Arthur Miller, una mirada desde el puente
22 julio, 2009Queridos blogueros;
Quiero compartir con vosotros un artículo que publiqué en Febrero de 2.005 en Última Hora de Palma de Mallorca. Era mi pequeño homenaje a uno de los más grandes dramaturgos de todos los tiempos que acababa de morir: Arthur Miller. He querido que sea ésta mi primera colaboración escrita en el blog porque la figura de Miller está más actual que nunca y, desde luego, es más necesaria que nunca.
Estos días tenemos a Willy Loman en el Teatro Español en Madrid empujándonos a reflexionar, a dejar de mentirnos a nosotros mismos y a ponernos frente al espejo. Miller creó a Loman para recordarnos que conceptos como seguridad o felicidad no dependen de algo que está fuera de nosotros, que no necesitamos una nómina, una casa en propiedad o la promesa de un futuro mejor para poder alcanzar la felicidad, porque la felicidad está dentro de nosotros, en nuestro aquí y en nuestro ahora. No caigamos en esa absurda trampa de esperar tiempos mejores; de confiar en que alguien nos traiga la felicidad; de que, por fin, venga nuestra buena racha; de planificar ambiciosos futuros que jamás llegarán y que hipotecan nuestro presente impidiéndonos vivirlo; de pasar la vida recordando, como hacía el pobre Loman, lo que ya se fue o soñando con lo que ha de venir; de vivir añorando lo que pudo haber sido y no fue… vivamos y disfrutemos cada segundo de nuestro aquí y nuestro ahora compartiéndolo con los demás, huyendo de las falsas promesas de esos maravillosos futuros que nos venden una y otra vez a cambio de que consumamos cada día más. Hagamos caso a las sabias palabras que alguien me dijo alguna vez: “Todo cuanto retuve lo perdí; sólo me queda lo que dí”…
“Un hombre que, a sus ochenta y nueve años, sigue fiel a sus ideales comprometidos de siempre y que anuncia su intención de casarse con la que ha sido su compañera durante los últimos años de su vida y que es 55 años más joven que él, no muere nunca. Y menos si ese hombre es Arthur Miller, uno de los mejores dramaturgos del siglo XX. Su vida, como sus obras “Todos eran mis hijos”, “Después de la caída”, “La muerte de un viajante”, “El precio”, “Panorama desde el puente” o “Las brujas de Salem”, no son más que la lúcida mirada de un hombre hacia el absurdo de la sociedad en la que le ha tocado vivir. Miller dedicó su vida a las causas perdidas, a mostrarnos la mentira del sueño americano, la sinrazón de una sociedad que se autoproclama libre precisamente porque tiene miedo a la libertad. Ese era Arthur Miller: un ser humano comprometido con su época, un hombre libre que luchó contra todas las guerras, un amante del amor, un devorador de la vida… un escritor que supo reflejar, quizá como ningún otro, la transparente visión que tenía de un mundo en el que los perdedores no tienen cabida, un mundo que margina a los que nada tienen y desprecia a los que no quieren tener. Ese era Arthur Miller: la voz de nuestra conciencia.
Su figura se agiganta ahora que ya no está en su puente, en aquel puente solitario desde el que clavaba sus ojos en nuestra alma, siempre solo, siempre atento, siempre sincero… Miller no subió a aquel puente para distanciarse de nosotros, sino todo lo contrario, para mostrarse a nosotros, para ser nuestro faro en la niebla de la rutina, esa espesa niebla que cada vez nos deja ver menos lo que pasa a nuestro alrededor y que se pega a nosotros como si fuera una costra que nos aísla del mundo en el que vivimos. Su Willy Loman de “La muerte de un viajante” refleja como pocos personajes la perdida mirada del alma humana. Condenado a vivir una vida que no ha elegido, a volver cada noche a casa escondiendo el sin sentido de una vida abocada al fracaso y a salir de nuevo cada mañana a vender mentiras para poder sobrevivir, a soñar en que sus hijos tendrán un mundo mejor, un mundo que les ofrezca el futuro que a él le ha negado. Puede que la muerte sea el espejo de nuestra vida, ese espejo del que siempre apartamos nuestra mirada. Willy Loman sólo se atrevió a mirarse una vez en él, un única vez: la de su suicidio. Lo que Miller nos ha enseñado es que si tenemos la valentía suficiente para mirarnos cada día en ese espejo y no esperar a hacerlo hasta el último de nuestros días, podemos hacer lo que él ha hecho: que nuestra vida sea el espejo de nuestra muerte. Porque Arthur Miller ha tenido el coraje de vivir todos los días de su vida como si fueran el último, devorándolos, amándolos, sintiéndolos… Y eso es lo que nos propone: que tengamos la valentía de comprometernos a vivir.
