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¡A la calle, que ya es hora!

13 mayo, 2012

En estos tiempos de ignominia cruel, de cinismo asesino y de hipocresía dominante, en estos tiempos de injusticia y de recortes, de abolición de nuestros derechos y exterminio de nuestras libertades, en estos tiempos de abyección generalizada, de corrupción a ultranza y de pobreza y hambre, la voz de los poetas debe salir a la calle, debe tomar nuestras calles, debe inundar todas nuestras calles, guiar nuestras marchas y nuestras acciones de protesta y rebeldía. Ellos nos dieron fuerza y voz durante la dictadura del franquismo, y ellos nos dan fuerza y voz durante la actual dictadura del liberalismo. Decía Gabriel Celaya que la poesía es un arma cargada de futuro, pero, en los tiempos que corren, la poesía también es un arma cargada de presente, de ese presente que todos debemos luchar por cambiar, por hacer más humano, por hacer más solidario, y, sobre todo, por hacer más justo. La poesía es bella, pero no es un ornamento, porque los versos no son flores, sino gritos en el silencio, faros en la noche oscura del hombre. Por eso quiero dar hoy la voz a uno de los poetas que mejor reflejaron nuestra necesidad de libertad, nuestra capacidad de soñar un mundo nuevo, nuestro derecho, como él decía, a decir que somos quien somos: Gabriel Celaya. Su poesía es una de las más grandes de nuestro panorama literario, pero si hoy vas a buscar sus libros en cualquier librería te costará mucho encontrarlos, y si le preguntas al dependiente, en muchos casos, te dirá que no sabe quién es, o que esos libros están descatalogados o agotados. En los libros de texto la voz de Gabriel, esa voz que nos dio voz a todos, solo merece unas pocas líneas, porque a Gabriel, como a todos los seres libres que se atrevieron a vivir por la libertad, le han ninguneado, ignorado, desplazado y humillado desde nuestras sacrosantas instituciones. En nuestra mano está impedir que hagan de él un desaparecido, un nadie. ¡Hagamos que su voz vuelva a vivir en las calles!

DESPEDIDA
“Quizás, cuando me muera,
dirán: Era un poeta.
Y el mundo, siempre bello, brillará sin conciencia.
Quizás tú no recuerdes
quién fui, mas en ti suenen
los anónimos versos que un día puse en ciernes.
Quizás no quede nada
de mí, ni una palabra,
ni una de estas palabras que hoy sueño en el mañana.
Pero visto o no visto,
pero dicho o no dicho,
yo estaré en vuestra sombra, ¡oh hermosamente vivos!
Yo seguiré siguiendo,
yo seguiré muriendo,
seré, no sé bien cómo, parte del gran concierto”

 

Aquí tienes uno de sus poemas más conocidos: “La poesía es un arma cargada de futuro”, magistralmente musicado por Paco Ibáñez:

Había nacido en 1911 en Hernani como Rafael Múgica Celaya, en el seno de una familia de empresarios vascos. En aquel ambiente a nadie se le ocurrió que pudiera dedicarse a otra cosa que la que habían hecho sus padres: trabajar en la fundición familiar. Desde pequeño él sabía que quería ser escritor, pero aquello era una infamia para su familia. Tenía que entrar los libros a escondidas en su casa para poder leerlos antes de que su madre se los quitara. Escribió su primer poema con diez años. Tras acabar el bachillerato en San Sebastián se fue a Madrid a estudiar la carrera de ingeniero industrial, aunque la que él hubiera elegido, si sus padres le hubieran dejado, era filosofía y letras. Allí, entre 1927 y 1935, vivió en la Residencia de Estudiantes, donde conoció a García Lorca, a Unamuno, a Ortega y Gasset, a Juan Ramón y a José Moreno Villa. Aquella experiencia cambió su vida para siempre. Decidió ser poeta. Su familia jamás lo aprobó. En 1935 publicó su primer libro de poemas, “Marea de silencio”. Sus primeros libros aparecieron con su nombre real, Rafael Múgica; luego, buscando su propia identidad, publicó con el pseudónimo de Juan de Lenceta, para más tarde firmar ya con el pseudónimo de Gabriel Celaya, el nombre y la identidad que ya no abandonaría jamás. Habitaron en él dos personalidades totalmente diferentes y contrapuestas: la de Rafael Múgica y la de Gabriel Celaya. Como él mismo decía en el programa “A fondo” de TVE, “Rafael Múgica es un hijo de papá; Gabriel Celaya es un hijo de sus obras; Rafael Múgica es un señorito burgués; Gabriel Celaya es un hombre absolutamente libre; Rafael Múgica es ingeniero industrial; Gabriel Celaya es escritor. Siempre sentí que esas eran dos vidas diferentes, que yo estaba llevando adelante dos vidas, y por eso siempre digo que Amparitxu (Amparo Gastón, la que fue el amor de su vida) me salvó, porque ella me dijo que había que dar el tajo y separar a Rafael Múgica de Gabriel Celaya. Rafael Múgica ha muerto, ya no existe”

Al acabar la carrera y enfrentarse a la idea de tener que dedicar su vida a dirigir la industria familiar se planteó dejarlo todo y dedicarse a la literatura. El 14 de julio del 36 ganó el premio Bécquer de poesía y tenía previsto afincarse definitivamente en Madrid al acabar el verano, pero aquel fue un verano que duró tres largos y sangrientos años. Acabada la guerra civil vuelve a la fábrica otra vez. Se sentía totalmente perdido: todos sus amigos y camaradas habían muerto o estaban en el exilio, y la poesía que se publicaba nada tenía que ver con la suya. Por eso decide dejar de publicar, aunque no de escribir, eso nunca lo hizo. Tardó once años en volver a publicar, lo hizo con su libro “La soledad cerrada”, que había escrito en 1936. De nuevo fue Amparitxu quien le empujó a tomar esa decisión. Nunca olvidó cuándo y cómo la conoció: “el ocho de octubre de 1946, me lo sé de memoria. Yo era un hombre totalmente destruido. Ella me devolvió la confianza en mí mismo. Ella salvó mi poesía y salvó mi vida. Me dio la alegría de vivir y me dio su cariño”

EDUCAR…

”Educar es lo mismo
que poner motor a una barca…
hay que medir, pesar, equilibrar…
… y poner todo en marcha.
Para eso,
uno tiene que llevar en el alma
un poco de marino…
un poco de pirata…
un poco de poeta…
y un kilo y medio de paciencia
concentrada.
Pero es consolador soñar
mientras uno trabaja,
que ese barco, ese niño
irá muy lejos por el agua.
Soñar que ese navío
llevará nuestra carga de palabras
hacia puertos distantes,
hacia islas lejanas.
Soñar que cuando un día
esté durmiendo nuestra propia barca,
en barcos nuevos seguirá
nuestra bandera
enarbolada”

Fue Amparitxu también la que le animó a montar una editorial donde publicar su poesía y la de otros. Allí nació la colección Cuadernos de poesía Norte, un puente entre la generación del 27, la del exilio y la europea. Junto a poesía española, aparecen también traducciones de Rilke, Rimbaud, Blake… A finales de los años 40 en España existían varias decenas de revistas de poesía. La gente amaba la poesía. Muchas de ellas eran la primera rebelión contra la poesía clásica. Para Celaya la poesía no se acaba cuando se ha escrito un poema, porque el poema no es un fin en sí mismo, sino que el poeta debe escribir pensando siempre en el lector al que va destinado su poema. Un libro de poesía almacenado en una biblioteca o en una estantería no es nada. Mientras la poesía no salga del libro no es nada. Un poeta no escribe para sí mismo, sino que habla con otro. Y para poder hacer eso el poeta ha de vivir en la sociedad que le rodea, sentir las inquietudes de su gente, ha de vivir como propio lo ajeno y si habla de su intimidad solo lo hará cuando esa intimidad sea como la de su lector, una intimidad que el lector, el otro, pueda captar. Es ahí cuando se produce el acto poético, cuando el lector lee un poema y no siente que esos versos los ha dicho otro, sino que son versos que podría haber escrito él. La poesía es el lector. Es entonces cuando se produce la magia de esa comunión entre el poeta y la gente que muchos han llamado “poesía social” pero que Gabriel prefería llamar “poesía urgente”, de la que fue su máximo exponente, aunque la poesía social no fue la única que escribió: su poesía es la síntesis de casi todas las inquietudes y estilos de la poesía española del siglo XX.

También fue Amparitxu la que le concienció políticamente. Ella venía de una familia obrera y le enseñó a Gabriel cómo vivían los obreros, la realidad de lo que pasa dentro de la casa de un obrero. En 1947 se afilió al Partido Comunista, a través del que fue su gran amigo Jorge Semprún. En 1977 llegó a presentarse a las elecciones por la lista del PCE en Guipúzcoa. Aunque vivió a fondo su compromiso político, siempre detestó la política y a los que hacen carrera con ella. Por eso solo aceptó presentarse a las elecciones a condición de ir de número tres de la lista, que no tenía posibilidad alguna de resultar elegido.

