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Kandinsky, o la necesidad de crear

7 Febrero, 2010

La necesidad de crear empujó a Wassily  Kandinsky (1866-1944)  a  abandonarlo todo para empezar a pintar. Cumplidos ya los treinta, el Lohengrin de Wagner y la exposición de pintura impresionista francesa que por aquella época se celebró en Moscú le impactaron tanto que decidió dejar de ejercer como abogado y renunciar a una confortable cátedra de Derecho para ir a Munich a estudiar pintura y dibujo. Aquel día el mundo perdió a un abogado mediocre y ganó a uno de los artistas más importantes de la historia del arte. Fue precisamente ese proceso vital el que le llevó a trascender y prescindir del objeto en su pintura en un proceso  de disolución de la forma que le llevaría a buscar el absoluto, lo abstracto. Con él nació el arte abstracto.

Para adentrarnos en su mundo, y ya que la ópera fue la que le empujó a emprender aquel viaje místico hacia el espíritu de la belleza, os propongo, si queréis, que lo hagamos ahora de la mano de una de mis arias favoritas, “Mi par d´ucir ancor”, de Los pescadores de perlas, de Bizet, en una grabación de aquella época (1902) del inigualable Enrico Caruso, al que, a buen seguro, Kandinsky tuvo el privilegio de oir en directo más de una vez.

Durante años anduve en busca de la posibilidad de llevar al espectador a que se paseara por dentro del cuadro, de forzarlo a que se fundiera con el cuadro olvidándose de sí mismo… Mucho después, ya en Munich, en cierta ocasión fui hechizado por un espectáculo inesperado que se me ofreció en mi taller. Era la hora inicial del crepúsculo. Llegaba a mi casa con la caja de pinturas después de realizar un estudio, y me encontraba todavía abstraído y ensimismado en el trabajo que acababa de terminar cuando, de repente, vi un cuadro de una belleza indescriptible, impregnado de un vigoroso ardor interior. Al principio quedé paralizado, pero en seguida me dirigí rápidamente hacia aquella misteriosa pintura, en la cual sólo distinguía formas y colores, y cuyo tema era incomprensible. Pronto descubrí la clave del enigma: era una de mis telas puesta de lado y apoyada en la pared. Al día siguiente traté de revivir a la luz matinal la impresión que experimenté la víspera frente al cuadro. Pero sólo lo logré a medias; aun estando de costado, reconocía constantemente los objetos, y faltaba el bello fulgor del crepúsculo. Ahora ya estaba seguro de que el objeto perjudicaba a mis pinturas. (W.Kandinsky, “Mirada retrospectiva”, 1913)

Viendo sus cuadros, esa progresión imparable de la forma a la no-forma, de la naturaleza al espíritu, sentimos como propia la necesidad de crear, esa necesidad interior de la que todo nace. Son muchos, infinitos quizá, los caminos por los que el hombre ha buscado, y busca, el absoluto: la religión, la ciencia, el arte… y dentro de esos caminos aparecen ante nosotros innumerables senderos que nos invitan a dar un paso más en ese interminable viaje al fondo de nosotros mismos. No existe un camino mejor que otro, quizá tan sólo uno más adecuado para cada caminante. A través de la religión hay quien llega a Dios por el sendero de la razón, pero también hay quien llega a Él a través del sendero del amor. En el arte también se puede alcanzar el absoluto a través de la forma o, como lo hizo Kandisky, trascendiendo a la forma.

Toda cosa “muerta” palpitaba. No solamente las estrellas, la luna, los bosques, las flores de que hablan los poetas, sino también una colilla en un cenicero, un botón de pantalón blanco, paciente, que nos echa una mirada desde el charco de agua de la calle… todo eso me mostraba su rostro, su ser interior, el alma secreta que con más frecuencia calla que habla… Eso me bastó para “comprender” con todo mi ser y con todos mis sentidos la posibilidad y la exsistencia del arte que hoy se llama “abstracto” por oposición al arte “figurativo”.

Él fue el primer artista que pintó un cuadro abstracto y por ello también el primer ser humano que lo vio. ¿Qué debió sentir frente a aquella pintura, frente a aquel nuevo modo de ver el mundo?, ¿y al compartirlo, al mostrar por primera vez su obra?. Kandinsky se adentró por un camino que jamás había pisado el hombre. ¿Qué le impulsó a hacerlo?, ¿Qué poderosa fuerza interior le empujó a dar aquel paso?: la necesidad de crear, de ser absolutamente libre, la necesidad de entender, de amar, la necesidad de ser… Él decía que no quería pintar música, ni estados de ánimo, ni pintar con colores o sin colores, ni modificar, ni combatir, ni derribar un solo punto de la armonía de las obras maestras que nos vienen del pasado, que tampoco quería señalar el camino del futuro, que simplemente quería pintar buenos cuadros, necesarios y vivos, que los pudieran comprender debidamente, por lo menos, algunas personas.

Frente a la pintura de Kandisky se experimenta la sensación no sólo de que nos llega a lo más hondo, sino que, trascendiendo espacio o forma, somos nosotros quienes nos adentramos en el cuadro, que formamos parte de él. Luz, color, línea o trazo no son más que partes de un enigmático todo al que pertenecemos, ese todo que hemos intuído desde hace mucho tiempo, ese todo que siempre ha estado ahí, y que seguirá estando cuando nosotros nos hayamos ido. La música de su pintura, como la del universo, es el silencio; su poesía es una poesía sin palabras; su luz, la de nuestra mirada…

A lo largo de la evolución de su pintura vemos cómo la forma se va diluyendo progresivamente a través de la importancia dominante que va adquiriendo el color que, poco después, también se diluye para llegar a ese estado espiritual que, desde entonces, habita en su pintura. Para Kandinsky “el color es un medio para ejercer una influencia directa sobre el alma. El color es la tecla. El ojo es el macillo. El alma es el piano con muchas cuerdas, y el artista es la mano que, por esta o aquella tecla, hace vibrar adecuadamente al alma humana” (W.Kandinsky, “De lo espiritual en el arte”, 1911). Su pintura es la pintura del espíritu, la pintura del alma, y por eso no tiene forma, no la puede tener, ¿o es que, acaso, tiene forma el alma?.

Creo que la filosofía del futuro, además de estudiar la existencia de los fenómenos, estudiará también su espíritu con especial atención. Sólo así se creará una atmósfera que permita al conjunto de la humanidad sentir el espíritu de las cosas, vivir ese espíritu aun de manera enteramente inconsciente, de idéntico modo que, hoy en día, los hombres en general todavía viven inconscientemente el aspecto externo de los fenómenos, lo cual explica la complacencia del público ante el arte figurativo. Sin embargo, será preciso que el hombre experimente inicialmente el lado espiritual de las cosas materiales para que pueda vivir más tarde el lado espiritual de los fenómenos abstractos. Gracias a esta nueva capacidad, concebida bajo el signo del “espíritu”, se llegará al goce del arte abstracto, es decir, absoluto. (W.Kandinsky, “Mirada retrospectiva”, 1913).

La mirada de Kandisky es poética, utópica, libre, transgresora, cargada de esperanza y por ello, hoy más que nunca, es una mirada imprescindible.

Ahora te invito a que detengas el tiempo, te relajes y emprendas un maravilloso y sosegado paseo dejándote llevar por dentro de sus cuadros…

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Dennis Hopper, un actor de leyenda

31 Enero, 2010

Hoy quiero rendir mi pequeño homenaje a uno de esos actores de leyenda que ha dado la historia del cine: Dennis Hopper. Polifacético como el que más, Hopper ha devorado todos y cada uno de los días de su vida en un viaje sin billete de retorno al fondo de sí mismo. Cowboy de mirada triste, hippy libre, inconformista y libertario, de vuelta de todo y de todos, quizá Hopper es, por encima de todo, un hombre que se ha atrevido a vivir su vida a fondo. Su faceta más conocida ha sido la de la interpretación, pero también es un fotógrafo de primera línea, un gran pintor, un excelente guionista y un gran director.

Para hablar de él puede que os apetezca escuchar To let myself go,  una fantástica balada de Ane Brun que habla de lo que siempre ha sido uno de los motores de la vida de Dennis Hopper: la necesidad de ser y de sentirse libre.

Empezó trabajando en series de televisión hasta que Nicolas Ray le invitó a debutar en el cine en la mítica Johnny Guitar. También le ofreció un pequeño papel en Rebelde sin causa, donde concoció a James Dean, con el que volvería a trabajar poco después en Gigante, y al que le uniría una estrecha y sólida amistad. Su prematura muerte le marcó profundamente. Intentó imitarle en todo y emprendió un proceso de autodestrucción donde conoció a fondo el mundo del alcohol y las drogas. Esa actitud frente a la vida y su marcada personalidad pronto le granjearon la etiqueta de actor rebelde y problemático. Apasionado con las técnicas de improvisación que estaba aprendiendo en el Actor´s Studio, durante el rodaje de Del infierno a Texas, de Henry Hathaway, hizo que algunas tomas se repitieran más de ochenta veces para poner en práctica todo lo que estaba aprendiendo. La consecuencia de todo aquello fue su obligado exilio de Hollywood. Se refugió en series de televisión como Bonanza y en películas de serie B. Es en esta época cuando empieza a probar suerte con la fotografía y la pintura y se hace gran amigo de Andy Warhol.

Diez años fueron suficientes para que en Hollywood olvidasen su fama de actor conflictivo y le permitieran reconciliarse con la industria del cine. Hasta el propio Hathaway le perdonó y le dio un gran papel en Valor de ley, donde conoció a John Wayne, que marcó profundamente la forma de trabajar de Hopper. En 1969 dirije por primera vez, y lo hace nada más y nada menos que con una película que cambió para siempre la industria del cine: Easy Rider, que demostró que una buena película se podía hacer con poco presupuesto y que era posible llegar a ser al mismo tiempo una película de culto y un éxito de crítica y de taquilla. Con guión del propio Hopper y de Peter Fonda y protagonizada por ambos, junto a un Jack Nicholson que empezaba a dar sus primeros pasos, Easy Rider nos muestra la realidad de la incomprensión y el fanatismo de la América profunda a través de los ojos de dos hippies aventureros que, a bordo de sus motos, recorren el país en un viaje hacia la libertad. La genereación del 68 y la oposición a la guerra de Vietnam que marcaban la vida de los jóvenes de aquellos años corren por sus venas.

Aquel éxito le abrió las puertas como director, aunque sus siguientes proyectos, tanto artísticos como personales, fueron un auténtico desastre. Las brutales fiestas que organizaba continuamente en las que se consumía de todo fueron famosas y tuvieron la culpa de aquellos desastres que le llevaron a un nuevo exilio forzoso, esta vez a Europa, donde trabajó a las órdenes de Orson Welles en una película que jamás se llegó a estrenar: El otro lado del viento.

Francis Ford Coppola se atrevió a confiar de nuevo en él y le ofreció el papel del fotógrafo en Apocalypse Now y también volvió a contar con él en otra película posterior: La ley de la calle. Sus problemas con las drogas le llevaron a autolesionarse para intentar acallar las voces que decía que permanentemente oía en su cabeza. A partir de ahí inicia un proceso de desintoxicación para superar sus adicciones que le lleva a una etapa más madura en la que vuelve a poner en evidencia su inmenso talento interpetativo en películas como Terciopelo Azul, de David Linch. De esta época es su inolvidable papel de un exalcohólico en Hoosiers (Más que ídolos), que le valió su nominación al Oscar como mejor actor de reparto. Rodó Extraño vínculo de sangre, el debut como director de Sean Penn, y ha seguido participando en numerosas películas y series de televisión (Crash) hasta nuestros días. Entre sus trabajos como director destaca Colors (Colores de guerra), ambientada en el submundo de las bandas juveniles de Los Ángeles.

Actor de mirada triste y sonrisa melancólica, por su rostro pasan todas las emociones, los sinsabores, las alegrías y los sueños de un hombre que, por encima de todo, ama estar vivo. Puede que su enorme talento, su impulsiva personalidad y su camaleónica versatilidad no hayan encontrado todas las posibilidades que ofrecen en un mundo tan cerrado como el del cine, un mundo que siempre ha intentado encasillarle en papeles de neurótico solitario, de hombre atormentado por la inseguridad, de un ser devorado por la culpa y el remordimiento… Intentaron encerrarle en el sempiterno papel del perdedor; puede que Hopper lo fuera, sí, pero nunca le vencieron, porque él siempre fue un perdedor indomable.

Me gustaría acabar esta entrada con una secuencia, quizá una de las más famosas de la historia reciente del cine, de True Romance (Amor a quemarropa), esa joya dirigida en 1993 por Tony Scott con guión de un jovencísimo Tarantino, que aún no había dirigido ninguna película, y un reparto excepcional con cameos de Brad Pitt, Gary Oldman, Samuel L. Jackson, James Gandolfini o Val Kilmer entre otros, en la que Hopper da vida a un expolicía jubilado que trabaja como guarda de seguridad y que intenta proteger a su hijo (Christian Slater) y a su chica (Patricia Arquette), que han robado un cargamento de cocaína a la mafia y han emprendido la huída. Christopher Walken, inmenso como siempre, es el jefe de la mafia que interroga a Hopper para saber dónde ha huído su hijo. Walken es consciente de que necesita hacerle hablar; Hopper, acorralado y sin salida, sabe que, hable o calle, morirá y por eso su objetivo no es otro que provocar que le maten cuanto antes para que no le obliguen a decir dónde está su hijo. Esta secuencia es una verdadera obra maestra: las soberbias interpretaciones de Christopher Walken y de Dennis Hopper son inolvidables; el guión es alucinante; la luz y la fotografía son magistrales; las posiciones de la cámara y los sutiles contrapicados ceden todo el protagonismo a los actores haciendo que nos sintamos como si nosotros mismos estuviésemos en esa habitación; los secundarios, apenas figurantes en esta escena, con Gandolfini entre ellos, están espléndidos; la sorprendente utilización de la música empuja la acción y la emoción hasta límites insospechados… En fin, que os dejo con ella para que la disfrutéis a tope. He insertado la versión original y la doblada al castellano para que no os perdáis el más mínimo detalle. Al escribir estas líneas, leo en prensa que en estos momentos Hopper está librando una de las últimas y más duras batallas de su vida: un cáncer de próstata. ¡Va por ti Dennis, por ti, por no haberte dejado vencer nunca, por luchar siempre hasta el final… y por todas esas interpretaciones inolvidables que nos has regalado!

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Mikhail Baryshnikov, poesía de la danza en libertad

24 Enero, 2010

Hoy quiero hablaros de uno de esos seres irrepetibles capaces de hacernos soñar y de elevarnos  alto, muy alto, tras esos sueños: Mikhail Baryshnikov. Es, posiblemente, uno de los mejores bailarines de la historia. Formado en el ballet clásico, lo dejó todo para buscarse a sí mismo en la danza contemporánea. ¿Recordáis la escena de la película “White Nights” (Noches de Sol), en la que él baila ”Horses”, la desgarrada canción de Vladimir Vissotsky en un impresionate Kirov vacío, estando sólo frente a su antigua novia (una Helen Mirren extraordinaria, como siempre), intentando hacerle comprender lo que puede llegar a sentir al bailar en libertad, la irrefrenable necesidad que él tiene de ser libre? Su baile es poesía, la poesía de la danza en libertad…

Y ya que hemos empezado escuchando la profunda voz de Vissotsky, os propongo que, si queréis, sigamos con sus “Variaciones sobre temas gitanos”  mientras hablamos de Mikhail Baryshnikov.

Considerado por muchos como el mejor bailarín de todos los tiempos, su vida podría llevarse perfectamente al cine. Nacido en 1948 en Riga (República Socialista de Letonia, antigua Unión Soviética), ya que su padre, ingeniero del ejército soviético estaba destinado allí, era una chaval apasionado por la natación y el fútbol. Cuando tenía once años, su madre, gran aficionada a la danza, presentó una solicitud para que le admitieran en la Escuela de Ballet del Teatro de la Ópera de Riga. Sin dar ninguna explicación ni dejar ninguna carta, su madre se suicidó a los pocos meses. Su eduación recayó entonces en su padre y en su abuela. Poco después llegó una carta en la que confirmaban que Misha, como le conocen sus amigos, había sido admitido en la Escuela de Ballet. Al principio se sintió más atraído por el piano, pero acabó centrándose en sus estudios de danza. En 1963, durante una visita a Leningrado, Alexander Pushkin, una verdadera institución de la danza en la Unión Soviética, le hizo una audición y le admitió como alumno en la Academia de Ballet Vagánova.  Pushkin, que había sido profesor de Nureyev, fue para Baryshnikov como un segundo padre, ya que, con quince años, abandonó definitivamente su casa para incorporarse a la Academia. Tras tres años de formación muy intensa, fue admitido en el Ballet del Kirov no como aprendiz del cuerpo de baile, como maracaba la tradición, sino como solista en Giselle. Enseguida empezó a ganar premios internacionales y dos años después ya obtuvo su primer papel principal. Fue el bailarín más joven en recibir el Premio del Estado al Mérito de la URSS. En aquella época se consagró como uno de los mejores bailarines de ballet clásico del mundo.

Sin embargo Baryshnikov sentía la necesidad de buscar nuevas formas de expresión y estaba muy interesado en conocer a fondo las coreografías y las nuevas tendencias de la danza moderna. Pero en la URSS no era posible adentrarse en ese camino, y su futuro se centraba exclusivamente en ser la primera figura mundial del ballet clásico, lo que a él no le llamaba especialmente la atención.  Por ello miraba cada vez con más envidia y entusiasmo a los grandes coreógrafos occidentales. Quería bailar a Roland Petit, a Balanchine, etc… En 1974, durante una gira del Kirov por Canadá, decidió desertar de la Unión Soviética. Al acabar la última representación en Toronto, se escapó por la puerta de atrás el teatro y pidió asilo político. Poco después se trasladó a los Estados Unidos, donde se incorporó al American Ballet Theater como bailarín principal. Centrado en la danza moderna, entre 1978 y 1980 abandona el ABT para crear, junto a George Balanchine y Jerome Robbins, el New York City Ballet, con el que trabaja dos años, antes de regresar, en 1980 al ABT donde compaginará su trabajo como primer bailarín y la dirección artística durante una década. Es también en 1980 cuando se une sentimentalmente a Jessica Lange, con la que nunca se casó, porque él siempre ha defendido que no cree en el matrimonio, y con la que tuvo una hija. Durante esa época empieza a sufrir sus primeros problemas con la rodilla derecha, que desembocarán en una larga serie de operaciones que, si bien nunca le han impedido seguir bailando, han limitado parcialmente algunos movimientos (de hecho, en las nuevas coreografías que se han hecho para él, esas limitaciones se han tenido en cuenta para no cargar su rodilla). Tras su relación con Jessica Lange, con la que sigue manteniendo una gran amistad, se unió sentimentalmente a la exbailarina Lisa Rinehart, con la que tiene tres hijos.

En 1990 abandonó definitivamente el ABT para crear el White Oak Dance Project, su propia compañía con la que da varias giras por todo el mundo, en las que él sigue bailando acompañado de bailarines mucho más jóvenes, dando a conocer nuevas coreografías de jóvenes talentos que incluye en su repertorio junto a otras ya consolidadas. Hace algunos años visitaron Barcelona, dentro del Festival del Grec, donde obtuvieron un gran éxito. Yo tenía una espléndida localidad para ver la última función, pero la lluvia obligó a cancelarla. Aquella noche yo acompañaba a un familiar que tenía que ir en silla de ruedas por lo que me dejaron entrar por la entrada de artistas que da directamente al escenario. Refugiados de la lluvia en aquella entrada, un interminable túnel de más de 200 metros, nuestra sorpresa fue cuando, poco después de que se anunciase oficialmente la cancelacíon de la función, el propio Barysnikov se acercó para pedirnos disculpas por no poder bailar aquella noche y se quedó charlando un rato con nosotros. Su humildad y el calor humano de aquel gesto son realmente difíciles de olvidar, como lo es también lo que me comentaron algunos de los miembros de la Cruz Roja que estaban allí:  la noche anterior, justo antes de la función, también había empezado a llover y Barysnikov, viendo que el público seguía esperando a la intemperie, salió personalmente al escenario con una fregona y empezó a secar la tarima del escenario pidiendo al público que esperase un poco más hasta que el escenario estuviera totalmente seco, porque aquella noche, pasada ya la lluvia, iban a bailar…

En 2005 creó el Baryshnikov Arts Center (BAC), en Nueva York, para dar cabida a las actividades de la Barysnikov Dance Foundation. El BAC es un laboratorio creativo multidisciplinar, un punto de encuentro y un espacio escénico para artistas de todo el mundo que, de otra forma, dificilmente habrían tenido oportunidad de poder actuar en Estados Unidos. Tiene su propia compañía residente. Cada año sigue saliendo de gira con la compañía, visitando escenarios de todo el mundo. Su personalidad arrolladora encontró su auténtico mundo en la danza moderna, a la que ha consagrado su vida, aunque, como él mismo dice, no se arrepiente de nada de lo que ha hecho: ”Cada ballet que he hecho me ha dado algo importante: todo lo que he hecho me ha dado más libertad”.

La forma de bailar de Misha Baryshnikov es inimitable. Supera su escasa estatura (los primeros bailarines suelen ser más altos) con una técnica prodigiosa y, sobre todo, con alma, esa alma que pone en todos sus movimientos. Le he visto llenar un escenario vacío con un sólo movimiento de su mano. Tiene una presencia, una forma tan especial de moverse, de detener el tiempo y de expresar sentimientos y emociones con su cuerpo que le hacen inigualable. Barysnikov es el encuentro del profundo amor por lo que hace, con la técnica y con la pasión, por eso todo en él es danza, es poesía y es libertad. Su baile es belleza, pasión y belleza.

Su adaptación a la vida americana no fue fácil ya que era un mundo muy diferente al suyo, un mundo que desconocía y del que no hablaba ni su idioma (“Yo sólo hablaba ruso, letón y francés; aprendí el inglés viendo las películas de Fred Astaire y de James Cagney por la televisión”). Además, Barysnikov siempre ha reconocido que “un ruso siempre tiene alma de ruso”. Jamás ha dejado de leer a los gandes escritores rusos.

En Estados Unidos compaginó su carrera como bailarín y director de diferentes Ballets con su trabajo como actor en varias películas. Su primer papel, en la película ”The turning point” (Paso decisivo), le valió ser candidato al Oscar al mejor actor de reparto en1977. Poco después rodó “White Nights” (Noches de Sol), y en 1991, “Company Business”, junto a Gene Hackman, aunque él nunca se ha considerado a sí mismo como un actor (“Intento defender mi trabajo y no desentonar demasiado”, suele decir). Su trabajo más reciente como actor ha sido para la televisión, en la última temporada de “Sexo en Nueva York”, donde era el novio de Sarah Jessica Parker.

Otra memorable actuación de Barysnikov en ”White Nights” es la de “Le jeune Homme et la mort”, la famosa coreografía de Roland Petit sobre música de J.S. Bach que abre los títulos de crédito de la película. Viéndosela bailar se entiende que dejara todo en su vida por bailar así. Con esta verdadera joya os dejo ya por hoy.

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Siendo nadie, yendo a ninguna parte…

17 Enero, 2010

Producto Interior Bruto (PIB), Producto Nacional Bruto (PNB), Renta per cápita, Renta disponible, tasa de desempleo, número de afiliados a la Seguridad Social, índice de confianza del consumidor… cada vez tenemos más y más indicadores de nuestro nivel de vida, de lo que alguien ha dado en llamar nuestra “calidad de vida”, nuestro “bienestar”. No deja de ser curioso que todos esos indicadores pongan únicamente el énfasis en lo que tenemos: la riqueza que tenemos, el trabajo que tenemos, la confianza que tenemos…  Tampoco deja de ser sorprendente que cuanto más rico es un país, o más “avanzado” como dirían algunos, los niveles de depresión, de stress, de  angustia y el número de suicidios de su población son cada vez mayores. Muchas veces no entendemos que pueda ser desgraciado alguien que “lo tiene todo para ser feliz” o que un multimillonario se suicide.

Realmente estamos inmersos en la sociedad del tener y poco o nada queda de la sociedad del ser, pero lo más grave es que parece que ni siquiera nos damos cuenta. Corremos de un lado para otro como pollos sin cabeza para poder pagar la hipoteca o para comprar un coche más grande. Creemos a pies juntillas eso que nos dicen de que tenemos que “llegar a ser”, olvidándonos de que llegar a ser  lo que en realidad significa es que ahora no somos. Hemos caído en la trampa de que la angustia por nuestro futuro o el remordimiento por lo que hicimos o dejamos de hacer en el pasado nos impiden vivir el único momento que realmente existe: el presente. Hemos renunciado a tener tiempo para nosotros mismos, a vivir nuestra vida. Parece que nos hemos olvidado de que la felicidad es algo que depende de nosotros, que no es algo externo, una especie de lotería que el Estado o quien quiera que sea administra arbitrariamente. ¿Cuánto  hace que no vemos a alguien reír abiertamente por nuestras calles? Si visitas cualquier país de los que desde aquí llamamos tercermundistas verás que sus calles están llenas de sonrisas, que sus gentes son inmensamente alegres y felices. Sin embargo, según nuestros indicadores económicos, esas gentes deberían ser mucho más desgraciadas que nosotros: ¡no tienen nada!

Si queréis, podemos invitar ahora al Lama Gyurme para que nos acompañe con “The Tsaok offering”, un viejo mantra tibetano que interpreta junto a Jean Philippe Rykiel:

Cuenta Matthieu Ricard en su maravilloso e imprescindible libro “En defensa de la felicidad” una anécdota que tuvo lugar en el Foro del Banco Mundial que se celebró en Katmandú (Nepal) en Febrero de 2.002. El representante del reino de Bután (un pequeño país del tamaño de Suiza perdido en los Himalayas que sólo tiene tres fábricas y dos almacenes y cuenta con algo menos de un millón de habitantes de los que treinta mil viven en Timbu, su capital) tomó la palabra para señalar que si bien su país no tiene un Producto Interior Bruto muy elevado, cuenta con uno índices de Felicidad Interior Bruta más altos del mundo. Las risas y las carcajadas de los representantes  de los países superdesarrollados inundaron la sala. Los butaneses, acostumbrados a que cada familia tenga sus tierras, su ganado y un telar que les permite ser autosuficientes, les miraron con desolación. Los sabios del Banco Mundial consideraban un atraso las decisiones que había tomado el pequeño reino de Bután: renunciar a la industrialización y al turismo para preservar su cultura y su entorno, y consideraban un atentado contra la libertad del individuo que en Bután se hubieran prohibido cosas como cazar, pescar, talar árboles o fumar. En Bután hay pobreza sí, pero no miseria ni mendigos. Puede que Bután no tenga grandes industrias ni infraestructuras, pero la educación y la sanidad son gratuitas. Quizá no haya millonarios en Bután, pero hay gente feliz y para comprobarlo basta con sentarse en la ladera de cualquier colina y escuchar los ruidos del valle. Oiremos a la gente cantar en la época de siembra, en la de la cosecha, mientras va de un sitio a otro… Como dice Matthieu Ricard, eso es “reflejo del índice de la FIB (Felicidad Interior Bruta). ¿Quién canta en Europa? Cuando alguien canta en la calle o es para pedir dinero o es porque le falta un tornillo. Si no, para oír cantar, hay que ir a una sala de espectáculos y pagar la entrada. Interesarse exclusivamente por el PIB no hace que a nadie le entren muchas ganas de cantar.”

“Siendo nadie, yendo a ninguna parte” es el título de uno de los pocos libros de Ayya Khema editados en nuestro país, y desde luego, como el de Matthieu Ricard, un libro imprescindible si queremos profundizar en el conocimiento y la práctica de la Felicidad Interior Bruta. Monja budista de origen alemán, que pasó su infancia en China y una gran parte de su vida en Extremo Oriente, Ayya Khema es una de las máximas divulgadoras de la filosofía budista en Occidente. Fundó monasterios budistas y centros de enseñanza y meditación por todo el mundo. Fue la directora espiritual de la Buddha- Haus, en Alemania, hasta el día de su muerte, el 2 de noviembre de 1.997.

Con una claridad exquisita, Ayya Khema nos acerca a los conceptos budistas con un lenguaje sencillo y directo que todos podemos entender. Sus libros son una invitación a que recorramos el camino que nos ayuda a superar el dolor y el sufrimiento para llevarnos a alcanzar la felicidad. Son muchas las cosas que nos apartan de la felicidad: nuestro ego, el apego, el deseo, y, por encima de todas ellas, nuestra ignorancia. Inmersos en una vida donde todo es prisa y ruido, donde el silencio ha dejado de existir, donde prevalecen el miedo a perder lo que tenemos y la angustia por no conseguir lo que anhelamos, donde día sí y día también, nos empeñamos en reafirmar nuestras creencias y puntos de vista sobre los de los demás, donde parece que sólo nuestro yo importa, en ese mundo absurdo y sinsentido resuenan con fuerza las palabras de Ayya Khema invitándonos a detener el tiempo, a acallar los ruidos que nos rodean y, sobre todo, nuestros ruidos y voces interiores, esas que siempre confundimos con nuestro verdadero Yo y que no son más que diferentes disfraces de nuestro ego. Y para lograr alcanzar todo eso, Ayya Khema nos acerca a las técnicas budistas de meditación, orientadas en una doble vertiente: a acallar todas esas voces y ruidos para alcanzar la calma mental (shiné), y a profundizar en la visión interior.

Como bien dice Ayya Khema, nuestro mundo está orientado exclusivamente a satisfacer las necesidades, innecesarias la mayoría de las veces, de nuestro cuerpo. Toda nuestra vida gira alrededor de ese objetivo. Un solo vistazo a nuestra casa nos permitirá darnos cuenta de ello: tenemos una cocina donde preparamos y guardamos los alimentos para nuestro cuerpo; un comedor donde los comemos; un salón donde dejamos que nuestro cuerpo se relaje o simplemente en el que buscamos que nos distraigan para evitar pensar; un dormitorio donde dormimos para que nuestro cuerpo descanse y se levante en plena forma al día siguiente; un cuarto de baño donde podemos pasarnos horas al día dedicados al cuidado de nuestro cuerpo, incluso hay quien tiene un gimnasio dentro de su casa para mantener su cuerpo en plena forma…

Pasamos dieciséis horas al día cuidando nuestro cuerpo y las ocho restantes durmiendo para que nuestro cuerpo descanse. Todo gira alrededor de nuestro cuerpo. Sólo nuestro cuerpo importa. Pero ¿y la mente? ¿Qué pasa con ella?

Nuestra mente no deja de pensar ni un solo segundo durante esas dieciséis horas, y sigue trabajando haciéndonos soñar mientras dormimos. No tiene un instante de descanso las veinticuatro horas del día, los siete días de la semana y los doce meses del año. ¿Cuándo cuidamos nuestra mente? ¿Cuándo la dejamos descansar? ¿Cuánto tiempo dedicamos al día a cuidar nuestra mente?, ¿Cuántos segundos al día conseguimos que deje de pensar y pueda descansar?, ¿Qué lugar de la casa es el que destinamos para cuidar nuestra mente? ¿Qué zona de la casa hemos reservado para tener un espacio de silencio donde podamos meditar? Ninguna.

Si nuestra mente está bien, aunque nuestro cuerpo no lo esté, nosotros nos sentiremos bien, pero por muy en forma que esté nuestro cuerpo, si mentalmente no estamos bien, nos sentiremos enfermos y decaídos. ¿Por qué no cuidar entonces la mente? ¿Tanto cuesta dedicar media hora cada mañana o cada anoche a meditar, a hacer que nuestra mente descanse?

Un gran sabio, Raimon Panikkar, dice que el drama del ser humano actual es que, aunque, en el mejor de los casos, es consciente de su insignificancia en este mundo y de que no es más que una gota de agua de lluvia que cae en el océano, se empeña en creer que es una gota y se angustia porque, al caer en el océano, dejará de existir, y no se da cuenta de que en realidad es agua, y que cuando caiga en el océano se unirá a él, formando parte de todo y por eso no desaparecerá jamás… Las sabias palabras de Raimon Panikkar, de Ayya Khema y de Matthieu Ricard nos ayudan a entender… que solo somos agua.

