se quedaron sin acceso al crédito y a los ciudadanos les pasó exactamente lo mismo: los bancos ya no hacían cola ante sus puertas para ofrecerles las mejores hipotecas, sino que la hacían para pedirles que devolviesen los créditos que les habían concedido. Se acabó la concesión de créditos, desapareció la posibilidad de refinanciarlos. De la noche a la mañana desaparecieron todas las alternativas financieras que empresas y ciudadanos tenían para mantener el nivel de vida al que los bancos les habían empujado. Fueron los bancos los que nos quitaron, de repente y sin previo aviso, nuestras “posibilidades”

Aún así los bancos no podían hacer frente a sus compromisos: no podían devolver el dinero que sus depositantes tenían con ellos a través de cuentas corrientes, a plazo, fondos de inversión, etc. Era el colapso total del sistema. Un colapso, paradójicamente, que había sido provocado por un exceso de liquidez, por tener draghi-y-rajoydemasiado dinero disponible. ¿Qué hicieron entonces los bancos, los máximos responsables de esos bancos? Olvidarse de su ideología neoliberal que antepone la libertad del mercado a todo lo demás, la desregulación total para que solo la ley del más fuerte regule el mercado, y decirles a los políticos que o les daban dinero para cubrir las pérdidas multimillonarias que tenían o el sistema desaparecería y con él los ahorros de los ciudadanos de todo el mundo. Los políticos, esos políticos que habían ayudado a que esta crisis se produjera al haber desregulado los mercados, al haber  permitido la existencia de los paraísos fiscales, y al haber incentivado el crecimiento de la burbuja inmobiliaria y financiera, se plegaron a las exigencias de los banqueros y les concedieron ayudas de cientos de miles de millones de dólares y euros en todo el mundo. Para hacerlo tuvieron que endeudarse emitiendo deuda pública y acudiendo a organismos internacionales que les prestasen dinero. El colapso financiero mundial se había evitado. Nos habían salvado de la catástrofe, o eso es al menos lo que nos vendieron.

Pero la realidad no fue esta. La realidad es que esos bancos, con la liquidez que los diferentes gobiernos del mundo les habían inyectado, no se dedicaron a adhesiu-estebancoengana2restablecer la normalidad en el sector financiero: no abrieron el “grifo” de los créditos a los ciudadanos ni a las empresas que es lo que hubiera permitido que la economía siguiese creciendo y generando empleo, sino que invirtieron la mayor parte del dinero que los Estados les habían prestado a tipos de interés bajísimos (1% y similares) en deuda pública de esos mismos Estados que les habían prestado el dinero. El negocio, para ellos, volvía a ser redondo: recibían un interés del 6 o el 7% de esa deuda por la que ellos pagaban el 1% y con un riesgo muy inferior al de haber prestado ese dinero a empresas o particulares. Lo que las sociedades de tasación (en su mayoría participadas por los propios bancos) habían hecho con la valoración de las viviendas (hinchar sus precios para que la burbuja creciese y creciese), volvieron a hacerlo con la deuda pública a través de las agencias de calificación de riesgo (sociedades banqueros-ladronesparticipadas por los propios bancos que son las que dicen qué riesgo supone invertir en esta deuda o en la otra). Jugando con estas valoraciones los bancos manejaban el mercado de la deuda a su antojo a través de la ya famosa “prima de riesgo”, que es la diferencia de precio entre la deuda de un país y la de otro en función de las perspectivas de pago de esa deuda). El resumen de la jugada es muy claro y, desde luego, totalmente execrable: los bancos que habían sido salvados de la quiebra por los Estados, utilizaron el dinero que esos Estados les habían prestado para especular contra la solvencia de esos propios Estados, llegando incluso a cuestionar la solvencia y la viabilidad económica de esos mismos Estados que les habían prestado el dinero y haciéndolo sin haberles devuelto el dinero que los Estados les prestaron. Son muchos los efectos perversos que esta situación ha creado, y el principal es que, al no haber abierto los bancos nuevamente el crédito a las empresas, la actividad económica ha caído drásticamente, las ventas han caído y por ello el paro ha aumentado hasta superar, por primera vez en la historia, los seis millones de parados en España.

