El año que me pagaron por hacer el gamberro
14 octubre, 2010
Lo confieso: he trabajado en un programa de bromas de cámara oculta. No en el magnífico Inocente, inocente (sobretodo en sus primeros tiempos) sino en otro “remake” más modesto que se emitió en Canal 9 en el 2005: Mira allí. Lo peor: los horarios matadores, especialmente cuando algún imprevisto de última hora te desmontaba el plannig. Lo mejor: trabajar con un equipo de gente muy creativa y con un gran sentido del humor. Y sobretodo… no es que nos permitiesen ser gamberros, es que estábamos obligados a serlo.
Las bromas también tienen detrás un guionista. Pero esta especialidad tiene algunas peculiaridades. Hay que decir que todo el equipo de guión se estrenaba en el género. Así que el programa nos sirvió para aprender. Curiosamente las bromas más logradas las hicimos en los primeros programas. Seguramente nuestra propia ingenuidad jugó a favor. En los últimos tal vez nos traicionó el deseo de ir más lejos y hacer cosas mucho más complicadas.
Hay dos tipos de broma televisiva básicos. Uno es el modelo Just for Laughs: bromas de muy corto recorrido, apenas un gag, que se le gasta a un numero grande de personas, elegidas al azar, y luego se eligen las mejores reacciones. De hecho sólo tienen acción, el audio es una simple base musical y del audio original sólo se aprovechan los ruidos estrictamente necesarios para que se comprenda (un disparo, un rugido) o las risas o gritos de los participantes. Con lograr unos cuantos gestos divertidos el objetivo está cumplido. Cada pieza viene a durar un par de minutos y recoge las reacciones de muchas víctimas.
El otro es el que seguía Inocente, inocente. Son bromas de mucho mayor recorrido: se introduce a la víctima (elegida, ya no pillada por la calle) en una situación insólita. Y a ver cómo se desenvuelve y sale del marrón. Aquí ya hay actores y estructura dramática. La acción se alarga fácilmente a los 8/10 minutos.
En Mira allí practicamos los dos tipos. El video que os pongo ahora, “La fuga de la novia”, lo desarrolló principalmente mi compañero Leo Part (es el cliente del bar con la camiseta morada). El padre de la novia soy yo y se supone que llevo un pedo monumental. Aquí viene una de las peculiaridades del trabajo: los guionistas se meten como figurantes o secundarios dentro de la propia broma. Aunque toda broma tiene su plan B y su plan C… todo te puede fallar. Estando los guionistas dentro aún se puede improvisar un plan D sobre la marcha para reconducir la situación. Hay que intentar salvarla a toda costa porque cada broma supone montar un operativo complejo y caro. En este caso todo funcionó a la perfección. ¿Mérito nuestro? En parte, pero sobretodo mérito de la víctima: Manolo, un hombre bondadoso que entró al trapo hasta el final.
Bueno, ahora vamos a entrar en la parte seria y teórica del asunto. Tras una temporada haciendo estas cosas llegué a unas cuantas conclusiones. Estos guiones tienen sus peculiaridades, pero al final lo que se pone en juego es narrativa básica. Me explico.
UNO: La víctima debe encontrarse ante un problema que SÓLO ÉL puede resolver. Hay un error frecuente: se crea una situación muy divertida, ante la que la víctima simplemente se ríe también. Pero no tiene ningún problema que resolver ni se juega nada y puede conformarse con ser un simple espectador. A esto le llamábamos “montar un teatrito”. Mal.
DOS: La víctima no puede “huir” del problema. Y al decir huir no me refiero sólo a marcharse físicamente del rodaje (por supuesto hemos de ponerle difícil que se vaya) sino sobretodo a que no adopte una postura de pasar de todo. Ante situaciones molestas o comprometidas hay quien reacciona de manera muy evidente pero también cabe la posibilidad de que se mantenga, quieto y callado, a la espera de que el problema se solucione por si sólo y mientras tanto aguantar el chaparrón. Si no le provocamos a que actúe no lo hemos hecho bien.
DOS Bis: En algunos programas, detestables, se ha recurrido a un truco bastante miserable: el gancho se pone muy pesado o maleducado con la victima, sin ninguna motivación. Esta es una forma muy tosca de planear la broma. No sólo me resulta desagradable como espectador, sino que además se corre el riesgo – especialmente si la victima es un famoso- de que no haya reacción. Tal vez alguien de la calle se lie a tortazos con el impertinente (lo que tampoco es deseable ni tiene gracia). El famoso será muy raro que lo haga, porque teme al escándalo. Así que se cruzará de brazos esperando a que el otro tipo se canse. Broma fallida y de mal gusto.
