La placenta del Universo

blogs clandestinodeactores.com
  • Inicio

Detener el tiempo…

18 octubre, 2009

PWCATAD46BCA00FWIZCA3AVW3LCA0V5NP8CAMT1YX4CALCPQSKCAC12GLCCAAR3VF6CAAP4V8CCAJ3TD7PCAGECAW5CA8XIGMCCAUG4FC9CA3EHIO5CAN4YCOWCATEJ2VICAAFLXHGNo deja de ser curiosa la manera en que nuestra concepción de la vida va variando con el tiempo. Supongo que es algo que no tiene remedio y que, en mayor o menor medida, nos pasa a todos. Hoy quiero hablaros de eso: del paso del tiempo, de cómo afecta a nuestra percepción del mundo, a nuestra forma de vernos a nosotros mismos, y sobre todo, de cómo afecta a nuestra relación con todo lo que nos rodea.

Para nuestro viaje de hoy he invitado a George Winston para que, si quieres, nos acompañe.

detener el tiempo

Una de las primeras cosas en la que nos damos cuenta de que la vida cambia es la velocidad con la que pasa el tiempo. En nuestra infancia es lento, eterno, inamovible, es algo que no se acaba nunca. No le damos ningún valor porque tenemos todo el que queremos e incluso nos sobra y soñamos con regalarlo (quién no anheló alguna vez las innumerables ventajas del mundo de los mayores del que tan sólo nos separaba el infranqueable muro del tiempo). Sin embargo, conforme vamos cumpliendo años, el tiempo empieza a pasar cada vez más rápido y los momentos a durar menos. Lo primero que deja de ser eterno son los veranos, a los veranos les siguen los cursos, a los cursos los años… y a los años la vida.

detener el tiempo 5A la edad sin tiempo de la infancia le sigue la edad sin pausa de la adolescencia. Dejamos atrás una etapa en la que todo nos fascina y nos atrae para entrar en una en la que nada nos interesa y todo nos aburre. El miedo a la oscuridad pasa a ser miedo a la claridad: ya no nos asusta lo que desconocemos, sino que nos conozcan. Buscamos nuestro lugar en el mundo, pero no nos atrevemos a buscarlo solos. Necesitamos referentes y somos tremendamente vulnerables e inseguros. La influencia de los demás es abrumadora y resulta casi imposible tener una opinión propia. La soledad nos aterra, porque pensar nos aterra. La timidez es nuestra compañera más fiel y, una y otra vez, se encarga de no dejarnos vivir. Inseguridad y timidez son los peores compañeros para recorrer el viaje de la vida.

El tiempo empieza a correr pero todavía no nos importa porque tenemos todo el que queremos. Nos sobra. El futuro empieza a entrar en nuestras vidas y, sigilosamente, empieza a adueñarse de nuestro presente, impidiéndonos vivirlo. En la infancia nos creíamos capaces de ser cualquier cosa porque vivíamos la vida como un sueño. En la adolescencia la vivimos como una pesadilla y creemos que nunca llegaremos a ser nada. Nos han enseñado a que no creamos en nosotros mismos sino en lo que podemos llegar a tener. Nos venden el gran engaño de que la seguridad es algo material que podemos conseguir fuera de nosotros y, lo que es peor, quieren hacernos creer que nuestra felicidad depende de que consigamos esa seguridad que sólo podemos comprar vendiendo nuestra vida.

detener el tiempo 25Casi sin darnos cuenta van pasando los años y, de repente, vemos que ya somos “mayores”. El trabajo, la hipoteca y la incertidumbre del futuro hacen que pasemos la mayor parte de nuestros días corriendo de aquí para allá como pollos sin cabeza. Lo importante es llegar a tiempo a los sitios y no lo que vamos a hacer en ellos. No tardamos en comprender que la seguridad que nos vendieron era una mentira y que, desde luego, la felicidad no estaba en esa casa tan grande o en ese coche tan potente que nos empeñamos en comprar. Empezamos a darnos cuenta de que el desengaño, la angustia y el cansancio nos impiden disfrutar de todas esas maravillosas pequeñas cosas que son la vida, pero, muchas veces, nos empeñamos en seguir engañándonos pensando que la felicidad llegará algún día a llamar a nuestra puerta, porque la felicidad, según nos enseñaron, es algo que vive en el futuro y, desde luego, muy lejos de nosotros…