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¿Dónde han ido todas las cartas?

10 Enero, 2010

Hoy me gustaría hablaros de algo que, por desgracia, ya casi no existe: las cartas. Y digo que ya no existe, porque lo que llega hoy en el correo a nuestras casas ya no son cartas. Hoy no nos llega más que publicidad, facturas o cartas del banco. ¿Cuánto hace que no recibes una carta personal escrita a mano, de un amigo, un amor, o simplemente de alguien que quiere comunicarse contigo? Ni siquiera recibimos ya las felicitaciones de Navidad de toda la vida. Hoy todo ha cambiado. Ya nada queda de las cartas de amor, de la correspondencia entre los amigos o con personas con las que queríamos o necesitábamos compartir algo. Mails, facebooks y sms han acabado con una de las formas de comunicación más personales y hermosas que han existido: las cartas.

Hoy ya no queda nada del placer físico que era ponerse delante de un papel pensando en lo que íbamos a escribir, acariciando el lápiz o la pluma, oliendo aquella hoja de papel, de color a veces y blanco las más, en la que íbamos a depositar con extremo cuidado todos nuestros sueños, aquella hoja que llegaría a las manos de nuestro ser amado, aquel pedazo de papel que verían sus ojos, esos ojos que nos hacían sentir tan vivos…

 Al borrador, hecho y rehecho una y mil veces, seguía el amoroso trabajo de copiar la carta en limpio, esa carta que sería la que ella vería y que no podía tener el más mínimo fallo, ninguna mancha por insignificante que fuera, porque esa carta era importante para nosotros, muy importante, porque en esa carta habíamos puesto todo nuestro amor. Una vez acabada, la leíamos y la releíamos para asegurarnos de que no nos habíamos dejado nada, de que todo lo que queríamos decir estaba escrito en aquellas líneas perfectamente ordenadas que llenaban las dos o tres hojas que nuestras cartas de amor solían tener… se pueden decir tantas cosas en dos o tres hojas…

 Y, finalmente, la doblábamos con un cuidado exquisito y la metíamos en un sobre del mismo color en el que escribíamos su nombre y su dirección en una especie de ritual mágico que haría que la mano anónima de un cartero llevase nuestros sueños a nuestra amada… Tras pegar con sumo cuidado el sello y depositarla en un buzón como si fuera nuestro más preciado tesoro, empezaba otro juego maravilloso: el de imaginar por dónde iría esa carta, dónde estaría, cuánto faltaría para que ella la recibiera, cómo la recibiría, dónde, qué estaría haciendo, qué cara pondría al ver el sobre con nuestro remite, dónde se refugiaría para leerla en soledad…

 Y luego, inevitablemente, empezaba la última parte de aquel juego que mantuvo vivas a generaciones enteras: el de la espera, la sempiterna y esperanzada espera de su carta, y el de la inquietud por tener en nuestras manos, ante nosotros, todos los sueños que ella quisiera compartir con nosotros… Aquella espera sin tiempo, porque nada hay más relativo que la duración del tiempo cuando se ama, podía hacerse eterna, pero nos mantenía vivos, maravillosa e intensamente vivos: cada día revisábamos, ansiosos, nuestra correspondencia con la esperanza de encontrarnos con su carta, y cada día seguíamos soñando en el contenido de aquella carta que, cuando llegaba, porque aquellas cartas siempre llegaban, mirábamos con devoción antes de atrevernos a abrirla. Dejábamos que nuestros dedos recorrieran lentamente aquel sobre en el que ella había escrito nuestro nombre, contemplábamos extasiados la belleza de su letra, una letra redonda, precisa y perfecta que sólo ella podía haber escrito. Antes de atrevernos a abrirla la sopesábamos, calculábamos secretamente las hojas que tendría y nos refugiábamos con ella en nuestras manos en el lugar más solitario de la casa, allí donde nada ni nadie pudiera interrumpir el ansiado momento de encontrarnos, al fin, a solas con ella…

 ¿Dónde han ido todas las cartas?, ¿Por qué hemos dejado de escribir poniendo todo nuestro amor al hacerlo?, ¿Cómo es posible que hayamos renunciado al inmenso placer de dedicar esos momentos tan íntimos a la persona a la que amamos?, ¿Por qué no nos rebelamos de una vez contra todo esto y volvemos a escribir cartas de amor…?

Ahora me gustaría que, si quieres, invitásemos a acompañarnos a la inolvidable Marlene Dietrich con su versión del ”Where have all the flowers gone?”, la maravillosa canción de protesta pacifista de Pete Seeger que me ha sugerido el título de esta entrada.

Hablar de cartas y no hablar de amor es como hablar del agua sin haber visto nunca el mar. Así que, venga, vamos a hablar un rato del amor. Dice Silvio Rodríguez que los amores cobardes no llegan a amores ni a historias, se quedan allí, ni el recuerdo los puede salvar… Pero hay otros amores, los que sí merecen vivirse porque dan sentido a una vida. Uno de ellos fue el de Pedro Salinas por Katherine Whitmore. Fue un amor clandestino, un amor a distancia, un amor verdadero que nada supo de obstáculos ni fronteras, un amor valiente que, más allá del espacio y del tiempo, nos llega en cada uno de los versos del poeta y en cada una de las cartas que escribió a su amada.

 Salinas la había conocido en el verano 1.932, cuando ella, estudiante norteamericana, asistía a unas conferencias que él dio en la Residencia de Estudiantes de Madrid. Algo mayor que ella, él estaba ya casado y era un reputado intelectual y profesor universitario. Tiempo después ella regresó a Estados Unidos y sólo volvieron a verse esporádicamente. Durante quince años mantuvieron una intensa relación amorosa, a pesar de la enorme distancia que les separaba. Salinas conoció la crueldad de la guerra y el dolor del exilio, un dolor que marcó profundamente su vida y su poesía.  La vio por última vez en la primavera de 1.951, pocos meses antes de morir. Ella murió en 1.982. Durante toda su vida guardó las cartas que él le había escrito, aquellas cartas en las que vivía su amor y que, tras muchas dudas, legó a la Houghton Library de la Universidad de Harvard, unas cartas que, entre otras muchas cosas, dicen:

 “ Por primera vez escribo en un sobre: Prospect Street. ¡Tu casa! Mi carta lo sabrá todo. Sabrá todo lo que yo no sé, lo que quisiera saber. Cómo es Northampton, cómo es tu calle. Subirá la escalera de tu casa, entrará por la puerta por donde tú entras, llegará a tu mismo cuarto. Y la carta que va, que anda, que llega, no tiene ojos, y ciega no podrá ver lo que yo con todos mis ojos abiertos, ansiando ver, no puedo ver tampoco. ¿La envidio o no? ¿Quién estará más cerca de ti, ella o yo? ¿Es preferible ser la materia que está a tu lado, aunque sea sorda, ciega, o el alma que está lejos, viva, despierta, queriéndote? Los dos incompletos, la carta y yo. Pero qué envidia poder estar en tu mano, bajo tus ojos, vivir a la luz de tu mirada, como estas letras. Toda esa fortuna la tendrá este trozo de papel, pasivo, que la recibirá sin saberlo. ¡Y yo, mientras! Katherine, ahora me acuerdo de una frase que oí en el tren a un joven andaluz, que se quejaba del largo camino diciendo: “¡Qué lejos está tó!”. Sí, es verdad, qué lejos está todo. Y entre esta enorme distancia, este puente de papel, que yo te tiendo cada día por encima de todo, para que por encima de él pase un alma con todos sus deseos, sus ilusiones, su querer… Otra vez me pregunto ¿será posible, será posible que ella me quiera? Repaso tus perfecciones, una por una, me recreo en pensar en tu belleza, en tu espíritu, en tu gracia corporal y del alma, en tu mirada, en tu tono de voz, en tu hablar. A veces tengo miedo de que las cosas que te digo te parezcan tonterías, ¿sabes? ¡Soy tan apasionado, tan impetuoso para ti! Mira, Amor, tal alegría tuve ayer al leer tus palabras, que sentí necesidad de decírtelo pronto, fuera como fuera. Te puse un radio, que supongo te habrá alcanzado en el Columbus, sólo con estas palabras: Always, wonder. ¡Y qué infantil gozo sentí al pensar en tu sorpresa al recibirlo! ¿Sabes?, fue toda una historia. ¡España! Aunque te parezca mentira, en Telégrafos, en Alicante, nunca se había puesto un radio para un barco yendo a América. Consultaron no sé cuántos libros y tarifas, me entretuvieron diez minutos y me miraron con cara de asombro. Yo, que quería pasar inadvertido, me hice famoso en la oficina. Pero, ¿sabes?, es que no podía callar; necesitaba hablarte, lanzarte dos palabras sobre el mar…

…¡Fin del día! ¡Por fin, fin del día! Se acabaron ya los asuntos enojosos, los quehaceres de los demás, el mundo tangente. Luz apagada en mi cuarto, sólo queda la lámpara que me alumbra para escribirte. No más luz que la necesaria para ti y para mí: lo demás es sombra… Tengo la sensación, íntimamente deliciosa, de encender nuestro mundo, de apagar el mundo restante. Hay fronteras. Fronteras de luz, para nuestro reino de luz. Lejos del vasto conjunto del mundo un espacio, unos centímetros cuadrados, una isla. Nuestra isla, esta luz, esta noche. Alrededor, sordo, enorme, cercándonos, lo demás, los demás…

… Soy tan apasionado, tan arrebatado, que me dejo llevar. Pienso que te escribo demasiado. Te resultaré abrumador, excesivo. No tendrás tiempo de leer mis cartas. Subrayo leerlas porque una carta tiene que pasar, para ser leída, por muchos estados. Primero recorrerla con la vista, lectura material, pero ya captando al pasar  lo más esencial. Luego leerla con el recuerdo. Ya nos hemos dejado la carta en casa, estamos en nuestras obligaciones, vamos por la calle, o muchas veces se tiene un libro en la mano, parece que se lee el libro y no es así: la vista, distraída, se aparta del libro impreso, y lo que leemos en realidad es aquella carta que está en casa o en el bolsillo. ¿No me lees tú mentalmente, mucho? Yo a ti enormemente. Lectura del pensamiento: deliciosa, encantadora: recordamos frases enteras, ideas, palabras cariñosas, y con todo ello nos creamos nosotros la carta otra vez. ¡Cuántas veces ando yo por la calle, o estoy sentado en mi despacho y te leo así! Luego viene la tercera fase: Es mucho más fecunda que la primera. Ya la conocemos, ya nos detenemos en los pasajes más queridos, y acaso descubrimos otros nuevos. Es la perfección de la lectura, ya total, pasada por completo por el alma y por la vista. Y después no hay sino dejarla ya, que se pose en la memoria, que grabe allí lo que más hondamente impresionó, que se incorpore a nuestra vida: ya la hemos hecho nuestra. ¡Delicadísimo, esto de leer una carta!…

…¡Qué suerte tengo en quererte, a ti, entre todas! Amor misterio, sí, como tú dices, amor prodigio como yo me repito a diario. No puedo creer que nuestro primer encuentro, nuestro primer cruce de miradas fue en un aula de la Residencia, una tarde de agosto, no. Eso son apariencias, no más. Veníamos de mucho antes… Yo me entregué a ti, desde muy pronto. Te quise sin reserva, por una orden interna que me mandaba fiarme de ti, darte mi confianza total. ¿Es eso lógico, prudente, sensato? No, ¡era amor!. No se me pasó por la cabeza ni un momento la idea de una aventura, de un capricho, que me aconsejaran poner cálculo o precaución en nada. Me di, a ti, antes de saber si tú te dabas a mí en algo más que en simpatía o en gusto momentáneo…

… Ayer tuve una sensación más, aguda, vivísima, de mi nuevo estado, del nuevo ser que soy desde agosto. Son estos días los días de difuntos, y acostumbro a ir todos los años a llevar flores al sepulcro de mis padres. Me gusta ir siempre solo. Es como un retorno en memoria a ese mundo de mi niñez ya hundido, a mi ser más remoto en el tiempo… Me siento al sol, un rato, renuncio a la prisa y hasta la prisa parece que renuncia a mí. Y suelto mis pensamientos. Una confidencia, una confesión, en silencio, de todo lo que siento. ¿Confidencia, a quién? No sé. ¿A mis padres, enterrados allí? No creo. Más bien a esa parte de uno mismo enterrada ya también en el tiempo, si no en la tierra. A mi yo de ayer. A ese yo que en los años anteriores iba al cementerio en estos mismos días, y se sentía ya como terminado, como habiendo pasado la parte mayor de la vida y sin embargo con mucho afán de vivir aún. ¡Qué bueno es eso de confrontarse así, de una vez, con el pasado y con la muerte! Es como tomarse la tensión vital, del mismo modo que un doctor te toma la tensión arterial. ¡Tensión vital, es decir, capacidad, flexibilidad de los canales de la vida, de las arterias de la vida, para conducir la fuerza de vivir! ¡Cuántas veces, en estos últimos años, me he sentido, alma mía, bajo de tensión, desconfiado de mi sistema arterial-vital! Inclinado a rendirme, a ceder, a esa terrible cosa de seguir siendo, en vez de ser. Pero ahora, ayer, mi tensión vital (me la tomaba el pasado, el sol, el aire, la soledad, ciñéndome como la pulsera del médico) la sentí más firme, más voluntariosa que nunca. ¡Quiero vivir, y no seguir viviendo! Soy, soy, mi Katherine me confirma que soy. Y mientras ella me quiera seré ese nuevo hombre que ayer daba gracias a la vida, la deseaba totalmente, allí, en ese lugar donde se acaba…

 …No tiene ningún valor, Katherine, que un ser sienta a otro cuando lo ve o lo toca o lo oye. Es pura reacción de los sentidos. No se existe, entonces, del todo. Cuando se existe plenamente es cuando un ser siente a otro a miles de kilómetros, sin verle ni oírle, como yo te siento a ti. Y más aún. Cuando se siente a ese otro ser no como color, o voz o forma, ni por recuerdo simple de los sentidos, sino por su esencia total, por encima de todo lo particular. Te siento en mi vida. ¡Estás, eres! ¿Dónde? ¿Cómo? No lo sé. Pero me llena la vida la simple noción de tu existencia. De tu realidad. Nadie más que tú en el mundo sabe que yo llevo dentro de mí un ser feliz, un ser nuevo. Tú eres la causa y el efecto de mi alegría. Por ti, hoy, en medio de mi vida, en ese momento terrible en que uno parece que empieza a echar de menos lo pasado, yo empiezo a echar de menos lo futuro. Envejecer es querer revivir lo ocurrido. Ser joven es querer vivir lo no ocurrido aún. Y yo, que envejecía, lo sentía en mí, hoy ya no envejezco. Hoy quiero vivir lo no sucedido. Vivir, no revivir…

…Katherine, si yo te hubiese invitado a un camino liso, sin quiebras, tú al seguirme no valdrías tanto, no te elevarías tanto como al haber  querido aceptar esta marcha por la vida, entre relámpagos, entre destellos y riesgos. Katherine, no es por quererme a mí, no, sino por querer así, por lo que tu alma, toda tú, me pareces tan bella, tan superior… Créeme, alma, si tú me sigues queriendo es que estás penetrada de un sentido de la vida en el que puedes y quieres encontrarte conmigo, es que quieres vivir como pocos, como poquísimos, amar en la cúspide del amar, no por ventaja, por cálculo, por goce material, por comodidad, por simple gusto, no, sino por vivir en el grado máximo del vivir, porque eres de esas naturalezas superiores que no quieren apagarse en la vida sin haber dado antes la llama más alta, aunque así duren menos. Sí, Katherine, no hay que consumirse despacio, como la vela; mejor la vida como yo hago arder, arder por dentro, ser todo ya combustible del más alto fuego. Eso quema, sí, pero peor para los que no quieren acercarse al fuego en la vida. Tú, alma, eres de los otros y el encontrarte, a ti, así como eres, fue un instante crítico, decisivo de mi destino. Todo se echó a suertes en aquel momento. Gané. Ojalá no me huya nunca de las manos este tesoro…

…En Madrid, otra vez. ¡Qué buen viaje el último! ¿Sabes? Esos días de viaje son ya los únicos que me quedan de descanso. Nadie viene a importunarme, no hay teléfono que me moleste, siento aire fresco en la cara, veo el mundo correr a mi lado. Todo está en suspenso. Todo está entre. Te puedo escribir sin que me espere nada. Dejo vagar la imaginación hacia ti… Hice una cosa que no recibirás, pero que fue. Me acordé de la playa, de cuando escribía tu nombre y empecé sobre el vidrio empañado de la ventanilla del departamento a escribir tu nombre, como en una playa en invierno. Lo hice semiinconscientemente, pero no puedes figurarte el turbión de recuerdos que eso me provocó. Yo de niño he sido un niño triste, delicaducho, pálido. Muy encerrado en casa. El balcón era mi escape al mundo. Por él miraba la vida. Pero a ratos, cansado de mirar la vida, echaba el aliento sobre el cristal del balcón, y en la superficie empañada escribía con el dedo otra vida, letras, signos, muñecos, mi otra vida de niño. Ésas fueron mis primeras poesías, mis versos inconscientes y sin palabras… También allí, en el tren, estaba escribiendo otra vida. Tu nombre no quedaba en el cristal. Lo escribía en la noche, en el cielo, en el mundo. Un dedo movido por un impulso de niño escribía sobre el mundo, quería grabar en su tersa lámina nocturna el nombre de la más amada, para que no se borrara nunca. ¡Y ni siquiera llegaba a estar escrito! Katherine, juego de niño, amor de hombre, cómo se me juntaban ayer en el corazón. Y llegué a Madrid, procedente no de Santander, sino de ti. Y llegué a tus cartas… Sé que el pasado es pasado, que a ti te pertenecen el presente y el futuro…”

Salinas nos enseña que lo importante es amar, que vivir no es más que amar y que hacerlo es no poner reglas al juego, es atreverse a vivir un amor sin límites y hasta el final. Tiene razón Silvio cuando condena los amores cobardes. Viendo la forma de amar de Salinas entendemos que el amor es del que ama, del que se atreve a amar, del que se arriesga a darlo todo. Otros se contentan con ser amados o con limitarse a hablar del amor. Los cobardes nunca sabrán lo que es amar.

Sólo a través de estas cartas podemos llegar a entender de verdad los sentimientos que Salinas vertió en su poesía, en esa imprescindible trilogía del amor que forman “La voz a ti debida”, “Razón de amor” y “Largo lamento”, esos versos en los que dice: “Qué alegría vivir sintiéndose vivido. Rendirse a la gran certidumbre, oscuramente, de que otro ser, fuera de mí, muy lejos, me está viviendo… Morirse en la alta confianza de que este vivir mío no era sólo mi vivir: era el nuestro. Y que me vive otro ser por detrás de la no muerte.”

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Al Pacino, la visión de un actor

3 Enero, 2010

Hoy voy a hablar, parafraseando a Almodóvar, de “su majestad” Al Pacino, para mí, uno de los mejores actores de todos los tiempos. Pocos como él han sabido traspasar la pantalla para hacernos llegar sus sentimientos más profundos. Capaz de helar nuestro corazón o de incendiarlo hasta límites insospechados, Pacino, estrella de cine contra su voluntad, siempre se ha considerado a sí mismo como un hombre de teatro. De origen humilde, descendiente de emigrantes sicilianos, nació en Nueva York, en pleno barrio del Bronx, un barrio que marcó profundamente su personalidad desde pequeño. Supo que quería ser actor al ver, con catorce años, una representación de “La gaviota” de Chejov.

Y para hablar de una personalidad tan marcada por sus orígenes, os propongo que sea Bruce Springsteen, otro enamorado sin remedio de su New Jersey natal, quien, si queréis,  nos cuente en My hometown una historia de barrio. Pacino es un apasionado de Nueva York, no hay quien le saque de allí. Cuando cumplió cincuenta años, paseando por la calle, se encontró con Bruce que, al enterarse de que era su cumpleaños y no tener en ese momento ningún regalo para él, se quitó su propia cazadora y se la regaló.

 

Jugador de béisbol frustrado, Pacino se matriculó en la  High School of Performing Arts. Allí tomó contacto por primera vez con Stanislavsky y el Método, pero le pareció aburridísimo: “¿Qué puede enseñarme Stanislavsky? Él es ruso y yo del Bronx.” Intentó entrar en el Actor´s Studio, pero no pasó la prueba de acceso. Tras un año en la  High School of Performing Arts tuvo que dejar los estudios de interpretación para ponerse a trabajar. Fue mensajero, vendedor de zapatos, cajero de supermercado, repartidor de diarios, limpiabotas, acomodador… A mediados de los sesenta, con un amigo, empezó a escribir escenas cómicas que representaban en los cafés de Greenwich Village (“Hacíamos obras y luego pasábamos el sombrero. Así vivíamos. Yo era realmente un actor de la calle, un gitano, sin techo y sin blanca. Mi educación procede de los sesenta. Vivía en antros y en basureros, en pensiones y hoteles de mierda. Para mí, cualquier lugar que tuviera agua corriente y baño en la habitación era el paraíso”). Participó en numerosas obras de teatro (“En el escenario sentí que, por primera vez, podía hablar. Los personajes decían cosas que yo nunca hubiera podido decir, cosas que siempre había deseado decir, y eso fue muy liberador. Me liberó, me hizo sentir bien.”) Cuatro años después volvió a presentarse a la prueba del Actor´s Studio y fue admitido. Recordaba que una profesora del Perfoming Arts le había dicho que tenía una gran naturalidad para actuar y se pasó años buscando ser natural. “No sabía la diferencia entre ser natural y ser real”, recuerda Pacino. El Actor´s Studio fue fundamental no sólo en su carrera, sino también en su vida: “Me infundieron confianza y me dieron un lugar donde trabajar, donde conectar con otras personas. Allí pude hacer de todo – Shakespeare, O´Neill-; era un lugar en constante actividad al cual llegaban actores a todas horas. Fue una etapa importantísima de mi vida. Siempre se lo agradeceré al Studio. Me gustaría casarme con ellos.”

Tras un pequeño papel en “Yo, Natalie” en 1969, y después de llevar casi diez años trabajando en el teatro, Pacino aceptó su primer papel protagonista en el cine: “Pánico en Needle Park”, en 1971. Antes de aceptar aquel papel había rechazado once más. Tremendamente exigente consigo mismo, al verse en pantalla pensó: ” tiene talento, sí, pero necesita trabajo. Necesita trabajar y aprender. Pero tiene talento.”

Poco después Francis Ford Coppola se empeñó en que Pacino debía ser Michael Corleone. Nadie en los estudios apostó por él y Pacino se sintió rechazado por todos durante las pruebas y gran parte del rodaje. El empecinamiento de Coppola logró convencer a los productores de que la atípica interpretación de un gánster que estaba haciendo Pacino acabaría siendo una de las mejores creaciones de personaje de la historia del cine. “Basta de audiciones, por favor, basta de pruebas de pantalla, Francis- le decía a Coppola- yo no quiero estar donde no me quieren. Puedo vivir sin esta película”. “No, debes hacerla” le contestó Coppola. “En el primer Padrino, lo que quise fue crear una especie de enigma, una persona de tipo enigmático. De manera que al mirar a esta persona sintieras que realmente no lo conocías. Cuando ves a Michael en alguna de esas escenas, como envuelto en una especie de trance, como si tuviera la mente completamente llena de ideas…, eso es lo que traté de hacer. De hecho para lograr ese aspecto me dediqué a escuchar a Stravinsky en el plató. Sentí que ése era el drama del personaje, que eso era lo único que lo haría dramático. De otra manera podía ser muy soso. Nunca he trabajado un papel como ése. Ha sido el papel más difícil que he tocado…” Tras la muerte de Marlon Brando, un mito viviente para Pacino, Evans, uno de los productores de la película, reconoció que nunca había querido a Pacino para el papel de Michael Corleone, pero que Brando le llamó y le convenció diciéndole. “Pacino es una persona meditabunda, y si es mi hijo eso es lo que necesitas, porque yo soy meditabundo…”. A partir de aquel día el papel fue suyo.

Tras “El padrino”, Pacino rodó “El espantapájaros”, una road movie sobrecogedora junto al siempre soberbio Gene Hackman, en la que da vida, porque Pacino no interpreta, sino que da vida a sus personajes, a Lyon, un joven con problemas mentales que cruza el país para llevar un juguete a su hijo, un hijo al que todavía no conoce porque su madre se lo impide. De nada le sirve cruzar el país entero. Jamás podrá conocer a su hijo. La escena final en la fuente en la que, tras jugar con unos niños imitando a Long John Silver, se manifiestan definitivamente los problemas mentales de Lyon, es impresionante.   

Pacino es, por encima de todo, un amante del teatro: El Living Theatre y O´Neill, Chéjov e Ibsen ocupan un lugar destacado en su vida, siempre detrás, eso sí, de Shakespeare, posiblemente la influencia más grande que ha tenido: “Shakespeare es el escritor más capaz de conmovernos, porque habla de las emociones y sentimientos que hay en todos nosotros, y lo hace de la manera más grandiosa… Si habla de amor, lo hace tal como tú lo has sentido cuando más enamorado has estado… Me paso días enteros haciendo Shakespeare por mi cuenta, sólo por el placer de leerlo, de decir esas palabras… Hago Shakespeare cuando me siento en cierta forma. A veces me paso el día y la noche sentado aquí, interpretando algunos papeles. Puedo pasarme hasta diez horas seguidas así. Es como tocar una pieza musical, como acertar en cada nota. Una gran terapia… Para mí actuar es una necesidad. La necesidad lo es todo… Después de setenta funciones de Ricardo III empezaba a entender escenas que antes pensaba que nunca llegaría a entender. Sabía que tenía mucho que aprender… Con Shakespeare saber un poco te llevará muy lejos. Saber demasiado te jode… La palabra clave es sobriedad.” 

“La repetición es algo importante para mí. Alguien dijo alguna vez que la repetición nos permite conservar la inocencia. Me identifico con ello… Lo que uno realmente se esfuerza por aprender al actuar es cómo no actuar. De eso se trata. Actuar es no actuar… Actuar es usar lo que tengas a mano. Llevo toda mi vida actuando, y cuanto más lo hago más me doy cuenta de cuánto me falta por aprender… La interpretación sigue siendo un misterio para mí. No llego a entenderla. Uno ensaya, se las arregla para lidiar con el aburrimiento, con la espera… pero la interpretación, la interpretación en sí, no logro entenderla todavía…” Pacino es un actor al que le gusta explorar sus propios límites y experimentarlo todo personalmente, especialmente cuando trabaja en la construcción de sus personajes: “Si haces de tu personaje un ser humano, la gente puede identificarse con él. La gente se identifica si sus fragilidades y cualidades son visibles… No siento que aprenda nada observando. No me gusta observar. Aprendo más y mejor cuando lo hago yo mismo y cometo mis propios errores. De otra manera hay cierta tendencia a evitar errores que podrían ser útlies.”

Mike Newell, director de Donnie Brasco, comentó sobre Pacino:” No estaba seguro de que estuviera preparado para transformarse en alguien absolutamente absurdo. después de todo se trataba del tipo que había hecho de Michael Corleone. Pero estuvo magnífico. Eligió opciones arriesgadísimas. Fue como trabajar con Alec Guinness, el cual confesaba comenzar a construir un personaje desde los zapatos hacia arriba. Los actores de teatro famosos se dan cuenta de que lo externo es muy importante. Y Pacino siempre se considerará actor de teatro antes que cualquier otra cosa.” De hecho, cada cierto tiempo, cuando está cansado de los rodajes, necesita refugiarse de nuevo en el teatro y no es extraño verle actuar en salas alternativas de ochenta o cien localidades haciendo ocho funciones por semana.

Michael Mann, otro director que ha dirigido a Pacino, compara la forma de constrruir un personaje que tiene Pacino con la de otro actor con el que siempre se han empeñado en compararle: Robert De Niro: ” De Niro ve el papel como una construcción. Lo trabaja con mucho esfuerzo, detalle a detalle, confeccionando el personaje poco a poco. La forma que tiene Pacino de penetrar en su personaje es distinta. Es como Picasso observando un lienzo en blanco durante horas, en estado de concentración intensa. Y luego da una serie de pinceladas. Y una parte del personaje cobra vida.”

Chris O´Donnell, coprotagonista de “Esencia de mujer” por la que Pacino ganó el Oscar en 1992, tuvo la oportunidad de verle construir aquel inolvidable personaje del coronel ciego: “Es un hombre poderoso. Todo en él lo es. Su voz, incluso en su más bajo voltaje, irradia energía. Es un perfeccionista completo. Uno cree que su talento es innato, pero la verdad es que se esfuerza muchísimo. Todos los días, en los vestidores, le escuchaba trabajar en las escenas de los próximos días, y siempre se le ocurrían ideas nuevas. Quería hacer cada escena de cuarenta maneras distintas. Su creatividad era infinita. ¿Cómo se le podían ocurrir tantas ideas? Era abrumador.”

Son muchas las escenas que todos recordamos de aquella película, pero la del famoso tango de aquel ciego seductor y mujeriego con la joven desconocida del restaurante, quizá está por encima de todas. Y muchos deben ser también los recuerdos que debe guardar O´Donnell de aquella experiencia. Fascinado por haber hecho su primer protagonista en una película junto a Al Pacino, se quedó boquiabierto cuando, pocos días después de acabado el rodaje, recibió en su casa una nota de Pacino en la que le decía: “Enhorabuena chico, me han dicho que has estado magnífico. Lástima que yo no te haya podido ver…”

Garry Marshall, que dirigió a Pacino en Frankie y Johnny y dice de él que es tan puro, tan honesto y tan artístico que es como un pequeño don Quijote caminando por Hollywood, recuerda la diferente forma de trabajar de Pacino con la que fue su pareja en aquella película, Michelle Pfeiffer: ”A Al no le gusta aprender nada de memoria. Le gusta improvisar al principio, hasta que se siente cómodo; y entonces llega uno a ver la versión final. Michelle es todo lo contrario. Le gusta perfeccionar cada palabra y luego intentar otra versión. A Al le gusta intentar ochenta cosas desde el principio. A pesar de ello, la química entre los dos fue maravillosa.”

Sydney Lumet, otro de los directores que mejor han trabajado con Pacino, recuerda de él que “todo proviene de cierto núcleo increíble que tiene dentro de sí, un lugar al cual no pienso acercarme porque sería como acercarse al centro de la tierra. Lo que sale de este núcleo le pertenece de una forma excepcional. Pacino no confía en nada más. Es evidente que se trata de un hombre solitario.” Al empezar el rodaje de “Tarde de perros”, la célebre historia basada en el hecho real del atraco a un banco por dos delincuentes inexpertos que se transforma en el primer asalto con rehenes televisado en directo, Pacino pidió ver las secuencias rodadas el primer día. “Allí sólo ví a un actor buscando a su personaje, no había nada más. Estuve toda la noche dándole vueltas y más vueltas hasta que me dí cuenta de lo que pasaba: Yo llegaba al banco con las gafas de sol puestas. Y pensé : No, él no debería llevar gafas, debería habérselas olvidado en casa el día del asalto, porque no tiene experiencia, está muy nervioso y, subconscientemente, quiere que lo capturen…” Al día siguiente Lumet accedió a rodar de nuevo las secuencias, esta vez como todos las conocemos: sin gafas. Hay otra anécdota de ese rodaje también muy conocida: cuando Pacino sale a la calle para dialogar con la policía que le tiene rodeado y les suelta aquel inolvidable “Bésame”, al que contesta el atónito policía con un escueto “¿Qué?” y Pacino responde “Sí, bésame, me gusta que me besen en la boca cuando me joden…” Cuando se rodó aquella secuencia, estaba muy fresca en la memoria de los estadounidenses la dura represión policial que acababa de ocurrir en la prisión de Attica donde, para sofocar un motín en el que los presos exigían mejores condiciones carcelarias, la policía engañó a los presos haciéndoles creer que estaba dispuesta a negociar y, en lugar de negociar, asaltó la prisión. En aquel asalto murieron 39 personas, diez de ellas policías y funcionarios civiles. Pues bien, tras ensayar la secuencia, el ayudante de dirección le susurró a Pacino, justo antes de rodar la secuencia, que gritase “Attica” a los figurantes que aguardan tras el cordón policial. Nadie más sabía que Pacino iba a hacerlo. Aquel grito fue como un aldabonazo que fue coreado por todos los figurantes que, como si se tratase de una manifestación, se identificaron con el inexperto atracador de bancos e inmediatamente tomaron partido por él. La reacción fue tan auténtica que los figurantes que hacían de policías tuvieron serios problemas para contener a los manifestantes. Es una secuencia que forma parte de la historia del cine.