EL ÚLTIMO RECURSO

“En los malos momentos, no os pongáis a llorar,
porque os harán callar
con la limosnita de un poco de pan.

En los malos momentos, decid que no entendéis.
y tras escuchar,
decid, porque es verdad, que seguís sin entender.

Cuando os digan: “Caridad”, vosotros decid: “Justicia”,
porque pedís lo que es vuestro,
no descanso de conciencia para los que dormitan.

Cuando os digan que el problema va a estudiarse,
salid gritando a la calle
las razones que los justos llamarán irracionales”

No se puede entender la vida de Gabriel sin su compromiso político, sin su permanente tomar partido contra la injusticia, sin su sempiterno apoyar al más débil, pero sobre todo, su vida no puede entenderse sin Amparitxu. Ella le salvó la vida, le abrió un universo nuevo, le mostró una nueva forma de ver y de vivir el mundo, le devolvió las ganas de vivir, fue ella quien asistió al parto de Gabriel Celaya y le ayudó a enterrar a Rafael Mújica. Le dedicó muchos de sus poemas, y también escribió otros con ella.

A AMPARITXU

“Ser poeta no es vivir
a toda sombra, intimista.
Ser poeta es encontrar
en otros la propia vida.
No encerrarse; darse a todos;
ser sin ser melancolía,
y ser también mar y viento,
memoria de las desdichas
y eso que fui y he olvidado,
aunque sin duda sabía.
Cuanto menos pienso en mí,
más se me ensancha la vida.
Soy un pájaro en el bosque
y Amparitxu si me mira.
He asesinado mi yo,
¡porque tanto me dolía!,
y al hablar como si fuera
lo que escapa a la medida,
mis ecos en el vacío
retumban sabidurías.
Con todo me identifico
y respiro por la herida,
y digo que mis poemas
son un vivir otras vidas,
y un recrecerme en lo vasco
de Amparitxu y su delicia.
Cuanto más me meto en mí,
más me duelen las esquinas.
Cuanto más abro las alas,
bien de dolor, bien de dicha,
más descubro unas distancias
que, voladas, pacifican.
Cuando lean estos versos
no piensen en quien los firma,
sino en mi Euzkadi y mi Amparo,
y en un pasado que aún vibra,
y en cómo tiemblan las ramas
cuando las mueve la brisa”

Aunque a lo largo de su vida Gabriel había conseguido muchos premios y publicó más de cien libros, el reconocimiento oficial le llegó tarde, demasiado tarde. En 1986 le concedieron el Premio de las Letras Españolas. Había pasado graves penurias económicas desde que renunció a la empresa familiar y optó por ser poeta y vivir, malvivir, de la poesía. Muchas veces iban a la presentación del ibro de algún amigo, pero luego no iban a cenar con los demás porque no podían pagarse la cena. Gabriel murió totalmente arruinado en 1991 en Madrid, tras cuarenta años de aventura y felicidad con Amparitxu. Ella siguió viviendo dedicada a preservar la memoria y la poesía de Gabriel. Murió el 24 de noviembre de 2009. En su última hospitalización se emocionó profundamente cuando el médico de guardia, al enterarse de quién era, le dijo que compartían poeta. La historia, siempre injusta, la olvidará, o, lo que es peor, solo la recordará como la viuda de Gabriel.

MOMENTOS FELICES (Fragmento)
Abrir nuestras ventanas; sentir el aire nuevo;
pasar por un camino que huele a madreselvas;
beber con un amigo; charlar o bien callarse;
sentir que el sentimiento de los otros es nuestro;
mirarme en unos ojos que nos miran sin mancha,
¿no es esto ser feliz pese a la muerte?
Vencido y traicionado, ver casi con cinismo
que no pueden quitarme nada más y que aún vivo,
¿no es la felicidad que no se vende?

Uno de los poemas más emblemáticos de Gabriel, “España en marcha” fue un verdadero himno para todos los que creíamos en la libertad y en la justicia, y que aún creemos que otro mundo no solo es posible, sino que es imprescindible. Su primer verso, entonces como ahora, es más necesario que nunca: “¡A la calle, que ya es hora!”

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Amparo Gastón (Amparitxu), Cuadernos de poesía Norte, Gabriel Celaya, García Lorca, Jorge Semprún, José Ortega y Gasset, Juan de Lenceta, Juan Ramón Jiménez, Miguel de Unamuno, Paco Ibañez, poesía, Rafael Múgica, Residencia de Estudiantes
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Roque Baños, la música de los sueños…

6 mayo, 2012

La entrada de hoy está dedicada a un hombre que, en palabras de Alex de la Iglesia, es el cine español. Un hombre que ha dado voz a nuestros sueños, que ha puesto música a nuestras alegrías y tristezas. Un hombre que ha trabajado con muchos de los directores más importantes de este país. Como dijo Alex de a Iglesia al entregarle la semana pasada el premio Ricardo Franco en el Festival de Cine Español de Málaga, Roque Baños encarna al cine español, al vapuleado y maltratado cine español, a ese cine del que casi nos avergonzamos, que nunca llega a estar a la altura, nos dicen, del de los americanos, ese cine que siempre habla de nuestra guerra civil, que no hace películas buenas, que vive de chupar del bote… en efecto, Roque Baños encarna al cine español. Por eso se ha ido a vivir a Los Ángeles, donde sí aprecian y respetan su talento. En efecto, Roque Baños no solo encarna al cine español, sino que representa de forma clara y diáfana la disyuntiva a la que nos enfrentamos hoy la mayoría de los que intentamos vivir de trabajar en él: tener que abandonar nuestro país para poder trabajar.

No voy hoy a extenderme más en las vicisitudes de nuestro cine, eso ya lo hice hace un par de entradas. Hoy quiero reivindicar la calidad de nuestro cine, y desde la figura de uno de sus representantes más importantes: la del músico Roque Baños. Y su caso no es un caso aislado. Al igual que hablo de él podría hacerlo de otros compositores españoles de bandas sonoras de la talla de Alberto Iglesias o Lucio Godoy, ampliamente reconocidos tanto a nivel nacional como internacional. Centrándonos en Roque Baños, cabe señalar que ha ganado tres Goyas, que, pese a su juventud (43 años), ha compuesto la banda sonora de 48 películas, entre las que se encuentran algunas de las más conocidas de nuestro cine: Las 13 rosas, Balada triste de trompeta, Celda 211, Diario de una ninfómana, Los crímenes de Oxford, El otro lado de la cama, 800 balas y tantas y tantas otras.

Desde niño vivió influenciado por la música. Su padre era saxofonista. De su Jumilla natal pasó a Madrid y acabó completando sus estudios en Estados Unidos, donde se especializa en composición de música para cine y en Jazz. Se graduó “Summa Cum Laude” en el Berklee Collage of Music de Boston en las especialidades de composición para música de películas e interpretación de Jazz. El saxo, no podía ser de otra manera, es una de sus pasiones. Su flechazo con la música para el cine se produjo cuando, a los 14 años, vio: “ET”. Allí decidió que se dedicaría por completo a esto porque, como él mismo reconoce, “la música era una voz interior tan fuerte que no pude aplacar, sino todo lo contrario, me esforcé al máximo para hacer ese sueño realidad, a pesar de que los muros que tuviese que sortear fuesen demasiado altos.”

Su trabajo es  muy complejo, debe armonizar la música con la imagen, con lo que no se ve y se quiere contar, acelerar o ralentizar una situación determinada que aparece en la pantalla y, por encima de todo, debe ser capaz de crear emociones muy intensas y muchas veces contrapuestas en cortos periodos de tiempo. A pesar de que su trabajo suele realizarse en la soledad del estudio, la comunicación, la comunión entre el compositor y el director de cada película es fundamental: “El trabajar siguiendo las indicaciones de un director supone adaptarse a las necesidades de la producción, pero no renunciar al estilo propio: solo adecuar mis recursos a los requerimientos de la película. Al igual que los pintores o los escritores, los músicos también tenemos nuestras etapas, que bien podrían diferenciarse por colores. Aún así pocas cosas han variado en mi estilo. La única diferencia entre el que yo era antes y el que soy ahora es que he podido componer música para géneros totalmente opuestos, disfrutarlos al máximo y superar con más entusiasmo los nuevos retos que han surgido. Cuando afronto la creación de una banda sonora siempre lo hago con el máximo entusiasmo, lleno de energía desde que me mandan el guión, aunque no sea el definitivo. Buscando nuevas melodías que me surjan a raíz del texto e imaginando el subtexto. El guión muchas veces puede inspirarme y que surja algún tema que luego puede estar entre los principales de la película, aunque lo habitual es empezar a componer cuando se tiene el montaje definitivo de la película. Los directores son los que habitualmente me explican lo que quieren que se exprese con la música. Sentimientos ocultos, personalidades, etc… todo aquello que no se puede mostrar con imágenes ni con palabras. Sin embargo, encontrar las melodías y crear aquellas que se ajustan a lo que tienen en mente, es cosa mía, aunque cuando les muestro las composiciones me indiquen si hay que retocar más o menos o si desean que siga indagando buscando otra música alternativa para que luego decidan qué les gusta más…” 

