Doctor Zhivago: recuerdos, anécdotas, y secretos de un rodaje épico
25 octubre, 2009
Hoy voy a hablaros de una de mis películas favoritas: Doctor Zhivago, de David Lean. Supongo que muchos la recordaréis: Omar Sharif encarnando de forma inolvidable a Zhivago, el joven doctor idealista y poeta que se debate entre el amor a su mujer (Geraldine Chaplin) y al mundo al que pertenece y que está desapareciendo bajo el imparable empuje de la revolución rusa, y su apasionado amor por Lara, esa Lara a la que da vida Julie Christie y que representa la libertad, el amor, la transgresión, y la pasión… esa Lara a la que todos hemos soñado encontrar al menos una vez en nuestra vida…
Lo que tengo muy claro es que todos conocéis el tema central de su banda sonora, ese maravilloso tema de Lara escrito por Maurice Jarre.
Ambientada en la Rusia de 1917, fue rodada en 1965 casi íntegramente en España. Los campos de Soria fueron los elegidos para la mayor parte del rodaje porque eran los que más se parecían a las heladas estepas siberianas y la nieve, según los meteorólogos consultados, estaba allí garantizada. Sin embargo, aquel invierno casi no nevó y el director artístico tuvo que hacer verdaderas maravillas con cristales, polvo de mármol y escayola para
cubrir de blanco los secos campos sorianos y para llenar de estalactitas y estalagmitas la casa de campo abandonada en la que Zhivago se refugia primero con su familia y más tarde con su amor, Lara. Además, los continuos cambios en el plan de rodaje obligaron más de una vez a que el paisaje tuviera que cambiar de estación de un día para otro, por lo que más de una noche se tuvieron que plantar las miles de flores que iluminaban la primavera rusa o pintar de amarillo las hojas de los árboles para mostrarnos la incomparable belleza del otoño siberiano…
En los alrededores de Madrid se construyó un decorado que representaba una de las calles principales de Moscú, en la que transcurre una de las secuencias más impactantes de la película: la manifestación de los obreros con sus mujeres y sus hijos criminalmente reprimida por la guardia zarista que hace que la sangre tiña de rojo el blanco suelo nevado.
Para rodar aquella secuencia en la que los trabajadores marchan cantando “La Internacional” se contrató a varios centenares de extras de la zona. Habían previsto enseñarles a cantar “La Internacional” cuando su sorpresa fue que todos se la sabían. No hay que olvidar que estábamos en la España de Franco y que ese himno, como tantas otras cosas, estaba prohibido. Los policías nacionales que vigilaban el rodaje, los “grises”, se alarmaron al oír cantar el himno revolucionario e interrumpieron el rodaje. Tras arduas negociaciones en las que los responsables de la película les explicaron y garantizaron que aquello estaba permitido porque se trataba de una película histórica ambientada en la Rusia de 1917, accedieron a que continuase el rodaje, aunque tomaron nota del nombre y apellidos de todos los extras que sabían la letra de “La Internacional”.
Otra de las curiosidades de aquella secuencia la desveló el propio Omar Sharif en una entrevista concedida hace pocos años. En ella él sale a ver la manifestación desde el balcón de su casa y asiste, sorprendido y aterrorizado, a la brutal represión del ejército que, en una brutal carga de cabellería sable en mano, asesina a muchos de los manifestantes delante suyo. Tras reaccionar y bajar corriendo a atender a los heridos, los militares no le permiten ejercer su profesión a pesar de que él insiste en que es médico. Sharif había recibido instrucciones muy concretas de David Lean de hacer una interpretación absolutamente neutra. “Te voy a pedir lo más difícil que se le puede pedir a un actor: quiero que no expreses nada” le había dicho Lean una y otra vez en los ensayos y durante el rodaje. “El público entenderá perfectamente todo lo que te ocurre cuando vea las imágenes de la película, tú no te preocupes. Sólo te pediré que muestres lo que sientes en dos o tres secuencias.” Sharif recuerda que se sentía tremendamente frustrado cuando, cada día, al acabar el rodaje y tomar una copa en el bar con sus compañeros, todos comentaban lo bien que habían estado en esta o en aquella secuencia y él no podía decir nada, ya que sentía que ni siquiera había actuado. Fue especialmente duro para él porque aquel era el primer prota que hacía en su carrera…
Una de esas secuencias en las que Lean le pidió que expresara sus sentimientos fue precisamente la de la manifestación. Como no podía ser de otra manera, cuando Sharif rodó sus planos no tenía ninguna manifestación ante él, ni militares asesinando inocentes, ni sangre sobre las calles, ni nieve, ni calle, ni nada de nada… Para solventar su plano corto, Sharif recurrió a todo su imaginario. Cuenta que se imaginó las situaciones más dantescas: cabezas rodando por los suelos, sables ensangrentados, familiares asesinados, niños masacrados… pero una y otra vez Lean le decía que no era aquello, que lo que él necesitaba no era aquello. Tras varias horas de frustrados intentos, Lean le pidió que imaginase justo lo contrario: la situación más placentera que pudiese sentir. Sharif se imaginó a sí mismo teniendo el más intenso y salvaje de los orgasmos… ¡Y realmente la escena funcionó, y ha pasado a formar parte de la historia del cine!