detener el tiempo 18“Nací cuando mis padres ya no se querían”, con estas impresionantes palabras empieza “Paraíso inhabitado”, la última novela de Ana María Matute, posiblemente una de las mejores novelas que he leído en años y que habla precisamente de eso, del inexorable paso del tiempo. Con la austeridad y la aparente sencillez de los genios, Ana María Matute nos va descubriendo, poco a poco, detalle a detalle, el paraíso perdido de la infancia de Adriana, esa niña de nueve años que hace ya mucho tiempo todos fuimos. Lentamente nos va adentrando en su mundo, un mundo poblado de belleza, de fantasía, de soledad y de sueños, un universo solitario donde, cada noche, un unicornio blanco escapa a galopar más allá del tapiz donde los mayores, esos gigantes que hacen y dicen cosas que no se pueden entender, creen tenerle encerrado.

detener el tiempo 21A través de los ojos de esa niña vamos viendo a los gigantes apoderarse inexorablemente de ese paraíso inhabitado. Sin saber cómo ni por qué, nos llevan un día al colegio donde nos abandonan para toda la eternidad. Allí descubrimos que hay otros más fuertes que nosotros, que la crueldad y la violencia existen, como también existen una jerarquía y unas normas que nos obligan a acatar desde el primer día. Los gigantes nos dicen una y otra vez  que todo lo que nos hacen lo hacen por nuestro bien, cuando nosotros ni siquiera entendemos qué significa eso del bien. Pero no sólo descubrimos eso, también descubrimos el amor, nuestro primer amor, ese que vivimos pensando que será el único, y que quizá en cierta medida lo sea, porque nos acompaña toda la vida, aunque, a veces, nunca más volvamos a encontrarlo. ¿Quién no recuerda su primer beso, o el primer cosquilleo que hizo que nuestro corazón se disparase hasta el infinito y que el color rojo se apoderase de nuestras mejillas?. A esa edad empezamos a amar, a descubrir lo que es amar y a sentir lo que es ser amado.

detener el tiempo 2A esa edad sin tiempo también entendemos lo que significa ser, lo que significa estar vivo y, lo que es más importante, aprendemos a ser felices, algo que más tarde olvidamos, o nos hacen olvidar, cuando crecemos y nos convertimos en esos gigantes siempre atareados y preocupados que desaprenden a vivir, que ignoran la felicidad porque, en lugar de vivir el presente, el aquí y el ahora como hacen los niños, se amargan recordando o creando recuerdos de un pasado que ya pasó y que no pueden cambiar, o haciendo planes para un futuro que no existe y que, cuando exista, no será más que otro presente que también dejarán de vivir en pos de otro futuro más lejano tan inexistente como todos los que le precedieron.

detener el tiempo 15“Paraíso inhabitado” está lleno de páginas inolvidables, páginas llenas de poesía, de sabiduría y de belleza. Recuerdo que en una de ellas la tía Eduarda, quizá uno de los pocos gigantes a los que Adriana puede comprender, la lleva a pasear en una soleada mañana de invierno. “Fíjate en los árboles, en los troncos de los árboles en invierno…” empieza a decirle “… son como las personas… mucho follaje, mucho esplendor… tapando o protegiendo la verdadera naturaleza. Ahora ha llegado el invierno, y el invierno no perdona: saca a la luz tanto los troncos rectos como los retorcidos. Así es el invierno. Ya te digo, como las personas en el último tramo de la vida…”

Nosotros, los actores, tenemos la inmensa suerte de dedicarnos al único oficio que permite vivir más allá de nuestra edad interpretando a un viejo, a alguien más mayor ó a alguien más joven… Esa es una de las grandezas de nuestra profesión. Por eso debemos conocer a fondo cómo se vive en cada edad, cómo se siente, cómo se mueve, cómo se piensa, cómo se sueña… para poder conocer y entender cómo son en verdad todos los troncos que se esconden tras el follaje de los personajes que vamos a interpretar.

