¿Quién teme a Virginia Woolf?
3 diciembre, 2011
¿Dónde está la frontera entre la verdad y la mentira en el mundo de la pareja?, ¿dónde acaba la ficción y empieza la realidad?, ¿qué hay detrás de la máscara tras la que nos escondemos?, ¿qué pactos llegamos a hacer para poder sobrevivir?, tras las discusiones de pareja, ¿hay amor,?, ¿odio?, ¿u odio disfrazado de amor?, ¿qué hacer cuando ya solo vemos los hilos de la persona a la que en su día idealizamos?, ¿cortarlos?, ¿pretender no verlos?, ¿qué hacer cuando destruimos lo que más amamos?, ¿por qué lo destruimos?, ¿cuándo empieza el maltrato?, ¿empieza al dejar de admirar a la persona que amamos, al no aceptarla tal y como es en realidad, al querer cambiarla, al dejar de respetarla, al proyectar en ella nuestras propias frustraciones, o empieza incluso mucho antes, en nuestra propia concepción posesiva del amor?, ¿qué se esconde detrás de la violencia, qué tras el maltrato psicológico?, ¿la vida en pareja es realmente el anhelo de vivir un proyecto común o no es más que una huida de nuestra soledad…? Estas y otras muchas preguntas son las que Edward Albee hace al espectador en su “¿Quién teme a Virginia Woolf?.
Acaba de estrenarse en el teatro Romea de Barcelona (en la traducción de Josep
Mª Pou) la versión en catalán dirigida por Daniel Veronese prodigiosamente interpretada por Emma Vilarasau y Pere Arquillué, junto a Mireia Aixalà e Ivan Benet, que posteriormente podría llevarse, en su versión castellana, al teatro Español de Madrid. Tuve la fortuna de poder ir al estreno de Barcelona y puedo decir que es uno de los montajes que más me ha impactado en muchos años. Todo en él es sensacional: la dirección, el trabajo de los actores, con una Emma Vilarasau fabulosa, como siempre, dando vida a la dominante Martha y un Pere Arquillué capaz de transmitir los sentimientos más contradictorios del dominado George, llevándole, y llevándonos a todos con él, de la vulnerabilidad y fragilidad más absolutas al cinismo extremo y la agresividad más estremecedora. Viéndoles se diría que Albee escribió esta obra pensando en ellos. Y Mireia Aixalà e Ivan Benet no se quedan atrás haciendo vivir la noche más surrealista y destructiva de su vida a la joven pareja a la que encarnan que, invitados a tomar la última copa a casa de Martha y George, se ven inmersos en el despiadado combate en el que han convertido su relación de pareja.
Fiel a su filosofía de que el teatro debe ser como un dardo lanzado en la oscuridad, Veronese huye de todo lo que él llama “teatroso”, de todo lo artificial, impostado, de todo lo que no sea auténtico y visceral. Exige de sus actores un compromiso total, un desnudarse plenamente partiendo del olvido de cualquier concepción previa sobre la obra y sus personajes. Les pide que hablen como lo harían en la vida real, pisándose unos a otros, hablando mientras realizan diferentes acciones,
les pide que se quiten de encima todo aquello que sobra, que no es verdad y les exige un ritmo trepidante que mantienen a lo largo de todo el montaje. Veronese nunca había trabajado con estos actores y nunca había trabajado en catalán, una lengua que desconocía por completo cuando inició los ensayos. Pero eso no fue ninguna dificultad porque muy pronto todos se dieron cuenta de que hablablan el mismo idioma. Como él dice: “Les pedí a los actores que intentásemos sacarnos de encima las ideas teatrales que tenemos sobre este material para poder profundizarlo en la medida que se vaya desarrollando nuestro conocimiento. Obviamente no podemos dejar de tener ideas preconcebidas, pero lo más revolucionario del teatro resulta casi siempre estar muy cerca, a la vuelta de la esquina, pero no en nuestra propia calle. Confiemos que hay terrenos que no hemos visitado. ¿Cuáles son? Realmente no lo sé. Si los conociera de antemano lo echaría a perder. Solo espero que hayamos comprendido algo nuevo al final de este proceso, pues como sucede siempre, si eso nos pasa a nosotros es muy probable que también le suceda al público”
Porque de eso trata la obra, del peligroso y descarnado juego por la supervivencia en que se ha convertido el matrimonio de Martha y George, un juego perverso del
