De faranduleros y setas
Mayo 16, 2010
Yvette se ha echado un novio que la está trayendo por la calle de la amargura (vaya, tengo un déjà vu… ¿no había escrito yo algo parecido antes? Será porque las relaciones de los artistas siempre tienen un puntito conflictivo). Es medio francés por parte de madre y se llama Dennis (Sisebuto lo llama de coña Dionisio). Se conocieron en una exposición de fotografía erótica que realizaba Pepo, un amigo de ella; en concreto, los dos coincidieron mirando una placa de un soberbio culo desnudo, titulada ALMA, que cubría una pared entera.
-Qué expresividad, ¿eh? Parece que fuera a hablar –dijo él divertido, queriendo claramente entablar conversación. -A veces me pregunto cómo estos fotógrafos consideran ‘arte’ semejantes imágenes facilonas. Quiero decir, un culo es un culo, ¿no?
-Bueno… -contestó ella. -Tal vez la foto diga más de lo que parece. No sólo el fotógrafo ha captado la belleza íntima del cuerpo femenino, sino que la imagen muestra la profunda confianza y amistad que conecta al artista y a su modelo.
-Caramba -dijo él, sorprendido. -Nunca me hubiera imaginado un análisis así. ¿También eres fotógrafa? ¿Estudias Bellas Artes o algo así? ¿Eres crítico de alguna revista?
-No -respondió ella, divertida. -Ese culo es mío.
Yvette se divirtió descubriendo que, pasado el primer azoramiento histórico de Dennis, éste se tiró toda la noche lanzando furtivas miradas hacia su trasero y persiguiéndola en plan discreto de grupo en grupo de conversación. Cuando la sala de exposiciones cerró, él la invitó a cenar y ella aceptó halagada (la verdad, él estaba como un queso y ella llevaba atravesando una larga temporada de secano). A la cena siguieron unas copas, a las copas la penúltima en casa de ella, y entre bromas y veras, finalmente… ejem… mmh… (a ver, cómo lo diría yo para que resultase políticamente correcto…) en fin, que Dennis terminó conociendo en vivo y en directo al protagonista de ALMA.
Las semanas siguientes fueron cuasi idílicas, sobre todo teniendo en cuenta el hambre atrasada que arrastraba Yvette. Además, aunque ella no quería reconocerlo, estaba enganchadísima a las atenciones del medio franchute. Por eso, un mes después, cuando Dennis le propuso irse a vivir ‘sin compromiso’ a su ático en pleno Paseo de la Castellana madrileño, no se sorprendió aceptando su proposición. Total, se iba a ahorrar una pasta en alquiler (volvía, como de costumbre, a estar justita a la hora de pagar). Y qué narices, a quién no le gusta que le hagan mimitos…
Pero según iba conociendo a Dennis, una serie de detalles incómodos comenzaban a aparecer; detalles que, no por menos esperados, iban enturbiando la convivencia. Y es que Dennis no era artista ni nada que se le pareciese. Es más, desde una visión puramente artística, Dennis era una seta. Todo contacto que podía haber tenido en su vida con cualquier tipo de manifestación plástica había sido desde la barrera; no sólo por tener actualmente la alegre y dicharachera profesión de consultor fiscal, sino porque declaraba con incomprensible orgullo que nunca, ni siquiera en el colegio, había participado en una obra de teatro o cantado en cualesquiera acontecimiento. Joer, que ni siquiera había coreado con amigos y guitarras en algo parecido a un círculo de campamento (cosa que tampoco era extraña, habida cuenta de que tenía ‘un oido enfrente del otro’ para la música; que no afinaba ni por casualidad, vamos). Claro que tampoco es que aquello fuera imprescindible en una relación; hay personas ‘normales’ que asumen sin ningún problema las particularidades de la relación con personas ‘no-normales’ o ‘faranduleras’. Pero en este caso había choques desde un principio. Y claro, tampoco es que aquello importase demasiado a Yvette; pero sí que Dennis fuera incapaz de asimilar una forma de vida diferente a la suya. Oséa, él se consideraba una persona normal; y todo lo que hacía Yvette, cosas raras de titiriteros. Yvette, oyéndole hablar, pensaba a veces que era un clon de sus padres.
Los problemas comenzaron con los acoplamientos (o mejor dicho, desacoplamientos) de horarios. Yvette, poco después de la ya mentada exposición, estrenó una obra de teatro. Dennis estaba extrañado al principio (no era capaz de comprender como ella podía memorizar aquellos textos interminables; ni cómo salir todas las tardes y noches a escena y repetir las mismas acciones la podían apasionar de aquella manera); pero luego comenzó a resultarle molesto que ‘cuando él iba ella volvía’. Su horario de lunes a viernes de 8 a 17 (con una hora para comer) casaba bastante mal con el de ella, (dos funciones a las 19 y a las 22:30 de martes a domingo). Consideraba ridículo eso de librar el lunes (‘vaya día estúpido para descansar, justo cuando empieza la semana’). Lo siguiente fueron las horas que Yvette pasaba en casa de Dennis; éste no comprendía que ella se levantase tarde (normal cuando llegas a casa a las 2 después de la función), que se pasase la mitad del día estudiando (el tío debía pensar que los diálogos le surgían en escena por ciencia infusa) o que nada más acabar la función no se fuera directamente a casa y se tomase siempre unas copas con los compañeros (no entendía que necesitaba un rato de ocio para desconectar y no tener la sensación de ir del teatro a casa y de casa al teatro). Alguna noche la fue a buscar después de la función, pero dada su personalidad fungiforme él era incapaz de entrar en ninguna de las conversaciones de la gente (‘sí, Dennis, ya sé que siempre hablamos de cosas de actores y de la profesión, pero al menos es más ameno que cuando pretendes contar a mis compañeros tu última auditoría’). Mira que intentó ella presentarle gente interesante, pero no había forma. Todos huían de su conversación monotemática sobre balances contables. De hecho, cuando Sisebuto lo conoció es una fiesta que dieron en el ático, le dijo con burla ‘enhorabuena, sales con un hermoso champiñón; te doy dos telediarios con ese patán muermo’. Qué simpático… Vale, últimamente discutían un poco, pero no era para tanto…
La trifulca gorda la tuvieron pocos días después. Dennis, como buen ‘normal’ tenía 28 días de vacaciones, y quería cogerse la primera quincena de agosto para llevar a Yvette a conocer Paris; y lo que le sentó realmente mal no fue que ella no podía porque precisamente en julio y agosto tenía temporada en Barcelona; sino cuando comprendió que todos sus periodos vacacionales ‘normales’ eran épocas de máximo trabajo para ella, y no podía permitirse el lujo de rechazar éstas porque no la volvían a llamar. Tuvieron una discusión que fue subiendo de tono hasta llegar a los alaridos, en la que él la llamó ‘feriante’, ‘cupletista’ y ‘comicastra’, y ella a él ‘seta’, ‘muermazo’ y ‘mediogabacho’ e Yvette abandonó el ático con su maleta. Afortunadamente, su casera había estado de vacaciones y no le había dado tiempo a realquilar el piso, así que Yvette volvió de nuevo, un mes más tarde, a la vida de soltera, como si todo hubiera sido un mal sueño.
En los últimos días, él ha vuelto a llamar. Han quedado, se han disculpado e hicieron las paces. Incluso se pegaron un buen revolcón. Así que técnicamente se puede decir que están saliendo de nuevo, pero esta vez ‘tú en tu casa y yo en la mía’. Ella no está dispuesta de momento a renunciar a su espacio vital, y además él ha prometido leerse unos cuantos libros de Chejov, Molière, Shakespeare, Calderón e incluso Stanislavski. Y abrir su mente al hecho de que los actores, a pesar de llevar el paso cambiado, son gente normal. Quizá no sea un caso perdido, el muy seta.-