gran_raimon_panikkarPero conocer cómo nos afecta el paso del tiempo no es suficiente, también tenemos que aprender a detenerlo, a vivir nuestro aquí y nuestro ahora. Raimon Panikker, uno de nuestros más grandes sabios, suele decir que “hay que detenerse para descubrir que en cada momento está escondida la eternidad.” Y eso es lo que hace el libro de Ana María Matute, invitarnos a detenernos para vivir el presente, nuestro presente, ese maravilloso aquí y ahora donde habita la felicidad y que, hace mucho tiempo, cuando éramos niños, nos atrevimos a vivir.

jardín3Tenemos que aprender a detener el tiempo, a vivir y saborear el presente. Una forma muy simple de hacerlo es salir a pasear sin rumbo ni intención, porque eso es lo que significa pasear, no ir de un lado a otro para hacer esto o lo de más allá, sino dejarse llevar sin importar adónde y, lo más importante, sin estar encadenado a un por qué. Es entonces cuando se pueden apreciar los detalles de la belleza de todo lo que nos rodea: la cálida luz del sol, el leve susurro del viento entre las hojas, su suave caricia en nuestra cara, el silencioso vuelo de una mariposa que, como nosotros, acaba de descubrir que puede volar… El paseo es una invitación a dialogar con lo más profundo de nosotros mismos, a escuchar el silencio, a aprender a callar, a dejar simplemente que un paso guíe al otro, a fijarnos en todas aquellas pequeñas cosas que no sabíamos ni que existían, en todas aquellas maravillosas cosas que nunca vimos, es una invitación a perdernos por cualquier parque, a dejar que sea la sombra de una nube la que guíe nuestro camino, a respirar tranquila y placidamente el aire que nos rodea, a saborear todos los colores que, uno tras otro, van apareciendo ante nuestros ojos para recordarnos que este mundo sigue vivo y lleno de belleza…

detener el tiempo 29Al rato, sentados a descansar en cualquier banco solitario, vemos pasar la vida frente a nosotros: una pareja de enamorados jugando a ser niños, algún anciano perdido en sus recuerdos, otros jugando a recuperar la infancia perdida, algunos niños jugando felices a vivir las vidas de todos sus héroes… y cientos de personas anónimas que van de aquí para allá; todos tienen prisa, nadie mira a nadie, nadie habla con nadie, todos deambulan serios y callados, imbuidos en sus preocupaciones, nadie ríe, nadie mira al cielo, tan sólo al suelo, siempre al suelo, ninguno te ve, a nadie le importas… para ellos has dejado de existir, quizá simplemente porque has cometido el peor de los pecados: detener el tiempo.

detener el tiempo 7Y allí, protegido por la invisibilidad de los que a nadie importan, empiezas a escuchar de verdad, a escuchar con todos tus sentidos, y a observar detenidamente a todos los que pasan junto a ti. Son tantos y tantos los distintos personajes que ves, tantos los pequeños detalles que percibes en cada uno de ellos, tantos los casi inapreciables tics que tiene cada uno, tantos los secretos que creen esconder, tantos los recuerdos y los sueños que aún viven en ellos, tantas las diferentes formas de andar, de mirar, de hablar…

Recuerdo que uno de mis escritores favoritos, Eric Fosnes Hansen, presentando su inolvidable libro “Himno al final del viaje”, dijo algo sobre el oficio de escritor que es perfectamente aplicable al nuestro, el del actor. Comentó que la magia de escribir consiste en saber captar y transmitir los pequeños detalles, porque sólo así conseguiremos que un lector que está confortablementre sentado en el sillón de su casa viaje a los mundos que le proponemos y, lo que es más importante, que no deje de vivir en ellos cayendo en la irresistible tentación de volver a la realidad de su confortable sillón.

tranvia-nostalgico-estambulY para explicarlo puso un ejemplo muy elocuente: si a un lector le dices que imagine un tranvía que va por una calle, difícilmente imaginará algo y por eso dificilmente le sacarás de la realidad de su sillón, pero si le dices que ese tranvía es rojo, con las ventanas pintadas de blanco, que tiene un único faro en la parte delantera, que va por el centro de la calle y que su conductor lleva una camisa azul clara, ese lector cerrará los ojos y se verá a sí mismo en esa calle, olvidándose por completo de su confortable sillón. Es ahí donde está la magia: en los pequeños detalles, esos sobre los que nosotros, los actores, construimos nuestros personajes. Son tantas las valiosísimas herramientas para nuestro trabajo que, sin saberlo, todos esos seres anónimos con los que nos cruzamos a diario nos ofrecen. Pero para poder aprovecharlas debemos aprender a detener el tiempo, a escuchar de verdad y a fijar nuestra atención en todas esas pequeñas cosas, a interiorizarlas, a hacer muy concretos y muy nuestros los detalles más insignificantes en apariencia sobre los que luego construiremos esos personajes que nos permitirán vivir todas las vidas, todas nuestras vidas…