Y esto no es algo que pasó y que, una vez aprendida la lección, no se volverá a repetir. Esta misma semana el Banco Central Europeo (encargado de controlar la evolución de parámetros como la inflación o el crecimiento de la Unión Europea mediante los tipos interés, subiéndolos para controlar la MODELO-del-ESTADO-BIENESTAR_dat_inflación y bajándolos para potenciar el crecimiento de las economías, y la cantidad de dinero en circulación, inyectando o detrayendo dinero del mercado) anunció a bombo y platillo que abría la espita del dinero y rebajaba el tipo oficial de interés al 0,50%, el más bajo de la historia, para favorecer el crecimiento y la recuperación económica de los países, como España, más afectados por lo que ellos llaman crisis. Esta medida podría haber supuesto un soplo de esperanza para todos los países que tenemos una economía en recesión y un nivel de paro muy elevado. Pero no es así. Lo que la letra grande nos “vende” queda reducido a agua de borrajas en la letra pequeña: el Banco Central Europeo no da ese dinero a los Estados que lo necesitan comprando su deuda, sino que se lo da a los bancos para que “abran el grifo” de los créditos a empresas y particulares para conseguir con ello que el mercado se reanime. Y esa es la gran falacia. Los bancos cogerán ese dinero, todos los miles de millones que quieran del Banco Central Europeo, pero no lo utilizarán para conceder préstamos a empresas o a particulares, sino para comprar deuda pública de los Estados. Es decir que se endeudarán al 0,50% con el Banco Central Europeo y colocarán todo ese dinero al 4 o al 5% de interés en deuda pública de diferentes países. De nuevo negocio redondo para los bancos, de nuevo varapalo tremendo para los ciudadanos y empresas que verán que los bancos siguen negándoles el crédito que necesitan para financiarse, y drama dantesco para los millones de parados que verán que la economía sigue sin crecer y generando más y más desempleo. La pregunta es ¿Por qué no da directamente el Banco Central Europeo esos miles de millones directamente a los Estados comprando su deuda pública en lugar de dárselo a los bancos para que ellos hagan el negocio comprando la deuda pública de los Estados? Porque políticos y banqueros no están para resolver los problemas de los ciudadanos, de las empresas o de los parados, sino para proteger sus propios intereses: su negocio y sus sueldos astronómicos en el caso de los banqueros y el apoyo financiero a los partidos y demás prebendas en el caso de los políticos.

Pero volvamos a nuestra historia y a desmenuzar lo que los bancos hicieron y, siguen haciendo, para provocar y mantener esto que ellos llaman crisis. Al haber prestado los Estados dinero a los bancos emitiendo deuda pública para evitar que los bancos quebrasen, lo que se hizo en los llamados “rescates” bancarios fue “socializar” sus pérdidas, 1365068127_0convertir las pérdidas de los bancos en pérdidas de todos los ciudadanos, pérdidas que quieren hacernos pagar a todos mediante subidas de impuestos y recortes de nuestros derechos. Los bancos alemanes que habían prestado dinero a los bancos españoles han visto como, mediante el rescate bancario llevado a cabo en España, los bancos españoles son ahora más solventes y les devolverán el dinero que les prestaron para que especulasen colocando hipotecas. Y esos bancos españoles son más solventes porque han recibido miles de millones de euros que ahora nos exigen pagar a todos los ciudadanos. La realidad de las políticas de recortes que todos estamos sufriendo es, grosso modo, que no son políticas llevadas a cabo para sacarnos de la crisis o para defender a los ciudadanos, sino para que los bancos españoles puedan devolver el dinero que les prestaron los bancos alemanes. La pregunta obligatoria que todo ciudadano debe hacerse es: ¿Cómo es posible que nuestros políticos permitiesen un atropello como este? La respuesta, por desgracia, hay que mirarla en la financiación de los partidos políticos: sin las ayudas directas e indirectas que les llegan de la banca ninguno podría sobrevivir. Son tantas las formas en las que los políticos dependen de los banqueros: créditos a los partidos que no se devuelven, aportaciones directas e indirectas, apoyo a determinadas políticas o proyectos, etc. Y esa dependencia tiene un precio: gobernar por y para los bancos, no por y para los ciudadanos. Hoy que tanto hablamos de los peligros que supone privatizar la educación o la sanidad públicas, no nos estamos dando cuenta de que lo que en realidad se ha privatizado es el gobierno, es la política: hoy los gobiernos solo obedecen órdenes de sus amos, los banqueros y las grandes corporaciones, y solo defienden sus intereses, por eso no nacionalizan los bancos, no persiguen a banqueros corruptos, sino que les indultan, no luchan contra el fraude fiscal, en gran parte diseñado y ejecutado desde los propios bancos, no se persiguen los paraísos fiscales, no regulan el mercado financiero, etc.etc.etc.