Como escritor, siempre he envidiado a los músicos, a los pintores, a los escultores, a los actores y a todos los creadores que están en contacto directo con su público. El proceso creativo de todos suele realizarse en soledad, pero mientras el músico lo puede presentar en directo ante el público y conocer de primera mano su reacción, el escritor no tiene ese privilegio: cuando presenta un libro nadie lo ha podido leer todavía, tan solo han visto la portada, por lo que no puede establecer un diálogo con el destinatario de su obra como sí puede hacerlo el músico tras su concierto o el pintor durante la inauguración de su exposición. ¿Te imaginas lo que debe sentir un cantautor cuando en un concierto miles de personas se ponen a cantar y a corear sus canciones? Ha de ser algo impresionante. Bruce Springsteen precisamente dice que la única sensación que se le parece es la del momento creativo en soledad, ese momento íntimo en el que dejas que tu alma hable. Roque Baños conoce muy bien, y por eso la valora, esta situación: “Estar todos los días encerrado en tu estudio te hace valorar mucho más el hecho de que se interprete tu música en directo ante un público. En ese momento me siento parte de mi propia música, como si todos los sonidos que escucho mientras dirijo me absorbieran y me llevaran a ese lugar en el alma de cada uno donde surgen los sentimientos más puros…”

Alegre y optimista por naturaleza, no duda cuando alguien le pregunta por el tipo de música que le pondría a la crisis que todos estamos sufriendo: “Le pondría una música melancólica,  con tintes de acción, y con un final lleno de esperanza. Porque si algo bueno tiene esta crisis, como cualquier otra, es que el talento y la creatividad de las personas se despierta, y estoy convencido de que serán esos factores los que sacarán al país adelante.”

De espíritu curioso y abierto y de un carácter donde la fuerza de voluntad, el compromiso, el esfuerzo y el sacrificio son valores fundamentales junto a la sensibilidad y la creatividad, Roque Baños no es un hombre que evite afrontar retos: “En esta vida nada puede ser descartado, aunque en estos momentos lo único que me interesa es seguir componiendo música de cine, que es lo que me llena, y seguir avanzando en este camino. Sin embargo, algún día, supongo que bastante lejano, me gustaría escribir mi biografía. Seguramente mucha gente se sorprendería de tantas vivencias y anécdotas curiosas que me han sucedido… y las que me esperan por ver, espero.” No me cabe duda de que serán muchas las cosas que Roque Baños escribirá en su biografía, pero estoy seguro de que hay una que no faltará: el aplauso de diez minutos que, todos en pie, le tributamos en el Teatro Cervantes al finalizar el concierto que ofreció en el acto de entrega del premio Ricardo Franco que acababa de recibir. Fue un momento precioso, mágico. Roque no iba a hablar. Es tartamudo. Sin embargo, aquella noche pidió un micro y, avisando a los que tuvieran prisa que podían irse porque hablando él es lento, nos expresó, con palabras salidas desde lo más hondo de su corazón, el profundo amor que siente por la música, por la vida y por el cine. Ver las lágrimas caer por sus mejillas mientras todos en pie le seguíamos aplaudiendo con todas nuestras fuerzas es una imagen que difícilmente olvidaré.  

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Memórias de África

29 abril, 2012

Yo tenía una granja en África, al pie de las colinas de Ngong… con estas palabras empieza una de las historias de amor más bellas que se han escrito jamás: la de Karen Blixen y Denys Finch-Hatton, llevada al cine por Sydney Pollack en la inolvidable película “Memorias de África”, protagonizada por Meryl Streep y Robert Redford. A través de ese amor asistimos a la desaparición de un mundo, el del colonialismo británico, un mundo en el que convivían la más atroz explotación de la riqueza natural y de las gentes de África, con seres capaces de hacer de su vida una maravillosa aventura donde el amor a la vida, a la libertad y a los espacios abiertos alcanzaba su más alta expresión. Ese fue el mundo de Karen Blixen y Finch-Hatton, un mundo con el que todos, de una u otra forma, hemos soñado.

Aquí tienes el trailer de la película.

Nada mejor que cualquiera de los temas de la espléndida banda sonora de “Memorias de África”, de John Barry, para acompañarnos en este viaje…

Karen Blixen fue una mujer valiente e independiente que amaba la libertad, el amor y la belleza. Nacida en una familia aristocrática danesa, cuando tenía diez años tuvo que pasar por la terrible experienciaa del suicidio de su padre, que no pudo soportar las consecuencias de padecer la sífilis. Educada en los mejores colegios privados suizos, en 1914, con 28 años, se casó con un primo lejano suyo, el Barón Bror Blixen-Fineke, y se fue a vivir a Kenia (entonces Bristish East Africa). Compraron la granja a los pies de las colinas de Ngong con la idea de iniciar una explotación ganadera que ni siquiera llegaron a crear ya que finalmente optaron por dedicarse al cultivo del café, que comercializaron bajo su propia marca (The Karen´s Coffe Company). Las oscilaciones en el precio del café y la sequía continuada de varios años, unido a que sus tierras no eran las más propicias para la plantación de cafetales, acabaron por arruinarles. El Barón Blixen no se caracterizó por la fidelidad matrimonial y, al año de casados, le contagió la sífilis a Karen. Los médicos le aconsejaron volver a Dinamarca a cuidarse durante algún tiempo. A su regreso a Kenia, se divorció de su marido.

Karen amaba África. Era un mundo totalmente distinto al que ella había conocido. Las férreas costumbres burguesas del Norte de Europa y su arraigada tradición calvinista no iban con ella. Necesitaba vivir en libertad, ser ella misma, tener su propia vida. Y eso es lo que encontró en África. Se integró en la cultura africana aprendiendo su lengua (suahili), y conociendo las costumbres y las tradiciones de la tribu kikuyu que poblaba sus tierras. Siempre defendió sus derechos y trató de ayudarles enseñándoles a leer, acercándoles la medicina occidental, y defendiendo entre los responsables de la colonia inglesa el derecho que los kikuyu tenían a poseer sus propias tierras. La escena de la película en la que, tras haberlo perdido todo, va a ver al nuevo gobernador para pedirle públicamente, incluso de rodillas, que conceda el derecho a los kikuyu a tener su propia tierra es de las que te ponen la piel de gallina.

Fue en Kenia cuando conoció a Denys Finch-Hatton, el aventurero inglés que sería el gran amor de su vida. Hijo menor del Conde de Winchilsea, había sido educado en Eton y Oxford. Destacó por su innata facilidad para el deporte y, sobre todo, por su pasión por la música y la poesía. Lo que más le gustaba era que le contaran historias. El también era un consumado cuenta cuentos.

Las palabras con las que Karen le define en su novela (en la que se basó Pollack para hacer la película) le definen perfectamente:

 ”Denis Finch-Hatton no tenía otro hogar en África que la granja. Vivía en mi casa entre safaris y allí tenía sus libros y su gramófono. Cuando él volvía a la granja, esta se ponía a hablar; hablaba como pueden hablar las plantaciones de café, cuando con los primeros aguaceros de la estación de las lluvias florecía, chorreando humedad, una nube de tiza. Cuando esperaba que Denis volviera y escuchaba su automóvil subiendo por el camino, escuchaba, al mismo tiempo, a las cosas de la granja; venía solo cuando quería venir, y ella percibía en él una cualidad que el resto del mundo no conocía, humildad. Siempre hizo lo que quiso, nunca hubo engaño en su boca.

Había un rasgo en el carácter de Denys que para mí lo hacía especialmente precioso, y era que le gustaba que le contaran historias. …

Denys, que vivía principalmente a través del oído, prefería escuchar un cuento que leerlo; cuando llegaba a la granja me preguntaba:

-¿Tienes algún cuento?

Durante su ausencia yo preparaba muchos. Por las noches se ponía cómodo tendiendo cojines hasta formar como un sofá junto al fuego y yo me sentaba en el suelo, las piernas cruzadas como la propia Scherezade, y él escuchaba, atento, un largo cuento desde el principio hasta el fin.”

Una de las amigas de Finch-Hatton fue la aviadora Beryl Markham, la primera mujer que sobrevoló el Atlántico en solitario. En su libro “Al Oeste con la noche”, le describe así:

“La mayor parte de los que vivían en Kenia en aquellos tiempos o viven todavía allí recuerdan a Denys Finch-Hatton. Sobre Denys ya se ha escrito antes y se escribirá de nuevo. Si no se ha dicho ya, alguien dirá que era un gran hombre que nunca alcanzó la grandeza, y esto no sólo será trivial, sino falso: era un gran hombre que nunca alcanzó la arrogancia.

