¿Existe la muerte?
8 mayo, 2011
¿Realmente existe la muerte? Nuestra sociedad está empeñada en negarlo, en que no pensemos en ella, en que le demos la espalda y nos pille cómo y cuando quiera, sin que hayamos podido siquiera plantearnos si nos gustaría prepararnos para cuando llegue ese momento, o cómo hacerlo. ¿Por qué nos cuesta tanto hablar de la muerte, nombrarla, afrontarla? Hacemos peliculas de terror sobre ella o comedias de humor negro, pero rara es la vez que hablamos seria y pausadamente sobre ella. Es un tema tabú. Nuestra sociedad ha construído un muro infranqueable para aislarnos individualmente de la muerte. ¿Os habéis dado cuenta de lo atípico que es que se publique el índice de suicidios de un país, o el de los ancianos que han muerto en sus casas en la más terrible de las soledades sin nadie que les acompañara? En nuestra sociedad la muerte es algo que solo les puede pasar a otros, a personas alejadas de nuestro mundo, a seres que no conocemos y cuya existencia o no existencia no afecta directamente a la nuestra. Son datos, estadísticas, alguna reseña en la crónica de sucesos si la muerte ha sido muy violenta… Cuando muere alguien cercano a nosotros nos consuelan diciendo que ha sido un accidente, que esa muerte es algo contra natura, o, por el contrario, si se trata de alguien muy mayor, que era algo inevitable. Cuando somos jóvenes todas las muertes son contra natura, son accidentales, porque la muerte, sencillamente, no existe. Cuando vamos creciendo y vemos morir a nuestros padres y a nuestros mayores, pensamos que es algo inevitable, que es “Ley de vida”, y nos resignamos a perderles. Y cuando, ya viejos, somos conscientes de que ya no quedan más mayores, de que los próximos somos nosotros, de que ha llegado nuestro turno, hemos tenido tanto tiempo para asimilarlo y son tantas las cosas y las personas que hemos perdido por el camino, que la muerte ya no nos asusta, y la aceptamos con resignación. Nos da miedo el dolor y el sufrimiento, pero no la muerte. Y en ese interín de todo esto que es la vida, hemos pasado por este mundo huyendo de la muerte, huyendo de pensar en ella, de hablar sobre ella, de estudiar sobre ella, de prepararnos para ella, sumergiéndonos, al hacerlo, en una absurda existencia de consumo, ocio e idiocia programada.
Si quieres podemos dejar que nos acompañe ahora una de esas canciones que acarician el alma, el Yesterday de los Beatles, interpretado por esa voz que nunca nos abandonará: la del inolvidable Ray Charles
A veces, simplemente vemos la muerte como una noticia más en los noticiarios. No deja de ser, generalmente, una fría estadística a la que,
incluso, le cambian el nombre: 20 personas han “perdido la vida” este fin de semana en nuestras carreteras, suele ser una fórmula mucho más empleada que decir que han “muerto” en nuestras carreteras. No deja de ser curiosa esa expresión, “perder la vida”, como si la vida fuese algo que se pudiese perder o, a la inversa, encontrar. “Perder la vida” evoca, quizá, que nos la hemos jugado y hemos perdido la partida. Puede ser. Lo cierto es que jamás se emplea la expresión “encontrar” la vida, porque nadie encuentra la vida, como mucho intentamos darla, pero no sabemos ni a quién se la vamos a dar, porque simplemente nacemos, no elegimos a nuestros padres, como ellos tampoco pueden elegirnos a nosotros, al menos de momento. Y como nosotros, cuando no somos nada o somos simples espermatozoides, no tenemos consciencia de ser nosotros, aunque nos “encontramos” con la vida, no tenemos ni idea de por qué o cómo la hemos encontrado, y desde luego más tarde no nos acordamos de esa experiencia, así que dificilmente podremos hablar de “encontrar” la vida. Aunque me cuesta mucho entender que haya algo que se pueda perder, pero que no se pueda encontrar.