Pero lo peor de la jugada de los bancos no acaba aquí. Su grado de cinismo llega a tal extremo que, habiéndonos metido a todos en una crisis provocada por ellos, habiendo hecho que todos los 2ciudadanos tengamos, vía más impuestos o menos derechos, que pagar su mala gestión y su criminal especulación, se permiten, además, ampararse en una ley totalmente injusta y obsoleta como es la ley hipotecaria española, que tiene más de cien años de antigüedad, para desahuciar de sus casas y dejar en la calle a aquellos clientes a los que empujaron a endeudarse colocándoles las hipotecas. Esa ley, absolutamente contraria a la justicia, permite a los bancos quedarse las casas por una cuarta parte de lo que ellos mismos las habían valorado y que, además, su cliente, ese ciudadano cuyo único delito ha sido no poder pagar la cuota de la hipoteca, pierda la casa, se quede en la calle y siga debiendo al banco la diferencia entre lo que el banco ha valorado ahora la vivienda que le ha quitado y lo que queda por pagar de la hipoteca. Es decir, que se queda en la calle, sin casa y endeudado de por vida con el banco. En la inmensa mayoría de los desahucios se da la dramática circunstancia de que el cliente no puede hacer frente al pago de la hipoteca porque se ha quedado en paro, un paro que han provocado precisamente los propios bancos al cerrar el crédito a las empresas.

Por eso llamar crisis a lo que estamos sufriendo es un insulto a la inteligencia y a los ciudadanos. Un insulto cruel y despiadado. Esto no es una crisis, es una estafa, una estafa de la que los 1353178824396banqueros y los políticos son los máximos responsables. Algunos banqueros o políticos acabarán en la cárcel y, con suerte, puede que no sean indultados, por los casos de corrupción tan flagrantes que han cometido. Sin embargo no hay ni un solo banquero ni político no ya en la cárcel que es donde deberían estar, sino en el paro por esta estafa tan cuidadosamente planeada y ejecutada que han llevado a cabo a toda la sociedad: todos siguen ocupando los puestos desde los que propiciaron la estafa y siguen cobrando los multimillonarios sueldos y prebendas que siempre han cobrado, mientras los inocentes ciudadanos a los que convencieron para que se endeudasen comprando una casa, a los que empujaron al paro, a los que intentan dejarles sin prestaciones de desempleo ni pensiones, a los que han obligado a rebajar su sueldo, a los que se quedan en la calle desahuciados, a los que se quedan endeudados con los bancos de por vida, a todos esos ciudadanos las leyes aprobadas Alfredo Sáenz con Emilio Botinpor los políticos a instancias de los banqueros les consideran peligrosos criminales por protestar en la calle, por participar en manifestaciones y escraches en defensa de sus derechos. A quien hay que desahuciar es a los banqueros y a los políticos, no a los ciudadanos. Pero la realidad, desgraciadamente, es muy distinta y muy cruel. Acaba de conocerse que Alfredo Sáenz, el consejero delegado del Banco Santander, uno de los pocos banqueros que habían sido juzgados y condenados en firme, por supuesto no por la estafa que han provocado porque de eso no han juzgado a ninguno, sino por un delito de falsedad del que el gobierno de Zapatero le había indultado, ha dimitido de su cargo porque, a pesar de que el gobierno de Rajoy acaba de aprobar una ley hecha a su medida para que pueda continuar en ocupándolo, existían serias dudas sobre si legalmente una persona condenada en firme, aunque hubiese sido indultada, podía ocupar un puesto de esta responsabilidad en un banco. Es un banquero que se va a su casa, sí, pero con una indemnización que ronda los cien millones de euros (casi diecisiete mil millones de las antiguas pesetas). Hechos como éste son la verdadera violencia, y no la de los escraches y las protestas callejeras que los políticos criminalizan tan alegremente. Están tensando tanto la cuerda que el día menos pensado se romperá y estallará todo en mil pedazos. Entonces se preguntarán ¿cómo pudo ocurrir esto? Pero ya será tarde. La sangre correrá por las calles.