Yo tenía unos dieciocho años cuando le conocí, pero él llevaba ya varios años en África – al menos de forma intermitente – y se había labrado una reputación como uno de los cazadores blancos más capacitados. En los círculos atléticos británicos todavía se recuerda su constitución física. Como jugador de cricket era el primero. Era un erudito de profundidad casi clásica, pero con menos pedantería que un muchacho sin instrucción. Había veces que Denys, como todos los hombres cuyas mentes han abarcado entre otras cosas las debilidades de su especie, experimentaba momentos de misantropía; podía desesperarse con los hombres, pero encontrar poesía en un campo de rocas.

Con respecto al atractivo, sospecho que Denys lo inventó, pero con un significado un tanto diferente, incluso en su primer día. Era un atractivo de intelecto y fuerza, de intuición rápida y humor volteriano. Su forma de recibir el día del juicio habría sido con un guiño y creo que así lo hizo.

La historia de su muerte es muy simple, pero demuestra para mi satisfacción personal la verdad de unas palabras dedicadas a su memoria que aparecieron en el Times de Londres: “Algo más debe salir de una persona tan fuerte y entregada; y, en cierto modo, salió…”

Lo que salía de él, si emanar no es mejor palabra, era una fuerza que comportaba inspiración, desplegaba confianza en la dignidad de la vida e incluso a veces daba personalidad al silencio.”

Finch-Hatton había llegado a África en 1911, con 24 años. Era dos años más joven que Karen. Aunque había comprado unas tierras de cultivo, jamás llegó a explotarlas, nunca fue un granjero. Su pasión por la caza fue la que dirigió sus pasos en África. Era un gran cazador y no dudó en vivir de ello acompañando en sus safaris a aristócratas británicos o millonarios norteamericanos sedientos de aventura. No conoció a Karen hasta 1918, en el Muthalga Club. Todos los colonos se conocían y vivían en su particular guetho en sus clubes privados, donde celebraban sus recepciones y actos sociales. Ese era el único lugar en el que coincidían ya que la mayoría de ellos pasaba la mayor parte de su tiempo en sus granjas o de safari. Finch-Hatton tenía una habitación en el club, donde residía cuando no estaba de safari o en Inglaterra (pasaba el otoño y el invierno en África y la primavera y el verano en Inglaterra). En 1920 tuvo que irse a vivir a Inglaterra y vender sus tierras en África por problemas económicos. Regresó dos años después para quedarse definitivamente. Karen ya se había separado de su marido (el divorcio no lo obtuvo hasta 1925), e inició entonces su historia de amor con Finch-Hatton. No fue un amor fácil. Los de verdad nunca lo son. Ella era muy independiente y él amaba su libertad por encima de todo. Eran dos seres enamorados de la vida y de la belleza en los estertores de un mundo que agonizaba, dos seres que se ahogaban en el naufragio de una sociedad a la que sentían no pertenecer. Karen seguía al frente de su explotación de café. Finch-Hatton no tardó en ir a vivir a su granja, aunque las temporadas que pasaba de safari eran muy largas. Él le pedía que le contase historias. Ella se las contaba. La imaginación de Karen era maravillosa y disfrutaba mucho creando aquellas historias para su amor. Ella le pedía que le mostrase África. Él se la mostraba. La sabana africana era el mundo de Finch-Hatton y era feliz al compartirlo con ella.

Fue un amor loco, como deben ser los amores, con sus turbulencias y sus paraísos. Uno de los diálogos de la película, el que tiene lugar una noche en la playa, refleja perfectamente esa relación, cuando, tras plantearle ella la posibilidad de casarse, él le responde: “Karen, estoy contigo porque he elegido estar contigo. No quiero vivir la idea que otros tengan de cómo hay que vivir. No me pidas que haga eso. No quiero darme cuenta un día que estoy al final de la vida de otra persona. Estoy dispuesto a pagar por la mía, a estar solo a veces e incluso a morir solo si tengo que hacerlo…”

Poco después es él, ese acérrimo defensor a ultranza de su espacio, de su libertad y de su soledad, quien le dice que la ama de una de las maneras más hermosas que he visto jamás: “Has roto mi soledad…”

La pasión por la aventura llevó a Finch-Hatton a aprender a volar. La realidad no es la que aparece en la película (cuando invita a Karen a su primer vuelo él le dice a ella que aprendió a volar ayer), sino que venía de muy atrás. Durante su estancia en Egipto y Mesopotamia durante la Primera Guerra Mundial, intentó aprender a pilotar un avión, pero una inoportuna lesión en el pie se lo impidió. Acabada la guerra, en una de sus estancias en Inglaterra, es cuando aprendió a volar. Sus inicios no fueron fáciles (tuvo más de un accidente con las copas de los árboles de la finca de su hermano donde hacía sus prácticas). Finalmente compró una avioneta y la envió por barco a Kenia. Allí la utilizaba para su trabajo y, sobre todo, para compartir con las personas a las que quería el espectáculo de aquella nueva forma de ver el mundo, su mundo. Las escenas de la película en las que le enseña el paisaje africano desde al aire a Karen son de lo mejor que se ha rodado jamás.

En la mañana del 14 de mayo de 1931 cuando, tras pasar varios días en Mombasa, Finch-Hatton despegaba de la planicie de lo que hoy es el parque nacional de Tsavo, donde había aterrizado la tarde anterior para seguir a unos elefantes, su avión explotó en el aire. Su cuerpo y el del guía kikuyu que le acompañaba aparecieron carbonizados. Karen le enterró, como él le había manifestado en más de una ocasión que quería: en las colinas de Ngong. En su tumba escribió algunos versos de uno de sus poemas favoritos, “La canción del viejo marinero”, de Samuel T. Coleridge:

“Solo, solo, completamente, solo, solo,
¡Solo en un ancho, ancho mar!
Y nunca un santo tuvo piedad de
mi alma en agonía…

“Como alguien en una ruta solitaria
camina con miedo y terror
y habiendo mirado atrás una vez, camina
y su cabeza no vuelve a girar más.
Porque sabe que un temible demonio
va cerca detrás de él…

“Paso, como la noche, de tierra en tierra;
Tengo un extraño poder para hablar;
En el momento en que veo su cara,
conozco al hombre que debe oírme:
a él mi historia le enseño…

Se fue como alguien que ha sido turbado,
y es de una sensación desesperada:
un hombre más triste y más sabio
se levantó a la mañana siguiente…”

Tras su muerte, y arruinada tras haber tenido que mal vender su granja y cerrar la explotación de café, Karen regresó definitivamente a Dinamarca. Su intención era regresar algún día a África, pero ya nunca pudo hacerlo. Fue allí donde empezó a escribir. Su primer libro, “Siete cuentos góticos”, fue rechazazo por las editoriales danesas y británicas. Mujer que no se amilanaba ante las dificultades, adoptó un pseudónimo masculino (Isak Dinesen), y decidió enviarlo a editores norteamericanos. Allí lo editaron y fue elegido “Libro del año del Club Americano del libro”. Memorias de África (Out of Africa) fue su segundo libro, el libro donde recogió su vida en África y la historia de su amor con Finch-Hatton. También fue elegido como libro del año. Tras ellos vinieron otros libros de cuentos, una novela y su autobiografía. Varios de sus relatos han sido llevados al cine (El festin de Babette, etc.) Su obra siempre se caracterizó por reflejar el mundo en el que vivía y por defender los derechos de los más desfavorecidos, entre los que siempre encontró los de la mujer. Murió en 1962. Había vivido intensamente su vida, todas sus vidas… y gran parte de nuestros sueños.

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Crónica de un asesinato anunciado

22 abril, 2012

La ideología neocón imperante en el mundo desde finales de los 80, de la mano de economistas como Milton Friedman, de la Escuela de Chicago (que fue el asesor, entre otros, de Pinochet), es la única causante de la crisis que todos padecemos hoy. Las políticas ultraconservadoras de Ronald Reagan y Margaret Tatcher marcaron el camino del liberalismo a ultranza, de la desregulación de los bancos y de los mercados. Fueron ellos y sus seguidores los que hicieron que el llamado libre mercado se adueñase por completo de nuestro sistema de vida. Fue la época del todo vale, de la especulación, de los beneficios a corto, de convertir todo en “commodities” (instrumentos financieros con los que especular salvajemente con petróleo, oro o materias primas), de los derivados financieros, del apogeo de los paraísos fiscales, de la profundización irreversible de la brecha que separa a ricos de pobres, de la hambruna generalizada en África, de los grandes beneficios de las farmacéuticas, las inmobiliarias y de los bancos, de las guerras por el petróleo y el dominio de los recursos naturales, de la derechización del mundo, del renacimiento de la extrema derecha, del sistematizado olvido de la exigencia del respeto a los derechos humanos… Y la guinda de ese pastel, suculento para unos pocos, criminal para los más, ha sido la destrucción de lo que conocíamos como estado del bienestar, un bienestar que con los recortes que nos anuncian como única salida, está condenado a desaparecer, cuando menos, para las próximas décadas.