Quizá ese sentido de la pérdida podría ser el de la ausencia, lo que ya no tenemos… Pero ¿quién deja de tener? ¿el que ha muerto, el que “se
ha ido”, o los que nos quedamos aquí lamentando su marcha? Desconocemos lo que hay más allá, no sabemos si hay algo o simplemente la nada más absoluta, así que referirnos a lo que ha perdido el que se ha ido no parece tener demasiado sentido si desconocemos lo que puede haber encontrado. Sólo las religiones hablan abiertamente de la muerte y pretenden no solo entenderla, sino también gestionarla a su manera y a su propia conveniencia. Según la mayoría, lo que hay más allá es un maravilloso paraíso cuya entrada nos la tenemos que ganar en nuestro paso por esta vida cumpliendo las rígidas y a veces ininteligibles normas que ellos proponen. Se convierten así en los porteros de ese paraíso que deciden quién puede y quién no puede entrar. Ni una sola religión nos plantea que el más allá tenga necesariamente que ser algo negativo, porque eso no sería atractivo, desde luego. El infierno, nos dicen, es para los que se lo han buscado durante su vida en la tierra. Jamás he entendido que alguien, persona o institución, pueda tener el control y el dominio del más allá, y menos aún que pueda tenerlo en exclusiva, en un regimen de monopolio absoluto. Nunca me han gustado los porteros que deciden quien entra y quien no, como tampoco me han gustado nunca los que pretenden imponer su concepción del mundo a los demás juzgando lo que está bien y lo que está mal, como si fuesen los únicos poseedores de la Verdad. Por eso no soy religioso, aunque sí me considero profundamente espiritual y me fascina el mundo de la mística, pero no el de la religión, el de ninguna religión. Solo el budismo, que más que una religión es una filosofía de la vida, en la que el único dogma es que no existen dogmas y en la que no se pide al hombre que siga unos preceptos enviados por Dios o por los dioses, sino que busque dentro de sí mismo para, dándose a los demás, superar el sufrimiento, crecer y evolucionar hasta llegar a la iluminación, es el camino que más me convence. Todas las grandes religiones, directa o indirectamente, han causado guerras y masacres a lo largo de la historia, todas excepto el budismo. Por eso puedo identificarme con muchos de los fundamentos de las diferentes religiones, pero no con las personas que las gobiernan y menos aún con quienes son capaces de emplear la violencia, cualquier tipo de violencia, para imponer sus creencias.
Dejando pues a un lado este inciso sobre el mundo de las religiones, donde la muerte sí ocupa un espacio preferente, resulta muy evidente que nuestra sociedad está orientada sistemáticamente a la negación de la muerte. No nos dicen que no moriremos, porque sería absurdo, pero nos distraen y nos alejan permanentemente de la consciencia de la muerte, y eso es suficiente para distraernos y alejarnos también permanentemenre de la experiencia de estar vivos, de la experiencia de la vida. Basta con fijarse en los ideales que nos propone esta sociedad: juventud, salud, belleza… Justo los más alejados de vejez o enfermedad, que son las situaciones naturales que más nos aproximan a la muerte. Cuando estamos enfermos nos ingresan en hospitales donde se concentra el dolor y se aisla para que el resto de la sociedad no tenga que verlo. Cuando nos hacemos viejos también corremos el riesgo de que nuestros queridos familiares se “apiaden” de nosotros internándonos en un asilo donde no molestemos y no se nos vea demasiado. Ni siquiera se llama por su nombre a las enfermedades que tradicionalmente han sido más difíciles de curar: rara es la necrológica en la que nos dicen que fulanito ha muerto de cáncer, sino que siempre es una “larga y penosa” enfermedad la que “se lo ha llevado”.