TRES: El conflicto sólo puede solucionarse gracias a una acción de la víctima (punto 1) pero además debe jugarse lo suficiente como para decidirse a actuar. Debemos hacerle creer que su inacción aún le perjudica más. No podemos dejarle a la espera de que lleguen los bomberos. Debe estar convencido de que, o apaga el fuego él mismo o se quema.
CUATRO: Hay que plantearse unas ciertas acciones como objetivo: si conseguimos que se ponga un sombrero mejicano que le protegerá de los rayos láser extraterrestres, si conseguimos que cante ópera para activar un cerrojo mágico… ésa acción nos dará la medida de la broma bien hecha: lo hemos liado y finalmente hemos conseguido que ejecute una acción que no le apetece NADA. Hemos respondido a la CUESTIÓN DRAMÁTICA que toda broma nos plantea: ¿lo hará?
Si nos damos cuenta, aquí están algunos de los principios de toda narrativa: Conflicto en el que se juega algo importante, Dilema real (o actúo, haciendo algo que no querría hacer, o será peor), Acción personal e intransferible del protagonista, y Resultados observables de estas acciones.
En cuanto a las peculiaridades: Cada broma comporta una escaleta que no es más que una previsión, aquello que esperamos y deseamos que suceda. Lo que nadie nos asegura. Pero ha de ser muy detallada para que sirva de guia a los actores. Y debe tener sus ramificaciones: si se queda de pie seguimos con el Plan A, si se sienta en la silla aplicamos el Plan B. Si no hace ni una cosa ni otra, habrá un guionista disfrazado de mariachi si hace falta que, DESDE DENTRO, se inventará algo rápidamente para reconducir la situación.
En estas situaciones de “reescritura al vuelo”, cuando la cosa se pone mal (la victima no reacciona o sospechamos que ya nos ha descubierto) es mejor “reventar” la broma desde dentro a que se muera por falta de fuelle. Es preferible que nos diga: “Oye, esto es una broma” pero haya quedado divertida a que todo sea muy soso (aunque se lo haya creído). Eso significa que aunque la iniciemos con mucha cautela, llega un momento en el que hay que ser valientes y no cortarse un pelo ni temer exagerar las situaciones. Cuando el personaje está ya bien liado conviene acercarse sin miedo al borde de la credibilidad.
En este tipo de bromas sí hay una cierta redacción de diálogo. Hay actores y deben decir cosas. Pero lo que se les escribe es más bien un argumentario, una colección de frases-recurso que les sirvan para explicar y convencer a la víctima. A partir de ahí… a improvisar y que Dios reparta suerte.
Aún haría algunas recomendaciones más, pero afectan sobretodo a producción. Por la parte que nos toca, sed realistas y asumid el presupuesto que tenéis. Una de las bromas que montamos consistió en la caída de un gran bloque de hielo (hace unos años hubo muchas noticias de fragmentos de hielo caídos del espacio) a la puerta de un bar. Allí nos presentamos una Unidad de Riesgos Biológicos a desalojar el bar y precintarlo. El dueño insistía en llamar al ayuntamiento (era un pueblo pequeño) para que le confirmasen la alerta. Hay que reconocer que nuestra vestimenta y mascarillas eran bastante cutres (como medidor de radiación utilicé un metrónomo electrónico ¡de músico! que yo mismo aceleraba al acercarme al bloque). Sólo con que en ese momento un helicóptero hubiese sobrevolado la zona en círculos el hombre se lo habría comido con patatas. Y hasta se habría creído si le decimos que el Ayuntamiento estaba tomado por los extraterrestres. Pero ni de coña llegaba el presupuesto para helicópteros. En estos casos no vale quejarse de producción: hay lo que hay. Y donde falta el dinero debe haber ingenio de sobra para construir situaciones viables y muy divertidas.
Aunque la broma de Leo Part, la de la novia, es más divertida que la mía os dejo otra que preparé yo: Indochina, el falso rodaje de un falso corto. Tenía que haber intervenido yo también como actor pero ese mismo día operaban a mi mujer y después de ultimar detalles en la localización me fui al hospital.
Otra cosa: si os dejan, sentaos junto al realizador en la postpo. Se tiende tanto a que el montaje sea tan ágil y no tenga un sólo plano que no dé risa, que a veces se quedan sin montar imágenes imprescindibles para situarse en el espacio y en el tiempo. Lo digo porque en Indochina no sé si acaba de quedar claro que nuestra víctima es un actor aficionado que ha interpretado muchos personajes de mujer antes y le divierte. Aqui lo tenéis:
Aquel año aprendí mucho, hice el gamberro y encima me pagaron bien.