La historia de amor que cuenta la novela sobre la que se basa esta película nos es narrada desde una doble perspectiva: la de la intimidad del mundo de Lara, y la de la irresistible necesidad de libertad que siente Zhivago. David Lean resuelve esta situación adaptándola al lenguaje cinematográfico mediante una utilización muy inteligente de la posición de la cámara: en muchos de los planos de Lara, la cámara está fuera de la casa y nos la muestra a través de una ventana, haciendo que sintamos que estamos invadiendo su intimidad, su mundo, que nos sintamos verdaderos “voyeurs” de su vida; por contra, una gran parte de los planos de Zhivago nos lo muestran desde dentro de una habitación, muchas veces solo, mirando a través de una ventana, o un simple plano subjetivo de una ventana cerrada desde la que vemos pasar la vida, transmitiéndonos la sensación de que Zhivago está realmente preso entre esas cuatro paredes. En total hay casi sesenta planos rodados a través de ventanas en la película.
Doctor Zhivago nos habla de una historia de amor inmortal, de un amor apasionado que nada sabe de límites ni fronteras, de ese amor que todos, aunque sólo sea una vez, soñamos con poder vivir. Es ese amor el que permite que Lara y Zhivago, dos seres perdidos entre un mundo que agoniza y los dolores de parto del nuevo mundo que vendrá, sobrevivan y sean capaces de levantarse una y otra vez, de sobreponerse a todas las dificultades, de superar todas las pruebas, porque ese amor, como todo amor verdadero, da sentido a sus vidas. Cuando ya no queda nada a lo que aferrarse, cuando todo muere a su alrededor, cuando sólo hay dolor y destrucción, cada uno de ellos sabe que ya no puede creer en nada ni en nadie más que en el otro. Amar es lo único que siempre nos queda. Doctor Zhivago nos habla de un amor imposible, de un amor que el mundo, sus reglas y sus convenciones no pueden dejar existir, porque es un amor demasiado puro, demasiado bello para vivir inmerso en la inmundicia y el egoísmo generalizado que le rodea.
Doctor Zhivago es una adaptación cinematográfica de la novela homónima de Boris Pasternak. La novela es realmente fantástica, aunque, como buena novela rusa, tiene tal cantidad y diversidad de personajes que hace que, en más de una ocasión, nos perdamos y tengamos que releer lo ya leído para retomar el hilo. La película, en cambio, manteniéndose fiel al espíritu de la novela, se centra mucho más en la historia personal de Zhivago, y por eso nos llega mucho más hondo.
Me gustaría recordar ahora una de las secuencias más bellas de la película, que nos muestra a Zhivago escribiendo sus poemas de forma enloquecida en las heladas madrugadas en la casa de campo en la que se ha refugiado con Lara huyendo de la barbarie de la guerra. La vieja casa abandonada está totalmente helada, parece un palacio de cristal. Durante todo el invierno están solos en la casa; fuera el mundo entero se destruye. Ellos no saben si sobrevivirán; tampoco saben qué quedará, si queda algo, del mundo que conocen…
Ella duerme en la cama mientras él escribe sentado a una pequeña mesa iluminado por la tenue luz de un candil. Fuera no para de nevar. Al alba, exhausto, él se duerme y ella se levanta y se acerca a la mesa para leer los poemas que él le ha escrito. En los ojos de Lara vemos toda la belleza de esos poemas, unos poemas que dicen…
“La nieve cubre las veredas
y se acumula en los tejados.