Categorias
General
Comentarios RSS
Comentarios RSS

« De saltimbanquis, arlequines y payasos… Doctor Zhivago: recuerdos, anécdotas, y secretos de un rodaje épico »

8 comentarios para “Detener el tiempo…”

  1. Veryinspired dice:
    18 octubre, 2009 en 1:29 pm

    Tu texto me ha recordado un poema de Gabriel Ferrater: “El Distret” (El distraido) que empieza diciendo: “Segur que avui hi havia núvols, / i no he mirat enlaire [...]” (Seguro que hoy había nubes y no he mirado el cielo…). Tu texto es un buen ejemplo de paseo. Gracias por dejarnos pasear contigo, aquí y ahora, atentos a todos los detalles, sin importar los porqués ni los dóndes.

    Responder
    • Carlos Olalla dice:
      27 octubre, 2009 en 7:31 pm

      Muchísimas gracias por recordarnos ese maravilloso poema de Ferrater y por estar siempre ahí, apoyándome. Me encanta lo que dices de los porqués y los dóndes. Cada vez tengo más claro que crear no es averiguar un cuánto o un dónde, sino destruir un por qué… ¿Es que acaso tenemos que tener una razón para emocionarnos con un buen poema o con la belleza de una puesta de sol? Si esa razón existiera y los científicos llegaran a descubrirla, se habrían cargado toda la magia, el duende y la poesía que hay en el amor, así que prefiero hacer las cosas que verdaderamente me importan destruyendo, o cuando menos ignotando, todos los por qués…
      Un abrazo enorme y sin siempre por qué

      Responder
  2. Jaume Felip dice:
    18 octubre, 2009 en 3:29 pm

    Hola Carlos felicitarte por tu artículo está genial, además es muy cierto cuando eres pequeño el tiempo pasa lento pero a partir de la adolescencia , que es la edad en la que estoy yo el tiempo pasa más rápido, hoy es domingo, el fín de semana ha pasado volando y mañana lunes y luego fín de semana , va muy rápido el tiempo , además yo creo que a veces el tiempo pasa lento es por qué te aburres, pero si se aprovecha el tiempo pasa volando, gracias por tu artículo. Un abrazo.

    Responder
    • Carlos Olalla dice:
      27 octubre, 2009 en 7:36 pm

      Hola Jaume!
      Me encanta ver que estás siempre ahí, fiel a “La placenta”.
      Como dices, el tiempo pasa cada vez más rápido. No nos daremos ni cuenta y ya estaremos todos comiendo turrones, ya verás. Y lo malo es que cada vez pasa más rápido. El otro día escuché por la tele a un enfermo incurable de una enfermedad degenerativa que acaba en parálisis. Me impresionó muchísimo lo que dijo porque es toda una filosofía de vida: “Yo no tengo tiempo para tener un día malo…”
      Me parece una frase tan maravillosa y llena de sabiduría, que todos deberíamos enmarcarla en nuestra mente
      Un abrazo enorme y “placentero”, siempre”placentero”

      Responder
  3. Gabriela dice:
    20 octubre, 2009 en 6:58 pm

    Hola Carlos!

    Tiempo, que maravillosa palabra, que a veces hacemos de ella nuestra peor enemiga.

    El artículo de hoy, refleja todo. La vida, sin ninguno de esos momentos que uno a uno has ido diciendo, no sería vida.

    El otro dia me preguntaron porque quería ser actriz; y les dije, porque es maravilloso, poder mostrar a personas, etapas de la vida que ellas no han podido vivir. Yo misma, tuve que saltarme una etapa, pero sentía que algo me faltaba, y tras indagar e indagar, me di cuenta que me habia saltado una parte de la espiral de la vida…
    por eso, las cosas no cuadraban…pero el interpretar sana tanto a unos como a otros…Y también es una manera muy divertida de jugar. Pero que es si no la vida…. PURO JUEGO!