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Álbum Letras & Artes, sobrevivir en tiempos de barbarie

28 abril, 2013

Portadas 112 ENG.inddEn estos tiempos de barbarie, de abyección y de estulticia, de culto a la superficialidad y a la masificación, de adoración del feísmo y criminalización de la belleza, de ensalzamiento del cuerpo y olvido del alma, en estos tiempos en los que la banalización del entretenimiento ha robado su espacio a la cultura, en los que precio y valor se confunden, en los que la palabra ha sido desplazada por la imagen y el pensamiento por el seguidismo, en estos tiempos en los que el cotilleo ha acabado con la información y la manipulación informativa con el derecho a ser informado, tener referentes independientes y libres es más necesario que nunca. Uno de esos referentes es la revista trimestral de arte y cultura Álbum Letras & Artes (www.albumletrasartes.es), la única revista de arte que queda en España con veintisiete años de historia. Sobrevivir en esta sociedad de la inmediatez es un éxito para una revista minoritaria, y hacerlo manteniendo la independencia y el amor al arte como únicas banderas, es una heroicidad. Por eso colaboro con ellos, porque son algo hermoso y necesario que todos hemos de cuidar. Por eso La placenta del Universo acaba de inaugurar una sección fija en la revista.

Esta revista es el sueño hecho realidad de Jesús Tablate Miquis, un soñador sin remedio enamorado de la belleza, del hedonismo y de la espiritualidad, un ser que Retrato de Erik Satie, de Ramón Casashalla en la filosofía perenne y en la profundidad del pensamiento de Platón la respuesta a todas las preguntas que el mundo nos hace hoy, un humanista que disfruta del inmenso placer de la lectura, de la emoción sin límite que es visitar una exposición, de la exquisita sabiduría que hay en todo viaje para el viajero que sabe mirar y del maravilloso perderse sin tiempo en la suave inmensidad de jardines, bosques, balnearios, islas y mares… Álbum Letras & Artes es una especie de último mohicano de lo que en su día fue la cultura, esa especie en extinción que hoy, en esta sociedad de la superficialidad, de la prisa y el espectáculo está a punto de desaparecer para siempre, un último renacentista que antepone palabras como pensamiento, libertad o belleza a todo lo demás, alguien que ha entendido que la felicidad no está en todo lo que podemos llegar a ser, sino en lo que somos, en nuestro aquí y en nuestro ahora, en la eternidad que vive fuera de los calendarios.