Para estirar las piernas, salgo.
Te miro allí, desde la puerta.
Con abrigo de otoño, sola,
sin el sombrero ni los zocos,
combates contra la congoja
y mascas desleídos copos.
Se esfuman árboles y vallas
en la distancia y en la neblina.
Mientras azota la nevada,
estás tú sola en la esquina.
Desde tu pañoleta escurre
agua que baja por las mangas;
y sobre tu cabello fulge,
como el rocío de la mañana.
Un mechón rubio te ilumina
y pone luz en los colores
del dulce rostro, la mantilla,
y el pequeño abrigo que te pones.
En tus pestañas se derrite
la nieve. Tienes ojos tristes.
Pareces esculpida y hecha
en una sola pieza, entera.
Con una gubia bien templada
en antimonio, se ha grabado
en lo más hondo de mi alma,
de un solo trazo, tu retrato.
Ahí han quedado para siempre
tus rasgos llenos de humildad.
Por eso digo: no me duele
que el mundo actúe con crueldad.
Y se duplica, por lo mismo,
la espesa noche hecha nieve.
Y entre los dos ya no se puede
trazar un límite preciso.
Mas ¿quiénes, y de dónde, somos
si de aquel tiempo sólo hay humo
de habladurías y nosotros
no estamos más en este mundo?”
Me gustaría acabar esta entrada contando una anécdota no muy conocida de David Lean y de su relación con nuestro país. No deja de ser curioso que Lean rodase esta película justamente después de haber rodado “Lawrence de Arabia”. Y digo que no deja de ser curioso porque “Lawrence de Arabia” también se había rodado en gran parte en España (en la costa almeriense, y más concretamente en los alrededores de un pequeño pueblo llamado Carboneras). Lean había comprado una casa frente al mar, en una maravillosa playa que hay bajo el Algarrobico, a la entrada de Carboneras. Allí vivía con Bárbara Neal, su mujer, una atractivísima rubia neozalendesa, criada en Inglaterra, de intensos ojos azules que paseaba con unos elegantísimos vestidos de colores vivísimos por aquel pequeño pueblo en el que, en aquella época, casi todas las mujeres vestían siempre de riguroso negro. Allí también coincidieron durante el rodaje Anthony Quinn, Peter O´Toole y el propio Omar Sharif. Eddy Fowlie, el ayudante de Lean, había acondicionado una casa de ocho habitaciones frente al mar para los actores. La gente del pueblo se había habituado a ver camellos donde hasta entonces sólo había habido burros, multitud de camiones que llenaban la zona de arena para que aquello pareciese el desierto de Aqaba y, sobre todo,
a muchas gentes “raras” de esas que “hacen Lorenzo el de Arabia”. Fueron cientos los almerienses que trabajaron como extras en aquella película.La convivencia fue idílica durante el rodaje, y la confraternización de unos y otros fue altísima, hasta el extremo de que Bárbara, la exhuberante neozelandesa, se enamoró locamente…. ¡del cabo del la Guardia Civil! Acabado el rodaje, las gentes del cine se fueron, David Lean también se fue, sólo Eddy Fowlie y Bárbara se quedaron a vivir allí. Durante mucho tiempo se la vio pasear, al caer la tarde, por las polvorientas calles de Carboneras, abrazada a su bigotudo Guardia Civil, en una extrañísima e inédita simbiosis de sofisticación británica y tricornio español que, a buen seguro, habrá pasado a formar parte de la historia de la Benemérita… Eddy Fowlie transformó aquella casa en un pequeño hotel, el Hotel Dorado, que ambientó con decorados de las películas en las que trabajó como ayudante de dirección. Según me cuentan, si vas por allí, todavía hoy puedes ver, entre otras cosas, la famosa sombrilla que volaba por los acantilados en “La hija de Ryan”, otra fantástica película dirigida por su gran amigo David Lean…

Me han encantado toda esta serie de curiosas anédoctas sobre esta maravilla de película. Siempre sorprendente!!!