que solo ellos han fijado sus propias reglas, un juego cruel y despiadado en el que no hay tregua ni rendición posible y que, esa noche, se les va de las manos. A los dos les gusta jugar a ese juego de autodestruirse y de destruir al otro utilizando concienzudamente todo lo que conocen de su rival, sus puntos débiles, lo que saben que más les puede doler y que más daño les puede hacer. ¿Se aman?, ¿se odian…? lo único claro es que se necesitan, se necesitan para proyectar en el otro sus propias frustraciones, sus sueños rotos, su falta de esperanza. Ambos pertenecen al mundo universitario, él es un profesor de Historia frustrado y ella la hija del Rector de la Universidad, una hija a la que todos consideraban un buen partido y que, pudiéndose casar con cualquiera de los otros profesores eligió a George cuando era un joven que tenía un prometedor futuro por delante. El alcohol ha ido haciéndose cada día más presente en sus vidas, son un par de alcohólicos conscientes ya de que ni siquiera el alcohol puede ahogar la amargura que sienten. Su juego, como el alcohol, es una huida, una huida de sí mismos. Pero
a los ojos de Albee la mentira no está solo en esa pareja harta ya de sí misma y de la vida. También está en la joven pareja que llega invitada a casa tras cuya fachada de aparente familia perfecta se esconden turbios intereses, hipocresías y manipulaciones que tarde o temprano acabarán por explotar. Albee (como Orson Welles hijo adoptado por una familia culta y adinerada que no tuvo una infancia feliz), refleja en esta obra sin ningún tipo de tapujos ni de adornos su pesimista concepción de la relación familiar y de pareja. El título en sí es ya toda una declaración de intenciones: está inspirado en la célebre canción ¿quién teme al lobo feroz, al lobo feroz, al lobo feroz? de Los tres cerditos, de Disney, y el nombre de Virginia Woolf tampoco está escogido al azar, ya que sus obras reflejaban los conflictos psicológicos y traumáticos de sus personajes y su propia vida fue un infierno depresivo que acabó en el suicidio.
Pero es una obra que tiene muchas, muchísimas lecturas. Si tenemos en cuenta que
los nombres de la pareja protagonista son precisamente los del primer presidente de los EEUU y de su esposa, podemos ver claramente un desgarrador análisis de lo que para Albee es el poder. Desde esa óptica Virginia Woolf representaría a la sociedad. Albee no se para ante nada ni ante nadie. Arrastra a sus personajes hasta el límite y no solo no huye de los conflictos, sino que, como Tennesse Williams, los aborda hasta lo más hondo. Su teatro no es un teatro fácil ni hecho para que el público pase un buen rato: es un espejo que pone en el escenario frente al espectador que, desde su butaca, acongojado, siente que la barbarie que está pasando frente a él es algo que le resulta cercano, o que al menos le suena.
En el juego entre Martha y George hay un único tema tabú: la mención de su hijo ausente. George, desde el primer momento, le prohíbe a Martha mencionarlo. La presencia/ausencia de ese hijo se hace cada vez más sofocante. Martha rompe la regla del juego y habla de ese hijo al matrimonio invitado. George no se lo perdona.
El final del segundo acto acaba dando pie al tercero cuando George le dice a Honey, la joven invitada, que ha recibido un telegrama en el que le anuncian que su hijo ha muerto. En la explosión final del tercer acto Martha se entera de la muerte de su hijo, y el espectador de que ese hijo jamás ha existido, que no ha sido más que una invención de Martha y de George para dar sentido, a su manera, a su matrimonio. La venganza de George ha sido terrorífica: le ha robado a Martha la ilusión que ella más quería. Un final abierto, sin embargo, permite albergar un rayo de esperanza, por pequeño que sea.
En el mundo de la pareja que nos presenta Albee no existe la frontera entre la
ficción y la realidad, entre la imaginación y la vida real, entre la verdad y la mentira, como tampoco existe esa línea que separa el amor del odio, la libertad de la posesión. Sin duda, al llegar a casa, el espectador piensa en su inmensa suerte por no tener una relación como la de Martha y George, pero en el fondo de sí mismo se aterra pensando que, en algún momento, se ha sentido identificado de una u otra manera con alguno o algunos de los comportamientos que ha visto en escena, y se ha sentido identificado porque sabe perfectamente que también le pueden pasar a él y a ese aparentemente feliz mundo burbuja en el que se haya inmerso…

Este es el teatro que me gusta. Un dardo lanzado en la oscuridad? Mejor un dardo que encienda la oscuridad.