Papá Noel o los Reyes Magos son los mitos que alimentan la imaginación del mundo infantil, unos mitos que los adultos nos empeñamos en pasar de generación en generación. La sistematica negación y ocultación de la muerte es el mito con el que esta sociedad pretende no ya alimentar nuestra imaginación, sino nuestro borreguismo, un mito que también es trasladado de generación en generación. Sólo cuando nos enfrentamos cara a cara con la muerte podemos replantearnos nuestra forma de vivir, cuestionarnos los fundamentos de la vida que llevamos o que nos obligan a llevar, darnos cuenta del absurdo de la mayoría de nuestras preocupaciones y prioridades, ver claramente que la única escala de prioridades que nos servirá cuando muramos no tiene nada que ver con la que creemos, o nos hacen creer. Ver a la muerte cara a cara y poder seguir viviendo es el mejor regalo que te pueden hacer, porque cambia por completo tu forma de percibir la realidad y de vivir tu vida. La mayoría de los estímulos con los que la sociedad nos aborrega ya no sirven para nada, porque no son más que unas marionetas a las que les hemos visto los hilos, hemos visto que no son reales, que la vida no está en ellas sino dentro de nosotros, y eso nos hace libres, y ser libres es uno de los mayores pecados que se pueden cometer en esta sociedad que solo quiere dóciles súbditos del todopoderoso dios mercado; esta sociedad donde los derechos del consumidor son más importantes que los derechos humanos; esta sociedad donde se confunde justicia con venganza y donde se jalean los asesinatos con banderitas y gritos patrióticos; esta sociedad que ha renunciado a vivir, al haber negado la propia existencia de la muerte.
Yo no sé lo que hay más allá de esta vida, desconozco lo que hay después de la muerte, pero he tenido la fortuna de encontrarme con la muerte cara a cara cuando, hace 3 años, sufrí un infarto agudo de miocardio. Al compartir mi experiencia con otras personas que también se han enfrentado a ella, he podido constatar que somos muchos los que valoramos como un verdadero regalo la experiencia de esa nueva visión que tenemos de la vida, esa consciencia de saber que no tienes miedo a la muerte y que solo te llevarás de aquí lo que hayas dado… ¿Vida eterna, paraíso, reencarnación…? No lo sé. Un monje tibetano me explicó la teoría de la reencarnación de una forma en que la entendí muy bien. Me habló de una vela. Nosotros somos la llama, me dijo, el fuego, esa llama que está encendida, y nuestro cuerpo es la cera, el cuerpo de la vela que va consumiéndose poco a poco hasta extinguirse. Antes de que se acabe la vela y se apague definitivamente la llama, encendemos otra vela con nuestra llama. La nueva llama empieza a arder, a vivir, y sigue siendo la nuestra, la que le ha dado el fuego, esa nueva llama seguimos siendo “nosotros”. No así la cera, el cuerpo de la vela, nuestro cuerpo, que se ha consumido y ha quedado atrás. Al ser esa nueva llama ocupamos un nuevo cuerpo… Es una visión muy alentadora eso de que en el momento de nuestra muerte podamos “encender” otra vida, le dije. Sí, me contestó, pero no olvides que Budha dijo que es más fácil que una tortuga que está en medio de la inmensidad del océano saque la cabeza para respirar dentro de un único aro de madera que flote en el agua, que nos volvamos a reencarnar en un ser humano, y me dió un consejo que siempre he tratado de seguir: aprovecha esta vida que tienes, tu aquí y tu ahora, para crecer…
Quizá nada mejor para acabar esta entrada que escuchar las palabras sobre su forma de ver la vida y la muerte de Raimon Panikkar, uno de nuestros más grandes sabios y excelente persona, que murió hace pocos meses. Escucharle es un verdadero privilegio. Todo en él es paz, es bondad y, sobre todo, es sabiduría…

Que autentica y maravillosa reflexión de Raimon Panikkar sobre la vida y la muerte.
Los humanos tendemos a no querer pensar en lo que somos y lo que seremos, ni siquiera pensamos en el transito de la vida.
Hola Pepa!
