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Baila, baila, bailarina

febrero 19, 2010

Sisebuto se ha echado una novia que le está trayendo por la calle de la amargura. Es una bailarina andaluza bajita, algo bizca y de enormes melones, de nombre Susi. La conoció en un estreno al que le habían regalado invitaciones, devorando canapés (como él) en el catering y sarao que se organizó después. Después se fueron a pasear por la Gran Vía, y terminaron viendo amanecer desde el templo de Debod, tras pasarse la noche comentando viejas películas de Paul Naschy. Ese día ella durmió en su casa (bueno, dormir, lo que se dice dormir, poco); y el posterior y siguientes en su cama. La cosa iba a mayores, y Sisebuto abandonó el piso que compartía con sus compañeros actores y se mudó al de ella. Hasta ahí, miel sobre hojuelas. El problema es que la chica está en paro, y lo lleva bastante mal.

Susi había venido a Madrid con la intención de potenciar ese gracejo innato que tenía bailando flamenco y sevillanas desde que tenía dos años; había estudiado clásico con Hector Pullate y la chica prometía, hasta que el cambio hormonal desarrolló… ‘su anatomía’ de forma desigual y afectó a su equilibrio (además de los problemas de enfundar todo ‘aquello’ en unas mallas). Regresó a sus raíces entonces, centrándose en clásico español, hasta que una compi le dijo que el futuro laboral estaba en el contemporáneo y el jazz. En fin, que a base de machacarse varios años y un sin fin de contracturas, Susi se había convertido en una todoterreno multidisciplinar que lo mismo te cuadraba un tango que te hacía sudar con una danza del vientre. Entonces fue cuando, tras quedar finalista en un concurso provincial de danza, le ofrecieron una beca para estudiar en Nueva York, con los grandes. Y cuando a la vez, una amiga le dijo que había una vacante en el ballet de Pepelu Morrero, afamado productor televisivo, y que si quería, entraba ya.

La carrera del artista está construida a base de batacazos. De proyectos fallidos y de decisiones erróneas. Hay montones de veces en las que su profesión le causa conflictos de difícil solución: la aparición de dos o más ofertas el mismo intervalo de tiempo. ¿Cuál elegir y cuál rechazar? ¿Qué características primar a la hora de decantarse por uno u otro? Puede  que la oferta X esté peor remunerada pero aporte una expectativa posterior de más trabajo. O puede que la calidad de la oferta Y sea peor, pero la remuneración sea más importante. Cada elección no sólo debe tener connotaciones respecto al trabajo puntual sino respecto a las expectativas de futuro. Y claro, el resultado de la decisión tomada no llega hasta que ha pasado un tiempo. Es entonces cuando uno se da cuenta que no todas las elecciones realizadas fueron las correctas, y que algunas opciones, que fueron seleccionadas con la convicción de que iban a ser las más adecuadas, se convierten en estrepitosos trompazos. Evidentemente es una ley de vida que puede suceder a cualquiera sin  relación con el arte dramático; pero teniendo en cuenta la gran cantidad de trabajos a los que opta el actor, éste tiene que vivir con las opciones y las decisiones como parte indisoluble de su profesión. Y se acierta a veces y a veces se mete la pata, y suele ser hasta el fondo.

Así que Susi, a la que le apetecía bien poco tener que fijar temporalmente su residencia en la ciudad de los rascacielos, decidió rechazar la beca y aceptar el trabajo, y así se lanzó de cabeza al Maravilloso Mundo del Bolo. Trabajó como una negra; lo mismo estaba un día grabando una gala de televisión, como otro bailando la jota en una antología de zarzuela en provincias, como otro haciendo una figuración de baile moderno en una serie de televisión. Llegó a trabajar siete días a la semana, porque aunque en teoría libraba los lunes, en la práctica siempre te tocaba un bolo o una grabación en plató (y además, cualquiera le decía al señor Morrero que no quería ir ese día… Vamos, que te ponía de patitas en la calle). Y para qué contar cuando empezaron las giras internacionales… ella, que no había querido salir de España, se vio de bolos en los lugares más peregrinos del planeta: Buenos Aires, Tokio, París, Roma, Lisboa, Maastrich, Karlovy Vary, Manila… y todo a tal ritmo que apenas vio todos aquellos sitios mas que desde la ventana del avión o la del bus desde el hotel al teatro.