Son tantas las anécdotas de Pacino, y tanta la experiencia, la intuición, la sabiduría que hay en su forma de interpretar… Y él siempre acude a Shakespeare, su fuente inagotable; incluso cuando quiere definir el trabajo del actor lo hace usando las palabras de Hamlet: ” No seáis demasiado dóciles… dejad que vuestro criterio sea vuestro tutor: que la acción convenga a la palabra, la palabra a la acción… Ahora bien, todo ello, exagerado o a destiempo, tan solo enturbia el juicio, la censura del cual, en vuestra balanza, tendrá que pesar más que un teatro entero de los otros…”

“Si eres equilibrista, tu trabajo es caminar por la cuerda floja. Tienes que subir, y si te caes, ¡eso es el teatro! En las películas hay cuerda, pero está en el suelo. Ésa es la diferencia. Cuando estás en un escenario tu cuerpo cambia. La química de tu cuerpo cambia para sobrellevarlo. La vida que se lleva en el cine es distinta. No es que tenga menos arte u oficio. Son dos cosas distintas… Me preocupan más las obras de teatro que haré que las películas. Me siento más cómodo en una obra de teatro. En una película siempre hay una cierta sensación de control, de contención. En el escenario es muy distinto. hay que actuar más. Al actor de teatro se le exigen más cosas, debe pasar por más experiencias. El oficio cambia cuando se está sobre el escenario. La obra es la fuente y está orquestada con palabras. Cuando actúas para la cámara, la cámara recibe y nunca da nada a cambio. Cuando actúas frente a un público, el púbico reacciona, de manera que en cierto sentido el público y el actor se dan algo mutuamente. Es extraordinario. Es un territorio salvaje. En mitad de un diálogo te giras hacia el público y te das cuenta de que hay una mujer con la espalda deformada que te está mirando intensamente; y entonces piensas: “Estamos volando, ¿no es cierto? ¡Nos estamos moviendo!”. Es difícil de explicar. La vez que hice “Pavlo Hummel” en Boston, mi mirada se encontró de repente con un par de ojos del público, y pensé: “Es increíble, estos ojos me penetran”. Me pasé la función entera relacionándome sólo con aquellos ojos. No podía esperar a que cayera el telón para averiguar de quién se trataba. Cuando finalmente cayó, miré en dirección a los ojos y descubrí que eran los de un perro lazarillo. Pertenecía a una chica ciega. No podía salir de mi asombro: la compasión, la intensidad,  la comprensión de esos ojos… y eran de un perro…”

En 2006, Pacino se decidió, por fin, a publicar uno de sus tesoros mejor guardados: un pack de cuatro películas aparecido en EEUU bajo el nombre de “Al Pacino: An actor´s vision”, que incluye cuatro auténticas joyas con comentarios del propio Pacino sobre su experiencia al rodarlas: la imprescindible “Looking for Richard”, ese tratado sobre Shakespeare y la interpretación que dirigió el propio Pacino y que podéis ver en la página de clandestino de actores; “Chinese Coffee”, dirigida por Pacino, una verdadera clase magistral de interpretación en un mano a mano fantástico entre el propio Pacino, en el papel de un escritor frustrado y el siempre genial Jerry Orbach, en el papel de su amigo y en el que, sobre el impresionante texto de Ira Lewis, asistimos a un análisis en profundidad del  verdadero significado de la amistad; “The local stigmatic”, codirigida por Pacino y David F. Wheeler, otro espectacular mano a mano interpretativo entre Pacino y Paul Guilfoyle, con un perfecto acento Cockney por parte de ambos, en el que interpretan a dos parias de los suburbios de Londres que apalean a un famoso actor al que encuentran en un pub por el simple hecho de que él es famoso y ellos no; y por último, “Babbleonia”, una entrevista a Pacino de una hora en la que desgrana su vida, una vida dedicada a la interpetación. Si tenéis oportunidad, no os perdáis ninguna de estas cuatro verdaderas obras maestras.

El propio Pacino habla de ellas con verdadera pasión: “Para mí, no debían verse como películas. No son películas, son obras de teatro que se han filmado con el estilo de una película… En cierto sentido lo que hacen estas obras es acomodarse al medio del cine, pero manteniendo al  mismo tiempo la vitalidad y el ritmo de la obra de teatro. Se trata de mantener la idea del teatro en la película… No sé si estas obras son muy accesibles ni si a la gente le interesa verlas; pero eso no quiere decir que no tengan valor. Creo que son tan valiosas como las películas comerciales que la gente va a ver. Creo que estas películas pueden afectar a la vida de la gente. La gente reflexionará sobre lo que ha visto, tendrá opiniones, sentirá cosas. Estas películas tienen un valor, no las sacaría a la luz si no lo creyera. Hice Stigmatic en el teatro en 1969, y fue la única vez que fui abucheado, lo cual me hizo pensar que había dado con algo bueno… El acento cockney en Stigmatic es imprescindible, no se puede hacer “Lo que el viento de llevó” con acento de Nueva York, ¿te puedes imaginar el concierto para piano de Mozart sin el piano?… Chinese Coffee es la exploración de un tipo de amistad; es muy frágil esta cosa que llamamos amistad. Sé que no es una película para ser estrenada en cines comerciales. Si supiera que la iban a proyectar en un museo o en un cine especializado en este tipo de películas de manera que la gente sabe lo que va a ver, sí la habría estrenado, pero no pudo ser, y esa es la razón por la que nunca la estrené como película. En cuanto a Babbleonia pensé que podría ser útil a los actores. Me puse a asociar ideas libremente. Soy del Actor´s Studio. Creo que este video explica lo que el Studio fue y es para mí… Tengo debilidad por Stigmatic. Esta película tiene algo. Son películas personales. No Richard, pero sí las otras tres; son como bocetos. Para mí Richard es un retrato, lo demás son bocetos. Los “Padrinos” serían grandes óleos, pero no tienen nada que ver conmigo, yo simplemente tengo una relación con ellas. Con estas películas tengo una relación más íntima, reflejan un aspecto de mi forma de ver las cosas… Ahora, mientras crecen mis hijos, espero dejar un legado del que puedan encargarse. Por eso he hecho esta colección de mis películas independientes: para que sepan quién era su padre.”  

Tres ideas de Pacino reflejan su filosofía de la vida y de la interpretación que, en su caso, vienen a ser lo mismo: “No soy más que un actor: un reto es un papel que te resulta difícil, hacer un gran papel es una oportunidad, y el verdadero regalo es poder interpretar un papel que te permita liberar tu talento… Creo en el vivir cada día: el hoy es todo lo que uno tiene… La felicidad no existe, sólo la concentración. Cuando estás concentrado, eres feliz. También eres feliz cuando no estás pensando demasiado en tí mismo…” Me gustaría acabar esta entrada utilizando una de las citas de Shakespeare que Pacino emplea más y que, quizá, debería ayudarnos, como a él, a replantearnos algunas cosas: ” La conciencia nos hace a todos cobardes, y así la natural tintura del valor se debilita con el pálido barniz de la prudencia…”

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Amor a primera vista

27 Diciembre, 2009

Si digo “En un lugar de la Mancha de cuyo nombre no quiero acordarme…” todo el mundo sabe que estoy diciendo la primera frase del Quijote. Sin embargo muy pocos recuerdan la frase con la que acaba. La segunda parte del Quijote acaba con la palabra ”Vale”, que en latín quiere decir adiós. La primera frase de una novela es como la primera mirada que cruzamos con una persona desconocida: de ella puede no salir nada o puede surgir la más bella historia de amor que se haya escrito jamás. Hoy voy a hablaros de las primeras frases, esos amores a primera vista que nos pueden llevar lejos, muy, muy lejos… allí donde viven todos los sueños.

Y ya que, en cierta medida, vamos a hablar de historias de amor, qué mejor que dejar que la voz de Haris Alexiou nos cante su Wa Habibi, ese tango en el que nos cuenta la historia de amor imposible entre una mujer y un hombre casado que, en la fiesta del pueblo, bailan juntos mientras ella le susurra al oído: “Dejaría todo lo que tengo por estar contigo, todo lo doy por una canción…”.

La primera frase de una novela debe llegarnos muy dentro, tiene que provocarnos, incitar nuestra curiosidad, ponernos inmediatamente en situación diciéndonos de qué va a ir la historia que nos van a contar, pero, al mismo tiempo, debe prometer menos de lo que después nos dará esa historia, o nos provocará, irremediablemente, una enorme decepción. De ahí la dificultad para encontrar esa primera frase, una frase que debe ser apasionada y equilibrada a un tiempo, clara y directa, pero también evocadora, universal y a la vez personal…

La última novela de Ángeles Caso, “Contra el viento”, empieza diciendo: “Siempre he envidiado a quienes sienten que tienen el control de sus vidas…” Es una primera frase fantástica, porque no sólo nos pone en situación de lo que nos va a contar (la historia de una amistad entre una mujer española y la inmigrante a la que contrata como asistenta del hogar), sino que, además, nos define perfectamente la personalidad de la protagonista, esa mujer española dubitativa que, en lugar de vivir, se ha dedicado a ver pasar su vida, de la antagonista, la inmigrante que ha tenido que luchar toda su vida para poder sobrevivir, y el tono desde el que nos va a contar la historia.

Otra primera frase que me encanta y que ya os comenté en anteriores entradas, es la que utiliza Ana María Matute para empezar “Paraíso inhabitado”: “Nací cuando mis padres ya no se querían…” Pocas primeras frases pueden acercarnos con tan pocas palabras a la historia de esta niña que, poco a poco, descubre el mundo de los adultos mientras le arrebatan el suyo para siempre. Todo está en esa primera frase: la sensación de haber llegado tarde y de haber invadido un mundo que no era el suyo, la culpa por haberlo hecho, el desamor del amor que nunca fue, la soledad del desamor, el sufrimiento de la infancia que le va a tocar vivir… Son tantas las cosas que encierra esa primera frase…

“Tú también te casarás con quien yo diga”- le dijo la señora Rupa Mehra a su hija pequeña”, es la frase con la que Vikram Seth nos mete de lleno en “Un buen partido”, la fantástica novela de más de mil trescientas páginas en la que nos cuenta la historia de la India de los años cincuenta, una historia forjada a través de matrimonios de conveniencia.

Un genio de la literatura como Henry Miller tampoco desaprovecha nunca la oportunidad de meternos de lleno en su mundo con la primera frase de sus novelas. En “El coloso de Marusi”, donde nos cuenta la experiencia de su maravilloso viaje a Grecia, y donde, como en todas sus obras, no deja de hablarnos de su loca pasión por las mujeres, la primera frase que elige es: “De no haber sido por una muchacha llamada Betty Ryan que vivía en la misma casa que yo en París, nunca hubiera ido a Grecia…”

En su primera frase de “Las uvas de la ira”, John Steinbeck nos traslada a la realidad de la sequía que sufría el campo en Estados Unidos durante la Gran Depresión y que va a condicionar toda su historia: “Las últimas lluvias cayeron con suavidad sobre los campos rojos y parte de los campos grises de Oklahoma, y no hendieron la tierra llena de cicatrices…”

C.S.Lewis nos cuenta en “Una pena en observación”, magistralmente llevada al cine por Richard Attenborough bajo el título de “Tierras de penumbra”, el dolor y la desesperación por la pérdida del ser amado de un hombre ya maduro, él, que conoce por primera vez el amor en la etapa final de su vida. La primera frase con la que empieza a contarnos su historia es desgarradora: “Nadie me había dicho nunca que la pena se viviese como miedo…”

J.D.Salinger, quizá el escritor que más celosamente ha guardado su intimidad en la historia de la literatura, empieza la novela que le hizo famoso, ”El guardián entre el centeno”, con toda una declaración de intenciones: “Si de verdad les interesa lo que voy a contarles, lo primero que querrán saber es dónde nací, cómo fue todo ese rollo de mi infancia, qué hacían mis padres antes de tenerme a mí, y demás puñetas estilo David Copperfield, pero no tengo ganas de contarles nada de eso…”

Pero si hay alguien a quien admiro profundamente, además de por su inimitable forma de escribir, por la elección de sus primeras frases, ese es Gabriel García Márquez.. En “El amor en los tiempos del cólera”, por ejemplo, nos describe con esa frase todas las dificultades que encontrará en vida el doctor Juvenal Urbino para poder amar a la mujer a la que de verdad ama: “Era inevitable: el olor de las almendras amargas le recordaba siempre el destino de los amores contrariados…” Cómo olvidar la primera frase de “Cien años de soledad”: “Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota en la que su padre lo llevó a conocer el hielo…”

Si hay una primera frase que me gusta destacar, sin duda, es con la que García Márquez empieza “Memoria de mis putas tristes”: “El año de mis noventa años, quise regalarme una noche de amor loco con una adolescente virgen…” ¡Dios! ¡Qué gran primera frase para empezar una novela! Es algo así como una mano abierta que nos invita a adentrarnos en un mundo nuevo, en un universo de sensaciones y sentimientos de un ser humano, hombre y viejo por más señas, un ser capaz de amar y de mantener viva la necesidad de amar hasta el último de sus días, un hombre que jamás dejará de sentirse como tal, aunque su cuerpo se empeñe en no acompañarle en la etapa final del viaje de su vida, un viejo que jamás lo fue…

Son tantas las cosas que insinúa y dice esa primera frase: no habla del día de su aniversario, sino del año en que cumplió los noventa años, porque a esa edad puede que el tiempo pase muy rápido pero el placer no, el placer requiere siempre su momento, su antes, su ahora y su después… y eso es algo que ese viejo sabio conoce muy bien; tampoco habla de los regalos que recibió, tan sólo de uno: el que él mismo se hizo, porque, a esa edad, estamos solos, tremendamente solos y aislados en un mundo desconocido para nosotros que, inexorablemente, ha sustituido al que era nuestro, ya no nos queda un amigo, todos se han ido; esa primera frase también nos habla de una noche, de una sola noche, porque una sola noche puede dar sentido a toda una vida, porque en una sola noche, precisamente en esa, se puede vivir toda una vida; y, lo más memorable de esa gran primera frase, también nos habla de vivir un amor loco, porque eso es el amor, pura locura ¿Quién diablos puede ansiar vivir una historia de amor cuerdo? ¡Que se queden su cordura! El amor, como la libertad, es entrega, es darse por completo sin importar a quién o por qué… y quizá por eso nos asuste tanto: hay que ser muy valiente para darnos por entero, sin reservas y sin esperar nada a cambio, y eso es lo que ese viejo hace: tener la valentía y el coraje de amar y de ser libre; y Gabo acaba esa primera e inimitable frase hablando de una adolescente virgen, no de una mujer hermosa o experta que pueda satisfacer todos los deseos carnales de ese hombre, sino de una adolescente virgen a la que ese viejo quiere amar con toda su alma. Ella es el objeto del deseo, pero no de un deseo egoísta y posesivo como el que puedan sentir todos los que al leer esta frase tan solo vean en ella un elogio al machismo o a la pederastia, ella es el objeto del deseo de un ser humano, hombre y viejo por más señas, que quiere dar lo único que le queda en la vida, todo su ser, a otra persona, a otra persona que nace a la vida y que ocupará en ella su lugar, a otra persona vulnerable a la que el destino, o todos los que no hacemos nada por cambiarlo, ha reservado un largo camino de dolor y sufrimiento. Y esa es la única razón por la que la elige a ella: para darle toda su ternura, su cariño, todo su amor loco y poder mostrarle, como probablemente nadie más lo hará en la vida, que ella merece ser amada, que ella también ha nacido para amar y ser amada, que ella también tiene derecho a ser feliz… aunque sólo sea por una noche porque, como dice Gabo, “el sexo es el consuelo que uno tiene cuando no le alcanza el amor…”

Escribir una novela es una experiencia incomparable. Durante mucho tiempo vas sintiendo en tu interior que algo va naciendo, que hay algo ahí que va tomando forma y que quiere salir. Te pasas meses, años, dándole vueltas y más vueltas a eso que quieres contar y que todavía no es ni una historia. Una novela es algo vivo, algo que nace en lo más profundo de nosotros y que se va nutriendo de todo lo que vemos, de todo lo que nos rodea… Cuando la novela todavía no es más que una idea que sólo vive en nuestra cabeza, somos como el capitán de un velero que ve su barco fondeado en medio de la bahía esperando que lleguen los vientos favorables. Mientras espera, ese capitán va recorriendo las cantinas y las tabernas del puerto recogiendo historias y buscando los personajes de su novela, esos personajes que serán la tripulación con la que su velero se hará a la mar. Uno a uno los va encontrando, toma una cosa de éste, otra del de más allá, y, al fin, les invita a subir al barco que, bien entrada la noche, leva anclas al soltar esa primera frase que tanto tiempo lleva madurando y se pone a navegar. Sólo el capitán sabe dónde quiere ir, pero nadie, ni él mismo, sabe el rumbo que seguirá para llegar allí. Ya fuera de la bahía es el viento quien decide el rumbo a seguir. A lo largo de la travesía serán muchas las aventuras que vivirán. Fondearán en calas desiertas, visitarán islas perdidas y puertos olvidados o ni siquiera nacidos, se cruzarán con otros barcos, capearán calmas y temporales, otros tripulantes subirán también al barco; algunos bajarán de él sin esperar a llegar al final del viaje… y, de repente, como surgido de una niebla espesa y blanca, de esa niebla que se llama soledad, llega un día en que, al amanecer, el velero entra en puerto, en Ítaca, porque nuestro velero siempre arriba a Ítaca, y allí, sentado a popa, ves bajar por la pasarela a toda la tripulación. Uno a uno tus personajes van bajando. Sabes que nunca más les volverás a ver. Has pasado mucho tiempo con ellos. Les has dado vida; te han dado la vida… y les dejas partir para que compartan su historia con quien les quiera escuchar… Normalmente la novela, el diario de a bordo de aquel viaje, suele acabar en el olvido de algún cajón en espera de editor. Otras, las menos, llega a verse publicado y un día, de repente, ves tu libro en el escaparate de una librería, y te das cuenta de que ya no es tu libro, que es el libro de los lectores, porque serán ellos quienes, a partir de ahora, compartan con él sus vidas…

Y ya que hablamos de amores y de aventuras, quiero acabar esta entrada con mi escena favorita de la historia del cine: la escena final de Casablanca, ¡cómo no!. Hoy hemos hablado de la importancia de la primera frase en una novela, esa primera frase que nos transporta a un mundo nuevo y que jamás olvidamos. En el cine, por el contrario, suele ser la última frase la que nos evoca ese mundo nuevo y  que recordamos siempre ¿O es que acaso es posible olvidar aquello de ”…presiento que éste es el comienzo de una hermosa amistad…”?

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Cuento de Navidad

20 Diciembre, 2009

cuento de navidad 13Hoy voy a hablaros de una historia que trasciende temas tan banales como el espacio o el tiempo: el Cuento de Navidad de Charles Dickens. Es, sin duda, la obra más representada del autor inglés y, desde que la publicó en 1843, cada año, en todas partes del mundo,  sigue representándose. ¿Por qué una obra escrita hace más de ciento cincuenta años sigue tan vigente? Sin duda, por los valores que defiende y por la forma en que lo hace.

 Para esta entrada he elegido el tema principal de la película “La mirada de Ulysses”, de Theo Angelopoulos, una música de Eleni Karaindrou que también está más allá del espacio y el tiempo.

La historia de Cuento de Navidad es muy conocida: Ebenezer Scrooge, viejo avaro y cascarrabias que vive ahogado en su soledad y su egoísmo, recibe la visita del fantasma de Marley, su antiguo socio, que, en la tarde de la víspera de Navidad, le advierte de que esa noche será visitado por tres fantasmas, el de las navidades pasadas, el de las del presente y el de las del futuro, tres fantasmas que vendrán para darle una oportunidad, la última, de salvar su vida. El primer cuento de navidad 6fantasma le enseña los errores que cometió en el pasado y que marcaron su agrio carácter; el segundo le enseña todo lo que está perdiéndose en este momento por negarse a compartir su vida con los demás, y el tercero, el del futuro, le muestra el negro y triste panorama que le espera como no cambie de actitud de inmediato. Scrooge se da cuenta de lo absurda que ha sido su vida hasta entonces, una vida dedicada exclusivamente a acaparar riqueza y poder, y cambia radicalmente de manera de ser dándole un nuevo sentido a su vida: el de dar, darse, a los demás. Y es precisamente ahí, cuando se abre y se da a los demás, cuando encuentra la felicidad. 

Muchos consideran que Cuento de Navidad es una obra para niños porque defiende todo aquello que representa la Navidad: el amor, la solidaridad, el cariño, la alegría… Pero nada más lejos de la realidad: Cuento de Navidad es una obra universal, que tiene otras muchas lecturas además de la infantil, y  es una obra tremendamente actual y más necesaria incluso que cuando Dickens la escribió, porque son tantos los Scrooge que hoy corren por el mundo… Cuento de Navidad nos habla de cosas  como el amor, la amistad o la solidaridad, las cosas que verdaderamente importan, porque son las que nos hacen ser seres humanos, y las únicas que pueden acercarnos a la felicidad y hacer de este mundo cuento de navidad 5algo mejor. Y también nos habla de tener una segunda oportunidad, porque todos deberíamos tener una segunda oportunidad para poder cambiar lo que hemos hecho o estamos haciendo con nuestras vidas. La vorágine y el sinsentido de la mayoría de los días que vivimos yendo como locos a toda velocidad de aquí para allá en ese absurdo viaje a ninguna parte en el que todos, en alguna medida, nos vemos inmersos para pagar la hipoteca, el colegio de los niños o simplemente para poder comer, hace que, muchas veces, nos olvidemos de las cosas que verdaderamente importan. ¿Cuánto hace que no sales a pasear tranquilamente para disfrutar de una mañana soleada?, ¿Cuánto hace que no ronroneas de placer, que no saboreas de verdad todo lo agradable que te rodea?, ¿Cuánto que no has detenido el tiempo para meditar en silencio y soledad?, ¿Cuánto que no abrazas a alguien con todas tus fuerzas?, ¿Cuánto que no le dices a alguien mirándole profundamente a los ojos que le amas con toda el alma?, ¿Cuánto que, simplemente, no sales cada mañana de casa con una sonrisa para todos los que se crucen contigo?, ¿Cuánto que no te interesas de verdad por lo que le pasa a tu vecino o a tu compañero de trabajo?, ¿Cuánto que no te preguntas en qué puedes ayudar a éste a aquel que tienes a tu alrededor…?

cuento de navidad 1Cuento de Navidad nos habla de eso, de todo eso y nos invita a que dejemos que los fantasmas que visitaron a Scrooge también nos visiten a nosotros y que nos muestren lo que estamos haciendo con nuestra vida. Por eso es una obra que trasciende espacio y tiempo, porque Cuento de Navidad, en cierta manera, es también nuestra segunda oportunidad. Hoy coinciden en la cartelera de Madrid cuatro alternativas para ver Cuento de Navidad: la película de Disney, el musical de Claudio Pascual que se representa en vivo en el escenario del cine Yelmo Isla Azul y se retransmite a los cines de la cadena de toda España, la versión inglesa que la compañía Face to Face está representando en el Teatro Alcázar y la que nosotros estamos representando en el Infanta Isabel, bajo de dirección de Alberto Frías y Javier Enguix.

cuento de navidad 12Esta es la primera vez que me subo a un escenario de Madrid. Además he tenido la suerte de hacerlo en un teatro con tanta solera, tanta magia y tanta historia como el Infanta Isabel. Estar en ese escenario es respirar la historia misma del teatro, sentir la presencia de todos los que han pasado por él. Es tan impresionante saber que en ese mismo escenario, durante los últimos cien años, se han estrenado obras de Benavente, de Arniches, de los hermanos Álvarez Quintero, que allí mismo han debutado actrices como Irene Gurtiérrez Caba o Analía Gadé, o que durante la guerra, gestionado por la CNT, cambió su nombre por el del anarquista Ascaso y que en él se celebraron muchas asambleas y actos durante la defensa de Madrid…

cuento de navidad 4La verdad es que mi relación con este montaje es algo curiosa. Fuí al casting para dar la réplica a una de las actrices que se presentaban y me invitaron a hacer una prueba para Scrooge. Sé que es una historia que siempre se cuenta y que casi nunca pasa de verdad, pero en mi caso pasó y ahora soy el Sr. Scrooge de ese montaje. No os podéis imaginar lo feliz que soy al tener la oportunidad de jugar con un personaje como éste. Es el sueño de todo actor, porque tiene todos los registros y tantos, tantos matices, que es un personaje que cada día te sorprende. Además tuve la suerte de tener un infarto hace un par de años y de ver a la muerte cara a cara. Yo no ví ningún fantasma de los que visitan a Scrooge, pero sí me ví rodeado de ocho médicos y enfermeras a los que no había visto en mi vida que me dijeron que estaba teniendo un infarto agudo de miocardio y que me iban a colocar un stent, una especie de muellecito, en una de las arterias para desbloquearla. Os aseguro que la sensación que sentí fue muy dura porque entendí que mi vida podía acabarse allí mismo y que no tenía a mi lado a ninguno de mis seres queridos. No podía despedirme de ellos, abrazarles, mirarles a los ojos una vez más, decirles todo lo que han significado para mí, lo mucho que les quiero… Nunca me había imaginado un final tan triste y solitario. Poco a poco, mientras los médicos me salvaban, fueron apareciendo en mi mente todas las oportunidades que había desperdiciado a lo largo de mi vida, oportunidades de amar, de dar cariño, de ofrecer un hombro a quien lo pudo necesitar, o simplemente de regalar mi mejor sonrisa a cualquiera de esos desconocidos con los que nos cruzamos a diario. En esos momentos te das cuenta de que son tantos los abrazos no dados… Así que, como buen Scrooge, aquel día decidí cambiar mi vida, mi actitud ante la vida y, eso sí, no llevarme ni un solo abrazo a la tumba. Desde entonces creo que soy el tipo más cariñoso que corre por las calles. Tuve la suerte de tener mi segunda oportunidad. Por eso quiero tanto a Scrooge y me identifico tanto con él.

cuento de navidad 2Realmente Cuento de Navidad, Scrooge y el Infanta Isabel ocupan un lugar en mi vida que dificilmente podré olvidar. Jamás habría escogido una obra mejor para debutar en Madrid, ni un personaje con el que me identificara más, ni un teatro que me haya llegado tan dentro. Un gran sabio dijo alguna vez que vivimos nuestras vidas como si nunca fuéramos a morir, y que morimos sin haber vivido…Cuento de Navidad es una obra que nos invita a reflexionar, a preguntarnos de verdad lo que estamos haciendo con nuestra vida, y, sobre todo, que nos ayuda a encontrar la única respuesta que tiene esa pregunta y que otro gran sabio también dijo alguna vez: “Todo cuanto retuve lo perdí; sólo me queda lo que dí”.

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El viaje + corto

13 Diciembre, 2009

viaje + corto 12Hoy quiero hablaros de uno de mis sueños: conseguir acercar los cortos al gran público. Soy un enamorado del cortometraje y estoy convencido de que, si conseguimos que llegue al gran público, tiene un futuro impresionante. Son tantas las ventajas que tienen los cortos, tantas las oportunidades que ofrecen…

Y ya que hablamos de sueños, me gustaría que, si quieres, nos acompañara la voz de un soñador empedernido como Tom Waits.

viaje +corto 9Pues bien, echándole un poco de imaginación, si organizamos un festival de cortometrajes realizados específicamente para ser emitidos dentro de los vagones del Metro podemos dotar de contenidos al Canal Metro sin que le cuesten un duro y, además, generar importantes ingresos adicionales cediendo la utilización temporal de esos monitores porque, ¿cuánto estaría dispuesto a pagar un anunciante por ver su publicidad en un canal nuevo, con una audiencia millonaria (en una ciudad como Madrid el número de pasajeros/año supera los 700 millones) y, sobre todo, cautiva (en el Metro el espectador no puede hacer zaping, ni ir al lavabo, ni etc.,etc.,etc….)? ¿Y si, además, organizamos ese festival a nivel europeo, haciendo que la ciudad organizadora invite a participar a todas las ciudades europeas que dispongan de Metro equipado con monitores? ¿Os imagináis cuánto estaría dispuesto a pagar un anunciante por aparecer en exclusiva en todos los Metros de las principales ciudades europeas asociando su imagen a una serie de valores como el compromiso con el medio ambiente al fomentar el uso del transporte público, el apoyo a la cultura y a la juventud facilitándoles un nuevo canal de expresión y de divulgación, su ayuda al desarrollo de la creatividad audiovisual, su compromiso con la cultura y con la cohesión cultural de la Unión Europea, etc. etc. etc.?

viaje + corto 10Las ventajas que tiene un festival de cortometrajes como este son impresionantes: ofrece entretenimiento y cultura a los usuarios del Metro sin coste alguno; favorece la generación de ingresos adicionales para el Metro que, a su vez, puede permitirle adoptar una política de precios bajos de sus billetes con lo que aumenta el número de ususarios y la utilización del transporte público; los realizadores de cortos tienen un espacio absolutamente nuevo, accesible y masivo donde mostrar sus obras; los cortos de nuestros realizadores pueden verse en ciudades como París, Roma, Londres o Berlín, y los de los realizadores europeos en nuestras ciudades; el gran público accede a un nuevo instrumento de comunicación casi desconocido para él, el cortometraje, que es muy adecuado por su duración, diversidad, dinamismo y agilidad a las características de la vida urbana actual, y muy especialmente de los desplazamientos en Metro, etc, etc, etc.

viaje + corto 6Hoy, por desgracia, la difusión de los cortos se circunscribe prácticamente a la de los festivales de cortometrajes. Es difícil que un corto llegue más allá del público especializado. Sin embargo tenemos una infraestructura idónea para la emisión de cortometrajes y totalmente infrautilizada: el interior de los vagones del Metro (Canal Metro). Los nuevos modelos llevan incorporados monitores que reciben la señal por radio en bucles de duración programable. La infraestructura ya está hecha (muchos de los vagones ya están equipados con esos monitores, aunque en muchos casos todavía están en fase de pruebas), por lo que no es necesaria ninguna inversión para llevar adelante esta idea. Lo que le falta al Canal Metro son contenidos (normalmente se limitan a información de la propia red de metro o a flashes de información local o general).

Pues bien, este proyecto de festival en mi imaginación ya tiene hasta nombre y todo. Se llama: “EL VIAJE+CORTO”. Llevo varios meses dándole vueltas y cuanto más lo analizo, más ventajas le veo: los costes de organización son reducidos (visionado, selección y admisión de los cortos y su edición para ser emitidos dentro del Canal) y la campaña de publicidad puede enfocarse utilizando los soportes de las estaciones del Metro, lo que reduce su coste. Sus características principales serían: los cortos deberían ser en formato digital para CINEASTASfacilitar el acceso a los jóvenes realizadores y de unas características específicas para su emisión dentro de los vagones del Metro, como tener una duración máxima de tres minutos, ser mudos o subtitulados (los monitores de dentro de los vagones no llevan sonido incorporado) y serían de temática libre, aunque habría un Comité Organizador que sería el encargado de admitirlos o no al festival para velar porque sus contenidos e imágenes no puedan herir la sensibilidad del público (infantil en muchos casos). Los cortos se emitirían en bucles de quince minutos (compuestos por cinco cortos), que se emitirían en días y horarios alternos para evitar que el público los vea repetidamente y, al mismo tiempo, favorecer su máxima difusión.