Gran alegría encontrarte por estos lares… Realmente Raimon panikkar era un ser fascinante, lleno de luz. Solo tuve oportunidad de estar con él un par de días en su retiro de Tavertet, pero te aseguro que todo lo que me dijo y me hizo sentir aquellos días sigue vivo dentro de mí. Y esa es otra forma de trascender a la muerte. Un abrazo enorme
CARLITOS!!
Ya sabes lo que yo pienso, que hay personas que nunca se van, que desde un lugar lejano nos alumbran y nos guían. Yo creo que las almas de esas personas, siempre están con nosotros!!
Totalmente de acuerdo con lo que dices.
THASI DELEKS!!!!
Ah, Gabi, Gabi, Gabi…cuánta razón tienes. Todos esos seres no se van, siguen viviendo en nosotros, en lo que nos atrevimos a compartir con ellos. Un abrazo inmenso y placentero, muy placentero
A propósito de esta profunda reflexión, carlos, recuerdo unas palabras de Aquiles, en la película “Troya”: los dioses nos envidian porq somos mortales. Una vida sin fin no nos daría la oprtunidad de valorar cada minuto , por eso tenemos que aprovecharla y no pensar tanto en el mañana, en ahorrar, por si… por si… si no sabemos el tiempo que nos queda. De acuerdo con gabriela, yo también creo q las almas de las personasq ue se nos van y q queremos, están con nosotros siempre., porq el amor no pasa. un saludo placentero,
De nuevo, cómo no, coincido plenamente contigo. La clave está en el aquí y en el ahora, en nuestro aquí y en nuestro ahora… Filakia. TASHI DELEK
Hola Carlos:
Muchas gracias por tu artículo, y por hablar de un tema, que, desgraciadamente, es un tema tabú, pero que es necesario verlo también. Ahí te mando unos cuantos pensamientos.
¿Qué hay más allá de la muerte? Dicen que una de las cosas que hay siempre en el corazón del hombre es el concepto de eternidad. Realmente, uno no tiene por qué temer a la muerte si sabe hacia donde va. Y aquí no estaría hablando de quién tiene la verdad.
Desgraciadamente, siempre se ha hablado de que para ir al “cielo” (o nirvana, como dicen en el budismo), como se suele decir, hay que cumplir una serie de normas. Pero, tienes razón Carlos, rígidas y a veces ininteligibles normas que ellos proponen. Por eso, creo que nadie lo podría alcanzar por sí mismo, aunque quisiera cumplirlas al día. No son los hechos. Cuando yo por ejemplo, hablo de Dios, no lo veo desde la perspectiva religiosa que nos han enseñado, de que hay que hacer cosas buenas para ser “salvos”. Nadie es tan bueno como para eso. Ni yo mismo, ni el Papa, ni nadie. Lo veo desde una perspectiva más relacional. Una relación amorosa con Dios, un estilo de vida donde se tenga esa relación de amor con el Creador, de la misma forma que en el budismo se enseña la filosofía de que busque dentro de sí mismo para, dándose a los demás, superar el sufrimiento, crecer y evolucionar hasta llegar a la iluminación. Todo comienza desde dentro.
Y es penoso, lo que dices, Carlos, cuando se ha usado el nombre de Dios para hacer guerras. De hecho, hasta Jesús mismo predijo que usarían su nombre para hacer guerras. Lo dice en Juan 16.
Y sobre la muerte, es como dice el apóstol Pablo, que si no hubiera nada más allá de la muerte, y no tuviésemos fe en lo que hay después de la muerte, comamos y bebamos, que mañana moriremos, y ahí termina la historia de uno.
Bueno, podría quedarme hablando todo el día de esto, pero me quedaré por el momento aquí.
Un fuerte abrazo, Carlos, y espero que estés bien.
Salva
Muchísimas gracias, Salva, por compartir tus reflexiones con nosotros. Realmente es un tema que da mucho de sí para hablar, pero que la gente, normalmente, prefiere evitar, como si con eso pudiese conseguir que la muerte no existiese…
Un gran abrazo
¡Hola Carlos!, como siempre, tómate lo que quieras, yo lo pago (procura que no pase de 3 euros, pues mi economía no está para muchos trotes).