    Muy bello todo lo que escribes!!

    Mi mas sincero y grande abrazo!

    Responder
    • Carlos Olalla dice:
      27 octubre, 2009 en 7:42 pm

      Hola Gabriela!
      Muchísimas gracias, de nuevo, por estar siempre ahí, haciéndome llegar tu apoyo tan entusiasta e incondicional. Te aseguro que tener lectoras como tú es un privilegio.
      Como bien dices, la vida es puro juego, un juego en el que, como dice Cohen, tenemos que aprender a reir y a llorar de todo esto…
      Realmente la profesión que hemos elegido, o que nos ha elegido, qué quizá viene a ser lo mismo, es preciosa, porque nos permite disfrutar a fondo de la vida y de esa sensación tan maravillosa que es saberse intensamente vivo…
      Un abrazo enorme, enorme, enorme

      Responder
  4. Hada del pozo dice:
    5 noviembre, 2009 en 1:09 am

    Carlos,gracias por el precioso texto.
    No nos conocemos,nunca hemos hablado.
    Me sumo a estos comentarios con el ánimo de compartir lo que tú has compartido.
    Me he sentido cerca,muy cerca y triste muy triste.
    Aún mis ojos están empapados en lágrimas y George Winston(el primer tema) ha colaborado mucho en ello.
    Precioso y delicado tema para acompañar a un texto tan mágico.

    No es mi caso,suelo detener el tiempo,me gusta hacerlo.
    Es más ,necesito hacerlo.
    Pero tengos seres queridos que viven sin detenerlo ni un instante y sufro por ellos.

    Gracias por detener ,un instante, tu tiempo con nosotros.

    Salud.

    Responder
    • Carlos Olalla dice:
      5 noviembre, 2009 en 5:17 pm

      Muchísimas gracias por el cariño de tus palabras. Puede que no hayamos hablado nunca, pero precisamente con tu comentario has hecho que sienta lo contrario, que somos capaces de hablar como si lo hubiéramos hecho toda la vida… En la última novela que escribí (Tempo), y que todavía no desespero en llegar a verla publicada algún día, decía que, igual que el agua hace crecer a los árboles, son las lágrimas las que hacen crecer a los hombres… Siempre tengo la impresión de que las personas que no han sufrido en la vida, las que han vivido en una especie de jaula de oro en la que no entran los problemas, no me interesan nada, porque soy incapaz de encontrar un tema, y a veces ni siquiera un lenguage, de conversación con ellas: no entienden lo que digo y no me interesa nada de lo que dicen, por lo que esas conversaciones siempre acaban en un diálogo de sordos construido a base de tópicos y superficialidades que no llevan a ningún sitio. En cambio, cuando te encuentras con alguien que de verdad ha sufrido, puedes sentir su sensibilidad, su profundidad y su sabiduría a flor de piel, y puedes compartir tu mundo abiertamente con él, y aprender mucho del mundo que él comparte contigo. No me cabe duda de que tú eres de estos últimos. ¡No cambies nunca!
      Un gran abrazo

      Responder

Deja tu comentario

Clic para cancelar respuesta.

Carlos Olalla

Por circunstancias de la vida me pasé más de veinticinco años dirigiendo empresas en la que, sin lugar a dudas, fue la etapa más aburrida y frustrante de mi vida. La verdad es que nunca me gustaron esos trabajos y lo pasé fatal. Cuando cumplí los 45 me encontré con que una reestructuración empresarial me ponía de patitas en la calle y sin un duro. Por si fuera poco, nadie me quería dar trabajo porque decían que ya era demasiado “viejo”. A mí siempre me había gustado el mundo del cine y, como estaba en el paro y tenía tiempo, empecé a estudiar interpretación. Me pasé tres años siendo el “abuelo” de todos mis jóvenes compañeros en una conocida escuela de teatro de Barcelona. Durante aquel tiempo recibí alguna propuesta de trabajo para reincorporarme al mundo de la empresa, pero no quise aceptarlas: el nuevo mundo que había descubierto me había atrapado por completo, así que decidí cambiar una maravilla de sueldo y una mierda de trabajo por una maravilla de trabajo y una mierda de sueldo. Puedo deciros que ha sido la mejor decisión que he tomado en mi vida: por primera vez soy libre, la palabra jefe ya no significa nada para mí, hago lo que verdaderamente me gusta y, lo mejor, trabajo con gente sensible y abierta que piensa y siente como yo. ¿Qué más se puede pedir?