El festival no tendría carácter competitivo sino simplemente participativo. ¡Ya está bien de competiciones!. El premio es precisamente la posibilidad de que el gran público pueda ver las obras presentadas y que lleguen a públicos tan diversos como, por ejemplo, el francés, el italiano, el británico o el alemán. Además, a nivel simbólico, el Metro podría obsequiar con un número reducido de abonos anuales a cada corto admitido al festival, para hacer más atractiva la particiación de los jóvenes.

vías tren 4En fin que, como véis, la idea de “EL VIAJE+CORTO” está bastante pulidita ya y preparada para ser puesta en marcha. Hace un par de meses intenté presentársela a los responsables del Metro de Madrid, pero no conseguí contactar con un interlocutor adecuado que entendiera lo que es un cortometraje y el potencial que puede ofrecerles. Supongo que, como siempre, en esa como en todas las Instituciones hay que saber entrar por el canal apropiado y supongo que, como siempre, yo no supe hacerlo. A estas alturas me considero bastante libertario, así que ahí va la idea: se la regalo a quien la quiera llevar adelante. Es toda suya. Yo me contentaré viendo realizado mi sueño: poder ver cortos en el metro.

Y ya que hablamos de cortos, quiero despedir  esta entrada pidiéndoos que veáis uno que no podría emitirse en el Metro, porque es realmente duro, aunque por desgracia tremendamente real y necesario. Es un corto impresionante que habla de la violencia y la injustica que asolan el mundo, nuestro mundo, y es una despiadada invitación a que nos pongamos frente al espejo y nos preguntemos de verdad y sin excusas ¿Qué estoy haciendo yo para solucionar todo esto? Os dejo con “Una centésima de segundo”…

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Eduardo Galeano, una luz en la niebla

6 Diciembre, 2009

galeano 8Pensador, humanista, escritor, poeta, orador, contador de historias, soñador, visionario… aunque quizá la mejor definición para una personalidad como la de Eduardo Galeano sea la de ser humano. Porque eso es lo que es, un ser humano comprometido con el tiempo y el mundo que le ha tocado vivir, un quijote con armadura de papel y lanza de palabra que se enfrenta en sus escritos a todos los molinos que nos amenazan. ¡Es tan raro escuchar hoy a alguien con voz propia, tan increíble ver que aún existe un hombre libre! Galeano es una de esas personas a las que podríamos estar escuchando horas y horas mientras nos relata, con su inimitable y personalísima forma de decir, lo que le acontece a nuestro mundo. Hombre de voz pausada, grave y cálida, a veces dice cosas tan directas y, en apariencia tan sencillas y simples, que hace que nos preguntemos ¿cómo es posible que no me haya dado cuenta de esto tan obvio que he tenido delante todo el tiempo? En efecto, Eduardo Galeano es una de esas contadas personas de las que siempre esperamos escuchar el diagnóstico acertado, la palabra justa, la idea clara y la opinión libre. Aquí le tenéis dándonos su demoledora y clara visión de lo que pasa en nuestro mundo:

 

galeano 9Hombre sabio, de los de café, charla y tertulia,  que añora aquellos lugares sin tiempo que fueron los cafés: “La cultura del mundo actual conduce al desvínculo. Y estos cafés joden a esa cultura. Pertenecen a un tiempo en el que había tiempo para perder el tiempo.” Galeano, sabedor de la importancia del tiempo en el proceso creativo, considera que el libro va creciendo desde dentro, poquito a poquito, porque “los libros van creciendo dentro de uno; lo único que se hace desde arriba son los pozos; los libros crecen desde abajo, desde el fondo de uno; cualquier imposición es enemiga de la creación, porque lo que sale es ortopédico y artificial, por eso nunca he firmado un contrato que me obligara a entregar un libro, porque se tiene que escribir por placer, no por deber; escribo cuando me pica la mano, cuando tengo ganas, cuando tengo necesidad de decir. De esa manera uno aprende el arte del silencio…”

galeano 5En un mundo tan duro y cruel como el que nos ha tocado vivir, la voz de Galeano es una luz en la niebla, un potente faro que nos advierte de los peligros y las trampas para evitar que naufraguemos, o cuando menos, para que podamos seguir intentando mantenernos a flote. “No hay noche que no esconda unos cuantos soles”, suele decir este hombre enamorado sin remedio de la vida, inmerso en un proceso de búsqueda constante: “Puedo decir que he tratado de seguir el ritmo y de escuchar la respiración del mundo en movimiento, de sentir el rumor de sus pasos, del mundo que camina, el rumor de los pasos del mundo. No sé si lo logré; puede que sí, puede que no, puede que un poquito, pero ésa fue mi intención, no quedarme estacionado. No me dediqué a repetirme, busqué otras cosas, otros caminos… Las certezas son las que desayunan dudas todas las mañanas. Una certeza como un desafío es la capacidad de mirar las cosas como por primera vez, sin telarañas en los ojos…”

galeano 10Galeano es consciente de que los males del mundo vienen de esa angustia, de esa ansiedad en la que nos obliga a vivir “un sistema que confunde el mundo con una pista de carreras y que te enseña que el que cae o pierde no merece existir. La cultura dominante del mundo te dice que “Hay que llegar para tener éxito”. No se vive para ganar, se vive para vivir. Vivir el camino. Aunque sean caminos difíciles y te caigas varias veces en ese andar por el camino de la vida, no hay que creerse el cuento de que el fracaso es el único pecado que no tiene redención. En el retrato del mundo de hoy nadie puede detenerse. Hay un pánico: si paras, te pasan por encima. A veces, hay que parar para poder seguir andando. No hay que dejarse engullir por las culturas dominantes, por lo que nos meten en la cabeza: el que no compra no existe, el que no tiene no es. En Occidente el ser es tener, y, lamentablemente, también en Oriente…”

galeano 13Su diagnóstico del funcionamiento del mundo es sencillo y claro: “Los europeos, y en general el norte del mundo, conservan esa especie de manía de sentirse elegidos, quién sabe si por dios o por el diablo, para realizar exámenes de democracia a los países del sur… En el mundo no hay una democracia de verdad; en el mundo hay ciudadanos de primera, de segunda, de tercera, de cuarta categoría; y hay muertos también. Cada minuto mueren en el mundo diez niños por hambre o por una enfermedad curable, y cada minuto el mundo gasta tres millones de dólares en industria militar. ¿Qué clase de especie es ésta que se dedica al exterminio del prójimo?…”

También es muy diáfana, y desde luego absolutamente necesaria, su manera de analizar la relación que intentan establecer de la crisis con la inmigración: “Es una tradición histórica, creo que milenaria: la culpa de la crisis la tienen los que vienen de fuera, los extranjeros. Siempre ha ocurrido así y esto suele prender bien en vastos sectores de la opinión pública. La idea de que el que viene de fuera viene a sacarte el empleo, la cartera y hasta la mujer y todo… Y , especialmente, si ése que viene tiene piel oscura y proviene de los países malditos del mundo… Y, ahora, cuando se agudiza una crisis que venía de antes, pero que está afectando especialmente a países que se sentían invulnerables, lo que ocurre es una resurrección del racismo expresado de la manera más violenta en el castigo a gente que no tiene más culpa que la de buscar trabajo…”

galeano 17En “ESPEJOS, UNA HISTORIA CASI UNIVERSAL”, un libro absolutamente imprescindible y, como todos los suyos, inclasificable, dice: “Los espejos están llenos de gente. Los invisibles nos ven. Los olvidados nos recuerdan. Cuando nos vemos, les vemos. Cuando nos vamos ¿se van?. Este libro ha sido escrito para que no se vayan.” Es un libro dedicado “a los pensadores y a los sentidores, a los curiosos, a los condenados por preguntar, y a los rebeldes y los perdedores, y a todos esos locos lindos que han sido y son la sal de la tierra.”

A lo largo de esta historia casi universal, Galeano nos da la visión de los que nunca tuvieron voz, la de los que callaron o los callaron, y lo hace cuestionándonos nuestra historia desde su mismo principio: “¿Adán y Eva, eran negros? En África empezó el viaje humano en el mundo…Ahora las mujeres y los hombres tenemos más colores que el arcoiris del cielo; pero todos somos africanos emigrados. Hasta los blancos blanquísimos vienen del África.”

También nos recuerda que los fundamentos de nuestra idolatrada democracia se basan en la esclavitud: “La democracia griega amaba la libertad, pero vivía de sus prisioneros. Los esclavos y esclavas labraban las tierras, abrían los caminos… Un esclavo era más barato que una mula. Ya Platón advertía que había que tener cuidado con ellos: tienen una inevitable tendencia a odiar a sus amos y sólo una constante vigilancia podrá impedir que nos asesinen a todos… y Aristóteles sostenía que el entrenamiento militar de los ciudadanos era imprescindible, por la inseguridad reinante.”

Su visión del papel de las religiones también es muy diáfano: “Los judíos, los cristianos y los musulmanes veneran a la misma divinidad. Es el Dios de la Biblia que responde a tres nombres: Yahvé, Dios a secas y Alá, según quién lo llame. Los judíos, los cristianos y los musulmanes se matan entre sí diciendo que obedecen sus órdenes…” Todas las culturas tienen sus religiones y hay muchos dioses. El nuestro, es el único que nunca hizo el amor.

También es muy lúcida su forma de cuestionarnos la historia de América: “Cuenta la historia oficial que Vasco Núñez de Balboa fue el primer hombre que vio, desde una cumbre de Panamá, los dos océanos. Los que allí vivían, ¿eran ciegos?. ¿Quiénes pusieron sus primeros nombres al maíz y a la papa, y al tomate y al chocolate y a las montañas y los ríos de América? ¿Hernán Cortés, Francisco Pizarro?. Los que allí vivían ¿eran mudos?. Lo escucharon los peregrinos del Mayflower: Dios decía que América era la Tierra Prometida. Los que allí vivían ¿eran sordos?. Después, los nietos de aquellos peregrinos del norte se apoderaron del nombre y de todo lo demás. Ahora, los americanos son ellos. Los que vivimos en las otras Américas, ¿qué somos?”.

galeano 16Galeano habla de todos los seres ninguneados y silenciados del mundo, los parias, los perdedores, los que nunca tendrían que haber nacido, los que mueren a diario sin haber vivido, los “nadies” que él llama, todos esos millones de seres a los que les hemos negado su lugar en el mundo, porque más allá de nuestras fronteras hemos condenado a los demás a no existir, a ser nadie, a no ser más que un irremediable y cruel carpicho del destino que, por supuesto, nada hacemos por cambiar, porque nosotros estamos aquí, en nuestro amado mundo “civilizado” donde, gracias a dios esas cosas no pasan, porque nosotros somos los “buenos” de esta película, los que tenemos el poder y la verdad,  los que tenemos el monopolio de las certezas, de todas las certezas, siempre las certezas… 

 

galeano 27Tuve la suerte de conocer a Galeano en la presentación de ”Espejos” que hizo en Barcelona dos días antes del día de Sant Jordi. Tras una deliciosa charla en la que nos leyó algunos fragmentos del libro, se pasó más de dos horas firmando ejemplares sin parar. Me acerqué para que me lo dedicara y para pedirle su apoyo a un manifiesto pacifista que acabábamos de promover desde la Casa del Tíbet propugnando el diálogo entre las autoridades chinas y representantes del gobierno tibetano en el exilio para resolver el conflicto tibetano y obligar a que se respetasen los derechos humanos en Tíbet. Le entregué el manifiesto y le comenté que ya lo habían firmado gente como Federico Mayor Zaragoza o José Luis Sampedro. “Así que iré bien acompañado” me dijo mientras me pedía mi dirección de correo electrónico para contestarme una vez leído el manifiesto. Pensé que, con el trajín agotador del Sant Jordi, tardaría mucho en contestar. Al día siguiente recibí un email que decía: “Ruego incluyan mi firma en el manifiesto SOS Tibet. Gracias por haber pedido mi apoyo. Eduardo Galeano.”

En los tiempos que corren seres íntegros, lúcidos y comprometidos como Galeano escasean y son más necesarios que nunca, porque son esos seres humanos que aún creen en la utopía, esos navegantes que, hace ya tiempo, partieron en busca de todas las Ítacas y que, conscientes de que lo que importa es el viaje, no se detendrán nunca porque, como dice Galeano, “navega el navegante, aunque sabe que nunca alcanzará las estrellas que le guían.”

galeano 24Hoy son muchas las voces del sistema que critican despiadadamente a los artistas que, como Galeano, toman partido para denunciar e intentar combatir las injusticias del mundo. “¡Que se dediquen a actuar, y se dejen de hacer política…!”, “Ya están los politiqueros esos de los actores con sus monsergas… tanto protestar, pero mira cómo bien viven de las subvenciones que todos pagamos por ese bodrio de películas que hacen”, “Deberían abolirse todas las subvenciones para que esos chupópteros se enterasen de lo que vale un peine…”, “Que aprendan de los americanos, esos sí que saben hacer películas…”

galeano 22Si callamos o pasamos de largo cuando un hombre pega a una mujer en la calle nos convertimos en sus cómplices, en esos cómplices hipócritas y cobardes que no hacen todo lo que está en su mano para evitar que cosas como esa ocurran a diario. ¿Qué pasa? ¿Quieren que callemos y miremos a otro lado cuando vemos morir de hambre a miles de niños cada día? ¿Acaso no somos cómplices del asesinato de esos niños si nos quedamos de brazos cruzados limitándonos a actuar, a escribir o a pintar como esas voces exigen que hagamos?, ¿Acaso no somos cómplices si no salimos a la calle para evitar una guerra y nos limitamos a verla por la tele y a financiarla con los impuestos que pagamos?, ¿Acaso no somos cómplices si nos limitamos a cantar, a bailar o a jugar al fútbol y permitimos que se violen las leyes internacionales y los derechos humanos expulsando a una mujer como Aminetu Haidar de su casa simplemente por decir que es saharaui? ¿No seremos cómplices también de su muerte si nos quedamos cómodamente sentados en nuestras casas viendo su agonía y su sufrimiento por defender sus derechos y su dignidad en lugar de salir a la calle y protestar con todas nuestras fuerzas?, ¿Acaso no seremos cómplices de la cobardía de nuestro Gobierno, que sistemáticamente antepone los intereses de Estado a la defensa de los derechos humanos, si no le obligamos a que haga todo lo que esté en su mano para forzar a que Marruecos permita que Aminetu regrese a su hogar?, ¿De verdad piensan todas esas voces que exigen que callemos que podemos vivir como si no pasase nada?

galeano 26Los actores tenemos la fortuna, la inmensa fortuna, de tener una profesión que nos permite, a veces, dar voz a los sin voz, pero por eso también tenemos la responsabilidad, la irrenunciable responsabilidad, de dársela cuando la necesitan, y no hacerlo es convertirnos en cómplices de su sufrimiento y su desgracia. Precisamente porque en nuestra mano está el poder denunciar y hacer visibles los problemas y las injusticias de todos los “nadies” que habitan este mundo, las voces de los defensores de lo políticamente correcto y de los valores del sacrosanto Estado de derecho quieren, necesitan y exigen que callemos y miremos a otro lado. La decisión sólo depende de nosotros, de todos y cada uno de nosotros. Los artistas no somos ni mejores ni peores que los demás, somos conscientes de que ni siquiera tenemos respuestas, pero tenemos las preguntas, y, sobre todo, la capacidad de hacer que se oigan altas y claras.

galeano 29No es un debate nuevo. Gabriel Celaya ya lo expresó muy bien cuando escribió “La poesía es un arma cargada de futuro” y nos dijo “maldigo la poesía concebida como un lujo cultural por los neutrales, que lavándose las manos se desentienden y evaden…” Os dejo con sus versos en la voz de Paco Ibáñez en el inolvidable concierto de 1969 en el Olimpia de París, porque Paco ha sido y es otra luz en la niebla, otro faro que nunca se apaga, un faro que desde el primer día, nunca dudó en dar su luz a todas las causas “perdidas” para que un día no lejano pudiesen dejar de serlo…  causas como la del pueblo saharaui, que defiende con su vida Aminetu Haidar, una mujer de cuerpo débil y voluntad inquebrantable, una luz en la noche del desierto que, con su ejemplo, nos ha enseñado a todos lo que significa la palabra dignidad.

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“Desenfocada”

29 Noviembre, 2009

desenfocada 1Siempre he defendido la importancia de los cortometrajes. No sólo por ser cine de verdad y por ser también la mejor escuela para técnicos y para actores, sino por ser, posiblemente, el último espacio de libertad que queda hoy en el mundo del audiovisual, un espacio en el que con pocos medios pueden hacerse grandes cosas y en el que, por eso, nuestro cine puede competir en igualdad de condiciones con cualquier otro. Un corto es una película, y un buen corto una buena película. Hoy quiero invitaros a ver DESENFOCADA, un corto excepcional hecho por Miguel A. Furnier, un chaval de mirada honesta y soñadora que no puede permanecer impasible ante lo que está ocurriendo a su alrededor. Por eso cogió su cámara y rodó DESENFOCADAS, un corto necesario e imprescindible por lo que cuenta, por cómo lo cuenta y, sobre todo, por para qué lo cuenta. Creo que debería ser de visión obligatoria en todos los Institutos y Universidades y, desde luego, de pase obligado en prime time en las principales cadenas de televisión, porque un corto como éste puede hacer mucho más que cualquier campaña publicitaria para combatir la violencia de género y el maltrato.

Me gustaría dedicarte esta entrada y la visión de DESENFOCADA a tí, que callas y niegas lo que ves porque eso no te puede estar pasando a tí; a tí, que lloras en silencio mientras el miedo te parte el alma; a tí, que hablas del maltratato como si sólo le pasara a las demás; a tí, que “pondrías la mano en el fuego” por él; a tí, que lo que has puesto en el fuego es tu vida entera, aunque no lo quieras reconocer; a tí, que creíste un día que podías ser feliz; a tí, que lo dejaste todo por él para serlo; a tí, que siempre le disculpas cuando alguien te defiende; a tí, que no quieres ver la realidad; y a tí, que la ves y no sabes cómo cambiarla; a tí, que te crees culpable de lo que sucede; y a tí, que sabes que el único culpable es él; a tí, que intentas que tus hijos no te vean llorar; y a tí, que ya no sabes cómo consolarles para que no lloren más; a tí, mujer anónima y silenciada, que crees que tu marido sólo te pega “lo normal”; y a tí, ignorante adolescente, que confundes agresión con pasión y celos con amor; a tí, que nunca te importó que él tomara todas las decisiones, que llevara las cuentas y siempre tuviera el mando del televisor; y a tí, que sabes que siempre se equivocó, que te engañó y se quedó con lo mejor, y que te hizo creer que el cine sólo son películas de tiros y los deportes las noticias; a tí, que siempre supiste que hay un teléfono donde te pueden ayudar; y a tí, que jamás te atreviste a usarlo;  a tí, que te sientes sola y crees que a nadie más le pasa esto; y a tí, que sí sabes a quien recurrir para parar todo esto, pero no lo haces porque el pánico te bloquea;  a tí, a todas esas tús que hay en el mundo, y a todos esos él que se esconden en el anonimato de las paredes de una casa que han convertido en prisión, esas paredes de ignorancia y violencia en las que, cada día, asesinan al amor y en las que, un día, asesinarán a su pareja por haber cometido el peor de los delitos que hoy puede cometer una mujer: no hacer lo que ellos quieren, como ellos lo quieren y cuando ellos lo quieren… y a todos esos nosotros que, dejándonos llevar por la costumbre, por lo que “siempre hemos visto” o por el cómodo y cobarde “mejor no meterse en las cosas de los demás”, callamos y miramos a otro lado cuando vemos a alguien faltar al respeto a su pareja, menospreciarla, insultarla, ignorarla públicamente, humillarla de palabra o de obra, reírse de ella, criticarla, culparla de su propia infelicidad, achacarle todos los males… 

A tod@s vosotr@s os pido que veáis “DESENFOCADA”, el espléndido corto de Miguel A. Furnier en el que, en un escalofriante plano secuencia de más de doce minutos, nos desgrana el origen de todo esto, la brutalidad y el sinsentido del que sólo tiene la fuerza, la agresividad y el egoísmo como valores en su vida. En este corto veréis que el maltrato, la violencia, la manipulación y el abuso no son necesariamente físicos; os sentiréis espectadores privilegiados que habéis invadido la intimidad de un hogar cualquiera, porque lo que se muestra en este corto puede pasar en un hogar cualquiera: en el del vecino de enfrente, en el de vuestro mejor amigo, o en el vuestro mismo…

En esta entrada he renunciado a poner música, porque la única música que puede acompañar al maltrato es la del silencio, pero no la del silencio cómplice que todo lo esconde, sino la del silencio que nos obliga a parar de una vez para pensar de verdad y en serio : ¿Qué puedo hacer yo para solucionar todo esto?. En DESENFOCADA tampoco hay música, porque la única música que podía acompañar este corto es el llanto de Ana, su protagonista.

desenfocada 2DESENFOCADA se rodó en Madrid en Abril de 2009. Fueron necesarias tan sólo seis tomas. Sus dos protagonistas, Miriam Viñolas y Tomy Álvarez, nunca habían trabajado juntos antes, y nunca se habían enfrentado al reto de interpretar una escena como ésta en un plano secuencia. Miguel A. Furnier siempre supo, desde que escribió el guión, que rodar sin ninguna interrupción permitiría que los dos actores viviesen a fondo la situación y que nosotros, los silenciosos “voyeurs” que hemos invadido su intimidad, entendiéramos el sutil mecanismo de la violencia de género y el maltrato.

DESENFOCADA ha ganado muchos premios, pero el más importante es que ahora lo veas tú y que recapacites sobre todo lo que vas a ver en él, porque, no lo dudes, muchas de las cosas que vas a ver, por desgracia, te resultarán familiares, terriblemente familiares.

 

 

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Las mujeres que no conocemos

22 Noviembre, 2009

JLGuerin6Hoy me gustaría hablaros de la exposición fotográfica que el cineasta José Luis Guerín preparó para la Bienal de Venecia de hace un par de años y que tuve la oportunidad de ver en el Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona (CCCB). Realmente era impresionante. Se llamaba “Las mujeres  que no conocemos”, y era una invitación a soñar con los besos no dados, con todas nuestras vidas no vividas, porque, como dice Guerín, las mujeres que no conocemos son vidas que no hemos vivido…

Y para hacerlo, nada mejor que la melancolía de los acordes de la música de Ludovico Einaudi.

Aquella exposición se trataba de un montaje fotosecuencial, formato intermedio entre el cine y la fotografía, que Guerin definía como un film en 24 cuadros. La instalación aprovechaba perfectamente las ventajas del espacio, invitándonos a seguir un solitario y oscuro camino lleno de recovecos y silencios que  hacía que nos sintiéramos como invadiendo una JLGuerin11intimidad, la intimidad de esas mujeres que no conocemos pero con las que soñamos despiertos cada día, de todas esas mujeres anónimas a las que Guerin ha querido robar un instante de su vida, ese instante que nos ofrece en la claridad del blanco y negro que ilumina la oscuridad de las salas, ese instante fugaz en el que cruzamos con ellas una mirada, una emoción o tan solo un deseo… En sus rostros hablan todos los silencios; en sus ojos habitan los misterios y los sueños, todos nuestros sueños, y en su intimidad robada todas las vidas que no nos atrevimos a vivir. ¿Qué habría pasado si hubiera llegado a hablar con aquella mujer que estaba leyendo junto a mí en aquella terraza solitaria al atardecer?, ¿y si me hubiera atrevido a besar a aquella joven a la que jamás volví a ver?, ¿y si hubiera cambiado mis planes de viaje para quedarme una noche más en aquella ciudad de provincias en la que me crucé con aquella mujer que llevaba la nostalgia por mirada?, ¿y si…?, ¿y si…?, ¿y si…? Son tantas las mujeres que no conocemos, tantas las vidas que no vivimos… tantas las que no nos atrevemos a vivir. Puede que recordemos el primer beso, seguro que el último y probablemente unos cuantos más, quizá los más intensos, pero, por desgracia, los que nunca llegamos a olvidar son los que no nos atrevimos a dar…

JLGuerin4Esta entrada no habla de cine, ni de televisión, ni de teatro. Ni siquiera habla de fotografía. Habla simplemente de las cosas de la vida, de todas esas vidas no vividas, porque la vida es una elección continua, y por eso está llena de oportunidades perdidas, de sueños muchas veces despedazados por nuestro miedo a vivir. Siempre podemos perdonarnos los errores que cometemos, pero lo que jamás nos perdonamos es lo que no nos hemos atrevido a vivir…

Cuando tenía trece años, pasé unas Navidades con mi familia en un pequeño hotel de alta montaña. Allí coincidí con la niña más guapa que he visto jamás. Tenía quince años. Era preciosa. Todavía veo sus tejanos ajustados, el poncho anaranjado que llevaba sobre los hombros y el brillante cuello blanco de su camisa… Nunca llegué a hablar con ella: mi timidez me lo impidió. Era francesa. Se marcharon del hotel a principios de enero. Recuerdo el día en que se fue como uno de los más tristes de mi vida. Necesitaba volver a verla, hablar con ella, necesitaba que supiera todo lo que sentía. Tenía que ponerme en contacto con ella como fuera. Aquella noche, en medio del silencio, entrada ya la madrugada, bajé en pijama a la recepción del hotel y robé la tarjeta del registro con su dirección. Nunca me atreví a escribirle y jamás la he vuelto a ver, pero hoy, pasados casi cuarenta años os puedo decir que se llamaba Sophie Ramstid, y que vivía en 42, Rue Le Castillon, Le Boriscat, Bordeaux, France…

JLGuerin13Vivir la vida es atreverse a hacerlo con todas las consecuencias y en todas las circunstancias. ¿Cuántas veces hemos dejado de hacer algo que realmente queríamos por hacer caso a los demás o a la voz de ese Pepito Grillo que siempre frena nuestros impulsos?. Vivir la vida es aceptar correr riesgos, es prescindir de la falsa seguridad que nos rodea, es atreverse a enfrentarse a los problemas, y hacerlo, muchas veces, en solitario y nadando contra corriente. Seguramente si Kandinski hubiera hecho caso a esa voz el mundo habría tenido un mediocre abogado más… y la pintura abstracta no existiría como la conocemos hoy.

Recuerdo que hace ya muchos años, acababa de cumplir los dieciocho, pedí un coche prestado y me fui sólo a recorrer Europa. Quería ver el mundo, conocer todos los mundos. Mi viaje me llevó a la antigua Yugoeslavia. Tras cruzar Italia de parte a parte, entré en aquel país que era una invitación a la aventura y fui recorriendo todos los secretos de su costa. Alguien me habló del Parque Nacional de Plitvice, un maravilloso paraje formado por 16 lagos unidos por cascadas y, sin dudarlo, me dirigí a él. Al llegar, envuelto todavía por las brumas de las primeras horas del día a través de las que, tímidamente, se colaban los rayos del sol, JLGuerin5encontré un pequeño refugio de montaña en el que estaba el único bar que había en todo el parque. Era una preciosa cabaña de madera que nada tenía que envidiar al paradisíaco Walden de Thoreau. No había mucha gente: tres o cuatro personas y algún turista tan perdido como yo. Estaba en la barra esperando a pedir un café con leche bien caliente cuando, de repente, se abrió la puerta que daba a la cocina y por ella apareció una chica que tendría poco más de quince años. Nunca había visto tanta luz en la mirada de una mujer. Sólo pude aguantar su mirada unos segundos, unos segundos en los que me habló de sus sueños, de sus emociones, de sus sentimientos más secretos y de sus irrefrenables ganas de vivir. Yo también intenté darle todo en aquellos segundos: mis ganas de conocerla, de abrazarla, de compartir mi vida entera con ella… No me atreví a decirle nada. Ella tampoco lo hizo pero, buscando mis ojos de vez en cuando, me dio el mejor de los regalos al  enseñarme a jugar al más maravilloso de los juegos. Antes de salir de la cabaña me detuve para mirarla por última vez. Pocos años después la crueldad de la guerra destrozó aquel país. Fueron cientos de miles los que sufrieron y murieron en aquella guerra. Nunca más he vuelto a saber de ella. Siempre me he preguntado qué debió ser de aquella niña que me enseñó a soñar. Han pasado más de treinta años y ni un solo día he olvidado la luz de la mirada de aquella casi mujer, una luz que volví a encontrar en las fotos de Guerín.

dublineses 7Pero todas esas vidas no vividas no se reducen solo a las oportunidades perdidas con mujeres desconocidas, a los encuentros no encontrados, sino que, a veces, las mujeres que no conocemos son precisamente las que están a nuestro lado, junto a nosotros, las mujeres con las que hemos compartido una vida entera y que creíamos conocer. Si la timidez era la que nos impedía acercarnos y conocer a esas desconocidas con las que podríamos haber vivido una vida,  nuestra incapacidad para amar y para entender lo que verdaderamente significa amar, es lo que nos impide vivir nuestra verdadera vida.

dublineses 3Acabo de leer un libro imprescindible: Historia de un matrimonio, de Andrew Sean Greer, que empieza así: “Creemos conocer a quienes amamos. Al marido. A la esposa. Los conocemos, somos ellos; a veces, por separado en una fiesta, nos sorprendemos expresando sus opiniones, sus preferencias respecto a comida o libros, contando una anécdota que no nos sucedió a nosotros, sino a ellos. Observamos su manera característica de hablar, conducirse y vestirse; cómo acercan el terrón de azúcar al café y lo ven pasar de blanco a marrón y entonces, satisfechos, lo dejan caer en la taza. Creemos conocerlos. Y amarlos. pero lo que amamos resulta ser una mala traducción, hecha por nosotros, de un idioma que apenas dominamos. Con ella tratamos de llegar al original, aunque jamás lo conseguimos. Lo hemos visto todo. Pero ¿qué hemos entendido de verdad?. Una mañana despertamos. Junto a nosotros duerme ese cuerpo familiar: en cierto modo, un desconocido…”

dublineses 8Esa novela me ha recordado mucho a un maravilloso relato de James Joyce, Los muertos, el último relato de Dublineses, magistralmente llevado al cine por John Huston, en la que fue su última película, y su verdadero testamento. Los diez minutos finales de la película, en los que Huston pone en boca de Gabriel, el protagonista, su reflexión más personal sobre el amor, la vida y la muerte en un monólogo inolvidable, son de lo mejor de la historia del cine. La escena transcurre en el dormitorio de Gretta y Gabriel, cuando, tras contarle Gretta a su marido que de joven había vivido una apasionada historia de amor platónico con un joven llamado Michael Furey, que murió por ella cuando apenas tenía 17 años, él se da cuenta de que no conoce a su mujer, a esa mujer capaz de amar con esa pasión que él envidia con todas sus fuerzas, porque es incapaz de sentir algo así. Y siente una profunda envidia de aquel joven que sí supo amar a su esposa con esa intensidad, aunque solo fuera por un instante, y que fue capaz de dublineses 6morir por su amor. En ese desgarrado monólogo final, Gabriel/Huston, en plena noche, mirando caer la nieve por la ventana mientras su mujer duerme en la cama, nos dice: “¡Qué pequeño papel he representado en tu vida, es casi como si no hubiera sido tu marido, como si nunca hubiésemos convivido como marido y mujer… Uno a uno todos nos convertiremos en sombras, es mejor pasar a ese otro mundo impúdicamente, en la plena euforia de una pasión que irse apagando y marchitarse tristemente con la edad… ¿Cuánto tiempo has guardado en tu corazón la imagen de los ojos de tu amado diciéndote que no deseaba vivir? Yo no he sentido nada así por ninguna mujer, dublineses 4pero sé que ese sentimiento debe ser amor… Piensa en todos los que alguna vez han vivido, desde el principio de los tiempos, y en mí, transeúnte como ellos, fluctuando también hacia su mundo gris, como todo lo que me rodea, este mismo sólido mundo en el que ellos se criaron y vivieron se desmorona y se disuelve. Cae la nieve, cae sobre ese solitario cementerio en el que Michael Furey yace enterrado. Cae lánguidamente en todo el universo y lánguidamente cae como en el descenso de su último final sobre todos los vivos y los muertos.”

Un último plano azulado de la nieve cayendo sobre el silencio de la noche pone fin a la película en el que, sin duda, es el mejor epitafio para la tumba de un gigante del cine y de la vida como John Huston, un  ser humano que nunca huyó de las elecciones de la vida y que, por eso, vivió y devoró todos los instantes de todas las vidas.