Al grito de “lo exigen los mercados” y con el falaz argumento de que “ no podemos gastar lo que no tenemos”, los ultraconservadores neocón han logrado imponer sus políticas más reaccionarias en toda Europa y particularmente lo están haciendo en España. Angela Merkel fue la abanderada de esta política al fijar como objetivo prioritario e ineludible la reducción del déficit público. Ella aplicó su política de recortes en tiempos de bonanza económica, de grandes tasas de crecimiento, y ahora, convertida en una especie de todopoderosa poseedora de la verdad única, obliga al resto de países europeos a seguir la senda de eliminación de derechos laborales y ciudadanos que ella encabezó. Poco le importa que en lugar de crecimiento económico, como tuvo ella cuando lo hizo, estemos inmersos ahora en la depresión económica más profunda de la historia. Aplicar esas políticas de recorte del gasto y la inversión hoy es un suicidio, un asesinato anunciado, porque no hacen más que ahondar en la recesión, profundizar en el crecimiento negativo de la economía que genera más paro y más recesión, en una espiral sin retorno que está llevando a millones y millones de personas a la pobreza.

Pero vayamos por partes. Fueron los bancos y su especulación salvaje los que provocaron la crisis financiera que nos ha llevado a esta crisis económica. ¿Qué hicieron nuestros políticos frente a eso? ¿Regular de nuevo los mercados, prohibir la especulación financiera, los paraísos fiscales, exigir responsabilidades a los culpables y establecer un marco que impidiese que pudiesen repetir situaciones como aquella? No, en absoluto. Les dieron miles de millones de euros para que no quebrasen, miles de millones que no han devuelto. Solo dos o tres gestores han sido juzgados por lo que hicieron. Los demás no solo han salido de rositas del tema, sino que han visto cómo se incrementaban sus retribuciones y sus “bonus” anuales de forma escandalosa y totalmente inmoral.

Esos mismos bancos que implantaron el liberalismo económico más salvaje no tuvieron el menor reparo en beneficiarse de las ayudas que les dieron los gobiernos de todo el mundo. Y, no contentos con eso, a través de las sociedades de rating (entidades privadas participadas mayoritariamente por los propios bancos que se encargan de calificar el riesgo de una deuda y la solvencia de una empresa o de un Estado), unas sociedades que siempre dieron la mejor de sus calificaciones a todas las sociedades e instrumentos financieros que no valían nada y que provocaron esta crisis, se dedicaron a poner en tela de juicio la solvencia de los mismos Estados que les financiaron. Entiéndase esto claramente: su salvaje especulación les lleva a la bancarrota; los Estados les dan miles de millones para que no quiebren; los bancos no devuelven el dinero que los Estados les han prestado y encima especulan contra la solvencia de esos mismos Estados argumentando que podrían tener problemas para pagar su deuda.

La hipocresía, el cinismo y la inmoralidad más absoluta son la única bandera que representa a estos estafadores de guante blanco. Y es en ese preciso momento en el que aparecen Merkel y Sarkozy para obligar a los países periféricos de Europa como Portugal, Italia, Irlanda, Grecia y España (comúnmente conocidos como PIGS, “cerdos”, en la jerga de los financieros) a reducir su déficit público para “recuperar la confianza” de los “mercados”, eufemismo empleado para referirse a los banqueros y financieros que han provocado esta situación. A partir de entonces los gobiernos de esos países, amenazados por la intervención de sus economías por la Unión Europea si no reducen drásticamente sus déficits, pierden por completo su autonomía y se tienen que plegar a las directrices del tádem Merkel/Sarkozy.

El déficit público es la diferencia entre los ingresos y los gastos públicos (incluyendo los del Gobierno central, las autonomías y los ayuntamientos). Si la diferencia fuese positiva hablaríamos de superhavit. Nuestros políticos, antes Zapatero, ahora Rajoy, y siempre Merkel/Sarkozy, nos han repetido hasta la saciedad que teníamos que reducir nuestros gastos para reducir el déficit de nuestras cuentas. Se han empeñado en repetir una mentira que, a fuer de tantas veces repetida, hemos creído como verdad: que vivíamos por encima de nuestras posibilidades, que nuestro gasto social no podía mantenerse con nuestro nivel de ingresos, que había, en definitiva, que hacer recortes. Nada más lejos de la realidad. Nuestro nivel de gasto público es de los más bajos de Europa, concretamente el más bajo de la Unión Europea de los 15 (el grupo de países con un nivel de desarrollo económico equiparable al de España). Nuestro PIB equivale al 94% del promedio de la UE-15, mientras nuestro gasto social sólo representa el 74% de ese promedio. En partidas como sanidad, nuestro gasto representa el 6,5% de PIB (5,8% con los 7.000 millones de nuevos recortes recién aprobado), cuando la media europea es del 7,5%. Y en educación, nuestro gasto es del 4,9% (4,6% con los 3.000 millones adicionales recién recortados), frente a una media del 5,5%. Y eso es comparándonos con la media, porque si nos comparamos con los datos de los principales países europeos todavía salimos mucho peor parados. La partida de ayuda al desarrollo, destinada a ayudar al desarrollo de países pobres y a canalizar las ayudas para grandes catástrofes, hambrunas, etc. ha sido la partida que ha sufrido el recorte más severo en los Presupuestos Generales del Estado de este año, con una rebaja de más del 50%, representando ahora únicamente un 0,25% de nuestro PIB, cifra escandalosamente alejada del compromiso que adquirieron nuestros políticos hace ya más de cuarenta años de llegar al 0,7% y que jamás llegamos a alcanzar. Ninguno de los países de nuestro entorno, a pesar de la crisis y los recortes que también están llevando a cabo, ha reducido esta partida, una partida inmoralmente manipulada por nuestros políticos que incluyen en ella, por ejemplo, las patrulleras que venden a países africanos para que vigilen sus costas e impidan que los inmigrantes lleguen a las nuestras, o el coste de mantener a nuestras tropas en Líbano, etc. La conclusión de todos estos datos no puede ser más clara: el gasto público social español es el más bajo de la Unión Europea de los Quince, es decir, que no hemos despilfarrado el dinero, como pretenden hacernos creer, ni hemos gastado más de lo que gastan todos nuestros vecinos y socios europeos en temas sociales, ni hemos vivido por encima de nuestras posibilidades. Nuestro problema no está en los gastos. Tampoco está en la estructura funcionarial del estado, otro de los falsos mensajes machaconamente repetidos tendentes a eliminar el estado de las autonomías acusándolo de duplicidad de gastos, de funcionarios inoperantes, etc. etc. etc. La realidad, la tozuda realidad, nos dice que España tiene el porcentaje de la población adulta que trabaja en los servicios públicos del estado del bienestar más bajo de la UE-15

El problema del déficit español no está, por tanto, en el elevado nivel de gasto, sino en el bajo nivel de ingresos, y más concretamente en el ridículo nivel de impuestos que pagan las grandes fortunas, las corporaciones empresariales y las grandes empresas que, además de tener un trato fiscal extraordinariamente preferente, es el sector que concentra, según el informe recientemente publicado por los técnicos del Ministerio de Hacienda agrupados en GESTHA, la mayor bolsa de fraude fiscal de España, con un volumen en 2009 de 42.711 millones de euros

Nuestro sistema fiscal está por debajo de la media de la UE casi ocho puntos de PIB que, traducido a euros, asciende a ochenta mil millones, cifra muy superior a la de los recortes de gasto que están llevando a cabo para reducir el déficit. Ese es nuestro verdadero problema: el bajo nivel de impuestos que pagan las grandes fortunas y las grandes empresas. Tienen a su alcance instrumentos de elusión fiscal perfectamente legales, como las sociedades de inversión colectiva (sicavs), que en lugar de tributar como renta de capital a los tipos que tributan los demás instrumentos financieros (entre el 18% y el 25% según el producto y el país de que se trate), lo hacen únicamente al 1%. La utilización fraudulenta que se está haciendo de este tipo de instrumentos es clarísima: para ser consideradas sociedades de inversión colectiva, por ley, deben tener un mínimo de cien socios. En realidad los bancos que gestionan la sicav hecha a medida de uno de sus grandes clientes, aportan los 99 socios que le faltan cediéndoles una participación insignificante y marginal, con lo que el trámite del centenar de socios queda cumplido, y su cliente centraliza a través de esa sociedad fiscalmente bonificada todas sus inversiones financieras y patrimoniales, que gestiona su banco. Y si estos instrumentos sirven para la elusión fiscal, otros sirven directamente para la evasión fiscal: muchos bancos especializados en la gestión de grandes patrimonios y fortunas llegan, incuso, a tramitar la residencia en paraísos fiscales de sus clientes más importantes, donde depositan la mayor parte de sus ahorros que, de esta forma, no tributan ni un céntimo en España. Los procedimientos de elusión y evasión fiscal no son exclusivos de las personas físicas, sino que las grandes empresas cuentan con departamentos y asesores externos especializados en la evasión y la elusión fiscal. Por este motivo las grandes empresas españolas pagan muchos menos impuestos, a nivel porcentual, que las medianas y que las pequeñas, y los grandes millonarios pagan menos impuestos que los simples trabajadores asalariados que las pasan canutas para llegar a fin de mes.