Maravillosa esa imagen del dardo encendiendo la oscuridad, Paloma. Estoy deseando que veas este montaje porque sé que te encantará. Un abrazo enorme y taliniano, siempre taliniano
Carlos la obra de “Qui té por de Virginia Woolf ? tiene muy buena pinta, y estoy seguro que Emma Vilarasau y Pere Arquillué están fantásticos son grandes de la interpretación. Y la de Iván Benet también creo le he visto en algunas obras y llegará muy lejos como actor. La quería ir a ver a Bcn pero de momento aún no la he podido ir a ver. Si no la puedo ir a ver en Bcn , si de gira nos la traen en Lleida seguro que voy , no me la pienso perder. Seguro que esta genial la obra me ha gustado mucho tu crítica de la obra. Algunos amigos y amigas mías que la han visto me han dicho que es brutal muy buena.
Un gran abrazo.
Ah, Jaume, aquí sí que te pido que hagas un esfuerzo y te desplaces sin falta a Barcelona. Es una obra que no sé si irá de gira pero que, desde luego, no puedes dejar de ver. Es teatro puro, maravillosamente puro: texto, actores y acciones en ese magistral juego de verdades que es la mentira teatral. Mi abrazo más fuerte
Hola Carlos, enhorabuena, y gracias como siempre.
Ya sabes que el teatro no es lo mío- hasta ahora, y entonando un mea culpa irredento-, aunque siento gran aprecio por Antonin Artaud y su obra.
¿Quién teme a Virginia Woolf?, la vi hace muchos años- en esa edad en la que el tiempo pasa despacio- en su versión cinematográfica dirigida por Mike Nichols e interpretada por la pareja Burton-Taylor, en lo que parecía una prolongación de la relación que ambos tenían en su vida privada. Tortuosa historia muy bien contada e interpretada por los citados anteriormente.
La pareja, pasado, presente y futuro de una estructura social que a mí se me antoja más como un estado de excepción, que como un estado de confirmación.
Como la vida, como la muerte, como la libertad, la pareja la podemos apreciar-cada uno de nosotros a lo largo de nuestra existencia- de múltiples maneras, condicionados también por cómo nos vaya en el amor.
Personalmente creo que mientras más cicatrices tengamos los seres humanos, mientras más veces hayamos dormido en camas desiertas, mientras más hayamos sentido “qué fría es la cera, de un beso de nadie”(L.E. Aute), más cerca estaremos de valorar el calor de la presencia en nuestras vidas de algún amor con quien compartir el atardecer y el amanecer.
Somos como esos perros que después de haber sido abandonados a su suerte, suelen ser los que más dispuestos están a dar y recibir cariño.
En definitiva, y como dice mi admirado J. Brel “A menudo han visto surgir fuego/ del viejo volcán que todos creían apagado./ Son como tierras quemadas/ que dan más trigo que una buena primavera”.
Carlos, tengo una amiga de 83 años llamada Ascensión-madre de algunos de mis mejores amigos- que ha publicado su cuarto libro de poemas y relatos cortos. Ella empezó a escribir a los 75 años, después de vivir en los cinco continentes, debido a la profesión de su marido- mi buen amigo Luís- fallecido hace siete años. En este libro llamado “Seré breve”, hay un relato en la ella cuenta la historia de ambos: él era del valle del Pas(Santader), ella de Cádiz. Os lo paso:
La Casa de las Camelias.
” Nosotros, Norte y Sur, fuimos como un gran acueducto hecho piedra a piedra. Hubo que limar estrías, hubo que aprender cosas nuevas que nos parecían extrañas, pero nunca dimos un portazo. Estábamos llenos de ramas verdes y de velas blancas, teníamos un juramento tácito que cumplir.
Yo, pertenecía a un cálido patio, frente a la catedral, junto a la mar.
Tú, a una alta y frondosa montaña donde anidaba el urogallo.
La sirena y el pastor.
Pero lo nuestro no era una bonita leyenda del Ampurdá, lo nuestro era una gran realidad por vivir.
¿Fue fácil? No, no nos vamos a engañar. Fue espléndido, enriquecedor, fructífero, pero no fácil.
Norte y Sur, nunca se vieron tan compenetrados.
Unas veces eran los verdes prados, otras las caracolas de mi inmenso mar.
Sol, brisa, niebla, lluvia, nos, vos, sin fractura, diligentes en el amar.
Tu casona solariega con sus grandes camelias que te vieron crecer.
Mi patio fragante de claveles y jazmines moriscos.”
Un abrazo.
Maravilloso, Paco, como siempre, tu comentario. Lleno de imágenes y matices con los que todos nos podemos identificar por que llegan muy dentro, como la de esos perros apaleados y abandonados que solo buscan amas y alguien que les ame, o por lo menos que no les destroce, y esos besos de nadie de Aute, besos no de saliva, sino de lágrima y dolor. ¡Qué maravillosa la personalidad y la forma de ver y de vivir la vida de tu amiga Ascensión! ¡Qué felicidad la de amar como ella ama, y qué generosidad al compartirlo con los demás!