Interpretar cualquiera de los personajes de Miller es un reto apasionante. Es adentrarnos en lo más profundo de nosotros mismos, atrevernos a buscar en nuestro yo más hondo, tener el valor de preguntarnos ¿para qué estoy aquí?, ¿qué hago yo para cambiar esto?, ¿quién, si no yo, me impide vivir?. Son personajes que hablan en lo que dicen y en lo que callan, en lo que ven y en lo que esconden, y eso es lo que les hace ser tan próximos a nosotros. Cuenta el propio Miller que la noche del estreno de “La muerte de un viajante”, cuando cayó el telón tras la representación, el público se quedó sentado en silencio durante dos o tres minutos. Nadie aplaudía. El silencio era absoluto. Los propios actores salieron al escenario para ver lo que pasaba. Miller, sentado en la última fila, observaba atento la reacción de aquella gente. Nadie se movía. Al fin, todo el mundo se puso a aplaudir a rabiar. Los aplausos se prolongaron más de diez minutos. Fueron muchos los hombres a los que, aquella noche, Miller vio llorar.
A Arthur Miller le alcanzó muy pronto la fama. La gente le paraba por las calles. Todos querían estar a su lado. Consciente de que aquello le apartaba del mundo real, del verdadero contacto con la gente de la que quería escribir, lo dejó todo y se fue a apuntar a una oficina de empleo. Le mandaron a una fábrica de embalajes donde pasaba el día metiendo listones de separación en cajas de cerveza cobrando el salario mínimo.
Arthur Miller ya no escribirá más historias. De su mano no saldrán nuevos Willy Lomans. Pero, cada noche, cuando un actor se suba a un escenario en cualquier parte del mundo para interpretar a uno de sus personajes, volveremos a verle pasear sobre el puente, mirándonos directamente a los ojos. Estará solo. O puede que no, porque, como él decía: “la vida sin mujeres sería muy aburrida”.

Gracias por compartir este artículo sobre Miller!
Gracias Veryinspired, por ser siempre la primera en visitarme y por estar siempre ahí
Mi abrazo más inspirado y placentero
De nuevo, Gracias y Gracias. Ya esperaba a leerte. Tanto Arthur Miller como muchos otros siguen con nosotros. Sus almas nos acompañan, tanto en los escenarios como en la rutina diaria. Incluso a veces, cuando consigues escribir aquello que creías jamás poder hacer, es porque, desde Lorca, Benedetti, Miguel Delibes…y muchos otros más, han puesto un granito de arena en esa obra que consideras tuya.
Un cordial abrazo Carlos.
Gabriela, da gusto escribir y tener lectores como tú. Siempre he pensado que un buen lector puede convertir un texto mediocre en bueno, y que un lector mediocre se puede cargar el mejor de los textos. Veo que tienes fantásticos compañeros de viaje a la hora de escribir; con gente como ellos tan solo hay que escuchar y dejarse llevar para que todo fluya y nos lleve allí donde duermen los sueños… todos los sueños…ese lugar donde palabras como imaginación o sensibilidad se unen para dar la mano a la que todos llevamos dentro: creatividad.
Supongo que ya lo habrás leído, pero si no es así, te recomiendo que leas “El mundo de ayer, memorias de un europeo”, la autobiografía de uno de mis autores favoritos: Stefan Zweig. Suelo relelerlo de vez en cuando, de hecho es uno de mis libros de cabecera, y cada vez encuentro más y más cosas maravillosas en él.
Muchísimas gracias por estar ahí, Gabriela.
Un abrazo enorme, placentero y literario, siempre literario
Querido Carlos, gracias por este homenaje tan merecido a tal figura singular de nuestro tiempo como es Arthur Miller, y lo digo en presente puesto que Miller perdurara para siempre dentro nuestro, gracias a la huella indeleitable que ha dejado en cada uno de nosotros. Gracias de nuevo.
Un abrazo, compañero.
No sabes lo que me gusta encontrar por aquí a gente como tú, con esa sensibilidad que hace que figuras como Miller y tantos otros sigan vivas.
Un abrazo enorme y Milleriano
Hola Carlos Olalla, muchas gracias por el artículo de Arthur Miller, es muy interesante y está genial, la que más me ha llamado la atención es la Muerte de un viajante es una obra que tiene muy buena pinta. Saludos y un abrazo de un gran fan.