Esta situación profundiza la brecha entre ricos y pobres, pero nuestros políticos, lejos de pretender reducir el déficit impulsando el crecimiento de la economía o gravando más las rentas más altas, hacen precisamente lo contrario: el gobierno Rajoy ha disminuido los impuestos para las rentas superiores y medias, desgravando la compra de la vivienda, y ha bajado las deducciones fiscales por gastos financieros que favorece a las rentas superiores y, coronando la jugada, ha ofrecido una amnistía fiscal a los defraudadores en lugar de incrementar los instrumentos y los recursos de la inspección fiscal para perseguirlos. Vicenç Navarro, catedrático de Políticas Públicas por la Universidad Pompeu Fabra, en su artículo del 18 de abril en nuevatribuna.es, es meridianamente claro al enjuiciar lo que está pasando en nuestro país: “Soy consciente de que algunos lectores pueden considerar exagerada mi definición del presupuesto Rajoy como el más antisocial que haya existido en España durante la democracia. Invito a tales lectores a que miren los datos. Como bien mostró David Lizoain en su análisis “El disparate presupuestario español”, el gobierno Rajoy intenta reducir el déficit consolidado un 3,2% del PIB. Pero de estos recortes, el gobierno central sólo contribuye en la mitad. La otra mitad la tienen que realizar las CCAA (que como he indicado, son las que gestionan los servicios y gran parte de las transferencias del estado del bienestar), cuyo gasto es mayoritariamente social (un 60%). Sus exigencias a las CCAA sólo pueden atenderse con recortes sustanciales de tal gasto que, sin ninguna duda, originarán el debilitamiento del sector público, con el enriquecimiento del sector privado, y muy en particular de los bancos y de las compañías de seguros que han deseado el desmantelamiento del estado del bienestar desde años. Lo dijo con toda claridad el Presidente del Banco Central Europeo, el Sr. Mario Draghi, en una entrevista al Wall Street Journal (24.02.12) cuando indicó que el estado del bienestar europeo no era viable. Y puso como condición para comprar deuda pública española que se privatizara el Estado del Bienestar, lo cual el gobierno Rajoy está haciendo a pies juntillas. Así de claro” Mariano Rajoy está siendo un alumno tan aventajado en la destrucción del estado del bienestar que hasta sus mismos colegas y varios representantes de los “mercados” le han advertido que tanto recorte puede llegar a ser contraproducente porque impedirá la recuperación económica.

Estamos frente a una política deliberadamente diseñada para acabar con el estado del bienestar: los recortes se complementan a la perfección en un plan diabólicamente diseñado con la reforma laboral que debilita los derechos de los trabajadores y abarata los costes laborales y el despido, junto a las anunciadas medidas de reformas legales inminentes tendentes a criminalizar la protesta ciudadana que, previsiblemente, esta situación acabará provocando. Sus consecuencias son dramáticas para muchos sectores de la población. Voy a hablar ahora de lo que ha sucedido en el que yo trabajo: el mundo de la interpretación, en el que se reúnen una serie de factores económicos y políticos que le han llevado al colapso.

Asistimos hoy, impasibles, a la fría ejecución de un asesinato largamente anunciado. Un asesinato proclamado a los cuatro vientos desde hace años por todas las cadenas y las emisoras de la España más casposa y reaccionaria que, desde el lejano ya “No a la guerra”, clamaron venganza. Son esos voceros y los ciegos políticos que les siguen los que están asesinando hoy un mundo, un modo de vida, el de los actores. Poco o nada les importa que, junto a los actores, también se están llevando por delante a todos los técnicos que viven del sector audiovisual. Pero no todo han sido dagas y puñales empuñados por la derecha, también la nefasta gestión de los socialistas contribuyó, en gran medida, a herir de muerte al mundo de la interpretación.

Empezaron cargándose el teatro con un marco legal que propiciaba cada vez más su dependencia del sector público. En lugar de crear iniciativas para apoyar a las compañías para que llevasen nuestro teatro, el teatro que se está haciendo aquí y ahora, a los pueblos y ciudades de España, se gastaron miles y miles de millones construyendo fastuosos teatros que hoy no tienen dinero para mantener. Hoy hay teatros púbicos cuya programación no aparece en las carteleras de los periódicos porque no tienen dinero para pagarlo. Los ayuntamientos, endeudados, dejaron de pagar a las compañías. La bola de nieve se fue haciendo cada vez mayor y el teatro, prácticamente, desapareció.

Nos concentraron en la televisión. Quien no salía en la tele, no existía. Y a quien no existe no le contratan ni para el cine ni para el teatro. Una vez todos allí, cambiaron el modelo de la televisión pública y le prohibieron hacer publicidad. Las series españolas, sin embargo, seguían siendo los programas de mayor audiencia. Algo había que hacer para acabar con aquella situación debieron pensar los recién llegados dirigentes del PP. Un recorte de 200 millones en el presupuesto anual de TVE fue suficiente para aniquilar por completo el sector. Las televisiones contabilizan los costes de producción de las series no cuando las producen y pagan, sino cuando las emiten. Así se da la cruel paradoja de que TVE ha perdido el liderazgo de audiencia que mantenía en los últimos seis meses al no poder emitir sus series estrella para poder cumplir con ese recorte de 200 millones de euros exigido por el gobierno. Series como “Cuéntame”, “Isabel”, “La República” o “Aguila roja”, cuentan con temporadas enteras ya grabadas y listas para emitirse que no podrán ser emitidas, en el mejor de los casos, hasta el año 2013

Esta situación, unida a la caída de los precios de la publicidad en televisión, ha hecho que la producción de nuevas series por parte del resto de cadenas privadas se paralice prácticamente en su totalidad. También estas cadenas cuentan con series ya grabadas y listas para emitirse que deberán aguardar a mejores tiempos (“El tiempo entre costuras”, etc).

Ante esta situación de parálisis crítica del teatro y la televisión, el cine era la única posibilidad que nos quedaba a los que malvivimos en este sector. Sin embargo, la aprobación de los Presupuestos Generales del Estado ha sido la puntilla que ha acabado con él. De los 76 millones de euros de ayudas al cine de 2011 hemos pasado a 49, de los cuales 35 corresponden a pagos relacionados con ayudas del año anterior, es decir, que solo se han destinado 14 millones de euros al cine para el 2012.

Los ataques al mundo del cine por parte de la derecha y la extrema derecha de este país son despiadados. Nos tachan de titiriteros, perroflautas y chupópteros que vivimos de las subvenciones y repiten hasta la saciedad que somos unos vagos y unos inútiles. Ni uno solo de los que nos descalifican así tiene la más mínima idea de lo que es la vida de un actor (y no hablo de la de las grandes estrellas, sino de la del 99% de los que nos dedicamos a esta profesión), tampoco saben nada de lo difícil que es hacer una película, de las limitaciones competitivas que tenemos en comparación con el cine estadounidense o con el de nuestros vecinos europeos, etc. El tópico y el insulto son suficientes para desacreditar a miles de profesionales de un plumazo. Que el cine español hace muchas cosas mal, sí. Que debemos mejorar en infinidad de temas, también. Que ha habido pillería y fraude en las subvenciones, seguro que también, aunque no creo que más que en otros sectores económicos. No deja de ser curioso que quienes más atacan al cine español sean, precisamente, quienes no ven ni una sola película española por sistema, o por seguimiento casi religioso de la doctrina de los voceros oficiales de la España más rancia empeñados en acabar con todo el que no piense como ellos. Y que, por absoluta ignorancia o supina mala leche, se empeñen en hacer creer que quienes recibíamos las subvenciones que había éramos los actores, cuando jamás hemos recibido subvención alguna ya que en el sistema español de ayudas son los productores los que las recibían. Por si les sirve de comparación para hacerse una idea sobre la deiferencia de trato que reciben los artistas en este país con respecto al que reciben nuestros vecinos, basta recordar, por ejemplo, que en Francia, además de ayudar a su cine con un presupuesto de 600 millones de euros (frente a los 14 que en verdad destina de España), cada actor recibe un subsidio de 1.000 euros al mes cuando está en paro, subsidio que recibe indefinidamente hasta que encuentre un nuevo trabajo dentro de su profesión.