Enlaces

  • Blog Dame perfiles
  • Blog Diario de un guionista perezoso
  • Clandestinodeactores.com
  • Foro Clandestino

Todas las entradas

  • Rafael Álvarez, “El Brujo”, o la melancolía de la sombra
  • The soul of a man
  • “No somos de donde nacemos, sino de donde nos necesitan”, Abraham Verghese
  • La vida secreta de las palabras
  • La soledad creativa
  • Premios Buero de Teatro Joven
  • Cine: Arte y reflexión
  • “Bajo el fuego”, corresponsales de nuestra propia guerra
  • Castings, castings, castings…
  • De abrazos, miradas, caricias y ronroneos…
  • “Caídos del cielo”, el teatro puede.
  • Ramón Gaya, el cuenco vacío de la creación
  • Haris Alexiou: un himno a la libertad
  • Macbeth, Declan Donnellan
  • Vinicius de Moraes, porque vivir es devorar la vida…
  • Edward Steichen, elegía a un peregrino de la belleza
  • La crisis… y la madre que la parió
  • The Bridge Project: Porque estamos hechos de la materia de los sueños…
  • Nos queda la memoria
  • Mercedes Gómez-Pablos, la mirada azul del silencio…
  • Dejemos hablar al silencio…
  • Me encontraréis a bordo ligero de equipaje…
  • “El viento se llevó lo que”
  • “La bañera de Ulises”, saltimbanquis y marineros en una travesía por la paz
  • “El concierto”
  • Al oeste del ocaso: Muerte en Venecia
  • La luz del silencio: tibetanos en el exilio, una opción por la no-violencia en el mundo de hoy
  • Sándor Márai, memoria del olvido
  • Siddhartha
  • “Me voy, ahí os quedáis…”
  • Kandinsky, o la necesidad de crear
  • Dennis Hopper, un actor de leyenda
  • Mikhail Baryshnikov, poesía de la danza en libertad
  • Siendo nadie, yendo a ninguna parte…
  • ¿Dónde han ido todas las cartas?
  • Al Pacino, la visión de un actor
  • Amor a primera vista
  • Cuento de Navidad
  • El viaje + corto
  • Eduardo Galeano, una luz en la niebla
  • “Desenfocada”
  • Las mujeres que no conocemos
  • Porque la felicidad no es una zanahoria…
  • Stefan Zweig, un mundo de ayer
  • Anthony “Zorba” Quinn
  • Doctor Zhivago: recuerdos, anécdotas, y secretos de un rodaje épico
  • Detener el tiempo…
  • De saltimbanquis, arlequines y payasos…
  • The Actor´s Gang
  • “The visitor”
  • El silencio de la luna
  • Los espejos del alma
  • Amar en tiempos de crisis
  • “El patio de mi cárcel”
  • El equilibrio de la vida
  • John Cassavetes: el valor para ser libre
  • Leonard Cohen, o cómo decir poesía
  • El viaje de Angelopoulos
  • Fernando Fernán-Gómez: Un hombre que se atrevió a ser libre
  • Arthur Miller, una mirada desde el puente
  • Unas palabras de bienvenida

Buscar

Etiquetas

Abraham Verghese actores actores anónimos Angelopoulos arte Arthur Miller artista Belén Macías Blanca Portillo Candela Peña cine crisis cultura directora de cine El Brujo El patio de mi cárcel El viaje a ninguna parte Enemigos públicos escritor Fernando Fernan-Gómez inspiración Intimo Cassavetes intolerancia Isabel Coixet John Cassavetes La vida secreta de las palabras lectura Leonard Cohen libreria libros literatura Los lunes al sol Lugares comunes películas poesía premios Buero Rafael Álvarez Retorno a Hansala solidaridad teatro The visitor Tim Robbins Tom Joad Verónica Echegui Zoran Music

WP-Cumulus by Roy Tanck requires Flash Player 9 or better.

Vótalo en Premios 20Blogs

Premios 20Blogs

Meta

  • Acceder
© 2009 Clandestinodeactores.com  |  Blogs clandestinodeactores.com  |  Foro Clandestino  |  Aviso Legal