Diario de un guionista perezoso

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El hombre tranquilo: un arranque ejemplar

28 Noviembre, 2008

“Si al tercer minuto del relato no estamos deseando saber más, algo no va bien”. Exagerada o no, la frase nos recuerda una verdad incuestionable: la primera escena de una película, como la primera página de una novela, tiene una importancia capital. Aunque tengamos por delante los 15-30 minutos de un primer acto que nos servirán para presentar a los personajes y dar las claves de la situación de la que partimos no hay que confiarse. Estas primeras imágenes nos dan -nos deben dar- pistas claras sobre qué vamos a ver: cual va a ser el tono, la época y el medio… En ellas debe suceder algo que querremos ver explicado, o al menos conocer un personaje al que desearemos seguirle la pista. O actua como un gancho y dejamos al espectador listo para recibir con interés la escena segunda, o la primera escena no sirve.

El hombre tranquilo, de John Ford, ofrece una primera escena magistral. Es la llegada de Sean Thornton a la estación de Casteltown, último punto antes de Innisfree, su destino final. Sean (John Wayne) es un exboxeador de origen irlandés, hijo de emigrantes establecidos en Detroit. Se dirige al que fue el pueblo de sus padres, con la intención de comprar su casa natal y vivir retirado en ella. En Innisfree conocerá -y enamorará- a la bella pelirroja Mary Kate (Maureen O’Hara) y deberá convencer al testarudo del hermano de la novia para que consienta la boda. Por desgracia, no le quedará otra opción que vencer la resistencia del “cuñado” a puñetazos aunque este procedimiento le repugna: precisamente ha abandonado el boxeo porque mató a su oponente en un combate. Finalmente todo acaba bien y hay boda. Fin.

Pero ahora vamos a centranos en el arranque de la historia: la llegada de Sean a la estación de Casteltown y sus esfuerzos por averiguar el camino que lleva a su pueblo. El narrador cuya voz en off escuchamos al principio es el párroco de Innisfree. Aquí la tenéis:

Secuencia de El hombre tranquilo

Tras estos estos dos minutos sabemos ya unas cuantas cosas:
1. Sean Thorton va a sumergirse en un mundo muy diferente de la América de la industria y la eficacia: “El tren llegó con tres horas de retraso, como de costumbre”.
2. Va a ser el centro de todas las miradas, en dos segundos se congregan en el anden las pocas personas que están en la estación. Hasta los maquinistas bajan a verle.
3. Aunque hablen el mismo lenguaje la comunicación no va a ser fácil. La simple pregunta sobre el camino a Innisfree da pié a un intercambio absurdo entre los del pueblo.
4. Se va a encontrar en un ambiente amistoso en donde todos quieren ayudarle… pero se pierden en sus propios asuntos. Aunque Sean Thorton no tenga intención de pescar les da igual: le explicarán cuales son los mejores puntos para la trucha y el salmón… Esta gente no va a serle de gran ayuda.

Todo esto nos lleva ya a esperar un tono de comedia ligera. No va a haber carcajadas, pero la sonrisa va a ser contínua. Y conocemos al gran antagonista de Sean Thorton, un antagonista colectivo: el pueblo irlandés. Mary Kate y su hermano (a los que conoceremos después) no son sino encarnaciones singulares de este modo de ser colectivo. Las dificultades, más que del antagonismo con personas concretas, van a surgir de la forma tan diferente que tienen todos allí de afrontar lo cotidiano.

Solo una persona escapa, en parte, de este esquema: el simpático Mikelin, el hombrecillo que sin decir nada se lleva las maletas de Thorton. Cuando ha captado la atención del americano con este “robo” sólo pronucia dos palabras: ¿Innisfree? Sígame… Mikelin, uno de los mejores personajes secundarios de la historia del cine es tan irlandés y tan de pueblo como los otros. Pero es mucho más expeditivo (se lleva las maletas sin hablar) y sí está atento a lo que Sean está necesitando. Y en lugar de perderse como los otros en un dialogo absurdo, actúa dándole soluciones. Es el personaje con función de “mediador” por utlizar la terminología de Propp. Él introducirá al yanqui en el pueblo (por supuesto empezando por la taberna) y acabará siendo quien represente a Sean en la pedida de mano de Mary Kate.

Así que ya tenemos: un yanqui perdido en la Irlanda profunda, una gente amable pero que va a la suya y un borrachín astuto y colaborador. Ya podemos formularnos la gran pregunta, la misma que se hacen asomando sus cabezas por encima de la tapia, en un plano genial, la gente de la estación: ¿Para qué querrá nadie ir a Innisfree?

Han pasado solo dos minutos (sin escenas impactantes ni artificios similares) y ya “necesitamos” saber qué habrá después. Para mí, ya digo, una primera escena ejemplar.

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2 comentarios para “El hombre tranquilo: un arranque ejemplar”

  1. Alex dice:
    26 Enero, 2009 en 8:12 pm

    Buenisimo articulo. Aunque estoy un tanto en desacuerdo, en parte. Algunas veces una película puede resultar bastante aburrida hasta casi la mitad de la historia para luego alzarse y tenernos encandilados hasta el final. Aunque no suele ser lo habitual, cierto es.

    Responder
  2. Love Stick dice:
    17 Septiembre, 2009 en 4:27 am

    No me apasiona el cine clásico, los reconozco, pero pienso que el cine clásico bien hecho es completamente irresistible por dos razones, por la depuración que alcanzan las historias y por los subtextos, por las segundas líneas que tienen sus historias y que me parecen fascinantes. Y El hombre tranquilo, claro, es un buen ejemplo, y si se ve en programa doble con Innisfree, perfecto. A lo mejor me animo a escribir un artículo sobre ambas.

    salud.

    Responder

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Paco López Barrio

Guionista y realizador de TV de Valencia, en activo desde 1983. Autor de documentales, programas de humor y entretenimiento y series de TV. Recientemente he formado parte del equipo de guionistas de la serie L'Alqueria blanca, de Canal 9 - RTVV. Si pensais que puedo encajar en alguno de vuestros proyectos, escribidme y charlamos. Mi email es lopezbarrio.paco@gmail.com

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