Corren tiempos de barbarie. La mal llamada crisis, esa guerra de clases genocida declarada unilateralmente por la clase Ensoñación, Charles Amable Lenoirprivilegiada contra todas las demás, se está llevando todo por delante. Ya nada será igual a como lo conocíamos en este nuevo mundo que asoma, un mundo vacío y sinsentido en el que el sexo frío ha acabado con el erotismo, el conocimiento con la sabiduría, la vulgaridad con la belleza y el egoísmo con la generosidad. En ese mundo en el que ya no se nos permitirá ni soñar, sueños como Álbum Letras & Artes son más necesarios que nunca, pero solo podrán sobrevivir si los apoyamos entre todos. La lucha por la supervivencia no será corta ni fácil, pero es una guerra que se puede ganar utilizando todas las armas que están a nuestro alcance. Y la tecnología es una de ellas. El desarrollo tecnológico ha acabado con las fronteras y el mundo digital ofrece hoy posibilidades imposibles para el mundo real. Esa es nuestra ventaja, la baza a jugar: abrir al mundo Álbum Letras & Artes y todos los proyectos que apuestan por el crecimiento del ser humano. Si hasta ahora el coste de transporte de una revista imposibilitaba su distribución a nivel mundial, en este momento, gracias al avance de la digitalización, Álbum Letras & Artes puede llegar inmediatamente a cualquier parte del mundo. Su presencia en los quioscos digitales (www.magzter.com o, en breve, www.kioskoymas.com) y haber tomado la decisión de editarla también en inglés, permitirá que todos los mohicanos que aún quedamos en este mundo podamos acceder a este reducto de la belleza y la cultura que es una revista como esta. Solo así sueños como este pueden sobrevivir en un mundo que, cada día, les niega su derecho a vivir, su espacio vital, su razón de existir…

La dictadura del mercado está haciendo que se anteponga el resultado económico a todo lo demás: lo que no vende, lo que no da dinero, no sirve, no vale, es El recibimiento, John Frederik Lewisinmediatamente descalificado por los jueces de esta injusta competición: políticos, banqueros y medios de comunicación pertenecientes a grandes grupos empresariales. Decía Jose Luis Sampedro que más importante que la libertad de expresión es la libertad de pensamiento. De nada sirve la libertad de expresión, que te dejen hablar, si lo que dices no es lo que realmente piensas, sino lo que otros te han inducido a que pienses. Hoy, en esa barbarie de inmediatez y superficialidad que nos domina, el ser humano ha perdido su capacidad de pensar, de reflexionar, de elaborar su pensamiento propio. La mayoría se limita a repetir lo último que ha oído, lo que más fuerte le han gritado o lo que más veces le han repetido. Y el drama es que cree que son sus propias opiniones, que cree que es libre. Tenemos que decir basta, que aprender a desaprender, que reeducarnos a nosotros mismos en base a una educación que nos oriente a ser libres y felices, que nos libere de eso tan triste en que nos han convertido: meros productores y consumidores. Por eso iniciativas como Álbum Letras & Artes tienen que existir, no podemos dejar que desaparezcan en este maremágnum del todo vale, del tanto vendes tanto vales, de ese desolado compro luego existo, en que nos han metido y nos meten cada día.

No podemos permitir que nos sigan manipulando como lo están haciendo, que salas y distribuidoras de cine de autor desaparezcan y solo nos lleguen películas Exterior museo del Louver Abu Dhabi, diseño de Jean Nouvelcomerciales, no podemos aceptar que librerías y editoriales que apuestan por la belleza o la inteligencia tengan que cerrar y ceder su espacio a tiendas de ropa, fastfoods o gimnasios, no podemos admitir que aniquilen todo lo que nos invita a pensar, a reflexionar, a crecer y a ser libres… La cultura, la verdadera cultura, siempre ha asustado al poder porque permite que los ciudadanos tomen conciencia de la realidad. Por eso hoy, en estos tiempos de criminalización de la cultura, todos tenemos que dar un paso al frente y defender lo que es nuestro, lo que es tuyo y mío: nuestra capacidad y nuestro derecho a ser seres humanos libres.

Visitar una exposición, ponernos frente a una obra de arte, es ponernos frente a un espejo en el que vemos nuestra alma, nuestro yo más profundo. La belleza no Interior museo del Louver Abu Dhabi, diseño de Jean Nouvelestá en el cuadro que vemos, en la escultura que admiramos o en el libro que leemos, sino en lo más hondo de nosotros mismos, en lo que somos, en nuestra esencia. Permitir que cierren museos, editoriales, cines, teatros o galerías de arte es dejar que se lleven los espejos, todos los espejos, que nos roben la visión de nuestra propia alma. Así es como nos quieren, ciegos de almas, analfabetos de emociones, mudos de sentimientos, estúpidos de pensamiento… seres dóciles a los que gobernar sin resistencia, esclavos que se creen libres y por eso no se rebelan contra sus amos, adocenados consumidores dispuestos a dejar la vida por conseguir cosas que no necesitan, estúpidos seguidores de todas sus banderas…