PD: No he podido insertar la secuencia completa del monólogo final, si queréis verla podéis hacerlo en:
http://www.youtube.com/watch?v=bCYMwT-Oikw
si optáis por ver la versión doblada al castellano, o en:
http://www.youtube.com/watch?v=mvNRFfVelt4&feature=related
si lo hacéis por la versión original en inglés.

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Porque la felicidad no es una zanahoria…

15 Noviembre, 2009

felicidad 11Hoy me gustaría hablaros de la felicidad, algo que, muchas veces, creemos que debe existir; que algunas veces,  intuímos que existe; y que muy pocas veces, somos plenamente conscientes de que verdaderamente existe,  porque en esos momentos somos felices… casi sin darnos cuenta.

Y para este viaje que hoy os propongo, me gustaría que una joven cantante estadounidense nos acompañara: Melody Gardot.

ffg3En la entrada de este blog que dediqué  hace unos meses a Fernando Fernán-Gómez decía que él escribió en una ocasión que “la diferencia entre los hombres de la realidad y los personajes teatrales es que los hombres de la realidad siempre son protagonistas, todos son protagonistas, aún cuando al mismo tiempo sean personajes secundarios en las peripecias ajenas…”

felicidad 22Cuánta sabiduría se esconde en esas palabras o ¿acaso hemos conocido a alguien que se limite de verdad a ser un personaje secundario de nuestras vidas…? o, lo que todavía es peor, ¿cuándo hemos admitido nosotros ser un simple comparsa en la vida de los demás? Siempre nos creemos el centro del mundo, tenemos muy claro que todo debe girar a nuestro alrededor, que nuestras opiniones deben prevalecer sobre las de los demás, simplemente porque son nuestras… ¡ay de aquel que ose llevarnos la contraria en los temas que verdaderamente nos importan!

felicidad 33Tenemos tanto ego que nos cegamos a nosotros mismos, empeñándonos en sentirnos infelices. Vivimos prisioneros de nuestros deseos, somos esclavos de nuestros anhelos, sin saber, o sin querer saber, que un deseo hecho realidad no supone alcanzar la felicidad. Y, sin embargo, nos empeñamos en creerlo. Siempre pensamos que la felicidad es algo futuro que, tarde o temprano, vendrá desde no sabemos dónde ni por qué, a dar sentido al sinsentido de nuestra vida. Creemos que la felicidad es una especie de zanahoria tras la que nos pasamos la vida corriendo… sin saber que jamás llegaremos a alcanzarla, porque la felicidad nunca ha sido, ni será, una zanahoria.

felicidad 37Otros, en cambio, se quedan anclados en la idealización de un pasado que nunca les dio, ni les dará, la felicidad, proclamando una y mil veces que algún día fueron felices…cuando, en realidad nunca lo fueron y, lo que es peor, ese haberse quedado viviendo del recuerdo les aleja más y más de la verdadera felicidad que habita en el único mundo que verdaderamente existe: el del aquí y el ahora. ¿Tanto cuesta limitarnos a vivir este aquí y este ahora?, ¿tan difícil es aceptar que no somos el centro del universo, que cada una de las personas con las que nos cruzamos a diario tiene su propia vida en la que nosotros no somos más que un personaje secundario o un figurante? Infaliblemente, cuando conocemos a alguien pensamos en lo que nos podría llegar a dar o, en el mejor de los casos, nos limitamos a ignorarle porque no nos interesa lo más mínimo. ¿Cuándo ha sido la última vez que, al conocer a alguien, lo primero que hemos pensado, de verdad, ha sido “en qué puedo ayudarle yo”?

felicidad 38La vocecita de nuestra conciencia, esa voz que nos habla desde nuestro interior, es un dictador insaciable que nos habla continuamente para impedirnos escuchar el silencio. Pero esa voz no es nuestra voz, es la voz de nuestro ego, y está siempre hablando para no dejarnos pensar, para impedir que nuestra mente se calme y se serene. Su vida depende de ello, por eso habla todo el rato. Es un continuo yo, yo, yo… Los demás no existen para esa voz más que como compañeros u obstáculos de nuestro caminar, porque para nuestro ego los demás carecen de vida propia. Si cada vez que habla esa voz aprendemos a observarla, nos daremos cuenta de que, en realidad, nosotros somos el observador, no esa voz, y ese será el primer paso del largo camino que nos llevará a silenciarla.

felicidad 30Nosotros, como actores, sabemos muy bien que, para empezar a vivir cualquier personaje, lo primero que debemos hacer es acallar la vocecita de ese juez inclemente y pesadísimo que siempre nos acompaña cuando nos sentimos inseguros o tenemos miedo a arriesgarnos de verdad a ser libres. No es fácil, desde luego, acallar esa voz, pero tenemos la ventaja de que sabemos que esa voz no sólo no nos ayuda en absoluto, sino que dificulta muchísimo nuestra labor. Acallar esa voz  es el primer paso de nuestro camino creativo, y esa es una de las ventajas que tenemos los actores, ya que tenemos muchas más oportunidades de aprender a acallarla que el resto de los mortales.

Pero volvamos al tema que nos ocupa, el de la felicidad. Siempre hemos creído que la felicidad es algo que vendrá algún día, porque, sin lugar a dudas, está fuera de nosotros, y, en verdad, nada más lejos de la realidad. La felicidad, como todas las cosas que verdaderamente importan, siempre ha estado, y está, dentro de nosotros. Voy a poneros algunos ejemplos de la vida real que pueden ayudarnos a entender mejor todo esto.

Hace cinco años, una chica paseaba en bicicleta por una calle de una pequeña ciudad estadounidense. Tenía diecinueve años y toda una vida por delante. Un coche se cruzó en su camino y la atropelló brutalmente. Amaba la música. Billie Holiday, Ella Fiztgerald y Nina Simone eran sus cantantes favoritas. El jazz era su pasión. Los médicos lucharon desesperadamente por salvar su vida. Entre las secuelas que tenía, sufría de amnesia. Su felicidad 3neurocirujano, al saber que le gustaba tanto la música, le pidió que, como parte de la terapia para recuperar la memoria, dedicase muchas horas a cantar y a componer canciones. Y ella, tumbada en la cama, empezó a componer unas canciones preciosas. Su maravillosa voz le permitió grabarlas en la que fue la primera maqueta que hizo y que alguien llevó a un productor musical. Esa chica se llama Melody Gardot, es esa maravillosa voz que acabáis de escuchar, hoy tiene veinticuatro años y, aunque todavía tiene que subir a los escenarios ayudada por un bastón y con gafas de sol para protegerse de la fotofobia que le causó aquel accidente, es una de las promesas más firmes y con mayor proyección internacional del jazz. Si le preguntas por su discapacidad, te mira directamente a los ojos, te contesta: “¿Acaso, de alguna manera, no tenemos todos alguna?” y te sonríe.

Ahora me gustaría invitaros a escuchar una música que para mí es muy especial. Es un mantra tibetano interpretado por el Lama Gyurme y por un joven músico francés llamado Jean Philippe Rykiel.

 

felicidad 7El Lama, muy sabio, consciente de que los occidentales no estamos muy acostumbrados a este tipo de música, suele decir que los mantras son la aspirina que cura nuestros males, y la música del piano de Rykiel el agua para que podamos tragarla. He tenido la fortuna de escucharles varias veces en directo. Jamás olvidaré la primera vez que les oí. Fue hace algunos años en la Basílica de Santa María del Mar, en Barcelona. Un precioso juego de luces azules y anaranjadas iluminaba sus impresionantes columnas manteniendo el resto del templo en la oscuridad. También había muchas flores adornando el altar, desde donde ambos músicos daban aquel concierto. Tras ellos había varios thangkas tibetanos enormes y de los colores más vivos representando el mandala del Kalachakra y varios Bodhisattvas. Era un marco incomparable para un concierto como aquel. Os aseguro que, viendo tanta belleza, lloré de emoción. Imaginé lo que debían sentir los dos músicos viendo todo aquello, cuando me dí cuenta de que Jean Philipe Rykiel es ciego. En aquel momento sentí una inmensa pena por él. Hoy sé que me equivocaba, y que él también veía la belleza de aquella noche inolvidable, porque la belleza está dentro de nosotros, fuera simplemente está la luz que, iluminándola, puede ayudarnos a contemplarla, pero nunca la veríamos si no supiéramos sacarla de nuestro propio interior donde, al cerrar los ojos, si miramos el silencio de nuestro yo más profundo, jamás dejamos de verla.

He vivido muy de cerca la experiencia de un niño que tenía una enfermedad congénita incurable de riñón. Se la diagnosticaron cuando tenía ocho años: al llegar a la pubertad se le secarían ambos riñones y tendría que acabar en diálisis o en un trasplante. El médico no se equivocó y, al llegar a los doce años, se le secaron los dos riñones. Tuvo la suerte de encontrar un felicidad 28donante y ser trasplantado sin necesidad de pasar por diálisis. Al salir del hospital su peso había pasado de treinta a casi cincuenta kilos por efecto de la medicación. Estaba irreconocible y, cuando pudo empezar a salir a la calle y se cruzaba con sus compañeros de clase, muchas veces no le reconocían. Él se daba cuenta y lo comentaba, pero de su boca nunca salió un lamento ni un reproche. No sé cómo, pero aprendió a considerarlo como algo normal que le estaba pasando y que tenía que asumir. Tuvo que dejar de hacer lo que más le gustaba, jugar al fútbol, y hacer un ejercicio impresionante de autocontrol para no olvidarse de tomar ni una sola de las casi veinte medicinas que tenía que tomar a diario.

Al llegar a la adolescencia su cuerpo empezó a rechazar el riñón trasplantado y a tener serios problemas para evitar las fuertes subidas de su tensión arterial. Se pasó más de tres meses internado en un hospital hasta que, finalmente, tuvieron que extraerle el riñon trasplantado, ya que había dejado de funcionar y había acabado siendo únicamente un foco de infección. Pasó más de felicidad 29un año sometiéndose a sesiones de cuatro y cinco horas de diálisis tres veces por semana. Impresionaba verles a todos en aquella sala charlando animadamente de sus cosas en un mundo y con un lenguaje totalmente ajenos al nuestro. El compañero más joven que tenía en aquella sala pasaba de los treinta años; él no había cumplido aún los diecisiete y ya esperaba su segundo trasplante. Nunca le oí quejarse ni hacerse la pregunta que, seguramente, todos nos habríamos hecho en su situación: “¿Por qué me ha tenido que pasar a mí?”. Al revés, él siempre ha estado de buen humor, alegre, preocupándose por los problemas de los demás, sin quejarse jamás de los suyos.  Durante todo aquel tiempo estuvo en lista de espera para un nuevo trasplante. Un día le llamaron para que fuera urgentemente al hospital porque había un riñon que podía ser compatible para él. Le hicieron el crossmatching, la prueba de compatibilidad entre donante y receptor, pero no dio el resultado esperado y tuvo que volver a casa sin haber sido trasplantado. Meses después volvieron a llamarle. De nuevo falló el crossmatching, y de nuevo volvió a su casa de vacío y a tener que seguir con las sesiones de diálisis. Él nunca se quejó, a pesar de que su cara y sus brazos reflejaban el sufrimiento de su cuerpo. En el colegio decidió hacer su trabajo de investigación precisamente sobre el mundo de los trasplantes. Quería compartir su experiencia con todos los demás y, al hacerlo, ayudar a quien lo pudiera necesitar. Se entrevistó con todos los médicos que le habían tratado, las enfermeras le dieron muchísimo material  y él se documentó a fondo sobre todo aquello. Por aquel trabajo consiguió una matrícula de honor. Hace tres años, apareció, por fin, el riñón que tanto había deseado. El segundo trasplante salió muy bien, ni siquiera engordó gracias a la nueva medicación, y hoy ese chaval es un joven de veintiún años perfectamente normal con el que te puedes cruzar a diario por la calle, que va a la universidad, que tiene novia, que ha vuelto a jugar al fútbol y que, de vez en cuando, se acerca a charlar un rato con sus antiguos compañeros de diálisis que aún no han sido trasplantados.

felicidad 25Las experiencias de este chaval y la de Melody Gardot, no son excepcionales, en todos los hospitales puedes encontrar muchos casos parecidos. Son personas que han intuído, o a las que el dolor les ha enseñado, que la felicidad está dentro de ellos, en su aquí y en su ahora, y que para alcanzarla no hay que esperar recibir nada, sino todo lo contrario, dar todo eso que llevamos dentro y compartirlo con los demás. Ellos han creído en sí mismos, se han atrevido a confiar en ellos, porque se han dado cuenta de que la seguridad también es algo que está dentro de ellos, y que depende de una sóla cosa: la actitud. Esa es la clave: la actitud positiva en todo momento, hacia todos y hacia todo. 

Y esa es otra de las ventajas que tenemos los actores: creemos en nosotros mismos, y estamos en esto sabiendo que cuando se acabe esta obra, esta peli o esta serie, volveremos a estar sin trabajo, pero seguimos aquí, haciendo lo que nos gusta, viviendo nuesto aquí y nuestro ahora, confiando en que, tarde o temprano, encontraremos un nuevo proyecto en el que nos embarcaremos para hacer eso que verdaderamente queremos hacer: actuar. Así que tenemos la ventaja de que el amor a nuestra profesión nos puede ayudar a dar los dos primeros pasos en el camino hacia la felicidad: acallar la voz interior y creer en nosotros mismos viviendo nuestro aquí y nuestro ahora. Mira por dónde, puede que, sin saberlo, no nos falte tanto para encontrar la felicidad…

felicidad 17Dicen los maestros budistas que la felicidad consiste en aprender a superar el sufrimiento. Si la felicidad fuera una mesa, las cuatro patas que tendría, seguramente, serían: superar el deseo, amar a los demás, acallar el ego y vivir el aquí y el ahora. Puede que, algún día, cuando hallamos superado el deseo, perdido el miedo a amar, acallado la voz de nuestro ego y nos atrevamos, de verdad, a vivir nuestro aquí y nuestro ahora, invitemos a todos los que nos rodean a compartir una charla alegre y sincera sentados alrededor de esa mesa en la que ya a nadie le importará no ser el protagonista de la velada.

 

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Stefan Zweig, un mundo de ayer

8 Noviembre, 2009

zweig 13Veo con inmensa alegría cómo las obras de Stefan Zweig, poco a poco, van surgiendo del mar del olvido en el que, injustamente, las hundimos hace tiempo, y ya ocupan un lugar destacado en la mayoría de las librerías. “Amok”, “El jugador de ajedrez”, “Los ojos del hermano eterno”,o “Carta de una desconocida” son libros que todos deberíamos leer, al menos, una vez en la vida. Pocos son los autores que han alcanzado la perfección de Zweig para dibujar el alma humana. Sus libros son un estanque tranquilo en el que podemos vernos reflejados, ese estanque en el que nuestro inquieto espíritu de hoy se encuentra a sí mismo. Nunca sus obras han sido más actuales que ahora, y nunca, como ahora, tan imprescindibles. Sus novelas, como sus biografías, son ese bálsamo necesario que nuestro corazón busca desesperadamente en este mundo nuestro donde todo pasa cada vez más deprisa.

Quizá la música de Mahler, paisano y contemporáneo de Zweig, sea una buena compañera para el viaje de hoy. Ahí tenéis, si queréis, el tercer movimiento de su cuarta sinfonía, una auténtica obra maestra

 

zweig 18De entre toda la obra de Zweig me gustaría destacar su autobiografía: “El mundo de ayer. Memorias de un europeo”. Si sus libros son algo que todos deberíamos leer, éste es un libro que nadie, absolutamente nadie, debería dejar de leer. A través de sus páginas asistimos a la destrucción de un mundo, el suyo, y a los dolores de parto de la nueva Europa. Este escritor austríaco, nacido a finales del ajetreado siglo XIX, nos habla de un tiempo en el que el ser humano era lo importante. Pocas ciudades a lo largo de la historia han vivido un momento de eclosión de la cultura como la Viena que le tocó vivir. La Secession, con sus Kokoschka, Klimt, Otto Wagner o Loos; el pensamiento, con Sigmund Freud a la cabeza; la música, con Mahler y Schönberg, y la literatura, con el propio Zweig y Robert Musil, ese inmortal hombre sin atributos, zweig 34tomaron las calles de Viena al grito de “A cada época su Arte; al Arte, su libertad”. Se les podía ver en los viejos cafés, al calor de una tertulia, en las noches de la Ópera, del Burgteather o, simplemente paseando por las calles, saludando al nuevo día. La cultura, en aquella Viena, no era un coto exclusivo de las clases elitistas, sino que podías saber qué tal había estado tal tenor o tal actriz la noche anterior simplemente escuchando las conversaciones de los camareros con los clientes en las cervecerías y los viejos cafés. En aquella Viena irrepetible todo el mundo amaba la cultura y la sentía como propia, aunque nadie, absolutamente nadie, se daba cuenta de que todo aquello estaba a punto de desaparecer para siempre.

zweig 17A aquel mundo de ayer lo destruimos con la Primera Guerra mundial. Con ella desapareció el Imperio autrohúngaro, y con él el universo en el que se forjó la personalidad de Stefan Zweig. Aún así continuó siendo uno de los escritores más leídos y admirados de Europa. Su fama cruzó todas las fronteras y era leído en todos los países y por todas las clases sociales. Sin embargo, años después, sus libros fueron prohibidos y quemados en las hogueras que los nazis encendieron en las calles de casi toda Europa. Zweig era de origen judío, y, de nuevo, todo su mundo se vino abajo, esta vez con la Segunda Guerra mundial. Zweig se exilió y huyó a Brasil, donde se suicidó en 1942 al no poder soportar la idea de que su país volviera a perder una guerra y de nuevo él lo perdiera todo, o lo que era peor aún, que, esta vez, la ganara y el nazismo impusiera su dictadura en todo el mundo.

La época que le tocó vivir a Stefan Zweig en su juventud era una época en la que el hombre podía pensar, podía dialogar y podía actuar, porque entonces todo pasaba despacio, las noticias tardaban en llegar y daba tiempo a analizarlas, y la gente tenía la capacidad,  la posibilidad y la voluntad de pensar y de tener opinión propia, y no limitarse, como en la mayoría de los casos actualmente, a contentarse con repetir la última opinión que ha oído en unos medios de comunicación cada día más descaradamente convertidos en medios de manipulación y desinformación masivas. Por eso fueron los años de los grandes ideales, de los líderes, de los soñadores y de los utópicos. Hoy todo ha cambiado: asistimos en zweig 28directo a cuanto ocurre en el mundo, tenemos toda la información a nuestro alcance si de verdad nos tomamos la molestia de buscarla y de deshechar la basura informativa con la que nos manipulan, podemos saber cuanto ocurre con sólo apretar un botón, podemos llegar a cualquier parte del mundo en cuestión de horas y, sin embargo, ya no hay grandes ideales, ni líderes, ni soñadores, ni utópicos… El idealismo ha sucumbido frente al egoísmo y, lo que es más terrible aún, en nuestra alocada carrera hacia la abyección desde el “pienso luego existo” al “consumo, luego existo”, no nos hemos dado cuenta de que hemos pagado un precio excesivamente caro: dejar de ser seres humanos. Hoy ya no pensamos, ni dialogamos, ni actuamos…. hoy, por desgracia, nos limitamos a sobrevivir luchando por intentar llegar a fin de mes, por pagar la hipoteca y por tener trabajo, por precario que sea, en una esclavitud de cadenas invisibles que, en muchos casos, nos atamos nosotros mismos mientras decimos a cuantos nos quieran escuchar que somos libres, porque, ilusos de nosotros, estamos convencidos de ello.

No puedo imaginarme hoy a Stefan Zweig sentado frente al televisor asistiendo, impasible, a la destrucción del mundo, al asesinato de seres inocentes, a la hambruna criminal, a la globalización de la pobreza, al genocidio de pueblos enteros… No, no puedo imaginarme a Stefan Zweig negándose a sí mismo para adaptarse al mundo de hoy, y no puedo sencillamente porque él no estaría ahí sentado frente al televisor: él, judío, estaría estrechando la mano a los palestinos; él, europeo, estaría al frente de los movimientos antiglobalización saliendo a la calle como uno más, para recordarnos a todos que ser humano es pensar, es dialogar y, sobre todo, es actuar, y él, hombre libre y comprometido con su tiempo,, estaría liderando una lucha sin cuartel contra la hambruna y la injustica del mundo…

zweig 15Stefan Zweig tenía una forma de escribir incomparable. Fijaos cómo empieza una de sus novelas quizá menos conocida, “La embriaguez de la metamorfosis”, describiéndonos la oficina de correos donde trabaja la protagonista y, al tiempo, la decrepitud de la época que le toca vivir : “Las oficinas de correos rurales en Austria poco se distinguen unas de otras; quien ha visto una, las conoce todas. Equipadas, o mejor dicho, uniformadas en la misma época, la del emperador Francisco José, con el mismo mísero mobiliario proveniente de los mismos fondos, todas transmiten por doquier la misma sensación de tedio y malhumor estatal, y hasta en las aldeas alpinas más recónditas del Tirol, allá bajo el aliento de los glaciares, conservan obstinadamente el inequívoco olor oficial, rancio y austríaco que es una mezcla del tabaco viejo de hebra y de polvo enmohecido en expedientes amontonados…”

zweig 29O bien, la particularísima forma que tiene de describir, en la mism novela, el paso del tiempo, de la guerra… y de la vida: “…1914, uno de agosto. Por la tarde fue a la piscina; como un rayo diáfano, vio desnudo su cuerpo erguido al quitarse la camisa, un cuerpo redondeado, blanco, ardiente, sano y flexible… Y luego 1915, diecisiete años. Los padres han envejecido una década. El padre se encoge como si un trago de lejía lo consumiera por dentro, amarillo, maltratado e inclinado se arrastra de una habitación a otra, y todos saben que el negocio le preocupa…1916, dieciocho años. Unas palabras nuevas recorren incansables la casa: demasiado caro. La madre, el padre, la hermana, la nuera huyen de sus preocupaciones y se refugian en la pequeña miseria de los papelitos que usan para calcular los gastos de la pobre vida cotidiana desde la mañana a la noche. Demasiado cara es la carne, demasiado cara la mantequilla, demasiado caros un par de zapatos: Christine apenas se atreve a respirar por miedo a que salga demasiado caro… Y 1917, diecinueve años; enterraron al padre dos días después de Nochevieja, el dinero de la cuenta de ahorro alcanzó justo para mandar teñir la ropa de negro… Y 1918, veinte años. Sigue la guerra, aún  no ha habido un día libre y carente de preocupaciones, aún no ha habido tiempo para lanzar una mirada al espejo o dar un paseo por la calle… Y 1919, veintiún años. La guerra ha terminado, en efecto, pero no la miseria…Y luego 1920, 1921. Veintidós, veintitrés años, la flor de la juventud como dicen. Pero nadie se lo dice a ella, y ella no lo sabe…Y 1922, 1923, 1924, veinticuatro, veinticinco, veintiséis años. ¿Es joven todavía? ¿Es ya vieja? Algunas arrugas se dibujan suavemente en las sienes, las piernas se cansan a veces, y la cabeza duele de manera extraña en primavera…”

zweig 5Muchas de las novelas de Stefan Zweig se han llevado al cine y se han adaptado al teatro. Todos los buenos cinéfilos recordaréis la maravillosa película que hizo Max Opuls de “Carta de una desconocida”, con Joan Fontaine y Louis Jordan, pero hoy prefiero hablaros de la versión teatral de Manuel Enrique Orjuela que, hace un par de años, se estrenó en Barcelona.

zweig 11“Carta de una desconocida” es, posiblemente, uno de los relatos más bellos que se han escrito jamás. Es un canto al amor, un homenaje desnudo a ese amor verdadero que sólo vive en el dar, en el darse por completo y sin límites, un canto al único, quizá, que de verdad merece llamarse amor. La historia es sencilla, terrible y maravillosamente sencilla: una mañana de cualquier día un escritor hedonista y seductor recibe la carta de una desconocida que le roba unos minutos de su vida para decirle que, desde siempre, ha estado enamorada sin remedio de él, que le ha amado y le ama por encima de todo y de todos, que toda su vida ha girado en torno a él, mirándole, observándole, imaginándole o simplemente soñándole en todo momento. Que por una sola mirada suya ha renunciado a todo, y que lo ha hecho con zweig 8alegría porque esa mirada le ha dado la vida… Para él ella es una perfecta desconocida que le habla de tiempos y lugares que vagamente recuerda, de encuentros amorosos fugaces de los que ni se acuerda, porque ella nunca le ha importado. De hecho no la recuerda porque no la ha visto ni cuando ha estado en la cama con ella. Por esa carta él se entera de que de esos encuentros nació un hijo, un hijo al que jamás conocerá porque, con apenas diez años, acaba de morir. La desconocida también le anuncia que cuando lea esa carta ella ya habrá muerto. Nada le pide, nada le recrimina, simplemente se atreve, por primera vez en su vida, a confesarle su amor al hombre al que ama. No hay un solo reproche en esa carta, ni una sola vez le culpa de algo, al contrario, le da las gracias por haber existido y ser como es, porque, aunque sin saberlo, él le ha dado sentido a su vida  al permitir amar como ha amado, porque lo importante es amar, porque vivir no es más que amar…

Esta adaptación teatral, sabiamente dirigida por Fernando Bernués, contó con un reparto excepcional: Carlota Olcina encarnando a la niña que descubre el amor; Ivana Miño haciéndonos llegar toda la fuerza y la ternura de la pasión adolescente; Marta Marco dando vida a esa joven que ha sido capaz de renunciar a todo por un solo instante de amor y Emma Vilarasau bordando su interpretación de esa mujer que se atreve a escribir esa impresionante carta de amor. Uno de los mayores aciertos de esta adaptación fue el de haber permitido que fueran cuatro actrices las que encarnaran al personaje de la desconocida a lo largo de las diferentes etapas de su vida, haciéndolas convivir en el escenario, como conviven en nuestra mente y en nuestro corazón todos los momentos y los sentimientos que hemos vivido, dejando que dialoguen, que rían y lloren, que jueguen con nosotros, que nos acaricien, nos golpeen y que, en definitiva, nos hagan ser lo que somos.

zweig 10El otro gran acierto tenía nombre propio: Emma Vilarasau. Actriz capaz de emocionar con un silencio o un simple movimiento de la mano, hizo de esta desconocida uno de los mejores papeles de su carrera. Era emoción en estado puro. En sus ojos vivía toda la nostalgia de lo que pudo haber sido, la infinita alegría del recuerdo de lo que fue, la desgarrada tristeza del alma abandonada, y, por encima de todo, la fuerza irresistible de lo que era: una mujer capaz de amar hasta las últimas consecuencias, de dejarlo todo por amor, de encontrar el sentido de su vida en una simple mirada, una mujer que sabe que cuando te ves cara a cara con la muerte, cuando ya no hay engaños ni mentiras, cuando ya sólo hay silencio, al echar la vista atrás, ves que sólo eres lo que te atreviste a dar, que sólo vives en la parte de ti que has dado a los demás y que nada queda, ni quedará, de lo que quisiste guardar para ti.

Conocí a Emma rodando un cortometraje de los alumnos de una conocida escuela de cine de Barcelona. Como todos los cortos no era remunerado. Yo trabajé para aprender; ella para ayudar a que aquellos chavales vivieran sus sueños. Jamás podré olvidar la humildad y la generosidad con la que admitía las instrucciones del aprendiz de director. No creo que a Almodóvar o a Spike Lee les hubiera escuchado con más atención y respeto. La escena que rodábamos aquel día era muy intensa. Ella era una joven madre viuda que tenía una fuerte discusión con su hijo adolescente. Todo el amor y el odio contenidos saltaban hechos trizas entre aquellos dos seres asustados y perdidos. Emma estuvo magistral, como siempre, dándolo todo. Lloró, y nos hizo llorar, hasta en los ensayos. A última hora todos sus planos ya estaban hechos; quedaban los contraplanos en los que sólo aparecía el chaval. Muchos actores no se hubieran quedado a darle la réplica. Ella no sólo se quedó, sino que volvió a llorar con la misma intensidad que en sus primeros planos para ayudar a que el chaval viviera de verdad la escena.

Zweig 1Ese corto ha sido seleccionado en innumerables festivales por todo el mundo, y ha ganado muchísimos premios. Trabajar en él fue para mí una experiencia inolvidable y tener la oportunidad de hacerlo con Emma un auténtico lujo. Por eso, desde que vi el reparto de aquella adaptación teatral de la obra de Zweig, supe que ella era la actriz ideal para dar vida a aquella desconocida capaz de escribir una carta tan desgarradora como ésta, y que empieza con un estremecedor : “A ti, que nunca me has conocido…”

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Anthony “Zorba” Quinn

1 Noviembre, 2009

quinn 34Hoy recordaremos no sólo a uno de los actores más grandes, sino, posiblemente, al que fue uno de los últimos humanistas del Renacimiento: Anthony Quinn. Pintor, escultor, escritor, arquitecto, actor… Lo que Quinn fue por encima de todo es amante de la belleza. Supo encontrarla en todo lo que le rodeaba.

Nacido en Chihuahua, México, en 1915 (en plena revolución, no podía ser de otra manera), de padre irlandés y madre india mejicana, supo lo que era la pobreza desde muy pequeño. Pronto emigró con su familia a Los Ángeles, donde fue limpiabotas y vendedor de periódicos.

Nada mejor que un corrido revolucionario para recordar a este ser irrepetible que vivió, y nos hizo vivir, todas las vidas ¡Va por tí, Quinn, donde quiera que estés!


 
Nunca fue un buen estudiante, pero desde muy joven mostró su vocación artística. “Yo quería ser pintor, pero acabé siendo actor por accidente” solía repetir, y tenía toda la razón. En su adolescencia soñaba con ser arquitecto, y no dudó en llevar personalmente sus dibujos al despacho de uno de los mejores arquitectos del mundo: Frank Lloyd Wright que, sorprendido por la audacia del chaval, le hizo pasar a su despacho para ver detenidamente aquellos dibujos. Fue Lloyd Wright quien, en aquella pequeña charla, se dio cuenta de que Quinn tenía un  problema de dicción por tener el frenillo de la lengua demasiado grande. Le recomendó operarse y que se tratase con una logopeda pues “un buen arquitecto no solo debe saber dibujar, sino que tiene que poder defender bien sus ideas. Cuando acabes el tratamiento ven a verme” le dijo…

quinn 16

La logopeda trabajaba en una escuela de teatro donde Quinn acudía regularmente a recuperación, a pesar de tener que pagarse aquellas sesiones trabajando como boxeador, taxista o haciendo las cosas más inverosímiles para ganar algo de dinero. En una de aquellas sesiones, mientras Quinn ejercitaba la dicción pronunciando un texto, F. Pollock, que en aquel momento dirigía una obra de teatro con alumnos de la escuela le oyó y le propuso inmediatamente sustituir a un joven actor que se había puesto enfermo. quinn 42Esos fueron sus primeros pasos en un mundo que ya no abandonaría jamás, aunque él siempre se sintió más pintor y escultor que actor. Lo que Quinn fue en realidad es un enamorado de la vida y de la belleza. Por eso la buscó en todo lo que hizo. Lo que más le gustaba eran las mujeres (se casó tres veces, tuvo trece hijos y, según cuentan las habladurías,  tuvo más amantes que películas, y eso que su filmografía supera las doscientas… “Siempre me enamoro de mis compañeras de reparto”, solía decir sin ningún tipo de reparo).

quinn 29En su fantástica autobiografía “El pecado original”, Quinn dice, entre otras cosas, que “Ser incapaz de amar incondicionalmente es para mí el pecado original, el que engendra todos los otros”. Son muchas las anécdotas deliciosas que cuenta en ese libro. La de su llegada a los grandes estudios de Hollywood y su encuentro con el todopoderoso Cecil B. de Mille no tiene desperdicio. Estaban cerrando el casting de “The plainsman”, dirigida por el propio de Mille, con Gary Cooper como protagonista cuando Quinn, que, aparte del teatro, solo había trabajado como extra en un par de películas, fue a ver al director de casting para decirle que era el indio cheyenne que necesitaban. Apoyándose en su físico tan característico, juró y perjuró que él era un cheyenne puro. Se inventó un idioma que “sonaba” a indio y convenció al director de casting. Antes de presentárselo a De Mille, el director de casting le pidió que no hablase ni una sola palabra en inglés, para convencer a De Mille de que, sin lugar a dudas, él era el indio quinn 30que estaban buscando. Le dieron el papel: el de un jefe indio que tenía que soltar una arenga revolucionaria contra los blancos ante diez mil indios. Era la oportunidad de su vida. Aprendió a montar a caballo en una semana (antes de aquel día no había visto un caballo de verdad en su vida) y se presentó el día del rodaje en los estudios tras haber pasado toda la semana estudiando como un poseso un texto de más de cinco páginas en cheyenne del que él no entendía ni una sola palabra y ni sabía siquiera cómo debía pronunciarlo. Su primera sorpresa fue cuando, en lugar de darle un traje de jefe indio lleno de plumas, los de vestuario le dieron un simple taparrabos y una pluma en la cabeza. Atravesó la calle que le separaba del plató lleno de vergüenza tapándose como podía el trasero al cruzarse con todos los que, hasta aquel día, habían sido sus mitos de la pantalla.