Querido Jaume, muchísimas gracias por esas palabras de aliento. Me encanta que “La muerte de un viajante” te haya llegado tanto. Si no tienes oportunidad de verla ahora en algún teatro, seguro que en la red encontrarás la versión que protagonizó Dustin Hoffman, era fantástica.
Un gran abrazo milleriano y placentero
Me ha sorprendido la parte en la que mencionas que Miller, debido a la fama tan brutal y repentina dejó todo y se apuntó en la oficina de empleo. No me lo imagino en una fábrica de embalajes de cerveza cobrando salario mínimo. Siempre se descubre algo interesante y anecdótico. Muy completo.
Hola de nuevo, Velania. Veo que eres una de las placentarias más fieles. La verdad es que la figura de Miller era increíble y su fama traspasaba todas las fronteras, y no sólo, desde luego, por haber sido el marido de Marilyn Monroe. Fue un personaje irrepetible y, como la mayoría de ellos, absolutamente necesario.
Un abrazo enorme y milleriano
buenos dias,
ante todo dar las gracias por este articulo, es increible y siempre aprendes cosas nuevas.
solo decir que me encanta….
un gran abrazo
inla
Muchísimas gracias a tí, Inla, por estar ahí compartiendo tus momentos compartiendo los sueños de estos soñadores sin remedio que nos dedicamos a esto.
Un abrazo enorme
Hola Carlos, es un honor para mí leer tu articulo sobre A.Miller ya que soy una gran apasionada del dramaturgo. Hace un año dirigí “El precio” y está rulando bastante bien…, ha sido seleccionada para certamenes, y dos de los actores(los que realizan los personajes Víctor y Walter) han recibido premios.
EL PRECIO es una gran obra que trasmite, sobre todo hoy, una situación muy comprometida y muy actual. Realmente tengo que decir que todas sus obras son excepcionales.
Otro dramaturgo que me apasiona es Bernad-Marie Koltès, es tan denso, tan poetico…que sus obras tengo que leerlas varias veces para captar lo que él quiere reflejar.
Ha sido muy interesante leerte.
Un beso grande.
Pepa
Hola Pepa!
Muchísimas gracias por visitar “La placenta…” y, desde luego, bienvenida!!!
He visto tu blog y tanto “El precio” como “En la soledad de los campos de algodón” me parecen dos montajes muy atractivos, con propuestas muy interesantes e innovadoras. Me encantaría poder verlos. Por favor, avísame si tenéis previsto algún bolo no muy lejos de Madrid para intentar escaparme ¿ok?
Desde luego, compartimos la pasión por Miller. A Koltès no le conozco tanto, pero viendo lo que supone para tí, voy a buscar algunas de sus obras. Seguro, por lo que dices, que me impactarán.
Un gran abrazo y un beso enorme
Hola Carlos, me alegro que tengas la propuesta de leer algo de koltès, como lectora de él todas sus obras merecen la pena: “Roberto Zucco”, “Combate de negro y de perros”, “Muelle oeste”, “El regreso al desierto”…. es un creador de lugares al margen de lo social, lugares abandonados y no aceptados; el mundo que plantea Koltès es un mundo de conciencias y muy simbólico.
Gracias por interesarte por las referencias de una lectora.
BESOS Y ABRAZOS
Buenos días Carlos.
En uno de mis anteiores comentarios dije que estas páginas me estaban aportando mucho. Y me reafirmo en lo dicho.
Conocía de oídas la obra de Miller y en concreto ” Muerte de un viajante ” pero no la había leído. Tu texto me ha acercado a ella y ha despertado mi curiosidad. Y como siempre hay que agradecer lo bueno que se te da, te doy una vez más las gracias.
La he leído y ha sido estupendo. Me ha hecho pensar, mirar al pasado y reconciliarme con algunas experiencias, que por una especie de pudor o de timidez a la hora de exponer datos tan de dentro no puedo dejar aquí escritas.
Seguiré buceando en el interior de esta placenta, de esta forma tan anárquica como lo hago, y sobre todo seguiré alegrándome de haberla encontrado.
Un beso.
Gracias de nuevo, naná, por ser tan agradecida y cariñosa como eres. Miller es, sin duda, uno de los imprescindibles. Acercarse a su teatro es hacerlo a una radiografía de nuestra sociedad. Todo está en él: nuestras virtudes y defectos, nuestros anhelos, los sueños rotos… Todo esá en él. Me encanta, como anarquista que soy, que te acerques anárquicamente a La placenta. Nunca he creído en el orden establecido, y menos cuando se trata de vivir emociones. Vuelan abrazos libertarios, siempre libertarios.
Muchas Gracias a ti por la recomendación del libro. Ya lo tengo encargado.
Cuidate!
un fuerte abrazo