La muerte, la vida, ¿por qué?, ¿para qué?
Cada uno de nosotros tenemos tantos perfiles como instantes tiene nuestra existencia. En cada uno de estos perfiles, tenemos una visión distinta sobre la vida y sobre la muerte- sobre todo si reflexionamos- .
Un pensador francés de cuyo nombre no puedo acordarme (creo que del siglo XIX) decía que, “cuando alguien ha llegado a una conclusión sobre algo, es porque se ha cansado de pensar en ello”.
Mi abuela materna (Florencia), perdió a su marido (mi abuelo Francisco) en las tapias de un cementerio- fusilado en el 1938-, y a su único hijo varón (mi tío Juan, de veinte años) en el frente del Ebro; ella, antes de morir ( a los 98 años), solía decir , ” mi cielo azul preferido sigue siendo la inteligente y tierna mirada que tenían los negros ojos de mi hombre. Sesenta años después, duermo en la misma cama que nunca se enfría, y, si me fastidia morirme, es porque no podré soñar más con él”.
¡Cuánta diversidad en las percepciones de la vida y la muerte pueden generar, el dolor, la soledad ( no te digo “ná”, la gota malaya de la soledad de sentirse solo), el amor, el desamor, la alegría, la ilusión, la desesperanza, las insustituibles ausencias, etc., en unos seres tan diversos como los humanos!
Subscribo las últimas voluntades del pedagogo ácrata y dirigente republicano Francisco Ferrer Guardia- autor y fundador de la muy recomendable y olvidada Escuela Moderna-, antes de su injusta ejecución-todas las ejecuciones lo son- por fusilamiento en el castillo de Montjuic (Barcelona), falsamente acusado de los sucesos de la llamada Semana Trágica barcelonesa:
“Deseo que en ninguna ocasión ni próxima ni lejana, ni por uno ni otro motivo, haya manifestaciones de carácter religioso o político ante los restos míos, porque considero que el tiempo que se emplea ocupándose de los muertos sería mejor destinarlo a mejorar la condición en la que viven los vivos, teniendo gran necesidad de ello casi todos los hombres”.
Tal vez sea una presunción fatua la nuestra si decimos “estuve cerca de la muerte”; acaso sea más acertado decir “estuve cerca de mi muerte”, ya que ésta- como la vida- no es genérica: hay tantas como seres.
Se me hace insoportable contemplar la factura que se han cobrado, se cobran, y seguirán cobrándose (me temo) los autodenominados intermediarios de los dioses:
“¿Contemplas esos tres idiotas que dirigen el mundo/ y que más que infantiles, se creen sabios?/ No te inquietes, porque en su suficiencia,/ consideran herejes a cuántos no son asnos.” (O. Jayyam).
Un abrazo Carlos, y gracias por soportar mi larga perorata.
Ah, Francisco, grande y generosa reflexión la tuya!
Me encanta coincidir en tantos temas con tus puntos de vista y experiencias. La que has querido compartir aquí de tu abuela es preciosa. Una demostración muy clara de que el amor, el verdadero amor, llega incluso más allá de la muerte…
Esa reflexión de Ferrer Guardia me recuerda mucho al epitafio que hay en la tumba de N. Kazanztzakis, el autor de la novela Zorba el griego, que dice: “Nada temo, nada deseo. Soy libre” Es toda una filosofía de la vida, muy busdista, por cierto.
Muchísimas gracias por apoyar a La placenta como lo haces y por enriquecerla con todos estos comentarios.
Mi abrazo más fuerte y placentero, siempre placentero…
La muerte sólo es otro paso más.
Nada muere. Se transforma.
Muchísimas gracias por tu comentario lastromantique y ¡Bienvenido a La placenta!