Una vez en el set resultó que no tenía ninguna secuencia con diez mil indios, sino un mano a mano con Gary Cooper, al que tenía que soltarle toda la perorata en cheyenne. Quinn tenía que subirse a un caballo y acercarse cantando una canción india (que, por supuesto improvisó allí mismo), a una hoguera que encuentra en el bosque, bajarse del caballo y quedarse en pie junto al fuego, donde le asaltaría Gary Cooper y él le soltaría el discurso con las manos arrriba. La primera toma fue fantástica hasta que, al llegar junto al fuego, dió un salto y se escondió tras un árbol. “¡Corten!” gritó cabreadísimo De Mille. “¿Es que no le han explicado a ese imbécil lo que tiene que hacer? ¡Quiero que se quede junto al fuego!”. Quinn, aparentando no saber inglés, escuchó pacientemente la traducción que le hicieron a su inventado idioma cheyenne. La segunda toma también iba muy bien hasta que, al llegar junto al fuego, de nuevo dió un salto y se escondió tras el árbol. El cabreo de De Mille era de impresión y exigió que trajeran a otro actor porque aquel indio estúpido le estaba haciendo perder un montón de dinero. Gary Cooper, que en maquillaje había coincidido con Quinn y estaba al corriente de la farsa, le pidió a De Mille que le diese otra oportunidad. Lo hicieron, pero Quinn volvió a hacer exactamente lo mismo: esconderse tras el árbol. De Mille, ya fuera de sí, dijo que lo sacaran del estudio inmediatamente, y entonces Quinn, en inglés, se dirigió a aquel hombre que todo lo podía en Hollywood y a quien nadie osaba enfrentarse y le dijo: “Mire Sr. De Mille, yo no soy indio, soy actor. He trabajado en teatro. Métase los setenta y cinco dólares que me paga por donde le quepan. Usted tendrá mucho dinero pero de dirigir películas no tiene ni idea. Ese fuego ha sido encendido por un blanco y mi personaje, un indio, es imposible que no se dé cuenta de eso, por eso reacciona escondiéndose tras un árbol, porque sabe que debe andar cereca un hombre blanco…”

quinn 17

quinn 41Cuentan que el silencio en el plató fue impresionante. Tras unos interminables segundos mirándose fijamente el uno al otro, De Mille dijo “El chico tiene razón, cambien el guión, se esconderá tras el árbol.” Tenían previsto rodar aquella escena en tres días. Lo hicieron en uno sólo y De Mille le hizo personalmente una prueba a Quinn para su siguiente película una semana después. Desde aquel día Quinn fue famoso en todo Hollywood por haber sido capaz de enfrentarse a De Mille. Un año después se casó con Katharine, la hija del propio De Mille.

quinn 8Quinn ha sido, probablemente, uno de los actores más camaleónicos de la historia del cine. Ha sido cura rural, Papa, esquimal, indio, bucanero, ganster, pintor, mafioso, magnate griego (Onassis), soldado, revolucionario, jorobado de Notre Dame, etc., etc., etc. A lo largo de su carrera ganó dos Oscars como mejor actor secundario por sus papeles de hermano de Emiliano Zapata, junto a Marlon Brando, en “Viva Zapata”, 1952 y de Paul Gauguin, junto a Kirk Douglas en “El loco del pelo rojo”, en 1956. Sin embargo nunca consiguió el Oscar al mejor actor, a pesar de haber estado nominado por uno de los papeles más inolvidables de la historia del cine: el de Zorba el griego (Rex Harrison lo ganó aquel año por My Fair Lady). Dirigió una única película, “Los bucaneros”, en 1958.

quinn 15Alguna vez definió lo que buscaba como actor: “Lo que realmente quiere un actor es encontrar el personaje que le permitirá poner un espejo frente a todos los sueños que nunca ha expresado, a todas sus ansias, a su soledad, un papel que le asegure un lugar en el muro de la verdad absoluta.” En contra de la imagen que daba, él mismo se consideraba como una persona muy insegura, tanto es así que, siendo ya una estrella consagrada, en una ocasión se bloqueó durante un rodaje debido a esa inseguridad.

quinn 4Acostumbrado a necesitar una sola toma, Quinn cuenta que un día se le atravesó una secuencia fácil y no podía hacerla. Tan sólo tenía que ponerse frente a la cámara y decir “Siento llegar tarde. Me atrasé por complicaciones imprevistas.”, pero no había forma. Se iba haciendo cada vez más tarde y él fallaba una toma tras otra. Los nervios empezaron a inundar el set y él, cada vez que oía “cámara”, se bloqueaba. Todos intentaron ayudarle. La actriz con la que compartía la escena llegó a decirle “Calma, Toñito, calma, ¿puedo ayudarte en algo?”. Pero él seguía bloqueado y angustiado por una situación totalmente nueva para él. Tras veintisiete tomas, el director, indignado, le dijo a voz en grito que si no podía hacer aquella escena cambiarían el guión, pero que no podían perder más tiempo. Todos los miembros del equipo se pusieron a temblar pues Quinn tenía fama de ser una persona de carácter muy fuerte y nadie le había gritado nunca en un plató. Quinn aguantó la bronca en silencio, llamó inmediatamente al productor y preguntó a todos los miembros del equipo si estaban dispuestos a hacer horas extraordinarias, que él pagaría de su bolsillo, hasta que la secuencia saliera. Todos le dijeron que sí. Liberado de la presión, la secuencia quedó redonda en la siguiente toma. Recordando esta anécdota, comentó que era de todos conocido que Tracy o Gable tenían que repetir muchas veces sus secuencias porque se quedaban bloqueados, pero ellos podían hacerlo sin problemas porque, a diferencia de él, tenían tanta seguridad en sí mismos, que podían reírse de ellos mismos, y él no.

quinn 19Su pasión por la pintura le llevó a pedir que, en las pausas de los rodajes que tenía en localizaciones perdidas de esas donde no había nada que hacer, le trajesen sus bártulos y le dejasen pintar. Nunca dejó de hacerlo en toda su vida. El otro día escuché en las noticias a un chico enfermo del síndrome de ELA (Esclerosis Lateral Amiotrófica, enfermedad muscular degenerativa que lleva a la parálisis), decir que él no tenía tiempo para tener un mal día en su vida. Realmente era toda una lección de coraje y de sabiduría.Tengo muy claro que Quinn era de los que compartían esta forma tan maravillosa de vivir la vida.

la rancuneSocarrón consigo mismo, solía decir que él nunca se casaba con la chica al final de la película. Sin embargo, en la vida real, su físico de hombre recio y duro, su fuerte personalidad tan libre y arrolladora y esa ternura innata que era capaz de transmitir en todo lo que hacía, le convirtieron en un seductor sin remedio. Siempre alegre, dicharachero y soñador, Quinn era humanidad en estado puro. Cansado de la rigidez y los planteamientos del star system hollywoodiense, pasó muchas etapas de su vida viviendo en Europa (Roma),  trabajando en el cine europeo, a las órdenes de Fellini, Minelli, etc.

En 1964 rodó el que sería el papel por el que siempre será recordado: Zorba el griego. Nunca ha habido una simbiosis actor/personaje como aquella. La película, dirigida por Michael Cacoyannis, basada en la novela homónima de Nikos Kazantzakis y con la inolvidable banda sonora de Mikis Theodorakis, es uno de los más bellos cantos a la amistad y a la libertad que se han hecho jamás.

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Cuenta la historia de la amistad entre un joven escritor inglés (Alan Bates), que llega a una isla griega para hacerse cargo de lo único que tiene en el mundo (una vieja mina abandonada que acaba de heredar), y Alexis Zorba (Anthony Quinn), un hombre absolutamente libre y sabio que le enseña a vivir de la única manera que él sabe: disfrutando cada instante. El contraste entre la educada personalidad del inglés y la espontaneidad salvaje y mediterrénea de Zorba es delicioso. Zorba empieza a trabajar para el inglés y le ayuda a abrir de nuevo la mina. El fracaso es estrepitoso ya que aquella mina está agotada, pero Zorba, imaginativo como nadie, convence al inglés para que invierta sus últimos ahorros en la costrucción de un estrambótico teleférico con el que podrán bajar hasta el mar los árboles que pueden talar de un bosque que pertenece a un monasterio de popes ortodoxos que hay en lo alto de la montaña. Zorba diseña quinn 13el teleférico y gasta hasta el último penique de su amigo inglés en la construcción de aquel invento. El día de la ansiada inauguración todo el pueblo acude al bautizo del artefacto. Popes, vecinos y cabras deambulan por la playa cuando Zorba da la orden de soltar el primer tronco que, paulatinamente, va cogiendo más y más velocidad produciendo un estruendo amenazador que hace que todos, temiéndose lo peor, salgan corriendo. Tras asegurar que nada malo va a ocurrir, Zorba da de nuevo la orden para que suelten un tronco más. Al segundo le sigue un tercero. La velocidad ahora es ya aterradora y, a su paso, el tronco va derribando todos los soportes del invento. Popes, vecinos y cabras huyen despavoridos y se tiran al mar. Todo el teleférico rueda por los suelos y no queda nada de los ahorros del inglés. Y ahí, en ese preciso momento, Zorba le dice a su amigo inglés, que acaba de perderlo todo, una frase maravillosa: “Jefe- le dice- yo tengo que decírselo, porque le quiero, usted lo tiene todo para ser feliz, absolutamente todo…menos una cosa ¡la locura! Tiene que romper la cuerda que nos ata y  no nos deja ser libres…” El inglés, influenciado ya sin remedio por la maravillosa personalidad de Zorba, le responde: “Zorba, enséñame a bailar”, y Zorba le enseña a bailar el sirtaki más famoso de la historia, y es ahí cuando, en una lección de sabiduría como hay pocas, contemplando todo lo que se ha perdido, Zorba le dice: ” Pero bueno, Jefe, ¿ha visto usted alguna vez una catástrofe más esplendorosa?” y los dos se echan a reír y a bailar en un final de la película imposible de olvidar.

quinn 53Nikos Kazantzakis, uno de los mejores escritores griegos del siglo XX, es el autor de la novela de Zorba el griego, ese Zorba que, desde entonces, no puede ser otro que Anthony Quinn. Luchador contra la dictadura, Kazantzakis fue, por encima de todo, un hombre libre. En su tumba puede leerse un epitafio que define su arrolladora personalidad y que, a buen seguro, también podría estar en la tumba de Anthony “Zorba” Quinn::

 

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“NADA TEMO,

NADA DESEO,

SOY LIBRE”

 

 

 

 

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Doctor Zhivago: recuerdos, anécdotas, y secretos de un rodaje épico

25 Octubre, 2009

DoctorZhivago 1Hoy voy a hablaros de una de mis películas favoritas: Doctor Zhivago, de David Lean. Supongo que muchos la recordaréis: Omar Sharif encarnando de forma inolvidable a Zhivago, el joven doctor idealista y poeta que se debate entre el amor a su mujer (Geraldine Chaplin) y al mundo al que pertenece y que está desapareciendo bajo el imparable empuje de la revolución rusa, y su apasionado amor por Lara, esa Lara a la que da vida Julie Christie y que representa la libertad, el amor, la transgresión, y la pasión… esa Lara a la que todos hemos soñado encontrar al menos una vez en nuestra vida…

Lo que tengo muy claro es que todos conocéis el tema central de su banda sonora, ese maravilloso tema de Lara escrito por Maurice Jarre.

doctor zhivago 9Ambientada en la Rusia de 1917, fue rodada en 1965 casi íntegramente en España. Los campos de Soria fueron los elegidos para la mayor parte del rodaje porque eran los que más se parecían a las heladas estepas siberianas y la nieve, según los meteorólogos consultados, estaba allí garantizada. Sin embargo, aquel invierno casi no nevó y el director artístico tuvo que hacer verdaderas maravillas con cristales, polvo de mármol y escayola para doctor zhivago 13cubrir de blanco los secos campos sorianos y para llenar de estalactitas y estalagmitas la casa de campo abandonada en la que Zhivago se refugia primero con su familia y más tarde con su amor, Lara. Además, los continuos cambios en el plan de rodaje obligaron más de una vez a que el paisaje tuviera que cambiar de estación de un día para otro, por lo que más de una noche se tuvieron que plantar las miles de flores que iluminaban la primavera rusa o pintar de amarillo las hojas de los árboles para mostrarnos la incomparable belleza del otoño siberiano…

doctor zhivago 10En los alrededores de Madrid se construyó un decorado que representaba una de las calles principales de Moscú, en la que transcurre una de las secuencias más impactantes de la película: la manifestación de los obreros con sus mujeres y sus hijos criminalmente reprimida por la guardia zarista que hace que la sangre tiña de rojo el blanco suelo nevado.

Para rodar aquella secuencia en la que los trabajadores marchan cantando “La Internacional” se contrató a varios centenares de extras de la zona. Habían previsto enseñarles a cantar “La Internacional” cuando su sorpresa fue que todos se la sabían. No hay que olvidar que estábamos en la España de Franco y que ese himno, como tantas otras cosas, estaba prohibido. Los policías nacionales que vigilaban el rodaje, los “grises”, se alarmaron al oír cantar el himno revolucionario e interrumpieron el rodaje. Tras arduas negociaciones en las que los responsables de la película les explicaron y garantizaron que aquello estaba permitido porque se trataba de una película histórica ambientada en la Rusia de 1917, accedieron a que continuase el rodaje, aunque tomaron nota del nombre y apellidos de todos los extras que sabían la letra de “La Internacional”.

doctor zhivago 22Otra de las curiosidades de aquella secuencia la desveló el propio Omar Sharif en una entrevista concedida hace pocos años. En ella él sale a ver la manifestación desde el balcón de su casa y asiste, sorprendido y aterrorizado, a la brutal represión del ejército que, en una brutal carga de cabellería sable en mano, asesina a muchos de los manifestantes delante suyo. Tras reaccionar y bajar corriendo a atender a los heridos, los militares no le permiten ejercer su profesión a pesar de que él insiste en que es médico. Sharif había recibido instrucciones muy concretas de David Lean de hacer una interpretación absolutamente neutra. “Te voy a pedir lo más difícil que se le puede pedir a un actor: quiero que no expreses nada” le había dicho Lean una y otra vez en los ensayos y durante el rodaje. “El público entenderá perfectamente todo lo que te ocurre cuando vea las imágenes de la película, tú no te preocupes. Sólo te pediré que muestres lo que sientes en dos o tres secuencias.” Sharif recuerda que se sentía tremendamente frustrado cuando, cada día, al acabar el rodaje y tomar una copa en el bar con sus compañeros, todos comentaban lo bien que habían estado en esta o en aquella secuencia y él no podía decir nada, ya que sentía que ni siquiera había actuado. Fue especialmente duro para él porque aquel era el primer prota que hacía en su carrera…

omar shariff-zhivagoUna de esas secuencias en las que Lean le pidió que expresara sus sentimientos fue precisamente la de la manifestación. Como no podía ser de otra manera, cuando Sharif rodó sus planos no tenía ninguna manifestación ante él, ni militares asesinando inocentes, ni sangre sobre las calles, ni nieve, ni calle, ni nada de nada… Para solventar su plano corto, Sharif recurrió a todo su imaginario. Cuenta que se imaginó las situaciones más dantescas: cabezas rodando por los suelos, sables ensangrentados, familiares asesinados, niños masacrados… pero una y otra vez Lean le decía que no era aquello, que lo que él necesitaba no era aquello. Tras varias horas de frustrados intentos, Lean le pidió que imaginase justo lo contrario: la situación más placentera que pudiese sentir. Sharif se imaginó a sí mismo teniendo el más intenso y salvaje de los orgasmos… ¡Y realmente la escena funcionó, y ha pasado a formar parte de la historia del cine!

doctor zhivago 8La historia de amor que cuenta la novela sobre la que se basa esta película nos es narrada desde una doble perspectiva: la de la intimidad del mundo de Lara, y la de la irresistible necesidad de libertad que siente Zhivago. David Lean resuelve esta situación adaptándola al lenguaje cinematográfico mediante una utilización muy inteligente de la posición de la cámara: en muchos de los planos de Lara, la cámara está fuera de la casa y nos la muestra a través de una ventana, haciendo que sintamos que estamos invadiendo su intimidad, su mundo, que nos sintamos verdaderos “voyeurs” de su vida; por contra, una gran parte de los planos de Zhivago nos lo muestran desde dentro de una habitación, muchas veces solo, mirando a través de una ventana, o un simple plano subjetivo de una ventana cerrada desde la que vemos pasar la vida, transmitiéndonos la sensación de que Zhivago está realmente preso entre esas cuatro paredes. En total hay casi sesenta planos rodados a través de ventanas en la película.

docteur JivagoDoctor Zhivago nos habla de una historia de amor inmortal, de un amor apasionado que nada sabe de límites ni fronteras, de ese amor que todos, aunque sólo sea una vez, soñamos con poder vivir. Es ese amor el que permite que Lara y Zhivago, dos seres perdidos entre un mundo que agoniza y los dolores de parto del nuevo mundo que vendrá, sobrevivan y sean capaces de levantarse una y otra vez, de sobreponerse a todas las dificultades, de superar todas las pruebas, porque ese amor, como todo amor verdadero, da sentido a sus vidas. Cuando ya no queda nada a lo que aferrarse, cuando todo muere a su alrededor, cuando sólo hay dolor y destrucción, cada uno de ellos sabe que ya no puede creer en nada ni en nadie más que en el otro. Amar es lo único que siempre nos queda. Doctor Zhivago nos habla de un amor imposible, de un amor que el mundo, sus reglas y sus convenciones no pueden dejar existir, porque es un amor demasiado puro, demasiado bello para vivir inmerso en la inmundicia y el egoísmo generalizado que le rodea.

Doctor Zhivago es una adaptación cinematográfica de la novela homónima de Boris Pasternak. La novela es realmente fantástica, aunque, como buena novela rusa, tiene tal cantidad y diversidad de personajes que hace que, en más de una ocasión, nos perdamos y tengamos que releer lo ya leído para retomar el hilo. La película, en cambio, manteniéndose fiel al espíritu de la novela, se centra mucho más en la historia personal de Zhivago, y por eso nos llega mucho más hondo.

doctor zhivago 11Me gustaría recordar ahora una de las secuencias más bellas de la película, que nos muestra a Zhivago escribiendo sus poemas de forma enloquecida en las heladas madrugadas en la casa de campo en la que se ha refugiado con Lara huyendo de la barbarie de la guerra. La vieja casa abandonada está totalmente helada, parece un palacio de cristal. Durante todo el invierno están solos en la casa; fuera el mundo entero se destruye. Ellos no saben si sobrevivirán; tampoco saben qué quedará, si queda algo, del mundo que conocen… doctor zhivago 5Ella duerme en la cama mientras él escribe sentado a una pequeña mesa iluminado por la tenue luz de un candil. Fuera no para de nevar. Al alba, exhausto, él se duerme y ella se levanta y se acerca a la mesa para leer los poemas que él le ha escrito. En los ojos de Lara vemos toda la belleza de esos poemas, unos poemas que dicen…

“La nieve cubre las veredas
y se acumula en los tejados.
Para estirar las piernas, salgo.
Te miro allí, desde la puerta.
Con abrigo de otoño, sola,
sin el sombrero ni los zocos,
combates contra la congoja
y mascas desleídos copos.

Se esfuman árboles y vallas
en la distancia y en la neblina.
Mientras azota la nevada,
estás tú sola en la esquina.
docteur JivagoDesde tu pañoleta escurre
agua que baja por las mangas;
y sobre tu cabello fulge,
como el rocío de la mañana.

Un mechón rubio te ilumina
y pone luz en los colores
del dulce rostro, la mantilla,
y el pequeño abrigo que te pones.

En tus pestañas se derrite
la nieve. Tienes ojos tristes.

Pareces esculpida y hecha
en una sola pieza, entera.

Con una gubia bien templada
en antimonio, se ha grabado
en lo más hondo de mi alma,
de un solo trazo, tu retrato.

Ahí han quedado para siempre
tus rasgos llenos de humildad.

Por eso digo: no me duele
que el mundo actúe con crueldad.

Y se duplica, por lo mismo,
la espesa noche hecha nieve.
Y entre los dos ya no se puede
trazar un límite preciso.

Mas ¿quiénes, y de dónde, somos
si de aquel tiempo sólo hay humo
de habladurías y nosotros
no estamos más en este mundo?”

David Lean 4Me gustaría acabar esta entrada contando una anécdota no muy conocida de David Lean y de su relación con nuestro país. No deja de ser curioso que Lean rodase esta película justamente después de haber rodado “Lawrence de Arabia”. Y digo que no deja de ser curioso porque “Lawrence de Arabia” también se había rodado en gran parte en España (en la costa almeriense, y más concretamente en los alrededores de un pequeño pueblo llamado Carboneras). Lean había comprado una casa frente al mar, en una maravillosa playa que hay bajo el Algarrobico, a la entrada de Carboneras. Allí vivía con Bárbara Neal, su mujer, una atractivísima rubia neozalendesa, criada en Inglaterra, de intensos ojos azules que paseaba con unos elegantísimos vestidos de colores vivísimos por aquel pequeño pueblo en el que, en aquella época, casi todas las mujeres vestían siempre de riguroso negro. Allí también coincidieron durante el rodaje Anthony Quinn, Peter O´Toole y el propio Omar Sharif. Eddy Fowlie, el ayudante de Lean, había acondicionado una casa de ocho habitaciones frente al mar para los actores. La gente del pueblo se había habituado a ver camellos donde hasta entonces sólo había habido burros, multitud de camiones que llenaban la zona de arena para que aquello pareciese el desierto de Aqaba y, sobre todo, guardia-civila muchas gentes “raras” de esas que “hacen Lorenzo el de Arabia”. Fueron cientos los almerienses que trabajaron como extras en aquella película.La convivencia fue idílica durante el rodaje, y la confraternización de unos y otros fue altísima, hasta el extremo de que Bárbara, la exhuberante neozelandesa, se enamoró locamente…. ¡del cabo del la Guardia Civil!  Acabado el rodaje, las gentes del cine se fueron, David Lean también se fue, sólo Eddy Fowlie y Bárbara se quedaron a vivir allí. Durante mucho tiempo se la vio pasear, al caer la tarde, por las polvorientas calles de Carboneras, abrazada a su bigotudo Guardia Civil, en una extrañísima e inédita simbiosis de sofisticación británica y tricornio español que, a buen seguro, habrá pasado a formar parte de la historia de la Benemérita… Eddy Fowlie transformó aquella casa en un pequeño hotel, el Hotel Dorado, que ambientó con decorados de las películas en las que trabajó como ayudante de dirección. Según me cuentan, si vas por allí, todavía hoy puedes ver, entre otras cosas, la famosa sombrilla que volaba por los acantilados en “La hija de Ryan”, otra fantástica película dirigida por su gran amigo David Lean…

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Detener el tiempo…

18 Octubre, 2009

PWCATAD46BCA00FWIZCA3AVW3LCA0V5NP8CAMT1YX4CALCPQSKCAC12GLCCAAR3VF6CAAP4V8CCAJ3TD7PCAGECAW5CA8XIGMCCAUG4FC9CA3EHIO5CAN4YCOWCATEJ2VICAAFLXHGNo deja de ser curiosa la manera en que nuestra concepción de la vida va variando con el tiempo. Supongo que es algo que no tiene remedio y que, en mayor o menor medida, nos pasa a todos. Hoy quiero hablaros de eso: del paso del tiempo, de cómo afecta a nuestra percepción del mundo, a nuestra forma de vernos a nosotros mismos, y sobre todo, de cómo afecta a nuestra relación con todo lo que nos rodea.

Para nuestro viaje de hoy he invitado a George Winston para que, si quieres, nos acompañe.

detener el tiempo

Una de las primeras cosas en la que nos damos cuenta de que la vida cambia es la velocidad con la que pasa el tiempo. En nuestra infancia es lento, eterno, inamovible, es algo que no se acaba nunca. No le damos ningún valor porque tenemos todo el que queremos e incluso nos sobra y soñamos con regalarlo (quién no anheló alguna vez las innumerables ventajas del mundo de los mayores del que tan sólo nos separaba el infranqueable muro del tiempo). Sin embargo, conforme vamos cumpliendo años, el tiempo empieza a pasar cada vez más rápido y los momentos a durar menos. Lo primero que deja de ser eterno son los veranos, a los veranos les siguen los cursos, a los cursos los años… y a los años la vida.

detener el tiempo 5A la edad sin tiempo de la infancia le sigue la edad sin pausa de la adolescencia. Dejamos atrás una etapa en la que todo nos fascina y nos atrae para entrar en una en la que nada nos interesa y todo nos aburre. El miedo a la oscuridad pasa a ser miedo a la claridad: ya no nos asusta lo que desconocemos, sino que nos conozcan. Buscamos nuestro lugar en el mundo, pero no nos atrevemos a buscarlo solos. Necesitamos referentes y somos tremendamente vulnerables e inseguros. La influencia de los demás es abrumadora y resulta casi imposible tener una opinión propia. La soledad nos aterra, porque pensar nos aterra. La timidez es nuestra compañera más fiel y, una y otra vez, se encarga de no dejarnos vivir. Inseguridad y timidez son los peores compañeros para recorrer el viaje de la vida.

El tiempo empieza a correr pero todavía no nos importa porque tenemos todo el que queremos. Nos sobra. El futuro empieza a entrar en nuestras vidas y, sigilosamente, empieza a adueñarse de nuestro presente, impidiéndonos vivirlo. En la infancia nos creíamos capaces de ser cualquier cosa porque vivíamos la vida como un sueño. En la adolescencia la vivimos como una pesadilla y creemos que nunca llegaremos a ser nada. Nos han enseñado a que no creamos en nosotros mismos sino en lo que podemos llegar a tener. Nos venden el gran engaño de que la seguridad es algo material que podemos conseguir fuera de nosotros y, lo que es peor, quieren hacernos creer que nuestra felicidad depende de que consigamos esa seguridad que sólo podemos comprar vendiendo nuestra vida.

detener el tiempo 25Casi sin darnos cuenta van pasando los años y, de repente, vemos que ya somos “mayores”. El trabajo, la hipoteca y la incertidumbre del futuro hacen que pasemos la mayor parte de nuestros días corriendo de aquí para allá como pollos sin cabeza. Lo importante es llegar a tiempo a los sitios y no lo que vamos a hacer en ellos. No tardamos en comprender que la seguridad que nos vendieron era una mentira y que, desde luego, la felicidad no estaba en esa casa tan grande o en ese coche tan potente que nos empeñamos en comprar. Empezamos a darnos cuenta de que el desengaño, la angustia y el cansancio nos impiden disfrutar de todas esas maravillosas pequeñas cosas que son la vida, pero, muchas veces, nos empeñamos en seguir engañándonos pensando que la felicidad llegará algún día a llamar a nuestra puerta, porque la felicidad, según nos enseñaron, es algo que vive en el futuro y, desde luego, muy lejos de nosotros…

detener el tiempo 18“Nací cuando mis padres ya no se querían”, con estas impresionantes palabras empieza “Paraíso inhabitado”, la última novela de Ana María Matute, posiblemente una de las mejores novelas que he leído en años y que habla precisamente de eso, del inexorable paso del tiempo. Con la austeridad y la aparente sencillez de los genios, Ana María Matute nos va descubriendo, poco a poco, detalle a detalle, el paraíso perdido de la infancia de Adriana, esa niña de nueve años que hace ya mucho tiempo todos fuimos. Lentamente nos va adentrando en su mundo, un mundo poblado de belleza, de fantasía, de soledad y de sueños, un universo solitario donde, cada noche, un unicornio blanco escapa a galopar más allá del tapiz donde los mayores, esos gigantes que hacen y dicen cosas que no se pueden entender, creen tenerle encerrado.

detener el tiempo 21A través de los ojos de esa niña vamos viendo a los gigantes apoderarse inexorablemente de ese paraíso inhabitado. Sin saber cómo ni por qué, nos llevan un día al colegio donde nos abandonan para toda la eternidad. Allí descubrimos que hay otros más fuertes que nosotros, que la crueldad y la violencia existen, como también existen una jerarquía y unas normas que nos obligan a acatar desde el primer día. Los gigantes nos dicen una y otra vez  que todo lo que nos hacen lo hacen por nuestro bien, cuando nosotros ni siquiera entendemos qué significa eso del bien. Pero no sólo descubrimos eso, también descubrimos el amor, nuestro primer amor, ese que vivimos pensando que será el único, y que quizá en cierta medida lo sea, porque nos acompaña toda la vida, aunque, a veces, nunca más volvamos a encontrarlo. ¿Quién no recuerda su primer beso, o el primer cosquilleo que hizo que nuestro corazón se disparase hasta el infinito y que el color rojo se apoderase de nuestras mejillas?. A esa edad empezamos a amar, a descubrir lo que es amar y a sentir lo que es ser amado.

detener el tiempo 2A esa edad sin tiempo también entendemos lo que significa ser, lo que significa estar vivo y, lo que es más importante, aprendemos a ser felices, algo que más tarde olvidamos, o nos hacen olvidar, cuando crecemos y nos convertimos en esos gigantes siempre atareados y preocupados que desaprenden a vivir, que ignoran la felicidad porque, en lugar de vivir el presente, el aquí y el ahora como hacen los niños, se amargan recordando o creando recuerdos de un pasado que ya pasó y que no pueden cambiar, o haciendo planes para un futuro que no existe y que, cuando exista, no será más que otro presente que también dejarán de vivir en pos de otro futuro más lejano tan inexistente como todos los que le precedieron.

detener el tiempo 15“Paraíso inhabitado” está lleno de páginas inolvidables, páginas llenas de poesía, de sabiduría y de belleza. Recuerdo que en una de ellas la tía Eduarda, quizá uno de los pocos gigantes a los que Adriana puede comprender, la lleva a pasear en una soleada mañana de invierno. “Fíjate en los árboles, en los troncos de los árboles en invierno…” empieza a decirle “… son como las personas… mucho follaje, mucho esplendor… tapando o protegiendo la verdadera naturaleza. Ahora ha llegado el invierno, y el invierno no perdona: saca a la luz tanto los troncos rectos como los retorcidos. Así es el invierno. Ya te digo, como las personas en el último tramo de la vida…”

Nosotros, los actores, tenemos la inmensa suerte de dedicarnos al único oficio que permite vivir más allá de nuestra edad interpretando a un viejo, a alguien más mayor ó a alguien más joven… Esa es una de las grandezas de nuestra profesión. Por eso debemos conocer a fondo cómo se vive en cada edad, cómo se siente, cómo se mueve, cómo se piensa, cómo se sueña… para poder conocer y entender cómo son en verdad todos los troncos que se esconden tras el follaje de los personajes que vamos a interpretar.

gran_raimon_panikkarPero conocer cómo nos afecta el paso del tiempo no es suficiente, también tenemos que aprender a detenerlo, a vivir nuestro aquí y nuestro ahora. Raimon Panikker, uno de nuestros más grandes sabios, suele decir que “hay que detenerse para descubrir que en cada momento está escondida la eternidad.” Y eso es lo que hace el libro de Ana María Matute, invitarnos a detenernos para vivir el presente, nuestro presente, ese maravilloso aquí y ahora donde habita la felicidad y que, hace mucho tiempo, cuando éramos niños, nos atrevimos a vivir.