La existencia de revistas como Álbum Letras & Artes es hoy un acto de resistencia frente a la ignominia, de rebeldía frente a la manipulación y la degeneración de una sociedad que, si no reacciona, acabará siendo Suave vaivén de las olas verdes, Per Kikerbydevorada por ella misma. Somos los últimos mohicanos de una sociedad que aspiraba a vivir libre y feliz, una sociedad amenazada hoy de muerte pero que aún puede salvarse si se levanta y lucha. El drama es que ni siquiera nos estamos dando cuenta y seguimos pensando que esto es una crisis pasajera que, cualquier día, acabará y todo volverá a ser como antes. La tragedia es que creemos que a nosotros no nos pasará nada, que cuando llegue ese día podremos levantar cabeza y recuperar nuestra vida anterior. Este La casa del patriarca copto, John Frederik Lewissistema es muy inteligente. A base de promesas de futuras felicidades y miedos de presentes desgracias nos convierte en seres individuales, egocéntricos y egoístas que han perdido su sensación de pertenencia a un grupo, a un todo. Es el primer paso para convertirnos de ciudadanos a esclavos. El propio sistema, amparado tras una aparente complejidad técnica, además hace que creamos que no se puede hacer nada para cambiarlo. Y nosotros no hacemos nada para cambiarlo. Ese es el segundo paso. Somos como esos enormes elefantes de circo que viven atados a una diminuta estaca de la que podrían liberarse fácilmente… pero que ni lo intentan porque cuando eran pequeños lo intentaron una vez y vieron que no podían. Las estacas a las que estamos atados son pequeñas, pero las invisibles cadenas con las que nos atan son tremendamente fuertes porque nos las han metido muy dentro: inseguridad, miedo, aislamiento, impotencia, vulnerabilidad, ambición, egoísmo… Y son precisamente las iniciativas como Álbum Letras & Artes y todas las que luchan porque no desaparezca la cultura las que pueden ayudarnos a ser conscientes de ello, a darnos cuenta de que nos hemos convertido en nuestros propios esclavos, de que hemos vendido nuestra libertad a cambio de su promesa de seguridad, de que la vida es más, mucho más, que consumir, comprar y tirar.

Mi colaboración con Álbum Letras & Artes se centra en artículos que publico en la revista, en la sección fija que La placenta del Universo tiene en ella, y en ayudarles Naturaleza muerta en el mercado, de Paco Brocaen ese proceso de expansión internacional y de digitalización que están llevando a cabo. Es mi forma de hacerlo. Hay más, muchas más: leyéndola, disfrutándola, dándola a conocer, compartiéndola… Y hay muchos más proyectos que, como Álbum Letras & Artes, defienden la cultura y necesitan de nuestra ayuda, de tu ayuda y de la mía. Todos podemos, y debemos, tomar partido en esta batalla que se está librando contra la cultura, en esta guerra que no hemos declarado y que estamos perdiendo cada día: mira a tu alrededor y seguro que encontrarás uno y mil proyectos interesantes que no deben morir, proyectos con los que puedes colaborar, a los que les puedes aportar lo que tú llevas dentro: tu tiempo, tu dedicación, una colaboración puntual, una pequeña ayuda en un momento dado o para algo determinado… Quizá sea el cineclub del barrio, puede que clases a chavales con problemas o a inmigrantes que están aprendiendo nuestro idioma. Tú sabes hacer muchas cosas y puedes aprender a hacer muchas más. Tan solo tienes que mirar a tu alrededor y ver Gente, de Anselmo Guineaquién las necesita y cómo puedes dárselas. Este es tu papel en esta batalla. Todos tenemos uno. Y todos somos importantes para ganarla. Quedarnos en casa, no hacer nada, es hacer lo que ellos quieren, es permitir que se salgan con la suya. ¿vas a perder esa batalla en la que te va la vida y la de tus hijos sin siquiera haber intentado lucharla? Son muchas las cosas que tú tienes, que tú eres, y que pueden ayudar a otros a defenderse, a defendernos, en esta injusta guerra que no tenemos más remedio que luchar si no queremos que definitivamente nos aniquilen como seres humanos que aspiran a ser libres y felices. Piensa en ello y, sobre todo, ¡Actúa! El tiempo de la indignación ya ha pasado. Indignarse era el primer paso, un primer paso que ha hecho que muchos tomemos consciencia de lo que está pasando, de lo que nos están haciendo, pero el camino es largo y hay que dar muchos pasos más. Actuar es el siguiente.