La obra de teatro había finalizado. La señora Viuda de Calambres esperaba a su hijo Sisebuto en la salida de artistas. El actor apareció, radiante.

El silencio se hizo en el Kodak Theatre de Los Ángeles. Había llegado uno de los momentos cumbre de la noche. Merryl Streep, deslumbrante, abrió el sobre de papel que contenía el nombre del merecedor al Best Actor Award. Sacó la hoja cuidadosamente doblada mientras murmuraba: ‘And the Oscar goes to…’, leyó el contenido, y a continuación, con una ligera dificultad, pronunció:
Un día te retiras. Te lías la manta a la cabeza y te retiras. Terminas hasta las narices de los trabajos esporádicos, de las agencias, de los castings, de perseguir un sueño que no acaba de llegar y te retiras. Retomas aquellos estudios que dejaste, que abandonaste cuando te subiste por primera vez a un escenario; o reescribes aquel currículum que tenías guardado en alguna parte, donde aparecía tu experiencia laboral en aquella oficina y aquellos cursos de mecanografía e informática. Y te pones en movimiento; al fin y al cabo, se trata de hacer lo mismo que hacías cuando se trataba de encontrar un trabajo de actor; te lo sabes de maravilla. Empapelas con tus datos personales las agencias de colocación, las etts, las empresas; y empieza a sonar el teléfono. Pasas varias entrevistas de trabajo; pan comido: llevas años actuando, y convencer de tu futura vinculación irreductible a ‘la casa’ esta chupao. Y te seleccionan; y te hacen un contrato laboral de cuarenta horas, catorce pagas y veintiocho días de vacaciones al año.
- Jolines, el mío es más majo. Me va fenomenal, me pasea más…
Hola. Me llamo Sisebuto Calambres y actualmente soy figurante. ¿Me preguntas que ‘qué es eso’?. Pues carne de cañón, hijo; un marronazo, pero es lo que hay.
-¿Desnudo integral…?


No es intención de este recién nacido blog tener una periodicidad diaria, y menos aún mostrar un punto de vista más dramático que humorístico. Pero la Vida 2.0 es así, y a veces, la inmediatez, rompe nuestros planes. Es triste dedicar mi segundo post a un obituario, pero es lo que hay: esta tarde de sábado se nos ha ido Manolo Gas, pianista, director de orquesta, músico, artista. Un currante. Una de esas personas que fuera de los círculos teatrales parece no existir para los mass-media, pero que existía. Y cómo…