Un abrazo enorme y, sin duda, ascensiniano
¿Quién teme a Virginia Woolf, al lobo feroz, al lobo feroz…?.
¿Quién lo teme…?
¿Es para temer todo lo que se dicen esa pareja, o es una invitación a desoxidar los candados conque cerramos nuestras máscaras de lo políticamente correcto?
“Magistral juego de verdades que es la mentira teatral”, dices a Jaume…
Y nos traes esta obra imponente de E. Albee, interpretada en cine en los 60, por E. Taylor y R. Burton en sus papeles estelares donde se confundia su propia relación turbulenta de pareja fuera de escena, con sus papeles como Martha y George en la película.
E. Taylor ganó un Oscar. La película como tal creo que cinco.
En 1999 se vuelve a dramatizar en teatro por dos monstruos del escenario: la Espert y Adolfo Marsillach. Tuve la suerte de disfrutarles.
Nuria Espert, decía en una entrevista de entonces, que la obra nunca había estado más de actualidad que entonces, porque nunca la gente había tenido mas dificultades para ser ella misma y convivir con otra persona.
Se refería a la pareja como una pareja que había eliminado la hipocresía.
Y como siempre apuntas las posibles hipótesis en múltiples preguntas. ¿Cuál es el límite entre verdad y mentira, entre cordura y locura, amor y odio…?, invitándonos a pensar. Y me permito ver la obra como una figura geométrica poliédrica, con diferentes aristas y angulos y sus múltiples puntos de vista. Ninguno excluyente, todos sumatorios que hacen que después de 50 años de haber sido escrita siga tan actual.
¿Qué papel representa el alcohol?. Me atrevo a pensar, que el de llave para abrir esos candados de las máscaras.
Martha y George tan solo juegan su juego, movidos de un lado por los hilos de Eros y por el otro por los hilos de Tánatos, en cuyo juego, discurre la vida de todos nosotros, balanceándonos con mas o menos peligro como en un trapecio.
La obra se estrena en el siglo pasado, años 60.
Están Buñuel, Antonioni, Berman, directores todos que nos mostraban los” pequeños encantos”… los “susurros”… “los silencios”… la trastienda enfín de aquella burguesia culta, con clase, a veces intelectual.
Ahora la burguesía del 2011 ¿Cómo es?¿Cómo soluciona sus conflictos mientras se mece en el columpio?.
Un enorme abrazo sin temor.
Maravilloso comentario, Marta. Muchísimas gracias por tu reflexión sobre esa otra parte del problema ¿qué pasa cuando nos quitamos la máscara de lo políticamente correcto? Y ese difícil y sempiterno equilibrio entre Eros y Tánatos que, desde siempre, mueve el mundo…
Leyendo tu comentario no he podido evitar la letra de una canción de Bruce Springsteeen,mi adorado Bruce, que se llama Devils and Dust, en la que se pregunta ¿qué hacer cuando para sobrevivir destruímos lo que de verdad amamos?
En fin, que ahí dejo la preguntita del Boss…
Vuelan abrazos que nada saben ni sabrán de miedos y temores
Tiene alguna relacion la escritora Virginia Wolf con el estribillo: quien tiene miedo de Virgini
Wolf, Virinia Wolf……………………..
Hola Alba! Muchísimas gracias por tu comentario y ¡Bienvenida a La placenta!
Sobre el significado del título de esta obra se ha escrito mucho. Parece obvio que Albee quería jugar con el doble sentido al utilizar la canción del célebre cuento de los tres cerditos y el lobo feroz, ya que lobo en inglés es wolf. Que estos personajes canten esa canción como burlándose al principio del miedo al lobo y cayendo en la cuenta después al cantarla de nuevo que ese lobo les está devorando muestra lo acertado de la elección del título ya que dos de los tres cerditos se quedaron sin casa.El hecho de que Albee sitúe su obra en el ambiente universitario es también un guiño al grupo de Bloomsbury, el grupo de intelectuales que se creó en torno a Virginia Woolf. Creo que sin duda el título hace referencia a la escritora yendo mucho más allá del cuento de los tres cerditos, ya que lo que plantea, sabiendo cómo el proceso autodestructivo de Virginia Woolf la llevó al suicidio,en realidad es ¿quién tiene miedo a la autodestrucción, a la autodestrucción, a la autodestrucción?
Pero como te decía se ha escrito mucho sobre eso y son muchas las teorías del por qué de ese título. Hay quien considera que en realidad esa Virginia Woolf del tçitulo es la propia sociedad de la que se burlan los protagonistas de la obra.
Espero que estas reflexiones te ayuden a encontrar la respuesta a tu pregunta. Mi abrazo más fuerte