Son muchos, innumerables, los problemas que tiene el cine español, y de muy difícil solución. Sería demasiado extenso tratarlos ahora aquí. Pero admitir la descalificación global sin mayor argumento que el insulto y el desprecio es una injusticia que no debemos permitir, ni mucho menos cometer. Nunca en nuestra historia nuestros actores habían ganado premios internacionales de la talla de los Oscar. En los últimos años hemos conseguido dos. Nunca un español había ganado un Oscar al mejor guión. Almodóvar lo ha conseguido. En cada ceremonia de los Oscars suele haber asiduamente varios profesionales españoles entre los finalistas. Y si me centro en los Oscars como referencia es precisamente porque quienes más atacan al cine español lo hacen defendiendo el modelo norteamericano, un modelo que también desconocen ya que dicen que no está subvencionado cuando más de 30 estados ofrecen importantes beneficios fiscales a cambio de que las películas se rueden en ellos. Si comparamos el nivel de las ayudas al cine español con el de nuestros socios europeos, la comparación es verdaderamente escandalosa: las ayudas que recibe el cine francés a través de su fondo de apoyo al cine son hasta ocho veces más que las que recibía el cine español de sus instituciones. Ese fondo francés se financia, principalmente, de aportaciones de las cadenas de tv y de una tasa del 11,5% que cobran sobre el precio de taquilla de todas las entradas de cine que se venden en Francia. ¿Te imaginas lo que dirían los críticos del cine español si esta tasa se aplicase en España para defender nuestro cine? La aportación anual de las ayudas al cine francés roza los 600 millones de euros. Cada país tiene su propio sistema de canalizar ayudas a su cine porque entiende que el cine es cultura, además de industria (si solo fuese industria la estricta reglamentación de la Unión Europea prohibiría las ayudas). El Reino Unido, por ejemplo, financia las ayudas al cine a través de la lotería. Los países nórdicos, además de las ayudas oficiales a su cine, han desarrollado un sistema de fondos de inversión para el cine escandinavo que permite canalizar el dinero de pequeños ahorradores al cine con importantes ventajas fiscales.

El argumento que más repiten quienes atacan al cine español es el de su escasa rentabilidad. Atacar por sistema mediante el insulto y la descalificación a un sector como el del cine español en el que trabajan 35.000 personas me parece, cuando menos, injusto. Es cierto que el cine español tiene una cuota de pantalla mucho más baja que la de nuestros socios europeos (no llega al 20% mientras que Francia tiene un 37% o Italia un 33%). Ese es uno de nuestros mayores problemas. Pero decir que porque una película recauda poco es mala es una verdadera aberración. Y llegar a decir que si recauda poco no es arte, es de obtusos mentales. Según estos argumentos Van Gogh y tantos otros jamás fueron artistas porque murieron arruinados y no vendieron cuadros en vida a precios que les permitieran vivir. ¿Dónde se come mejor comida, en un restaurante de tres estrellas de la guía Michelin o en un McDonalds? Vender vende mucho más McDonalds, que tiene muchos más establecimientos, y ganar dinero también gana mucho más que cualquier restaurante de lujo. Pero de ahí a concluir que se come mejor o que su comida es de más calidad hay un abismo. Por el mismo motivo debemos diferenciar entre el cine como entretenimiento y el cine como arte, como cultura, porque el día que la cultura sea solo entretenimiento nuestra sociedad estará abocada a su autodestrucción. A todos los que critican las ayudas al cine español les diría que pensasen por un momento en un dato muy concreto y real: todas las ayudas que el cine español recibe, mejor dicho recibía, al año son menos que el presupuesto anual de un solo museo, el Reina Sofía. Y también les haría una pregunta: ¿Cómo se explica que el cine español sea tan malo como ellos dicen y que atraiga a tan pocos espectadores y que, sin embargo, las series de tv españolas, muchas veces con los mismos técnicos y los mismos actores y directores, sean líderes de audiencia?

La guinda al pastel del desmantelamiento del sector audiovisual la ha puesto la semana pasada el Ministro de Hacienda Cristóbal Montoro al criticar el, para él, elevado coste de las series de Televisión Española. Ha dicho que el coste por capítulo de las series de TVE es excesivo para un simple producto de ocio y entretenimiento. El coste por capítulo puede oscilar alrededor de los 600.000 a 800.000 euros, según el Ministro. Ahora bien, ese capítulo es propiedad de TVE y puede emitirlo cuantas veces quiera durante los próximos 5, 10, 20 o 50 años, y también puede venderlo a otros países, por lo que ese coste debería ser considerado como una inversión, una inversión que puede ser rentable y con creces. Por otro lado, ¿ha oído hablar el ministro Montoro de la BBC, la televisión pública británica, que es un referente mundial por la calidad de los contenidos que ofrece? ¿ Sabe cuánto puede haber costado cada capítulo de las series que emite la BBC? No deja de ser curioso que al Sr. Montoro le parezca excesivo invertir 600.000 euros en producir un capítulo de una serie de televisión, y sin embargo, no se lo parezca pagar 4 millones de euros por la final de la supercopa de fútbol de España, que sí es un verdadero despilfarro que nunca puede ser rentable. Y ya que hablamos de fútbol, me gustaría saber por qué este gobierno que recorta las pensiones, sube los impuestos de los asalariados (no los de las grandes fortunas), sube el IVA, aumenta las tasas universitarias, introduce el mal llamado copago (ya que en realidad es un repago) sanitario obligando, por primera vez en nuestra democracia, a que los pensionistas paguen por los medicamentos que necesitan, o que hace que suba el precio del transporte público de manera desproporcionada e indecente, permite que los clubes de fútbol deban a Hacienda 752 millones de euros que estamos financiando todos, o por qué ha aprobado indemnizar con 40 millones de euros a la empresa fabricante de bombas racimo (con la que el actual ministro de Defensa ha estado vinculado hasta dos semanas antes de las últimas elecciones) como compensación por la firma del tratado de no utilización de bombas racimo que suscribió el Gobierno Zapatero cuando, además, esas bombas estaban prohibidas por Naciones Unidas. No deja de ser curioso y alarmante que una sola indemnización a una empresa de armamento triplique las ayudas reales que este año recibirá el cine español y, también curioso, que esa noticia pase casi desapercibida en los medios de comunicación, unos medios que, a diario, suelen recoger ataques a todos los que, según dicen, vivimos de las ayudas al cine, aunque en realidad jamás hayamos visto una.

El audiovisual es España es un nuevo Titanic que navega derecho hacia una barrera de icebergs infranqueable sin que nuestro Rajoycapitán se esté oponiendo a la orden suicida de nuestro Merkelarmador de ¡Avante a toda máquina! Si en lugar de los del “No a la guerra” fuésemos  de los del “No al aborto”, otro gallo cantaría. Somos miles los parados en este sector, y la historia se repite. Este Titanic tampoco lleva botes de salvamento para todo el pasaje y la tripulación. Solo se salvarán quienes tengan billete de primera clase. Los que vamos en segunda, tercera o cuarta, estamos condenados a que nos echen por la borda. No es la crónica de una muerte anunciada, que diría García Márquez, sino la crónica de un asesinato anunciado.

El estallido de la crisis financiera era algo que tenía que pasar porque un sistema basado en la especulación salvaje y el crecimiento insostenible tenía que estallar por algún lado. Lo que no se sabía era cómo, cuándo estallaría todo aquello y qué proporciones tendría. No sé, y supongo que nunca lo llegaremos a saber, si fue un estallido espontáneo o si estaba previamente calculado al más mínimo detalle. Lo que sí está claro es que ese estallido se ha utilizado como un shock que ha bajado las defensas de los ciudadanos hasta dejarlas bajo mínimos, totalmente bloqueadas por el miedo, el desconcierto y el terror, para poder llevar a cabo el desmantelamiento más atroz y despiadado del estado del bienestar y de los derechos sociales y laborales conseguidos durante generaciones.

Realmente no me cabe duda de que, no solo el desmantelamiento del sector audiovisual, sino el de todos nuestros derechos ha sido, y está siendo, un crimen anunciado, un asesinato anunciado y friamente diseñado, calculado y ejecutado. Si quieres ver cómo se preparó ese asesinato, no tienes más que ver este documental, “La doctrina del shock”, te ayudará a entender muchas, demasiadas cosas…

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“El maestro de música”

15 abril, 2012

¿Qué hacer cuando se ve a la muerte cara a cara?, ¿qué hacer cuando nos sentimos solos frente al inmenso vacío que se abre ante nosotros?, ¿qué hacer cuando somos conscientes de que nuestro camino ha llegado a su fin? Cada uno encontrará su respuesta, porque cada uno tiene su propia respuesta. La película “El maestro de música” (“Le maître de musique”) nos cuenta la respuesta que encontró un hombre que había dedicado su vida por entero a la búsqueda de la belleza. La encontró en la música, en el bel canto. Su prodigiosa voz de barítono fue la que marcó el rumbo de su vida, una vida que ahora se dispone a abandonar. Consciente de la grave enfermedad que padece, decide abandonar para siempre los escenarios, retirarse cuando todavía tiene fuerzas para dar lo mejor de sí mismo, para darse por completo. A ese paso le sigue otro no menos doloroso: enfrentarse a su pasado, a lo que ha hecho con su vida, a lo que dejó de hacer, y, lo que es a veces más difícil, a aprender a aceptarlo. Y es desde esa aceptación desde la que encuentra la respuesta a todas esas preguntas que todos, tarde o temprano, nos tendremos que hacer. Y su respuesta es enseñar, compartir todo lo que sabe, todo lo que ha aprendido a lo largo de su vida, transmitírselo a dos jóvenes cantantes para que su arte no muera con él, para dejar huella de su efímero paso por el mundo, para hacer lo único que da sentido a nuestras vidas: dar.