Por supuesto, todos aquellos ingresos le permitieron a Susi comprarse un piso y todo… Pero la sensación de que estaba achicharrando su vida sin nada de tiempo para el ocio comenzó a ser agobiante. Y un día, aprovechando que el jefazo estaba en viaje de negocios, pidió la liquidación y se marchó al pueblo, a casa de sus padres con la sana intención de disfrutar de un año sabático. Se dejó en su casa de Madrid el móvil para evitar ser localizada.

Inconvenientes de ser hiperactiva: a los seis meses, Susi ya estaba añorando la vida acelerada, la falta de tiempo, el estrés, y sobre todo al público y bailar. Aguantó un trimestre más, hizo las maletas despidiéndose de sus compungidos padres, regresó a la capital… y se dio de bruces con la realidad: mientras había estado fuera, sobre el mundillo de la escena (y sobre el país en general) había caído a plomo una crisis económica galopante, y la mitad de los empresarios con los que tenía contactos habían cerrado. Además, nuevas generaciones de bailarinas más jóvenes (y más baratas) que ella, habían cubierto un espacio vital que ahora le costaba lo indecible recuperar (con casi treinta años comenzaba a ser considerada vieja por algunos coreógrafos). Naturalmente estaba vetada en la compañía del señor Morrero, y al haberse despedido no tenía derecho al Paro. Entre el medio año sabático y la situación de desempleo, sus ahorros comenzaron a menguar rápidamente. Cuando conoció a Sisebuto, estaba bailando de pascuas a ramos en bolos sueltos y esporádicos, aceptando unas bajadas de caché que tiempo atrás ni hubiera permitido, y haciendo castings para todo lo que se movía, desde animaciones para despedidas de soltero hasta acciones de calle y gogó en discotecas. Su única esperanza era conseguir entrar en un musical tipo Hoy lo que puedo merendar o Los 50 y engancharse a una temporada larga que le diera un respiro.

Por si fuera poco, le habían contado acerca de una ex-compañera que sí aceptó la beca para Nueva York… Actualmente era coreógrafa de fama mundial y tenía su propia academia de danza, con sucursales en diversas ciudades. Susi se mordía los puños… Y aquello, sumado a lo esporádico del trabajo, le estaban avinagrando el caracter.

Pero en realidad, todo esto no es lo que trae a Sisebuto por la calle de la amargura, como decía al principio. Ni tampoco los chistes de bailarinas que a menudo Yvette, a la que no le cae muy bien Susi, le lanza (‘Hey, Sise, ¿sabes qué le dice una bailarina a otra? “¡Eh, tú, tu tutú!”. Oye, ¿y por que las bailarinas andan siempre de puntillas? ¿No seria más fácil contratar bailarinas más altas?’) cada vez que él pretende contarle sus cuitas.

No, lo que está haciendo polvo a Sisebuto es que, tras unos inicios absolutamente volcánicos (Susi era una bomba en la cama), el pobre está ahora a pan y agua; peor aún, está bajo el Suplicio de Tántalo. Y es que ella, cuando está sin trabajo, además de caer en una completa abstinencia sexual (‘Zize, quillo, no zeaz pezao que no mapeteze’), es incapaz además de conciliar el sueño. Así que se quita el pijama, se calza unos calentadores, y practica en el salón bailando la mayor parte de la noche… desnuda.

Y el pobre Sise las está pasando canutas con el calentón.-

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3 comentarios para “Baila, baila, bailarina”

  1. Nieves dice:
    febrero 19, 2010 a las 10:25 am

    Que manera más original y entretenida de contar una realidad ¡que requetebueno eres!

    Responder
  2. yo_qué_sé dice:
    febrero 22, 2010 a las 7:11 am

    Pobre Zize, XD

    Responder
  3. Brigit dice:
    marzo 5, 2010 a las 10:13 am

    jajjaj me encanta:)

    Responder

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Rafa Casette

Rafa Casette tiene una mujer, un hijo, una hija, dos perras, un Twingo destartalado, un piso de alquiler, montones de deudas, una carrera de Derecho abandonada a la mitad, decada y media de ganarse las lentejas sobre los escenarios, una voluntad a prueba de bombas, muchas ilusiones ... Forma parte del porcentaje más apabullante de la profesión: los curtidos en bolos, castings y actuaciones esquizofrénicas; los que las pasan tremendas en busca de una oportunidad para convertir La Interpretación en su medio de vida. Tambien es bastante friki. Deliciosamente egocéntrico. Y un inconsciente en definitiva. Vamos, carne de escenario.

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