Un gran abrazo del agua de una gota al agua de otra gota
Enhorabuena por tu cambio de perspectivas CARLOS. Más rica, con más matices y más en el filo de la navaja.
EN definitiva : MÁS VIVA
Muchas gracias por tu felicitación, lastromantique, aunque la verdad no tiene mucho mérito mi cambio de perspectiva. Como la mayor parte de las cosas verdaderamente importantes de la vida, no es algo que yo buscara, sino que encontré…
Un abrazo enorme
el ser humano es tan egocentrico que no puede asumir que cuando se acaba se acabo que nos diferencia acaso de un chimpace mayor capacidad intelectual pulgares ¿ k eso ya nos hace especiales y nos da derecho a tener un paraiso a nuestra disposicion al dejar este mundo? venga ya
Muchas gracias, Carlos, por tu contundente y taxativo comentario. Me encantaría tener las cosas tan claras como tú… ¿o no? La verdad es que no lo sé. Mi saludo más cordial
Existe al pensión de jubilación ? No me lo habia planteado porque no creía llegar y mira TÚ, por donde, ha llegado y no existe para mi. LA MUERTE NO EXISTE, es la segunda oprtunidad de la vida y solo tenemos 3. Aprovechad este estadio….
Muchas gracias, Fernando, por tu profundo comentario que refleja prefectamente tu punto de vista sobre este tema. Habrá que aprovecharlo, como dices, habrá que aprovecharlo. Un abrazo
Hola Carlos !!!
Me ha gustado mucho tu artículo y que razón que hay miedo, ya que después de la muerte no sabemos que hay, el año pasado perdí a dos personas cercanas: a un gran amigo que murió de accidente de coche y mi abuelo murió de enfermedad. Y cuesta ver que tantos años que los has tenido presente y se fuerón. La religión dice que la vida es eterna y hay paraísos pero no lo sé, pero si es verdad que la muerte es un tema que nos cuesta mucho hablar y afrontar.
Un abrazo.
Hola Jaume!
Solo quienes han sentido cerca la proximidad de laq muerte pueden sentir lo maravilloso que es estar vivo, devorar cada instante de nuestras vidas, convertir en eternidad nuestro aquí y nuestro ahora… Mi abrazo más fuerte, compañero
Hola Carlos,
Cuanto tiempo? me alegro mucho haber tropezado hoy con tu articulo. Mmm… la muerte que gusto! me encanta, es mi amiga, le tengo un cariño muy especial, es hermosa, amorosa y muy viva, es el estado muy puro y vivo que podamos encuentra es lo que mas nos acerca a la vida de echo la muerte nos contiene, lo que llamamos muerte contiene la vida y no al revés como se suele creer, es una gran útero gigantesca que contiene el placenta del universo, y eso cuando se llega ha tocar ha vivir y experimentar, aceptar que la muerte esta en todo en cada momento, mas presente que la vida, podemos dejarnos morir en cada instante y renacimos en cada instante, ahora.
muac, Carlos gracias por hablar del tema para acordarnos, si te apetece venir a casa un dia para tomar un the o café, veras el maravilloso cimenterio en lo cual tengo una vista privilegiada, un lugar perfecto para hablar mas de la muerte si quieres. un abrazo grande
Sandrine! ¡Qué alegría!
Jamás olvidaré los maravillosos momentos que pasamos encerrados diez en un coche en el rodaje del spot de AUDI. ¡Ah, qué tiempos aquellos!!!!
¿Qué es de tu vida? ¿Sigues en Barcelona? Yo me vine a vivir a Madrid hace ya tres años y soy tremendamente feliz en esta ciudad tan alegre y llena de vida.
Me gusta ver que sigues tan mística y profunda como siempre, poniendo las cosas en su sitio y viviendo la vida en cada instante. Solo quien ha aprendido a vivr así puede mirar a la muerte como lo haces tú.
No dejes de avisarme si vienes por los madriles. Yo haré lo mismo cuando vaya por Barcelona.
Un abrazo enorme, enorme, enorme