He hablado mucho de lo que es la revista Álbum Letras & Artes. Puede que no la conozcas. Para que te hagas una idea de lo que es, aquí te dejo uno de los Caja de viajes, de Roberto Gonzálezartículos que he escrito en su último número. Está dedicado a un pintor maravilloso intensamente apreciado por algunos, pero desconocido aún para muchos. Su nombre es Roberto González. Su mundo un mundo fascinante donde fantasía y realidad unen su camino para demostrarnos que el arte no es más que una forma de expresar nuestra pertenencia a ese todo que trasciende, que nos hace crecer.  El artículo se titula La sabia soledad del alma. Con él te dejo ya por hoy. Saboréalo, deja que entre en ti, disfrútalo y, sobre todo, ¡compártelo y actúa!

“Adentrarse en el universo de Roberto González (Monforte de Lemos, Lugo, 1948) es aceptar una invitación a AT 1, de Roberto Gonzálezun viaje por el mar de la soledad, por ese mar de paraísos perdidos e islas aún por descubrir donde solo habita la soledad del alma, esa soledad que nos hace crecer, esa soledad que es sabia porque no tiene respuestas. Todo en sus cuadros y en sus esculturas rezuma soledad, soledad y melancolía. No estamos frente a la tristeza, porque la tristeza es maestra en huidas pero nada sabe de viajes, y lo que Roberto González hace es proponernos un viaje sin destino, un viaje hacia todas las Ítacas que nos llevan, irremisiblemente, al fondo de nosotros mismos. En sus cuadros hay preguntas, todas las preguntas, e islas, todas las islas: las imaginadas, las soñadas, las reales, las que nunca existieron, las que jamás dejarán de existir, las que se hundieron, las que todavía no han nacido… y también las que tú y yo somos en este mundo sin sentido que ha olvidado la sagrada importancia de la belleza.

Los personajes que habitan sus cuadros son seres solitarios, seres perdidos en un mundo que no entienden ni les N de Nilo, de Roberto Gonzálezentiende. Por eso nos resultan tan familiares, tan próximos, tan nuestros. Son los últimos mohicanos de un mundo humanista que desaparece o que ya no existe, aquel mundo en el que lo importante era amar, dar, compartir, atreverse a vivir sin renunciar a ser uno mismo… Hoy esos seres deambulan cabizbajos por los interminables laberintos de la soledad. Saben que han perdido, que no tienen lugar en este mundo aferrado al feísmo y a la vulgaridad, pero eso no les importa porque la belleza, la verdadera belleza, sigue latiendo en su interior. Y también son seres que buscan las fuentes, siempre lo han hecho porque necesitan saciar su sed de sabiduría y de vida en esos pequeños manantiales que brotan de lo más alto, en el silencio. No vemos sus rostros. No nos hace falta: entendemos su búsqueda porque es la nuestra, la de todos los que nos negamos a vivir encerrados en las cárceles del olvido, rodeados de muros, de incomprensión y de violencia, presos de mundos sin horizontes.