jardín3Tenemos que aprender a detener el tiempo, a vivir y saborear el presente. Una forma muy simple de hacerlo es salir a pasear sin rumbo ni intención, porque eso es lo que significa pasear, no ir de un lado a otro para hacer esto o lo de más allá, sino dejarse llevar sin importar adónde y, lo más importante, sin estar encadenado a un por qué. Es entonces cuando se pueden apreciar los detalles de la belleza de todo lo que nos rodea: la cálida luz del sol, el leve susurro del viento entre las hojas, su suave caricia en nuestra cara, el silencioso vuelo de una mariposa que, como nosotros, acaba de descubrir que puede volar… El paseo es una invitación a dialogar con lo más profundo de nosotros mismos, a escuchar el silencio, a aprender a callar, a dejar simplemente que un paso guíe al otro, a fijarnos en todas aquellas pequeñas cosas que no sabíamos ni que existían, en todas aquellas maravillosas cosas que nunca vimos, es una invitación a perdernos por cualquier parque, a dejar que sea la sombra de una nube la que guíe nuestro camino, a respirar tranquila y placidamente el aire que nos rodea, a saborear todos los colores que, uno tras otro, van apareciendo ante nuestros ojos para recordarnos que este mundo sigue vivo y lleno de belleza…

detener el tiempo 29Al rato, sentados a descansar en cualquier banco solitario, vemos pasar la vida frente a nosotros: una pareja de enamorados jugando a ser niños, algún anciano perdido en sus recuerdos, otros jugando a recuperar la infancia perdida, algunos niños jugando felices a vivir las vidas de todos sus héroes… y cientos de personas anónimas que van de aquí para allá; todos tienen prisa, nadie mira a nadie, nadie habla con nadie, todos deambulan serios y callados, imbuidos en sus preocupaciones, nadie ríe, nadie mira al cielo, tan sólo al suelo, siempre al suelo, ninguno te ve, a nadie le importas… para ellos has dejado de existir, quizá simplemente porque has cometido el peor de los pecados: detener el tiempo.

detener el tiempo 7Y allí, protegido por la invisibilidad de los que a nadie importan, empiezas a escuchar de verdad, a escuchar con todos tus sentidos, y a observar detenidamente a todos los que pasan junto a ti. Son tantos y tantos los distintos personajes que ves, tantos los pequeños detalles que percibes en cada uno de ellos, tantos los casi inapreciables tics que tiene cada uno, tantos los secretos que creen esconder, tantos los recuerdos y los sueños que aún viven en ellos, tantas las diferentes formas de andar, de mirar, de hablar…

Recuerdo que uno de mis escritores favoritos, Eric Fosnes Hansen, presentando su inolvidable libro “Himno al final del viaje”, dijo algo sobre el oficio de escritor que es perfectamente aplicable al nuestro, el del actor. Comentó que la magia de escribir consiste en saber captar y transmitir los pequeños detalles, porque sólo así conseguiremos que un lector que está confortablementre sentado en el sillón de su casa viaje a los mundos que le proponemos y, lo que es más importante, que no deje de vivir en ellos cayendo en la irresistible tentación de volver a la realidad de su confortable sillón.

tranvia-nostalgico-estambulY para explicarlo puso un ejemplo muy elocuente: si a un lector le dices que imagine un tranvía que va por una calle, difícilmente imaginará algo y por eso dificilmente le sacarás de la realidad de su sillón, pero si le dices que ese tranvía es rojo, con las ventanas pintadas de blanco, que tiene un único faro en la parte delantera, que va por el centro de la calle y que su conductor lleva una camisa azul clara, ese lector cerrará los ojos y se verá a sí mismo en esa calle, olvidándose por completo de su confortable sillón. Es ahí donde está la magia: en los pequeños detalles, esos sobre los que nosotros, los actores, construimos nuestros personajes. Son tantas las valiosísimas herramientas para nuestro trabajo que, sin saberlo, todos esos seres anónimos con los que nos cruzamos a diario nos ofrecen. Pero para poder aprovecharlas debemos aprender a detener el tiempo, a escuchar de verdad y a fijar nuestra atención en todas esas pequeñas cosas, a interiorizarlas, a hacer muy concretos y muy nuestros los detalles más insignificantes en apariencia sobre los que luego construiremos esos personajes que nos permitirán vivir todas las vidas, todas nuestras vidas…

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De saltimbanquis, arlequines y payasos…

11 Octubre, 2009

circo 30Bajo la carpa del circo vive la verdadera vida, esa vida cotidiana formada por nuestros sueños, nuestros recuerdos, nuestros anhelos y nuestros miedos. Acróbatas, saltimbanquis, trapecistas y malabaristas, eterna metáfora del sufrimiento humano, escenifican el difícil equilibrio en el que vive el hombre de hoy,  atrapado en la incomprensión de sus sentimientos, esos sentimientos que le invitan a devorar la vida, a dejar atrás la cordura para atreverse a vivir en libertad, siendo sólo fiel a sí mismo, a su capacidad de amar y a su soledad.

circo 12Cuando estamos solos sobre el alambre miramos al frente, siempre adelante, allá donde viven nuestros sueños y utopías, nuestra vida real, porque sabemos que abajo sólo nos espera la muerte. Nuestro paso por el alambre, como la vida, es fugaz, un instante nada más, un maravilloso instante que podemos llenar de ilusiones, de emociones, de magia y de poesía, o que, simplemente y casi sin darnos cuenta, podemos dejar escapar al no atrevernos a vivirlo intensamente, o ni siquiera vivirlo si dejamos que el miedo, que todos nuestros miedos, nos dominen.

He invitado a Vangelis para que, si quieres, nos acompañe en el viaje de hoy.

circo 31Bajo la carpa del circo, ese universo azul donde, como en la vida, todo puede pasar, viven los payasos. Bufones, arlequines y Pierrots, esos extraños seres nacidos para hacernos reír o para ayudarnos a llorar, nada saben del destino, sólo son lo que han elegido ser: seres libres y sencillos que nos cuentan sus vivencias, su profunda incomprensión del absurdo mundo que les rodea y que, un día sí y otro también, se empeña en no dejarles alcanzar sus sueños. Ellos también miran al frente, siempre adelante, allá donde viven sus sueños y utopías, su vida real, esa que vive en la inocente mirada del niño que nunca debimos dejar de ser. Los ojos del payaso, tristes a veces, alegres las más, son el espejo puesto ante nosotros para que veamos lo que estamos haciendo con nuestra propia vida.

circo 21Pocos como Picasso supieron captar la magia del circo. Asiduo a todas las funciones de los circos ambulantes y permanente espectador del Circo Medrano en París, Picasso encontró en la gente del circo, los circasianos o habitantes de Circa, es decir extranjeros, su alma gemela. Acabado el espectáculo se unía invariablemente a ellos en las tabernas y los bares de alrededor para intercambiar su experiencia vital. Fue mucho lo que aprendió en aquellas tertulias del amanecer…

circo 24

Ellos le enseñaron que si el arlequín se viste con los retales de lo que fue, nosotros, los engreídos ilusos que nos reímos de él, lo hacemos con los retales de lo que podríamos haber sido. Desde que entró en contacto con ellos jamás dejó que le abandonaran. Picasso era un arlequín, el más grande payaso de todos los tiempos, un clown capaz de reírse hasta la saciedad de sí mismo para poder ir más allá de la forma y llegar a la esencia de lo que somos: un universo capaz de romper todas las barreras para crearse cada día a sí mismo.

circo 17Picasso adoraba a los payasos, quizá porque sabía que, en la sencillez de sus risas, eran seres absolutamente libres, y por ello, creadores. Acróbatas, arlequines y equilibristas compartían la pista de sus cuadros con sensuales amazonas cargadas de erotismo y vida que, alegremente, se contorneaban buscando las figuras imposibles frente al rostro del viejo payaso que siempre fue él. Picasso sabía que los payasos y los artistas conocen las verdades eternas y también sabía que sólo ellos son capaces de vivir consecuentemente con ellas. Por ello no se limitó a representarlos durante sus actuaciones. Siempre buscó lo más profundo: la autenticidad del ser. Por eso en sus cuadros les podemos ver siempre ensayando o viviendo su vida diaria, la que no vemos, esa que se esconde más allá de la pista y en la que habitan sus sentimientos, sus emociones y esos sueños que les han llevado, desde que el hombre es hombre, de pueblo en pueblo y de ciudad en ciudad, hasta nosotros. Sus carromatos están cargados de sueños, de leyendas, de mitos y vivencias, de todas esas penas y alegrías que siempre, a la luz de la hoguera, ofrecen a quien los quiera compartir. Hace ya tiempo que no les dejan encender fuego en sus campamentos. Poco importa, porque ellos se han transformado en fuego, en el último resquicio de nuestra hoguera, esa que calienta nuestros sueños y nos recuerda que todavía podemos vivir todo lo que aún no hemos sido.

circo 22Hace algún tiempo pude entender todo lo que Picasso había encontrado en las gentes del circo y que tanto marcó su vida. Me invitaron a asistir a una función del circo de los hermanos TONELLI, una fantástica troupe familiar que lleva varios años recorriendo nuestro país. Con ellos volví a reír, a emocionarme y a sentirme maravillosamente vivo. Fue una tarde inolvidable. Acabada la función me invitaron a visitar sus carromatos. Puede que ahora sean enormes camiones y confortables caravanas, pero conservan todo el sabor de los antiguos carromatos, el sabor de la alegría, de la solidaridad y del saber que la vida es viaje, constante y maravilloso viaje al fondo de nosotros mismos.

circo 26Allí, sentado junto a los hermanos TONELLI, sus parejas, sus hijos y la maestra que viaja todo el año con ellos, entendí lo que significan palabras como amistad y hospitalidad. Me regalaron su mundo, todo su mundo, un mundo hecho de sueños y realidades, de alegrías y de penas. Me contaron su historia, la de su familia, la historia de las gentes del circo, esas gentes de mirada clara y mano tendida siempre dispuestas a compartir todo lo que tienen. Vagabundos errantes que recorren nuestro mundo casi de puntillas, como si no quisieran molestarnos. Saben que estamos muy ocupados viendo la televisión, pagando nuestras hipotecas y haciendo piruetas para llegar a fin de mes, en ese sempiterno más difícil todavía particular que todos, de una u otra manera, nos creamos. Ellos no han querido echar raíces. No podrían hacerlo: han nacido para ser libres. Son ciudadanos del mundo que, de generación en generación, han ido transmitiendo sus secretos de padres a hijos.

circo 20Entrada ya la noche, al despedirnos, una pequeña de tres años se acercó hasta nosotros. Se llamaba Laura. Nos miró fijamente y una sonrisa pícara se dibujó en su diminuta cara. De repente, aquel retaco rubio y de unos maravillosos ojos azules, empezó a dar volteretas y más volteretas con una agilidad y una gracia increíbles. Son muchas las generaciones de gentes del circo que corren por sus venas. Su corazón late al alegre ritmo de su imaginación y de sus fantasías porque, como todos los circasianos, sabe que la mentira no está en los sueños que no llegan a convertirse en realidad, sino en la realidad que no nos atrevemos a vivir como un sueño…

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The Actor´s Gang

4 Octubre, 2009

actor´s gang 15Hoy quiero hablaros de The Actor´s Gang, una compañía de teatro norteamericana que apuesta por el compromiso social y por acercar el teatro a la calle, a los más jóvenes y a todos aquellos que no pueden permitirse pagar una entrada. Su director artístico, no podía ser de otra manera, es Tim Robbins, para quien “el teatro, como el sonido en vivo, es lo único que no se puede manipular, descargar ni robar, es una forma emocional y provocadora de contar historias, que es lo que realmente toca mi alma”

“Paradise”, de Bruce Springsteen, puede ser una buena compañera para nuestro viaje de hoy.

actor´s gang tim robins 4Actualmente está de gira por nuestro país con su adaptación de “1984” de George Orwell, en un montaje impresionante dirigido por el propio Robbins. Ganador de un Oscar por su papel en Mystic River y aclamado mundialmente por su trabajo como director de la película “Dead man walking” (Pena de muerte), su faceta de director de teatro no le va, en absoluto, a la zaga: este “1984” es uno de los mejores montajes que he visto en mi vida.

La dirección y el trabajo actoral son fuera de serie. El escenario vacío nos permite ver la esencia pura del teatro, el teatro en estado puro, libre de todo artificio, en el que seis actores nos hacen vivir la realidad de ese mundo donde todo es posible que vive en nuestro imaginario. La dirección de Tim Robbins es magistral, y los seis actores están, en todo momento, en verdadero estado de gracia.

actor´s gang 8La puesta en escena de este “1984” es impactante: la platea del teatro es la cuarta pared de la celda que vemos en el escenario y desde la que, cómodamente sentados, asistimos al interrogatorio implacable al que es sometido Winston Smith, el preso acusado de haberse rebelado contra la todopoderosa autoridad del Gran Hermano que todo lo ve y todo lo controla y que es torturado cruelmente por cuatro guardianes y un omnipresente y omnisciente carcelero que se asoma por las pequeñas ventanas de las tres paredes de la celda que vemos en el escenario, hasta hacerle renegar de todo lo que le mantenía vivo y le hacía ser un ser humano: el amor, sus ideales, sus sueños, su pensamiento…

Viendo la obra es imposible no tener la sensación de que también nosotros miramos al acusado a través de una pequeña ventana practicada en el muro invisible que nos separa de él, una ventana que nos protege y a través de la que podemos verle y él no nos puede ver. Es imposible no tener la sensación de que somos unos “voyeurs” de ese Guantánamo que está sucediendo ante nuestros ojos, o, lo que es peor, de que también nosotros somos cómplices de lo que le están haciendo y que, allí cómodamente sentados, dejamos que pase impunemente, convencidos, quizá, de que lo que estamos viendo no ocurre en nuestra realidad, que nuestra vida no es como la de ese pobre desgraciado al que van a hacerle confesar todo lo que quieran que confiese, que eso a nosotros no nos puede pasar porque nosotros somos “personas de bien”.

actor´s gang 11Frente a nosotros, uno tras de otro, se van desgranando todos esos terroríficos argumentos que Orwell escribió en 1948 y que hoy, en pleno siglo XXI, por desgracia, son más reales y actuales que nunca: el control exhaustivo de nuestras vidas y nuestras mentes por parte del poder más absoluto; la vigilancia permanente a través de satélites y de cámaras de videovigilancia que todo lo ven, todo lo escuchan, y todo lo controlan; las continuas guerras declaradas oficialmente para defender nuestra seguridad y que sólo propician la permanencia en el poder de las clases dominantes, que basan su poder en el miedo que nos imponen a través de los medios de comunicación; la más execrable y desvergonzada manipulación y tergiversación de la información que lleva a que la mayoría renuncie voluntariamente a su libertad a cambio de la promesa de seguridad; el cada vez más reducido vocabulario y nivel cultural que, inexorablemente, lleva a la ignorancia más supina para hacer que las masas sean más fáciles de dominar; la manipulación y distorsión más absoluta de la historia que lleva a controlar el pasado, porque quien controla el pasado controla el presente y el futuro; la sistemática aniquilación de la intimidad y del silencio, el imparable exterminio del ser humano…

actor´s gang 9

En palabras del propio Robbins, “… a pesar de haber sido escrito hace más de sesenta años, “1984″ en realidad cuenta lo que pasa hoy en día. Orwell describe cómo la guerra se ha convertido en una función económica, en vez de tener la función de la conquista. Para mantener esta sociedad es preciso vivir en un estado constante de miedo. Nuestros gobernantes declaran guerras para salvaguardar nuestra seguridad y nos hablan de enemigos a los que no vemos y que no pueden ser derrotados. No puedo aceptar que la guerra sea necesaria… Las ideas totalitarias triunfan cuando la gente tiene miedo. La manera de terminar con ellas es quitando el poder a los que nos imponen el miedo. Estamos permanentemente vigilados por nuestros gobernantes. Esa vigilancia nos quita la libertad y nos hace esclavos de la supuesta seguridad. Vigilar nuestro e-mail equivale a vigilar nuestro pensamiento. No tolero la censura. No me relaciono con los que me censuran. No me pararán. No acepto que esa gente exista; si lo aceptara significaría que tengo miedo y que les concedo eso, que les doy poder. El peor enemigo de la libertad es la autocensura. Mucha alerta con ella. En Estados Unidos nos creemos un país libre, pero ¿de qué sirve la libertad de expresión si no la utilizas? El control viene del miedo, la forma de ser libre es no permitirlo. Otra es apagar la televisión…  Acabar con ese Gran Hermano es posible, pero hay que hacerlo desde dentro. Hay que empezar a sacudir las redacciones, hay que cambiar el funcionamiento de los medios de comunicación. Hoy los periodistas norteamericanos no pueden decir la verdad. La televisión tiene una gran potencialidad para contar mentiras, para humillar y para imponernos el miedo. La primera revolución sería cambiar la televisión para que dejara de dominarnos…”

actor´s gang 22Y para enfrentarse a ese poder absoluto que todo lo controla y todo lo vigila, Robbins lidera “The Actor´s Gang”, una compañía de teatro que, desde hace casi treinta años, ha sido siempre fiel a su compromiso con mantener despierta la conciencia de la gente a través de lo que mejor saben hacer: el teatro. Por eso, además del casi centenar de montajes que han hecho desde entonces y de la infinidad de premios importantes que han ganado con ellos, sus miembros dan continuamente clases de interpretación en diversos colegios en Estados Unidos, tanto a niños pequeños como a adolescentes.

actor´s gang 24 Una de las premisas fundacionales de The Actor´s Gang es hacer accesible el teatro a todos los públicos, y eso incluye no sólo facilitar el acceso a discapacitados, sino a la gente que no tiene recursos económicos para podérselo permitir. Por eso, cada martes, el precio de las entradas de sus representaciones es el que cada uno pueda pagar.

dmw 3Dentro de su línea de compromiso social, han desarrollado el “Dead Man Walking School Theater Project”, que, basado en la representación de la adaptación teatral de la película “Dead Man Walking” (Pena de muerte) realizada juntamente por Tim Robbins con la hermana Helen Prejean (la monja cuya experiencia real nos cuenta la película) y el Death Penalty Discourse Center, lleva la discusión de la pena de muerte a universidades y colegios mayores dentro de la campaña que están llevando a cabo por su definitiva abolición.

actor´s gang 3Tuve la suerte de asistir a la representación de “1984” del 27 de septiembre en el Teatro María Guerrero de Madrid, y, además, la fortuna de hacerlo desde la fila 4 de la platea. Un imprevisto en mitad del primer acto (se estropeó el proyector de la traducción simultánea) hizo que se interrumpiera la representación. Los actores, desconcertados, no entendían lo que había pasado cuando recibieron las instrucciones de retirarse a los camerinos. Minutos después, reparada la avería, reanudaron la representación desde el punto en el que se había estropeado el proyector, y, desde el primer momento, lo hicieron totalmente metidos en personaje y en situación, con una profesionalidad impresionante.

Al acabar la función, con el eco todavía de las escalofriantes últimas palabras de Orwell y su “1984″, todo el público emocionado puesto en pie comenzó a aplaudir a los seis actores que saludaban desde el escenario. Debíamos llevar más de tres minutos en pie aplaudiendo cuando, desde bambalinas, vi cómo una misteriosa mano empezaba a sacar fotografías del público. Mano y cámara iban cambiando de posición haciendo una foto tras otra mientras nosotros seguíamos aplaudiendo a rabiar.

actor´s gang tim robins 2Poco después el propio Tim Robbins salió al escenario para agradecer personalmente aquellos aplausos. Aquel niño de cincuenta años y dos metros de altura no dijo ni una sola palabra; quiso dejar todo el protagonismo a sus actores. Desde mi butaca pude ver que del bolsillo de su americana colgaba la correa de la misteriosa cámara que nos había estado fotografiando sin parar…

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“The visitor”

27 Septiembre, 2009

the visitor 1Hoy quiero hablaros de una verdadera obra maestra: “The visitor”. Es una película necesaria, imprescindible, que debería ser de visión obligatoria, por lo menos, en todos los colegios y residencias de la tercera edad, y desde luego, en el Congreso de los Diputados. Land of Anaka,  interpretada por Brian Eno, Peter Gabriel y Geoffrey Oryema puede ser una buena compañera para nuestro viaje de hoy…

“The visitor” nos cuenta la historia del encuentro, a través de la música, de un viejo profesor norteamericano con un joven sirio, inmigrante ilegal, que vive de ocupa en su casa. El hombre maduro, viejo para algunos, sobrevive perdidas ya sus últimas ilusiones. Su mujer acaba de morir y sólo tiene un hijo al que no ve porque vive lejos, demasiado lejos de él. Es un perfecto desconocido para los suyos, para todos aquellos con los que ha compartido su vida.

the visitor 5Junto a él, buscando un futuro que el presente les niega, malvive el joven músico sirio con su novia africana. Han venido atraídos por la promesa de un sueño por vivir o, simplemente, huyendo de la muerte segura de cualquier guerra o de cualquier hambruna. Nada les une al solitario hombre que, cada mañana, hace un esfuerzo por seguir viviendo. Él no entiende el nuevo mundo que le rodea; el otro, el suyo, hace ya tiempo  que desapareció. Ellos tampoco entienden las costumbres de esa nueva vida a la que acaban de nacer; la otra, la suya, también hace tiempo ya que desapareció. Él se refugia en sus recuerdos, ellos en sus sueños; sólo la ausencia de sus seres queridos les une en una silenciosa comunicación que, poco a poco, va cobrando vida.

the visitor 16Es fascinante ver cómo dos seres humanos que nada tienen que ver entre sí son capaces de superar todos sus miedos y desconfianzas para atreverse a conocer la realidad y los sueños del otro; es maravilloso asistir a ese proceso mágico en el que del conocer al otro pasamos a admirarle, y del admirarle a respetarle y amarle. La amistad nada sabe de lenguas o costumbres; las diferencias no están ahí para separarnos, sino para enriquecernos mutuamente, porque nuestros sentimientos y nuestros sueños son siempre los mismos: Homero y los clásicos griegos ya nos hablaron de ellos, y si miles de años de Historia no los han cambiado, ¿puede cambiarlos el simple hecho de haber nacido con unos cuantos kilómetros de distancia? ¿De verdad podemos creer que estamos más cerca de Homero que de cualquier inmigrante que llega hoy a nuestras costas?

the visitor 10El joven sirio es detenido por uno de los peores delitos que pueden cometerse en el mundo de hoy: no tener papeles, no existir. Su madre acude para intentar ayudarle. La historia de amor que surje entre la madre y el viejo profesor es inolvidable. Ellos nos enseñan que el espacio y el tiempo no existen, que sólo existe nuestra manera de vivirlos; lo que verdaderamente importa no es cuánto vivimos, sino cómo lo hacemos; cuando llegue nuestro último día y echemos la vista atrás no veremos lo que hemos recibido, sino tan solo lo que nosotros hemos dado, porque, al final, entendemos que todos formamos parte de lo mismo y que no somos más que los espejos en los que se miran los que se cruzan con  nosotros en ese maravilloso viaje que es la vida…

Para iniciar ese viaje sólo necesitamos una mente abierta y unas manos vacías con las que aparejar nuestras velas y ayudar a cuantos náufragos podamos encontrar en nuestra travesía. La libertad del viento es la que marcará nuestro rumbo; nuestra generosidad con los demás, los tesoros que encontraremos en él. Decían los griegos que vivir no es necesario, que sólo navegar es necesario… quizá porque ellos sabían que sólo vive quien se atreve a navegar. Hace ya tiempo que no zarpan barcos de nuestros puertos, barcos cargados de esperanza dispuestos a recorrer todos los mares para dar, para compartir y aprender… En nuestros puertos ya no quedan marineros dispuestos a dejarlo todo para seguir un sueño, los capitanes se han muerto de aburrimiento y las princesas de seguridad…

niños africanos 3Hemos llenado nuestras manos de muchas cosas, de tantas que ya no podemos tenderlas al amigo. Hemos dejado que nos llenen la mente con tantas cosas… que hoy nos aterra lo desconocido, o, simplemente, lo que no es como nosotros. Y así, vendiendo nuestra libertad por una mal entendida seguridad, renunciando a pensar y a tener nuestra propia opinión, hipotecando de por vida nuestros sentimientos y callando o mirando a otro lado, hemos ayudado a construir un muro que nos aísla del mundo exterior, un muro infranqueable para los que no viven aquí, un muro que separa al norte del sur, a los ricos de los pobres, a los blancos de los no blancos, a los cristianos de los “infieles”…

pateras 4Y ese nuevo muro no está hecho con ladrillos, sino con las aguas del Mediterráneo, ese mar que un día fue de todos y que hoy hemos convertido en una abismal fosa común para todos los que aún hoy se atreven a zarpar de sus puertos buscando un lugar donde poder vivir, todos esos seres humanos a los que hemos condenado a la miseria, a la sed y al hambre con nuestras leyes y nuestras instituciones que propugnan el libre comercio y les ahogan con aranceles, que hablan de democracia y promueven guerras y golpes de Estado para asegurar nuestro “bienestar”, que se llenan la boca con discursos sobre los derechos humanos mientras dejan que miles de niños mueran a diario por falta de alimento o de medicinas. Ese es el muro que, entre todos, hemos construido hoy: mirando a otro lado, callando, renunciando a pensar, a hacer o a amar. ¿Qué pensarán de nosotros los que se están jugando la vida huyendo de la muerte a bordo de una patera? ¿Qué dirían todos los que se han ahogado? ¿Qué llorarán las madres que ven morir de hambre a sus hijos en sus brazos sin poder hacer nada?

6SCAHD63BKCANHR2L1CAOWKICPCAW3S5D7CAX6LOUSCATA1S0VCA38OK1DCA9PWC7MCAA2JPNTCALZIKMFCALKMHLNCANU7XDNCA6PVXX4CA31D4JTCAQGCKI4CA8300IPCA5I4D66La intolerancia edificó todos los muros de nuestra Historia. Las ansias de libertad, la solidaridad, la generosidad y el altruismo los derribaron. Pero es nuestro egoísmo el que ha levantado este nuevo muro. ¿Con qué lo vamos a derribar ahora que todo eso ha muerto?, ¿con la seguridad?, ¿con nuestros miedos…? Sólo haciendo del Mediterráneo una verdadera casa de todos, sólo abriendo nuestros ojos y recuperando nuestra capacidad de sentir y de pensar, sólo estando dispuestos a vaciar nuestras manos para poder tenderlas a los demás, sólo atreviéndonos a ser libres, sólo renunciando a nuestra “seguridad” y volviendo a ser seres humanos, podremos de hacerlo.

Me gustaría acabar pidiéndoos que escuchéis una preciosa canción que Jacques Brel dedicó a un amigo muerto, a un amigo que, como él dice, duerme a seis pies bajo tierra, un amigo que no ha muerto, un amigo al que todavía ama. Se llama “Jojo”. Es una bella canción que cuenta cómo dos amigos hablan en silencio de esa juventud ya vieja, que habla de dos amigos que saben que el mundo se muere por falta de imprudencia… y me gustaría dedicar esa canción a todos los que partieron de sus puertos pero nunca llegaron, a los que murieron en el camino… y también a todos los que están aquí, entre nosotros, luchando por sobrevivir y por hacer, entre todos, un mundo mejor. Os dejo con Brel, con una selección de fotos de Sebastiao Salgado y unos cuantos datos que deberían hacernos reflexionar, sobre todo ahora que se oyen en nuestro país muchas voces que piden que los inmigrantes vuelvan a su tierra porque sólo han venido aquí para quitarnos el trabajo, o que la sanidad pública debería ser sólo para los españoles…

sebastiao salgado 2

Cada cinco segundos un niño de menos de diez años muere de hambre o de enfermedad causada por la malnutrición en el mundo.

sebastiao salgado 6

Cien mil personas mueren de hambre cada día en el mundo.

sebastiao salgado 1

Según la FAO, la agricultura mundial podría alimentar sin problemas a 12.000 millones de personas, el doble de la población actual. Cada año mueren 36 millones de personas de hambre, más de 800 millones pasan hambre y más de 2.000 millones de seres humanos sufren un déficit alimentario crónico.

refugiados 2

“Con menos del 1% de las inyecciones económicas de los gobiernos para salvar al sistema financiero global se podría resolver la calamidad de millones de personas que son víctimas de la hambruna” (Josette Sheeran, directora del Programa Mundial de Alimentos de Naciones Unidas)

sebastiao salgado4

Con el dinero que los consejeros y altos directivos de las 35 empresas cotizadas en el IBEX 35 español cobraron en 2008 más de cuatro millones de niños habrían tenido casa, comida y escuela.

sebastiao salgado 5

Dar acceso a la escuela a todos los niños de 6 a 15 años del mundo constaría menos de lo que los estadounidenses gastan en cosmética en un año… o los europeos en helados.

refugiada africana

La matanza cotidiana del  hambre ha matado en 2004 a más seres humanos que todas las guerras de la Historia juntas.

sebastiao salgado 8

La deuda de América Latina ha pasado de 60.000 millones de dólares en la década de los 70 a más de 750.000 millones en 2001, por lo que cada uno de sus habitantes, incluidos los ancianos y los bebés, deben al Norte una media de 2.550 dólares. Una gran parte de ellos no gana ni un dólar al día (en el mundo son 1.800 millones las  personas que no ganan ese dinero al día, el umbral de la indigencia extrema).

sebastiao salgado 3

El total de las “ayudas” del primer mundo al tercero en 2003 ascendió a 54.000 millones de dólares; el servicio de la deuda (amortizaciones e intereses) que el sur le pagó al norte ese año fue de 436.000 millones.

mina 1

“Un niño que muere de hambre es asesinado” (Jean Ziegler, ex Relator de Naciones Unidas sobre el derecho a la alimentación)

sebastiao salgado 49

“Por cada niño que muere de hambre en el tercer mundo hay un asesino en el primero” (Jean Ziegler)

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El silencio de la luna

20 Septiembre, 2009

librería6

Hoy quiero hablaros de una de las cosas que más me gustan: entrar en una librería y buscar, uno a uno, sin prisa, saboreándolos, todos esos tesoros que están esperando a que los “descubramos”… Y para hacerlo quiero que nos acompañe una de mis canciones favoritas: “Famous Blue Raincoat”, de Leonard Cohen, pero versionada esta vez por Tori Amos, una de las voces más personales y sensuales que conozco… Espero que os guste tanto como a mí.