Opera prima de Gérard Corbiau, director de otras verdaderas obras maestras sobre el mundo de la música como “Farinelli” y “Le Roi danse”, “El maestro de música” estuvo nominada al Oscar a la mejor película en habla no inglesa. La pasión por la música de Corbiau le ha llevado a hacer que la propia música sea siempre una de las protagonistas principales de sus películas. “El maestro de música” es un soberbio banquete de belleza, de sutilidad, de armonía y, sobre todo, de amor a la vida. Protagonizada por Jose Van Dam, una de las mejores voces de la lírica mundial, nos lleva a un mundo poético y mágico, ese mundo donde, como diría Julio Llamazares, la lluvia es amarilla, porque es la lluvia de las hojas del otoño, del otoño de la vida, porque es el amarillo de la memoria, de la soledad y del olvido. Cada plano de esta película es un cuadro lleno de poesía, color y belleza, un cuadro donde habita la melancolía y donde la sabiduría del silencio habla con los acordes de Bellini, de Verdi, de Schubert o de Mahler… Es en esta película donde descubrí una de las arias más bellas que se han escrito jamás: “Sorgi o padre”, de la tantas veces injustamente olvidada ópera Bianca e Fernando, de Bellini. Aquí tienes la grabación de esta aria que hizo Claudia Muzio en 1922

“El maestro de música” es ese Joachim Dallayrac fabulosamente interpretado por Van Dam, un ser aparentemente callado y solitario. Y digo aparentemente porque aunque utiliza pocas palabras y solemos verle casi siempre solo, es una persona capaz de hacer hablar al silencio y que jamás está sola, porque siempre está acompañada por todos los seres a los que ha amado a lo largo de su vida, por todas las personas con las que ha compartido la experiencia de la música y de la vida. Eso es lo que en realidad es Joachim Dallayrac, un maestro de la vida que enseña a Sophie y a Jean, sus dos jóvenes pupilos, a saber ver que la felicidad no se halla fuera de nosotros, que no es algo que tengamos que buscar o que perseguir, sino que vive en lo más hondo de nuestro corazón, porque la felicidad no es algo que se pueda buscar, sino que es algo que nos encuentra cuando verdaderamente estamos preparados para que nos encuentre, cuando hemos entendido que, al final, solo nos quedará lo que hayamos sido capaces de dar…

Cuando, al llegar la hora de la última cita, miramos atrás, vemos la futilidad de las cosas perdidas y el nulo valor de los bienes que tanto nos costó adquirir, vemos lo absurdo de los problemas que tanto nos preocuparon, el sinsentido de las angustias y los miedos que nos impidieron vivir, y nos damos cuenta de que hemos dedicado la mayor parte de nuestra vida a hacer cosas que no han sido más que una inútil pérdida de tiempo, un constante apartarnos de lo que verdaderamente importaba, de lo que, conscientemente unas veces e inconscientemente las más, guiaba nuestros pasos… Y también acuden, como si las estuviésemos viviendo en ese preciso instante, todas las ocasiones perdidas, desperdiciadas, de compartir nuestro cariño, nuestro amor y nuestra alegría ayudando a que otros fueran felices y haciéndonos, sin saberlo, también felices a nosotros mismos. Es en ese momento cuando te replanteas lo que has hecho con tu vida, cuando te das cuenta de que tus momentos más felices no los encontraste en las grandes cosas que inútilmente perseguiste, sino en aquellas aparentemente pequeñas y sin importancia que encontraste en tu camino. Es en ese momento cuando desearías poder vivir un día más, unas horas más, unos minutos más, para poder hacer todo aquello que dejaste pendiente, para dar los abrazos que no diste, para cruzar una última mirada con la persona amada, la última sonrisa con los que han sido tus compañeros en la etapa final de tu viaje… Y también es entonces cuando vienen a tu mente, como cuchillos, todas las mañanas desperdiciadas, todas las tardes tiradas, todas las noches no vividas… Es entonces cuando te das cuenta de que solo importa el presente, tu aquí y tu ahora, porque es entonces, y solo entonces, cuando de verdad comprendes que el futuro y el pasado no existen y que nunca han existido.

Atrás quedan los miedos, la muerte no te asusta, tan solo le pides que no sea dolorosa, y una inmensa sensación de paz te invade por completo. Eres consciente de que esto se acaba, de que tu viaje ha llegado a su fin, de que son muchas las cosas que has dejado por hacer, algunas más las que hiciste y, posiblemente, muchas más las que nunca te atreviste a hacer… Pero miras atrás sin ira, ya no tienen sentido sentimientos así, y ves que, a lo largo del camino que recorriste también han crecido flores, esas flores que, a veces sin saberlo, plantaste cuando decidiste compartir algo con los demás, cuando de verdad te diste, cuando amaste. Es entonces cuando, finalmente, entiendes que vivir no era más que dar, que solo era amar…

Y eso es lo que hace que Joachim Dallayrac decida aprovechar el escaso tiempo que le queda para compartir todo lo que sabe con esos dos jóvenes que, ajenos a la posibilidad de la muerte como están todos los jóvenes, reciben como si fueran simples cases de música. Del mejor de los maestros, pero solo clases de música. Solo el tiempo y lo que el sufrimiento les enseñe les permitirá entender que lo que en verdad recibían eran inmensas lecciones de vida, de amor a la vida…

Aquí tienes a Jose Van Dam interpretando en uno de los momentos de la película An Die Musik, de Schubert:

A lo largo de ·El maestro de música” asistimos al proceso de formación de Sophie y de Jean, un proceso que culmina con su presentación en un concurso de canto. Su interpretación del Sempre libera, de La traviata, les hace ganar el primer premio. El papel de Sophie lo interpreta Anne Roussel, a la que da su voz la soprano Dinah Bryant, y el de Jean, interpretado por Philippe Volter, recibe la voz del tenor Jerome Pruett. En la escena podemos ver, sentado en primera fila y tragándose la bilis, al que durante toda su vida intentó inútilmente ser rival de Dallayrac, el Príncipe Scotti, acompañado de su discípulo:

Uno de los momentos más intensos de “El maestro de música” es el del célebre duelo entre Jean, el discípulo de Dallayrac y Arcas, el discípulo del Príncipe Scotti. Un duelo con máscara, para no poder identificar al cantante, que les lleva a intentar dar lo mejor de sí mismos. Haber perdido su duelo de joven con Dallayrac es lo que hace que el Príncipe Scotti le odie tan intensamente. Esta es la oportunidad de su revancha. Lleva toda su vida esperándola. El tema escogido es “A tanto duol”, de Bianca e Fernando. Aquí tienes ese duelo:

Pero sin duda la escena que más me impactó cuando ví esta película (he de confesar que me gustó tanto que, cuando se estrenó en 1988, la ví nueve veces en un mes), es la escena final, la del funeral. Los suaves acordes de Mahler con la impresionante voz de Van Dam acompañando el melancólico y lánguido fluir de las barcas entre la niebla del río, ese río que no es más que la laguna Estigia, con sus percheros vestidos de negro en pie, eternos Carontes, guias de las almas de los muertos,  perdiéndose entre el azul de la niebla y del olvido es una imagen de una belleza que no olvidaré jamás…

Ich Bin der Welt Abhannden Gekommen from seres on Vimeo.

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"El maestro de música", "Le maître de musique", Anne Roussel, Bellini, Caronte, cine, Dinah Bryant, Gérard Corbiau, Jerome Pruett, Jose Van Dam, laguna Estigia, Mahler, Muerte, música, Ópera, Philippe Volter, Schubert, Verdi
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Carlos Olalla

Por circunstancias de la vida me pasé más de veinticinco años dirigiendo empresas en la que, sin lugar a dudas, fue la etapa más aburrida y frustrante de mi vida. La verdad es que nunca me gustaron esos trabajos y lo pasé fatal. Cuando cumplí los 45 me encontré con que una reestructuración empresarial me ponía de patitas en la calle y sin un duro. Por si fuera poco, nadie me quería dar trabajo porque decían que ya era demasiado “viejo”. A mí siempre me había gustado el mundo del cine y, como estaba en el paro y tenía tiempo, empecé a estudiar interpretación. Me pasé tres años siendo el “abuelo” de todos mis jóvenes compañeros en una conocida escuela de teatro de Barcelona. Durante aquel tiempo recibí alguna propuesta de trabajo para reincorporarme al mundo de la empresa, pero no quise aceptarlas: el nuevo mundo que había descubierto me había atrapado por completo, así que decidí cambiar una maravilla de sueldo y una mierda de trabajo por una maravilla de trabajo y una mierda de sueldo. Puedo deciros que ha sido la mejor decisión que he tomado en mi vida: por primera vez soy libre, la palabra jefe ya no significa nada para mí, hago lo que verdaderamente me gusta y, lo mejor, trabajo con gente sensible y abierta que piensa y siente como yo. ¿Qué más se puede pedir?

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