El universo de Roberto González nos habla de soledad y de silencio. La soledad de esos peregrinos de la belleza que pueblan sus cuadros, y el silencio de los Boeklias, islas de los muertos Iobjetos que han dejado a su paso: escaleras vacías, jarrones en imposible equilibrio, desnudas terrazas frente al océano que todo lo sabe, calladas  tumbonas en las que habita el recuerdo de lo que pudo haber sido, un recuerdo que mira de frente, cara a cara, a esa misteriosa isla sin tiempo de Arriaza. Los ocres de la soledad y los azules, siempre los azules del silencio, nos llevan hasta las islas Boecklias, las islas de los muertos que habitan el océano de la Laguna Estigia por la que el barquero Caronte lleva, lenta e inexorablemente, nuestras almas… Templos arañados en la roca nos hablan de un tiempo pasado. Cipreses nacidos en la roca lo hacen del presente. Nadie nos habla del futuro. Nuestro futuro no existe. Jamás ha existido. Puede que el can Cerbero esté por ahí, agazapado, vigilando la puerta de Hades. No le vemos. Hace tiempo que abandonó el más allá para convivir entre los muertos vivientes de este mundo que, apresurados, siempre apresurados, van de un lado para otro ciegos a la belleza que les rodea.

El trazo del lápiz de Roberto González es un trazo lento, sosegado, un trazo que nada sabe de prisas ni de urgencias. Es un trazo sensual y sabio, sensual para desear, sabio para amar. Hay mucho amor en sus cuadros, y también deseo, mucho deseo. Solo quienes de verdad aman saben que el amor vive en la soledad; solo quienes de verdad desean saben que el deseo vive en la ausencia. Soledad y ausencia son los colores que habitan estos cuadros, soledad que no aislamiento, ausencia que no vacío. Porque sus cuadros, todos sus cuadros, nos hablan, en callada charla, de nosotros mismos, de todo eso que llevamos dentro y que nos ha hecho ser quienes somos: sueños, miedos, pasiones, certezas, dudas, anhelos… y un puñado de cosas más, porque a fin de cuentas eso es lo que somos, tan solo un puñado de cosas más.

Y si en su pintura es el color, ese mágico encuentro con la poesía del color, el que nos acompaña en nuestro viaje, en su Fotografía de la serie La caída del Imperio Romano, de Roberto Gonzálezfotografía es el blanco y negro quien lo hace, ese blanco y negro que todo lo sabe porque todo lo ha vivido. Puede que el mundo nos haya empujado a pensar en color, incluso a vivir en color, pero los de cierta edad jamás dejaremos de sentir en blanco y negro, ese blanco y negro que nos hacía soñar, que nos hacía vivir todas las vidas en nuestra imaginación y crear todos los mundos que aún podían ser. Nosotros, expertos en naufragios que no admiramos ni sus cómos ni sus cuántos, estamos ahí, solos, en blanco y negro, alejándonos de una sociedad que jamás entenderá que crear no es averiguar un cómo o un cuánto, sino destruir un porqué, ese que, cada día, antes de que anochezca, destruye el sabio lápiz de Roberto González”

 

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Carlos Olalla

Por circunstancias de la vida me pasé más de veinticinco años dirigiendo empresas en la que, sin lugar a dudas, fue la etapa más aburrida y frustrante de mi vida. La verdad es que nunca me gustaron esos trabajos y lo pasé fatal. Cuando cumplí los 45 me encontré con que una reestructuración empresarial me ponía de patitas en la calle y sin un duro. Por si fuera poco, nadie me quería dar trabajo porque decían que ya era demasiado “viejo”. A mí siempre me había gustado el mundo del cine y, como estaba en el paro y tenía tiempo, empecé a estudiar interpretación. Me pasé tres años siendo el “abuelo” de todos mis jóvenes compañeros en una conocida escuela de teatro de Barcelona. Durante aquel tiempo recibí alguna propuesta de trabajo para reincorporarme al mundo de la empresa, pero no quise aceptarlas: el nuevo mundo que había descubierto me había atrapado por completo, así que decidí cambiar una maravilla de sueldo y una mierda de trabajo por una maravilla de trabajo y una mierda de sueldo. Puedo deciros que ha sido la mejor decisión que he tomado en mi vida: por primera vez soy libre, la palabra jefe ya no significa nada para mí, hago lo que verdaderamente me gusta y, lo mejor, trabajo con gente sensible y abierta que piensa y siente como yo. ¿Qué más se puede pedir?

www.carlosolalla.com

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