Siempre me ha gustado entrar en una librería y perderme entre sus libros, dejar que sean los libros quienes me lleven de aquí para allá sin mayor pretensión que el placer de encontrar a unos cuantos viejos amigos que, desde cada estantería, me invitan a charlar un rato. Puede que las librerías, como las iglesias cuando están vacías, sean ya los últimos templos del silencio, ese silencio imprescindible y necesario que, entre todos, hemos ahogado a fuerza de ignorarlo. La paz que todavía se respira en una de esas viejas librerías tiene algo de monasterio, con su gregoriano, sus vísperas y sus maitines… sus recovecos, como los claustros, nos invitan a pasear, a dialogar con nosotros mismos o con nuestros dioses.

librería10También tienen las viejas librerías algo de balneario, de espacio sin tiempo, de callado santuario de reposo, de reposo del alma que, conforme se va adentrando y dejándose llevar, pronto olvida sus penas. Realmente nada hay para curar los males del alma como un buen masaje literario y un cálido baño de poesía, siempre poesía… porque, como decía Bécquer, siempre habrá poesía.

jardín2Aunque, si tuviera que quedarme con una única imagen, la que escogería sería la de un parque o un jardín, porque una librería es un jardín, un cuidado jardín en primavera, con sus flores, sus senderos y su estanque, sus enormes árboles y su hierba siempre verde y fresca. La librería es el jardín de los solitarios que, cada día, al caer el sol, solemos salir a pasear en busca de un nuevo encuentro, de una caricia o de una mirada: la mirada de los sueños. Lentamente recorremos todos los pasillos, dejándonos llevar por unos libros que, callados, gritan nuestro nombre. Nos acercamos a ellos, los tomamos en nuestras manos, hay algo sensual en ese encuentro, empezamos a hojearlos… ante nosotros la promesa de un mundo nuevo, o simplemente la voz sincera de alguien que quiere contarnos una historia… A veces incluso agachamos la cabeza para oler ese libro, el aroma de esa flor que acaba de abrirse entre nuestros dedos…

librería 1Las buenas librerías suelen esconder, al fondo, su lugar más preciado, esa sección en la que, si por casualidad ves a alguien saboreando uno de esos libros a tu lado, si le ves disfrutando de toda la belleza que duerme en esas páginas olvidadas, eres capaz de recuperar la esperanza y la fe en el ser humano. Esa sección es la de poesía, el sendero de los perfumes de nuestro jardín secreto.

librería9Allí encontré, no hace mucho, una de las flores más bellas que he visto jamás. Se llama “El silencio de la luna” y pertenece a una exótica y deslumbrante especie que, durante toda su vida, se ha dedicado a plantar, a podar y a cuidar un maravilloso poeta (¿o debería decir jardinero de la palabra?) mejicano: José Emilio Pacheco. Aquel título atrajo poderosamente mi atención, me acerqué y dejé que mis dedos resbalaran por sus hojas. Uno a uno sus versos empezaron a volar, a llevarme a ese no lugar donde nacen los dioses y viven los poetas… Aquí tenéis uno de los poemas de Pacheco que parece escrito para todos los que como nosotros, los actores, hemos aprendido que sólo avanzamos de verdad cuando perdemos el miedo a fracasar, cuando, pase lo que pase, confiamos en nosotros mismos, no nos paramos y seguimos adelante, siempre adelante, hacia ese puerto que, como Ítaca, nos dará lo más importante: el viaje…

“TITANIC

Nuestro barco ha encallado tantas veces

que no tenemos miedo de ir hasta el fondo.

Nos deja indiferentes la palabra catástrofe.

Reímos de quien presagia males mayores.

Navegantes fantasmas, continuamos

hacia el puerto espectral que retrocede.

El punto de partida ya se esfumó.

Sabemos hace mucho que no hay retorno posible.

Y si anclamos en medio de la nada

seremos devorados por los sargazos.

El único destino es seguir navegando

en paz y calma hacia el siguiente naufragio.”

mar1“El silencio de la luna” me habló de poetas, de mares y sirenas, de magia, de los sueños, del amor, me habló de ti y de mí, de nosotros y de lo que aún podemos ser… fue ese viento del sur que se llevó la niebla, porque la niebla sólo tiene color de olvido y fue la luz del atardecer, esa luz que, desde siempre, nos ha enseñado a ver…

Y ya que hablamos del mar, quiero compartir con vosotros un poema que escribí hace algunos años, al son de los versos del gran Vinicius de Moraes:

POEMA AÚN SIN TITULO

De lejos me llega

el silencioso latido de la eternidad,

siempre ha estado allí

y poco le importa que mi vida

acelere ya su paso,

porque él siempre ha estado allí.

Vio mis juegos de ayer,

mar2cobijó mis amores primeros,

acunó mi soledad,

me dio el azul,

la caricia y los sueños…

También me dio el primer beso,

la infinita alegría del primer verso

y susurró en mi oído su canción,

esa canción que habla

de bergantines naufragados

en la costa del olvido,

de piratas, de princesas,

de los mundos que perdimos

más allá del viento y la memoria,

de lejanas tierras

que ya nunca veré…

Otros vendrán

y se creerán dioses,

aunque, quizá, no sean más que hombres

zorba 1y, como yo, abrirán sus brazos frente a él,

y desnudarán su alma entera

y él, callado, les hará poetas,

les dará, como a mí,

el amor, la pasión y la ternura…

Y, más tarde, les verá también partir,

les mirará en silencio,

siempre en silencio,

y silbará de nuevo su canción,

porque el mar, como la vida,

siempre canta la misma canción,

esa canción que habla

de ti y de mí…

y de todo lo que habríamos

podido ser…

mar6Y, para acabar, quiero despedirme hoy de vosotros con un pequeño poema que escribí una tarde, navegando por el infinito azul del Mediterráneo.

A CUALQUIER OLA…

Corres, saltas, vuelas,

nadie sabe adónde vas,

eres alma sin cadenas

nacida para no volver

Tras de ti no hay huella,

ni forma, ni color,

vagabunda errante del eterno navegar,

tras de ti no hay huella,

tu huella eres tú.

mar7Silenciosa galopas

sobre el prado azul,

a tu grupa el viento,

blanco jinete del atardecer…

¿Quién sabe dónde estarás mañana?

¿Quién sabe dónde estaré yo?

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Los espejos del alma

9 Septiembre, 2009

espejo-5Hoy no voy a hablaros de cine, ni de interpretación o de teatro. Hoy quiero hablaros de algo que considero que es fundamental no sólo para nosotros, los actores, sino para todos los seres humanos: ponernos frente al único espejo que refleja nuestra verdad.

espejo 2Para ponernos frente a ese espejo tan sólo tenemos que crear las condiciones que nos permitan enfrentarnos a nosotros mismos. Muchas veces ese espejo no es más que una puesta de sol, otras una canción a la que dejamos entrar en nuestro yo más profundo, a veces es un simple poema o un perfume, el calor de una mirada, la ternura de un abrazo… Son muchas las cosas que pueden tener la llave de nuestra alma. Lo único que tenemos que hacer es dejarnos llevar por ellas, aprender a escucharlas de verdad, aprender a observarlas sin juzgarlas, a acallar nuestros pensamientos y sentir,  sólo sentir…

El tema “Kothbiro” (“Que llueva”), de Ayub Ogada incluido en la B.S.O. de la película “El jardinero fiel”, es una de esas llaves. Si lo escucháis atentamente, veréis como es una especie de mantra que nos lleva lejos, muy lejos… allí donde duermen los espejos del alma.

zoran music, reduc.1Podemos ponernos frente a ese espejo de muchas formas; una de las que más me gusta es adentrarme en una exposición de pintura y dejarme llevar hasta perderme en el silencio anónimo que habita entre los cuadros y yo. Es allí, cuando todo es belleza y silencio, cuando se experimenta esa sensación tan maravillosa, la sensación de estar frente al único espejo que refleja nuestro yo más íntimo: nuestra alma. Podemos engañar a los espejos, a todos los espejos, pero jamás nos podremos engañar a nosotros mismos. Por eso la mirada de un cuadro taladra todas esas capas tras las que nos escondemos, todos nuestros escudos y mentiras, para dejarnos desnudos frente a lo que de verdad llevamos dentro: todo eso que soñado, vivido, imaginado o sufrido, ha ido creando lo que somos. Dicen que la belleza está en los ojos del que la mira. Quizá tengan razón, pero lo que seguro que está en esos ojos es la verdad, esa verdad que nos acompaña siempre, esa verdad a la que, a veces, tanto nos cuesta enfrentarnos.

zoran musicc, veneciaVisitar una exposición de Zoran Music es una experiencia impresionante. Náufrago de una Europa ya desaparecida, tras un año prisionero en el campo de concentración de Dachau, rodeado de muerte, de crueldad sin límites y de barbarie, Music huye a Venecia donde descubre el color de la vida, la alegría de vivir y, sobre todo, la inmensa felicidad de estar vivo. Toda su obra, como su vida, será una constante evolución hacia la esencia de la belleza. Nada superfluo tiene cabida en su mundo, un mundo silencioso y solitario como los paisajes del alma que, en todos sus cuadros, pinta una y otra vez. Music nos enseña que, incluso en lo más oscuro, en lo más duro y cruel, el ser humano es capaz de sentir la belleza, de encontrar una visión positiva, de crecer por encima del dolor, de ver más allá de la oscuridad, porque Music sabe que, igual que el agua hace crecer a los árboles, las lágrimas hacen crecer a los hombres.

zoran music, reduc. 4“Empecé a dibujar en el campo de concentración nazi de Dachau. Me veía sumergido en un estado febril y una necesidad irresistible de dibujar. Vivía día a día. Mañana sería demasiado tarde. Para mí, la vida y la muerte dependían de aquellas hojas de dibujos. Aprendí a ver las cosas de un modo diferente. Después de la visión de los cadáveres despojados de todas las exigencias exteriores, de todo lo superfluo, despojados de la hipocresía y de las distinciones con que se envuelven los hombres y las sociedades, creo haber descubierto la verdad, la verdad terrible y trágica por la que tuve que pasar…”

Su viaje interior le lleva al París de la abstracción donde, como él mismo reconoce, se pierde a sí mismo: “En ese intento por hacer pintura abstracta perdí mi verdad personal. Es lo peor que le puede pasar a un artista, porque sin esta verdad, deja de existir.”

zoran music, reduc.2Music sabe que todo lo que nos pasa en la vida, lo que vemos, sentimos o sufrimos, va posándose lentamente en nuestro yo más profundo modelando nuestra forma de ser. El tiempo se encarga de ir macerándolo. Por eso siempre pone distancia entre sus vivencias y su obra que, lentamente, va madurando en su interior.

foto zoran music trabajando A veces pasa días enteros encerrado en su taller dejándose llevar por el vacío de sus pensamientos; cada día, al amanecer y al atardecer, sale a pasear por las solitarias callejuelas de Venecia. Necesita soledad, necesita silencio, necesita tiempo y meditación, necesita estar consigo mismo para que su yo más íntimo pueda crecer y aflorar en su obra.

no somos los últimos, detallePor eso, 25 años después de salir de Dachau los muertos reaparecen en su pintura en una de las series más impresionantes que se han pintado jamás: No somos los últimos. “En el campo de concentración pasaba a menudo cerca de los hornos crematorios donde había cuatro metros de cadáveres. Un amigo checo me decía: “Ves, mañana o pasado mañana, saldremos por la chimenea. Jamás podrá volver a suceder algo así.” Más adelante, cuando la carga interior se hizo demasiado fuerte, cuando los recuerdos del campo resurgieron en mí, empecé a pintarlos, años más tarde, y me dí cuenta de que no era cierto. No somos los últimos.”

zoran musica, recud.3Junto a los escalofriantes óleos de esa serie, Music empieza a pintar un tema nuevo: el del interior de la catedral de San Marcos. Llevaba más de cuarenta años visitando la catedral cuando, por fin, se decide a pintarla, en la que será su etapa más mística. Lentamente deja que la luz se vaya apagando en sus cuadros, para que sea sólo la luz de las vidrieras la que ilumine el interior, nuestro interior…

En su última etapa, la de los talleres, es la soledad, la eterna soledad del alma, la que ocupa su pintura. Sus cuadros son habitados por una figura solitaria, a veces dos, siempre en permanente silencio. Durante toda su vida sólo tuvo dos modelos: Ida, su mujer, y él mismo.

zoran music, autorretrato“Cuando pinto un autorretrato, no lo pinto gracias al espejo, sino que nace de dentro. Yo me conozco desde dentro. Si me pusiera delante de un espejo, sólo copiaría la máscara de mí mismo. El autorretrato es lo que yo tengo en el interior y que procuro sacar fuera, con rigor. Cuanto más riguroso se es con uno mismo, más se consigue ser uno mismo. Para mí ser riguroso significa ser sincero, no ahorrarme nada, ni siquiera las cosas de mí mismo que querría no saber, y menos aún ver.”

zoran music, autorretrato 2Zoran Music, el pintor de la soledad del alma y de los paisajes del silencio, murió hace cuatro años. Nos ha dejado su autobiografía escrita en su obra, porque, como él decía: “El dibujo es el lugar de mis meditaciones, de mi soledad… Al dibujar escribo, de forma inconsciente, mis memorias… Toda mi pintura ha girado en torno a un solo tema: el del paisaje desértico que es la vida.”

foto zoran music sentado grandeLa convivencia con la muerte le enseñó a encontrar la belleza de lo esencial, esa belleza que habita en lo más profundo de nosotros mismos y que sólo descubrimos cuando nos atrevemos a compartirla. Porque, la belleza, como el amor o todo lo que nos hace ser seres humanos, sólo vive en quien la da, en quien necesita compartirla, en quien la ofrece sin esperar nada a cambio y sin temer quedarse vacío, porque cuanto más das, cuando más entregas las cosas que verdaderamente importan, más tienes. Por eso el placer de visitar una exposición es mucho mayor cuando tienes a tu lado a alguien con quien compartirlo, a alguien a quien le quieres dar todo eso que llevas dentro, todo eso que ha vivido desde hace tanto tiempo en tí y que te ha hecho ser como eres, para que pueda llegar a sentir esa sensación de felicidad inmensa que tú tienes frente a esos callados espejos del alma que son los cuadros. Porque la vida, estar y sentirse vivo, no es más que eso, un maravilloso viaje en el que vamos compartiendo nuestras vivencias y nuestros sentimientos con los seres a los que encontramos en el camino y con los que nos atrevemos a compartir una parte de nosotros, esa parte que seguirá viviendo en ellos incluso cuando nosotros ya nos hayamos ido, esa parte de ellos que seguirá viva en nosotros allá donde estemos…

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Amar en tiempos de crisis

6 Septiembre, 2009

enemigos públicos 1“Enemigos públicos” es una fantástica película que, como un western crepuscular, nos cuenta la historia de uno de los últimos héroes americanos: John Dillinger. Atracador de bancos en la época de la Gran Depresión, Dillinger fue considerado como un héroe por las masas por enfrentarse a los banqueros, directos culpables de la devastadora crisis económica que asoló los Estados Unidos y que provocó la ruina y el hambre de millones de personas. “Ten million slaves”, la preciosa balada de Otis Taylor incluida en su banda sonora puede ser una buena compañera para el viaje que hoy os propongo.

enemigos públicos 6La película se centra en los últimos meses de Dillinger. Consciente de que su mundo se estaba extinguiendo, de que los bancos estaban cada día más protegidos, la policía mejor pertrechada, los políticos dispuestos a jugar la más sucia de las guerras para acabar con él a cualquier precio y, lo que es peor, constatando a diario que sus antiguos compañeros de profesión se habían convertido en prósperos y respetados empresarios del juego para los que su sola presencia constituía una amenaza y no dudarán en traicionarle, decide emprender una huida hacia ninguna parte con un único objetivo: no renunciar jamás a ser él mismo.

enemigos públicos atraco 3Una a una se le van cerrando todas las puertas, una a una todas las salidas van desapareciendo frente a él, y uno tras otro todos sus amigos van cayendo. El es consciente de que ya no tiene cabida en un mundo donde valores como amistad, solidaridad o compañerismo han perdido todo su significado. Una y mil veces se había jugado la vida por salvar a los suyos, por sacarles de la cárcel, por cubrirles en un tiroteo. Dillinger nunca dejó atrás a uno de los suyos… las nuevas reglas del juego habían impuesto unos valores que él nunca entendió, ni quiso entender: el egoísmo salvaje, la especulación sin límite, la traición, la desconfianza, la cobardía, la delación…

cartel dillingerHabía que acabar con él como fuera. Era demasiado peligroso que las masas hambrientas tuvieran un héroe que, como un nuevo Robin Hood, les diera la esperanza de que, quizá algún día, podrían rebelarse contra la autoridad y vencer. Era el propio sistema lo que estaba en peligro, por eso él era el enemigo público número uno al que había que cazar.

public enemies 7En la película un inmenso Johnny Depp da vida a Dillinger, y una maravillosa, como siempre, Marion Cotillard es la novia con la que vive una historia de amor intensa y preciosa. El mundo se derrumba a su alrededor, como años después volverá a derrumbarse en Casablanca, pero ellos nunca renuncian a su voluntad de amar. Saben que, como su vida, su amor será breve, por eso saben que deben vivirlo sin perder un minuto y que su amor debe estar por encima de todo lo demás, porque cuando lo has perdido todo, cuando lo has puesto todo en la mesa y has perdido, cuando te lo han quitado todo, cuando no te han dejado nada, cuando ya ni siquiera te quedan cartas con las que seguir en la partida, cuando, de verdad, le ves la cara a la muerte,  sabes que lo único que te queda es el amor que has dado. Dillinger la ama a ella, y ama también a todos esos seres anónimos entre los que vive, porque él sabe que no es más que uno de ellos, y esos seres le aman a él, porque le consideran uno de los suyos.

La película refleja muy bien la caza abierta que la sociedad emprende contra Dillinger precisamente por esa identificación de las masas con él y el respeto que él sentía por esas masas, consciente de que su única vía para poder sobrevivir en aquel mundo que estaba desapareciendo era integrarse en ellas, formar parte de ellas, diluírse, pasar desapercibido para poder continuar con su huida y con su vida…

public enemies 9Pero era una amenaza demasiado poderosa para que le dejaran seguir viviendo. Sólo, traicionado y derrotado, cuando lo único que le quedaba era la dignidad y un puñado de sueños, Dillinger fue asesinado por la policía a sangre fría en plena calle.

las uvas de la ira 5Son muchas las películas y las novelas que nos han contado lo que pasó en esa época. John Steinbeck también ambientó una de sus mejores novelas, “Las uvas de la ira”, en la América profunda de la Gran Depresión del 29. A través de los ojos de Tom Joad, su protagonista, asistimos a las crueles consecuencias de una época de especulación ilimitada que, no podía ser de otra manera, desembocó en una crisis económica sin precedentes.

gran depresión 4En aquella crisis, como en todas, los que más sufrieron fueron los más pobres: fueron miles las hogueras que, cada noche, se encendieron debajo de los puentes para calentar a los sin techo que, a millones, deambulaban perdidos por las calles. No fueron ellos quienes provocaron la crisis, pero fueron ellos los que más pagaron por ella.

vagabundo 2Tom Joad se enfrentó a esa crisis, a esa crisis que les dejó, a él y a su familia, en la más absoluta indigencia, y lo hizo con las manos vacías y la cabeza bien alta, siempre alta. La infatigable búsqueda de un trabajo le llevó de aquí para allá intentando encontrar algo para poder vivir. Le habían hablado de un sueño, el sueño americano, pero él sólo conoció la pesadilla de estar vivo. Sin embargo, lejos de hundirse en la autocompasión o en la amargura y el odio, lejos de encerrarse en sí mismo y compadecerse de su desgracia, lejos de culpar a los demás y no hacer nada, Tom Joad se puso en pie y emprendió el camino, el único camino que podía liberar a los suyos: el de abrir su corazón para ayudar a los demás ofreciendo su amor a quien lo pudiera necesitar.

las uvas de la ira 4En ese camino Tom Joad nos enseñó lo que de verdad significa ser un ser humano. Eso es lo que Tom Joad nos ha dado a cada uno de nosotros. Bruce Springsteen, un enamorado de la novela de Steinbeck, la musicó en uno de sus discos más personales: The ghost of Tom Joad (El fantasma de Tom Joad):

homeless 1La desgarrada canción que da título al álbum habla de toda esa gente que ha perdido el trabajo y la esperanza, gente que vive bajo los puentes de las autopistas y se calienta en las hogueras que encienden en viejos bidones vacíos, hombres y mujeres de mirada perdida que viven en las calles porque no tienen adónde ir, gente que sólo tenía billete de ida a la tierra prometida y que siempre creyó en aquello de que los últimos serían los primeros, gente que ya no tiene casa, ni trabajo, ni paz, ni comida, gente que lo ha perdido todo…

las uvas de la ira 1En esa canción Bruce pone en boca de Tom Joad las palabras que le dice a su madre, a la que seguramente nunca más volverá a ver, cuando decide emprender el camino de la dignidad, ese camino que no tiene vuelta atrás: “… donde quiera que haya un policía pegando a un chaval, donde oigas el llanto de un recién nacido hambriento, donde veas a alguien luchar por un sitio donde poder estar, por un trabajo decente o por una mano amiga, donde haya alguien luchando por ser libre.. mira en sus ojos, madre, y me verás a mí…”

gran depresión 7Han pasado ochenta años. Puede que sean muchas las cosas que han cambiado desde entonces, aunque quizá no tantas: las crisis las siguen provocando los mismos, se siguen llevando por delante a los mismos… y, sobre todo, los únicos valores que nos  pueden sacar de ellas, empujándonos a seguir el camino de la dignidad, siempre serán los mismos. Asesinaron a Dillinger, pero cada día son más los Tom Joads que viven a nuestro alrededor.

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"El patio de mi cárcel"

28 Agosto, 2009

el patio de mi cárcel, cartelHoy quiero hablaros de una película que es muy especial para mí: “El patio de mi cárcel”, y ya que voy a personalizar la historia que voy a contaros, me permito la libertad de sugeriros que mientras la leáis, escuchéis una de mis canciones favoritas, cómo no, de mi adorado Bruce Springsteen: Thunder Road, aunque esta vez quiero invitaros a que la escuchéis en la versión de los Cowboy Junkies. Espero que os guste. Es una canción que trata sobre la libertad, sobre la necesidad que todos tenemos de ser libres, como las presas de la historia que nos cuenta “El patio de mi cárcel”.

belén macías 2Producida por El Deseo, la productora de los hermanos Almodóvar, “El patio de mi cárcel” es la ópera prima de Belén Macías. Rodada en 2.007 y estrenada en nuestros cines el año pasado, cuenta una historia impresionante, la historia basada en hechos reales del grupo de teatro que formaron algunas internas en la cárcel de Yeserías en los años 80.

candela, el patioVerónica Echegui, Candela Peña, Ana Wagener, Natalia Mateo, Violeta Pérez y Blanca Portillo, entre otras, figuran en su reparto.

vero, el patio 2No es una historia de perdedores, sino de seres humanos que luchan por encontrar su lugar en el mundo, un lugar que les han negado desde que nacieron; una historia de mujeres que sueñan y quieren vivir sus sueños de libertad aunque, como dice Isa, el entrañable personaje encarnado magistralmente por Verónica Echegui, sea tan difícil vivir en libertad cuando uno no se siente libre.

En un entorno despiadado, duro y cruel, en un mundo donde tienes que vivir de acuerdo a unas normas que ni acatas ni entiendes, en un espacio donde la droga y la muerte son quienes se acuestan cada noche contigo y donde amanecer es un milagro, en un mundo en el que has dejado de existir, soñar es más necesario que nunca… Por eso crean Módulo 4, el grupo de teatro que les hará sentirse, y ser, libres.

vero, el patio 3Tuve el privilegio de que me llamaran para hacer un pequeño papel en la película: el del médico de la cárcel. A finales de Septiembre  fui a ensayar con Verónica y con Belén. Trabajamos especialmente una secuencia que tenía una fuerte carga emocional, ya que tenía que informarle de que tenía el sida, sin cura posible en aquellos días. Recuerdo que, en los ensayos, no podía evitar que me cayeran las lágrimas y que Belén me decía: “No, aguántalas como sea, tú no puedes llorar, has de ser fuerte para darle a ella la fuerza que va a necesitar…”

belén macíasPara mí aquello era un verdadero lujo. Belén es una de las mejores directoras con las que he trabajado que, como actriz que es, sabe transmitirte  perfectamente lo que quiere, y Verónica es una actriz que es generosidad en estado puro; tener la suerte de compartir una secuencia intensa con ella es una experiencia inolvidable. Además, era la primera vez que iba a rodar con la gente de El Deseo, todo un sueño para un actor que, como yo, ha llegado al mundo de la interpretación hace pocos años, pasados ya los 45.

El ensayo fue muy bien y quedamos en que nos veríamos en el rodaje. Sin embargo, un infarto agudo de miocardio se cruzó en mi camino el 29 de Septiembre. Aunque los médicos me dijeron que saldría de esa y que, poco a poco, podría ir recuperando el ritmo de vida normal, era imposible incorporarme al rodaje a mediados de Octubre. Me colocaron un stent y me subieron a la unidad de coronarias desde donde aquella misma mañana, antes de que me quitasen el móvil, llamé a mi representante para que hablara con la gente de El Deseo para intentar que cambiaran el plan de rodaje. Le dijeron que no podían hacerlo porque la película se rodaba en la cárcel de Guadalajara y era imposible cambiar los permisos. Desde la cama del hospital imaginaba cómo sería aquel rodaje que tanta ilusión me hacía, pero al que no tenía más remedio que renunciar. Creo que allí pude llegar a intuir lo que puede sentir un preso cuando, consciente de todas esas maravillas que tiene la vida que le espera fuera, está condenado a permanecer encerrado entre cuatro paredes que le hablan del dolor y del sufrimiento de las vidas no vividas de todos los que, antes que él, han pasado por allí.

mariposa amarilla sobre libro abiertoUna semana después me dejaron ir a casa para continuar con mi convalecencia. Allí aprendí a disfrutar de las pequeñas cosas, de todas esas cosas antes insignificantes a las que nunca había dado importancia y que había estado a punto de perder para siempre: la luz del sol, el canto de un pájaro, la caricia del viento en la cara, el leve vuelo de una mariposa que me acompaña al pasear, el infinito placer de la lectura de un buen libro… Todo a mi alrededor cobraba una vida maravillosa. ¡Cómo se llena de vida la vida cuando sentimos cerca la presencia de la muerte!

almodovar y esthe garcíaA principios de Noviembre me llamó mi representante para decirme que había recibido una llamada de Esther García, la productora ejecutiva de la película. No habían querido decirme nada para no ponerme nervioso, pero habían cambiado el plan para no sustituirme y, si me veía con ánimos y los médicos me dejaban, todavía podía incorporarme al rodaje. Aquello era increíble. Y lo habían hecho por mí, por un actor con el que nunca habían trabajado, con el que sólo habían hecho un ensayo y al que lo más fácil habría sido sustituir… Reconforta mucho pensar que en el mundo todavía queda gente así. No pude evitar ponerme a llorar. El seis de Noviembre rodé la secuencia que había ensayado con Verónica y con Belén. Sin duda fue uno de los mejores días de todas mis vidas…

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El equilibrio de la vida

23 Agosto, 2009

gente calleHoy no voy a escribir sobre grandes nombres del mundo del cine, del teatro o de la canción. Hoy quiero compartir con vosotros una historia que conocéis muy bien porque todos, en un momento u otro de nuestras vidas, la hemos vivido o la estamos viviendo. Es una historia que habla de seres muchas veces anónimos, poco conocidos o incluso conocidos por todos, eso poco importa; en cualquier caso, esta historia habla de todos esos seres cargados de sueños y esperanzas que han elegido, quizá, uno de los caminos más hermosos, pero también más difíciles, que se pueden seguir: el de luchar por ser ellos mismos.

Cuando pienso en ellos suelo acordarme de una canción de Umebayasi Shigeru, el tema de Yumeji, de la B.S.O. de la película “In the mood for love”. Si queréis podéis escucharla mientras os cuento su historia…

foto cola en taquillaCada noche hay gente que se agrupa frente a la diminuta ventana de la taquilla. Son los que siempre llegan cuando la función está a punto de empezar. Ella, deteniendo el tiempo, les atiende con exquisita amabilidad. Nunca falta una sonrisa en sus labios; en sus ojos nunca se apaga la luz. Milagrosamente, cuando el último espectador toma asiento en el patio de butacas, se apagan las luces de la sala para dar paso al silencio, a ese silencio mágico que siempre precede a una representación teatral. Nada impresiona tanto como el silencio en una sala llena de público. La expectación es máxima: afuera, dormidas, quedan las últimas preocupaciones; frente al espacio vacío del escenario solo nos acompañan nuestros sueños…

foto entradas teatroEn silencio, sola, ella va recogiendo lo que antes era un turbulento río lleno de vida. Cuadra la caja, ordena los últimos papeles y envía los informes que, cada noche, determinarán si mañana podremos volver a vivir nuestros sueños. Hoy la recaudación no ha estado mal: más de media entrada y solo un puñado de invitaciones. Mañana volverá a haber función.

Desde dentro, de cuando en cuando, se cuela el fragor de las risas. Iluminada por una pequeña tulipa verde, ella saca unos papeles de su bolso y los lee atentamente. Están subrayados en uno y mil colores diferentes: colores vivos, hermosos… Son las frases del papel que está preparando para la enésima prueba que, como otras muchas actrices en paro venidas de todas las partes del país, hará la semana que viene. Siempre una prueba. Siempre la semana que viene…

foto puerta teatro colón

Al rato empiezan a oírse los enfebrecidos aplausos del público que, aunque sólo haya sido por un par de horas, se ha sentido vivo, hermosa y apasiondamente vivo. Ella, lentamente, guarda todas esas hojas donde viven sus sueños en su pequeño bolso negro. Cuando los espectadores van saliendo a la calle, entra en la sala. Aguarda pacientemente a que, entre risotadas y jocosos comentarios sobre lo que han disfrutado con lo que acaban de vivir, hayan salido los últimos. Tras ellos son los actores los que, uno a uno, van saliendo a ese mundo irreal en el que les toca vivir hasta la noche siguiente…

Sola, revisando que, como cada noche, todo esté en orden, va acercándose a la puerta. Allí todavía siguen recibiendo efusivas felicitaciones de un puñado de espectadores los protagonistas de la obra. En silencio, ella se apoya discretamente en una columna y aguarda a que el último se haya ido. Nunca dice nada, solo escucha, solo calla y escucha…

foto sala teatro vacíaCuando ya no hay allí nadie más que ella, apaga las luces de la calle, cierra la puerta y vuelve a la platea. El terciopelo grana de las butacas vacías ilumina ese espacio sagrado donde, desde hace más de cien años, cada noche, la libertad se atreve a vivir. Se detiene en medio del pasillo que lleva al escenario, ese escenario donde, como alguien dijo alguna vez, navegan los barcos sin mar y maduran los campos sin flor y allí, como cada noche, cierra sus ojos y aspira profundamente la magia y el misterio que inundan el aire. Las voces del silencio le susurran sus secretos al oído.

trapecista 1

Tras esos intensos momentos de soledad con lo más profundo de sí misma, sube al escenario donde, con un sutil y leve movimiento de muñeca, descuelga una enorme tela verde desde lo más alto de las bambalinas y ella, ligera, etérea, empieza a trepar por ella y a hacer todo tipo de cabriolas y volteretas. A veces parece un arlequín a punto de romperse en mil pedazos. Piernas y brazos surgen, como de la nada, para asomarse al vacío más insondable. Una tras otra las figuras más inverosímiles son dibujadas con exactitud milimétrica. Su cuerpo parece flotar gravitando en un espacio sin tiempo donde todo puede ocurrir. Una y otra vez asciende y desciende vertiginosamente por ese pedazo de tela verde que le da la vida. Tras la tela, el trapecio, ese trapecio donde todos sus sueños se hacen realidad. Las luces iluminan el patio de butacas vacío. Solo un foco ilumina a esa solitaria trapecista del silencio…

Serie Perfume 2Cada noche, a eso de la una, se decuelga definitivamente de la tela, la guarda cuidadosamente, se despide del escenario, apaga las últimas luces y sale a la calle. En la oscuridad se la ve caminar con ese paso silencioso y etéreo de los soñadores sin remedio. Viéndola desde fuera muchos pensarán que no se tata más que de una actriz en paro. Sé que se llama Ester, que nunca ha dejado de soñar… y que jamás dejará de volar.

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Carlos Olalla

Por circunstancias de la vida me pasé más de veinticinco años dirigiendo empresas en la que, sin lugar a dudas, fue la etapa más aburrida y frustrante de mi vida. La verdad es que nunca me gustaron esos trabajos y lo pasé fatal. Cuando cumplí los 45 me encontré con que una reestructuración empresarial me ponía de patitas en la calle y sin un duro. Por si fuera poco, nadie me quería dar trabajo porque decían que ya era demasiado “viejo”. A mí siempre me había gustado el mundo del cine y, como estaba en el paro y tenía tiempo, empecé a estudiar interpretación. Me pasé tres años siendo el “abuelo” de todos mis jóvenes compañeros en una conocida escuela de teatro de Barcelona. Durante aquel tiempo recibí alguna propuesta de trabajo para reincorporarme al mundo de la empresa, pero no quise aceptarlas: el nuevo mundo que había descubierto me había atrapado por completo, así que decidí cambiar una maravilla de sueldo y una mierda de trabajo por una maravilla de trabajo y una mierda de sueldo. Puedo deciros que ha sido la mejor decisión que he tomado en mi vida: por primera vez soy libre, la palabra jefe ya no significa nada para mí, hago lo que verdaderamente me gusta y, lo mejor, trabajo con gente sensible y abierta que piensa y siente como yo. ¿Qué más se puede pedir?

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