Y tú siempre, ahí, siendo la primera en darme tu apoyo. Gracias, gracias, gracias
Un abrazo enorme
Hola Carlos muchas gracias por compartir las anécdotas de esta película, tiene muy buena pinta, la verdad que no la e visto, a mi família les encantó cuando se estreno la película, cuando pueda la veré , genial tu artículo. Un abrazo.
Hola Jaume!
Gracias, ante todo, por tu entusiasta fidelidad. Veo que suelo hablar de pelis y actores que no son de tu generación, y me encanta ver que te interesas por ellos. Son tantas y tantas las maravillas que guarda la historia del cine para cada uno de nosotros… Pero prometo intentar escribir sobre algo más reciente en próximas entradas ¿ok?
Un fuerte y entrañable abrazo
Hola!
Gran película y Gran manera de sacar lo más bello de ella.
Definitivamente, el amor es lo que mas llena una vida.
Un fuerte Abrazo!!
Me encanta, Gabriela, tú siempre encuentras la esencia de todo en lo que verdaderamente nos hace sentirnos vivos: los sentimientos. Un abrazo inmenso y zhivaguiano
Un buen artículo, ha sido un placer leerlo. Pero aprovecho este blog para romper una lanza a favor de Geraldine Chaplin, que ha sido, y sigue siendo, una mujer preciosa, simpática y por lo visto mucho más tratable que la amiga Julie Christie. Escuché en cierta ocasión a la estilista de la película hablar de la reticencia de Christie de dejarse hacer un peinado de época y lucir un estilo más propicio con la moda de los sesenta. Cuentan tambien que tuvo bastantes problemas en la escena del beso en el trineo con Rod Steiger. En una de las tomas Rod Steiger tomó la decisión de meterle la lengua hasta las amigdalas a la tal Christie. Esta se enfadó muchísimo tras la toma, pero fue justo la que utilizo Lean.
Gran placer tenerte por aquí, sacudelanza, y ver cómo compartes con todos nosotros todos esos secretillos del mundo del cine que conoces tan bien. Estoy contigo en eso de romper una lanza en favor de Geraldine Chaplin. Es una de mis actrices favoritas, capaz de transmitir el misterio, la sensibilidad y la ternura como pocas. No tengo la suerte de conocerla personalmente, pero estoy seguro de que es tan buena persona como actriz. En todas las entrevistas que le he visto tiene la sabiduría de ser capaz de reírse de sí misma, y esa es una de las cualidades que más admiro.
Lo del beso con lengua de Steiger a Christie también lo había oído. Realmente viendo la escena, el cabreo de la Christie es de los que marcan época por lo que, o bien es cierto y acababa de tragarse la lengua hasta las amígdalas, como dices, o es la secuencia que le salió mejor de toda la película….
Un gran abrazo y bienvenido a “La placenta…”
lo del cabo es verdad?
En realidad no fue con el cabo, sino con el teniente de la Guardia Civil, y el romance se inició cuando Lean ya se había ido de Carboneras. En el libro Thalassa, de Rafael Lorente editado por el Instituto de Estudios Almerienses, está descrito con mucho sentido del humor ese atípico noviazgo. Bárbara acababa de abrir un restaurante, el Bistró…y… “También al Bistró acostumbraba a venir por las noches don José, el aguerrido y bigotudo teniente de la Guardia Civil, segundo jefe del puesto de Carboneras desde hacía años. Un tipo sencillo y rústico con el que pronto inició Bárbara un sorprendente romance sentimental. Resultaba conmovedor observar, de cerca, las maniobras del ya maduro teniente cortejando a la neozelandesa, mujer delicada y cosmopolita, avezada al trato con gente de todas las razas y credos religiosos. Una relación a no dudar esperpéntica, que estuvo a punto de concluir en el altar de la iglesia del pueblo. No en vano se rumoreaba que la sugestiva ex mujer de David Lean, se mostraba dispuesta a casarse por lo católico con don José, e irse a vivir con él a la casa cuartel, entre guardias, fusiles y toques de corneta…”
Conocí personalmente a Rafael Lorente y por eso te puedo garantizar que lo que escribió en ese libro es la pura, y deliciosa, verdad.